{"id":39579,"date":"2016-10-05T22:55:17","date_gmt":"2016-10-06T03:55:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1980-maguncia\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:17","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:17","slug":"16-de-noviembre-de-1980-maguncia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1980-maguncia\/","title":{"rendered":"16 de noviembre de 1980, Maguncia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN MAGUNCIA PARA LOS OBREROS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font> <br \/> <\/b>Domingo 16 de noviembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas!<\/i><\/p>\n<p>1. &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo sea con vosotros&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 2), Con este deseo de bendici&oacute;n del Ap&oacute;stol os saludo cordialmente a todos. Mi fraternal saludo se dirige al estimado obispo de la di&oacute;cesis de Maguncia, se&ntilde;or cardenal Hermann Volk, y a los obispos y sacerdotes presentes; en manera especial, se dirige a vosotros, queridos trabajadores y trabajadoras de cerca y de lejos.<\/p>\n<p>La liturgia del domingo de hoy, la Palabra de Dios que hemos escuchado con interior recogimiento, nos dispone de modo especial para coger al vuelo aquellos temas importantes, que se insin&uacute;an a trav&eacute;s de vuestra presencia aqu&iacute;<sup>: <\/sup>y del saludo que se me ha dirigido al principio.<\/p>\n<p><i>El encuentro con el mundo del trabajo, <\/i>que me es posible aqu&iacute; en Maguncia, junto a la tumba de aquel adalid y ap&oacute;stol de la cuesti&oacute;n social en el siglo pasado, Wilhelm Emanuel von Ketteler, obispo de Maguncia, trae a mi memoria recuerdos vivos de una completa serie de encuentros parecidos durante el tiempo de mi ministerio como Sucesor de Pedro (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790130_messico-guadalajara-operai_sp.html\">Guadalajara<\/a> y <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/february\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790201_messico-monterrey-lavoratori_sp.html\">Monterrey<\/a> en M&eacute;xico; el encuentro en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790606_polonia-jasna-gora-operai_sp.html\"> Jasna G&oacute;ra<\/a> en Polonia con gran n&uacute;mero de mineros y metal&uacute;rgicos de la Silesia; <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19791001_irlanda-limerick_sp.html\">Limerick<\/a> en Irlanda, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19791004_usa-des-moines_sp.html\"> Des Moines<\/a> en Estados Unidos; en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_torino_sp.htm\"> Tur&iacute;n<\/a>, la gran ciudad industrial de Italia; en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1980\/documents\/hf_jp-ii_hom_19800531_lavoratori-francia_sp.html\">Saint Denis<\/a> de Par&iacute;s y, finalmente, en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/july\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800703_operai-brasile_sp.html\">S<font face=\"Times New Roman\">&atilde;<\/font>o Paulo de Brasil<\/a>).<i> Son siempre encuentros de especial importancia<\/i> por su significaci&oacute;n, no s&oacute;lo desde el punto de vista de su dimensi&oacute;n social, sino tambi&eacute;n <i>a la luz del mensaje evang&eacute;lico.<\/i> El problema del trabajo humano tiene ciertamente su lugar en el cuadro de la alianza que el Creador ha establecido con el hombre, creado a su imagen y semejanza, y que ha fortalecido y renovado en Jesucristo, el cual consumi&oacute; muchos a&ntilde;os de su vida en un taller de Nazaret.<\/p>\n<p>No extra&ntilde;a, por ello, que la<i> cuesti&oacute;n social,<\/i> que est&aacute; vinculada con la realidad del trabajo humano como su fundamento, haya ocupado un lugar central en las declaraciones magisteriales de la Iglesia.<i> Pertenece indudablemente a la predicaci&oacute;n del Evangelio,<\/i> especialmente en el mundo moderno de nuestros d&iacute;as.<\/p>\n<p>Al elegir este tema, queremos seguir la voz de la liturgia que nos presenta &quot;ante la presencia de Yahv&eacute;, que viene; porque viene a juzgar la tierra. Regir&aacute; el orbe con justicia y a los pueblos con equidad&quot;<i> (Sal<\/i> 95 [96], 13).<\/p>\n<p>La configuraci&oacute;n de la justicia humana y la norma que debe aplicarse a la siempre creciente cuesti&oacute;n social, deben ser vistas desde la<i> perspectiva definitiva de la justicia de Dios mismo.<\/i> La liturgia de este domingo, el pen&uacute;ltimo del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, nos ayuda mucho en este sentido.<\/p>\n<p>2. En la lectura de la segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, el Ap&oacute;stol trata muy clara y directamente <i>el tema del trabajo humano<\/i> sobre la base de su experiencia personal como ap&oacute;stol: &quot;Sab&eacute;is bien c&oacute;mo deb&eacute;is imitarnos, pues no hemos vivido entre vosotros desordenadamente ni de balde comimos el pan de nadie, sino que con af&aacute;n y con fatiga trabajamos d&iacute;a y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros. Y no porque no tuvi&eacute;ramos derecho, sino porque quer&iacute;amos daros un ejemplo que imitar&quot; (2<i> Tes<\/i> 3, 7-9).<\/p>\n<p><i>Pablo de Tarso uni&oacute;<\/i>&nbsp;su misi&oacute;n y<i> servicio apost&oacute;lico al trabajo,<\/i> al trabajo manual. Como Cristo uni&oacute; la obra de su redenci&oacute;n al trabajo en el taller de Nazaret, as&iacute; Pablo ha unido el apostolado con el trabajo de sus manos. Esto puede ser una llamada para muchos de vosotros, mejor, para todos, una llamada a todo el mundo cristiano del trabajo. <i>Ved el problema del trabajo en la dimensi&oacute;n de la obra redentora y unid el trabajo con el apostolado.<\/i> La Iglesia de nuestros d&iacute;as necesita de modo especial de este apostolado del trabajo: del apostolado del trabajador y del apostolado en medio de los trabajadores para iluminar esta gran dimensi&oacute;n de la vida con la luz del Evangelio, &iexcl;As&iacute; lo hizo el obispo Ketteler!<i> La luz<\/i> de la verdad y del amor de Dios debe brillar<i> sobre el trabajo<\/i> del hombre. Esta luz no debe ser apagada por la sombra de la injusticia, de la explotaci&oacute;n, del odio y de la humillaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p>En este apostolado tienen que cumplir un papel importante el cuidado espiritual del trabajador en las di&oacute;cesis y comunidades as&iacute; como la realidad de vuestras asociaciones, que se dirigen a todo el mundo del trabajo. Evidentemente son los trabajadores quienes mejor alcanzan a ver las devastadoras consecuencias de la alienaci&oacute;n interior con todos los crecientes grav&aacute;menes que de ello se derivan para la fe. Quisiera convocar de nuevo a vuestras asociaciones, que se han ganado ya m&uacute;ltiples m&eacute;ritos hist&oacute;ricos, sobre todo al &quot;Movimiento cat&oacute;lico del trabajo&quot;, a &quot;La juventud cat&oacute;lica de trabajadores&quot; y a la &quot;Obra de Kolping&quot;, quisiera convocarlas \u2014digo\u2014 a renovar e intensificar los esfuerzos en pro de los hombres que han sido creados por Dios y redimidos por Cristo.<\/p>\n<p>3. En la segunda Carta a los Tesalonicenses leemos: &quot;A estos tales les recomendamos y exhortamos en el Se&ntilde;or Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan&quot; (3, 12). Brevemente ha expresado el Ap&oacute;stol este mismo pensamiento en forma lapidaria: &quot;El que no quiere trabajar, no coma&quot; (3, 10).<\/p>\n<p>Estas claras palabras, le&iacute;das en el contexto del actual desarrollo de la cuesti&oacute;n social, nos apremian a recordar los principios de la doctrina social cat&oacute;lica. Desde la Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum_sp.html\">Rerum novarum<\/a><\/i> de mi venerable predecesor Le&oacute;n XIII, estos principios han sido expuestos con una preocupaci&oacute;n pastoral hondamente sentida en innumerables declaraciones del magisterio eclesial, especialmente en el Concilio Vaticano II; han sido explicados por muchos estudiosos cat&oacute;licos, especialmente de habla alemana, en numerosas obras y declaraciones a los trabajadores cristianos por m&uacute;ltiples esfuerzos de celosos Pastores y de laicos responsables. Esta herencia espiritual de creyentes que fueron adalides en el campo de la cuesti&oacute;n social, no debe dejarnos con los brazos cruzados, sino producir frutos muy concretos para los viejos y nuevos problemas, que nos urgen.<\/p>\n<p>El hombre debe constituir el centro de todas las consideraciones relativas al mundo del trabajo y de la econom&iacute;a. En todas las reivindicaciones demandadas debe ser determinante siempre la consideraci&oacute;n de la inviolable dignidad del hombre, no s&oacute;lo del trabajador individualmente considerado, sino tambi&eacute;n de su familia, no s&oacute;lo de los hombres de hoy, sino tambi&eacute;n de las generaciones futuras.<\/p>\n<p>De este principio fundamental, sobre el que debemos reflexionar cada vez m&aacute;s, puede venir luz tambi&eacute;n para abordar los problemas de vuestro pa&iacute;s, que aqu&iacute; puedo tratar s&oacute;lo brevemente, pero que sin embargo est&aacute;n muy presentes en m&iacute;.<\/p>\n<p>Pienso, por ejemplo, en aquellos cuyo puesto de trabajo est&aacute; en peligro o en aquellos que lo han perdido. Determinadas reformas estructurales se pueden mostrar necesarias despu&eacute;s de una adecuada experimentaci&oacute;n y si se ve que resultan m&aacute;s justas, tanto mejor. Nunca, sin embargo, se echar&aacute;n todas las cargas sobre los hombros de los trabajadores, que durante muchos a&ntilde;os han dado lo mejor de s&iacute;. Hay que estar junto a ellos solidariamente y ayudarles a encontrar una nueva actividad que d&eacute; sentido a su vida. De esto hab&eacute;is dado ya vosotros un ejemplo estimulante.<\/p>\n<p>Pienso en los trabajadores de otros pa&iacute;ses, que vosotros hab&eacute;is llamado y que juntamente con vosotros han creado esto de lo que os alegr&aacute;is hoy. En los problemas que surjan, vuestro sentido de responsabilidad buscar&aacute; soluciones que no lesionen sus sentimientos humanos y sean justas para el bienestar espiritual . de sus familias.<\/p>\n<p>Sin embargo, se dan problemas de gran magnitud y profundidad porque presionamos cada vez m&aacute;s frecuentemente sobre los l&iacute;mites del desarrollo econ&oacute;mico. Aunque no lo quisi&eacute;ramos, nos vemos forzados por el desarrollo a apartarnos de las exigencias del pensamiento y a renunciar a hacer algo para que los bienes limitados sean compartidos por el mayor n&uacute;mero posible de hombres. Si el clima social comienza a endurecerse, los procesos de cambio que se avecinan s&oacute;lo podr&aacute;n afrontarse a trav&eacute;s de un desarrollo real y una acci&oacute;n solidaria.<\/p>\n<p>4. En el examen de estos importantes problemas con vistas a la justicia y a una amplia prosperidad social, no debemos reducirnos a los l&iacute;mites de un pa&iacute;s, ni siquiera de un continente.<i> La cuesti&oacute;n social tiene hoy una dimensi&oacute;n humana universal.<\/i> Esto se deduce claramente de las ense&ntilde;anzas de los &uacute;ltimos Papas<i> <\/i>(<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html\">Mater et Magistra<\/a>, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum_sp.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>)<i> <\/i>y del Concilio Vaticano II. Se dice a este respecto que existe una gran tensi&oacute;n entre el Este y el Oeste, sin embargo, la tensi&oacute;n entre el Norte y el Sur no es menos importante. El &quot;Norte&quot; comprende la zona de pa&iacute;ses que viven en una cierta opulencia de bienes. &quot;Sur&quot;, especialmente el as&iacute; llamado Tercer Mundo, comprende aquella zona de pa&iacute;ses cuyos pueblos est&aacute;n subdesarrollados en lo que se refiere a la econom&iacute;a, pero contin&uacute;an llevando una vida m&iacute;sera o est&aacute;n abocados a la m&aacute;s terrible hambre hasta morir.<\/p>\n<p>Como<i> ciudadanos<\/i> ten&eacute;is el deber de crear un clima pol&iacute;tico que ponga al Estado, sobre todo a los Estados ricos, en situaci&oacute;n de proporcionar en todas las formas necesarias las ayudas efectivas para el desarrollo de aquellos pa&iacute;ses perjudicados y con frecuencia explotados.<\/p>\n<p>Como<i> cat&oacute;licos<\/i> hab&eacute;is comenzado a descubrir ejemplarmente, desde hace mucho tiempo y cada vez m&aacute;s, vuestra corresponsabilidad con otros pueblos, a trav&eacute;s de vuestras grandes obras de ayuda. No ces&eacute;is en vuestros esfuerzos. Haced que vuestro coraz&oacute;n corresponda a&uacute;n m&aacute;s profundamente a las necesidades a menudo desesperantes, de aquellos pueblos. Como Pastor Supremo de la Iglesia, sobre cuyos hombros cae tambi&eacute;n una inmediata responsabilidad sobre aquellos pa&iacute;ses, quisiera en nombre de los pobres y de los m&aacute;s pobres daros las gracias de todo coraz&oacute;n en esta ocasi&oacute;n por vuestros esfuerzos y sacrificios. Especialmente agradezco hoy a todos los creyentes del pa&iacute;s vuestra m&aacute;s reciente muestra de amplia y generosa solidaridad, especialmente por la colecta que con motivo de mi visita pastoral se ha llevado a cabo entre vosotros para resolver las duras necesidades de &Aacute;frica.<\/p>\n<p>Esta dimensi&oacute;n universal de la cuesti&oacute;n social constituye una llamada de atenci&oacute;n a nuestra conciencia humana y cristiana; se ir&aacute; acentuando cada vez m&aacute;s en el &uacute;ltimo cuarto del siglo presente.<i> La b&uacute;squeda de soluciones<\/i> por parte de todos los hombres de buena voluntad y<i> el apostolado<\/i> de todos los cristianos deben ser cada vez m&aacute;s conscientes de esta dimensi&oacute;n universal. &iexcl;En nombre del Evangelio! &iexcl;Y asimismo en nombre de la solidaridad humana!<\/p>\n<p>5. El problema social en su actual dimensi&oacute;n hist&oacute;rica est&aacute; estrechamente unido, por lo que se refiere a cada pueblo en particular y la humanidad entera en general, con un<i> objetivo central: asegurar la paz en el mundo. &quot;Iustitia et Pax<\/i>&quot;, justicia y paz. Juan XXIII nos ha demostrado en su Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html\">Pacem in terris<\/a><\/i> hasta qu&eacute; punto depende la una de la otra. En ella debemos pensar de nuevo hoy cuando la liturgia nos recuerda las palabras de Cristo sobre guerras y turbulencias: &quot;Se levantar&aacute; naci&oacute;n contra naci&oacute;n y reino contra reino, habr&aacute; grandes terremotos, y en diversos lugares, hambres, pestes, espantos y grandes se&ntilde;ales del cielo&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 10 s.).<\/p>\n<p>Estas palabras provienen del discurso <i>&quot;escatol&oacute;gico&quot;<\/i> seg&uacute;n Lucas. Cristo enumera las diversas<i> se&ntilde;ales<\/i> de la &quot;<i>desaparici&oacute;n del mundo en dolores&quot;.<\/i> Se repiten continuamente en la historia. Por eso, a&ntilde;ade: &quot;Cuando oyereis hablar de guerras y revueltas, no os aterr&eacute;is; porque es preciso que sucedan estas cosas primero, pero no vendr&aacute; luego el fin&quot;<i> (Lc <\/i>21, 9).<\/p>\n<p>Recordamos todav&iacute;a muy bien las <i>abominables atrocidades de la segunda guerra mundial,<\/i> especialmente nosotros, hijos e hijas de los pueblos europeos. Recordamos las terribles destrucciones de aquel tiempo, los indescriptibles sufrimientos, el ultraje y desprecio del hombre. Esto no debe volver a ocurrir jam&aacute;s en la generaci&oacute;n de nuestros hijos y nietos, no puede ocurrir entre los hombres, ni en nuestro continente ni en ninguna otra parte.<\/p>\n<p>Pidamos incesantemente a Dios que esta terrible<i> lecci&oacute;n de la historia<\/i> inculque a todos en el mundo la estima de los<i> derechos de cada hombre en particular y de cada uno de los pueblos.<\/i> &iexcl;Qu&eacute; importante es esto en nuestro viejo continente! El compromiso por la paz no debe faltar nunca en el cumplimiento de nuestra misi&oacute;n cristiana, no debe faltar nunca en los esfuerzos de todos los hombres de buena voluntad, ante todo, de aquellos que tienen especial responsabilidad en ello.<\/p>\n<p>Confiamos que la preocupaci&oacute;n por la paz mueva a todos los responsables a buscar un continuo di&aacute;logo sobre los diversos problemas \u2014aunque sean dif&iacute;ciles y complejos\u2014, para afianzar la paz tan anhelada. Y c&oacute;mo no vamos a desear tambi&eacute;n que el encuentro que tiene lugar en Madrid sobre la Seguridad y la Cooperaci&oacute;n en Europa pueda contribuir a fortalecer la paz con una atenci&oacute;n mayor a los derechos de cada hombre y de cada pueblo, incluida la libertad religiosa, sobre la base de los principios aceptados en las actas finales de Helsinki.<\/p>\n<p>Ojal&aacute; que la utilizaci&oacute;n efectiva de este leg&iacute;timo criterio de los derechos del hombre y de los derechos de cada pueblo consiga<i> desterrar<\/i> de la vida de la humanidad toda<i> forma de imperialismo, <\/i>de dominio, de agresi&oacute;n, de explotaci&oacute;n y de colonialismo. Esto lo digo tambi&eacute;n como hijo de una naci&oacute;n que ha sufrido mucho a lo largo de los siglos y se ha visto forzada a defender con firmeza estos derechos del hombre y del pueblo.<\/p>\n<p>Contemplad la invocaci&oacute;n de bendici&oacute;n de la liturgia de hoy con las palabras del Profeta Malaqu&iacute;as: &quot;que surja el &#8216;sol&#8217; de justicia&quot; y sus rayos puedan traer la salvaci&oacute;n (4, 2) &iexcl;para todos!<\/p>\n<p>6. En el Evangelio de hoy dice tambi&eacute;n Cristo: &laquo;Mirad que no os dej&eacute;is enga&ntilde;ar, porque muchos vendr&aacute;n en mi nombre diciendo &quot;soy yo&quot; y &quot;el tiempo est&aacute; cerca&quot;&raquo; (<i> Lc<\/i> 21, 8).<\/p>\n<p>&iquest;Queridos hermanos y hermanas! Os rogamos que permanezc&aacute;is firmes en la verdad del Evangelio. Recorred bajo su luz el camino de la justicia y de la paz. Nadie debe apartarnos de &eacute;l.<\/p>\n<p>Cristo contin&uacute;a diciendo: &quot;Pondr&aacute;n sobre vosotros las manos y os perseguir&aacute;n, entreg&aacute;ndoos a las sinagogas y meti&eacute;ndoos en prisi&oacute;n, conduci&eacute;ndoos ante los reyes y gobernadores por amor de mi nombre&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 12).<\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas! Oremos por todos los hombres del mundo. Oremos especialmente por nuestros hermanos en la fe cuyos<i> derechos son lesionados.<\/i> Oremos por todos aquellos que sufren opresi&oacute;n, a los que se les niega lo que se<i> deriva del principio de la libertad de conciencia y de religi&oacute;n,<\/i> dondequiera que esto pueda suceder sobre el orbe de la tierra.<\/p>\n<p>Cristo dice finalmente: &quot;Haced prop&oacute;sito de no preocuparos de vuestra defensa, porque yo os dar&eacute; un lenguaje y una sabidur&iacute;a a la que no podr&aacute;n resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Ser&eacute;is entregados aun por los padres, por los hermanos, por los parientes y por los amigos, y har&aacute;n morir a muchos de vosotros, y ser&eacute;is aborrecidos de todos a causa de mi nombre. Pero no se perder&aacute; un s&oacute;lo cabello de vuestra cabeza. Con vuestra paciencia comprar&eacute;is (la salvaci&oacute;n) de vuestras almas&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 14-19).<\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas! Pensemos en todos aquellos, tambi&eacute;n en los de vuestro pa&iacute;s, que han mantenido <i>heroicamente<\/i> la fidelidad a esta Palabra de nuestro Salvador y Maestro. Oremos para que todos permanezcamos fieles. Roguemos al Se&ntilde;or, que nos env&iacute;e siempre su esp&iacute;ritu de fortaleza, principalmente en las horas y tiempos de prueba. Y que nosotros d&iacute;a a d&iacute;a<i> demos testimonio de El.<\/i><\/p>\n<p>7. Cristo dice: &quot;Ser&aacute; para vosotros ocasi&oacute;n de dar testimonio&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 13). Demos gracias por estas palabras. Demos gracias por esta<i> extraordinaria oportunidad de dar testimonio<\/i> de un Evangelio de paz y justicia, aqu&iacute; en Maguncia, junto a la tumba de aquel gran adalid y ap&oacute;stol de este Evangelio, el obispo Wilhelm Emanuel von Ketteler.<\/p>\n<p>Que surja el sol de justicia para todos los que honr&aacute;is el nombre del Se&ntilde;or, y os haga part&iacute;cipes de la salvaci&oacute;n en sus rayos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>En esta feliz ocasi&oacute;n, deseo extender una palabra de saludo y gratitud a los miembros de la comunidad americana presentes hoy aqu&iacute;. Vuestra colaboraci&oacute;n en la preparaci&oacute;n de esta reuni&oacute;n es digna de profundo aprecio. Pido al Esp&iacute;ritu de Dios que os d&eacute; en abundancia la justicia, la paz y la alegr&iacute;a que constituyen el reino de Dios. Y por nuestra parte, queridos hermanos y hermanas, trabajemos todos seg&uacute;n las palabras de San Pablo &quot;por la paz y por nuestra mutua edificaci&oacute;n&quot; (<i>Rom<\/i> 14, 19). Y que el amor de Dios permanezca siempre en vuestros corazones.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA SANTA MISA EN MAGUNCIA PARA LOS OBREROS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 16 de noviembre de 1980 &nbsp; &iexcl;Queridos hermanos y hermanas! 1. &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo sea con vosotros&quot; (Flp 1, 2), &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1980-maguncia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab16 de noviembre de 1980, Maguncia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39579","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39579","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39579"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39579\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39579"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39579"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39579"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}