{"id":39623,"date":"2016-10-05T22:56:25","date_gmt":"2016-10-06T03:56:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-julio-de-1980-misa-para-los-agricultores-en-recife\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:25","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:25","slug":"7-de-julio-de-1980-misa-para-los-agricultores-en-recife","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-julio-de-1980-misa-para-los-agricultores-en-recife\/","title":{"rendered":"7 de julio\u00a0 de 1980, Misa para los agricultores en Recife"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> PARA LOS AGRICULTORES&nbsp;<\/font><\/b><\/p>\n<p> Recife<br \/> Lunes 7 de julio de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas, vosotros especialmente, campesinos del Nordeste y, representados por vosotros, los campesinos de todo Brasil:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;Mis primeras palabras, muy sencillas pero que responden a un impulso del coraz&oacute;n, son de cordial&iacute;simo saludo para vosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo a los que est&aacute;n aqu&iacute;, a costa de no s&eacute; cu&aacute;ntos sacrificios. Hab&eacute;is venido ciertamente tra&iacute;dos por la fe y deseosos de ver y escuchar al Vicario de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Este gesto no me sorprende porque estoy enterado, desde hace mucho tiempo, de vuestro esp&iacute;ritu religioso.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo a cuantos no han podido venir, a pesar de su gran deseo. Espero que mi voz pueda llegarles al menos por la radio.<\/p>\n<p align=\"left\">M&iacute; gusto ser&iacute;a saludaros uno a uno, pero comprender&eacute;is que es totalmente imposible. Sabed al menos, como si yo os lo dijese a cada uno en particular, que el Papa os estima mucho, que sabe y aprecia lo que hac&eacute;is, os ama como a verdaderos hijos y est&aacute; feliz por este encuentro.<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Y, &iquest;por qu&eacute; este encuentro con los campesinos del nordeste? Primero, porque ellos desempe&ntilde;an un papel de enorme importancia en la sociedad brasilera de nuestros d&iacute;as y merecen una palabra de est&iacute;mulo y aliento de parte de quien recibi&oacute; la misi&oacute;n de Pastor universal de la Iglesia. Despu&eacute;s, porque afrontan situaciones especialmente dolorosas de marginaci&oacute;n \u2014penuria, subalimentaci&oacute;n, insalubridad, analfabetismo, inseguridad\u2014 y necesitan las palabras de consuelo, de esperanza, de orientaci&oacute;n que un padre debe, de modo especial, a los hijos m&aacute;s abandonados y m&aacute;s probados por la vida. No podr&iacute;a yo pasar por Brasil sin dirigirles estas palabras.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Para nadie es un secreto que el mundo atraviesa actualmente una hora dif&iacute;cil en su historia. Problemas graves afligen a todos los sectores de la vida de los pueblos y de las naciones y, en modo especial, al sector agr&iacute;cola. Como tuve ocasi&oacute;n de decir durante mi <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_19791112_fao_sp.html\">visita a la sede de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Alimentaci&oacute;n y la Agricultura<\/a>, el sector agr&iacute;cola es un sector &quot;mantenido durante demasiado tiempo al margen del aumento de los niveles de vida, un sector al que el r&aacute;pido y profundo cambio socio-cultural de nuestro tiempo afecta de un modo particularmente doloroso, poniendo al descubierto las injusticias heredadas del pasado, desestabilizando a hombres, familias y sociedades, acumulando las frustraciones y obligando a migraciones a menudo masivas y ca&oacute;ticas&quot; (12 de noviembre 1979, n&uacute;m. 2;<i>&nbsp;L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 25 de noviembre, 1979, p&aacute;g. 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Sigo con infinito inter&eacute;s los esfuerzos coincidentes de todas las buenas voluntades y no he dejado pasar ocasi&oacute;n alguna aunque solo fuera para ayudar con la oraci&oacute;n, con la palabra, con mi empe&ntilde;o personal, en la esperanza de que tambi&eacute;n en el terreno de la agricultura, esos esfuerzos lleguen a las mejores soluciones en vista del bien personal de cada hombre, dentro del respeto a las exigencias del bien com&uacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Las consideraciones que voy a hacer en el marco de este nuestro encuentro est&aacute;n dictadas por un s&oacute;lo prop&oacute;sito: partiendo de la misi&oacute;n propia de la Iglesia y del papel que le corresponde, reflexionar todo lo posible a la luz del Magisterio de esa misma Iglesia en el campo social y ayudar as&iacute; a &quot;establecer la comunidad humana seg&uacute;n la ley divina&quot; (cf.<i>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>&nbsp;42). De ese modo, con la fuerza del Esp&iacute;ritu, que es la &uacute;nica de que dispone, con pleno respeto a la autonom&iacute;a del dominio temporal, pero consciente de sus responsabilidades, la Iglesia no quiere eximirse cuando se trata de hacer que &quot;la vida humana se haga cada vez m&aacute;s humana&quot; y orientar a las conciencias &quot;para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del hombre&quot;<i>&nbsp;(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PF.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i>&nbsp;14;<i>&nbsp;L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 18 marzo, 1979, p&aacute;g. 9).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Una reflexi&oacute;n ser&iacute;a y serena sobre el hombre y la convivencia humana en la sociedad, iluminada y robustecida por la Palabra de Dios y por la ense&ntilde;anza de la Iglesia desde sus or&iacute;genes, nos dice que la tierra es un don de Dios, don que El hizo a todos los seres humanos, hombres y mujeres, a quienes El quiere reunidos en una sola familia y relacionados unos con otros en esp&iacute;ritu fraterno (cf.<i>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>&nbsp;24). No es l&iacute;cito, por tanto, porque no es conforme con el designio de Dios, usar este don de modo tal que sus beneficios favorezcan s&oacute;lo a unos pocos, dejando a los otros, la inmensa mayor&iacute;a, excluidos. M&aacute;s grave es a&uacute;n el desequilibrio y m&aacute;s insultante la injusticia que trae consigo, cuando esa inmensa mayor&iacute;a se ve condenada por eso mismo a una situaci&oacute;n de escasez, de pobreza y de marginaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">El mismo derecho de propiedad, de suyo leg&iacute;timo, debe, en una visi&oacute;n cristiana del mundo, cumplir su funci&oacute;n y observar su finalidad social (cf.<i>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790129_messico-cuilapan-indios_sp.html\">Discurso a los indios y campesinos en Cuilap&aacute;n<\/a>, M&eacute;xico,<\/i>&nbsp;29 enero, 1979;<i>&nbsp;L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 11 febrero. 1979, p&aacute;g. 7). As&iacute;, en el uso de los bienes pose&iacute;dos, el destino general que Dios les dio y las exigencias del bien com&uacute;n han de prevalecer sobre las ventajas, comodidades y, a veces, incluso necesidades no primarias de origen privado. Esto es verdad tambi&eacute;n \u2014como tuve ya oportunidad de decirlo\u2014 cuando se habla del mundo rural y del cultivo de la tierra, pues la tierra fue puesta por Dios a disposici&oacute;n del hombre. En el primer cap&iacute;tulo del G&eacute;nesis (texto que acabamos de escuchar) Dios dice: &quot;Tomad posesi&oacute;n de la tierra&#8230; yo os doy las plantas&#8230; los &aacute;rboles que tienen simientes&#8230; Eso ser&aacute; vuestro alimento&quot; (cf.<i>&nbsp;G&eacute;n<\/i>&nbsp;1. 29). La tierra es del hombre porque al hombre Dios se la confi&oacute; y, con su trabajo, el hombre la domina (cf.<i>&nbsp;G&eacute;n<\/i>&nbsp;1, 28). No es admisible, por tanto, que en el desarrollo general de una sociedad, queden excluidos del verdadero progreso digno del hombre precisamente los hombres y las mujeres que viven en zona rural, los que est&aacute;n dispuestos a hacer productiva la tierra gracias al trabajo sus manos, y que tienen necesidad de la tierra para alimentar la familia.<\/p>\n<p align=\"left\">Hace quince a&ntilde;os, el Concilio Vaticano II \u2014la Iglesia tomando conciencia de s&iacute; misma y del mundo\u2014 proclamaba, refiri&eacute;ndose exactamente a la cuesti&oacute;n que nos interesa: &quot;En muchas regiones, teniendo en cuenta las peculiares dificultades de la agricultura&#8230; hay que ayudar a los labradores para que&#8230; no queden reducidos a la situaci&oacute;n de ciudadanos de inferior categor&iacute;a&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>66). Y no es aventurado pensar que puedan verse en condiciones menos nobles todav&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">No basta, efectivamente, disponer de tierra en abundancia, como sucede aqu&iacute; en vuestro querido Brasil, sino que hace falta una legislaci&oacute;n justa en materia agraria, para que pueda decirse que tenemos una sociedad que corresponde a la voluntad de Dios, por lo que respecta a la tierra y a las exigencias de la dignidad de la persona humana, de todas las personas humanas que la habitan. Hace falta que esa legislaci&oacute;n se aplique eficazmente y sirva para el bien de todos los hombres y no solamente a intereses de minor&iacute;as o individuales.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n aqu&iacute; a la abundancia de tierras y a una legislaci&oacute;n adecuada hay que a&ntilde;adir, m&aacute;s que la buena voluntad, una sincera conversi&oacute;n del hombre al hombre en su plenitud trascendente. El hombre del campo se identifica con su trabajo y con la tierra, de la que hace brotar el sustento para muchos, tambi&eacute;n de las grandes ciudades. All&iacute; echa ra&iacute;ces profundas, que marcan indeleblemente su ser. Arrancarlo de su terru&ntilde;o, empuj&aacute;ndolo hacia un &eacute;xodo incierto, en direcci&oacute;n de las grandes metr&oacute;polis, o no asegurar sus derechos a la leg&iacute;tima posesi&oacute;n de la tierra, es violar sus derechos de hombre y de hijo de Dios. Es introducir un peligroso desequilibrio en la sociedad. Por lo dem&aacute;s, el integral desarrollo acertado y humano sabr&aacute; siempre garantizar, en igualdad de condiciones, tanto el crecimiento t&eacute;cnico e industrial de una naci&oacute;n, como una atenci&oacute;n prioritaria a las cuestiones agr&iacute;colas, tan indispensables en nuestros d&iacute;as dentro del marco de una sociedad independiente, armoniosa y justa. En este aspecto, me limito a llamar la atenci&oacute;n hacia las directrices dadas por mi predec<s>e<\/s>sor Juan XXIII, en la Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html\">Mater et magistra.<\/a><\/i> &quot;&iquest;D&oacute;nde vas?&quot;. He hecho esta pregunta en las diversas etapas de mi viaje apost&oacute;lico por Brasil. Quiero repetirla tambi&eacute;n aqu&iacute;, para vosotros y con vosotros, para todos aquellos que tienen una parte de responsabilidad por el mundo rural y por el bien com&uacute;n: &quot;&iquest;D&oacute;nde vas?&quot;. Que la respuesta sea una actitud valiente, firme, inspirada por los genuinos valores cristianos en defensa de la promoci&oacute;n de los derechos del hombre, del hombre del campo, tambi&eacute;n &eacute;l coprotagonista en la vida y en la construcci&oacute;n de una sociedad cada d&iacute;a m&aacute;s justa y, por lo tanto, m&aacute;s humana.<\/p>\n<p align=\"left\">En el pensamiento de la Iglesia, considerar que la organizaci&oacute;n social est&aacute; al servicio del hombre, y no al contrario, es un principio fundamental. Este principio vale para todos y siempre. Vale principalmente para los que son mandatarios de la sociedad para garantizar el bien de todos. Las iniciativas que toman, por lo que respecta al sector agr&iacute;cola, deben ser iniciativas en favor del hombre, tanto en el plano legislativo como en el &aacute;mbito judiciario, as&iacute; como tambi&eacute;n en el de la salvaguardia de los derechos de los ciudadanos. Una situaci&oacute;n en la que la poblaci&oacute;n, tambi&eacute;n la de zona rural, ve que su dignidad humana no es respetada, conduce a la ruina, pues deja el campo abierto a otras iniciativas, inspiradas &eacute;stas por el odio y la violencia.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Los trabajadores de la tierra, como los trabajadores de cualquier otro sector de producci&oacute;n, son y deben permanecer siendo siempre, a los propios ojos y a los ojos de los dem&aacute;s, te&oacute;rica y pr&aacute;cticamente, ante todo personas humanas. Deben tener la posibilidad de realizar las potencialidades contenidas en su ser, la capacidad de &quot;ser m&aacute;s&quot; hombre y, al mismo tiempo, ser tratado de acuerdo con su dignidad humana. Siendo &quot;el trabajo para el hombre y no el hombre para el trabajo&quot; es exigencia fundamental y plenamente respetuosa de su dignidad, que pueda sacar del mismo trabajo los medios necesarios y suficientes para afrontar decorosamente las propias responsabilidades familiares y sociales. Jam&aacute;s el hombre es un simple &quot;instrumento&quot; de producci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, dentro de una misma comunidad pol&iacute;tica bien ordenada, justicia y humanidad no casan ni se concilian con &quot;un cierto abuso de la libertad, por parte de algunos, que va unido precisamente a un comportamiento consum&iacute;stico, no controlado por la moral, lo cual limita contempor&aacute;neamente la libertad de los dem&aacute;s, es decir, de aquellos que sufren deficiencias relevantes y son empujados hacia condiciones de ulterior miseria e indigencia&quot;<i>&nbsp;(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PH.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i>&nbsp;16;<i>&nbsp;L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 18 marzo, 1979, p&aacute;g. 10), es una versi&oacute;n gigantesca de la par&aacute;bola del rico y del pobre L&aacute;zaro (cf.<i>&nbsp;Lc<\/i> 16, 19-31).<\/p>\n<p align=\"left\">En esa par&aacute;bola, Cristo no condena al rico porque es rico, o porque viste lujosamente. Condena duramente al rico que no tiene en consideraci&oacute;n la situaci&oacute;n de penuria del pobre L&aacute;zaro, que solamente desea alimentarse de las migajas que caen de la mesa del fest&iacute;n. Cristo no condena la simple posesi&oacute;n de bienes materiales. Sino que sus palabras m&aacute;s duras se dirigen contra quienes usan su riqueza de manera ego&iacute;sta, sin preocuparse del pr&oacute;jimo a quien le falta lo necesario.<\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras. Cristo se coloca del lado de la dignidad humana, del lado de aquellos cuya dignidad no es respetada, del lado de los pobres. &quot;Bienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu, porque de ellos es el reino de los cielos&quot; <i>(Mt<\/i> 5, 3). S&iacute;; bienaventurados los pobres, los pobres de bienes materiales que conservan, en cambio, su dignidad de hombre. Bienaventurados los pobres, los que por causa de Cristo, tienen una especial sensibilidad por su hermano o su hermana que se hallan necesitados, por su pr&oacute;jimo que es v&iacute;ctima de injusticias, por su vecino que sufre tantas privaciones e incluso el hambre, la desocupaci&oacute;n o la imposibilidad de educar dignamente a sus hijos. Bienaventurados los pobres, los que saben despegarse de sus posesiones o de su poder, para colocarlos al servicio de los necesitados, para comprometerse en la b&uacute;squeda de un orden social justo, para promover los cambios de actitudes necesarios a fin de que los marginados puedan encontrar sitio en la mesa de la familia humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo que se refiere a los bienes de primera necesidad \u2014alimentos, vestido, vivienda, asistencia m&eacute;dico-social, instrucci&oacute;n de base, formaci&oacute;n profesional, transporte, informaci&oacute;n, posibilidades de distracci&oacute;n, vida religiosa\u2014 es necesario que no haya estratos sociales privilegiados. Que entre los ambientes urbanos y ambientes rurales no se verifiquen desigualdades clamorosas y cuando &eacute;stas se produzcan, apl&iacute;quense r&aacute;pidamente los medios adecuados para que sean eliminadas o reducidas al m&iacute;nimo posible. En esto, todos y cada uno han de sentirse comprometidos: personas, grupos sociales y poderes p&uacute;blicos a todos los niveles.<\/p>\n<p align=\"left\">6. A los trabajadores de la tierra como a los dem&aacute;s trabajadores, no se les puede negar, bajo ning&uacute;n pretexto, el derecho de participaci&oacute;n y de comuni&oacute;n, con sentido de responsabilidad, en la vida de las empresas y de las organizaciones destinadas a definir y salvaguardar sus intereses, e incluso en el arduo y peligroso camino hacia la indispensable transformaci&oacute;n de las estructuras de la vida econ&oacute;mica, siempre en favor del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Esa presencia activa de los trabajadores, a diversos niveles, en la sociedad, a la que les liga su actividad, presupone siempre una econom&iacute;a al servicio del hombre, con toda la verdad de su ser personal. As&iacute;, para superar contrastes que surgen cada vez que se confunde libertad con instinto del inter&eacute;s individual y colectivo, o con el instinto de lucha y de dominio, cualesquiera que sean los colores ideol&oacute;gicos que los polaricen, para que tal participaci&oacute;n de los trabajadores sea eficaz y constructiva, es necesaria una previa conversi&oacute;n de las mentes, de las voluntades y de los corazones: la conversi&oacute;n al hombre, a la verdad del hombre. Conocer y aceptar la verdad es la condici&oacute;n b&aacute;sica de la libertad: &quot;Conocer&eacute;is la verdad y la verdad os har&aacute; libres&quot;<i>&nbsp;(Jn<\/i>&nbsp;8, 32).<\/p>\n<p align=\"left\">7. En el lenguaje b&iacute;blico, el pensamiento de Dios con respecto a la relaci&oacute;n hombre-tierra, se expresa en estos t&eacute;rminos: &quot;Tom&oacute; el Se&ntilde;or Dios al hombre y lo puso en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n, para cultivarlo y guardarlo&quot; (<i>G&eacute;n<\/i> 2, 15). En otro pasaje se lee que a la primera pareja humana, le dijo: &quot;&#8230; Poblad la tierra, sometedla y dominad sobre la creaci&oacute;n&quot; (cf.<i> G&eacute;n<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora bien, &quot;dominar&quot; y &quot;cultivar&quot; la tierra deber&iacute;a ser el principio siempre observado por todos los hombres en la administraci&oacute;n de este don de Dios; el principio que dicta la l&iacute;nea de acci&oacute;n absolutamente obligatoria para todos aquellos que son responsables e interesados en el problema de la tierra: personas investidas de p&uacute;blicos poderes, t&eacute;cnicos, empresarios y trabajadores.<\/p>\n<p align=\"left\">Sucede, sin embargo, que &laquo;el hombre parece a veces no percibir otros significados de su ambiente natural, sino solamente aquellos que sirven a los fines de un uso o consumo inmediatos. En cambio, era voluntad del Creador que el hombre se pusiera en contacto con la naturaleza como &quot;due&ntilde;o&quot; y &quot;custodio&quot; inteligente y noble, y no como &quot;explotador&quot; y &quot;destructor&quot; sin ning&uacute;n reparo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PG.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> 15; <i>L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 18 marzo, 1979, p&aacute;g.. 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Ante los recursos inmensos y las riquezas maravillosas de esta gran naci&oacute;n, surge espont&aacute;neamente un grito del alma: &iexcl;cultivad y custodiad vuestro querido Brasil! Aprovechad y dominad esos recursos, haced que rindan m&aacute;s en favor del hombre, del hombre de hoy y de ma&ntilde;ana. Aqu&iacute;, en cuanto al uso del don de Dios que es la tierra, se debe pensar mucho en las generaciones futuras, se debe pagar un tributo de austeridad, para no debilitar, reducir o, peor todav&iacute;a, hacer insoportables las condiciones de vida de las futuras generaciones. &iexcl;Lo exigen la justicia y la humanidad!<\/p>\n<p align=\"left\">8.&nbsp;Una &uacute;ltima palabra, especialmente para aquellos que, cuando trabajan, tienen la felicidad de caminar a la luz de Cristo. El trabajo es factor de producci&oacute;n, fuente de bienes econ&oacute;micos, medio de ganar la vida, etc. Pero debe ser concebido y vivido tambi&eacute;n como deber, como amor, como fuente de honor y como oraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Esto vale para todos los trabajadores, naturalmente, pero de modo especial para vosotros, trabajadores de la tierra. Vosotros est&aacute;is llamados a prestar un servicio a los hombres-hermanos, en contacto con la naturaleza, colaborando directamente con Dios, Creador y Padre, para que este nuestro planeta \u2014la tierra\u2014 sea cada vez m&aacute;s conforme a sus designios, el ambiente deseado para todas las formas de vida: la vida de las plantas, la vida de los animales y, sobre todo, la vida de los hombres. Mirad: &quot;al Se&ntilde;or pertenece la tierra y todo lo que contiene; el universo y todos cuantos lo habitan&quot; <i>(Sal<\/i> 23, 1). Hagamos todo lo que estuviere a nuestro alcance, como sus &quot;guardianes inteligentes y nobles&quot;, para que siempre, sirviendo al hombre, &quot;toda la tierra adore a Dios, lo celebre y cante su nombre&quot;<i>&nbsp;(Sal<\/i>&nbsp;65, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">Os he hablado con el coraz&oacute;n, consciente de que la Iglesia, fiel a su Se&ntilde;or, sabe que debe abrirse a las realidades humanas, interpretarlas a la luz del Evangelio e impregnar, con la misma Buena Nueva, esas realidades, procurando llevar a los hombres a modificar \u2014cuando fuere necesario\u2014 los criterios de juicio, los valores preferidos, los centros de inter&eacute;s, las l&iacute;neas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida, que s&eacute; presentan en contraste con los designios de Dios (cf.<i>&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a>,<\/i>&nbsp;19).<\/p>\n<p align=\"left\">9.&nbsp;Es sabido que en este pa&iacute;s se est&aacute;n estudiando y poniendo en pr&aacute;ctica iniciativas de amplio alcance para el sector agr&iacute;cola. Quiera Dios que un humanismo cristiano las ilumine siempre: un verdadero sentido del hombre. Ese hombre es cada uno de vosotros y cada uno de los que vosotros represent&aacute;is aqu&iacute; con vuestra dignidad de persona y de hijo de Dios. Hay que afrontar con prontitud y profundidad una situaci&oacute;n sobre la cual vuestro silencio habla con mucha elocuencia. No dej&eacute;is que se rebaje nunca vuestra dignidad moral y religiosa aceptando sentimientos como el odio o el deseo de violencia. Amad la paz. Levantad los ojos hacia el Padre y Se&ntilde;or de todos; es El quien dar&aacute; a cada uno la recompensa de lo que es y hace.<\/p>\n<p align=\"left\">Por vosotros y con vosotros, queridos hermanos campesinos, en vuestro nombre y en nombre de Dios, yo ruego a los otros hermanos nuestros: que se busque la colaboraci&oacute;n y la concordia; que todos los responsables e interesados en el bien de cada hombre \u2014poderes p&uacute;blicos a nivel nacional, estatal o local, grupos, organizaciones y todos los hombres de buena voluntad, con la espec&iacute;fica contribuci&oacute;n de la Iglesia en el desempe&ntilde;o de su propia misi&oacute;n\u2014 busquen y apliquen las medidas reales, adecuadas y eficaces, para satisfacer los derechos del hombre del campo, para ayudarlo. En esto, quien m&aacute;s tiene, m&aacute;s obligado debe sentirse a cooperar.<\/p>\n<p align=\"left\">Somos la familia de los hijos de Dios. Como hermano, quiero deciros, amados campesinos de Brasil, que vosotros val&eacute;is mucho. Conservad vuestras riquezas humanas y religiosas: el amor a la familia, el sentido de la amistad y de la lealtad, la solidaridad con los m&aacute;s necesitados de entre vosotros, el respeto a las leyes y a todo lo que es leg&iacute;timo en la convivencia civil, el amor a la armon&iacute;a y a la paz, la confianza en Dios y la apertura hacia lo sobrenatural, la devoci&oacute;n a Nuestra Se&ntilde;ora, etc. Por Ella, por Nuestra Se&ntilde;ora, aqu&iacute; delante de su venerada imagen, que se presenta con el t&iacute;tulo para vosotros tan querido \u2014Nuestra Se&ntilde;ora del Carmen\u2014 pido a Dios que a todos asista, consuele y ayude. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA PARA LOS AGRICULTORES&nbsp; Recife Lunes 7 de julio de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, vosotros especialmente, campesinos del Nordeste y, representados por vosotros, los campesinos de todo Brasil: 1.&nbsp;Mis primeras palabras, muy sencillas pero que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-julio-de-1980-misa-para-los-agricultores-en-recife\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de julio\u00a0 de 1980, Misa para los agricultores en Recife\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39623","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39623","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39623"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39623\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39623"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39623"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39623"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}