{"id":39608,"date":"2016-10-05T22:56:00","date_gmt":"2016-10-06T03:56:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-septiembre-de-1980-santa-misa-en-la-explanada-de-la-catedral-de-velletri\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:00","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:00","slug":"7-de-septiembre-de-1980-santa-misa-en-la-explanada-de-la-catedral-de-velletri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-septiembre-de-1980-santa-misa-en-la-explanada-de-la-catedral-de-velletri\/","title":{"rendered":"7 de septiembre de 1980, Santa Misa en la explanada de la catedral de Velletri"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_velletri.html\">VISITA PASTORAL A VELLETRI<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA EXPLANADA <br \/> DE LA CATEDRAL DE VELLETRI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 7 de septiembre de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>1. Ante todo, deseo manifestaros mi gran alegr&iacute;a al poderme encontrar entre vosotros, en vuestra bell&iacute;sima Velletri. Os saludo a todos con particular cordialidad y os doy las gracias vivamente por vuestra entusiasta acogida. Mi saludo se dirige, de modo particular, al se&ntilde;or cardenal Sebastiano Baggio, Prefecto de la Sagrada Congregaci&oacute;n para los Obispos, titular de esta gloriosa iglesia suburbicaria: al benem&eacute;rito obispo Dante Bernini, a los miembros del presbiterio diocesano, a todos los representantes de las Ordenes religiosas masculinas y femeninas, a los futuros sacerdotes, a los que se preparan para el diaconado permanente. a los alumnos de la escuela de teolog&iacute;a para laicos y a todos los que pertenecen a las diversas Asociaciones seglares. Este encuentro nuestro, ennoblecido por el contexto de la Santa Misa que estamos celebrando, es una &oacute;ptima ocasi&oacute;n para confesar juntos nuestra fe com&uacute;n en Cristo Jes&uacute;s, Se&ntilde;or nuestro, y para expresar la mutua comuni&oacute;n.<\/p>\n<p>S&eacute; que me encuentro en una ciudad antigua e ilustre, tanto en el &aacute;mbito civil como en el eclesi&aacute;stico; en cuanto al primero, basta pensar en los or&iacute;genes del Emperador Octaviano Augusto; en el segundo sobresalen las figuras de no pocos obispos de Velletri elevados, o a la C&aacute;tedra de Pedro o incluso al honor de los altares. Pero igualmente s&eacute; muy bien que la vitalidad de los hijos de Velletri no se limita en absoluto al pasado, sino que constituye un patrimonio fecundo en el presente, en virtud del cual vuestra ciudad se distingue por su dinamismo en distintos niveles. De esto doy testimonio y, mientras me complazco por ello, os animo paternalmente a proseguir con igual empe&ntilde;o, tratando sobre todo de mantener siempre en alto el nombre cristiano que os distingue.<\/p>\n<p>2. Las lecturas b&iacute;blicas, que nos propone la liturgia de este domingo, se centran en torno al concepto de la sabidur&iacute;a cristiana que cada uno de nosotros est&aacute; invitado a adquirir y profundizar. Por esto el vers&iacute;culo del Salmo responsorial est&aacute; formulado con estas hermosas palabras: &quot;Danos. Se&ntilde;or, la sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n&quot;. Efectivamente, sin ella, &iquest;c&oacute;mo ser&iacute;a posible plantear dignamente nuestra vida, afrontar sus muchas dificultades y, m&aacute;s a&uacute;n, conservar siempre una actitud profunda de paz y serenidad interior? Pero para hacer esto, como ense&ntilde;a la primera lectura, es necesaria la humildad, es decir, el sentido aut&eacute;ntico de los propios l&iacute;mites, unido al deseo intenso de un don de lo alto, que nos enriquezca desde dentro. El hombre de hoy, en efecto, por una parte encuentra arduo abrazar y entender todas las leyes que regulan el universo material, que tambi&eacute;n son objeto de observaci&oacute;n cient&iacute;fica. pero, por otra parte, se atreve a legislar con seguridad sobre las cosas del esp&iacute;ritu, que por definici&oacute;n escapan a los datos f&iacute;sicos: &quot;Si apenas adivinamos lo que en la tierra sucede, &#8230;&iquest;qui&eacute;n rastrear&aacute; lo que sucede en el cielo, &#8230;si t&uacute; no enviaste de lo alto tu esp&iacute;ritu santo?&quot;<i> <\/i> (<i>Sab<\/i> 9, 16-17).<\/p>\n<p>Aqu&iacute; se configura la importancia de ser verdaderos disc&iacute;pulos de Cristo porque, mediante el bautismo. El se ha convertido en nuestra sabidur&iacute;a (cf.<i> 1 Cor <\/i> 1, 30), y por lo mismo la medida de todo lo que forma el tejido concreto de nuestra vida. El Evangelio que se ha le&iacute;do pone en evidencia que Jesucristo es necesariamente el centro en nuestra existencia. Y lo hace con tres frases condicionales: si no le ponemos a El por encima de nuestras cosas m&aacute;s queridas, si no nos disponemos a ver nuestras cruces a la luz de la suya, si no tenemos el sentido de la relatividad de los bienes materiales, entonces no podemos ser sus disc&iacute;pulos, esto es, llamarnos cristianos. Se trata de interpelaciones esenciales a nuestra identidad de bautizados; sobre ellos debemos reflexionar siempre mucho, aunque ahora basta aludir brevemente.<\/p>\n<p>3. Querid&iacute;simos hijos de Velletri, sobre estas s&oacute;lidas bases evang&eacute;licas se injertan y adquieren un significado todav&iacute;a mayor otros importantes valores humanos y cristianos. S&eacute; que en Velletri se suele decir que se cultivan en particular tres amores: la familia, el trabajo y la Virgen. Pues bien, si me lo permit&iacute;s, quiero deciros que los comparto, y me es grato hablar brevemente sobre cada uno de ellos.<\/p>\n<p>Ante todo, la familia: es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir al mundo, y su experiencia es decisiva para siempre. Por esto es importante cuidarla y protegerla, para que pueda realizar adecuadamente las tareas espec&iacute;ficas que le son reconocidas y confiadas por la naturaleza y por la revelaci&oacute;n cristiana. La familia es el lugar del amor y de la vida, m&aacute;s a&uacute;n, el lugar donde el amor engendra la vida, porque ninguna de estas dos realidades ser&iacute;a aut&eacute;ntica si no estuviese acompa&ntilde;ada tambi&eacute;n por la otra. He aqu&iacute; por qu&eacute; el cristianismo y la Iglesia las defienden desde siempre y las colocan en mutua correlaci&oacute;n. A este respecto sigue siendo verdadero lo que mi predecesor, el gran Papa Pablo VI, proclamaba ya en su primer radiomensaje de Navidad en 1963: se est&aacute; &quot;a veces tentado a recurrir a remedios que se deben considerar peores que la enfermedad, si consisten en atentar contra la fecundidad misma de la vida con medios que la &eacute;tica humana y cristiana ha de calificar de il&iacute;citos: en vez de aumentar el pan en la mesa de la humanidad hambrienta, como lo puede hacer hoy el desarrollo productivo moderno, piensan algunos en disminuir, con procedimientos contrarios a la honradez, el n&uacute;mero de los comensales. Esto no es digno de la civilizaci&oacute;n&quot;&nbsp;(<i>Insegnamenti di Paulo VI.<\/i> I, 1963, p&aacute;g. 419). Hago plenamente m&iacute;as estas palabras y, a&uacute;n m&aacute;s, quisiera subrayarlas con mayor fuerza, en vista de que desde que fueron pronunciadas hasta hoy la situaci&oacute;n se puede decir que se ha agravado y hay necesidad del compromiso responsable y activo de todos los hombres honestos, a todos los niveles de la convivencia civil. Ciertamente sab&eacute;is que el inminente S&iacute;nodo de los Obispos tiene como tema de sus estudios precisamente el de la familia; roguemos al Se&ntilde;or para que sea fecundo en positivos y duraderos resultados para el bien de la Iglesia y de la misma sociedad humana.<\/p>\n<p>4. En segundo lugar, vosotros am&aacute;is el trabajo. En estas f&eacute;rtiles colinas vuestro trabajo se concreta ciertamente en la imagen alegre y serena de la vi&ntilde;a, que produce el t&iacute;pico y c&eacute;lebre vino local, del que os sent&iacute;s tan orgullosos, y justamente. Pero no olvido cualquier otro tipo de actividad a la que cada uno de vosotros se aplica con el fin de ganar el pan de cada d&iacute;a para s&iacute; y para sus seres queridos.<\/p>\n<p>La Iglesia, como sab&eacute;is, dedica sus atenciones m&aacute;s sol&iacute;citas a los problemas del trabajo y de los trabajadores. En mis viajes apost&oacute;licos no he dejado de trazar las l&iacute;neas maestras de esta primaria solicitud pastoral; y vosotros record&aacute;is adem&aacute;s c&oacute;mo el Concilio Vaticano II ha afirmado que el trabajo &quot;procede inmediatamente de la persona, la cual marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 67). Adem&aacute;s, dada su importancia social, el trabajo necesita ser no s&oacute;lo promovido, sino tambi&eacute;n protegido y defendido, de manera que los deberes de los trabajadores se equilibren justamente con sus derechos reconocidos y respetados. Jam&aacute;s ser&aacute; l&iacute;cito, desde el punto de vista cristiano, someter la persona humana ni a un individuo ni a un sistema, de modo que se la convierta en mero instrumento de producci&oacute;n. En cambio, siempre es considerada superior a todo provecho y a toda ideolog&iacute;a; jam&aacute;s al rev&eacute;s.<\/p>\n<p>Deseo que vuestro trabajo os temple en virtudes fuertes y probadas, os haga cada vez m&aacute;s maduros y conscientes constructores del bien com&uacute;n, y realizadores de esa solidaridad que, tomando origen de Dios Creador, une y afianza vuestra convivencia. M&aacute;s a&uacute;n, me agrada ver en el producto de vuestra tierra buena un s&iacute;mbolo elocuente de fraternidad y mutua comuni&oacute;n, de manera que los hombres se transformen en otros tantos comensales, iguales y alegres, sentados al banquete de esta vida, como prefiguraci&oacute;n del convite futuro y eterno que compartiremos con nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>5. Finalmente, vosotros am&aacute;is a la Madre de Jes&uacute;s. S&eacute; que quer&eacute;is de modo especial a la Virgen de las Gracias, cuya imagen se custodia filialmente y venera en vuestra hermosa catedral. Me congratulo de ello grandemente, y os exhorto a perseverar en esta devoci&oacute;n que. si se entiende y vive rectamente, os lleva con toda seguridad a penetrar cada vez en el misterio de Cristo, nuestro &uacute;nico Salvador. El coraz&oacute;n de su Madre es grande y tierno de tal modo, que vuelca el propio amor tambi&eacute;n sobre cada uno de nosotros, necesitados como estamos cada d&iacute;a de su protecci&oacute;n. Por esto la invocamos con plena confianza. Y por esto tambi&eacute;n os encomiendo a Ella, mis querid&iacute;simos hijos de Velletri, a todos vosotros aqu&iacute; presentes, y a cuantos no han podido participar en este maravilloso encuentro.&nbsp;De modo especial conf&iacute;o a sus cuidados maternales a los enfermos, a los ancianos, a los ni&ntilde;os, a cuantos se sienten solos y d&eacute;biles o se encuentran en particular necesidad. Todos tenemos lugar &eacute;n su coraz&oacute;n y, bajo su gu&iacute;a, podemos afrontar valientemente las dificultades de la vida, y sobre todo llegar a una plena madurez cristiana..<\/p>\n<p>Este es tambi&eacute;n mi viv&iacute;simo deseo, cordial y Heno de bendiciones. As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A VELLETRI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA EXPLANADA DE LA CATEDRAL DE VELLETRI Domingo 7 de septiembre de 1980 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. Ante todo, deseo manifestaros mi gran alegr&iacute;a al poderme encontrar entre vosotros, en vuestra bell&iacute;sima Velletri. 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