{"id":39581,"date":"2016-10-05T22:55:19","date_gmt":"2016-10-06T03:55:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1980-osnabruck\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:19","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:19","slug":"16-de-noviembre-de-1980-osnabruck","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1980-osnabruck\/","title":{"rendered":"16 de noviembre de 1980, Osnabr\u00fcck"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL ESTADIO &laquo;ILLOS H&Ouml;HE&raquo; DE OSNABR&Uuml;CK<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 16 de noviembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p><b><\/b><\/p>\n<p>&iexcl;Venerables hermanos, queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or!<\/p>\n<p>1. Cuando Juan el Evangelista, a partir del trato confiado con su Maestro y del profundo conocimiento del coraz&oacute;n amoroso de Jes&uacute;s, dio forma a las palabras del actual Evangelio, la plegaria de despedida del Se&ntilde;or, ten&iacute;a ante s&iacute; las primeras comunidades cristianas: s&oacute;lo trabajosamente y poco a poco se hab&iacute;an ido formando, primero en Palestina, despu&eacute;s, tras una primera persecuci&oacute;n y huida, en Antioqu&iacute;a y desde aqu&iacute;, bajo el impulso misionero de San Pablo, en Asia Menor y Grecia, hasta llegar incluso a Roma. Sin embargo, su estabilidad era m&aacute;s bien escasa y arriesgada; estas comunidades como minor&iacute;a viv&iacute;an entre la gran mayor&iacute;a de paganos dentro del Imperio romano.<\/p>\n<p>A&nbsp;estos cristianos quiere el Evangelista consolar y fortalecer cuando les dice c&oacute;mo Jes&uacute;s mismo, hab&iacute;a rogado precisamente por ellos: a ellos les ha revelado Jes&uacute;s el &quot;nombre&quot; de Dios, a ellos les ha regalado su &quot;gloria&quot;, en ellos debe estar el &quot;amor&quot; que existe entre Dios Padre y el Hijo, ellos deben ser &quot;plenamente uno&quot;, como Jes&uacute;s es uno con el Padre. &iexcl;Poderosas palabras de consolaci&oacute;n y de fortalecimiento interior para una vida fatigosa en la &quot;dispersi&oacute;n&quot;, en la<i> &quot;di&aacute;spora&quot;<\/i>!<\/p>\n<p>&iexcl;Hermanos y hermanas m&iacute;os! A todos vosotros os traigo hoy este Evangelio, esta feliz noticia, esta eficaz oraci&oacute;n de Jes&uacute;s: vale para vosotros, los creyentes de esta antigua, venerable di&oacute;cesis, que precisamente ha comenzado gozosamente el aniversario de sus 1200 a&ntilde;os de existencia; vale para todos los cat&oacute;licos que viven en la di&aacute;spora de Alemania del norte y Escandinavia, a los que, hoy me quiero dirigir especialmente desde esta ciudad de Osnabr&uuml;ck, sede episcopal de la di&oacute;cesis situada m&aacute;s al norte de este pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Saludo con especial alegr&iacute;a a los Pastores de esta y de las vecinas di&oacute;cesis, aqu&iacute; presentes, especialmente a los obispos de Berl&iacute;n y Escandinavia e igualmente a los sacerdotes y creyentes de cada una de las regiones y pa&iacute;ses de la di&aacute;spora. El Supremo Pastor de la Iglesia, que vive unida entre muchos pueblos, ha venido hasta vosotros, para, juntamente con vosotros, dar gracias a Dios por vuestro coraje en la fe y para fortaleceros en ella con el fin de que sig&aacute;is siendo testigos vivos de nuestra redenci&oacute;n en Cristo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;La situaci&oacute;n de fe de los cat&oacute;licos en esta alejada di&aacute;spora es muy varia y dif&iacute;cil. M&aacute;s a&uacute;n, precisamente en las di&oacute;cesis del norte de Alemania, est&aacute; decisivamente te&ntilde;ida de una especial circunstancia hist&oacute;rica. Al final de la guerra fueron muchos los que tuvieron que dejar su patria, entre ellos muchos cat&oacute;licos; afluyeron y se asentaron en grandes regiones de estas di&oacute;cesis, que hasta entonces hab&iacute;an tenido una poblaci&oacute;n, casi exclusivamente evang&eacute;lica. Junto a su peque&ntilde;o equipaje de cosas materiales estos hombres llevaban consigo, como preciosa propiedad, ante todo su fe, a menudo simbolizada solamente en el libro de oraciones que tra&iacute;an de su antigua patria. Muchos de vosotros, queridos hermanos y hermanas en la fe, se acuerdan todav&iacute;a de c&oacute;mo, en aquel tiempo, tuvieron que buscar una nueva residencia en el extranjero, de c&oacute;mo hab&iacute;a que asegurar las m&aacute;s elementales necesidades vitales y de c&oacute;mo,<i> al mismo tiempo, <\/i>tuvieron que ser fundadas centenares de nuevas comunidades cat&oacute;licas. Vosotros, bajo la direcci&oacute;n de activos sacerdotes y obispos, hab&eacute;is construido nuevas iglesias y hab&eacute;is levantado nuevos altares. Aunque vosotros mismos padec&iacute;ais necesidad y viv&iacute;ais con gran inquietud por vuestras familias, tambi&eacute;n en vuestra nueva patria os hab&eacute;is comprometido en la organizaci&oacute;n de la vida eclesial y hab&eacute;is contribuido a ello con numerosas ofrendas. As&iacute; hab&eacute;is demostrado al mundo que permanec&eacute;is firmes en la fe, que no os hab&eacute;is dejado desanimar por la cruz que os ha tocado: al contrario, hab&eacute;is podido trocar el sufrimiento en bendici&oacute;n y la discordia en reconciliaci&oacute;n. Por este ejemplo de fidelidad en la fe tenemos que estaros muy agradecidos.<\/p>\n<p>Respecto al desarrollo de la vida eclesial en aquellos dif&iacute;ciles a&ntilde;os recordamos tambi&eacute;n con agradecimiento a las numerosas comunidades evang&eacute;licas de este pa&iacute;s, que durante mucho tiempo han abierto sus iglesias tambi&eacute;n a los cristianos cat&oacute;licos dando as&iacute;, a sus Pastores la posibilidad de reunir de nuevo a su grey dispersada.<\/p>\n<p>3.&nbsp;De hecho, tiempos duros han producido amargas heridas; pero el Se&ntilde;or tambi&eacute;n las ha sanado y ha ayudado. Evocando estas cosas, parece apropiado se&ntilde;alar hoy que vuestro pa&iacute;s se acuerda de los innumerables muertos de la &uacute;ltima guerra mediante el &quot;d&iacute;a de duelo popular&quot;. El mismo Se&ntilde;or Jesucristo que ayer estuvo a vuestro lado con su fuerza consoladora, os proporciona tambi&eacute;n hoy y os proporcionar&aacute; ma&ntilde;ana la fuerza de su amor, para que, en medio de las pruebas de este tiempo, sigamos siendo testigos fidedignos de su anuncio liberador.<\/p>\n<p>As&iacute; \u2014seg&uacute;n las palabras de la segunda lectura de la liturgia de hoy tomada de la primera Carta de San Pedro\u2014 vosotros ten&eacute;is una buena raz&oacute;n &quot;por la cual exult&aacute;is, aunque ahora teng&aacute;is que entristeceros un poco, en las diversas tentaciones para que vuestra fe probada, m&aacute;s preciosa que el oro, que no se corrompe aunque acrisolado por el fuego, aparezca digna de alabanza&quot;<i> (1 Pe<\/i> 1, 6-7). El cr&eacute;dito de vuestra fe: &iexcl;Esa es vuestra suerte! &iexcl;Una fe interior, madura, conscientemente responsable: &eacute;ste puede ser vuestro regalo a toda la Iglesia! Y vosotros mismos podr&eacute;is, as&iacute;, lograr la meta de vuestra fe, la salvaci&oacute;n de las almas&quot;<i> (ib.,<\/i> 9), que os ha de tocar en suerte &quot;en la revelaci&oacute;n de Jesucristo&quot;. &quot;A quien am&aacute;is sin haberlo visto, en quien ahora cre&eacute;is sin verle&quot;<i> (ib.,<\/i> 8). Por su resurrecci&oacute;n de entre los muertos ten&eacute;is vosotros &quot;una viva esperanza&quot; en la &quot;herencia incorruptible&#8230; inmarcesible&#8230;, que os est&aacute; reservada en el cielo&quot;<i> (ib.,<\/i> 3-4). El mismo &quot;poder de Dios&quot; es el que os fortalece en esta fe<i> (ib.,<\/i> 5), si vosotros \u2014nos permitimos a&ntilde;adir\u2014 hac&eacute;is lo que os es posible para mantener vuestra fe viva y fortalecida. Vuestra situaci&oacute;n vital como cristianos en la di&aacute;spora os presenta un desaf&iacute;o especial.<\/p>\n<p>Pocos de entre nosotros pueden hoy, en su praxis de fe, sentirse sostenidos todav&iacute;a con facilidad por un fuerte ambiente creyente. M&aacute;s bien tenemos que decidirnos, conscientemente, a querer ser cristianos declarados y tener el valor, si es necesario, de diferenciarnos de nuestro ambiente. Presupuesto para un decisivo testimonio cristiano de vida as&iacute;, es que observemos y tomemos la fe como una preciosa posibilidad de vida, que es superior a los modos de vivir y a la praxis vital del mundo ambiente. Deber&iacute;amos aprovechar cualquier oportunidad para experimentar c&oacute;mo la fe enriquece nuestra vida, c&oacute;mo produce en nosotros una adecuada fidelidad en la lucha vital, c&oacute;mo fortalece nuestra esperanza contra el asalto de cualquier forma de pesimismo y duda, c&oacute;mo nos motiva, fuera de todo extremismo, para un compromiso por la justicia y la paz en el mundo, c&oacute;mo, finalmente, nos puede consolar en el sufrimiento y nos puede alentar. Tarea y posibilidad de la situaci&oacute;n de di&aacute;spora es, pues, experimentar m&aacute;s conscientemente c&oacute;mo la fe ayuda a vivir m&aacute;s plena y profundamente.<\/p>\n<p>4. Nadie, sin embargo, cree para s&iacute; mismo. El Se&ntilde;or ha convocado a sus disc&iacute;pulos en una comunidad, en un Pueblo de Dios peregrino, en la Iglesia, que El, con su fuerza vital, vivifica como un cuerpo vivo. All&iacute; donde varios creyentes se re&uacute;nen para la profesi&oacute;n com&uacute;n, la celebraci&oacute;n, la oraci&oacute;n y la actuaci&oacute;n, all&iacute; quiere el Se&ntilde;or encontrarse con ellos. &quot;Donde est&aacute;n dos o tres congregados en mi nombre; all&iacute; estoy yo en medio de ellos&quot;<i> (Mt<\/i> 18, 20). &iexcl;Como si el Se&ntilde;or quisiera, con estas palabras, aludir precisamente a una situaci&oacute;n de di&aacute;spora, no habla de miles, ni de cientos, ni de diez, sino de &quot;dos o tres&quot;! Ya aqu&iacute; nos promete el Se&ntilde;or su presencia corroborante.<\/p>\n<p>Respecto a esto, vuestras di&oacute;cesis y comunidades parroquiales ofrecen m&uacute;ltiples posibilidades de encontrar no uno o dos creyentes, sino enteras comunidades y grupos. Por ello quisiera yo agradecer de coraz&oacute;n, en este lugar, a todos los sacerdotes y colaboradores laicos, que se comprometen, a pesar de grandes dificultades, incansablemente, con abnegado celo, en pro de una vida comunitaria viva y fruct&iacute;fera. Al mismo tiempo pido a todos los creyentes que en nombre de Dios aprovechen todas las oportunidades que se les ofrecen para la mejora de su fe y su futuro. Sed especialmente asiduos y fieles en la asistencia a la Santa Misa el domingo o el s&aacute;bado por la tarde. Y donde la asistencia a la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica dominical no sea posible por causa de las grandes distancias, pero haya una celebraci&oacute;n de la Palabra de Dios, quiz&aacute;s con distribuci&oacute;n de la sagrada comuni&oacute;n, &iexcl;tomad parte en ello! Donde estamos reunidos en el nombre de Jes&uacute;s all&iacute; est&aacute; El, en medio de nosotros.<\/p>\n<p>5. Ante todo, sin embargo, yo quisiera animaros a buscar el contacto con vuestros<i> compa&ntilde;eros creyentes evang&eacute;licos <\/i>en la fe sincera y a profundizar en ello. El movimiento ecum&eacute;nico de los &uacute;ltimos decenios os ha hecho ver claramente cu&aacute;n unidos est&aacute;n con vosotros los cristianos evang&eacute;licos en sus preocupaciones y alegr&iacute;as y cu&aacute;nto ten&eacute;is en com&uacute;n con ellos, cuando vosotros y ellos viv&iacute;s honrada y consecuentemente la fe en nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Por ello, agradecemos de todo coraz&oacute;n a Dios que las diversas comunidades eclesiales en vuestras tierras ya no vivan sin comprenderse ni se cierren temerosamente en s&iacute; mismas unas en relaci&oacute;n con las otras. M&aacute;s bien ya hab&eacute;is hecho a menudo la feliz experiencia de que una comprensi&oacute;n y una aceptaci&oacute;n mutuas eran especialmente f&aacute;ciles, cuando ambas partes conoc&iacute;an bien su propia fe, la afirmaban con alegr&iacute;a y apreciaban mucho vivirla en comunidad con los propios hermanos de fe. Yo quisiera animaros a seguir por ese camino.<\/p>\n<p>Vivid vuestra fe como cristianos cat&oacute;licos agradecidos a Dios y a vuestra comunidad eclesial, dad un testimonio fidedigno de los valores propios de vuestra fe con toda humildad y sin arrogancia, y animad discreta y amorosamente tambi&eacute;n a vuestros compa&ntilde;eros creyentes evang&eacute;licos a que fortalezcan y profundicen sus propias convicciones de fe y sus formas religiosas de vida en Cristo. Si realmente todas las Iglesias y comunidades crecen hacia la plenitud del Se&ntilde;or, su Esp&iacute;ritu nos mostrar&aacute;, con toda seguridad, el camino para alcanzar la unidad interna y externa de la Iglesia.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s mismo ha orado por la plena unidad de los suyos: &quot;Para que todos sean uno, como t&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, para que tambi&eacute;n ellos sean en nosotros y el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot;<i> (Jn<\/i> 17, 21). Es lo que acabamos de escuchar en el Evangelio. Y una vez m&aacute;s, todav&iacute;a m&aacute;s encarecidamente, Jes&uacute;s pide a su divino Padre: &quot;Yo les he dado la gloria que t&uacute; me diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en dios y t&uacute; en m&iacute;, para que sean perfectamente uno y conozca el mundo que t&uacute; me enviaste y amaste a &eacute;stos como me amaste a m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 22-23).<\/p>\n<p>Esta petici&oacute;n por la unidad debe valer, seg&uacute;n la voluntad de Jes&uacute;s, tambi&eacute;n para todos y cada uno de los cristianos, que se apoyan mutuamente y se fortalecen en la fe. &quot;Pero no ruego s&oacute;lo por &eacute;stos&quot;, as&iacute; ora Jes&uacute;s, &quot;sino por cuantos crean en m&iacute;<i> por su palabra <\/i> (<i>ib.,<\/i> 20). Por eso podemos esperar confiadamente que todos los di&aacute;logos ecum&eacute;nicos, toda oraci&oacute;n y actuaci&oacute;n comunitaria de cristianos de diferentes confesiones est&aacute;n comprendidos en esta oraci&oacute;n de Jes&uacute;s: &quot;Para que todos sean uno, como t&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, para que tambi&eacute;n ellos sean una cosa en nosotros&quot;. De esta unidad depende la credibilidad del anuncio de la redenci&oacute;n mediante la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo: &quot;para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot;<i> (ib.,<\/i> 21).<i> Una<\/i> condici&oacute;n expresa, ciertamente, el Se&ntilde;or en la misma oraci&oacute;n: &quot;Y yo les di a conocer tu nombre, y se lo har&eacute; conocer, para que <i>el amor<\/i> con que t&uacute; me has amado, est&eacute; en ellos y yo en ellos&quot;<i> (ib.,<\/i> 26). As&iacute; pues, nosotros rezaremos y actuaremos ecum&eacute;nicamente, realmente en &quot;el nombre de Jes&uacute;s&quot;, si guardamos el amor a Cristo y a los dem&aacute;s y si ponemos como fundamento de todos nuestros esfuerzos una profunda unidad.<\/p>\n<p>Yo conf&iacute;o firmemente en que esta oraci&oacute;n del Hijo de Dios, nuestro Se&ntilde;or y hermano, por la unidad de todos los cristianos, alguna vez producir&aacute; su pleno fruto. Nosotros queremos pedirle a El que permita que se haga realidad en nosotros lo que el Profeta nos ha anunciado hoy en la primera lectura: &quot;Yo os tomar&eacute; de entre las gentes y os reunir&eacute; de todas las tierras y os conducir&eacute; a vuestra tierra. Y os asperger&eacute; con aguas puras y os purificar&eacute; de todas vuestras impurezas, de todas vuestras idolatr&iacute;as&#8230; Os dar&eacute; un coraz&oacute;n nuevo y un esp&iacute;ritu nuevo&#8230; Pondr&eacute; dentro de vosotros mi esp&iacute;ritu y os har&eacute; ir por mis mandamientos y observar mis preceptos y ponerlos por obra&quot;<i> (Ez<\/i> 36, 24-28).<\/p>\n<p>6. &iexcl;Queridos hermanos y hermanas! vosotros viv&iacute;s vuestra fe ciertamente en condiciones dif&iacute;ciles. Otras di&oacute;cesis de vuestro pa&iacute;s, que se encuentran en mejores condiciones, est&aacute;n a vuestro lado solidariamente, con m&uacute;ltiples ayudas, sobre todo mediante la muy valiosa y eficaz organizaci&oacute;n de la<i> obra de San Bonifacio.<\/i> Por vuestra parte, vosotros colabor&aacute;is en la<i> obra Ansgar,<\/i> con la que prest&aacute;is fraterno apoyo y asistencia a las di&oacute;cesis escandinavas. En el Reino de Dios nada pierde quien sabe compartir; m&aacute;s bien al contrario, s&oacute;lo llegar&aacute; a ser un verdadero disc&iacute;pulo de Cristo quien se haga pobre por nosotros, para hacernos ricos a todos nosotros (cf. <i>2 Cor<\/i> 8, 9).<\/p>\n<p>Ser cristiano en la di&aacute;spora es algo que hay que vivir con la conciencia de pertenecer a una gran comunidad de hombres, al<i> Pueblo de Dios a partir de todos los pueblos de esta tierra. <\/i>Tambi&eacute;n en la &quot;dispersi&oacute;n&quot; est&aacute;is, junto con vuestros sacerdotes y obispos, unidos y de m&uacute;ltiples maneras a la Iglesia de vuestro pa&iacute;s y a la Iglesia universal. Por eso entiendo que es una gran dicha el que yo, como Obispo de Roma, hoy, el segundo d&iacute;a de mi visita a Alemania, pueda estar precisamente en esta ciudad episcopal conectada con el territorio m&aacute;s n&oacute;rdico de Europa y est&eacute; celebrando con vosotros esta Santa Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p>Eucarist&iacute;a significa acci&oacute;n de gracias , de la comunidad creyente al Se&ntilde;or &quot;en comuni&oacute;n con<i> toda<\/i> la Iglesia&quot;, tal como rezamos en el primer canon de la Misa. Hoy queremos, unidos a todos los creyentes, dar gracias a Dios por los favores, mediante los cuales ha guardado y fortalecido El vuestra fe y vuestro amor a la Iglesia, incluso en circunstancias dif&iacute;ciles y en tiempos de duras pruebas. La celebraci&oacute;n de la Misa es la inagotable fuente de energ&iacute;a para la vida religiosa y para el mantenimiento de la fe de todo cristiano. Ella conserva y&nbsp;alimenta nuestra comuni&oacute;n con Cristo, a trav&eacute;s de la comuni&oacute;n viva con su Cuerpo m&iacute;stico, que es la Iglesia. Cuando la santa comuni&oacute;n se parte se nos ofrece el pan del Se&ntilde;or y su cuerpo, nosotros vivimos y realizamos clara y comprensiblemente esa interna unidad del Cuerpo de Cristo, la comuni&oacute;n de todos los creyentes. &iexcl;Tomad, pues, hoy nuevamente conciencia, con feliz agradecimiento, de esa profunda unidad interna de la Iglesia por encima de todas las fronteras y l&iacute;mites humanos! &iexcl;Llevad esta conciencia, como precioso tesoro, a vuestras comunidades, a vuestro vecindario, a vuestras familias! Pues, como &#8216;creyentes, jam&aacute;s sois s&oacute;lo &quot;pocos&quot;, jam&aacute;s est&aacute;is &quot;solos&quot;, sino unidos con &quot;tantos&quot;, que, a lo largo y ancho del mundo, a trav&eacute;s de la fe y la esperanza siguen&nbsp; con vosotros al Se&ntilde;or Jesucristo y dan testimonio de su amor redentor. El es la fuerza de nuestra fe y el fundamento de nuestra confianza, El os bendiga a vosotros y a vuestras familias y conduzca vuestro peregrinar como cristianos cat&oacute;licos hasta su meta eterna, a la patria definitiva de todos los creyentes, os conduzca de la dispersi&oacute;n de este tiempo a su Reino eterno. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA FEDERAL DE ALEMANIA SANTA MISA EN EL ESTADIO &laquo;ILLOS H&Ouml;HE&raquo; DE OSNABR&Uuml;CK HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 16 de noviembre de 1980 &iexcl;Venerables hermanos, queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or! 1. 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