{"id":39619,"date":"2016-10-05T22:56:19","date_gmt":"2016-10-06T03:56:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-julio-de-1980-misa-en-la-plaza-sufrana-de-manaus\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:19","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:19","slug":"11-de-julio-de-1980-misa-en-la-plaza-sufrana-de-manaus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-julio-de-1980-misa-en-la-plaza-sufrana-de-manaus\/","title":{"rendered":"11 de julio, de 1980, Misa en la plaza Sufrana de Manaus"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PLAZA SUFRANA DE MANAUS&nbsp; <\/font><\/p>\n<p> <\/b>Viernes 11 de julio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;or arzobispo administrador apost&oacute;lico, <br \/> hermanos m&iacute;os en el Episcopado y en el sacerdocio ministerial, <br \/> car&iacute;simos religiosos y religiosas, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. En el marco de un viaje pastoral intensamente deseado como este de Brasil, el Papa ha tenido mucho inter&eacute;s por la presente visita al Amazonas y concretamente a la bella ciudad de Manaus, capital de este gran Estado. Yo quer&iacute;a conocer esta realidad original y dif&iacute;cilmente comparable a nada de cuanto pude observar en otros puntos del pa&iacute;s. Quer&iacute;a proporcionar a las poblaciones de esta regi&oacute;n la posibilidad de &quot;ver a Pedro&quot;, en la humilde persona de este Sucesor suyo. Quer&iacute;a, adem&aacute;s, rendir en esta Iglesia misionera, un sincero homenaje a las misiones y a los misioneros en general.<\/p>\n<p align=\"left\">Os saludo, pues, a todos vosotros aqu&iacute; presentes y, en vosotros, saludo a las poblaciones y las di&oacute;cesis de los Estados del Amazonas y del Acre y de los territorios de Rond&oacute;nia, Roraima y Amap&aacute;. Saludo tambi&eacute;n a las personas que representan grupos llegados de Venezuela. Por todos vosotros ofrezco el sacrificio eucar&iacute;stico. Os dejo mi bendici&oacute;n. Rezo por vuestro bienestar material y por vuestro crecimiento en la fe. Acompa&ntilde;o vuestra vida y vuestros trabajos, vuestras angustias y esperanzas.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero os pido licencia para dirigirme, en este momento de nuestra Eucarist&iacute;a, de modo especial a vuestros misioneros. Al hablarles, hablo indirectamente de vosotros y a vosotros. Confirm&aacute;ndoles en su misi&oacute;n, confirmo en la fe a esa comunidad eclesial por ellos alimentada y sustentada.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Deseo en este momento tener tambi&eacute;n un pensamiento especial para la significativa parcela de poblaci&oacute;n que constituyen los indios. Y quiero repetir aqu&iacute; sustancialmente lo que les <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/july\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800710_indios-manaus.html\">dije ayer en el encuentro que tuve con ellos<\/a>. La Iglesia procura dedicarse hoy a los indios, como se dedic&oacute;, desde el descubrimiento de Brasil, a sus antepasados. El Beato Jos&eacute; de Anchieta es, en ese sentido un adelantado y, en cierto modo, un modelo para generaciones y generaciones de misioneros jesuitas, salesianos, franciscanos, dominicos, capuchinos, misioneros del Esp&iacute;ritu Santo o de la Preciosa Sangre, benedictinos y tantos otros.<\/p>\n<p align=\"left\">Con meritoria constancia procuraron comunicar a los indios el Evangelio y ofrecerles toda ayuda posible en orden a su promoci&oacute;n humana.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Conf&iacute;o a los poderes p&uacute;blicos y a los dem&aacute;s responsables los votos que hago de todo coraz&oacute;n en nombre del Se&ntilde;or, para que a los indios, cuyos antepasados fueron los primeros habitantes de esta tierra, les sea reconocido el derecho de habitarla en paz y serenidad!<\/p>\n<p align=\"left\">Sin el temor, verdadera pesadilla, de ser desalojados, en beneficio de otros, antes bien seguros de un espacio vital que ser&aacute; la base no solamente para la supervivencia, sino para la preservaci&oacute;n de su identidad como pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo grandemente que a esta cuesti&oacute;n compleja y espinosa se d&eacute; una respuesta ponderada, oportuna, inteligente para beneficio de todos. As&iacute;, se respetar&aacute; y favorecer&aacute; la dignidad y la libertad de cada uno de los indios, como persona humana y como un pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Queridos misioneros: obispos, hermanos sacerdotes, hermanos religiosos, hermanas religiosas, laicos y laicas, todos hermanos y hermanas!<\/p>\n<p align=\"left\">Al encontrarme aqu&iacute; con vosotros, me asalta un pensamiento: hace menos de veinte a&ntilde;os, la Providencia quiso que el entonces arzobispo de Cracovia estuviera intensa y profundamente ligado a la preparaci&oacute;n de algunos de los m&aacute;s importantes documentos del Concilio Vaticano II, que despu&eacute;s firmar&iacute;a con millares de otros Padres. Yo viv&iacute;, en aquellos d&iacute;as memorables de un Concilio eminentemente eclesi&aacute;stico, las reflexiones, los estudios, los debates que llevar&iacute;an a la definici&oacute;n de la Iglesia como Pueblo de Dios reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, como signo e instrumento de comuni&oacute;n de los hombres entre s&iacute; y de la humanidad con Dios, como sacramento de salvaci&oacute;n para el mundo al cual la Iglesia era enviada. Ellos proclamar&iacute;an tambi&eacute;n que, en virtud de todo esto, la Iglesia es esencialmente misionera. Pablo VI volver&iacute;a a repetir con vigor esa frase en su magistral Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i> sobre la evangelizaci&oacute;n: &quot;Toda la Iglesia es misionera&quot; (n&uacute;m. 59, cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a>,<\/i> 35).<\/p>\n<p align=\"left\">Pues bien, en esta Iglesia misionera yo tengo la conciencia de ser, por la fuerza del ministerio pontificio que un designio misterioso de Dios me confi&oacute;, el primer responsable de la acci&oacute;n misionera. Y esta precisa responsabilidad me trajo a Brasil hasta vosotros y me induce a hablaros hoy con gran apertura de coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Quiero, antes que nada, traeros est&iacute;mulo y aliento para vuestra labor misionera. Tarea realmente exigente, ya que os arranc&oacute; de vuestro pa&iacute;s natal o de otras regiones de Brasil y del seno de vuestra familia; y os ha enfrentado con una realidad las m&aacute;s de las veces erizada de dificultades, que os supone un trabajo cuyos frutos probablemente no ser&eacute;is vosotros quienes los recojan.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo maravillarnos, por tanto, si algunos d&iacute;as sent&iacute;s gravar sobre vuestras espaldas esa tarea como un peso que os parece, a veces, superior a vuestras fuerzas? En estos instantes, como por otra parte en todos los dem&aacute;s momentos, deben ser para vosotros fuente de consuelo y de est&iacute;mulo:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;la &iacute;ntima convicci&oacute;n de que para esta tarea no os present&aacute;is vosotros mismos por raz&oacute;n alguna humana, sino que fuisteis elegidos y convocados por el primero y supremo misionero. Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;la certeza de que vuestro trabajo no s&oacute;lo es &uacute;til y necesario, sino que es indispensable para la construcci&oacute;n de la Iglesia en este pedazo de tierra que, bien lo s&eacute;, adoptasteis como vuestra;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;el afecto y gratitud que os profesa el pueblo bueno al que anunci&aacute;is el Evangelio;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 y, por &uacute;ltimo, lo digo con total sinceridad, el inmenso aprecio que el Papa nutre hacia vuestro trabajo, el respeto, la admiraci&oacute;n, la fraterna amistad que &eacute;l tiene para con vuestras personas.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Adem&aacute;s de estas expresiones de est&iacute;mulo, &iquest;dese&aacute;is que el Papa os diga algo m&aacute;s para vuestra misi&oacute;n?<\/p>\n<p align=\"left\">Pues bien, sed, en esta porci&oacute;n de Iglesia adonde Dios os condujo de la mano, lo que vinisteis a ser:<i> verdaderos evangelizadores.<\/i> La verdadera evangelizaci&oacute;n, seg&uacute;n la estimulante perspectiva de la <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, es fundamentalmente el anuncio expl&iacute;cito de Jesucristo Redentor del hombre y de su Buena Nueva de salvaci&oacute;n. Es, por consiguiente, comunicaci&oacute;n alegre y esperanza-dora de la revelaci&oacute;n sobre la paternidad de Dios, su designio de amor, su Reino que se inicia en este mundo y tiende a su plenitud en la eternidad. Es tambi&eacute;n la proclamaci&oacute;n de que en Jesucristo y por Jesucristo nace un hombre nuevo, renovado en la justicia y en la santidad, y con hombres nuevos debe surgir una sociedad nueva regida por las normas de las bienaventuranzas e inspirada por la caridad que genera fraternidad y solidaridad. Toda evangelizaci&oacute;n, por tanto, tiende a suscitar, profundizar y consolidar la fe y, a la luz de la fe, hacer posible una sociedad m&aacute;s justa y fraterna.<\/p>\n<p align=\"left\">En lo que concierne a la fe, vosotros encontr&aacute;is en este pa&iacute;s un pueblo numeroso de bautizados, pueblo profundamente religioso, que recurre a vosotros como a ministros de Jesucristo. Por una serie de circunstancias hist&oacute;ricas, entre las que sobresale la constante insuficiencia de sacerdotes y dem&aacute;s ministros sagrados, a la edificante piedad popular de la mayor&iacute;a de esa gente no le corresponde una adecuada formaci&oacute;n, tanto a nivel de conocimiento de la Palabra de Dios y de las verdades fundamentales, como a nivel de la pr&aacute;ctica sacramental o, tambi&eacute;n a nivel de la inserci&oacute;n de la religi&oacute;n en la vida y en los diversos aspectos de &eacute;sta.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros encontr&aacute;is, por otro lado, no pocas situaciones de pobreza, de ignorancia, de dolencias, de marginaci&oacute;n, que claman por una atenci&oacute;n desinteresada y eficaz de todos los que pueden ayudar a la promoci&oacute;n humana integral de amplias masas populares.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Vuestra actividad misionera os impulsa a revelar a todos, peque&ntilde;os o grandes, el &quot;misterio escondido desde los siglos&quot; (<i>Col<\/i> 1, 26), a mostrarles el rostro de Dios, a alimentarlos con los sacramentos, a ense&ntilde;arles el camino de la oraci&oacute;n, el esp&iacute;ritu de las bienaventuranzas. Pero esa actividad se complementa con lo mucho que tendr&eacute;is que hacer tambi&eacute;n para ayudar a los necesitados a promoverse pasando de situaciones de miseria y abandono, indignas de hijos de Dios, a condiciones de vida m&aacute;s humanas. As&iacute; hicieron legiones de misioneros antes que vosotros aqu&iacute; mismo en Am&eacute;rica Latina, aqu&iacute; mismo en Brasil.<\/p>\n<p align=\"left\">Lo que importa \u2014lo digo aqu&iacute; en homenaje a la conciencia que ciertamente ya ten&eacute;is de ello\u2014 es que el precio de vuestra acci&oacute;n a favor de la promoci&oacute;n material de las personas no implique ni remotamente la disminuci&oacute;n de vuestra actividad estrictamente religiosa. Ser&iacute;a un peligroso contra-testimonio, tanto m&aacute;s grave si dais la impresi&oacute;n de hacerlo bajo el impulso de cualquier imperativo ideol&oacute;gico. La experiencia muestra adem&aacute;s que el testimonio, los pronunciamientos y la acci&oacute;n de la Iglesia en cualquiera de sus niveles, s&oacute;lo tiene credibilidad y verdadera eficacia en el campo social si est&aacute;n basados en un testimonio, pronunciamientos y acci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s intensos en su campo principal, que es el de la educaci&oacute;n de la fe y el de la vida sacramental. Si la Iglesia hace esto de verdad, es su mejor forma de preparar cristianos que act&uacute;en en una l&iacute;nea de profunda inspiraci&oacute;n cristiana y sin riesgo de desviaciones.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Os quiero decir otra palabra, breve pero cargada de sentimientos: un mensaje de un sacerdote a sus hermanos sacerdotes. Es la invitaci&oacute;n, que quiero dejaros en recuerdo de mi visita, a que se&aacute;is misioneros en tal profundidad que no sea para vosotros s&oacute;lo un t&iacute;tulo, si bien bello y glorioso, sino el contenido m&aacute;s profundo de vuestra vida sacerdotal. En otras palabras: que el ser misioneros sea la raz&oacute;n de vuestra vida, la inspiraci&oacute;n profunda de vuestra acci&oacute;n, el secreto de vuestra espiritualidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestro modelo, en esta espiritualidad misionera, no puede ser otro m&aacute;s que el mismo Cristo, misionero del Padre, constantemente sumergido en la adoraci&oacute;n de este Padre celestial y constantemente entregado, hasta la entrega final sobre la cruz, a la obra de salvaci&oacute;n de los hombres en total obediencia a la voluntad del mismo Padre. Vuestra actitud interior m&aacute;s radical ha de ser la de buenos Pastores llenos de compasi&oacute;n para con todos los que Dios conf&iacute;a a vuestro celo, capaces de conocerlos como el Pastor conoce a sus ovejas, preparados para alimentarlos con la Palabra y los sacramentos, a defenderlos, a ocupar en ellos vuestro tiempo, talentos, energ&iacute;as y la vida misma. Vuestra preocupaci&oacute;n, siempre en esta espiritualidad misionera, ha de ser la de evangelizar a&uacute;n m&aacute;s por el testimonio de vuestra vida que por vuestras palabras. &quot;Forma factus gregis&quot; escrib&iacute;a Pedro a los primeros misioneros en los albores de la Iglesia (<i>1 P<\/i>e 5, 3); &quot;sed modelos del reba&ntilde;o&quot;, os dice el humilde Sucesor de Pedro en este encuentro con vosotros. Vuestro est&iacute;mulo permanente ha de ser una inmensa caridad, esa caridad que es reflejo en nosotros del amor de Cristo, de la que dec&iacute;a San Pablo que nos impulsa, literalmente: que nos punza como un aguij&oacute;n y nos hace caminar. Aqu&iacute;, a orilla del r&iacute;o-mar, &iquest;c&oacute;mo no deciros: &quot;Aquae multae non potuerunt extinguere caritatem&quot; (<i>Cant<\/i> 8, 7)? Los caudales del Amazonas no son capaces de apagar el gran amor a Dios y a vuestros hermanos que os trajo aqu&iacute;; antes bien son modelo de la inmensidad y del vigor que debe tener ese amor.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Una palabra m&aacute;s: un emotivo homenaje a los millares de misioneros que desde los a&ntilde;os del descubrimiento hasta hoy trabajaron en toda la extensi&oacute;n de Brasil y, particularmente, en la regi&oacute;n amaz&oacute;nica, &quot;praedicaverunt verbum veritatis et genuerunt ecclesias&quot; (&quot;predicaron la palabra de la verdad y generaron iglesias&quot;: San Agust&iacute;n,<i> Enarrat. in Ps.<\/i> 44,23: C.C.L. XXXVIII, p&aacute;g. 510). &iquest;Cu&aacute;ntos vinieron de sus patrias en Europa para no volver nunca m&aacute;s? &iquest;Cu&aacute;ntos agotaron r&aacute;pidamente sus j&oacute;venes energ&iacute;as, consumidos por el esfuerzo o por las enfermedades? &iquest;Cu&aacute;ntos encontraron la muerte tragados por las aguas o duermen el &uacute;ltimo sue&ntilde;o en cualquier t&uacute;mulo sin nombre en alg&uacute;n lugar de la inmensa selva? Yo me arrodillo ante cada una de esas sepulturas y, a&uacute;n m&aacute;s, ante cada una de esas figuras de misioneros, hombres como nosotros, con defectos y flaquezas, engrandecidos sin embargo por el testimonio de la donaci&oacute;n plena de s&iacute; mismos a las misiones.<\/p>\n<p align=\"left\">Son vuestros precursores; no ced&aacute;is nunca a la f&aacute;cil tentaci&oacute;n de pensar que la misi&oacute;n comienza con vosotros, sino apoyaos sobre lo mucho que os dejaron estos vuestros hermanos antepasados. Sean tambi&eacute;n, muchos de ellos que hoy contemplan la faz de Dios, vuestros intercesores.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre ellos, algunos recibieron la gloria de los altares, como los M&aacute;rtires de R&iacute;o Grande y, hace unos d&iacute;as, el Beato Jos&eacute; de Anchieta, a quien va nuestra veneraci&oacute;n. Otros, escondidos a los ojos de los hombres, encuentran en la luz de Cristo resucitado el premio de sus sacrificios. Que consigan ellos de Dios, para vosotros, el valor en las horas sombr&iacute;as, la alegr&iacute;a de servir con amorosa generosidad y, sobre todo, la fidelidad que os haga no mirar hacia atr&aacute;s, sino caminar siempre atra&iacute;dos por el Se&ntilde;or, que un d&iacute;a ha de deciros al atardecer: &quot;Ven, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Se&ntilde;or&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 21). Ser&aacute; &eacute;sta la palabra definitiva, premio de vuestros trabajos, s&iacute;ntesis de vuestra vida.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PLAZA SUFRANA DE MANAUS&nbsp; Viernes 11 de julio de 1980 &nbsp; Se&ntilde;or arzobispo administrador apost&oacute;lico, hermanos m&iacute;os en el Episcopado y en el sacerdocio ministerial, car&iacute;simos religiosos y religiosas, queridos hermanos y hermanas: 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-julio-de-1980-misa-en-la-plaza-sufrana-de-manaus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de julio, de 1980, Misa en la plaza Sufrana de Manaus\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39619","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39619\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}