{"id":39604,"date":"2016-10-05T22:55:54","date_gmt":"2016-10-06T03:55:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-septiembre-de-1980-santa-misa-concelebrada-en-la-abadia-de-montecassino\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:54","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:54","slug":"20-de-septiembre-de-1980-santa-misa-concelebrada-en-la-abadia-de-montecassino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-septiembre-de-1980-santa-misa-concelebrada-en-la-abadia-de-montecassino\/","title":{"rendered":"20 de septiembre de 1980, Santa Misa concelebrada en la Abad\u00eda de Montecassino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_cassino_sp.htm\"> VISITA PASTORAL A MONTECASSINO Y CASSINO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS ABADES EN EL MONASTERIO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> S&aacute;bado 20 de septiembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerables hermanos y queridos hijos e hijas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Esta bas&iacute;lica que \u2014resurgida prodigiosamente de entre las ruinas b&eacute;licas y consagrada de nuevo por mi inolvidable predecesor Pablo VI\u2014 se ve hoy inundada con la asamblea preclara, m&aacute;s a&uacute;n, realmente &uacute;nica quiz&aacute; en la historia m&aacute;s que milenaria de Montecassino, de hijos e hijas de San Benito, reunidos en torno a su glorioso sepulcro que parece redivivo, y en torno al altar donde hoy se concelebra el Sacrificio eucar&iacute;stico; en este espl&eacute;ndido escenario me viene espont&aacute;neamente a la mente y a los labios aquel grito jubiloso del Profeta Isa&iacute;as: Oh venerado Padre, &quot;alza los ojos y mira en torno tuyo; todos se re&uacute;nen y vienen a ti; llegan de lejos tus hijos, y tus hijas son tra&iacute;das en brazos&quot; (cf.<i> Is<\/i> 49, 18; 60, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">Han venido de todas las parles del orbe para celebrar tu jubileo, con la gloria de poderse afirmar fieles hijos e hijas tuyos, contentos al dirigirte sus oraciones implorando con gozo tus fecundas bendiciones, en comuni&oacute;n visible y anhelada con el Sucesor de Pedro. Y al Sucesor de Pedro mucho le complace tambi&eacute;n encontrarse entre ellos, para testimoniarte, Patriarca de millones de monjes, la estima y el amor que toda la Iglesia te profesa, al haber sido constituido por el designio y la gracia de Dios art&iacute;fice de tesoros inmensos de civilizaci&oacute;n humana, de cultura y, sobre todo, de santidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Tu vida, aunque discurri&oacute; en los estrechos l&iacute;mites de una regi&oacute;n, sin embargo, brilla maravillosamente por tus virtudes y prodigios. Pues la acci&oacute;n de tu mensaje vivificante, al penetrar en toda Europa y, desde ella,, en todo el mundo, ha llegado hasta nuestros d&iacute;as, gracias a ese peque&ntilde;o y a la vez grand&iacute;simo libro tuyo que se ha convertido en &quot;fermento de la justicia divina&quot; para modelar cristianamente a las multitudes que Dios, lo mismo que antes a Abraham, te prepar&oacute; como heredad incomparable.<\/p>\n<p align=\"left\">Resulta muy grato y, al mismo tiempo, emocionante para m&iacute; y para todos los aqu&iacute; presentes recordar que en este mismo monasterio, o mejor dicho, en una de sus m&aacute;s peque&ntilde;as estancias \u2014que se libr&oacute; del desastre de la guerra\u2014 fue compuesto ese libro, es decir, su regla, como recuerda abajo la inscripci&oacute;n lapidaria: &quot;Hic scripsit Regulam et verbo et opere docuit&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Venerables abades, querid&iacute;simos hijos e hijas de tan gran padre y legislador: En esta asamblea que podemos llamar ciertamente extraordinaria, y en este culmen de las celebraciones centenarias con motivo de su nacimiento, es conveniente volver a ese augusto libro y partir de &eacute;l para realizar la renovaci&oacute;n moral y religiosa que nos urge instantemente y que debemos ofrecer sol&iacute;citamente al mundo. En mi reciente Carta Apost&oacute;lica<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_11071980_sanctorum-altrix_sp.html\">Sanctorum Altrix<\/a>,<\/i> quise exponer, como en una amplia panor&aacute;mica, cuanto de vital y f&eacute;rtil puede ofrecernos hoy la doctrina y la instituci&oacute;n de San Benito, no s&oacute;lo para la vida de perfecci&oacute;n, sino tambi&eacute;n para la restauraci&oacute;n y robustecimiento de los sentimientos y costumbres que derivan del Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">He sabido con gran satisfacci&oacute;n que vosotros \u2014deseando celebrar dignamente este centenario\u2014 ya hab&eacute;is comenzado muy acertadamente en Roma, primera sede de la religi&oacute;n cristiana, un Symposium peculiar, precisamente sobre la regla, con el fin de descubrir y delimitar, despu&eacute;s de muchos estudios recientes y de acuerdo con experiencias ya realizadas o todav&iacute;a en curso, lo que de v&aacute;lido y vivificante contiene tambi&eacute;n para este tiempo, las estructuras principales e inviolables que deben prevalecer sobre otras advenedizas que el paso de los siglos han vuelto caducas, cu&aacute;les han de conservarse firmemente como bienes necesarios en los monasterios, de manera que puedan decir los hermanos que todav&iacute;a siguen con seriedad por los caminos de la familia benedictina.<\/p>\n<p align=\"left\">Como sucede hoy en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica, con raz&oacute;n vosotros \u2014especialmente los que sois Pastores de las comunidades\u2014 os dais cuenta perfectamente de que es preciso que brille con claridad la propia identidad y calidad de los hijos y disc&iacute;pulos de San Benito. &quot;Hablo a los que saben&quot;: vosotros mismos que tantas veces hab&eacute;is le&iacute;do y meditado ampliamente vuestra regla, hab&eacute;is conocido muy bien lo que el Patriarca quiere construir y, al mismo tiempo, ense&ntilde;ar por medio de esa regla de la que \u2014como advierte\u2014 &quot;nadie se aparte temerariamente&quot; (3, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Est&aacute; bien claro que quiso construir &quot;la escuela del servicio divino&quot; (<i>Pr&oacute;l., <\/i>45), Por lo tanto, vuestra identidad est&aacute; en este servicio absoluto y universal al Bien Absoluto, que es Dios. Aunque el mundo todo ya est&aacute; en Dios, sin embargo, el monasterio \u2014como le gusta describirlo a San Benito\u2014 es &quot;la casa de Dios&quot;<i> (Regla,<\/i> 31, 19) de modo particular, pues el monje est&aacute; all&iacute; para servir al Se&ntilde;or de esa casa con humildad, obediencia y oraci&oacute;n, con el silencio y el trabajo, y ante todo con la caridad. Sab&eacute;is muy bien con cu&aacute;nta fuerza y &eacute;nfasis inculca vuestro padre legislador, para el seguimiento de Cristo, esta misma virtud como informadora de la vida mon&aacute;stica. El cuarto cap&iacute;tulo sobre los instrumentos de las buenas obras, nos da a conocer que la doctrina asc&eacute;tica y m&iacute;stica benedictina es en realidad sencillamente evang&eacute;lica, o sea, que emana del Evangelio aceptado y vivido con todas sus consecuencias.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, una vez admitida esta vuestra identidad y naturaleza, he aqu&iacute; que se exige \u2014como ocurre hoy tambi&eacute;n en todas partes\u2014 sincera, voluntad y amor hacia esa genuina &iacute;ndole vuestra. Esto pido a los benedictinos, esto desean todos en la Iglesia y en el mundo: que sean aut&eacute;nticos monjes seg&uacute;n la mente del Patriarca, que &quot;en realidad&quot; (&quot;revera&quot;) \u2014palabra que &eacute;l utiliza\u2014 sean buscadores de Dios y que amen a Dios, que se alegren de vivir alejados del mundo, pero, por comuni&oacute;n de amor, unidos a los hermanos en el mundo, que vivan, adem&aacute;s, en un contexto familiar de obediencia y caridad, de donde nazcan la paz y la alegr&iacute;a: &quot;que nadie se perturbe ni contriste en la casa de Dios&quot;<i>&nbsp;(Regla,<\/i>&nbsp;31, 19).<\/p>\n<p align=\"left\">Ciertamente, una largu&iacute;sima y jam&aacute;s interrumpida tradici&oacute;n \u2014esto es, la m&aacute;s larga de todas que puede compararse a la de la Iglesia\u2014 ha comprobado la nobleza, la hermosura y fecundidad de la espiritualidad benedictina. Gloriaos de ella, por lo tanto, con santo afecto, y teniendo en cuenta las necesarias y prudentes acomodaciones introducidas de acuerdo con los cambios de nuestro tiempo, seguid por el camino que marc&oacute; vuestro antiguo padre y legislador, y los padres de vuestra tradici&oacute;n; y no os dej&eacute;is arrastrar o captar por movimientos que tienden al secularismo, ni por irrazonables o innecesarias novedades, ni por inmoderadas opiniones de pluralismo, que a veces logran que os alej&eacute;is del camino de vuestro padre legislador. La claridad se ha manifestado como uno del los principales m&eacute;ritos de la regla, pues todos pueden f&aacute;cilmente percibir y comprender lo que prescribe y manda el gran maestro; s&oacute;lo hace falta que le sigan humilde y d&oacute;cil y gozosamente.<\/p>\n<p align=\"left\">Con la bendici&oacute;n de Dios, con el amable auxilio de Mar&iacute;a, Reina de los monjes, con la protecci&oacute;n de vuestro padre fundador, continuad, de acuerdo con el mensaje de su doctrina, desarrollada por la sana tradici&oacute;n y practicada por vuestro ejemplo fiel; continuad \u2014digo- tambi&eacute;n hoy y en el futuro, predicando la potencia de la fe, la dulce tarea de la oraci&oacute;n cristiana, el ardiente amor a la liturgia, las ventajas de la autoridad y la obediencia, el cultivo de la lectura divina y de todos los estudios sagrados, la dulzura de vuestro canto gregoriano, el entusiasmo diligente en los trabajos intelectuales y manuales, la dignidad del comportamiento exterior en las actitudes, as&iacute; como en el h&aacute;bito religioso, la alegr&iacute;a de la vida com&uacute;n y, ante todo, la adquisici&oacute;n sincera de la caridad y la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero en esta singular y consoladora reuni&oacute;n con todos los abades y superiores benedictinos, me place sobremanera \u2014m&aacute;s a&uacute;n, me parece necesario\u2014 recordar de nuevo lo que en la antes citada Carta Apost&oacute;lica dije ya sobre la propia figura paterna de vuestro padre legislador, a prop&oacute;sito del gobierno abacial. Vosotros sois indudablemente superiores, administradores y maestros: pero, ante todo, padres. Y en esta &quot;sociedad carente de padres&quot; \u2014como dije all&iacute; mismo (cf. VI)\u2014 deb&eacute;is dar testimonio de que San Benito pens&oacute; erigir su monasterio como una comunidad familiar, en la que el padre debe ser quien cuide y ense&ntilde;e y quien, sobre todo, ame y mire por sus monjes, respetando su dignidad, quien, finalmente, les haga adem&aacute;s part&iacute;cipes de sus consejos, los gu&iacute;e con un amor que tenga tambi&eacute;n cierta ternura de coraz&oacute;n maternal.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros deb&eacute;is tener como norma: &quot;ser m&aacute;s amados que temidos&quot;<i> (Regla, <\/i> 64, 14); y los dos cap&iacute;tulos de la regla que vienen a ser como vuestro Directorio, a saber, el cap&iacute;tulo 2 y el 64 \u2014pero sobre todo el maravilloso cap&iacute;tulo 64, que brot&oacute; realmente de un coraz&oacute;n lleno de sabidur&iacute;a y caridad\u2014 son como &quot;la carta magna&quot;, es decir, la ley principal que debe regir y penetrar toda la raz&oacute;n de ser de vuestra vida. Pero en realidad toda la regla habla de vosotros, para inculcaros sabidur&iacute;a y prudencia, inconmovible oposici&oacute;n a los vicios y promoci&oacute;n de la virtud, misericordia para con los d&eacute;biles y, ante todo, esa discreci&oacute;n romana y cristiana, que como nota peculiar, distingue al ilustre c&oacute;digo de vuestra regla, y ha sido la causa principal de su difusi&oacute;n por todas partes; m&aacute;s a&uacute;n, ha prevalecido entre todas las gentes. El equilibrio armonioso del abad engendra y sustenta el amor mutuo de &eacute;l y sus hijos, y el de los hermanos entre s&iacute;. En nuestro mundo, donde la falta de amor priva a los esp&iacute;ritus tanto de fuerzas como de alegr&iacute;as, vean todos y reconozcan por vuestros sacrificios magn&aacute;nimos que el monasterio es una sociedad de aut&eacute;ntico amor humano y sobrenatural.<\/p>\n<p>Antes de terminar, quiero saludar expresamente a las familias benedictinas de mujeres, algunas de las cuales han enviado sus delegadas. Bajo la luz y el perfume de virtud de Santa Escol&aacute;stica, que descansa en este mismo lugar junto a su hermano, vuestra pur&iacute;sima y virginal presencia \u2014hijas todas de San Benito\u2014 alegra y edifica al Pueblo de Dios. En el silencio de vuestro retiro, o en la humildad de vuestros trabajos, represent&aacute;is de modo singular \u2014m&aacute;s a&uacute;n, deb&eacute;is seguir con toda convicci&oacute;n\u2014 la actitud espiritual de la Virgen Madre Mar&iacute;a, que se alegraba de ser la esclava del Se&ntilde;or, profundamente entregada a la sola voluntad del Padre celestial. &quot;Floreced como el lirio, exhalad perfume suave y entonad c&aacute;nticos de alabanza&quot; <i>(Eclo<\/i> 39, 19). Y para gozo y utilidad de todos los hombres, vuestros hermanos en la tierra, cantad al Se&ntilde;or cast&iacute;simas alabanzas y cantad a vuestro Esposo Cristo el j&uacute;bilo mismo de vuestra uni&oacute;n &iacute;ntima por el amor.<\/p>\n<p>Padres y hermanos y hermanas todos: Alegr&eacute;monos, pues, con gran gozo, &quot;al celebrar la fiesta en honor de San Benito&quot;, de cuya gloria se alegran los &aacute;ngeles y los santos, cuya doctrina e instituci&oacute;n nos ayuda a miles de hombres, dentro o. Fuera del recinto de los monasterios, de cuyo ejemplo y patrocinio tantas ventajas reciben la Iglesia y todo el mundo. Tambi&eacute;n hoy resuena su voz: &quot;Nada absolutamente antepongan a Cristo&quot;<i> (Regla<\/i>, 72, 11). Este es su mensaje primero; y si su ardiente deseo es que todos los hermanos de las familias mon&aacute;sticas vivan en la paz, ciertamente el mismo anhelo y deseo se convertir&aacute; para toda la familia humana en verdad felic&iacute;sima y en realidad estable, si en ella entra definitivamente Cristo.<\/p>\n<p>Esto es lo que con todo cari&ntilde;o os quer&iacute;a decir. Sea, finalmente deseo y prenda de los frutos espirituales que surjan de esta celebraci&oacute;n benedictina, la bendici&oacute;n apost&oacute;lica que muy gozosamente os imparto.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A MONTECASSINO Y CASSINO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS ABADES EN EL MONASTERIO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 20 de septiembre de 1980 &nbsp; Venerables hermanos y queridos hijos e hijas: Esta bas&iacute;lica que \u2014resurgida prodigiosamente de entre las ruinas b&eacute;licas y consagrada de nuevo por mi inolvidable predecesor Pablo VI\u2014 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-septiembre-de-1980-santa-misa-concelebrada-en-la-abadia-de-montecassino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab20 de septiembre de 1980, Santa Misa concelebrada en la Abad\u00eda de Montecassino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39604","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39604"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39604\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39604"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39604"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}