{"id":39624,"date":"2016-10-05T22:56:27","date_gmt":"2016-10-06T03:56:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-julio-de-1980-misa-en-curitiba\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:27","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:27","slug":"6-de-julio-de-1980-misa-en-curitiba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-julio-de-1980-misa-en-curitiba\/","title":{"rendered":"6 de julio de 1980, Misa en Curitiba"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA EN CURITIBA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 6 de julio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(Act 2,<\/i>&nbsp;14-24.36<br \/> <i>Mt<\/i>&nbsp;16, 13-19).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amados hermanos en el Episcopado y en el presbiterado,<br \/> queridos hijos e hijas, religiosos y laicos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. &iquest;C&oacute;mo agradecer a la Providencia divina, que me concede la gracia de este encuentro con la poblaci&oacute;n de Curitiba y con peregrinos venidos de todo el Paran&aacute; y del vecino Estado de Santa Catalina? Sirva de agradecimiento la Eucarist&iacute;a que quisisteis colocar en el centro de este encuentro como alma e inspiraci&oacute;n del mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora, en esta Eucarist&iacute;a acaban de resonar dos p&aacute;ginas del Nuevo Testamento, que un Papa, Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro, no puede escuchar sin &iacute;ntima emoci&oacute;n, sin que vuelva a abrirse en &eacute;l, como una llaga, la conciencia de su propia peque&ntilde;ez, ante la misi&oacute;n recibida, pero, al mismo tiempo, con una renovada confianza en Aquel que todo lo puede (cf.<i> Flp<\/i> 4, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Una contiene el episodio de Cesarea de Filipo: la inequ&iacute;voca confesi&oacute;n de Pedro (T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo) a la cual responde la misteriosa y prodigiosa confesi&oacute;n de Cristo (&iexcl;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia!). A lo largo de dos mil a&ntilde;os, doscientas sesenta y cuatro veces fue dicha esta misma palabra a los o&iacute;dos y a la conciencia de un hombre fr&aacute;gil y pecador. Doscientas sesenta y cuatro veces un nuevo Pedro fue colocado al lado del primero para ser piedra angular de la Iglesia. Ultimo en el tiempo, fue repetida a m&iacute; la promesa de Cesarea de Filipo y en esa funci&oacute;n de Pedro me encuentro en medio de vosotros. &iquest;Con qu&eacute; mensaje?<\/p>\n<p align=\"left\">Con el mismo que brota de otra p&aacute;gina le&iacute;da en la presente liturgia. Pedro, el ardiente pero timorato, el amigo, el renegado, el arrepentido, acababa de recibir el Esp&iacute;ritu Santo. Y por la fuerza del Esp&iacute;ritu anuncia a una Jerusal&eacute;n repleta de peregrinos: &quot;A ese hombre que entregasteis para crucificarlo, Dios lo resucit&oacute; y lo constituy&oacute; Se&ntilde;or&quot; (cf. <i>Act<\/i> 2, 23-24, 36). Todo cuanto Pedro dir&aacute; hasta la &uacute;ltima confesi&oacute;n en una colina del Vaticano, que corona la de Cesarea de Filipo, se reduce a esas frases. Todo cuanto debe decir el Sucesor de Pedro, tal vez est&eacute; contenido en esas sencillas palabras:. &quot;Dios lo constituy&oacute; Se&ntilde;or&quot;. Es en el fondo lo que el Papa siente: el dulce y urgente deber de anunciarlo, por donde pasa, con la fuerza y el fervor de quien anuncia una Buena Nueva.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Pero el Sucesor de Pedro encuentra aqu&iacute; y ahora un nuevo motivo de semejanza con su lejano primer Predecesor en ese su ruego referido en la lectura de esta liturgia. Este Estado de Paran&aacute;, esta ciudad de Curitiba donde me encuentro, retrata bien la Jerusal&eacute;n de la ma&ntilde;ana de Pentecost&eacute;s, por la inmensa variedad de razas a que pertenecen quienes oyen anunciar la Buena Nueva de Jesucristo. All&iacute; \u2014seg&uacute;n la fascinante enumeraci&oacute;n de los Hechos de los Ap&oacute;stoles\u2014 partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto. Aqu&iacute;, caldeados por la tierra que les acogi&oacute;, pero presentes y reconocibles de alg&uacute;n modo en los rostros de sus hijos, nietos y biznietos \u2014portugueses, italianos, ucranianos, alemanes, japoneses, rumanos, espa&ntilde;oles, sirios, libaneses\u2014 &iexcl;por no hablar de esos, muy numerosos, que tienen en las venas una sangre igual a la m&iacute;a: sangre polaca!<\/p>\n<p align=\"left\">Innumerables veces, mucho antes de que yo imaginase que iba a venir aqu&iacute; y previese este encuentro, conoc&iacute;a ya ese aspecto de Paran&aacute;, punto de llegada de numerosas corrientes migratorias, punto de encuentro de hermanos venidos de los m&aacute;s alejados rincones de la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">En este fen&oacute;meno, que la fr&iacute;a etiqueta de la inmigraci&oacute;n define tan pobremente, se esconde una admirable riqueza de aspectos humanos y \u2014&iquest;por qu&eacute; no?\u2014 evang&eacute;licos.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;El primero de todos, la acogida franca y generosa que, apenas nacido a la independencia pol&iacute;tica, este pa&iacute;s comenz&oacute; a ofrecer a los m&aacute;s diversos pueblos. Cuando dif&iacute;ciles coyunturas hist&oacute;ricas hicieron caer sobre varios pa&iacute;ses de Europa el espectro del hambre, inmensos terrenos del sur de Brasil fueron ofrecidos a los brazos dispuestos para su cultivo, pero sobre todo, un nuevo hogar se le daba a quien all&iacute; acud&iacute;a. Cuando en alguna naci&oacute;n el exceso de poblaci&oacute;n lleg&oacute; a crear problemas graves de espacio vital, Brasil supo abrir sus espacios casi ilimitados con prodigalidad e inteligencia. Hay un arte en la acogida, una habilidad para recibir, cosas ambas que es imposible codificar en las leyes y normas de la inmigraci&oacute;n, pero que Brasil, gracias a las cualidades de su pueblo, conoce y aplica perfectamente. &iquest;Habr&aacute; pa&iacute;ses en que la asimilaci&oacute;n e integraci&oacute;n del inmigrado se haga con igual naturalidad? Con mayor naturalidad que aqu&iacute;, imposible. No creo haber visto en otro lugar a los inmigrados, y a sus hijos y nietos, sentirse tan apasionados de la tierra que les acogi&oacute; a ellos o a sus antepasados, tan compenetrados con Brasil, a la vez que no reniegan de sus pa&iacute;ses de origen.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero, pues, como hijo de una patria de la que vinieron aqu&iacute; tantos hijos, rendir un sentido homenaje a la amplia e inconfundible hospitalidad de este pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Y aqu&iacute; viene el segundo aspecto. Acogido sin reticencias ni prejuicios, el inmigrante retribuy&oacute; inmediatamente la hospitalidad recibida. No hay exageraci&oacute;n al decir que el Brasil moderno, cuya palpitaci&oacute;n de vitalidad pude ya ver en Brasilia, en R&iacute;o de Janeiro, en Belo Horizonte, S&atilde;o Paulo y Porto Alegre y veo palpitar aqu&iacute;, es producto tambi&eacute;n del trabajo resuelto, pero libre y alegre, de centenares de millares de inmigrantes. Pienso que, al igual que S&atilde;o&nbsp; Paulo y R&iacute;o Grande del Sur, Paran&aacute; es un magn&iacute;fico ejemplo de ello. Y no hay duda de que la laboriosidad del inmigrante, sum&aacute;ndose a la de los brasile&ntilde;os de larga veteran&iacute;a, no pod&iacute;a dejar de enriquecer, con un sentido nuevo, el progreso del pa&iacute;s. &iquest;Ser&iacute;a exagerado hablar de un sello profundamente solidario y fraternal de ese progreso?<\/p>\n<p align=\"left\">No quiero silenciar, en el transcurso de esta Eucarist&iacute;a, un tributo de afecto a los inmigrantes que ayudaron a construir Paran&aacute; (y Brasil). No siempre fue risue&ntilde;o el cuadro de su venida aqu&iacute;. Estuvo muchas veces llena de sufrimientos y amarguras la historia de cada familia y cada promoci&oacute;n que aqu&iacute; llegaban. No habr&aacute; faltado ninguna de las dificultades que suelen rodear la salida de la propia patria en busca de otra. A pesar de todo, aquellos hombres y mujeres supieron aclimatarse en la nueva tierra, construir un nuevo hogar, formar familias cuya pobreza material corr&iacute;a parejas con alt&iacute;simos valores humanos, morales y religiosos. Supieron sobre todo amar su nueva patria y trabajar por ella. Darle hijos y nietos de primer&iacute;sima calidad en el sacerdocio, en las artes, en la pol&iacute;tica, en la literatura.<\/p>\n<p align=\"left\">5. El tercer aspecto es el que hoy se presenta a mis ojos: la prodigiosa integraci&oacute;n en la mezcla de razas de que Brasil da ejemplo. He tenido ya ocasi&oacute;n de decirlo, pero lo repito de buen grado, a causa de la admiraci&oacute;n \u2014y de la emoci&oacute;n\u2014 que el hecho suscita en m&iacute;: De todas las bellezas de vuestro pa&iacute;s, no s&eacute; si llevar&eacute; en el coraz&oacute;n una imagen de belleza m&aacute;s impresionante y significativa que la de la concordia, la alegr&iacute;a espont&aacute;nea, el sentido de aut&eacute;ntica fraternidad con que conviven aqu&iacute; las m&aacute;s variadas razas.<\/p>\n<p align=\"left\">En este festivo encuentro se hallan tambi&eacute;n presentes numerosos<i> ciudadanos de origen italiano,<\/i> a los que deseo dirigir un afectuoso saludo y un cordial augurio.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo es el del Papa, es decir del Obispo de Roma, de esa Roma qu&eacute; no s&oacute;lo es el centro del catolicismo, sino tambi&eacute;n la capital de vuestra querida patria de origen, que dejasteis para buscar trabajo, pero que conserv&aacute;is en vuestro coraz&oacute;n y en la cima de vuestros pensamientos con inmenso amor, por lo que ella ha representado para vosotros, para vuestros parientes, para la historia del mundo y para la misma historia del cristianismo. Os exhorto a conservar esos tesoros de luz, de verdad, de cultura, de arte; pero especialmente esos grandes valores humanos y cristianos, que han caracterizado siempre y constituido la verdadera gloria del pueblo italiano: su cordialidad para con todos, la apertura a la solidaridad universal, la gran calidad humana, el apego al n&uacute;cleo familiar, el sentido del deber, el inter&eacute;s por el trabajo.<\/p>\n<p align=\"left\">Conservad intacto, mejor dicho hacedlo fructificar con un testimonio coherente y claro, el tesoro de la<i> fe cristiana, <\/i>que os fue dado con el bautismo.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Sent&iacute;os orgullosos de ser cristianos! &iexcl;Demostradlo siempre con la palabra, con el comportamiento, en el ambiente del trabajo, en la familia, en la profesi&oacute;n, sin respeto humano alguno!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Mi bendici&oacute;n apost&oacute;lica confirme estos mis deseos!<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo dirigir ahora una palabra de saludo y de afecto tambi&eacute;n a la poblaci&oacute;n de origen alem&aacute;n, que precisamente en la regi&oacute;n sur de Brasil es especialmente numerosa y cuya presencia ha sido muy importante para el desarrollo social del pa&iacute;s. Como los emigrantes de otras naciones, tambi&eacute;n vuestros predecesores contribuyeron decisivamente a la mejora y al cultivo de Brasil. Ellos dieron un sello a villas, ciudades y enteras regiones con la herencia espiritual y cultural de su patria y &eacute;sta se inserta, como elemento important&iacute;simo, en el pueblo brasile&ntilde;o y en su cultura.<\/p>\n<p align=\"left\">Como supremo Pastor de la Iglesia, queridos hermanos y hermanas de origen alem&aacute;n, deseo en esta ocasi&oacute;n recordaros sobre todo que esa herencia de vuestros padres es principalmente una herencia cristiana y que la fe en Cristo y vuestra pertenencia a la Iglesia de Jesucristo son tesoros preciosos e inigualables, que hab&eacute;is recibido de manos de vuestros predecesores. Caber recordar aqu&iacute; cu&aacute;ntos han sido los sacerdotes y religiosos venidos de vuestras filas, que han llevado en gran n&uacute;mero la vida&nbsp; religiosa a muchos campos de este pa&iacute;s. La fidelidad a vuestra herencia espiritual y cultural significa, por tanto, de modo especial, fidelidad a vuestros or&iacute;genes religiosos y a una conducta de vida cristiana en vuestras familias, en la comunidad, en la profesi&oacute;n y en la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\">El Sucesor de San Pedro, con esta su visita, desea alentaros y fortaleceros, as&iacute; como a todos los hermanos en la fe, en esa fidelidad a vuestra fe cat&oacute;lica. Por eso, imparto de coraz&oacute;n, a vosotros y a todos vuestros hermanos de origen alem&aacute;n en el gran Brasil, la bendici&oacute;n apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">Y ahora me dirijo a vosotros, queridos ucranianos. Os doy las gracias tambi&eacute;n a vosotros, que hab&eacute;is querido saludar en mi persona al Vicario de Cristo en la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute; en Curitiba est&aacute; el centro de vuestra vida eclesi&aacute;stica, porque aqu&iacute; est&aacute;, la sede de vuestra di&oacute;cesis, que fue erigida por mi predecesor Pablo VI, de venerable memoria; aqu&iacute; en Curitiba comenz&oacute; vuestra vida religiosa, ya que, hace m&aacute;s de 80 a&ntilde;os, por primera vez un sacerdote cat&oacute;lico ucraniano celebr&oacute; la Santa liturgia en vuestro rito para vuestros antepasados en la fiesta de San Juan Bautista y por eso a dicho Santo est&aacute; dedicada vuestra catedral y vuestra di&oacute;cesis.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora, en honor del precursor de Cristo, vosotros, ucranianos cat&oacute;licos, vais a construir aqu&iacute; en Curitiba una nueva iglesia catedral. Y precisamente hoy bendigo, de buen grado, la primera piedra de ese templo.<\/p>\n<p align=\"left\">Junto con la primera piedra, bendigo tambi&eacute;n de coraz&oacute;n a todos vosotros aqu&iacute; reunidos.<\/p>\n<p align=\"left\">En primer lugar, bendigo al actual celoso Pastor, el obispo Jefrem Krewey, y a su predecesor el obispo Josyf Martenetz, hombre de virtud y de oraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Bendigo a todos los sacerdotes, tanto seculares como religiosos, que trabajan en la santificaci&oacute;n de vuestras almas inmortales. Bendigo a todos cuantos les ayudan en el trabajo pastoral; a saber: las religiosas Esclavas de la Inmaculada; las religiosas Basilianas, las religiosas Catequistas de Santa Ana, las religiosas de San Jos&eacute; y las Catequistas del Sagrado Coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Bendigo a los alumnos del seminario menor y mayor, esperanza de vuestra di&oacute;cesis, as&iacute; como a los escol&aacute;sticos basilianos.<\/p>\n<p align=\"left\">Bendigo a los enfermos de vuestros hospitales, a todos cuantos est&aacute;n afligidos en el alma y en el cuerpo.<\/p>\n<p align=\"left\">Bendigo a los ni&ntilde;os de vuestros orfanatos. Bendigo a todos vosotros, ancianos y j&oacute;venes, padres e hijos, a todos los aqu&iacute; presentes, as&iacute; como a todos los ucranianos en todo Brasil.<\/p>\n<p align=\"left\">Sed fieles a los mandamientos de Dios; sed leales ciudadanos del Estado en que viv&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Apreciad vuestro rito, amadlo, porque ese rito preserva vuestra identidad nacional.<\/p>\n<p align=\"left\">Que Dios misericordioso os tenga bajo su protecci&oacute;n por intercesi&oacute;n de la Inmaculada Virgen Mar&iacute;a y de los Santos de vuestra Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p align=\"left\">Permitid&#8217; ahora, queridos hermanos y hermanas, que invoque al menos algunos de nuestros patronos, que supieron traducir el misterio de la cruz, el misterio del amor divino en el lenguaje particular de la vida cotidiana y en las diversas &eacute;pocas, desde el comienzo, y lo imprimieron en el coraz&oacute;n de las nuevas generaciones de los hombres creyentes y en la historia de nuestra naci&oacute;n y de la patria: San Woiciech (Adalberto), San Estanislao de Kostka, San Andr&eacute;s Bobola, los Beatos Ladislao de Gielnow, Sim&oacute;n de Lipnica, Salomea, Ceslao, Kinga, la reina Eduvigis, Maximiliano Mar&iacute;a Kolbe, testimonio especial de la cruz de Cristo en nuestro tiempo, Mar&iacute;a Teresa Ledokowska y tantos otros no canonizados, pero tan presentes en la vida de la Iglesia y de la patria. Quiero recordar tambi&eacute;n a aquellos que vivieron aqu&iacute;, en esta tierra, e imprimieron en ella el signo del amor de Cristo y dieron testimonio de la fidelidad a la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Cu&aacute;nto deseo que su herencia viva y se desarrolle en vosotros, que ellos mismos revivan en nuestros tiempos y en las nuevas generaciones, en la medida de las necesidades y de los deberes!<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas: Os saludo a todos, os doy las gracias por las expresiones de uni&oacute;n con la Santa Sede y por las oraciones que elev&aacute;is a Dios por mis intenciones. Rogad tambi&eacute;n para que yo pueda cumplir del mejor modo esta mi presente visita pastoral en Brasil, mi servicio a la Iglesia en este pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos cuantos aqu&iacute; est&aacute;is, a vuestras familias, los allegados, los amigos, los conocidos, los que est&aacute;n aqu&iacute; presentes con el esp&iacute;ritu y el coraz&oacute;n, bendigo cordialmente con el signo de la cruz de Cristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Celebrando aqu&iacute;, bajo la invocaci&oacute;n de Pentecost&eacute;s recordado en la primera lectura, la Eucarist&iacute;a que es sacramento de unidad y de fraternidad de los disc&iacute;pulos de Cristo, pero que es tambi&eacute;n germen de unidad y fraternidad en el mundo, quiero hacer una petici&oacute;n a vosotros y una petici&oacute;n por vosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Por vosotros pido a Dios con el mayor fervor que nunca llegue a entibiarse, sino que se anime cada vez m&aacute;s y aumente la profunda integraci&oacute;n racial que existe entre vosotros. Que en esta fraternidad entre los diversos pueblos no falte una especial solidaridad con vuestros hermanos ind&iacute;genas. Que siga habiendo entre vosotros apertura para acoger otros muchos grupos humanos necesitados de una nueva patria, porque est&aacute;n privados de las suyas.<\/p>\n<p align=\"left\">A vosotros os pido, con afecto de Padre y confianza de hermano, que conserv&eacute;is siempre este aspecto de vuestro ser. Y esta mi petici&oacute;n se alarga en votos para que en este nuestro mundo donde hay a&uacute;n tanta discriminaci&oacute;n, los hombres comprendan cada vez mejor, se acepten unos a otros, por lo que tienen en com&uacute;n, a fin de que crezca la solidaridad, el amor y la fraternidad entre los pueblos y se consoliden las bases de la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">Reciba la Virgen Mar&iacute;a, Nuestra Se&ntilde;ora Aparecida, la oraci&oacute;n del Papa en este sentido.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN CURITIBA Domingo 6 de julio de 1980 &nbsp; (Act 2,&nbsp;14-24.36 Mt&nbsp;16, 13-19). 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