{"id":39605,"date":"2016-10-05T22:55:56","date_gmt":"2016-10-06T03:55:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-septiembre-de-1980-misa-en-honor-de-santa-catalina\/"},"modified":"2016-10-05T22:55:56","modified_gmt":"2016-10-06T03:55:56","slug":"14-de-septiembre-de-1980-misa-en-honor-de-santa-catalina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-septiembre-de-1980-misa-en-honor-de-santa-catalina\/","title":{"rendered":"14 de septiembre de 1980, Misa en honor de santa Catalina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_siena_sp.htm\"> VISITA PASTORAL A SIENA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA EN HONOR DE SANTA CATALINA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza del Campo, Siena<br \/> Domingo 14 de septiembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;No olvidemos las grandes obras de Dios.<\/i><\/p>\n<p>Venimos hoy a Siena para recordar, despu&eacute;s de 600 a&ntilde;os, esa particular obra de Dios, que aqu&iacute; tuvo su comienzo: Catalina de Siena. Venimos no s&oacute;lo para recordarla en esta ciudad, sino tambi&eacute;n para bendecir a Dios en ella y por ella; para dar gracias a Dios por la obra que quiso realizar en ella y mediante ella<i> en la historia de la Iglesia y en la historia de Italia.<\/i> Despu&eacute;s de seis siglos, esta obra a&uacute;n permanece viva, y todav&iacute;a tiene su particular elocuencia. Catalina de Siena vive en Dios esa vida, cuyo comienzo fue injertado en ella mediante el bautismo, recibido aqu&iacute; en Siena, inmediatamente despu&eacute;s del nacimiento, acaecido, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, el 25 de marzo del a&ntilde;o 1347. Y esta su vida en Dios, en el tabern&aacute;culo de la Sant&iacute;sima Trinidad, confirma de modo definitivo la verdad de las palabras que pronunci&oacute; una vez San Ireneo, Padre de la Iglesia, en el siglo II: &quot;El hombre viviente es gloria de Dios&quot;.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Al mismo tiempo, Santa Catalina, en quien la gracia del bautismo madur&oacute; hasta los m&aacute;s altos &aacute;pices en el misterio de la Comuni&oacute;n de los Santos, vive tambi&eacute;n una vida ulterior<i> en la memoria y veneraci&oacute;n de la Iglesia.&nbsp;<\/i>El testimonio que ella dio de Cristo, Hijo del Padre, Verbo Eterno, Esposo de las almas inmortales, no s&oacute;lo permanece en la Iglesia, sino que asume, dir&iacute;a, un significado siempre nuevo. De ello es prueba el hecho de que una de las dos mujeres, honradas por Pablo VI con el t&iacute;tulo de Doctora de la Iglesia \u2014junto a Santa Teresa de &Aacute;vila\u2014, es precisamente ella: Catalina de Siena.<\/p>\n<p>Es dif&iacute;cil no maravillarse de esto. Efectivamente, ella fue una sencilla muchacha; no recibi&oacute; instrucci&oacute;n particular alguna (aprendi&oacute; a escribir cuando ya ten&iacute;a bastantes a&ntilde;os) y pas&oacute; r&aacute;pidamente por la vida, como si tuviese prisa de llegar al eterno tabern&aacute;culo de la Sant&iacute;sima Trinidad. Todo lo que ella fue, todo lo que realiz&oacute; en el curso de su vida de apenas 33 a&ntilde;os,<i> fue obra admirable de Dios mismo.<\/i> Fue obra del Esp&iacute;ritu Santo, al que la virgen sienesa estuvo sometida y obediente a semejanza de esa Mujer excelsa, que permanece para nosotros modelo inalcanzable: la Madre del Salvador.<\/p>\n<p>Efectivamente, favorecida con visiones celestiales desde la primera infancia, Catalina cultiv&oacute; constantemente una profunda uni&oacute;n con el Esposo divino, aun en medio de las ocupaciones agobiantes de su vida tan agitada. Lo pudo gracias a la &quot;celda interior&quot;, que hab&iacute;a llegado a construir en su intimidad. &quot;Haceos una celda en la mente, de la cual no pod&aacute;is jam&aacute;s salir&quot;, aconsejar&aacute; m&aacute;s tarde a sus disc&iacute;pulos, bas&aacute;ndose en la experiencia personal<i> (Legenda maior,<\/i> I, IV). Efectivamente, en ella &quot;encontramos el manjar ang&eacute;lico del ardiente deseo de Dios hacia nosotros&quot; (<i>Carta<\/i> 26).<\/p>\n<p>Es en esta contemplaci&oacute;n apasionada de los misterios de Cristo, unida con la conciencia de la propia nulidad (&quot;T&uacute; eres lo que no es, en cambio, yo soy el que soy&quot;:<i> Legenda maior.<\/i> I, X), donde debe buscarse el secreto de una acci&oacute;n, de cuya amplitud y car&aacute;cter incisivo quedamos a&uacute;n hoy asombrados. Es un secreto que desvela ella misma en las recomendaciones, que no se cansa de dirigir a los hijos espirituales: &quot;Poned, poned la boca en el costado del Hijo de Dios, porque es una fuente que echa fuego de caridad, y derrama sangre para lavar vuestras iniquidades. Digo que el alma que all&iacute; descansa y mira con los ojos del entendimiento el coraz&oacute;n consumido y abierto por amor, recibe en s&iacute; tantas semejanzas con &eacute;l, vi&eacute;ndose tan amada, que no puede menos de amar&quot; (<i>Carta <\/i>97). Es necesario remontarse a esta interior comuni&oacute;n de vida con Cristo, sellada por el don m&iacute;stico de los estigmas, para comprender el ascendiente que esta fr&aacute;gil e inerme muchacha pudo ejercer sobre todo g&eacute;nero de personas, sobre nobles y plebeyos, sobre hombres de Iglesia como sobre aventureros alejados de Dios y capaces de toda violencia.<\/p>\n<p>3. Es necesario acercarse a este fuego de amor para tener, adem&aacute;s, la explicaci&oacute;n del atractivo que la Santa de Siena contin&uacute;a ejerciendo tambi&eacute;n sobre nosotros, hombres del siglo XX. En efecto, Catalina vive a&uacute;n como una vida ulterior, aqu&iacute; sobre la tierra, en la memoria y en la veneraci&oacute;n de la Iglesia. Vive, particularmente, en la memoria y en la veneraci&oacute;n de su patria. Italia, que ve en ella, junto a San Francisco de As&iacute;s, a su principal Patrona. Y con toda raz&oacute;n. Efectivamente, Catalina am&oacute; a Italia y gast&oacute; sin medida las propias energ&iacute;as para hacer frente a tantos males que la aflig&iacute;an: fue enfermera junto al cabezal de los apestados; fue dispensadora de ayudas para los indigentes; suscit&oacute; iniciativas de caridad en favor de los necesitados de todo g&eacute;nero; sobre todo, fue embajadora de paz entre los individuos, las familias, los Estados.<\/p>\n<p>Este es un aspecto caracter&iacute;stico de la misi&oacute;n de la Santa: ella supo hacer resonar eficazmente la palabra de paz all&iacute; donde se ensa&ntilde;aba la fiebre de la discordia. Y realmente no faltaban discordias en la sociedad borrascosa de aquellos tiempos. Odios y contiendas constitu&iacute;an el pan de cada d&iacute;a de los soberbios grupos gentilicios, transformados en facciones de armas y estragos. Sospechas, tensiones, guerras, estallaban frecuentemente entre los varios Estados, en los que entonces estaba dividida la pen&iacute;nsula. Urg&iacute;a la obra mediadora de una persona que estuviese con toda seguridad por encima de las partes y sin embargo suficientemente cercana al coraz&oacute;n de cada uno para poder abrir brecha, suscitando atenci&oacute;n y consenso. Catalina asumi&oacute; esta tarea. S&oacute;lo con la fuerza del nombre de Cristo, apoyada por un amor ardiente a los hermanos, la fr&aacute;gil muchacha afront&oacute; a las facciones opuestas: llevando en los labios la invocaci&oacute;n: &quot;Paz, paz, paz&quot;, se interpuso entre los Gobiernos de las varias ciudades, intervino ante cada uno de los ciudadanos, llam&oacute; a todos al sentido de sus responsabilidades de hombres y de cristianos.<\/p>\n<p>Con intensos acentos, y sobre todo con la fuerza irresistible de la gracia, impetrada mediante la ofrenda de s&iacute; a Dios en la oraci&oacute;n y en las l&aacute;grimas, Catalina obtuvo conversiones y reconciliaciones, que parecen milagros.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Sin embargo, el aspecto que en la acci&oacute;n de Catalina tiene mayor relieve y que parece decidir su puesto particular en la memoria y en la veneraci&oacute;n de toda Italia, es el estrictamente ligado con el papel que desarroll&oacute; junto a los Papas, un papel que<i> Roma y la Sede de Pedro <\/i>no pueden olvidar. Precisamente por obra de Santa Catalina los Sucesores de Pedro regresaron de Avi&ntilde;&oacute;n a la Sede que les hab&iacute;a destinado la Providencia misma al comienzo de la historia de la Iglesia, en Roma precisamente, donde los Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo hab&iacute;an puesto los fundamentos de la fe no s&oacute;lo con las palabras de la predicaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n con el testimonio de la muerte padecida por amor a Cristo.<\/p>\n<p>Los Papas se hab&iacute;an trasladado a Avi&ntilde;&oacute;n, Francia, en los primeros a&ntilde;os del siglo, y as&iacute; numerosos obst&aacute;culos se interpon&iacute;an para su retorno. Catalina no se rindi&oacute;. Con valent&iacute;a, que le ven&iacute;a de la fe, habl&oacute;, escribi&oacute;, insisti&oacute;, or&oacute; y al final consigui&oacute;: el 17 de enero de 1377 el Papa Gregorio XI regresaba a Roma, acogido por el alborozo festivo de toda la poblaci&oacute;n. Un cap&iacute;tulo no alegre de la historia del Papado llegaba as&iacute; a su conclusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Por este motivo, desde los primeros d&iacute;as de mi servicio en la Sede de Pedro, despu&eacute;s de la visita a la bas&iacute;lica de &quot;Santa Maria sopra Minerva&quot;, he deseado tanto venir a Siena (lo mismo que fui a As&iacute;s), para &quot;unir en la tierra lo que est&aacute; unido en los cielos&quot; con el signo de esta visita. Y hoy que me es dado realizar este deseo, pronuncio, elevando mi esp&iacute;ritu, las palabras de la liturgia: &quot;No olvidemos las grandes obras de Dios&quot;. Santa Catalina de Siena es una gran obra de Dios.<\/p>\n<p>5.&nbsp;Esta visita y toda la solemnidad coinciden con el d&iacute;a en que la Iglesia celebra la<i> Exaltaci&oacute;n de la Santa Cruz.<\/i><\/p>\n<p>Escuchemos, pues, en el Evangelio las palabras que Cristo dirige a Nicodemo en el curso de ese di&aacute;logo nocturno, en el que el Hijo del Hombre revela a aquel escriba y a la vez ciudadano ilustre, la verdad central de la econom&iacute;a divina en la historia del hombre: &quot;A la manera que Mois&eacute;s levant&oacute; la serpiente en el desierto, as&iacute; es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que creyere en El tenga la vida eterna&quot;<i>&nbsp;(Jn<\/i>&nbsp;3, 14-15).<\/p>\n<p>Y&nbsp;escuchemos tambi&eacute;n en la segunda lectura las palabras de Pablo sobre Cristo Jes&uacute;s que &quot;se humill&oacute; hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 8), y precisamente por esto &quot;Dios le exalt&oacute; y le otorg&oacute; un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jes&uacute;s doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es Se&ntilde;or para gloria de Dios Padre&quot;<i> (Flp<\/i> 2, 9-11).<\/p>\n<p>Y&nbsp;pensemos, al reflexionar y en cierto modo al asimilar con toda el alma estas palabras (tan obvias por la certeza de la fe y al mismo tiempo tan inescrutables por la grandeza del misterio) &#8230;pensemos<i> de qu&eacute; modo particular fue &quot;exaltada&quot; la cruz de Cristo en el coraz&oacute;n<\/i> de vuestra conciudadana, Santa Catalina. Y reflexionemos c&oacute;mo ella misma fue<i> exaltada en la cruz.<\/i><\/p>\n<p>Porque aun cuando la cruz fue el signo de la ignominia del hombre, es al mismo tiempo verdad que en esta cruz el m&aacute;s &quot;<i>exaltado&quot;<\/i> es <i>el hombre.<\/i> Todo hombre. El hombre de todos los tiempos. He querido testimoniarlo inmediatamente al comienzo de mi servicio en la Sede romana mediante la Enc&iacute;clica <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i>. Hoy me alegro de que el d&iacute;a en que me ha sido dado honrar de modo particular a Santa Catalina de Siena, junto con toda la Iglesia y especialmente con toda. Italia, coincida precisamente con la fiesta de la Exaltaci&oacute;n de la Cruz.<\/p>\n<p>Catalina tuvo la intuici&oacute;n clar&iacute;sima del papel confiado a la cruz en la liberaci&oacute;n y &quot;exaltaci&oacute;n&quot; del hombre: &quot;El Cordero inmaculado \u2014escribe ella\u2014, para dar la libertad al hombre y hacerlo libre, se entreg&oacute; a S&iacute; mismo a la oprobiosa muerte de la sant&iacute;sima cruz. &iexcl;Ved qu&eacute; amor tan inefable!, que con la muerte nos ha dado la vida; padeciendo oprobios y vituperios nos ha dado honor; con las manos enclavadas y ligadas a la cruz, nos ha roto los lazos del pecado&quot; (<i>Carta<\/i> 28). &quot;Oh dulc&iacute;simo amor Jes&uacute;s \u2014ora ella tambi&eacute;n\u2014T&uacute; has jugado con la muerte con los brazos en la cruz&quot; (<i>Carta<\/i> 97), &quot;has puesto en paz por medio de tu muerte al hombre con Dios: porque los clavos se nos han convertido en llave que ha abierto la vida eterna&quot; <i>(Carta<\/i> 184).<\/p>\n<p>6. Jesucristo contin&uacute;a hablando a Nicodemo: &quot;Porque tanto am&oacute; Dios al mundo, que le dio su Hijo unig&eacute;nito, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna&quot;<i> (Jn<\/i> 3, 16).<\/p>\n<p><i>El Evangelio es mensaje de vida. <\/i>El cristianismo lleva profundamente en todo su contenido el sentido del valor de la vida y del respeto a la vida. El amor de Dios, como Creador, se manifiesta en esto, que El es dador de vida. El amor de Dios, como Creador y Padre, se manifiesta en esto, que el hombre, creado a su imagen y semejanza como var&oacute;n y mujer, ha sido hecho por El, desde el principio, su colaborador,<i> colaborador del Creador en la obra de dar la vida.<\/i> A esta tarea est&aacute; unida una particular dignidad del hombre: la dignidad generativa, la dignidad del padre y de la madre, dignidad fundamental e insustituible en todo el orden de la vida humana: individual y social al mismo tiempo.<\/p>\n<p>El problema de la afirmaci&oacute;n de la vida humana desde el primer instante de su concepci&oacute;n y, en caso de necesidad, tambi&eacute;n el problema de la defensa de esta vida, est&aacute; unido de modo estrech&iacute;simo<i> con el orden m&aacute;s profundo de la existencia de hombre, como ser individual y como ser social,<\/i> para quien el ambiente primero y fundamental no puede ser sino el de una aut&eacute;ntica <i>familia humana.<\/i><\/p>\n<p>Por esto es necesaria la afirmaci&oacute;n expl&iacute;cita de la vida humana desde el primer instante de su concepci&oacute;n bajo el coraz&oacute;n de la madre, es necesaria tambi&eacute;n la defensa de esta vida cuando est&aacute; amenazada de cualquier modo (amenazada tambi&eacute;n socialmente), es necesaria e indispensable, porque, a fin de cuentas, se trata aqu&iacute; de la<i> fidelidad a la humanidad<\/i> misma, de la<i> fidelidad a la dignidad del hombre.<\/i><\/p>\n<p>Se debe aceptar esta dignidad desde el principio. Si. se la destruye en &eacute;l seno de la mujer, en el seno de la madre, ser&aacute; dif&iacute;cil defenderla despu&eacute;s en tantos campos y &aacute;mbitos de la vida y de la convivencia humana.<\/p>\n<p>Efectivamente, &iquest;c&oacute;mo es posible hablar de derechos humanos, cuando se viola este derecho primigenio? Muchos disertan hoy sobre la dignidad del hombre, pero no vacilan, despu&eacute;s, en conculcar al ser humano, cuando &eacute;ste se asoma, d&eacute;bil e indefenso, a los umbrales de la vida. &iquest;No hay una contradicci&oacute;n en todo esto? No debemos cansarnos de afirmarlo: el derecho a la vida es el derecho fundamental del ser humano, un<i> derecho de la persona, que obliga desde el principio.<\/i><\/p>\n<p>En efecto, Dios ha amado tanto al mundo que le dio su Hijo unig&eacute;nito, para que todo el que crea en El tenga la vida&#8230;<\/p>\n<p>Y Dios ha amado tanto la maternidad humana, la maternidad de una Mujer \u2014de la Virgen de Nazaret, mediante la cual pudo dar al mundo su Hijo unig&eacute;nito\u2014, que a esta luz toda<i> maternidad<\/i> humana adquiere una dimensi&oacute;n extraordinaria.<i> Y sagrada.<\/i><\/p>\n<p>La vida es sagrada. Es sagrada la maternidad de cada madre.<\/p>\n<p>De aqu&iacute; el problema de la afirmaci&oacute;n de la vida. El problema de la defensa de la vida ya en el seno de la madre es, para todos los que confiesan a Cristo, un problema de fe y un problema de conciencia.<\/p>\n<p>Y es problema de conciencia tambi&eacute;n para los otros, para todos los hombres sin excepci&oacute;n: lo es<i> en virtud de su misma humanidad.<\/i><\/p>\n<p>Aqu&iacute;, ante Santa Catalina de Siena, Patrona de Italia, presento a Dios juntamente con vosotros, una ferviente s&uacute;plica, a fin de que estas fuerzas de fe y estas fuerzas de conciencia se vuelvan a encontrar y se manifiesten en medio de esta naci&oacute;n, que siempre se ha distinguido por su gran amor a la familia y al ni&ntilde;o. Pido a Dios que esta <i>naci&oacute;n<\/i> no disipe su herencia fundamental:<i> herencia de vida y herencia de amor responsable,<\/i> que sirviendo a la vida, se expresa a s&iacute; misma frente a Dios y frente a los hombres. Que no disipe Italia esta herencia, m&aacute;s a&uacute;n, que la exalte en una promoci&oacute;n efectiva del ser humano a todos los niveles, y la traduzca en una tutela positiva y plena, incluso jur&iacute;dica, de sus derechos inalienables, el primero de los cuales es y ser&aacute; siempre el derecho a la vida. &quot;No olvidemos las grandes obras de Dios&quot;.<\/p>\n<p>7. Las obras del Dios vivo son <i>m&aacute;s grandes que el hombre y que el mundo.<\/i> M&aacute;s grande que el hombre y que el mundo es ese amor con el que Dios ha amado al mundo, d&aacute;ndole su Hijo: &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo, que le dio su unig&eacute;nito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna&quot;<i> (Jn<\/i> 3, 16).<\/p>\n<p>Catalina de Siena se convirti&oacute; para la generaci&oacute;n de entonces y para las futuras en un<i> testigo<\/i> insuperable <i>de ese amor,<\/i> porque estaba<i> inmersa, <\/i>de modo extraordinario, en Dios y en sus &quot;grandes problemas&quot;<i> (magnalia).<\/i><\/p>\n<p>Tampoco faltan en nuestra generaci&oacute;n los hombres, no faltan los j&oacute;venes, que buscan con ardor a Dios, y estando en relaci&oacute;n con El, descubren la profunda belleza del mundo y el sentido transcendente de la propia humanidad. Porque el mundo, por s&iacute; mismo, no aleja al hombre de Dios, sino que lo conduce a El. No en las criaturas, sino en el coraz&oacute;n humano, se deben buscar las causas<i> del alejamiento de Dios,<\/i> de la indiferencia espiritual y de ese estar tan<i> absorbidos por el mundo, <\/i>como si &eacute;l constituyese la &uacute;nica dimensi&oacute;n del ser humano.<\/p>\n<p>Hall&aacute;ndonos aqu&iacute; ante Santa Catalina, la muchacha extraordinaria que naci&oacute; en esta ciudad y se distingui&oacute; por la misi&oacute;n especial que le confi&oacute; la Providencia para con la Iglesia y para con Italia, debemos pedir la renovaci&oacute;n del esp&iacute;ritu, esto es, la capacidad de volvernos hacia Dios y de &quot;sumergirnos&quot; en El, como exige nuestro conocimiento actual del mundo y del hombre en el mundo.<\/p>\n<p>Porque se trata de esto: que el hombre &quot;no perezca&quot;, completamente absorbido por el mundo, sino que &quot;<i>tenga la vida eterna&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Esta vida no viene del mundo, sino<i> de Dios<\/i>: de esto da testimonio de modo irrefutable Santa Catalina de Siena.<\/p>\n<p>La gloria de Dios es el hombre viviente, que vive la plenitud de vida que viene de Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SIENA MISA EN HONOR DE SANTA CATALINA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza del Campo, Siena Domingo 14 de septiembre de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;No olvidemos las grandes obras de Dios. 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