{"id":39595,"date":"2016-10-05T22:55:39","date_gmt":"2016-10-06T03:55:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-1980-domingo-mundial-de-las-misiones\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:39","slug":"19-de-octubre-de-1980-domingo-mundial-de-las-misiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-1980-domingo-mundial-de-las-misiones\/","title":{"rendered":"19 de octubre de 1980, Domingo mundial de las misiones"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DEL DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 19 de octubre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos e hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p><i>1. Nos autem praedicamus Christum crucifixum <\/i>(<i>1 Cor<\/i>&nbsp;1, 23).<\/p>\n<p>He querido tener esta especial celebraci&oacute;n en la fiesta del Domingo mundial de las Misiones para invitar y estimular, una vez m&aacute;s, a toda la comunidad eclesial a reflexionar, en el recogimiento de la oraci&oacute;n, en torno a una causa de por s&iacute; primaria y siempre actual, como es la del anuncio de Cristo a las gentes. Y he querido tener a mi alrededor, como concelebrantes, a algunos misioneros, que quieren ser actores y protagonistas directos de esta misma causa y, precisamente porque dentro de poco recibir&aacute;n de mis manos el crucifijo \u2014s&iacute;mbolo m&aacute;s expresivo que ning&uacute;n otro de su trabajo y de su sacrificio\u2014, tienen un derecho preferencia! y puesto de relieve especial en el contexto de este rito sagrado. A ellos, como a sus hermanos y colaboradores lejanos, religiosos, religiosas y laicos, se dirige ahora, tambi&eacute;n en nombre de todos los que est&aacute;is aqu&iacute; presentes, mi saludo agradecido y afectuoso por el testimonio ejemplar y calificado que han ofrecido y ofrecen a la Iglesia y al mundo.<\/p>\n<p> 2. Pero, &iquest;por qu&eacute; \u2014quisiera preguntar\u2014 se celebra cada a&ntilde;o el D&iacute;a de las Misiones? &iquest;Se trata acaso de un hecho habitual que, a causa de su ritmo repetido, se ha convertido en escasamente importante y le falta, por esto, una influencia concreta? Sab&eacute;is bien que esta jornada constituye, en realidad, una iniciativa relativamente reciente: fue instituida el a&ntilde;o 1926 por mi venerado predecesor P&iacute;o XI, que precisamente ese a&ntilde;o hab&iacute;a dedicado al desarrollo de las misiones la Enc&iacute;clica<br \/>\n<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19260228_rerum-ecclesiae_sp.html\">Rerum Ecclesiae<\/a><\/i> (cf.<br \/>\n<i>AAS<\/i> 18, 1926, p&aacute;gs. 65-83), y por las singulares atenciones dedicadas a este sector vital, fue definido en sus tiempos &quot;el Papa de las misiones&quot;. Acogiendo muy gustosamente la instancia del consejo superior de la Obra Pontificia de la Propagaci&oacute;n de la Fe, quiso &quot;prescribir&quot; esta &quot;jornada de oraciones privadas y p&uacute;blicas en favor de las santas misiones, que se celebrar&iacute;a el mismo d&iacute;a en todas las di&oacute;cesis, parroquias e institutos del mundo cat&oacute;lico&quot; (cf.<br \/>\n<i> S&uacute;plica<\/i> y<br \/>\n<i> Rescripto<\/i> en<br \/>\n<i> AAS<\/i> 19, 1927, p&aacute;gs. 23-24). Por lo que se refiere a las finalidades, que se asignaban, eran \u2014como son todav&iacute;a\u2014 evidentes y pueden resumirse bien con una sola palabra:<br \/>\n<i>sensibilizar,<\/i> esto es, interesar, educar e implicar en la causa misionera a todos los hijos de la Iglesia, haci&eacute;ndoles caer en la cuenta de la perenne validez del mandato evang&eacute;lico mediante una acci&oacute;n coordinada, que comprende ante todo la oraci&oacute;n por las misiones, luego, el conocimiento y la ilustraci&oacute;n de los problemas relativos a ellas, as&iacute; como tambi&eacute;n la recaudaci&oacute;n de las ayudas necesarias.<\/p>\n<p>Desde entonces, durante todos los a&ntilde;os sucesivos, la celebraci&oacute;n ha tenido lugar con toda regularidad y ha sido respetada como una sagrada consigna, como lo demuestra, entre otras cosas, la misma asamblea lit&uacute;rgica que nos ve reunidos aqu&iacute;.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Pero despu&eacute;s vino el Concilio Vaticano II, que elabor&oacute; de nuevo toda la &quot;materia misionera&quot; y profundiz&oacute; su amplia problem&aacute;tica, tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con los cambios de las circunstancias hist&oacute;ricas \u2014como, por ejemplo, el fen&oacute;meno de la llamada &quot;descolonizaci&oacute;n&quot; y los otros fen&oacute;menos unidos a &eacute;l, de la independencia de los nuevos pueblos y de su sacrosanto camino hacia un desarrollo ordenado y original. De aqu&iacute; surgi&oacute; el Decreto<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i> que nos ha ofrecido como una nueva &quot;carta magna&quot; acerca de la actividad misionera de la Iglesia en nuestros tiempos, sobre la base de los inmutables principios doctrinales (cf. n&uacute;ms. 2-9). Son cosas que conoc&eacute;is bien, querid&iacute;simos hermanos e hijos. Lo que quisiera subrayar aqu&iacute; es que dicho documento conciliar se sit&uacute;a en<i> coherente continuidad<\/i> con la precedente y central Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>: la Iglesia, que en<i> &eacute;sta <\/i>se hab&iacute;a presentado a s&iacute; misma como &quot;sacramento universal de salvaci&oacute;n&quot; (cf. n&uacute;m. 48), desde las primeras palabras de<i> aquel<\/i> tomaba tal definici&oacute;n y declaraba formalmente ser<i> por su naturaleza <\/i>misionera (cf. n&uacute;ms. 1 y 2).<\/p>\n<p>Por tanto, podemos decir: la Iglesia, como se ha repetido a s&iacute; misma con m&aacute;s fuerza, que por voluntad de su divino Fundador., debe ser signo e instrumento de salvaci&oacute;n para los hombres, as&iacute; tambi&eacute;n ha a&ntilde;adido paralelamente que, para estar a la altura de esta funci&oacute;n, para corresponder a ella concretamente en su itinerario a trav&eacute;s de la historia, deber&aacute; tener siempre<i> el esp&iacute;ritu y el estilo, la tensi&oacute;n vigilante<\/i> y la <i>santa ambici&oacute;n<\/i> de ser y permanecer siendo aut&eacute;nticamente misionera. Jam&aacute;s le ser&aacute; l&iacute;cito a la Iglesia usar la f&oacute;rmula conclusiva &quot;misi&oacute;n cumplida&quot; para replegarse y dispensarse, de este modo, de insistir en el compromiso asumido: la<i> autodefinici&oacute;n,<\/i> a la que he aludido antes es, en definitiva, prueba y confirmaci&oacute;n de la<i> autoconciencia<\/i> que el Concilio \u2014este gran acontecimiento de luz y de gracia\u2014 ha desarrollado y reforzado en ella. Es como si el Esp&iacute;ritu le hubiese repetido tambi&eacute;n: &quot;&iexcl;Con&oacute;cete a ti misma, y s&eacute; t&uacute; misma! &iexcl;T&uacute; eres en Cristo el &oacute;rgano de salvaci&oacute;n para todas las gentes: por lo tanto, s&eacute; misionera!&quot;.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Pero ya es hora de penetrar m&aacute;s adentro en lo vivo de esta celebraci&oacute;n, pasando de la admirable perspectiva eclesiol&oacute;gico-pastoral, que nos ha abierto el Concilio, a la atm&oacute;sfera m&iacute;stica que es connatural y, por esto, indispensable cada vez que nos disponemos a renovar sobre nuestros altares el Sacrificio de la cruz. Ahora, para introducirnos, no hay modo mejor que el de detener nuestra atenci&oacute;n en las<i> lecturas b&iacute;blicas,<\/i> que acaban de ser proclamadas. Siempre es verdad que la Palabra de Dios es el<i> camino maestro<\/i> para dirigirnos hacia El, en uni&oacute;n con Jesucristo, su Hijo predilecto y nuestro amad&iacute;simo Salvador.<\/p>\n<p>Ya la lectura prof&eacute;tica de Isa&iacute;as, al proponer la visi&oacute;n de todas las gentes que<i> afluyen<\/i> all&aacute; arriba hacia<i> el templo del monte del Se&ntilde;or,<\/i> no s&oacute;lo nos pone en sinton&iacute;a con el universalismo que es caracter&iacute;stica peculiar de la actividad misionera, sino que nos inserta, adem&aacute;s, en esa corriente salv&iacute;fica que \u2014como bien sabemos\u2014 se ofrece a todos los hombres, sin alguna discriminaci&oacute;n o distinci&oacute;n de lengua, de raza, de color y de condici&oacute;n:<i> salus pro omnibus,<\/i> porque es infinito e inagotable el valor del cuerpo, que Cristo nos ha dado, y de la sangre que ha derramado por nosotros (cf.<i> Lc<\/i> 22, 19-20;<i> 1 Cor<\/i> 11, 24-29;<i> l Pe<\/i> 1, 19;<i> 1 Jn<\/i> 1, 7).<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de las palabras del Profeta hemos escuchado las del Ap&oacute;stol y luego, sobre todo, las de Jes&uacute;s, tomadas del Evangelio seg&uacute;n Marcos. Frente a la consigna, o mandato supremo: &quot;Id<i> al mundo entero<\/i> y proclamad el Evangelio <i>a toda la creaci&oacute;n&quot;<\/i> (16, 15) \u2014en las que resuena una vez m&aacute;s, con toda claridad, el acento universal\u2014 no hay que considerar solamente o poner de relieve la prontitud, la exactitud o la puntualidad de la ejecuci&oacute;n: &quot;Ellos fueron y proclamaron el Evangelio<i> por todas partes&quot;<\/i> (16, 20). No se trata s&oacute;lo de eso: dir&iacute;a que, a prop&oacute;sito de esas magn&iacute;ficas palabras del Se&ntilde;or, el Ap&oacute;stol nos sugiere algo que representa, al mismo tiempo, un<i> comentario autorizado<\/i> y un<i> an&aacute;lisis penetrante.<\/i> Efectivamente, si Jes&uacute;s, despu&eacute;s de haber impartido el mandato de ir y de predicar, hab&iacute;a advertido que la salvaci&oacute;n depende de la fe y, de recibir el bautismo (16, 16), Pablo, mediante un l&uacute;cido examen l&oacute;gico y teol&oacute;gico individua<i> las varias fases y distintos momentos que vinculan &iacute;ntimamente entre s&iacute; la salvaci&oacute;n y la misi&oacute;n. <\/i>&iquest;C&oacute;mo se nos da la salvaci&oacute;n? El responde: se nos da la salvaci&oacute;n si se invoca al Se&ntilde;or; pero para invocarlo es necesario creer; y para creer es preciso o&iacute;r hablar; y para o&iacute;r hablar es necesario anunciar; y para anunciar es necesario ser enviados (cf.<i> Rom<\/i> 10, 13-15). He aqu&iacute;, pues, los pasos obligados entre el punto de partida y el de llegada. He aqu&iacute; c&oacute;mo del<i> env&iacute;o o misi&oacute;n<\/i> viene a depender el deseado destino final que es<i> la salvaci&oacute;n,<\/i> a trav&eacute;s del camino crucial de la fe, recibida despu&eacute;s de la escucha atenta de quien la anuncia y, cuando se haya convertido en opci&oacute;n personal y convicci&oacute;n profunda del coraz&oacute;n, se manifiesta tambi&eacute;n en la confesi&oacute;n de la boca<i> (ib.,<\/i> 9-10).<\/p>\n<p>5. De este modo el Ap&oacute;stol nos ha ense&ntilde;ado la importancia fundamental y determinante, o mejor, lo insustituible de la misi&oacute;n y de la predicaci&oacute;n evang&eacute;lica en la vida y para la vida de la Iglesia: efectivamente, se trata de tareas que configuran su vocaci&oacute;n espec&iacute;fica y su identidad m&aacute;s profunda (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>,<\/i> 14). As&iacute; ocurr&iacute;a en los tiempos de San Pablo, cuando &eacute;l y los coap&oacute;stoles, fidel&iacute;simos y obedient&iacute;simos int&eacute;rpretes de la voluntad del Maestro, afrontando molestias y dificultades de todo g&eacute;nero, se fueron a todas las regiones del mundo entonces conocido para anunciar el Evangelio. Fortalecidos interiormente por el Esp&iacute;ritu, pero humanamente siempre desprovistos de recursos y medios, ellos trabajaron con gran celo; pero atendamos bien a la expresi&oacute;n del Evangelista: era Dios quien actuaba soberanamente, potentemente con ellos: &quot;y el Se&ntilde;or actuaba<i> con ellos<\/i> y confirmaba la palabra con los signos que les acompa&ntilde;aban&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 20).<\/p>\n<p>&iexcl;Hoy es como entonces! &iexcl;Hoy debe ser como entonces! Es necesario que obedezcamos al mandato que no se puede preterir de nuestro Se&ntilde;or y, por lo tanto, debemos trabajar comprometi&eacute;ndonos<i> todos,<\/i> bien que en la variedad de formas y en la diversidad de aportaciones, pero con org&aacute;nica y sustancial unidad de intentos, al anuncio y a la difusi&oacute;n del Evangelio. S&iacute;, hermanos, aun cuando no vayamos a las tierras de misi&oacute;n, tenemos <i>todos,<\/i> tenemos<i> siempre,<\/i> tenemos<i> en todas partes<\/i> la posibilidad y la obligaci&oacute;n de <i>colaborar en esta actividad evangelizadora,<\/i> que ha sido presentada como &quot;officium Populi Dei fundamentale&quot; en el citado Decreto (n&uacute;m. 35). Precisamente por esta suprema raz&oacute;n, se pasa all&iacute; revista claramente, para los fines de la <i> cooperaci&oacute;n misionera,<\/i> a los respectivos deberes de la Iglesia universal, de cada una de las comunidades cristianas, de los obispos, de los presb&iacute;teros, de los institutos de perfecci&oacute;n y de los laicos (cf.<i> ib.,<\/i> n&uacute;ms. 36-41).<\/p>\n<p>Por otra parte, conscientes de nuestra insuficiencia y pobreza, deberemos recordar siempre que nuestra actividad \u2014hecha de diligencia, de fidelidad y de sacrificio\u2014 no basta por s&iacute; misma ni podr&aacute; bastar jam&aacute;s: el que act&uacute;a, el que convierte, el que llama a la fe, iluminando las mentes y tocando los corazones, el que<i> efectivamente<\/i> conduce a la salvaci&oacute;n es Dios omnipotente y misericordioso. Bajo este segundo aspecto podemos afirmar, sin duda, que<i> la misi&oacute;n es humildad<\/i> y, por lo tanto, va acompa&ntilde;ada necesariamente por esa actitud interior que nos hace repetir &quot;Siervos in&uacute;tiles somos&quot;<i> (Lc<\/i> 17, 10) y exige un generoso esp&iacute;ritu de servicio.<b>&nbsp;<\/b>As&iacute;<b> <\/b>precisamente nos ha ense&ntilde;ado, con la palabra y todav&iacute;a m&aacute;s con el ejemplo, Jesucristo mismo, que &quot;vino no a ser servido, sino<i> a servir<\/i> y dar su vida en redenci&oacute;n de muchos&quot; (<i>Mt<\/i> 20, 28).<\/p>\n<p>Esta vida que el Se&ntilde;or nos ha dado \u2014y nosotros sabemos bien de qu&eacute; modo y a qu&eacute; precio\u2014, est&aacute; todav&iacute;a, como siempre, a nuestra disposici&oacute;n, y est&aacute; al mismo tiempo a disposici&oacute;n de todos los hombres, nuestros hermanos. Dentro de pocos instantes, en el misterio inefable del Sacrificio eucar&iacute;stico, esta vida ser&aacute; inmolada de nuevo y ofrecida &quot;por nosotros y por todos&quot; sobre nuestro altar. En &iacute;ntima uni&oacute;n con Cristo, sacerdote y v&iacute;ctima, debemos sacar de ella en abundancia para salvarnos, para salvar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DEL DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 19 de octubre de 1980 &nbsp; Venerados hermanos e hijos querid&iacute;simos: 1. Nos autem praedicamus Christum crucifixum (1 Cor&nbsp;1, 23). 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