{"id":39601,"date":"2016-10-05T22:55:50","date_gmt":"2016-10-06T03:55:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-1980-misa-en-recuerdo-de-juan-pablo-i-y-pablo-vi\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:50","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:50","slug":"28-de-septiembre-de-1980-misa-en-recuerdo-de-juan-pablo-i-y-pablo-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-1980-misa-en-recuerdo-de-juan-pablo-i-y-pablo-vi\/","title":{"rendered":"28 de septiembre de 1980, Misa en recuerdo de Juan Pablo I y Pablo VI"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA CONCELEBRADA CON LOS PADRES SINODALES<br \/> &nbsp;EN SUFRAGIO DE PABLO VI Y JUAN PABLO I<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 28 de septiembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Pero t&uacute;, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre. Combate los buenos combates de la fe,<i> aseg&uacute;rate la vida eterna,<\/i> para la cual fuiste llamado y de la cual hiciste solemne<i> profesi&oacute;n<\/i> delante de muchos testigos&quot; (1<i> Tim<\/i> 6, 11-12).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras del Ap&oacute;stol tomadas de la liturgia de este domingo, nos permiten evocar el recuerdo del Papa Juan Pablo I, a dos a&ntilde;os de su muerte; este Papa fue llamado a la Sede de San Pedro el 26 de agosto de 1978, y desde ella fue convocado a la Casa del Padre, para alcanzar la vida eterna, el 28 de septiembre, al terminar en esta Sede su servicio, que apenas dur&oacute; 33 d&iacute;as.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Aseg&uacute;rate la vida eterna, para la cual fuiste llamado y de la cual hiciste profesi&oacute;n delante de muchos testigos&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&iexcl;Cu&aacute;nto nos dicen estas palabras! Cu&aacute;nto dicen a todos los que<i> saludaron con alegr&iacute;a la elevaci&oacute;n<\/i> del cardenal Albino Luciani, Patriarca de Venecia, a la Sede de San Pedro; a todos los que le recuerdan y casi ven todav&iacute;a su rostro amable, dulce, tan f&aacute;cilmente iluminado por una sonrisa serena hacia cada uno de los hombres. Y cu&aacute;nto dicen estas palabras a los<i> sacerdotes, <\/i>para quienes &eacute;l fue, al mismo tiempo, hermano y padre, especialmente a aquellos sacerdotes a quienes tan gustosamente dirig&iacute;a los ejercicios espirituales. Hace poco tiempo tuve ocasi&oacute;n de leer el texto de esos maravillosos ejercicios, llenos de su esp&iacute;ritu, en lenguaje figurativo, adaptados en cada uno de sus pasajes a la realidad de la vida sacerdotal y centrados en la figura del<i> buen samaritano.<\/i> Se ve claramente c&oacute;mo este personaje le era muy entra&ntilde;able.. y c&oacute;mo se identificaba con &eacute;l. Se puede suponer, adem&aacute;s, que esta figura se hubiera convertido en la inspiradora principal de ese pontificado que, en cambio, apenas tuvo tiempo de comenzar. &iexcl;Realmente Juan Pablo I fue para la Iglesia y para el mundo<i> magis ostensus, quam datus!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Nosotros, obispos reunidos para la presente sesi&oacute;n del S&iacute;nodo, lo recordamos todav&iacute;a como participante en la sesi&oacute;n de 1977. En el aula sinodal yo ocupaba un lugar cercano a &eacute;l, precisamente delante de &eacute;l. &iexcl;Once meses despu&eacute;s de esa sesi&oacute;n, fue llamado a la Sede de San Pedro, y un a&ntilde;o despu&eacute;s, ya no viv&iacute;a m&aacute;s! Ni siquiera tuvo tiempo de publicar el documento<i> sobre el tema de la catequesis,<\/i> en el cual deb&iacute;a expresarse, a petici&oacute;n de la asamblea sinodal, el fruto de su trabajo; y se trataba de un tema muy entra&ntilde;able para &eacute;l. Sin embargo, durante el per&iacute;odo de apenas cuatro semanas de su pontificado, tuvo tiempo de ofrecer una expresi&oacute;n particular del tema, especialmente por medio de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_i\/audiences\/index_sp.htm\">sus catequesis en las audiencias generales<\/a> del mi&eacute;rcoles dedicadas a la fe, a la esperanza y a la caridad.<\/p>\n<p align=\"left\">Por otra parte, no podemos olvidar las palabras que precisamente sobre el tema del<i> S&iacute;nodo de los Obispos<\/i> pronunci&oacute; en su <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_i\/messages\/documents\/hf_jp-i_mes_urbi-et-orbi_27081978_sp.html\">primer radiomensaje<\/a>, al d&iacute;a siguiente de su elecci&oacute;n: despu&eacute;s de haber declarado, como su intenci&oacute;n primera, la de desarrollar &quot;sine intermissione&quot; la herencia del Concilio Vaticano II, comprometi&eacute;ndose a aplicar sus sabias normas, se dirigi&oacute; a los cardenales del Sacro Colegio y a todos los obispos de la Iglesia de Dios<i> &quot;cuya colegialidad <\/i>\u2014a&ntilde;adi&oacute;\u2014<i> queremos consolidar firmemente<\/i> solicitando su colaboraci&oacute;n en el gobierno de la Iglesia universal, sea<i> mediante el S&iacute;nodo,<\/i> sea a trav&eacute;s de los dicasterios de la Curia Romana&quot; (<i>Ense&ntilde;anzas al Pueblo de Dios,<\/i> 1978, 38. 41). Estas palabras son tan claras, que demuestran su compromiso formal de &quot;valorizar&quot; el S&iacute;nodo.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto, nosotros, hoy, en el momento en que estamos reunidos de nuevo en el S&iacute;nodo, consideramos como una necesidad particular del coraz&oacute;n recordar ante Dios a nuestro hermano y padre, el <i>Papa Juan Pablo<\/i> <i>I<\/i>, inclinando la cabeza ante el inescrutable misterio de la Providencia, como se ha manifestado en su elecci&oacute;n y en su muerte, y dando gracias porque &eacute;l conserv&oacute; &quot;sin tacha ni culpa el mandamiento hasta la manifestaci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>1 Tim<\/i> 6,14).<\/p>\n<p align=\"left\">4. La figura de Juan Pablo I siempre llevar&aacute; nuestros pensamientos hacia <i>sus dos predecesores<\/i> en la Sede de San Pedro, cuyos nombres asumi&oacute; conjuntamente en herencia, como si quisiese afirmar que no es l&iacute;cito separarlos y que, estando al servicio en la Sede de Pedro, es necesario proseguir su obra,<\/p>\n<p align=\"left\">Si hoy, a trav&eacute;s de los mismos nombres de Juan y de Pablo dirigimos nuestro pensamiento hacia sus dos predecesores, los cuales inauguraron, en cierto sentido, una nueva &eacute;poca en la Iglesia, debemos, <i>de modo particular,<\/i> fijar este pensamiento juntamente con la plegaria y el sacrificio en el<i> Papa Pablo VI,<\/i> ante todo porque el segundo aniversario de su muerte se remonta s&oacute;lo a algunas semanas y precede por muy poco a este aniversario de la muerte de su inmediato sucesor.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre las muchas obras realizadas, Pablo VI pasar&aacute; a la historia como aquel que, al poner en pr&aacute;ctica la ense&ntilde;anza del Concilio Vaticano II acerca de la colegialidad,<i> dio vida<\/i> precisamente al<i> S&iacute;nodo de los Obispos,<\/i> para el que nos reunimos en sesi&oacute;n ordinaria ya por quinta vez. A este prop&oacute;sito resulta fundamental el texto del documento institucional<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/motu_proprio\/documents\/hf_p-vi_motu-proprio_19650915_apostolica-sollicitudo_sp.html\">Apostolica sollicitudo<\/a>,<\/i> ya que, con una anticipaci&oacute;n de tres meses a la conclusi&oacute;n misma del Concilio, fijaba los rasgos todav&iacute;a v&aacute;lidos del nuevo organismo eclesial, concebido como<i> peculiare sacrorum Antistitum consilium,<\/i> y claramente indicaba su esp&iacute;ritu y sus finalidades: favorecer la m&aacute;s estrecha uni&oacute;n y la oportuna colaboraci&oacute;n entre el Sumo Pont&iacute;fice y los obispos de todo el mundo (cf. Motu proprio<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/motu_proprio\/documents\/hf_p-vi_motu-proprio_19650915_apostolica-sollicitudo_sp.html\">Apostolica sollicitudo<\/a> <\/i>en<i> AAS<\/i> 57, 1965, p&aacute;gs. 775 ss).<\/p>\n<p align=\"left\">5. Al inaugurar la<i> precedente sesi&oacute;n ordinaria<\/i> del S&iacute;nodo de los Obispos con una concelebraci&oacute;n en la Capilla Sixtina, Pablo VI saludaba a la asamblea como &quot;estupendo ejemplo de comuni&oacute;n eclesial&quot; y, dirigi&eacute;ndose a la<i> conciencia personal <\/i>de cada uno de los obispos presentes, dec&iacute;a, entre otras cosas, as&iacute;: &quot;Hemos sido elegidos, llamados, el Se&ntilde;or nos ha encomendado la misi&oacute;n de transformar a los dem&aacute;s. Como obispos, es decir, Sucesores de los Ap&oacute;stoles y Pastores de la Iglesia de Dios, nuestra tarea propia es la de ser testigos, portadores del mensaje evang&eacute;lico, maestros ante la humanidad. Queremos recordar todo esto, venerables hermanos, para reavivar la conciencia de nuestra elecci&oacute;n, de nuestra vocaci&oacute;n, de las responsabilidades de la misi&oacute;n grande, arriesgada, inc&oacute;moda que nos ha sido confiada; pero sobre todo para robustecer la confianza que hemos puesto en Cristo sabiendo bien que El nos acompa&ntilde;a en nuestros sufrimientos, fatigas y esperanzas&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Y a&ntilde;ad&iacute;a:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Ser verdaderos ap&oacute;stoles de Cristo hoy constituye un acto de gran valent&iacute;a y, al mismo tiempo, un acto de gran confianza en la potencia y en la ayuda de Dios; ayuda que Dios ciertamente no dejar&aacute; de dar si el coraz&oacute;n del ap&oacute;stol est&aacute; abierto al influjo suave y poderoso de su gracia&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Y continuaba:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El panorama del mundo, al que se proyecta la responsabilidad de todos nosotros, evangelizadores, nos da idea de la inmensidad y nos hace tocar con la mano el peso de nuestra misi&oacute;n. &iexcl;Cu&aacute;nto, cu&aacute;nto queda a&uacute;n por hacer! De aqu&iacute; resulta a primera vista una inferioridad aplastante y por parte nuestra una falta de adecuaci&oacute;n que puede parecer insuficiencia total. Por esto debe afirmarse y confirmarse nuestro empe&ntilde;o: la mirada al mundo y al futuro no debe engendrar la pereza (&#8230;). Todo lo contrario; lejos de replegamos en nosotros mismos, y precisamente para reaccionar a la tentaci&oacute;n de la inercia, debemos estar seguros de que la &#8216;virtud&#8217;, es decir, la fuerza, la ayuda, el auxilio del Se&ntilde;or est&aacute; con nosotros&quot; (<i>Ense&ntilde;anzas al Pueblo de Dios,<\/i> 1977, p&aacute;gs. 437-438).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas fueron las palabras corroborantes que o&iacute;mos el 30 de septiembre de 1977. Era necesario que hoy resonasen de nuevo entre nosotros, para dar testimonio de la<i> continuidad<\/i> de esta gran causa, para servir a la cual nos hemos reunido nuevamente.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Pero, al llegar a este punto, ya que por la tarde ir&eacute; en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_subiaco_sp.htm\">peregrinaci&oacute;n a Subiaco<\/a> con los representantes de las Conferencias Episcopales de los pa&iacute;ses europeos, no puedo dejar de hacer referencia, aunque sea brevemente, a<i> otro de los m&eacute;ritos insignes de Pablo VI. <\/i>Aludo a lo que &eacute;l dijo y decidi&oacute; para que en<i> la conciencia de la Europa moderna<\/i> permaneciese siempre viva, como fermento activo, la memoria de la gran aportaci&oacute;n de pensamiento y de obras que le dio San Benito y, m&aacute;s en general, la tradici&oacute;n benedictina. Despu&eacute;s de haber proclamado al Santo<i> Patrono de Europa,<\/i> fue a Montecassino a visitar su tumba, consagr&oacute; la iglesia del resurgido gran monasterio, y en un discurso memorable habl&oacute; de la sociedad &quot;tan necesitada hoy de sacar nuevas linfas de las ra&iacute;ces&#8230;, las ra&iacute;ces cristianas que en tanta parte le dio San Benito&quot;. Y se&ntilde;alaba oportunamente las motivaciones superiores, es decir, los &quot;dos motivos que siempre hacen desear la austera y suave presencia de Benito entre nosotros: <i>por la fe,<\/i> que &eacute;l y su Orden predicaron en la familia de los pueblos,<i> especialmente en la que se llama Europa;<\/i> la fe cristiana, la religi&oacute;n de nuestra civilizaci&oacute;n, la de la Santa Iglesia, madre y maestra de las gentes; y<i> por la unidad, <\/i>en la que el gran monje solitario y social nos educ&oacute; a ser hermanos, y<i> por la que Europa fue la cristiandad.<\/i> Fe y unidad: &iquest;podemos desear y pedir algo mejor para todo el mundo, y de modo particular, para la conspicua y excelente porci&oacute;n que se llama Europa?&quot; (cf.<i> Insegnamenti di Paolo VI,<\/i> II, 1964, p&aacute;g. 606).<\/p>\n<p align=\"left\">Bas&aacute;ndose precisamente en esta<i> heredad hist&oacute;rica,<\/i> el mismo Pont&iacute;fice, al recibir en diversas ocasiones a grupos de obispos pertenecientes a las naciones europeas, inculc&oacute; muchas veces el deber, m&aacute;s a&uacute;n, la misi&oacute;n de servir de est&iacute;mulo a las otras naciones y de colaborar con empe&ntilde;o m&aacute;s responsable a la difusi&oacute;n de la fe. A los representantes de algunas Conferencias Episcopales de Europa les record&oacute; &quot;el valor de los<i> ejemplos de las Iglesias de este continente<\/i> ante las otras &aacute;reas del mundo cat&oacute;lico y, sobre todo, ante las Iglesias de m&aacute;s reciente formaci&oacute;n&quot;, las cuales esperan la ayuda necesaria de las Iglesias m&aacute;s antiguas (cf.<i> Insegnamenti di Paolo VI,<\/i> V, 1967, p&aacute;g. 495).<\/p>\n<p align=\"left\">Los mismos conceptos repiti&oacute; en marzo de 1971 a los presidentes y delegados de las Conferencias de Europa reunidos en Roma, para constituir el &quot;Consejo&quot; especial de los Episcopados Europeos. En aquella ocasi&oacute;n quiso recordar una vez m&aacute;s<i> el car&aacute;cter unitario<\/i> de la tradici&oacute;n, de la civilizaci&oacute;n y de las costumbres de los habitantes del continente y exhort&oacute; a &quot;ofrecer un testimonio evang&eacute;lico de fe, esperanza, caridad, justicia y paz ante los grandes problemas que preocupan a la Iglesia y a la sociedad humana en Europa&quot;, sin olvidar, no obstante, las necesidades de la Iglesia universal, especialmente en el Tercer Mundo (cf.<i> L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 4 de abril de 1971, p&aacute;g. 1;<i> Insegnamenti di Paolo VI,<\/i> IX, 1971, p&aacute;gs. 221-222).<\/p>\n<p align=\"left\">7. Quiera &quot;el Rey de reyes y Se&ntilde;or de los se&ntilde;ores, el &uacute;nico inmortal, que habita una luz inaccesible, a quien ning&uacute;n hombre vio ni puede ver&quot; (<i>1 Tim<b> <\/b> <\/i>6,<i> <\/i>15-16) descubrir en la eternidad feliz el esplendor de su santidad &quot;cara a cara&quot; y admitir en la comuni&oacute;n consigo en la caridad eterna a nuestros dos venerables y amados hermanos y padres: Pablo VI y Juan Pablo I.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&quot;&iexcl;A El el honor y el poder para siempre!&quot;.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA CONCELEBRADA CON LOS PADRES SINODALES &nbsp;EN SUFRAGIO DE PABLO VI Y JUAN PABLO I HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 28 de septiembre de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Pero t&uacute;, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-1980-misa-en-recuerdo-de-juan-pablo-i-y-pablo-vi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de septiembre de 1980, Misa en recuerdo de Juan Pablo I y Pablo VI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39601","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39601","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39601"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39601\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39601"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39601"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39601"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}