{"id":39602,"date":"2016-10-05T22:55:51","date_gmt":"2016-10-06T03:55:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-septiembre-de-1980-santa-misa-de-apertura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:51","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:51","slug":"26-de-septiembre-de-1980-santa-misa-de-apertura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-septiembre-de-1980-santa-misa-de-apertura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"26 de septiembre de 1980, Santa Misa de apertura de la V Asamblea general del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS 1980<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/p>\n<p> <\/b>Capilla Sixtina<br \/> Viernes 26 de septiembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;Venerables hermanos en el Episcopado y queridos todos los que particip&aacute;is en la sesi&oacute;n del S&iacute;nodo que va a comenzar:<\/p>\n<p>Conviene que iniciemos nuestros trabajos entrando<i> en el coraz&oacute;n mismo de la oraci&oacute;n sacerdotal de Cristo.<\/i> Sabemos en qu&eacute; momento tan importante y tan especial pronunci&oacute; Jes&uacute;s esta plegaria. Escuchemos sus palabras, cuyo contenido resulta tan profundo, tan grande y tan luminoso: &quot;Padre Santo, guarda en tu nombre a &eacute;stos que me has dado, para que sean uno como nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 11).<\/p>\n<p>Cuando la Iglesia<i> ora por su unidad,<\/i> lo que hace es sencillamente conectar con esas palabras. Con esas mismas palabras oramos por la uni&oacute;n de los cristianos. Y, sirvi&eacute;ndonos de ellas mismas, pedimos al Padre, en nombre de Cristo, esa <i>unidad<\/i> que debemos realizar durante la asamblea del S&iacute;nodo de los Obispos, que hoy comienza y que emprende sus trabajos, tras una preparaci&oacute;n larga y profunda, para tratar el tema relativo a la misi&oacute;n de la familia cristiana.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Este tema ha sido elegido entre las<i> propuestas<\/i> hechas por muchos obispos y Conferencias Episcopales, as&iacute; como por los S&iacute;nodos de los padres orientales, a la Secretar&iacute;a general del S&iacute;nodo de los Obispos, la cual las examin&oacute; atentamente. Durante las pr&oacute;ximas semanas este tema constituir&aacute; la base de nuestras reflexiones, ya que estamos profundamente convencidos de que,<i> a trav&eacute;s de la familia cristiana,<\/i> la Iglesia vive y cumple su misi&oacute;n que Cristo le ha confiado. Por eso se puede decir muy bien que el tema de la presente sesi&oacute;n del S&iacute;nodo es como una continuaci&oacute;n de los tratados en las dos sesiones anteriores. Tanto la evangelizaci&oacute;n, tema del S&iacute;nodo de 1974, como la catequesis, que lo fue del S&iacute;nodo de 1977, no s&oacute;lo se dirigen a la familia, sino que de ella reciben su aut&eacute;ntica vitalidad. La familia es en realidad el<i> objeto<\/i> primordial de la evangelizaci&oacute;n y de la catequesis de la Iglesia, y es al mismo tiempo el sujeto indispensable e insustituible de ellas: el sujeto creativo.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Precisamente para esto, para ser ese sujeto, y no s&oacute;lo para perseverar en la Iglesia y recibir de ella su fuerza espiritual, sino tambi&eacute;n para<i> constituir<\/i> la Iglesia en su dimensi&oacute;n fundamental, como una &quot;Iglesia en miniatura&quot; (<i>Ecclesia domestica),<\/i> la familia debe ser consciente, de un modo especial, de la misi&oacute;n de la Iglesia y de su propia participaci&oacute;n en esta misi&oacute;n.<\/p>\n<p>A este S&iacute;nodo corresponde la tarea de mostrar a todas las familias su peculiar<i> participaci&oacute;n en la misi&oacute;n de la Iglesia.&nbsp;Esta participaci&oacute;n comporta, al mismo tiempo, la realizaci&oacute;n de la finalidad propia de la familia cristiana en su plenitud, dentro de lo posible.<\/i><\/p>\n<p>En esta asamblea sinodal queremos captar de nuevo el rico magisterio del Concilio Vaticano II en lo referente a la verdad sobre la familia, contenida en &eacute;l, as&iacute; como en lo referente a la aplicaci&oacute;n del Concilio mismo por parte de las familias.<i> Las familias cristianas deben encontrar su puesto en esta tarea tan importante.<\/i> El S&iacute;nodo quiere ayudar, ante todo, a alcanzar este fin.<\/p>\n<p>4. Como ense&ntilde;a San Pablo en la segunda lectura de la liturgia de hoy, &quot;nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro est&aacute; al servicio de los otros miembros&quot; (<i>Rom<\/i> 12, 5).&nbsp;As&iacute;, pues, aunque la asamblea sinodal es, por su misma naturaleza, una forma peculiar de actividad del<i> Colegio Episcopal,<\/i> dentro de esta misma asamblea sentimos una necesidad especial<i> de la presencia y del testimonio<\/i> de nuestros queridos hermanos y hermanas que representan a las familias cristianas de todo el mundo. &quot;Todos tenemos dones diferentes, seg&uacute;n la gracia que nos. fue dada&quot; (<i>Rom <\/i>12, 6).&nbsp;Y precisamente durante esta asamblea, cuyo tema es la familia cristiana y su misi&oacute;n, tenemos tanta necesidad de la presencia y del testimonio de aquellos cuyos &quot;dones&quot;, seg&uacute;n &quot;la gracia&quot; del sacrament&oacute; del matrimonio que les ha sido &quot;concedida&quot;, son<i>&nbsp;dones de vida y de vocaci&oacute;n al matrimonio y a la vida familiar.<\/i><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Os quedaremos muy agradecidos si durante los trabajos del S&iacute;nodo, a los que nos dedicaremos seg&uacute;n nuestra responsabilidad episcopal y pastoral, compart&iacute;s con nosotros estos &quot;dones&quot; de vuestro estado y de vuestra vocaci&oacute;n, aunque s&oacute;lo sea con el testimonio de vuestra presencia y tambi&eacute;n de vuestra experiencia, radicada en la santidad de este gran sacramento, que es el vuestro: el sacramento del matrimonio.<\/p>\n<p>5. Cristo Se&ntilde;or, antes de morir, en los umbrales del misterio pascual, ora as&iacute;: &quot;Padre Santo, guarda en tu nombre a &eacute;stos que me has dado, para que sean uno como nosotros&quot;. Entonces pide de alg&uacute;n modo, quiz&aacute;s de un modo especial, tambi&eacute;n la unidad de los esposos y de las familias. Ora por la uni&oacute;n de los disc&iacute;pulos, por la unidad de la Iglesia; y San Pablo compara el misterio de la Iglesia con el matrimonio (cf. <i>Ef<\/i> 5, 21-33). La Iglesia, por tanto, no s&oacute;lo coloca el matrimonio y la familia en un lugar especial dentro de sus afanes, sino que, en cierto modo, considera tambi&eacute;n el matrimonio como preclara imagen suya. Colmada del amor de Cristo-Esposo, que nos am&oacute; &quot;hasta el extremo&quot;, la Iglesia mira hacia los esposos, que se juran amor hasta la muerte, y considera como tarea suya peculiar salvaguardar este amor, esta fidelidad y esta honestidad y todos los bienes que nacen de ah&iacute; para la persona humana y para la sociedad. Es precisamente la familia la que da la vida a la sociedad. Es en ella donde, a trav&eacute;s de la obra de la educaci&oacute;n, se forma la estructura misma de la humanidad, de cada hombre sobre la tierra.<\/p>\n<p>He aqu&iacute; lo que dice, en el Evangelio de hoy, el Hijo al Padre: &quot;Yo les he comunicado las palabras que t&uacute; me diste, y ellos ahora las recibieron&#8230; y creyeron que t&uacute; me has enviado&#8230;; todo lo m&iacute;o es tuyo, y lo tuyo m&iacute;o&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 8-10).<\/p>\n<p>&iquest;No resuena, en el coraz&oacute;n de las generaciones, el eco de este di&aacute;logo? &iquest;No constituyen estas palabras algo as&iacute; como la historia viva de cada una de las familias y, a trav&eacute;s de la familia, de cada hombre?<\/p>\n<p>&iquest;No nos sentimos, mediante estas palabras, especialmente vinculados a la misi&oacute;n del mismo Cristo: de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey? &iquest;No nace la familia del coraz&oacute;n mismo de esta misi&oacute;n?<\/p>\n<p>6. &quot;Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezc&aacute;is vuestros cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios; &eacute;ste es vuestro culto racional&quot; (<i>Rom <\/i>12, 1).<\/p>\n<p>Este<i>&nbsp;sacrificio<\/i>&nbsp;y este<i>&nbsp;culto<\/i>&nbsp;testimonian vuestra participaci&oacute;n en el sacerdocio real de Cristo. Y .esto s&oacute;lo se realiza obedeciendo a aquella exhortaci&oacute;n hecha por Dios, Creador y Padre; ya que en la primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio, se dice: &quot;La palabra la tienes enteramente cerca de ti, la tienes en tu boca, en tu mente, para poder cumplirla&quot;<i>&nbsp;(Dt<\/i>&nbsp;30, 14).<\/p>\n<p>Y Cristo ora as&iacute; por sus disc&iacute;pulos: &quot;No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal&#8230; Santif&iacute;calos en la verdad&#8230; Yo por ellos me santifico para que ellos sean santificados en la verdad&quot;<i>&nbsp;(Jn <\/i>17, 15-19).<\/p>\n<p>He aqu&iacute;, tal como aparece en la liturgia de hoy, la misi&oacute;n que debemos presentar a las familias cristianas en la Iglesia y en el mundo contempor&aacute;neo:<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;la conciencia de la propia misi&oacute;n, que brota de la misi&oacute;n salv&iacute;fica del mismo Cristo y se realiza como servicio peculiar;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;esta conciencia se alimenta con la Palabra del Dios vivo y con la fuerza del sacrificio de Cristo. De este modo se hace realidad el testimonio capaz de formar la vida de los dem&aacute;s, capaz de &quot;santificar en la verdad&quot;;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;esta conciencia hace que se difunda el bien, lo &uacute;nico capaz de &quot;guardar del mal&quot;. La misi&oacute;n de la familia es as&iacute; semejante a la funci&oacute;n de Aquel que en el Evangelio de hoy dice de S&iacute; mismo: &quot;Mientras yo estaba con ellos, yo conservaba en tu nombre a &eacute;stos que me has dado, y los guard&eacute;, y ninguno de ellos pereci&oacute;&#8230;&quot;<i>&nbsp;<\/i>(<i>Jn<\/i>&nbsp;17, 12).<\/p>\n<p>S&iacute;. La misi&oacute;n de cada familia cristiana es la de salvaguardar y conservar los valores fundamentales. Es salvaguardar y conservar al hombre.<\/p>\n<p>7. Que el Esp&iacute;ritu Santo gu&iacute;e y sostenga todos nuestros trabajos durante la asamblea que hoy comienza.<\/p>\n<p>Conviene iniciarla en el coraz&oacute;n mismo de la gran oraci&oacute;n &quot;sacerdotal&quot; de Cristo. Conviene iniciarla con la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p>Todo nuestro trabajo durante los pr&oacute;ximos d&iacute;as no ser&aacute; m&aacute;s que un servicio hecho a los hombres: a nuestros hermanos y hermanas, a los esposos, a los padres, a los j&oacute;venes, a los ni&ntilde;os, a las generaciones, a las familias, a todos aquellos a quienes Cristo ha revelado el Padre, a todos aquellos &quot;del mundo&quot; que el Padre ha dado a Cristo. &quot;Yo ruego por ellos&#8230;, por los que t&uacute; me diste; porque son tuyos&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;17, 9).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS 1980 HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla Sixtina Viernes 26 de septiembre de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;Venerables hermanos en el Episcopado y queridos todos los que particip&aacute;is en la sesi&oacute;n del S&iacute;nodo que va a comenzar: Conviene que iniciemos nuestros trabajos entrando en el coraz&oacute;n mismo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-septiembre-de-1980-santa-misa-de-apertura-de-la-v-asamblea-general-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de septiembre de 1980, Santa Misa de apertura de la V Asamblea general del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39602","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39602","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39602"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39602\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39602"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39602"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39602"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}