{"id":39593,"date":"2016-10-05T22:55:35","date_gmt":"2016-10-06T03:55:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-1980-clausura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:35","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:35","slug":"25-de-octubre-de-1980-clausura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-1980-clausura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"25 de octubre de 1980, Clausura de la V Asamblea General del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CLAUSURA DE LA V ASAMBLEA GENERAL DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">ALOCUCI&Oacute;N DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Capilla Sixtina<br \/> S&aacute;bado 25 de octubre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerables hermanos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Acabamos de escuchar al Ap&oacute;stol San Pablo, que da gracias a Dios por la Iglesia de Corinto, &quot;porque en Cristo Jes&uacute;s hab&eacute;is sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en todo conocimiento&quot; (cf. <i>1 Cor<\/i> 1, 4-5). Tambi&eacute;n nosotros en este momento nos sentimos impulsados, antes de nada, a dar gracias a Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo en el momento de clausurar este S&iacute;nodo de los Obispos; tanto los miembros como los colaboradores de esta Asamblea nos hemos reunido, para celebrarlo, en el misterio de esa suprema unidad propia de la Sant&iacute;sima Trinidad. A Ella, pues, elevamos nuestros corazones agradecidos por haber llevado a cabo este S&iacute;nodo, que es un signo sobresaliente de la vitalidad de la Iglesia y que tiene gran importancia para la vida eclesial. El Sumo Pont&iacute;fice Pablo VI, siguiendo los deseos del Concilio, instituy&oacute; el S&iacute;nodo de los Obispos \u2014por usar las palabras del mismo Concilio\u2014 &quot;como representaci&oacute;n de todo el Episcopado cat&oacute;lico y para significar a la vez que todos los obispos en comuni&oacute;n jer&aacute;rquica participan de la solicitud de la Iglesia universal&quot;<i> (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a>,<\/i> 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Damos tambi&eacute;n las gracias por estas cuatro semanas que hemos dedicado al trabajo. Porque ya durante este tiempo, antes incluso de la formulaci&oacute;n de los &uacute;ltimos documentos, es decir, el Mensaje y las Proposiciones, ese trabajo ha fructificado en nosotros mismos, en cuanto que la verdad y el amor han ido sin duda madurando y progresando cada vez m&aacute;s en nuestras &#8216;almas a medida que iban pasando los d&iacute;as y las semanas.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que poner de relieve este progreso y describir en pocas palabras sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s sobresalientes. En ellas aparece con cu&aacute;nta rectitud y sinceridad se han manifestado en el S&iacute;nodo la libertad y el af&aacute;n de responsabilidad en torno al tema tratado.<\/p>\n<p align=\"left\">Queremos hoy, ante todo, dar gracias a Aquel &quot;que ve lo oculto&quot; <i>(Mt<\/i> 6, 4) y que act&uacute;a como &quot;Dios escondido&quot;, por haber dirigido nuestros pensamientos, nuestros corazones y nuestras conciencias, y por habernos concedido actuar con paz fraterna y gozo espiritual, de tal modo que apenas hemos sentido el peso del trabajo y del cansancio. Y, sin embargo, &iexcl;qu&eacute; grande ha sido realmente la fatiga! Pero vosotros no hab&eacute;is escatimado ning&uacute;n esfuerzo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Debemos tambi&eacute;n darnos las gracias unos a otros. Ante todo hay que decir que ese progreso que madurando poco a poco nos ha llevado a &quot;realizar la verdad en la caridad&quot;, todos nosotros debemos atribuirlo a las oraciones intensas que toda la Iglesia, unida a nosotros, ha elevado durante este tiempo. Se ha rezado por el S&iacute;nodo y por las familias: por el S&iacute;nodo en cuanto que se refer&iacute;a a las familias, y por las familias en lo relativo a la misi&oacute;n que deben cumplir en la Iglesia y en el mundo actual. El S&iacute;nodo se ha beneficiado de estas oraciones quiz&aacute;s de un modo especial.<\/p>\n<p align=\"left\">Se han dirigido a Dios preces asiduas e insistentes, sobre todo el 12 de octubre, d&iacute;a en que los matrimonios, que representaban a las familias de todo el mundo, se dieron cita en la bas&iacute;lica de San Pedro para celebrar los sagrados ritos y orar con nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos darnos las gracias unos a otros, pero debemos darlas tambi&eacute;n a tantos bienhechores desconocidos, que en todo el mundo nos han ayudado con sus oraciones y han ofrecido tambi&eacute;n sus dolores por este S&iacute;nodo.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Ahora queremos manifestar nuestro agradecimiento personalmente a todos los que han colaborado en la celebraci&oacute;n de esta Asamblea: los Presidentes, el Secretario General, el Relator general, todos los padres sinodales, el Secretario especial y sus ayudantes, los auditores, las auditoras, los encargados de los medios de comunicaci&oacute;n social, los dicasterios de la Curia Romana, y especialmente el Comit&eacute; para la Familia, y las dem&aacute;s personas, es decir, los que ayudaban en la sala y tambi&eacute;n los t&eacute;cnicos, los tip&oacute;grafos y otros.<\/p>\n<p align=\"left\">Todos estamos agradecidos por haber podido concluir este S&iacute;nodo, que ha sido una manifestaci&oacute;n singular de la solicitud colegial de los obispos de todo el mundo por la Iglesia. Estamos agradecidos porque hemos podido proyectar nuestra atenci&oacute;n sobre la familia tal como es realmente en la Iglesia y en el mundo contempor&aacute;neo, teniendo en cuenta las m&uacute;ltiples y diversas situaciones en las que se encuentra, las tradiciones que dimanan de las diferentes culturas y que influyen sobre ella, los condicionamientos propios del desarrollo a los que se ve sometida y por los que se ve afectada, y otras cosas semejantes. Estamos agradecidos porque, con fidelidad a la fe, hemos podido escrutar de nuevo el designio eterno de Dios sobre la familia, manifestado en el misterio de la creaci&oacute;n y confirmado con la sangre del Redentor, Esposo de la Iglesia; y finalmente porque hemos podido precisar, seg&uacute;n el plan sempiterno sobre la vida y el amor, la misi&oacute;n de la familia en la Iglesia y en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. El fruto inmediato que este S&iacute;nodo de 1980 ha producido ya est&aacute; contenido en las Proposiciones aprobadas por la Asamblea, la primera de las cuales trata: &quot;Sobre c&oacute;mo conocer la voluntad divina en la peregrinaci&oacute;n del Pueblo de Dios. El sentido de fe&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Acogemos ahora, como fruto valios&iacute;simo de los trabajos del S&iacute;nodo, este rico tesoro de Proposiciones, que son en total 43.<\/p>\n<p align=\"left\">Al mismo tiempo manifestamos nuestra alegr&iacute;a porque la Asamblea misma ha hablado a toda la Iglesia dirigi&eacute;ndole un Mensaje. La Secretar&iacute;a general se preocupar&aacute; de enviar este Mensaje a todos los interesados, con la ayuda de los organismos de la Sede Apost&oacute;lica y tambi&eacute;n por medio de las Conferencias Episcopales.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Lo que el S&iacute;nodo de este a&ntilde;o 1980 ha estudiado intensamente y ha enunciado en las citadas Proposiciones, nos permite comprender mejor la misi&oacute;n cristiana y apost&oacute;lica de la familia en el mundo contempor&aacute;neo, deduci&eacute;ndola, en cierto modo, de la gran riqueza de las ense&ntilde;anzas del Concilio Vaticano II. Hay que actuar eficazmente de forma que las propuestas doctrinales y pastorales de este S&iacute;nodo encuentren una concreta realizaci&oacute;n; &eacute;ste es el camino a seguir.<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo dem&aacute;s, el S&iacute;nodo de este a&ntilde;o empalma muy bien con los S&iacute;nodos anteriores y es como su continuaci&oacute;n \u2014hablamos de los S&iacute;nodos celebrados en 1971 y, sobre todo, en 1974 y 1977\u2014, que han servido y deben seguir sirviendo para aplicar en la vida concreta el Concilio Vaticano II. Estos S&iacute;nodos hacen que la Iglesia se presente a s&iacute; misma de modo aut&eacute;ntico, cual conviene que sea en la situaci&oacute;n del mundo actual.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Entre los trabajos de este S&iacute;nodo hay que dar la m&aacute;xima importancia al examen atento de aquellos problemas doctrinales y pastorales que lo estaban exigiendo de un modo especial, y, en consecuencia, dar un juicio cierto y claro sobre cada una de esas cuestiones.<\/p>\n<p>En la riqueza de las intervenciones, de las relaciones y de las conclusiones de este S&iacute;nodo \u2014que se ha movido sobre dos ejes: la fidelidad al plan de Dios acerca de la familia y la &quot;praxis&quot; pastoral, caracterizada por el amor misericordioso y el respeto debido a los hombres, abarc&aacute;ndolos en toda su plenitud, en lo referente a su &quot;ser&quot; y a su &quot;vivir&quot;\u2014, en esa gran riqueza, dec&iacute;amos, que ha sido para nosotros motivo de gran admiraci&oacute;n, hay algunas partes que han llamado la atenci&oacute;n de los padres de un modo especial, porque ten&iacute;an conciencia de ser int&eacute;rpretes de las expectativas y de las esperanzas de muchos esposos y familias.<\/p>\n<p>Entre los trabajos de este S&iacute;nodo es &uacute;til recordar esas cuestiones y m&aacute;s &uacute;til a&uacute;n conocer el estudio profundo que sobre ellas se ha realizado: pues se trata del examen doctrinal y pastoral de problemas que, aunque no sean los &uacute;nicos tratados en los debates del S&iacute;nodo, sin embargo han tenido un relieve especial, puesto que se han afrontado de un modo sincero y libre. De ah&iacute; la importancia especial que hay que atribuir a los juicios dados por el S&iacute;nodo de un modo claro y valiente sobre esas cuestiones, manteniendo al mismo tiempo la visi&oacute;n cristiana seg&uacute;n la cual el matrimonio y la familia han de ser considerados como dones del amor divino.<\/p>\n<p>7. Por eso, el S&iacute;nodo, al tratar del ministerio pastoral referente a los que han contra&iacute;do nuevo matrimonio, despu&eacute;s del divorcio, alaba con raz&oacute;n a aquellos esposos que, aunque encuentran graves dificultades, sin embargo, testimonian en la propia vida la indisolubilidad del matrimonio; pues en su vida se aprecia la buena nueva de la fidelidad al amor, que tiene en Cristo su fuerza y su fundamento.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, los padres sinodales, confirmando de nuevo la indisolubilidad del matrimonio y la &quot;praxis&quot; de la Iglesia de no admitir a la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica a los divorciados que, contra las normas establecidas, han contra&iacute;do nuevo matrimonio, exhortan, al mismo tiempo, a los Pastores y a toda la comunidad cristiana a ayudar a estos hermanos y hermanas para que no se sientan separados de la Iglesia, ya que, en virtud del bautismo, pueden y deben participar en la vida de la Iglesia orando, escuchando la Palabra, asistiendo a la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica de la comunidad y promoviendo la caridad y la justicia. Aunque no se debe negar que esas personas pueden recibir, si se presenta el caso, el sacramento de la penitencia y despu&eacute;s la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, cuando con coraz&oacute;n sincero abrazan una forma de vida que no est&eacute; en contradicci&oacute;n con la indisolubilidad del matrimonio, es decir, cuando el hombre y la mujer, que no pueden cumplir la obligaci&oacute;n de separarse, se comprometen a vivir en continencia total, esto es, absteni&eacute;ndose de los actos propios s&oacute;lo de los esposos y al mismo tiempo no se da esc&aacute;ndalo; sin embargo, la privaci&oacute;n de la reconciliaci&oacute;n sacramental con Dios no debe alejarlos lo m&aacute;s m&iacute;nimo de la perseverancia en la oraci&oacute;n, en la penitencia y en el ejercicio de la caridad, para que puedan conseguir finalmente la gracia de la conversi&oacute;n y de la salvaci&oacute;n. Conviene que la Iglesia se muestre como madre misericordiosa orando por ellos y fortaleci&eacute;ndolos en la fe y en la esperanza.<\/p>\n<p>8. Los padres sinodales conoc&iacute;an muy bien las graves dificultades que muchos esposos sienten en sus conciencias acerca de las leyes morales relativas a la transmisi&oacute;n y a la defensa de la vida humana. Conscientes de que todo precepto divino lleva consigo la promesa y la gracia, los padres sinodales han confirmado abiertamente la validez y la verdad firme del anuncio prof&eacute;tico, dotado de un profundo significado y en consonancia con la situaci&oacute;n actual, contenido en la Carta Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae_sp.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>. El S&iacute;nodo mismo ha invitado a los te&oacute;logos a unir sus esfuerzos con la labor del Magisterio jer&aacute;rquico para esclarecer cada vez m&aacute;s los fundamentos b&iacute;blicos y las razones &quot;personalistas&quot;, como hoy se dice, de esta doctrina, con el fin de que todos los hombres de buena voluntad la acepten y comprendan cada vez mejor.<\/p>\n<p>Los padres sinodales, dirigi&eacute;ndose a los que ejercen el ministerio pastoral en favor de los esposos y de las familias, han rechazado toda separaci&oacute;n o dicotom&iacute;a entre la pedagog&iacute;a, que propone un cierto progreso en la realizaci&oacute;n del plan de Dios, y la doctrina propuesta por la Iglesia con todas sus consecuencias, en las cuales est&aacute; contenido el precepto de vivir seg&uacute;n la misma doctrina. No se trata del deseo de observar la ley como un mero &quot;ideal&quot;, como se dice vulgarmente, que se podr&aacute; conseguir en el futuro, sino como un mandamiento de Cristo Se&ntilde;or a superar constantemente las dificultades. En realidad no se puede aceptar un &quot;proceso de gradualidad&quot;, como se dice hoy, si uno no observa la ley divina con &aacute;nimo sincero y busca aquellos bienes custodiados y promovidos por la misma ley. Pues la llamada &quot;ley de gradualidad&quot; o camino gradual no puede ser una &quot;gradualidad de la ley&quot;, como s&iacute; hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina, para los diversos hombres y las distintas situaciones. Todos los esposos est&aacute;n llamados a la santidad en el matrimonio, seg&uacute;n el plan de Dios, y esta excelsa vocaci&oacute;n se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con &aacute;nimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad. Por tanto, los esposos a quienes no unen las mismas convicciones religiosas, no pueden limitarse a aceptar de forma pasiva y f&aacute;cil la situaci&oacute;n, sino que deber&aacute;n esforzarse, con paciencia y benevolencia, por llegar a una voluntad com&uacute;n de fidelidad a los deberes del matrimonio cristiano.<\/p>\n<p>9. Los padres sinodales han llegado a un conocimiento m&aacute;s profundo y a una mayor conciencia de las riquezas que se encuentran en las diversas formas de cultura de los pueblos y de los bienes que ofrece cada una de las culturas, en orden a una mayor comprensi&oacute;n del inefable misterio de Cristo. Adem&aacute;s, se han dado cuenta de que, tambi&eacute;n en el &aacute;mbito del matrimonio y de la familia, se abre un vasto campo a la investigaci&oacute;n teol&oacute;gica y pastoral, para facilitar mejor la adaptaci&oacute;n del mensaje evang&eacute;lico a la &iacute;ndole de cada pueblo y para percibir de qu&eacute; modo las costumbres, las tradiciones, el sentido de la vida y la &iacute;ndole peculiar de cada cultura humana pueden armonizarse con aquellas realidades a trav&eacute;s de las cuales se manifiesta la Revelaci&oacute;n divina (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes divinitus<\/a>, <\/i>22). Esta investigaci&oacute;n aportar&aacute; sus frutos a la familia si se realiza seg&uacute;n el principio de la comuni&oacute;n de la Iglesia universal y bajo el est&iacute;mulo de los obispos locales, unidos entre s&iacute; y con la C&aacute;tedra de San Pedro, &quot;que preside la asamblea universal de la caridad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i> 13).<\/p>\n<p>10. El S&iacute;nodo ha hablado de la mujer con palabras oportunas y persuasivas, con respeto y con mucha gratitud; ha hablado de su dignidad y de su vocaci&oacute;n como hija de Dios, como esposa y madre. Y ha puesto de relieve tambi&eacute;n la dignidad de la madre, rechazando todo lo que lesiona su dignidad humana. Por eso ha afirmado con raz&oacute;n que la sociedad debe organizarse de tal modo que las mujeres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa por razones de retribuci&oacute;n, o como se dice hoy por razones profesionales, sino que es necesario que la familia pueda vivir con holgura tambi&eacute;n cuando la madre se dedica plenamente a ella.<\/p>\n<p>11. Hemos recordado estos problemas principales y las respuestas que a ellos ha dado el S&iacute;nodo; pero no queremos infravalorar las otras cuestiones afrontadas por &eacute;l; pues tal como lo han manifestado las numerosas intervenciones de estas semanas &uacute;tiles y fecundas, se trata de problemas importantes, que tanto en la ense&ntilde;anza como en el ministerio pastoral de la Iglesia deben ser tratados con gran respeto, amor y misericordia hacia los hombres y las mujeres, hermanos y hermanas nuestros, que miran a la iglesia para recibir una palabra de fe y de esperanza. Ojal&aacute; los Pastores, siguiendo el ejemplo del S&iacute;nodo y con la misma atenci&oacute;n y voluntad, afronten estos problemas tal como se presentan realmente en la vida conyugal y familiar, para que todos &quot;realicemos la verdad en la caridad&quot;.<\/p>\n<p>Queremos a&ntilde;adir ahora, como fruto de los trabajos a los que nos hemos dedicado durante m&aacute;s de cuatro semanas, que nadie puede construir la caridad sin la verdad. Este principio vale tanto para la vida de cada familia como para la vida y la acci&oacute;n de los Pastores que intentan ayudar realmente a las familias.<\/p>\n<p>El fruto principal de esta sesi&oacute;n del S&iacute;nodo es que la misi&oacute;n de la familia cristiana, cuyo coraz&oacute;n viene a ser la misma caridad, no puede realizarse sino viviendo plenamente la verdad. Todos aquellos a quienes en cuanto miembros de la Iglesia se les ha confiado esta tarea de colaboraci&oacute;n \u2014bien sean laicos, cl&eacute;rigos, religiosos y religiosas\u2014, no pueden realizarla sino en la verdad. Pues es la verdad la que libera; la verdad es la que pone orden y la verdad es la que abre el camino a la santidad y a la justicia.<\/p>\n<p>Hemos podido comprobar cu&aacute;nto amor de Cristo y cu&aacute;nta caridad se ofrece a todos los que en la Iglesia y en el mundo forman una familia: no s&oacute;lo a los hombres y a las mujeres unidos en matrimonio, sino tambi&eacute;n a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as, a los j&oacute;venes, a los viudos y a los hu&eacute;rfanos, a los abuelos y a todos aquellos que de alg&uacute;n modo participan en la vida de la familia.<\/p>\n<p>Para todas estas personas la Iglesia de Cristo quiere ser y quiere permanecer testigo y como puerta de esa plenitud de vida de la que San Pablo habla en la Carta a los Corintios: porque en El (en Cristo) todos hemos sido enriquecidos, en toda palabra y en todo conocimiento (cf.<i> 1 Cor<\/i> 1, 5).<\/p>\n<p>Ahora os anunciamos que hemos designado para ayudar a la Secretar&iacute;a general del S&iacute;nodo de los Obispos, los tres prelados cuyo nombramiento corresponde al Romano Pont&iacute;fice, y que se a&ntilde;aden a los doce que vosotros hab&eacute;is elegido. Son:<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;el cardenal Wladyslaw Rub&iacute;n, Prefecto de la Sagrada Congregaci&oacute;n para las Iglesias Orientales;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;Paulos Tzadua, arzobispo de Adis Abeba ;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;Carlo Mar&iacute;a Martini, arzobispo de Mil&aacute;n.<\/p>\n<p>Os deseamos finalmente todo bien en el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CLAUSURA DE LA V ASAMBLEA GENERAL DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS ALOCUCI&Oacute;N DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla Sixtina S&aacute;bado 25 de octubre de 1980 &nbsp; Venerables hermanos: 1. Acabamos de escuchar al Ap&oacute;stol San Pablo, que da gracias a Dios por la Iglesia de Corinto, &quot;porque en Cristo Jes&uacute;s hab&eacute;is sido enriquecidos en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-1980-clausura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de octubre de 1980, Clausura de la V Asamblea General del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39593","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39593","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39593"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39593\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39593"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39593"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39593"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}