{"id":39592,"date":"2016-10-05T22:55:34","date_gmt":"2016-10-06T03:55:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-octubre-de-1980-beatificacion-de-don-luis-orione-sor-maria-ana-sala-y-bartolo-longo\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:34","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:34","slug":"26-de-octubre-de-1980-beatificacion-de-don-luis-orione-sor-maria-ana-sala-y-bartolo-longo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-octubre-de-1980-beatificacion-de-don-luis-orione-sor-maria-ana-sala-y-bartolo-longo\/","title":{"rendered":"26 de octubre de 1980, Beatificaci\u00f3n de Don Luis Orione, Sor Mar\u00eda Ana Sala y Bartolo Longo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DEL SACERDOTE LUIS ORIONE, <br \/>LA RELIGIOSA MAR&Iacute;A ANA SALA Y EL LACIO BARTOLO LONGO<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 26 de octubre 1980<\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Querid&iacute;simos hermanos e hijos:<\/p>\n<p><i>&iexcl;&quot;Gaudeamus omnes in Domino, hodie, diem festum celebrantes sub honore Beatorunt nostrorum&quot;!<\/i><\/p>\n<p>As&iacute; podemos cantar justamente hoy, en esta grandiosa solemnidad, mientras nuestros esp&iacute;ritus se elevan en la contemplaci&oacute;n de la gloria celestial alcanzada por los tres nuevos Beatos: Don Luis Orione, Sor Mar&iacute;a Ana Sala y Bartolo Longo.<\/p>\n<p>1.&nbsp;Es d&iacute;a de fiesta porque la Iglesia nos dice que ellos entran oficialmente en el culto de los fieles cristianos y se les puede invocar y rezar, como part&iacute;cipes ya de la felicidad eterna. Es d&iacute;a de fiesta, porque la Iglesia por medio de ellos nos indica de modo autorizado y seguro la meta de nuestra vida y el camino para alcanzarla, record&aacute;ndonos con San Pablo que &quot;los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparaci&oacute;n con la gloria que ha de manifestarse en nosotros&quot; (<i>Rom <\/i>8, 18): y es d&iacute;a de gran fiesta porque la Iglesia universal, y en particular Italia, se alegran juntamente con los Hijos de la Divina Providencia, con las Religiosas de Santa Marcelina y con los ciudadanos de Pompeya y N&aacute;poles, por el honor que p&uacute;blicamente se tributa a estos tres modelos de la fe y de la caridad.<\/p>\n<p>S&iacute;, el Se&ntilde;or est&aacute; cercano a nosotros y nos hace comprender por medio de ellos su voluntad acerca de nuestro destino terreno y eterno: la salvaci&oacute;n y ja santificaci&oacute;n del hombre, creado &quot;en justicia y santidad verdaderas&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 24). Los tres nuevos Beatos, a quienes invocamos hoy, por caminos diversos y por pruebas dolorosas, han combatido el buen combate, han mantenido la fe, han perseverado en la caridad, alcanzando as&iacute; el premio (cf.<i> 2 Tim<\/i> 4, 7). Y ahora, junto con la multitud de los Santos, son para nosotros luz y aliento, ayuda y consuelo; ellos caminan con nosotros y para nosotros, como maestros y amigos; ellos son un don del Alt&iacute;simo, con su ejemplo, su palabra, su intercesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Por ello suba, en este momento, a Dios, autor de la gracia, nuestra emocionada gratitud.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Recoj&aacute;monos ahora para reflexionar de modo especial sobre el mensaje singular que cada uno de los tres Beatos propone a nuestra meditaci&oacute;n.<\/p>\n<p><i>Don Luis Orione se nos presenta como una maravillosa<\/i>&nbsp;y<i> genial expresi&oacute;n de la caridad cristiana.<\/i><\/p>\n<p>Es imposible sintetizar en pocas frases la vida azarosa y a veces dram&aacute;tica de aquel que se defini&oacute;, humilde pero sabiamente, &quot;el maletero de Dios&quot;. Pero podemos decir que fue ciertamente una de las personalidades m&aacute;s eminentes de este siglo por su fe cristiana, profesada abiertamente, y por su caridad vivida heroicamente. Fue sacerdote de Cristo total y gozosamente, recorriendo Italia y Am&eacute;rica Latina, consagrando la propia vida a los que sufren m&aacute;s, a causa de la desgracia, de la miseria, de la perversidad humana. Baste recordar su activa presencia entre los damnificados por el terremoto de Mesina y M&aacute;rsica. Pobre entre los pobres, impulsado por el amor de Cristo y de los hermanos m&aacute;s necesitados, fund&oacute; la Peque&ntilde;a Obra de la Divina Providencia, las Peque&ntilde;as Hermanas Misioneras de la Caridad y, luego, las Sacramentinas ciegas y los Eremitas de San Alberto.<\/p>\n<p>Abri&oacute; tambi&eacute;n otras casas en Polonia (1923), en los Estados Unidos (1934) y en Inglaterra (1936), con verdadero esp&iacute;ritu ecum&eacute;nico. Despu&eacute;s quiso concretar visiblemente su amor a Mar&iacute;a, erigiendo en Tortona el grandioso santuario de la Virgen de la Guardia. Me resulta conmovedor pensar que Don Orione tuvo siempre una predilecci&oacute;n particular por Polonia y sufri&oacute; inmensamente cuando mi querida patria, en septiembre de 1939, fue invadida y destrozada. S&eacute; que la bandera polaca blanca y roja, que en aquellos tr&aacute;gicos d&iacute;as llev&oacute; triunfalmente en procesi&oacute;n al santuario de la Virgen, est&aacute; colgada todav&iacute;a en la pared de su pobr&iacute;sima habitaci&oacute;n de Tortona: &iexcl;All&iacute; la quiso &eacute;l mismo! Y en el &uacute;ltimo saludo que pronunci&oacute;, la tarde del 8 de marzo de 1940, antes de trasladarse a San Remo, donde morir&iacute;a, dice tambi&eacute;n: &quot;Amo tanto a los polacos. Los he amado desde chico; los he amado siempre&#8230; Amad siempre a estos hermanos vuestros&quot;.<\/p>\n<p>El secreto y la genialidad de Don Orione brotan de su vida, tan intensa y din&aacute;mica: &iexcl;Se dej&oacute; conducir s&oacute;lo y siempre por la l&oacute;gica precisa del amor! Amor inmenso y total a Dios, a Cristo, a Mar&iacute;a, a la Iglesia, al Papa, y amor igualmente absoluto al hombre, a todo el hombre, alma y cuerpo, y a todos los hombres, peque&ntilde;os y grandes, ricos y pobres, humildes y sabios, santos y pecadores, con particular bondad y ternura para con los que sufr&iacute;an, los marginados. los desesperados. As&iacute; enunciaba su programa de acci&oacute;n: &quot;Nuestra pol&iacute;tica es la caridad grande y divina que hace el bien a todos. Que sea nuestra pol&iacute;tica la del &#8216;Patern&oacute;ster&#8217;. Nosotros s&oacute;lo miramos a salvar almas. &iexcl;Almas y almas! Esta es toda nuestra vida; &eacute;ste es nuestro grito y nuestro programa; &iexcl;toda nuestra alma y todo nuestro coraz&oacute;n!&quot;. Y exclamaba as&iacute; con acentos l&iacute;ricos: &quot;&iexcl;Cristo lleva en su coraz&oacute;n a la Iglesia y en su mano las l&aacute;grimas y la sangre de los pobres; la causa de los afligidos, de los oprimidos, de las viudas, de los hu&eacute;rfanos, de los humildes, de los rechazados: detr&aacute;s de Cristo se abren nuevos cielos: es como la aurora del triunfo de Dios!&quot;.<\/p>\n<p>Tuvo el temple y el coraz&oacute;n del Ap&oacute;stol Pablo, tierno y sensible hasta las l&aacute;grimas, infatigable y animoso hasta la intrepidez, tenaz y din&aacute;mico hasta el hero&iacute;smo, afrontando peligros de todo g&eacute;nero, tratando a altas personalidades de la pol&iacute;tica y de la cultura, iluminando a hombres sin fe, convirtiendo a pecadores, siempre recogido en continua y confiada oraci&oacute;n, acompa&ntilde;ada a veces de terribles penitencias. Un a&ntilde;o antes de la muerte, hab&iacute;a sintetizado as&iacute; el programa esencial de su vida: &quot;Sufrir, callar, orar, amar, crucificarse y adorar&quot;. Dios es admirable en sus Santos, y Don Orione es para todos ejemplo luminoso y consuelo en la fe.<\/p>\n<p>3.<i> Sor Mar&iacute;a Ana Sala nos ense&ntilde;a la fidelidad heroica al carisma particular de la vocaci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>Habiendo ingresado en las Religiosas Marcelinas a las 21 a&ntilde;os, comprendi&oacute; que su ideal y su misi&oacute;n deb&iacute;an ser &uacute;nicamente la ense&ntilde;anza, la educaci&oacute;n, la formaci&oacute;n de las ni&ntilde;as en la escuela y en las familias.<\/p>\n<p>Sor Mar&iacute;a Ana fue sencilla y totalmente fiel al carisma fundamental de su congregaci&oacute;n. Tres grandes ense&ntilde;anzas brotan de su vida y de su ejemplo: la necesidad de la formaci&oacute;n y de poseer un car&aacute;cter bueno, firme, sensible, equilibrado; el valor santificante del compromiso en el deber asignado por la obediencia y la importancia esencial del trabajo pedag&oacute;gico.<\/p>\n<p>Sor Mar&iacute;a Ana quiso adquirir virtudes de capacidad en m&aacute;ximo grado, convencida de que en tanto se puede dar en cuanto se posee; y se apasion&oacute; por su cargo de maestra, santific&aacute;ndose en el cumplimiento del propio trabajo cotidiano. Puso en pr&aacute;ctica el mensaje de Jes&uacute;s: &quot;El que es fiel en lo poco, es tambi&eacute;n en lo mucho&quot; (<i>Lc<\/i> 16, 10). Aprendan de la nueva Beata, sobre todo las religiosas, a ser alegres y generosas en su trabajo, aun cuando sea oculto, mon&oacute;tono, humilde. Aprendan todos los que se dedican a la tarea educativa para no asustarse jam&aacute;s ante las dificultades de los tiempos, sino para comprometerse con amor, paciencia y preparaci&oacute;n en su misi&oacute;n tan importante, formando y elevando los esp&iacute;ritus a los supremos valores transcendentes. Particularmente hoy la escuela necesita educadores sabios, serios, preparados, sensibles y responsables.<\/p>\n<p>4. Finalmente, he aqu&iacute; tambi&eacute;n a<i> Bartolo Longo,<\/i> el fundador del c&eacute;lebre <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_pompei-napoli_sp.htm\">santuario de Pompeya<\/a>, adonde fui con profunda devoci&oacute;n, ahora hace un a&ntilde;o; &eacute;l es el ap&oacute;stol del Rosario,<i> el laico que ha vivido totalmente<\/i> su compromiso eclesial.<\/p>\n<p>Bartolo Longo fue instrumento de la Providencia para la defensa y el testimonio de la fe cristiana y para la exaltaci&oacute;n de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima en un per&iacute;odo doloroso de escepticismo y anticlericalismo.<\/p>\n<p>Todos conocen su larga vida, inspirada por una fe sencilla y heroica y densa de episodios sugestivos, durante la cual, brot&oacute; y se desarroll&oacute; el milagro de Pompeya. Comenzando por la humilde catequesis a los campesinos del Valle de Pompeya, y por el rezo del Rosario ante el famoso cuadro de la Virgen, hasta la erecci&oacute;n del estupendo santuario y la instituci&oacute;n de las obras de caridad para los hijos e hijas de los encarcelados, Bartolo Longo llev&oacute; adelante con &aacute;nimo intr&eacute;pido una obra grandiosa que todav&iacute;a hoy nos deja asombrados y admirados.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, es f&aacute;cil notar que toda su existencia fue un intenso y constante servicio a la Iglesia en nombre y por amor de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Bartolo Longo, Terciario de la Orden Dominicana, y fundador de la instituci&oacute;n de las religiosas &quot;Hijas del Sant&iacute;simo Rosario de Pompeya&quot;, puede ser definido realmente &quot;el hombre de la Virgen&quot;: por amor a Mar&iacute;a se convirti&oacute; en escritor, ap&oacute;stol del Evangelio, propagador del Rosario, fundador del c&eacute;lebre santuario en medio de enormes dificultades y adversidades; por amor a Mar&iacute;a cre&oacute; institutos de caridad, se hizo mendigo para los hijos de los pobres, transform&oacute; a Pompeya en una ciudadela de bondad humana y cristiana; por amor a Mar&iacute;a soport&oacute; en silencio tribulaciones y calumnias, pasando a trav&eacute;s de un largo Getseman&iacute;, confiando siempre en la Providencia, obediente siempre al Papa y a la Iglesia.<\/p>\n<p>El, con el Rosario en la mano, nos dice tambi&eacute;n a nosotros, cristianos de finales del siglo XX: &quot;&iexcl;Despierta tu confianza en la Sant&iacute;sima Virgen del Rosario! &iexcl;Debes tener la fe de Job! &iexcl;Santa Madre adorada, yo pongo en ti todas mis aflicciones, todas mis esperanzas, toda confianza!&quot; (11 de marzo de 1905).<\/p>\n<p>5. Querid&iacute;simos:<\/p>\n<p>Hoy la Iglesia propone a nuestra meditaci&oacute;n y a nuestra imitaci&oacute;n a un sacerdote, a una religiosa y a un laico: resulta verdaderamente sintom&aacute;tica esta coincidencia de los tres &quot;estados&quot; de vida. Se puede decir que es una llamada y un est&iacute;mulo para todas las clases que forman el Pueblo de Dios, que constituyen la Iglesia peregrina hacia el cielo: todos estamos llamados a la santidad; para todos hay las gracias necesarias y suficientes; nadie est&aacute; excluido. Como ha subrayado el Concilio Vaticano II: &quot;Todos los fieles, de cualquier estado o condici&oacute;n, est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n de la caridad&#8230; Una misma es la santidad que cultivan, en los m&uacute;ltiples g&eacute;neros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Esp&iacute;ritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser part&iacute;cipes de su gloria&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> cap. V, n&uacute;m. 40, b; n&uacute;m. 41, a). Y tambi&eacute;n: &quot;Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles a buscar insistentemente la santidad y la perfecci&oacute;n dentro del propio estado&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>42, e).<\/p>\n<p>Don Orione, Sor Mar&iacute;a Ana Sala y Bartolo Longo, al recordarnos esta doctrina fundamental, nos dan una lecci&oacute;n de suprema importancia: la necesidad de la propia santificaci&oacute;n, procurada con seriedad, sinceridad, humildad y constancia: &quot;Buscad primero el Reino de D&iacute;os y su justicia&quot;, advert&iacute;a Jes&uacute;s<i> (Mt<\/i>&nbsp;6, 33).&#8217;<\/p>\n<p>La tentaci&oacute;n m&aacute;s enga&ntilde;osa y que se repite siempre, es la de querer cambiar la sociedad, cambiando solamente las estructuras externas; querer hacer feliz al hombre en la tierra, satisfaciendo &uacute;nicamente sus necesidades y sus deseos. Los nuevos Beatos, a quienes rezamos hoy, dicen a todos, sacerdotes, religiosos y laicos, que el compromiso primero y m&aacute;s importante es el de cambiarse a s&iacute; mismo, santificarse a s&iacute; mismo, en la imitaci&oacute;n de Cristo, en la met&oacute;dica y perseverante asc&eacute;tica cotidiana: lo dem&aacute;s vendr&aacute; como consecuencia.<\/p>\n<p>&iexcl;Elevemos confiados nuestra oraci&oacute;n a los nuevos Beatos, que ya han alcanzado la gloria eterna del cielo: Don Luis Orione, Sor Mar&iacute;a Ana Sala, Bartolo Longo, interceded por la Iglesia, a la que hab&eacute;is amado tanto!<\/p>\n<p>&iexcl;Ayudadnos, iluminadnos; acompa&ntilde;adnos en nuestro camino, siempre adelante, con Mar&iacute;a!<\/p>\n<p>&iexcl;Extended vuestra mirada y vuestro amor a toda la humanidad, necesitada de certeza y salvaci&oacute;n!<\/p>\n<p>&iexcl;Y esperadnos en la gloria del cielo, que ya pose&eacute;is!<\/p>\n<p>&iexcl;Am&eacute;n! &iexcl;Am&eacute;n! &iexcl;Aleluya!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BEATIFICACI&Oacute;N DEL SACERDOTE LUIS ORIONE, LA RELIGIOSA MAR&Iacute;A ANA SALA Y EL LACIO BARTOLO LONGO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de San Pedro Domingo 26 de octubre 1980 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos e hijos: &iexcl;&quot;Gaudeamus omnes in Domino, hodie, diem festum celebrantes sub honore Beatorunt nostrorum&quot;! 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