{"id":39610,"date":"2016-10-05T22:56:06","date_gmt":"2016-10-06T03:56:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-agosto-de-1980-santa-misa-en-la-basilica-de-collemaggio\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:06","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:06","slug":"30-de-agosto-de-1980-santa-misa-en-la-basilica-de-collemaggio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-agosto-de-1980-santa-misa-en-la-basilica-de-collemaggio\/","title":{"rendered":"30 de agosto de 1980, Santa Misa en la Bas\u00edlica de Collemaggio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_aquila_sp.htm\">VISITA PASTORAL A L&#8217;AQUILA<\/a><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DE COLLEMAGGIO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/font> <\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 30 de agosto de 1980<\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas de Abruzo y Molisa:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Es para m&iacute; una alegr&iacute;a encontrarme con vosotros en este escenario estupendo, donde la bas&iacute;lica de Collemaggio parece haber sido construida por la mano del hombre para expresar en una magn&iacute;fica s&iacute;ntesis de arte y de oraci&oacute;n lo que la contemplaci&oacute;n de vuestras monta&ntilde;as suscita en el coraz&oacute;n: el sentido de lo infinito, el verticalismo de la vida, el esplendor de Dios, reflejado en la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiz&aacute; tambi&eacute;n San Bernardino de Siena, al venir aqu&iacute; para dar comienzo a su predicaci&oacute;n en el entonces Reino de N&aacute;poles, y llamado desde esta ciudad a subir a otro Reino, contempl&oacute; y goz&oacute; el esplendor de estas criaturas de Dios, a las que, como el Pobrecito de As&iacute;s, habr&aacute; saludado, &iquest;qui&eacute;n sabe?, con el dulce apelativo de &quot;hermanas&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos reunidos aqu&iacute; en la asamblea eucar&iacute;stica para celebrar, de esta forma lit&uacute;rgica, el VI centenario de San Bernardino de los Albizzeschi, nacido en tierra toscana el&nbsp;1380, pero que, por un misterioso designio de la Providencia, se convirti&oacute;, con su muerte, en ciudadano tambi&eacute;n de Aquila.<\/p>\n<p align=\"left\">Y yo quiero saludaros a todos vosotros, queridos fieles de Aquila; a todos vosotros, queridos peregrinos de Abruzo y Molisa, y de otras regiones cercanas y lejanas; como a todos los hijos de estas regiones que han emigrado m&aacute;s all&aacute; de los montes, m&aacute;s all&aacute; de los mares y de los oc&eacute;anos, pero vuelven con frecuencia a su inolvidable tierra, y quiz&aacute; muchos se encuentran hoy aqu&iacute; con nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero saludar a los obispos aqu&iacute; presentes, a las autoridades del Estado, de la regi&oacute;n y de los ayuntamientos, a las militares, y dar las gracias a todos, juntamente con sus colaboradores, los que han trabajado para preparar esta celebraci&oacute;n y para acoger en esta ciudad y regi&oacute;n, en mi humilde persona, al Vicario de Cristo, al Obispo de Roma. Saludo adem&aacute;s, con particular afecto, a los enfermos reunidos dentro de la bas&iacute;lica, con los cuales me detendr&eacute; despu&eacute;s de la Misa. A todos os digo:<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;El Se&ntilde;or est&eacute; con vosotros!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En este momento de la asamblea, despu&eacute;s de la liturgia de la Palabra, quiero ofreceros tambi&eacute;n algunos puntos de reflexi&oacute;n a prop&oacute;sito de las p&aacute;ginas del libro sagrado que hemos escuchado.<\/p>\n<p align=\"left\">2. La primera lectura nos ha recordado algunas advertencias del Sir&aacute;cida, este sabio escritor del Antiguo Testamento, que defiende el patrimonio religioso y cultural de los padres y recomienda la modestia, la humildad, la fidelidad a la ley de Dios, como camino de la salvaci&oacute;n que hace encontrar gracia ante el Se&ntilde;or (<i>Sir<\/i> 3, 19-21; 30-31).<\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelio de Lucas (14, 1; 7-14) recuerda la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s en casa de uno de los fariseos que lo hab&iacute;a invitado a comer, ante la gente que estaba observ&aacute;ndole: al ver que los invitados eleg&iacute;an los primeros puestos, Jes&uacute;s ense&ntilde;a las normas de la humildad, no s&oacute;lo en la mesa, sino en toda la vida cristiana, advirtiendo: &quot;El que se ensalza ser&aacute; humillado, y el que se humilla ser&aacute; ensalzado&quot;. Luego a&ntilde;ade la lecci&oacute;n del desinter&eacute;s, recomendando a su anfitri&oacute;n no invitar a comer a los parientes y a los amigos ricos para obtener su correspondencia. Finalmente, le se&ntilde;ala que la verdadera recompensa del bien que se hace a los indigentes se encuentra en Dios, al que nos parecemos m&aacute;s con la caridad, hasta la plena alegr&iacute;a en la resurrecci&oacute;n de los justos.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &iquest;No os parece, querid&iacute;simos hermanos y hermanas, que estos textos b&iacute;blicos constituyen el pedestal sobre el que podemos ver elevado en la gloria de los &quot;justos&quot; a San Bernardino?<\/p>\n<p align=\"left\">Habiendo quedado hu&eacute;rfano de padre y madre a los seis a&ntilde;os de edad, el peque&ntilde;o hijo de los Albizzeschi creci&oacute; en el silencio y en la virtud, totalmente ocupado en los estudios human&iacute;sticos y jur&iacute;dicos, que sin embargo trunc&oacute; a los veinte a&ntilde;os para dedicarse al servicio de los apestados en el hospital de la Scala, de su ciudad. Despu&eacute;s sinti&oacute; la necesidad de ocultarse a&uacute;n m&aacute;s, de elegir el &quot;&uacute;ltimo puesto&quot; entre los seguidores de San Francisco, aunque tomando de nuevo los libros \u2014a los que amaba much&iacute;simo\u2014 para profundizar en el saber, adquirir una buena cultura teol&oacute;gica y prepararse as&iacute; para el apostolado de la predicaci&oacute;n. Y se convirti&oacute; en predicador peregrinante de gran &eacute;xito, comenzando su camino apost&oacute;lico en G&eacute;nova, el 1417, y pasando despu&eacute;s por innumerables ciudades y pueblos de Italia septentrional y central donde atra&iacute;a a muchedumbres enormes y, lo que cuenta m&aacute;s, realizaba conversiones, pacificaciones, reformas, porque la gente se sent&iacute;a tocada por su palabra como por un soplo de la gracia de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero cuanto m&aacute;s crec&iacute;a su popularidad, se hac&iacute;a m&aacute;s peque&ntilde;o. No aspiraba a grandes cosas, a los &quot;primeros puestos&quot;; m&aacute;s a&uacute;n, si ser nombrado obispo pod&iacute;a aparecer entonces como un subir a los &quot;primeros puestos&quot;, nada menos que tres veces rehus&oacute; aceptar, sintiendo que su misi&oacute;n y su carisma eran los del humilde hermano que enciende de nuevo, de pueblo en pueblo, en la gente humilde y viva, el sentido cristiano de la vida, el descubrimiento del valor de la sencillez y de la pobreza, y lo que con lenguaje moderno, que tambi&eacute;n he utilizado en mi <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1980\/june\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800602_unesco_sp.html\">discurso a la UNESCO<\/a> (n&uacute;m. 17), se puede llamar el &quot;primado del<i> ser<\/i> sobre el<i> tener&quot;.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">4. Era el significado m&aacute;s profundo de la lecci&oacute;n del Sir&aacute;cida y m&aacute;s todav&iacute;a de la de Jes&uacute;s, sobre la humildad; a la que San Bernardino a&ntilde;ad&iacute;a la llamada al desinter&eacute;s, a la caridad y, a&uacute;n m&aacute;s, a la justicia, en un tiempo en el que el nuevo desarrollo de los comercios y de los intercambios llevaba a una expansi&oacute;n de las finanzas, en las que el pr&eacute;stamo con usura se convert&iacute;a frecuentemente en el dogal de los pobres, mientras aumentaban los desniveles sociales. En la predicaci&oacute;n del Santo se siente siempre bramar el esp&iacute;ritu de un hombre bueno con los pobres, indulgente con los d&eacute;biles, llevado frecuentemente al humorismo ante la realidad de la vida, pero fuerte, decidido y firme contra el vicio y al propugnar la justicia y la caridad. San Bernardino fue el propugnador de la ley de Dios y el ap&oacute;stol de las clases populares, como su padre San Francisco, como los Ap&oacute;stoles, como el mismo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Pero hay en la vida y en la predicaci&oacute;n del Santo algo que nos lo presenta como aquel que se identific&oacute; profundamente con los necesitados espirituales de su tiempo y se convirti&oacute; en el heraldo del mensaje divino, el Evangelio, y, a&uacute;n m&aacute;s, del misterio que llena el Evangelio y que fray Bernardino sintetizaba en el nombre de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">El fue el inventor y el propagador del &quot;trigramma&quot; I H S (Ihesus), que hizo pintar en oro sobre tablillas con rayos alrededor, a los que atribu&iacute;a particulares significados simb&oacute;licos. Con este medio fray Bernardino difundi&oacute; por todas las partes por donde pasaba, la devoci&oacute;n al Sant&iacute;simo Nombre de Jes&uacute;s, ya practicada en monasterios y conventos desde siglos, pero que ahora se convert&iacute;a en un bien com&uacute;n del pueblo cristiano.<\/p>\n<p align=\"left\">Incluso hoy en las puertas de muchas iglesias y de muchas casas, como tambi&eacute;n de antiguos palacios p&uacute;blicos, en muchas ciudades de Italia, se ven esculpidos esos escudos con el Nombre de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">C&oacute;mo quisiera que la celebraci&oacute;n del centenario de San Bernardino contribuyese tambi&eacute;n, y sobre todo, a esto: a hacer que el Nombre de Jes&uacute;s vuelva a aparecer como signo de la fe y de la vida cristiana de las familias, en las puertas de las casas, en su interior, en Italia y en los otros pa&iacute;ses. Se lo pido a los padres y a las madres de familia, pero tambi&eacute;n a los j&oacute;venes, a los que estimo y amo, y especialmente a los nuevos esposos: que aparezca de nuevo el Nombre de Jes&uacute;s en vuestras casas. Os lo repito con las mismas palabras de San Bernardino: &quot;Poned el nombre de Jes&uacute;s en vuestras casas, en vuestras habitaciones, tenedlo en el coraz&oacute;n&quot; (Predicaci&oacute;n cuaresmal en Florencia, 1425, en<i> Le prediche volgari,<\/i> Firenze, 1940, II, p&aacute;gs. 190 y ss.).<\/p>\n<p align=\"left\">6.&nbsp;San Bernardino, en su tiempo, tuvo la intuici&oacute;n de que el misterio de Jes&uacute;s, &quot;camino, verdad y vida&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 6), encerrado en su Nombre que significaba<i> salvaci&oacute;n,<\/i> era el anuncio del que ten&iacute;an necesidad los hombres de entonces, como los de siempre, y por esto se dedic&oacute; a la predicaci&oacute;n del Evangelio bajo este santo signo: &quot;refugio de los penitentes, bandera de los que combaten, medicina de los que desfallecen, consuelo de los que sufren, honor de los creyentes, esplendor de los evangelizadores, m&eacute;rito de los que trabajan, ayuda de los inconstantes, aliento de los que meditan, satisfacci&oacute;n de los que oran, deleite de los contemplativos, gloria de los que triunfan&quot;. Es la explicaci&oacute;n que da fray Bernardino a los doce rayos &aacute;ureos que en las tablillas circundan el &quot;trigramma&quot; I H S (cf.<i> De glorioso nomine Iesu Christi;<\/i> Sermo 49, Opera, II, n. 293-302), subdivididos en la triple clasificaci&oacute;n tradicional de los imperfectos, de los proficientes, de los perfectos en la vida espiritual. Pero ese signo simb&oacute;lico traduc&iacute;a su descubrimiento de un Cristo que trae a todos los hombres, en todos los tiempos y en todas las condiciones de vida, un mensaje salv&iacute;fico de valor universal.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; el Nombre de Jes&uacute;s se convirti&oacute; en un tema vivo y vivificante de su predicaci&oacute;n para los hombres del siglo XV, y era una llama encendida tambi&eacute;n en toda la radiaci&oacute;n de los preceptos de orden moral, sobre los que el Santo llamaba la atenci&oacute;n de los individuos, de las familias, de la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\">La misma moral cristiana encontraba una nueva fuerza persuasiva y plasmadora, porque se convert&iacute;a en la expresi&oacute;n e irradiaci&oacute;n de Cristo, Maestro de vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n para nosotros se trata de recibir de San Bernardino el mensaje sobre el Cristo de la Nueva y Eterna Alianza, renovador de todas las cosas (cf.<i> Ap<\/i> 21, 5), vivificador del hombre en todas las dimensiones de su existencia.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Es el mismo mensaje que la Iglesia nos ha hecho o&iacute;r en el Concilio, del que os recordar&eacute; solamente una p&aacute;gina de la Constituci&oacute;n<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> donde se lee que &quot;la Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Esp&iacute;ritu Santo, a fin de que pueda responder a su vocaci&oacute;n suprema, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que puedan salvarse los hombres. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Se&ntilde;or y Maestro. Afirma adem&aacute;s la Iglesia que, bajo la superficie de lo cambiante, hay muchas cosas permanentes que tienen su &uacute;ltimo fundamento en Cristo, que es siempre el mismo: ayer, hoy y para siempre&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>&nbsp;10).<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n mi predecesor Pablo VI, en su Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\"> Evangelii nuntiandi<\/a>,<\/i> afirm&oacute; que &quot;la evangelizaci&oacute;n debe contener siempre \u2014como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo\u2014 una clara proclamaci&oacute;n de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvaci&oacute;n a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>,<\/i> 27). Y yo mismo lo he repetido en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a>:<\/i> &quot;El objeto esencial y primordial de la catequesis es&#8230; &#8216;el misterio de Cristo&#8217;&#8230; El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no s&oacute;lo en contacto, sino en comuni&oacute;n, en intimidad con Jesucristo: s&oacute;lo El puede conducirnos al amor del Padre en el Esp&iacute;ritu y hacernos part&iacute;cipes de la vida de la Sant&iacute;sima Trinidad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a>,<\/i> 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simos hermanos y hermanas, cu&aacute;ntas veces he proclamado esta certeza y este compromiso de la Iglesia, tanto en mi Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i>, como en mis discursos y en mis encuentros con gente de toda edad, categor&iacute;a y nacionalidad. Y hoy quiero repetir, a la luz de San Bernardino, predicador del Nombre de Jes&uacute;s, que mientras el Se&ntilde;or me d&eacute; vida y fuerzas, no dejar&eacute; de anunciar esta verdad, de &quot;gritarla sobre los terrados&quot;, como quiere el Maestro (cf.<i> Mt<\/i> 10, 27), en Roma y donde quiera que pueda llegar con mis viajes misioneros: Jesucristo es nuestro Redentor, en su Nombre est&aacute; nuestra salvaci&oacute;n, en su Evangelio se halla el camino, la verdad, la vida, de que tienen tanta necesidad los hombres de hoy, no menos que aquellos a quienes se dirig&iacute;a San Bernardino.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Al terminar mi homil&iacute;a, quiero desear y pedir a Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, por intercesi&oacute;n de San Bernardino, que env&iacute;e a la Iglesia y al mundo muchos misioneros del Evangelio, los cuales lleven por todas partes el mensaje de la salvaci&oacute;n, porque cada uno de los hombres est&aacute; llamado a ser sujeto de la misi&oacute;n del divino Salvador, que se prolonga y se realiza continuamente en la comunidad de la Iglesia. Se necesitan vocaciones sacerdotales y religiosas como la de San Bernardino de los Albizzeschi; se necesitan laicos convencidos de que tambi&eacute;n a ellos pertenece la misi&oacute;n salv&iacute;fica de la Iglesia y que se comprometan a participar en ella, del modo que les sea m&aacute;s propio, a semejanza de aquellos m&aacute;s fieles que sosten&iacute;an a fray Bernardino en sus empresas apost&oacute;licas, o incluso recog&iacute;an y transmit&iacute;an sus predicaciones.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n el laico debe ser una predicaci&oacute;n viviente. Debe ser un anuncio viviente del Evangelio. Porque el Evangelio est&aacute; vivo y, como penetr&oacute; en la sociedad italiana de los tiempos peligrosos de San Bernardino, as&iacute; debe hoy hacer fermentar desde dentro al mundo en que vivimos, por medio de los cristianos. A menudo los valores del Evangelio, en este tiempo, son contestados: es preciso que los laicos den abierto, claro, convencido testimonio de que s&oacute;lo en Cristo se encuentra la salvaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p>El Vaticano II ha definido estupendamente a la familia como &quot;el santuario dom&eacute;stico de la Iglesia&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a>,<\/i> 11); es necesario hacer un dique de contenci&oacute;n contra los peligros que amenazan profanar sobre todo este santuario, y devastar sus sagradas estructuras: me refiero al hedonismo que lleva a la falta de amor entre los c&oacute;nyuges y hacia los hijos, a la infidelidad conyugal, al divorcio y al aborto. Sobre todo siento el gran deber de invitaros, como creyentes, a poner toda vuestra atenci&oacute;n en este &uacute;ltimo punto: no se puede suprimir la vida, no se puede rechazar la vida, don de Dios; llegan noticias terribles sobre el triste primado que se ha alcanzado en este campo. San Bernardino tuvo palabras de fuego contra este mal (Predicaci&oacute;n cuaresmal en Florencia, 1425; Predicaci&oacute;n en el Campo de Siena, 1427: Pred. XXXIX). Y yo, como Vicario de Aquel que es la Vida del mundo, elevo mi humilde voz en defensa de quien no ha tenido ni jam&aacute;s tendr&aacute; voz: No se puede suprimir la vida en el seno de la madre. Los laicos cat&oacute;licos italianos recuerdan ciertamente la invitaci&oacute;n de sus obispos a trabajar &quot;por una superaci&oacute;n de la ley actual, moral-mente inaceptable, con normas totalmente respetuosas del derecho a la vida&quot; (Instrucci&oacute;n pastoral del Consejo permanente de la CEI: 8 de diciembre de 1978).<\/p>\n<p>En la inminencia del S&iacute;nodo de los Obispos, que har&aacute; propias las ansias, las preocupaciones, los problemas de la familia, es necesario, por parte de todos, una toma de conciencia, firme y generosa, para que Dios contin&uacute;e bendiciendo a todas las familias cristianas, y las convierta en faros de luz y hogares de amor.<\/p>\n<p>El Sacrificio de la Nueva Alianza, que ahora nos disponemos a celebrar, act&uacute;e en nosotros con toda su fuerza omnipotente para hacernos part&iacute;cipes a todos de la salvaci&oacute;n que viene de Cristo, y suscite en medio del Pueblo de Dios nuevos ap&oacute;stoles religiosos y laicos que sepan anunciar y hacer amar, como San Bernardino, al &uacute;nico Salvador Jesucristo: &eacute;sta es mi oraci&oacute;n, a la que os pido os asoci&eacute;is; es mi esperanza, que quisiera encender tambi&eacute;n en vuestros corazones.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A L&#8217;AQUILA SANTA MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DE COLLEMAGGIO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 30 de agosto de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de Abruzo y Molisa: 1. 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