{"id":39575,"date":"2016-10-05T22:55:14","date_gmt":"2016-10-06T03:55:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1980-fulda\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:14","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:14","slug":"18-de-noviembre-de-1980-fulda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-noviembre-de-1980-fulda\/","title":{"rendered":"18 de noviembre de 1980, Fulda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LAS ASOCIACIONES Y CONSEJOS DE LOS LAICOS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Plaza de la catedral de Fulda<br \/> Martes 18 de noviembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. Permitidme, venerables hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, hermanos y hermanas de las &oacute;rdenes y congregaciones religiosas; permitidme, los representantes aqu&iacute; presentes del apostolado laical, que en primer lugar manifieste mi veneraci&oacute;n a aqu&eacute;l a cuya tumba hemos venido en esta peregrinaci&oacute;n, aqu&iacute; en Fulda, en el santuario de vuestra naci&oacute;n.<\/p>\n<p>San Bonifacio era benedictino, miembro de aquella venerable orden que en el tiempo de Gregorio Magno hab&iacute;a llegado a las islas Brit&aacute;nicas con el monje Agust&iacute;n. Bonifacio<i> acept&oacute; la llamada de los pueblos<\/i> que en Germania habitaban las regiones al este del Rhin. El la sigui&oacute; como la llamada de Cristo, y puso as&iacute; sus pies en el pa&iacute;s de vuestros antepasados.<\/p>\n<p>San Bonifacio, obispo y m&aacute;rtir,<i> significa <\/i>el &quot;comienzo&quot; del Evangelio y de la Iglesia en vuestro pa&iacute;s. Hemos llegado aqu&iacute; hoy para enlazar con este &quot;comienzo&quot;; para abrirnos a sus dimensiones. Este &quot;comienzo&quot; significa la<i> obra de Dios mismo que se ha servido del testimonio de un hombre:<\/i> del testimonio de Bonifacio, de su vida y de su martirio.<\/p>\n<p>2.&nbsp;En la segunda lectura nos habla San Pablo con las palabras de su Carta a los Tesalonicenses, pero ninguno puede dudar de que las palabras del Ap&oacute;stol de las Gentes tambi&eacute;n pueden ser puestas en la boca del<i> ap&oacute;stol de Alemania. <\/i> Ellas brotan tambi&eacute;n de su coraz&oacute;n, como una vez hab&iacute;an brotado del coraz&oacute;n de Pablo de Tarso.<\/p>\n<p>&quot;Nos atrevimos (confiados) en nuestro Dios, a predicaros el Evangelio de Dios en medio de mucha contrariedad&quot; (<i>1 Tes <\/i>2, 2). &iquest;Entre<i> vosotros? &iquest;Cu&aacute;les<\/i> eran aquellos<i> pueblos?<\/i> &iquest;C&oacute;mo suenan los nombres hist&oacute;ricos de aquellas estirpes entre las cuales hab&iacute;a llegado Bonifacio como misionero? Los historiadores nombran a los turingios y a los hesenios, los alemanes, los b&aacute;varos y los frisos. San Bonifacio, ante cuya tumba aqu&iacute; en Fulda, estamos detenidos, trajo a estos pueblos las<i> palabras del Evangelio<\/i> y aquel amor de car&aacute;cter &uacute;nico que en virtud de la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo se hab&iacute;a convertido en herencia de su propio coraz&oacute;n, para &eacute;l como para otros muchos antes de &eacute;l y despu&eacute;s de &eacute;l: para los ap&oacute;stoles, misioneros y pastores. &quot;Como ap&oacute;stoles de Cristo&quot;, escribe San Pablo, &quot;nos hicimos como peque&ntilde;uelos y como nodriza que cr&iacute;a a sus ni&ntilde;os; as&iacute;, llevados de nuestro amor por vosotros, queremos no s&oacute;lo daros el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias vidas; tan amados vinisteis a sernos&quot;<i> (1 Tes<\/i> 2, 7-8).<\/p>\n<p>3.&nbsp;Traslademos ahora nuestra atenci&oacute;n de la lectura de la Carta a los Tesalonicenses al Cen&aacute;culo el d&iacute;a antes de la Pascua.<i> Cristo dice:<\/i> &quot;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; pero os digo amigos, porque todo lo que o&iacute; de mi Padre os lo he dado a conocer&quot;<i> (Jn <\/i> 15, 15). Vemos una contraposici&oacute;n plena de significado:<i> Siervo<\/i> es aqu&eacute;l que<i> no sabe; amigo,<\/i> por el contrario, aqu&eacute;l a quien se da participaci&oacute;n, aqu&eacute;l a quien se conf&iacute;a todo;<i> aqu&eacute;l que sabe.<\/i><\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; es lo que sabe y conoce este amigo y ap&oacute;stol?<i> Conoce, aquello que Cristo mismo ha o&iacute;do del Padre. <\/i>Porque Cristo ha hecho part&iacute;cipes de aquello que ha o&iacute;do del Padre precisamente a los que El ha elegido: los ap&oacute;stoles, los amigos.<\/p>\n<p>Bonifacio, que hace muchos siglos lleg&oacute; al pa&iacute;s de vuestros antepasados, ten&iacute;a la misma conciencia y certeza, con la que Cristo hab&iacute;a fortalecido a sus ap&oacute;stoles en el cen&aacute;culo, cuando los llam&oacute; amigos. Nosotros predicamos porque probados por Dios se nos hab&iacute;a encomendado la misi&oacute;n de evangelizar; &quot;y as&iacute; hablamos, no como quien busca agradar a los hombres, sino s&oacute;lo a Dios, que prueba nuestros corazones&quot; (<i>1 Tes<\/i> 2, 4). Estas palabras proceden de San Pablo, el Ap&oacute;stol de las naciones, pero la liturgia de este d&iacute;a las coloca tambi&eacute;n en la boca de Bonifacio, el ap&oacute;stol de Alemania. Y lo hace as&iacute; con perfecto derecho. <i>La obra de la evangelizaci&oacute;n<\/i> que &eacute;l hab&iacute;a llevado a cabo en vuestro pa&iacute;s se apoya en el hecho de que anunci&oacute; las ense&ntilde;anzas de Dios. Y no s&oacute;lo las ense&ntilde;anzas de Dios. El estaba tambi&eacute;n dispuesto a entregar su misma vida movido por el amor que sent&iacute;a por aqu&eacute;llos a los que hab&iacute;a sido enviado. El Evangelio y la Iglesia est&aacute;n levantados sobre el fundamento de la verdad y del amor divinos que el Esp&iacute;ritu Santo ha derramado en nuestros corazones (cf. <i>Rom<\/i> 5, 5).<\/p>\n<p>4. Sin embargo<i> el Evangelio<\/i> no agrada siempre a los hombres. No puede gustarles siempre. Porque no puede ser falsificado con vanas lisonjas, ni se puede buscar en &eacute;l ninguna ventaja personal, ni tipo alguno de fama o celebridad. A los oyentes les parecer&aacute; &quot;palabras duras&quot;, y quien lo anuncia y lo confiesa se convertir&aacute; en &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot;. Pues esta verdad divina, esta buena noticia encierra de hecho una fuerte tensi&oacute;n en su interior. En ella se condensa la <i>oposici&oacute;n<\/i> entre aquello que viene de Dios y aquello que viene del mundo. Cristo dice: &quot;Si fueseis del mundo, el mundo amar&iacute;a lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os escog&iacute; del mundo, por esto el mundo os aborrece&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 19). Y tambi&eacute;n: &quot;Sabed que me aborreci&oacute; a m&iacute; primero que a vosotros&quot;<i> (ib.,<\/i> 15, 18).<\/p>\n<p><i>En lo m&aacute;s &iacute;ntimo del coraz&oacute;n del Evangelio,<\/i>&nbsp;de la buena noticia,<i> est&aacute; impresa la cruz.<\/i> En ella se entrecruzan las dos grandes corrientes: la una, que partiendo de Dios se dirige hacia el mundo, hacia los hombres que est&aacute;n en el mundo, una corriente de amor y de verdad; la segunda, que discurre a trav&eacute;s del mundo: &quot;concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, y orgullo de la vida&quot; (<i>1 Jn<\/i> 2, 16). Todo esto no viene &quot;del Padre&quot;.<\/p>\n<p><i>Este cruce de ambas corrientes<\/i>&nbsp;perdura y se repite de modos diversos a lo largo del curso de la historia. Cristo sigue viviendo en su centro. Cristo no ha venido al mundo para condenarlo desde el alto tribunal de la absoluta verdad trascendental. El ha venido para que el mundo<i> sea salvado<\/i> por El. Y por eso mismo env&iacute;a a sus disc&iacute;pulos al mundo: al &quot;mundo entero&quot;. Y les dice: &quot;Si me persiguieron a m&iacute;, tambi&eacute;n a vosotros os perseguir&aacute;n; si guardaren mi palabra, tambi&eacute;n guardar&aacute;n la vuestra&quot; <i>(Jn<\/i> 15, 20). &iquest;No se demuestra, aqu&iacute; en Fulda, junto a la tumba de San Bonifacio, que estas palabras son perennemente sublimes?<\/p>\n<p>5. Hemos considerado todo esto que encierra la liturgia de la Palabra de este d&iacute;a, y lo hemos meditado con toda solicitud para manifestar nuestra veneraci&oacute;n al primer Patr&oacute;n de Alemania. Pues todas las palabras de la liturgia hacen referencia a &eacute;l, todas hablan de &eacute;l. Y es precisamente por esto por lo que &eacute;l ha llegado a convertirse en una piedra angular de la Iglesia de vuestra naci&oacute;n:<i> porque esas palabras han encontrado cumplimiento en &eacute;l.<\/i><\/p>\n<p>Como la levadura penetra en la harina, as&iacute; tambi&eacute;n Bonifacio con su testimonio ha penetrado y transformado los corazones en el esp&iacute;ritu de Cristo. Recordemos con &eacute;l a todos los hijos e hijas de vuestra patria, diciendo de ellos las palabras de la primera lectura tomada del libro de Ben Sirac: &quot;Alabemos a los gloriosos varones, nuestros padres, que vivieron en el curso de las edades; grande gloria les confiri&oacute; el Se&ntilde;or, y magnificencia desde el principio. Ejercieron en sus reinos el se&ntilde;or&iacute;o y fueron famosos por su valor. Consejeros de gran prudencia, que todo lo ve&iacute;an en visiones prof&eacute;ticas. Fueron honrados entre sus coet&aacute;neos e ilustres en sus d&iacute;as. Muchos de ellos dejaron gran nombre para que se canten sus alabanzas. Mas los primeros fueron hombres piadosos, cuya justicia no cay&oacute; en el olvido. La dicha perdura con su linaje&quot;<i> (Ben Sirac <\/i> 44, 1-3. 7-8. 10-11).<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;ntos hombres y apellidos se podr&iacute;an citar aqu&iacute;! Valgan s&oacute;lo unos ejemplos: Bruno de Querfuhrt y Benno de Meissen; Hildegarda de Bingen e Isabel de Turingia; Eduvigis de Andechs y Gertrudis de Helfta; Albert Magno y Pedro Canisio; Edith Stein y Alfred Delp, Franz Stock y Karl Sonnenschein. Ciertamente su &quot;justicia no cay&oacute; en el olvido&#8230;&quot;<i> (Ben Sirac<\/i> 44, 10). &quot;Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Los pueblos se hacen lenguas de su sabidur&iacute;a y la asamblea pregona sus alabanzas&quot; <i>(ib.,<\/i> 44, 14-15).<\/p>\n<p>6. Y mirad, efectivamente, al seguir nosotros el razonamiento de la lectura veterotestamentaria y al dirigir nuestra mirada a este maravilloso ejemplo que la liturgia pone ante nosotros, llegamos. <i>hasta la actualidad, hasta vuestra generaci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: De hecho, a pesar de todas las diferencias, nuestra situaci&oacute;n y nuestra misi&oacute;n tienen, mucho de com&uacute;n con la misi&oacute;n de San Bonifacio. En cierto sentido con &eacute;l comenz&oacute; la historia del cristianismo en vuestro pa&iacute;s. Hay muchos que dicen que esa historia se inclina ahora hacia su fin. Pero yo os digo a vosotros: esta historia del cristianismo en vuestro pa&iacute;s debe comenzar ahora de nuevo, y precisamente por medio de vosotros, a trav&eacute;s de vuestro testimonio, formado en el esp&iacute;ritu de San Bonifacio.<\/p>\n<p>Qu&eacute; hermoso es lo que quiero poner precisamente en vuestro coraz&oacute;n, queridos cat&oacute;licos de los consejos y asociaciones del apostolado laical. La historia de las asociaciones cat&oacute;licas en los &uacute;ltimos 130 a&ntilde;os, pero tambi&eacute;n la actuaci&oacute;n de los consejos, del apostolado laical, que tienen entre vosotros una buena tradici&oacute;n y que despu&eacute;s del Concilio Vaticano II han surgido por todas partes ofrecen un presupuesto lleno de esperanzas para la misi&oacute;n &nbsp;y las tareas de esta hora. No os conform&eacute;is con lo ya logrado, atreveos a comenzar valientemente como Bonifacio. Dad como &quot;amigos de Cristo&quot; a los hombres de hoy el &quot;Evangelio de Dios&quot; y vuestra &quot;propia vida&quot; (cf.<i> Jn<\/i> 15, 15; <i>1 Tes <\/i> 2, 8).<\/p>\n<p>7. Por medio de Bonifacio no s&oacute;lo creci&oacute; la fe, sino que tambi&eacute;n floreci&oacute; aquella cultura humana que es fruto y confirmaci&oacute;n de la fe. En la mediaci&oacute;n de la fe y en el servicio al mundo ten&eacute;is tambi&eacute;n vosotros como laicos la m&aacute;s espec&iacute;fica tarea. Si los hombres, si los j&oacute;venes preguntan vehementemente por el sentido de la vida, dadles<i> vosotros<\/i> una convincente y comprensible respuesta. Si el derecho a la vida, si los principios &eacute;ticos de toda cultura verdaderamente humana est&aacute;n amenazados, defended<i> vosotros<\/i> el derecho y la dignidad del hombre. Si en la formaci&oacute;n y en la educaci&oacute;n el hombre no logra formar sobre s&iacute; m&aacute;s que una imagen del hombre funcional&iacute;stica o vac&iacute;a de sentido, trabajad<i> vosotros<\/i> por una educaci&oacute;n que parta del hombre como imagen de Dios. Si el consumo y el placer de una parte y la angustia ante los l&iacute;mites del crecimiento de otra impregnan los sentimientos de la sociedad, desarrollad <i>vosotros<\/i> un nuevo estilo de vida y unas condiciones humanas de vida que den testimonio de la esperanza que Cristo nos da.<\/p>\n<p>San Bonifacio tuvo como hermana a una gran mujer: la santa abadesa Lioba, cuya tumba es venerada a unos kil&oacute;metros de aqu&iacute;: dad<i> vosotros<\/i> a la mujer en nuestra sociedad y en la Iglesia aquella significaci&oacute;n y aquella consideraci&oacute;n que pueden permitirle cumplir su elevada misi&oacute;n en favor de una vida verdaderamente humana y cristiana. Si a pesar del progreso de la humanidad, crece tambi&eacute;n el n&uacute;mero de aquellos que viven en situaciones marginadas o que no participan plenamente en los frutos del desarrollo general, trabajad<i> vosotros<\/i> por el derecho y la felicidad de todos, sed <i>vosotros<\/i> paladines de un orden social, de una libertad, justicia, y paz, que abracen al mundo entero.<\/p>\n<p>8.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas: Vosotros sois corresponsables del futuro de nuestra Iglesia. Sed totalmente y sin reservas Iglesia. Haced presentes en vuestras asociaciones las notas esenciales de la Iglesia, de la una, santa, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica Iglesia.<\/p>\n<p>Estad unidos entre vosotros, sed \u2014como corresponde a vuestra magna tradici&oacute;n\u2014 columnas y sost&eacute;n de la uni&oacute;n entre el reba&ntilde;o de Cristo y los Pastores que El ha enviado. Manteneos libres del ansia de prestigio, del ego&iacute;smo, de la terquedad, sed por el contrario &quot;un solo coraz&oacute;n y una sola alma&quot;<i> (Act <\/i>4, 32). &iexcl;Trabajad con fuerza por la uni&oacute;n de la cristiandad dividida! La unidad de la Iglesia era la pasi&oacute;n de San Bonifacio.<\/p>\n<p>&iexcl;Sed santos! S&iacute;, santificad vuestras propias vidas y mantened siempre en vuestro interior la presencia de Aqu&eacute;l que es El solo Santo. S&oacute;lo si acept&aacute;is como propio estilo de vida el inmutable car&aacute;cter espec&iacute;fico del Evangelio podr&eacute;is atraer a los hombres. Servid con vuestro testimonio secular a la santificaci&oacute;n del mundo. Bonifacio fue un santo en su vida y en su muerte.<\/p>\n<p>Sed cat&oacute;licos que todo lo abrazan, de apertura universal como Bonifacio, que uni&oacute; en su vida y en su coraz&oacute;n Inglaterra, Alemania y Roma. No os encerr&eacute;is en vuestras propias preocupaciones y problemas. Se os exige vuestra entrega por toda la humanidad, por el Tercer Mundo, por Europa para comenzar de nuevo.<\/p>\n<p>Finalmente sed ap&oacute;stoles, testigos de la fe seg&uacute;n el ejemplo de Bonifacio, m&aacute;rtir y ap&oacute;stol&#8217; de los alemanes, en uni&oacute;n con el Papa y los obispos,<b>&nbsp;y <\/b>al mismo tiempo decididos en vuestra definitiva e ineludible entrega.<\/p>\n<p>9.&nbsp;Permitidme, queridos hermanos y hermanas, que concluya estas reflexiones junto a la tumba de San Bonifacio, ap&oacute;stol de vuestro pa&iacute;s, con un deseo que tomo de la liturgia de hoy: &quot;Su heredad pas&oacute; a los hijos de sus hijos; su linaje se mantiene fiel a la alianza. Y sus hijos lo fueron por amor de ellos. Por siempre permanecer&aacute; su descendencia y no se borrar&aacute; su gloria&quot;<i> (Sir <\/i>44, 12-13).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s puedo desearos a vosotros, la actual generaci&oacute;n cristiana en suelo alem&aacute;n? &iquest;Y qu&eacute; podr&iacute;amos pedir interior y comunitariamente aqu&iacute; en este santo lugar? Que las generaciones sucesivas <i>conserven la fe en la Rep&uacute;blica Federal. <\/i>Que Cristo sea su camino, su verdad y su vida. Que ellas, como vosotros, vengan a este lugar, que significa el &quot;comienzo&quot; de la obra de Dios en vuestra patria. Que aqu&iacute; planeen siempre de nuevo para el presente&#8230; Y vuestra gloria no ser&aacute; olvidada.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA SANTA MISA PARA LAS ASOCIACIONES Y CONSEJOS DE LOS LAICOS HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de la catedral de Fulda Martes 18 de noviembre de 1980 &nbsp; 1. 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