{"id":39611,"date":"2016-10-05T22:56:07","date_gmt":"2016-10-06T03:56:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-agosto-de-1980-santa-misa-para-el-consejo-de-la-juventud-de-accion-catolica-de-dublin\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:07","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:07","slug":"28-de-agosto-de-1980-santa-misa-para-el-consejo-de-la-juventud-de-accion-catolica-de-dublin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-agosto-de-1980-santa-misa-para-el-consejo-de-la-juventud-de-accion-catolica-de-dublin\/","title":{"rendered":"28 de agosto de 1980, Santa Misa para el Consejo de la Juventud de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica de Dubl\u00edn"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA UNA PEREGRINACI&Oacute;N DE J&Oacute;VENES DE DUBL&Iacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Sala de las Audiencias, Castelgandolfo<br \/> Jueves 28 de agosto de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos j&oacute;venes de Dubl&iacute;n:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;El amor de Cristo nos ha reunido esta ma&ntilde;ana. Ninguna otra raz&oacute;n puede explicar adecuadamente esta maravillosa uni&oacute;n nuestra. Nos hemos congregado en el nombre de Jes&uacute;s y El est&aacute; presente en medio de nosotros. Jesucristo est&aacute; entre nosotros (cf.<i> Mt<\/i> 18, 20).<\/p>\n<p>2.&nbsp;Hab&eacute;is venido a Roma<i> representando a la juventud de Dubl&iacute;n;<\/i> hab&eacute;is querido devolverme la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_ireland_sp.htm\">visita que os hice en Irlanda<\/a>. Al mismo tiempo me est&aacute;is proporcionando nueva oportunidad de hablaros de Cristo, de recordaros vuestra dignidad cristiana y proclamar ante vosotros la comuni&oacute;n que el Esp&iacute;ritu Santo ha dado a todos nosotros: la comuni&oacute;n con el Padre y con su Hijo Jesucristo (cf.<i> 1 Jn<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p>3.&nbsp;Y sobre todo hab&eacute;is venido aqu&iacute; a<i> celebrar juntos nuestra vida en Cristo <\/i>y obtener cada vez mayor Comuni&oacute;n con la Trinidad Sant&iacute;sima, por los m&eacute;ritos de la redenci&oacute;n de Cristo. Un aspecto maravilloso de nuestra Eucarist&iacute;a reside en que en ella llevamos a Cristo la trama de nuestra vida diaria. El acepta nuestra ofrenda, la une a su propia oblaci&oacute;n y la presenta al Eterno Padre. Al mismo tiempo, en la Misa escuchamos la Palabra de Dios seg&uacute;n la proclama la Iglesia, proclamaci&oacute;n que alcanza su expresi&oacute;n m&aacute;s alta en la renovaci&oacute;n real del Sacrificio de Cristo. Cuando celebramos este Sacrificio eucar&iacute;stico, estamos realizando una acci&oacute;n que se sit&uacute;a en la misma cumbre de nuestra vida cristiana; aqu&iacute; llega a su realizaci&oacute;n plena nuestra dignidad cristiana. Y todo ello es algo que realizamos juntos como comunidad, comunidad en Cristo y con Cristo; como miembros de su Cuerpo, miembros de su Santa Iglesia.<\/p>\n<p>Y de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica saldr&eacute;is a responder a vuestro<i> llamamiento, <\/i>a ocuparos de las<i> actividades<\/i> de vuestra vida y, finalmente, a vuestro<i> destino. <\/i>Por todo ello reflexionemos unos momentos dentro del sagrado contexto de la Palabra de Dios, sobre estos elementos importantes de la vida cristiana.<\/p>\n<p>4. Cada uno de vosotros<i> es llamado individualmente por Cristo,<\/i> llamado a tomar parte en su Reino y a desempe&ntilde;ar una tarea dentro de su misi&oacute;n de salvaci&oacute;n. Estas son las grandes realidades de vuestro bautismo y confirmaci&oacute;n. Al llamaros nominalmente, Dios os env&iacute;a a realizar lo que El quiere que hag&aacute;is. Dice a cada uno de vosotros lo que dijo al Profeta Jerem&iacute;as: &quot;Estoy contigo para protegerte&quot;. Confirma su protecci&oacute;n sobre vosotros poniendo sus palabras en vuestros labios. Seg&uacute;n la expresi&oacute;n del Salmista, la Palabra de Dios es l&aacute;mpara para vuestros pies y luz en vuestro camino (cf.<i> Sal<\/i> 119, 105). Cristo os llama a vivir una vida nueva radicada en las bienaventuranzas, con nuevos criterios de juicio, perspectiva espiritual rebosante de lozan&iacute;a y estilo de vida transformado. Incorporados a la novedad de la misma vida de Cristo, s&oacute;lo la referencia constante a El os realizar&aacute; y dar&aacute; gozo. La conversi&oacute;n constante del coraz&oacute;n se transforma en premisa de la eficacia de vuestras actividades y del logro de vuestro destino.<\/p>\n<p>5. Cuando os pong&aacute;is a responder al llamamiento cristiano fundamental, se os aconsejar&aacute; realizar gozosa y fielmente las<i> acciones<\/i> de cada momento, cada d&iacute;a y cada semana. Para muchos de vosotros el campo de acci&oacute;n es el mismo mundo secular necesitado de la levadura evang&eacute;lica. Vuestra tarea est&aacute; clara como el cristal: llevar a Cristo al mundo y llevar el mundo a Cristo. Estoy seguro de que ya hab&iacute;ais captado todo esto. &iquest;Acaso no es &eacute;ste el contexto de vuestro lema &quot;Hacer m&aacute;s, amar m&aacute;s, servir m&aacute;s&quot;?<\/p>\n<p>Este &quot;hacer, amar y servir&quot; puede expresarse de muchas maneras. Por ejemplo, est&aacute;is llamados a ser hombres y mujeres honrados e &iacute;ntegros, a &quot;vivir en la verdad y el amor&quot;, seg&uacute;n dice la petici&oacute;n de la Misa de esta ma&ntilde;ana. Est&aacute;is llamados a abrir el coraz&oacute;n a la justicia del Evangelio, para ser vosotros asimismo<i> instrumentos de justicia y constructores de paz.<\/i><\/p>\n<p>Sois j&oacute;venes y con raz&oacute;n busc&aacute;is la comprensi&oacute;n de los dem&aacute;s \u2014de vuestros mayores, de vuestros sacerdotes, de vuestros padres queridos, de cuantos construyeron las generaciones precedentes de la sociedad\u2014, y esper&aacute;is misericordia y amistad. Pero precisamente porque sois j&oacute;venes con la vitalidad de la gracia de Cristo y compart&iacute;s el entusiasmo por su mensaje, sab&eacute;is que hay algo todav&iacute;a m&aacute;s alto y noble; de ah&iacute; que os resulte f&aacute;cil orar &quot;no tanto para ser comprendidos, cuanto para comprender; no tanto para ser amados, cuanto para amar&quot;. As&iacute;, pues, est&aacute;is llamados a ser l&iacute;deres de la pr&oacute;xima generaci&oacute;n<i> a trav&eacute;s de la comprensi&oacute;n y del amor.<\/i> Queridos j&oacute;venes: &iquest;No es verdad que casi la mitad de vuestra archidi&oacute;cesis est&aacute; constituida por j&oacute;venes menores de 21 a&ntilde;os? &iquest;Pod&eacute;is tener alguna duda de que el futuro de Dubl&iacute;n y del resto de Irlanda depende realmente de vuestra generosidad, de vuestra entrega a Cristo y de vuestro servicio a los hermanos y hermanas?<\/p>\n<p>Est&aacute;is llamados a comprenderos mutuamente, trabajar juntos, recorrer juntos el camino de la vida \u2014juntos entre s&iacute; y con Cristo\u2014, respetar la humanidad de cada hombre, incluidos los hombres que han perdido el sentido de la propia dignidad. Ten&eacute;is que ver a Cristo en los dem&aacute;s y dar a los otros a Cristo, &iexcl;a Cristo que es la sola esperanza del mundo! En todas las circunstancias de la vida est&aacute;is llamados a ser<i> portadores de un mensaje de esperanza,<\/i> llamados, como dice San Pedro, a estar dispuestos a responder a quien quiera que os pidiere, &quot;dar raz&oacute;n de vuestra esperanza&quot; (<i>1 Pe<\/i> 3, 15). Con esta esperanza, con comprensi&oacute;n y amor, equipados con todos los principios de la fe cat&oacute;lica, estar&eacute;is en grado de afrontar serenamente los acontecimientos de la vida diaria. Y pod&eacute;is estar seguros de que Mar&iacute;a, Madre de Jes&uacute;s y luminoso &quot;Sol de la gente irlandesa&quot;, os ayudar&aacute; siempre con su intercesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Los problemas sociales y pol&iacute;ticos tan complicados no son de f&aacute;cil soluci&oacute;n. Con todo, la perseverancia nacida de la esperanza y de la entrega fraterna a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, es condici&oacute;n indispensable para avanzar de verdad en estos campos. Vuestro llamamiento cristiano os impele a prestar vuestra aportaci&oacute;n \u2014grande o peque&ntilde;a, pero siempre &uacute;nica e insustituible\u2014 en la<i> construcci&oacute;n de una sociedad justa y pacifica.<\/i> Y este mismo llamamiento cristiano os invita individualmente y en grupo a ayudar con la oraci&oacute;n, el sacrificio y la disciplina cristiana personal, y una serie de medios abiertos a vuestra iniciativa y creatividad, <i>a insertar el Evangelio de salvaci&oacute;n en la vida de muchas personas.<\/i> La parroquia os necesita y necesita vuestra aportaci&oacute;n de vida cristiana. La comunidad necesita vuestra vitalidad, alegr&iacute;a y esfuerzo para trabajar juntos por el bien de todos. Hasta el mismo Creador ha pedido vuestra colaboraci&oacute;n para mantener la obra de su creaci&oacute;n. Estad siempre convencidos de que vuestro trabajo diario tiene gran valor a los ojos de Dios. Esforzaos para que la calidad de aqu&eacute;l sea digna de Cristo y de sus miembros. Y recordad tambi&eacute;n que Cristo quiere recibir el don de vuestro trabajo y de vuestra vida, y ofrecerlos a su Padre. De hecho, lo est&aacute; haciendo ahora precisamente en su Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p>Ya he aludido a la necesidad de dirigirse continuamente a Cristo y estar convirti&eacute;ndose a El incesantemente. La vida cristiana no est&aacute; completa sin esta conversi&oacute;n constante, y la conversi&oacute;n no es plenamente aut&eacute;ntica sin el sacramento de la penitencia. Queridos j&oacute;venes de Dubl&iacute;n: Cristo quiere ir a encontrarse con vosotros personalmente con regularidad y frecuencia en un encuentro personal de misericordia amorosa, perd&oacute;n y curaci&oacute;n. Quiere sosteneros en vuestra debilidad y manteneros en alto levant&aacute;ndoos y acerc&aacute;ndoos a su coraz&oacute;n. Como he dicho en mi Enc&iacute;clica<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PL.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> el encuentro en este sacramento es un derecho que pertenece a Cristo y a cada uno de vosotros (cf. n&uacute;m. 20). Por eso el Papa habla muy en serio cuando os dice ahora:<i> No priv&eacute;is a Cristo de su derecho en este sacramento y no renunci&eacute;is nunca a este derecho vuestro.<\/i><\/p>\n<p>6.&nbsp;Y finalmente, queridos j&oacute;venes, de esta Eucarist&iacute;a vais a salir a<i> realizar vuestro destino.<\/i> Esta realizaci&oacute;n depende de la gracia de Dios, como nos recuerda hoy con tanta fuerza la fiesta de San Agust&iacute;n. Pero requiere tambi&eacute;n el asentimiento de vuestro libre albedr&iacute;o. Deb&eacute;is decir<i> s&iacute;<\/i> a Cristo una y otra vez, a fin de asegurar el &eacute;xito de vuestra tarea, &uacute;nica en el plan de Dios para salvar al mundo. Aqu&iacute; debemos reflexionar de nuevo sobre la importancia de la<i> fidelidad<\/i> a vuestro llamamiento. En otras ocasiones he hecho menci&oacute;n de la gran incidencia que tuvo en la historia de Irlanda y del mundo la fidelidad de un hombre, la fidelidad de San Patricio. La proporci&oacute;n puede ser diferente, pero el principio es el mismo. Cristo tiene una misi&oacute;n especial para cada uno de vosotros, una misi&oacute;n que s&oacute;lo vosotros pod&eacute;is desempe&ntilde;ar. Sin vuestra cooperaci&oacute;n se quedar&iacute;a incumplida. Cristo conduce a cada uno de vosotros personalmente hac&iacute;a un destino para cuya consecuci&oacute;n sois interdependientes. Miradle hoy a El, mirad a Cristo. Aceptad su ofrecimiento cuando os tiende la mano, os abraza con la fuerza de su brazo y os revela el amor de su Coraz&oacute;n Sagrado.<\/p>\n<p>7. Y ahora permitidme a&ntilde;adir una sola palabra antes de terminar. Cuando <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790930_irlanda-galway-giovani_sp.html\">estuve en Galway<\/a> dije a todos los all&iacute; presentes que creo en la juventud con todo el coraz&oacute;n, que creo en la juventud de Irlanda, en cada uno de vosotros. Y hoy quisiera a&ntilde;adir algo a ese mensaje, y es esto: Por todo lo que Cristo os ha dado, por sus dones gratuitos de vida y gracia,<i> El<\/i> cree en vosotros. Cristo cree en la juventud, en la juventud de Irlanda, en cada uno de vosotros. Y os<i> ama.<\/i> Queridos j&oacute;venes de Dubl&iacute;n:<i> &iexcl;Cristo os ama!<\/i><\/p>\n<p>Cristo os ama y quiere amar por vuestro medio. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA UNA PEREGRINACI&Oacute;N DE J&Oacute;VENES DE DUBL&Iacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Sala de las Audiencias, Castelgandolfo Jueves 28 de agosto de 1980 &nbsp; Queridos j&oacute;venes de Dubl&iacute;n: 1.&nbsp;El amor de Cristo nos ha reunido esta ma&ntilde;ana. Ninguna otra raz&oacute;n puede explicar adecuadamente esta maravillosa uni&oacute;n nuestra. 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