{"id":39597,"date":"2016-10-05T22:55:42","date_gmt":"2016-10-06T03:55:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-1980-santa-misa-por-la-familia\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:42","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:42","slug":"12-de-octubre-de-1980-santa-misa-por-la-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-1980-santa-misa-por-la-familia\/","title":{"rendered":"12 de octubre de 1980, Santa Misa por la familia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA POR LA FAMILIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 12 de octubre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Una gran alegr&iacute;a llena hoy nuestros corazones, por la oportunidad que se nos concede de encontrarnos en una comunidad tan ins&oacute;lita y, al mismo tiempo, tan elocuente. Mientras se desarrolla la reuni&oacute;n ordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos, que desde el 26 de septiembre est&aacute; estudiando el tema &quot;De muneribus familiae christianae&quot;, se celebra hoy el<i> encuentro<\/i> de las familias y, sobre todo, el encuentro de los matrimonios, que con su misma presencia<i> dan testimonio<\/i> de esos &quot;munera&quot;: La<i> misi&oacute;n de la familia cristiana<\/i> en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p>Resulta verdaderamente feliz este d&iacute;a durante los trabajos del S&iacute;nodo actual. Si faltara este d&iacute;a, faltar&iacute;a algo de la m&aacute;xima importancia, algo esencial. Pues no ser&iacute;a suficiente s&oacute;lo discutir el tema estudiado por el S&iacute;nodo de los Obispos, aunque se hiciera con la mayor competencia. Hay que<i> hacer<\/i> de este tema el<i> objeto de la oraci&oacute;n <\/i>y precisamente junto con vosotros. Hay que darle la dimensi&oacute;n eucar&iacute;stica; hay que llevarlo al altar y presentarlo al Padre Eterno, incluy&eacute;ndolo en el sacrificio de Cristo mismo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Por eso os saludo cordialmente, querid&iacute;simos esposos, reunidos ante la bas&iacute;lica de San Pedro.<\/p>\n<p><i>Os saludo, queridos esposos cristianos, en uni&oacute;n con todo el S&iacute;nodo de los Obispos<\/i>&nbsp;que, como yo, esperaba con impaciencia este d&iacute;a de encuentro con vosotros. Os saludo y os agradezco el que hay&aacute;is venido, tan numerosos, no s&oacute;lo de la ciudad de Roma y del resto de Italia, sino tambi&eacute;n de los diferentes pa&iacute;ses y de los diversos continentes del mundo entero.<\/p>\n<p>Queridos esposos y esposas, os saludo en el amor de Jesucristo y os agradezco el que hay&aacute;is venido a la plaza de San Pedro, que es un lugar especial de encuentro para los cristianos de todo el mundo en la unidad de la Iglesia universal. Est&aacute;is aqu&iacute; como matrimonios de diversas partes de &Aacute;frica, Am&eacute;rica, Australia, Asia y Europa. Os hab&eacute;is reunido aqu&iacute; y est&aacute;is orando por la gran causa de la familia cristiana en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p>Muchos de vosotros, queridos esposos, lleg&aacute;is desde lejos. Por ello, cuanto mayores han sido las dificultades afrontadas y los sacrificios hechos, tanto m&aacute;s estimada y preciosa es vuestra presencia en esta comunidad, que os recibe con gran alegr&iacute;a, con fraterno afecto, con profunda gratitud.<\/p>\n<p>&quot;Este es el d&iacute;a que hizo el Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 117\/118, 24). El d&iacute;a del Se&ntilde;or, elegido de un modo particular para estar juntos. Por eso os saludo, esposos aqu&iacute; reunidos. Os agradezco de coraz&oacute;n vuestra presencia.<\/p>\n<p>Saludo tambi&eacute;n de coraz&oacute;n a los esposos procedentes de los pa&iacute;ses de lengua alemana. Como sab&eacute;is, he subrayado desde el principio la necesidad de<i> unir las deliberaciones <\/i>del S&iacute;nodo de los Obispos sobre la misi&oacute;n de la familia,<i> a la oraci&oacute;n de toda la Iglesia en favor de la familia.<\/i> Esta oraci&oacute;n alcanza hoy su punto culminante. Gracias a vuestra presencia, la Iglesia de Roma se une a toda la Iglesia con su oraci&oacute;n intensa, profunda y llena de confianza. As&iacute;, encomienda al Padre Eterno, por Cristo en el Esp&iacute;ritu Santo, la misi&oacute;n de la familia en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p>3. Y gracias a esto toda<i> la Iglesia se siente hoy,<\/i> de un modo especial, no s&oacute;lo Pueblo de Dios, sino una verdadera familia de Dios. Este d&iacute;a es verdaderamente extraordinario. Lleno de alegr&iacute;a y de esperanza. &iexcl;Y cuan necesario es entre los falsos caminos y las dudas que presenta la marcha del tiempo! &iexcl;Y cu&aacute;n lleno est&aacute; de la seguridad que recibe de la Alianza eterna! Verdaderamente &eacute;ste es el d&iacute;a que ha hecho el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Este d&iacute;a me recuerda muchos otros d&iacute;as de mi servicio episcopal, tantos encuentros con los esposos en las parroquias que he visitado. Los he considerado siempre como un<i> momento clave de la visita a una parroquia.<\/i> Encontrarse con los esposos, orar junto con ellos por los problemas que constituyen el contenido de su vocaci&oacute;n y la finalidad de su vida. Unirse a ellos en la comuni&oacute;n del sacrificio eucar&iacute;stico y bendecir cada pareja de esposos y de padres (en cuanto sea posible, con sus hijos), para renovar en ellos<i> la gracia del sacramento del matrimonio.<\/i><\/p>\n<p>Lo mismo debe realizarse hoy en nuestra comunidad, no ya en las dimensiones de una sola parroquia visitada por el obispo, sino, en cierto sentido, en las dimensiones de la comunidad universal de toda la Iglesia, y esto gracias a vuestra presencia, gracias a vuestra visita, queridos hermanos y hermanas,<i> a los lugares de las &quot;memorias de los Ap&oacute;stoles&quot;<\/i> en Roma. &iexcl;Cu&aacute;nto os lo agradezco, junto con todos mis hermanos en el Episcopado, reunidos en la presente sesi&oacute;n del S&iacute;nodo! &iexcl;Esperamos tanto de este d&iacute;a, de esta comuni&oacute;n de almas, de esta oraci&oacute;n, de esta Eucarist&iacute;a!<\/p>\n<p>4.&nbsp;Las lecturas de la liturgia de hoy nos hablan de c&oacute;mo Dios, en su designio eterno, ha unido el deber fundamental de la familia \u2014que es el<i> don de la vida<\/i> ofrecido por los padres, hombre y mujer, a sus hijos, a cada nuevo ser humano\u2014 con<i> la vocaci&oacute;n al amor,<\/i> a la participaci&oacute;n del amor que procede de Dios, porque El mismo es amor. S&iacute;. &quot;Dios es amor&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 8).<\/p>\n<p>Cuando, como leemos en el libro del G&eacute;nesis, Dios cre&oacute; al hombre a su imagen y semejanza (cf. 1, 2), llam&aacute;ndolo a la existencia por amor, lo llam&oacute;, al mismo tiempo, al amor. Puesto que Dios es amor y el hombre es creado &quot;a imagen de Dios&quot;, hay que concluir que la vocaci&oacute;n al amor ha sido inscrita, por decirlo as&iacute;, org&aacute;nicamente en esta imagen, es decir, en la humanidad del hombre, que Dios cre&oacute; var&oacute;n y mujer.<\/p>\n<p>A la luz de esta verdad fundamental sobre el hombre, que es imagen de Dios, volvemos a leer las palabras dirigidas<i> al principio<\/i> al hombre y a la mujer: &quot;Procread y multiplicaos; y henchid la tierra; sometedla&quot; (<i>G&eacute;n<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p>Son palabras de bendici&oacute;n. Todas las creaturas vivas han heredado la bendici&oacute;n del Creador, pero en las palabras pronunciadas sobre el hombre, sobre el var&oacute;n y sobre la mujer, esta<i> bendici&oacute;n ha confirmado el doble don:<\/i> el don de la vida y el don del amor.<\/p>\n<p>5.&nbsp;De este doble don del Creador se origina<i> la familia. El sacramento del matrimonio<\/i> es el sacramento que decide sobre ella en la historia del hombre y, al mismo tiempo, en la historia de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Remontarse a los fundamentos mismos de los deberes que la familia debe cumplir en cada &eacute;poca \u2014que ha de cumplir tambi&eacute;n en el mundo contempor&aacute;neo\u2014 quiere decir remontarse a este sacramento del que San Pablo escribe que es grande, haciendo referencia a Cristo y a la Iglesia (cf.<i> Ef<\/i> 5, 22).<\/p>\n<p>Durante el S&iacute;nodo, nosotros los obispos tratamos de hacer esto, d&iacute;a tras d&iacute;a, mediante la reflexi&oacute;n y el intercambio de ideas, guiados por la luz del Esp&iacute;ritu Santo y por la solicitud pastoral. Hoy deseamos hacerlo de un modo especial en esta comunidad de esposos que con su vocaci&oacute;n espec&iacute;fica expresan los deberes de la familia cristiana en la Iglesia y en el mundo contempor&aacute;neo. Por eso deseamos renovar junto con vosotros, queridos hermanos, y hermanas,<i> la conciencia del sacramento,<\/i> de la que nace y sobre la que se desarrolla la familia cristiana. Deseamos<i> hacer que despierten de nuevo las potencias<\/i> divinas y humanas contenidas en &eacute;l. Dseamos, en cierto sentido, entrar en el designio eterno del Creador y de Redentor y unir, como<i> El los ha unido,<\/i> el misterio de la vida y el misterio del amor, para que act&uacute;en juntos y se unan inseparablemente el uno con el otro.<\/p>\n<p>&quot;Lo que Dios uni&oacute;<i> no lo separe el hombre&quot; (Mt<\/i> 19, 6). En este &quot;no lo separe&quot; est&aacute; contenida la grandeza esencial del matrimonio y, al mismo tiempo, la unidad moral de la familia.<\/p>\n<p>Hoy pedimos esa grandeza y esa dignidad para todos los esposos del mundo; pedimos esa potencia sacramental y esa unidad moral para todas las familias. &iexcl;Y lo pedimos para el bien del hombre! Para el bien de cada uno de los hombres. El hombre no tiene otro camino hacia la humanidad m&aacute;s que<i> a trav&eacute;s de la familia.<\/i> Y la familia debe ser colocada como el fundamento mismo de toda solicitud para el bien del hombre y de todo esfuerzo para que nuestro mundo humano sea cada vez m&aacute;s humano. Nadie puede sustraerse a esta solicitud: ninguna sociedad, ning&uacute;n pueblo, ning&uacute;n sistema; ni el Estado ni la Iglesia, ni siquiera el individuo.<\/p>\n<p>6.<i> El amor,<\/i> que une al hombre y a la mujer como c&oacute;nyuges y padres, es, al mismo tiempo,<i> don y mandamiento.<\/i> Que el amor es don: nos lo dice, sobre todo, la segundar lectura de la liturgia de hoy con las palabras de la Carta de San Juan: &quot;En eso est&aacute; el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am&oacute; y envi&oacute; a su Hijo, como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 10).<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, el amor es don: &quot;procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 7). Y, al mismo tiempo, el amor es un mandamiento,<i> es el mandamiento m&aacute;s grande.<\/i> Dios lo entrega al hombre y se lo conf&iacute;a como misi&oacute;n. Lo exige del hombre. A la pregunta sobre el mandamiento m&aacute;s grande, Cristo responde &quot;Amar&aacute;s&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 22, 37).<\/p>\n<p>Este mandamiento est&aacute; en la base de todo el orden moral. Es verdaderamente &quot;el m&aacute;s grande&quot;. Es el mandamiento-clave.<i> Cumplirlo<\/i> en la familia significa responder al don del amor, que los esposos reciben en la alianza conyugal.<\/p>\n<p>&quot;Si de esta manera nos am&oacute; Dios, tambi&eacute;n nosotros debemos amarnos unos a otros&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 11). Cumplir el mandamiento del amor significa realizar todos los deberes de la familia cristiana. En definitiva, todos se reducen a &eacute;l: la fidelidad y la honestidad conyugal, la paternidad responsable y la educaci&oacute;n. La &quot;peque&ntilde;a iglesia&quot; \u2014<i>la iglesia dom&eacute;stica<\/i>\u2014 significa la familia que vive en el esp&iacute;ritu del mandamiento del amor: su verdad interior, su esfuerzo diario, su belleza espiritual y su fuerza.<\/p>\n<p>El mandamiento del amor tiene su estructura interior: &quot;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or, tu Dios, con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma y con toda, tu mente&#8230; Amar&aacute;s al pr&oacute;jimo coma, a ti mismo&quot; (<i>Mt 22,<\/i> 37. 39).<\/p>\n<p><i>Esta estructura del mandamiento. corresponde a la verdad del amor. <\/i>Si Dios es amado sobre todas las cosas, entonces tambi&eacute;n el hombre ama y es amado con toda la plenitud del amor accesible a &eacute;l. Si se destruye esa estructura inseparable, de la que habla el mandamiento de Cristo, entonces el amor del hombre se apartar&aacute; de su ra&iacute;z m&aacute;s profunda, perder&aacute; la ra&iacute;z de la plenitud y de la verdad, que le son esenciales.<\/p>\n<p>Imploramos para todas las familias cristianas, para todas las familias del mundo,<i> esta plenitud y verdad del amor,<\/i> indicada por el mandamiento de Cristo.<\/p>\n<p>7. Dentro de poco, en nuestra gran comunidad, se realizar&aacute;<i> la renovaci&oacute;n de las promesas matrimoniales.<\/i> Estas palabras, que los esposos pronuncian en el rito del matrimonio, como ministros propios de este sacramento, son maravillosas:<\/p>\n<p>&quot;Yo te quiero a ti como esposa (como esposo) y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegr&iacute;as y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los d&iacute;as de mi vida&quot;.<\/p>\n<p>Esta promesa, pronunciada &quot;en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot;, es, al mismo tiempo, una oraci&oacute;n dirigida a Dios, que es el amor y que desea unir, al final, a todos en la &uacute;ltima alianza de la Comuni&oacute;n de los santos.<\/p>\n<p>En el momento en que,<i> un d&iacute;a, pronunciasteis estas palabras,<\/i> queridos esposos, en lenguas diversas y en diferentes partes del mundo, en a&ntilde;os, meses y d&iacute;as distintos, os <i>administrasteis<\/i> el santo<i> sacramento <\/i>de vuestra vida, de vuestro matrimonio, de vuestra familia; el sacramento en el que se refleja el amor de Dios hacia el hombre y el amor de Cristo hacia la Iglesia.<\/p>\n<p><i>Volved<\/i>&nbsp;hoy, con el pensamiento y con el coraz&oacute;n \u2014volved con la fe, con la esperanza y con el amor\u2014, <i>a aquel gran momento.<\/i> Y renovad en vuestras almas lo que ha sido el contenido esencial del sacramento del matrimonio. Su realidad diaria. Renovad la alianza del hombre y de la mujer. Ante el Dios de la Alianza<i> renovad la alianza,<\/i> penetrada por el don del amor y por el don de la vida.<\/p>\n<p>8.<i> Haced lo en uni&oacute;n con toda la Iglesia.&nbsp;<\/i>En uni&oacute;n con todas las familias cristianas en la Iglesia y con todas las familias en el mundo entero. Que vuestro pensamiento y vuestra oraci&oacute;n est&eacute;n, al mismo, tiempo, cerca de todas aquellas situacione<i>s<\/i>&nbsp;dif&iacute;ciles que durante estos d&iacute;as y semanas pasan ante los ojos de los obispos del S&iacute;nodo y no dejan de suscitar su solicitud pastoral. En este acto profundo y humilde, mediante el cual quer&eacute;is renovar la gracia del. sacramento del matrimonio, se deja sentir todo<i> el f&eacute;rvido deseo de la vida y de la santidad, <\/i>que incansablemente late en el coraz&oacute;n de la Iglesia y se manifiesta en el testimonio de cada familia cristiana fiel a la eterna Alianza con el Dios del amor.<\/p>\n<p><i>&iexcl;Y perseverad as&iacute;!<\/i>&nbsp;Que este d&iacute;a sea un nuevo comienzo de vuestro testimonio y de vuestra misi&oacute;n. Que sea la luz que penetre las tinieblas del mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p><i>&iexcl;Y perseverad as&iacute;!,<\/i>&nbsp;con la confianza de que, &quot;si nosotros nos amamos mutuamente, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto&quot;<i> (1 Jn 4,<\/i> 12).<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA POR LA FAMILIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de San Pedro Domingo 12 de octubre de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1.&nbsp;Una gran alegr&iacute;a llena hoy nuestros corazones, por la oportunidad que se nos concede de encontrarnos en una comunidad tan ins&oacute;lita y, al mismo tiempo, tan elocuente. 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