{"id":39577,"date":"2016-10-05T22:55:15","date_gmt":"2016-10-06T03:55:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-noviembre-de-1980-fulda\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:15","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:15","slug":"17-de-noviembre-de-1980-fulda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-noviembre-de-1980-fulda\/","title":{"rendered":"17 de noviembre de 1980,\u00a0Fulda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA PARA LO SACERDOTES, DI&Aacute;CONOS Y SEMINARISTAS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Catedral de Fulda<br \/> Lunes 17 de noviembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p><b><\/b><\/p>\n<p>1.&nbsp;Venerados hermanos, cardenales, arzobispos y obispos, que form&aacute;is el<i> episcopado<\/i> de vuestra patria; mis sacerdotes, amados en Cristo, del<i> presbiterio<\/i> de cada una de las di&oacute;cesis de Alemania; queridos<i> di&aacute;conos;<\/i> queridos<i> alumnos<\/i> de los seminarios sacerdotales, queridos estudiantes de teolog&iacute;a:<\/p>\n<p><i>Las palabras del Ap&oacute;stol Pedro<\/i>&nbsp;que acabamos de escuchar hoy en la segunda lectura de esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica me parece que encielan una especial resonancia aqu&iacute; en Fulda, junto a la tumba de San Bonifacio: &quot;A los presb&iacute;teros que hay entre vosotros los exhorto yo, copresb&iacute;tero, testigo de los sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que ha de revelarse: Apacentad el reba&ntilde;o de Dios que os ha sido confiado&quot; (<i>1 Pe<\/i> 5, 1-2)<\/p>\n<p>Ya han pasado 19 siglos desde que fueron escritas estas palabras, y sin embargo resuenan<i> tambi&eacute;n para nosotros<\/i> con una actualidad y con una fuerza permanentemente iguales; me parece que ellas nos anuncian un mensaje del todo particular en este momento en que vosotros os encontr&aacute;is aqu&iacute;, junto a la tumba del obispo y m&aacute;rtir que es el patr&oacute;n principal de Alemania; y me parece que se refiere precisamente a vosotros, aunque en diverso grado, aquel requerimiento de Pedro:<i> &quot;Apacentad el reba&ntilde;o de Dios&quot;.<\/i> Pedro, como el primero que hab&iacute;a sentido de Jes&uacute;s, el Buen Pastor, una tal exigencia: &quot;Apacienta mis ovejas&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 16), se dirige como &quot;copresb&iacute;tero&quot; a todos aquellos que juntamente con &eacute;l eran los Pastores de la Iglesia de su tiempo. &iexcl;Con qu&eacute; &iacute;ntima emoci&oacute;n sentimos esta llamada tambi&eacute;n nosotros, que somos<i> hoy los Pastores de la Iglesia,<\/i> en el segundo milenio del cristianismo, milenio que se encamina r&aacute;pidamente hacia su fin &iexcl;<i>Vosotros<\/i>, que seg&uacute;n el diverso grado de vuestro ministerio, como obispos, presb&iacute;teros o di&aacute;conos, sois los Pastores de la Iglesia en .vuestra patria! &iexcl;Y tambi&eacute;n <i>vosotros,<\/i> los que hab&eacute;is o&iacute;do la llamada de Cristo y os prepar&aacute;is para el ministerio pastoral de los tiempos venideros!<\/p>\n<p>&quot;Apacentad el reba&ntilde;o de Dios&quot;, &iexcl;Sed Pastores de vuestros hermanos y hermanas en su fe, en su gracia bautismal y en su esperanza en la bendita participaci&oacute;n en la gracia y amor eternos!<\/p>\n<p>2.&nbsp;Pedro nos recuerda en su Carta los padecimientos de Cristo y asimismo el<i> misterio pascual, del que &eacute;l hab&iacute;a llegado a ser testigo.<\/i> Con este testimonio de la cruz y la resurrecci&oacute;n une &eacute;l tambi&eacute;n la esperanza en la participaci&oacute;n &quot;en la gloria que ha de revelarse&quot; (<i>1 Pe<\/i> 5, 1).<\/p>\n<p>La<i> vocaci&oacute;n<\/i> a Pastores en la Iglesia, vuestro m&uacute;ltiple<i> ministerio,<\/i> tiene siempre y en todas partes<i> su ra&iacute;z en el misterio de Cristo<\/i> que lo abarca todo; de El proced&eacute;is y hacia El os dirig&iacute;s; en El encontr&aacute;is la fuerza de vuestro crecimiento y vuestra firme solidez; a El serv&iacute;s con el fruto de vuestro trabajo.<\/p>\n<p>Este misterio se acepta realmente en la fe, cuando aquellos que lo sirven se parecen a hombres &quot;que esperan a su amo de vuelta de las bodas, para que, al llegar &eacute;l y llamar, al instante le abran&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 36).<\/p>\n<p>Aqu&iacute; se trata tambi&eacute;n del servicio de <i>estar vigilantes por el Se&ntilde;or.<\/i><\/p>\n<p>Cuando Jes&uacute;s comenz&oacute; el per&iacute;odo de la pasi&oacute;n, llev&oacute; consigo los Ap&oacute;stoles al huerto de Getseman&iacute;, y llev&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s adentro a tres de ellos, pidi&eacute;ndoles que vigilaran con El. Pero, cuando ellos, dominados por el cansancio, se hab&iacute;an quedado dormidos, volvi&oacute; Jes&uacute;s adonde estaban y les dijo: &quot;Velad y orad para que no acced&aacute;is a la tentaci&oacute;n&quot; <i>(Mt<\/i> 26, 41).<\/p>\n<p>El ministerio que nosotros desempe&ntilde;amos, queridos hermanos, es tambi&eacute;n el de permanecer vigilantes por el Se&ntilde;or. Vigilar significa<i> conservar el don confiado.<\/i> El bien que nos ha sido confiado es de un precio infinito. Nosotros debemos perseverar constantemente en &eacute;l.<\/p>\n<p>Nosotros debemos introducir cada vez m&aacute;s las ra&iacute;ces de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor en las &quot;grandezas de Dios&quot;<i> (Act<\/i> 2, 11); debemos identificarnos cada vez m&aacute;s profundamente<i> con la revelaci&oacute;n del Padre en Cristo<\/i>; debemos finalmente ser cada vez m&aacute;s sensibles a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que el Se&ntilde;or nos ha donado y que quiere seguir donando a trav&eacute;s de nosotros, de nuestro ministerio, de nuestra santidad, de nuestra identidad sacerdotal.<\/p>\n<p>De igual modo debemos ser cada vez m&aacute;s sensibles a la grandeza del hombre, como nos ha sido manifestada en el misterio de la encarnaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n: cu&aacute;n preciosa es cada alma humana y qu&eacute; ricos los tesoros de la gracia y del amor.<\/p>\n<p>As&iacute; corresponderemos a las indicaciones de Pedro, que nos conjura a desempe&ntilde;ar nuestro ministerio &quot;no por fuerza, sino espont&aacute;neamente, seg&uacute;n Dios&#8230;, con prontitud de &aacute;nimo..: (como) sirviendo de ejemplo al reba&ntilde;o&quot;<i> <\/i>(<i>1 Pe <\/i>5, 2-3).<\/p>\n<p>3. Recordemos a tantos insignes obispos y sacerdotes que han salido de este pa&iacute;s; nombro s&oacute;lo algunos de la historia reciente: el obispo von Ketteler y Adolf Kolping, los cardenales von Calen, Fring, D&ouml;pfner y Bengsch, padre Alfred Delp y los neosacerdotes Karl Leisner, Karl Sonnenschein y el padre Rupert Mayer, Romano Guardini y el padre Kentenich.<\/p>\n<p>&iexcl;Contempl&eacute;moslos con m&aacute;s atenci&oacute;n! Ellos nos muestran lo que significa &quot;vigilar&quot;; lo que significa &quot;estar ce&ntilde;idos&quot; y llevar &quot;una l&aacute;mpara en la mano&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 12, 35); c&oacute;mo se puede ser &quot;el siervo fiel y prudente, a quien constituy&oacute; su amo sobre la servidumbre para darles provisiones a su tiempo&quot;<i> (Mt <\/i>24, 45).<\/p>\n<p>Estos y otros muchos sacerdotes modelos de la Iglesia de vuestro pa&iacute;s pueden ense&ntilde;arnos c&oacute;mo nuestra vocaci&oacute;n y todo nuestro ministerio de obispo, sacerdote o di&aacute;cono, est&aacute; cimentado sobre aquel grandioso misterio del coraz&oacute;n humano:<i> el misterio de la intimidad con Cristo,<\/i> y c&oacute;mo en fuerza de esta intimidad crece el verdadero amor pastoral por el hombre, un puro y generoso amor del que tan sediento se encuentra el mundo de hoy, y especialmente las j&oacute;venes generaciones.<\/p>\n<p>Yo s&eacute; que innumerables sacerdotes de la Iglesia de vuestro pa&iacute;s experimentan la alegr&iacute;a y la felicidad de esta profunda familiaridad espiritual con Jesucristo. Pero tambi&eacute;n s&eacute; que forman parte de la actual vida del sacerdote las horas de apuros, de agotamiento, de desorientaci&oacute;n, de exigencias, de desilusi&oacute;n. Estoy convencido de que todo esto pertenece tambi&eacute;n a la vida de aquellos sacerdotes que se esfuerzan con todas sus energ&iacute;as en ser fieles a su misi&oacute;n, y que corresponden con gran escrupulosidad a las tareas de su ministerio. &iquest;Puede extra&ntilde;arnos que aquel que tan profundamente est&aacute; unido con Jesucristo en su misi&oacute;n, participe tambi&eacute;n de las horas del monte de los olivos?<\/p>\n<p>4. &iquest;Qu&eacute; medicina puedo ofreceros yo en estas circunstancias?<\/p>\n<p>No un aumento externo de actividades, ni esfuerzos convulsivos, sino una penetraci&oacute;n profunda<i> en el centro de vuestra vocaci&oacute;n, en la intimidad con Cristo <\/i>y en la<i> mutua amistad de unos con otros.<\/i> A trav&eacute;s de ella Cristo mismo, como el amigo de todos, quiere hacerse visible en medio de vosotros y en medio de vuestras comunidades. ,&quot;Ya no os llamo siervos, sino amigos&quot; (cf,<i> Jn <\/i>15, 15). Estas palabras, que desde el d&iacute;a de vuestra ordenaci&oacute;n sacerdotal todav&iacute;a resuenan en vuestro coraz&oacute;n, deben dar el tono fundamental a vuestra vida. Al amigo yo le puedo decir todo, le puedo confiar todo personalmente: todas las preocupaciones y necesidades, y tambi&eacute;n los problemas no aclarados y las dolorosas experiencias personales. Yo debo vivir de su palabra, de los sacramentos, de la Eucarist&iacute;a y \u2014no en &uacute;ltimo lugar\u2014 de la penitencia. Este es el fundamento sobre el que os mantendr&eacute;is. Tened confianza en Jesucristo, pues El no nos abandona, El sostiene nuestro ministerio, aun all&iacute; donde externamente no se alcanza un &eacute;xito inmediato. Creed en El; creed que El espera todo de vosotros, del mismo modo que un amigo lo espera de su amigo.<\/p>\n<p>Intimidad con Jesucristo, &eacute;sta es la m&aacute;s profunda raz&oacute;n por la que una vida de celibato, en el esp&iacute;ritu de los consejos evang&eacute;licos, es tan importante para el sacerdote. Tener el coraz&oacute;n y las manos libres para el amigo, Jesucristo, estar totalmente disponible para El y llevar su amor a todos, &eacute;ste es un testimonio que en un primer momento no todos pueden entender. Pero si nosotros ofrecemos este testimonio desde dentro, si lo vivimos como la forma existencial de nuestra intimidad con Jes&uacute;s, entonces tambi&eacute;n crecer&aacute; de nuevo en la sociedad la comprensi&oacute;n para esta forma de vida que se apoya en el Evangelio.<\/p>\n<p>La intimidad con Jes&uacute;s tiene como fruto y como consecuencia la intimidad de unos con otros. Los sacerdotes forman un presbiterio en torno a su obispo. El obispo es aquel que de un modo especial para vosotros y con vosotros representa a Cristo. Quien es amigo de Cristo, no puede prescindir de la misi&oacute;n del obispo. Y deber&aacute; estar muy atento a no contraponer las propias opiniones o criterios a la misi&oacute;n que Cristo ha confiado al obispo. La unidad con el obispo, y la unidad con el Sucesor de Pedro, son el m&aacute;s firme fundamento de una fidelidad que sin la intimidad con Cristo no puede ser vivida. Esta unidad es tambi&eacute;n un presupuesto para que nuestro ministerio, el ministerio de los obispos y del Papa, pueda realizarse en relaci&oacute;n a vosotros con una donaci&oacute;n abierta, fraternal y llena de comprensi&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero esta intimidad pide todav&iacute;a m&aacute;s. Pide tambi&eacute;n esa apertura fraternal de unos hacia otros, ese llevar en com&uacute;n los unos las cargas de los otros, ese com&uacute;n testimonio con que pueden ser superados los juicios, las cr&iacute;ticas y las desconfianzas. Yo estoy convencido de que si realiz&aacute;is vuestro ministerio con este esp&iacute;ritu de intimidad y de fraternidad lograr&eacute;is mucho m&aacute;s que si cada uno trabaja por s&iacute; solo. Con la fuerza de una tal intimidad con el Se&ntilde;or, podr&eacute;is &quot;vigilar&quot;, como el Se&ntilde;or en el Evangelio lo espera del &quot;buen siervo&quot;.<\/p>\n<p>5. Este &quot;estar vigilante&quot; del siervo \u2014del amigo\u2014 en la espera de su Se&ntilde;or, se refiere al futuro definitivo en Dios, pero tambi&eacute;n al curso de la historia, a cada momento. El Se&ntilde;or puede llegar &quot;a la segunda vigilia o a la tercera&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 38).<\/p>\n<p>A trav&eacute;s de las ense&ntilde;anzas del Concilio Vaticano II est&aacute; claro para toda la Iglesia que vuestra<i> misi&oacute;n<\/i> es para la <i>hora presente,<\/i> es decir, se dirige a un mundo que se encuentra en constante desarrollo, y sobre todo a las expectativas del hombre en este mundo: a sus gozos y esperanzas, pero tambi&eacute;n a sus fallos y faltas (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i> 1).<\/p>\n<p>El ministerio del Pastor atento y vigilante comporta tambi&eacute;n<i> abrir los ojos <\/i>a todo lo que es bueno y justo, a todo lo verdadero y lo hermoso, pero igualmente a todo lo que de dif&iacute;cil y doloroso hay en la vida del hombre para estar cercano a &eacute;l y solidarizarse con &eacute;l, en total disponibilidad y amor hasta la entrega de la vida (cf. <i>Jn<\/i> 10, 11).<\/p>\n<p>El ministerio vigilante del Pastor comprende adem&aacute;s la disposici&oacute;n para<i> defender del lobo sanguinario<\/i> \u2014como en la par&aacute;bola del buen pastor\u2014 o del ladr&oacute;n para impedir que pueda saquear la casa (cf.<i> Lc<\/i> 12, 39). Con esto no quiero decir que el Pastor ha de contemplar a su reba&ntilde;o con mirada de dureza inmisericorde y de total desconfianza, por el contrario, hablo del Pastor que quiere liberar del pecado y de la culpa por medio del ofrecimiento de la conciliaci&oacute;n, que ofrece a los hombres sobre todo el<i> sacramento de la reconciliaci&oacute;n,<\/i> el sacramento de la penitencia. &quot;En nombre de Cristo&quot; puede y debe el sacerdote gritar a un mundo que parece irreconciliado e irreconciliable;. &quot;Reconciliaos con Dios&quot;. (2<i> Cor <\/i>5, 20). As&iacute; mostramos a los hombres el coraz&oacute;n de Dios, del Padre, y somos im&aacute;genes de Cristo, &eacute;l Buen Pastor. Nuestra vida entera debe convertirse en signo e instrumento de la reconciliaci&oacute;n, en &quot;sacramento&quot; de la uni&oacute;n entre Dios y los hombres.<\/p>\n<p>Juntamente conmigo deber&eacute;is reconocer con dolorida preocupaci&oacute;n que la recepci&oacute;n personal del sacramento de la penitencia ha disminuido fuertemente en vuestras comunidades durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. De coraz&oacute;n os ruego y os exhorto<b> <\/b> a hacer lo posible para que todos los bautizados vuelvan a la pr&aacute;ctica frecuente del sacramento de la penitencia<b> <\/b> a trav&eacute;s de la confesi&oacute;n personal. A esto han de llevar las celebraciones penitenciales, que tan importante papel asumen en la praxis penitencial de la Iglesia, pero que en circunstancias normales no pueden sustituir la recepci&oacute;n privada del sacramento de la penitencia. Procurad tambi&eacute;n vosotros recibir regularmente el sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>6. La vigilancia del buen Pastor exigir&aacute; de vosotros, como coraz&oacute;n de toda actividad sacerdotal,<i> la celebraci&oacute;n de la sagrada liturgia.<\/i> Precisamente despu&eacute;s de las amplias reformas introducidas en las celebraciones lit&uacute;rgicas, han surgido para vosotros importantes tareas pastorales. En primer lugar, ten&eacute;is que familiarizaros vosotros mismos con los ritos aprobados, por medio del estudio y de la pr&aacute;ctica atenta. Deb&eacute;is estar dispuestos a servir como liturgos la profunda fe, la firme esperanza y el gran amor del Pueblo de Dios. Quisiera daros las gracias por todos los esfuerzos que ya hab&eacute;is hecho hasta ahora para lograr tan importantes objetivos, cuyos buenos frutos yo mismo he podido experimentar entre vosotros. Por eso es tanto m&aacute;s deplorable que en algunos lugares la celebraci&oacute;n del misterio de Cristo, en vez de crear unidad con Cristo y entre los hombres, origine disputas y discordias. Nada contradice tanto como esto la voluntad y el esp&iacute;ritu de Cristo.<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, yo os ruego, hermanos y amigos en el sacerdocio, que continu&eacute;is con responsabilidad por el camino que la Iglesia ha decidido seguir hoy con plena fidelidad a su antigua tradici&oacute;n y que manteng&aacute;is ese camino libre de cualquier falso subjetivismo. Quisiera asimismo declarar que las normas especiales en el campo lit&uacute;rgico que los obispos alemanes han Solicitado por motivos pastorales, han sido aprobadas por la Sede Apost&oacute;lica, y consiguientemente est&aacute;n de acuerdo con el derecho.<\/p>\n<p>Esforzaos ante todo por anunciar a <i>Jesucristo,<\/i> al cual vosotros mismos est&aacute;is &iacute;ntimamente unidos, en concordia con la entera comunidad de la Iglesia y en una celebraci&oacute;n reverente y devota de la liturgia.<\/p>\n<p>7. Venerables hermanos, queridos hijos en el Se&ntilde;or:<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;nto deber&iacute;amos amar nuestro ministerio y<i> nuestra vocaci&oacute;n!<\/i> Esto os lo digo a todos: a vosotros, los mayores, que quiz&aacute;s bajo el peso del trabajo est&aacute;is ya cansados y agotados; a vosotros, que todav&iacute;a os encontr&aacute;is en la plenitud de vuestras fuerzas, y a vosotros, los que est&aacute;is comenzando vuestro camino sacerdotal. Pienso tambi&eacute;n en vosotros, los j&oacute;venes que acept&aacute;is la llamada misteriosa de Cristo: querr&iacute;a animaros a asumir de un modo a&uacute;n m&aacute;s fuerte y m&aacute;s profundo esta llamada en vuestras vidas, y a seguirla de un modo definitivo y para siempre.<\/p>\n<p>Del milagro de esta vocaci&oacute;n nos habla hoy de un modo especialmente claro la<i> primera lectura<\/i> de la liturgia, tomada del Profeta Jerem&iacute;as. Un inaudito pero real, di&aacute;logo entre Dios y el, hombre. Dios \u2014Yav&eacute;\u2014 dice: &quot;Antes que te formara en el vientre te conoc&iacute;, antes de que t&uacute; salieses del seno materno te consagr&eacute; y te design&eacute; para profeta de pueblos&quot;.<\/p>\n<p>El hombre \u2014Jerem&iacute;as\u2014 responde: &quot;&iexcl;Ah, Se&ntilde;or Yav&eacute;! He aqu&iacute; que no s&eacute; hablar, pues soy un ni&ntilde;o&quot;.<\/p>\n<p>Dios \u2014Yav&eacute;\u2014 replica: &quot;No digas: Soy un ni&ntilde;o, pues ir&aacute;s a donde te env&iacute;e yo y dir&aacute;s lo que yo te mande. No tengas temor ante ellos, que yo estar&eacute; contigo para salvarte&quot;<i> (Jer<\/i> 1, 5-8).<\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; profunda es<i> la verdad<\/i> que se encierra en este di&aacute;logo! &iexcl;Nosotros deber&iacute;amos hacerla incondicionalmente<i> la verdad de nuestra propia vida!<\/i> &iexcl;Deber&iacute;amos tomarla con las dos manos y con todo el coraz&oacute;n, vivirla, hacerla objeto de nuestra oraci&oacute;n y llegar a ser una sola cosa en ella y por ella!<\/p>\n<p>Aqu&iacute; se encuentra expresada a un mismo tiempo la verdad teol&oacute;gica y sicol&oacute;gica de nuestra vida: el hombre, que reconoce su vocaci&oacute;n y su misi&oacute;n, respondiendo a Dios desde su debilidad.<\/p>\n<p>8. Los que propugnan una imagen del sacerdote diferente de ese modelo que ha sido desarrollado por la Iglesia y conservado especialmente en la tradici&oacute;n occidental, parecen poner frecuentemente en nuestro tiempo<i> esta debilidad como principio fundamental<\/i> de todo lo dem&aacute;s, llegando casi a declarar que es como<i> un derecho<\/i> humano.<\/p>\n<p>Cristo, por el contrario, nos ha ense&ntilde;ado que el hombre tiene sobre todo derecho a una peculiar grandeza, a un<i> derecho a aquello que propiamente lo supera.<\/i> Precisamente en esto se muestra su especial dignidad; en esto se manifiesta el sublime poder de la gracia: nuestra verdadera grandeza es un don que procede del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>En Cristo tiene el hombre un derecho a tal grandeza. Y<i> la Iglesia tiene por medio de Cristo, un derecho al don de este hombre:<\/i> un don a trav&eacute;s del cual el hombre se entrega totalmente a Dios, eligiendo tambi&eacute;n el celibato &quot;por el reino de los cielos&quot;<i> (Mt<\/i> 19, 12) para convertirse en servidor de todos.<\/p>\n<p>El hombre y la Iglesia poseen, por tanto, tal derecho. &iexcl;No debemos debilitar en nosotros esta certeza y esta convicci&oacute;n!<\/p>\n<p>No podemos renunciar a esta sublime herencia de la Iglesia<i> ni poner dificultades a que entre en los corazones de los j&oacute;venes.<\/i> &iexcl;No perdamos la confianza en Dios y en Cristo! El Se&ntilde;or dice: &quot;No tengas temor ante ellos, que yo estar&eacute; contigo para salvarte&quot;<i> (Jer<\/i> 1, 8). Despu&eacute;s de estas palabras toca el Se&ntilde;or la boca del hombre y dice: &quot;He aqu&iacute; que pongo en tu boca mis palabras&quot; <i>(Jer<\/i> 1, 9). &iquest;No hemos tenido nosotros esta misma experiencia? &iquest;No puso El durante nuestra ordenaci&oacute;n sacerdotal sus palabras \u2014las palabras de la consagraci&oacute;n eucar&iacute;stica\u2014 en nuestra boca? &iquest;No sella El esta boca y el hombre entero con la fuerza de su gracia?<\/p>\n<p>Con nosotros se encuentran tambi&eacute;n <i>los santos de la Iglesia<\/i>: los patronos de vuestras di&oacute;cesis, los grandes Pastores de vuestro pa&iacute;s, las famosas mujeres del amor al pr&oacute;jimo y sobre todo Mar&iacute;a, la Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p>Cuando el Evangelista Lucas describe la comunidad de los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos, alude expl&iacute;citamente a su perseverante y un&aacute;nime oraci&oacute;n<i> &quot;con Mar&iacute;a,<\/i> la Madre de Jes&uacute;s&quot;<i> (Act<\/i> 1, 14). Ella, la Madre del Se&ntilde;or, la Madre de todos los creyentes, la Madre tambi&eacute;n de los sacerdotes, quiere permanecer con nosotros, para que en el Esp&iacute;ritu podamos ser continuamente enviados a este mundo y a los hombres en todas sus necesidades.<\/p>\n<p>9. Venerables hermanos y queridos hijos en el Se&ntilde;or: Las lecturas lit&uacute;rgicas de esta celebraci&oacute;n nos recuerdan finalmente la<i> recompensa para los Pastores que permanecen vigilantes.<\/i> El Ap&oacute;stol Pedro habla de &quot;la corona inmarcesible de la gloria&quot; (<i>1 Pe<\/i> 5, 4).<\/p>\n<p>A&uacute;n m&aacute;s impresionantes son las palabras de Cristo en la par&aacute;bola de los siervos vigilantes: &quot;Dichosos los siervos aquellos a quienes el amo hallare en vela; en verdad os digo que se ce&ntilde;ir&aacute;, y los sentar&aacute; a la mesa, y se prestar&aacute; a servirlos. Ya llegue a la segunda vigilia, ya a la tercera, si los encontrare as&iacute;, dichosos ellos&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;12,&nbsp;37-38).<\/p>\n<p>Permitidme que concluya as&iacute; estas palabras sin a&ntilde;adir ni quitar nada. Quisiera, sin embargo, que ellas merecieran la oraci&oacute;n y la atenci&oacute;n de vuestro coraz&oacute;n. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><i>Terminada la concelebraci&oacute;n, el Santo Padre dijo:<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy he venido a vosotros a traeros fuerza y ayuda en nombre de Cristo para vuestra tarea, que consiste en anunciar la salvaci&oacute;n al Pueblo de Dios. Esta finalidad y atenci&oacute;n van acompa&ntilde;ados del don que os voy a hacer en la tumba de San Bonifacio. Es una reliquia del Beato Maximiliano Kolbe, que entregar&eacute; al Presidente de la Conferencia Episcopal, Emmo. cardenal H&ouml;ffner, como regalo de la Iglesia universal a la Iglesia que est&aacute; en Alemania. El Beato Maximiliano Kolbe, maestro de amor al pr&oacute;jimo, sea para vosotros, pastores y fieles, ejemplo luminoso e intercesor en el camino de seguimiento de Cristo sin reservas, con amor dispuesto al sacrificio y esp&iacute;ritu de servicio desinteresado a nuestros hermanos y hermanas. Nadie tiene amor m&aacute;s grande que quien da la vida por sus amigos. Que esta reliquia del Beato Maximiliano Kolbe os recuerde siempre este amor y os anime a imitarle en vuestro servicio de cura de almas. Beato Maximiliano Kolbe: ruega por nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA MISA PARA LO SACERDOTES, DI&Aacute;CONOS Y SEMINARISTAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Catedral de Fulda Lunes 17 de noviembre de 1980 1.&nbsp;Venerados hermanos, cardenales, arzobispos y obispos, que form&aacute;is el episcopado de vuestra patria; mis sacerdotes, amados en Cristo, del presbiterio de cada una de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-noviembre-de-1980-fulda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de noviembre de 1980,\u00a0Fulda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39577","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39577","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39577"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39577\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39577"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39577"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39577"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}