{"id":39627,"date":"2016-10-05T22:56:31","date_gmt":"2016-10-06T03:56:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-julio-de-1980-misa-en-honor-del-beato-jose-de-anchieta-sao-paulo\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:31","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:31","slug":"3-de-julio-de-1980-misa-en-honor-del-beato-jose-de-anchieta-sao-paulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-julio-de-1980-misa-en-honor-del-beato-jose-de-anchieta-sao-paulo\/","title":{"rendered":"3 de julio\u00a0 de 1980, Misa en honor del beato Jos\u00e9 de Anchieta, S\u00e3o Paulo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> EN HONOR DEL BEATO JOS&Eacute; DE ANCHIETA<\/font><\/p>\n<p> <\/b>Campo de Marte, S&atilde;o Paulo<br \/> Jueves 3 de julio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Me siento realmente feliz por estar hoy con vosotros, en esta querida ciudad de S&atilde;o Paulo, cuyo Ayuntamiento, delicadamente, quiso ofrecerme el t&iacute;tulo de &quot;ciudadano paulista&quot;, motivando este gesto el hecho de haber recientemente, como Sumo Pont&iacute;fice, decretado la beatificaci&oacute;n del padre Jos&eacute; de Anchieta, de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, considerado \u2014y con raz&oacute;n\u2014 uno de los fundadores de vuestra ciudad.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta manifestaci&oacute;n de cordialidad me conmueve y me lleva a expresar mi vivo y sincero agradecimiento.<\/p>\n<p align=\"left\">Y ahora, deseo reflexionar con vosotros sobre la fascinante figura del Beato Anchieta, tan ligado a la historia religiosa y civil de este querido Brasil.<\/p>\n<p align=\"left\">El Beato Anchieta lleg&oacute; aqu&iacute;, a esta parte de vuestra gran naci&oacute;n, Brasil, en 1554. La ciudad no exist&iacute;a a&uacute;n; hab&iacute;a apenas algunos poblados de abor&iacute;genes. Lleg&oacute; el 24 de enero, vigilia de la fiesta de la Conversi&oacute;n de San Pablo. La primera Misa aqu&iacute; celebrada fue, por tanto, exactamente en honor del Ap&oacute;stol de los Gentiles y a &eacute;l fue dedicada la villa que deb&iacute;a surgir en torno a la peque&ntilde;a caba&ntilde;a \u2014la &quot;iglesi&ntilde;a&quot;\u2014, que ser&iacute;a su coraz&oacute;n. De ah&iacute;, el nombre de esta vuestra ciudad de<i> S&atilde;o Paulo, <\/i>hoy sin duda la mayor ciudad de Brasil.<\/p>\n<p align=\"left\">Natural de las Islas Canarias, educado en Portugal, Jos&eacute; de Anchieta proven&iacute;a de aquellas naciones que, en esa &eacute;poca, tanto contribuyeron al descubrimiento del nuevo mundo: de Espa&ntilde;a y de Portugal part&iacute;an navegadores y pioneros, que, surcando los mares, llegaban a tierras hasta entonces desconocidas. En su rastro, segu&iacute;an los conquistadores, colonos, comerciantes, exploradores.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Hab&iacute;a venido el padre Anchieta como un soldado en busca de gloria, un conquistador en busca de tierras, o un comerciante en busca de buenos negocios y dinero? &iexcl;No! Vino como misionero, para anunciar a Jesucristo, para difundir el Evangelio. Vino con el &uacute;nico objetivo de conducir los hombres a Cristo, transmiti&eacute;ndoles la vida de hijos de Dios, destinados a la vida eterna. Vino sin exigir nada para s&iacute;; por el contrario, dispuesto a dar su vida por ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">Pues bien, tambi&eacute;n yo vengo a vosotros, impulsado por el mismo motivo, impulsado por igual amor; vengo a vosotros como humilde mensajero de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Esa ha sido siempre la &uacute;nica motivaci&oacute;n de los viajes que me han llevado a los diversos continentes; son viajes apost&oacute;licos del que, por ser Siervo de Cristo, quiere confirmar a los hermanos en la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">Es ese el motivo, tambi&eacute;n hoy, de que me encuentre en medio de vosotros. Motivo que me une, &iacute;ntimamente, a vuestro amado Beato Jos&eacute; de Anchieta.<\/p>\n<p align=\"left\">Recibidme igual que recibisteis al padre Anchieta: que mi paso por entre vosotros tenga algo de lo que fue el paso y la permanencia del gran ap&oacute;stol en medio de vuestra gente, en vuestras aldeas de entonces, en vuestro gran pa&iacute;s. Que sea el paso de la gracia del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Joven, lleno de vida, inteligente, alegre por naturaleza, de coraz&oacute;n abierto y amado por todos, brillante en los estudios de la universidad de Coimbra, Jos&eacute; de Anchieta supo granjearse la simpat&iacute;a de sus colegas, que gustaban de o&iacute;rle recitar. Por causa de su timbre de voz, le llamaban el &quot;canari&ntilde;o&quot;, recordando as&iacute; el c&aacute;ntico de los p&aacute;jaros de su isla natal, Tenerife, en las Canarias.<\/p>\n<p align=\"left\">Ante s&iacute;, se abr&iacute;an muchos caminos al &eacute;xito. Pero, joven de fe, estaba atento a las inspiraciones y mociones de Dios que le atra&iacute;a por otros caminos, le llamaba y orientaba por una vereda muy diferente de la que otros, tal vez, hab&iacute;an imaginado para &eacute;l. Cuando su alma se sent&iacute;a en oscuridad espiritual, el joven buscaba el silencio, la soledad, para orar. Muchas veces, dejando a un lado los libros, paseaba solitario por las m&aacute;rgenes del r&iacute;o Mondego.<\/p>\n<p align=\"left\">En una de esas caminatas, Jos&eacute; entr&oacute; en la catedral de Coimbra y, ante el altar de la Virgen Mar&iacute;a, sinti&oacute; inesperadamente la paz y serenidad tan deseadas. Resolvi&oacute; entonces dedicar su vida al servicio de Dios y de los hombres. Y, para vivir este ideal, hizo all&iacute;, en esa misma ocasi&oacute;n, el voto de castidad, consagr&aacute;ndose a la Virgen; ten&iacute;a entonces 17 a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">A partir de ese momento, intensific&oacute; su oraci&oacute;n, prosigui&oacute; sus estudios con ardor. Todav&iacute;a joven demostraba un gran sentido de madurez ante el valor de la vida. El don de s&iacute;, hecho a la Madre de Dios, comenz&oacute; a concretarse en un llamamiento a la vida religiosa.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esa &eacute;poca, se le&iacute;an en la universidad de Coimbra las cartas que Francisco Javier \u2014el gran misionero\u2014 escrib&iacute;a desde Oriente y que tra&iacute;an tambi&eacute;n insistentes llamamientos a los j&oacute;venes estudiantes de las universidades europeas. Profundamente impresionado con lo que Francisco Javier dec&iacute;a acerca de las carencias de tantos pueblos y pa&iacute;ses y deseando seguir su ejemplo tan elocuente de dedicaci&oacute;n a la gloria de Dios y al bien de los hombres, Jos&eacute; de Anchieta decidi&oacute; entrar en la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s: &iexcl;quer&iacute;a ser misionero!<\/p>\n<p align=\"left\">Y as&iacute;, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, vino a Brasil.<\/p>\n<p align=\"left\">En este instante, quiero dirigirme a vosotros, j&oacute;venes de S&atilde;o Paulo, j&oacute;venes de todo Brasil, de la gran naci&oacute;n que puede ser llamada &quot;joven&quot;, ya que su poblaci&oacute;n cuenta con tan elevado &iacute;ndice de juventud: &iexcl;mirad a vuestro Anchieta!<\/p>\n<p align=\"left\">Era joven como vosotros, pero abierto a Dios y a sus llamadas. Estaba lleno de vida como vosotros, pero en la oraci&oacute;n buscaba la respuesta a la vida. Y en este contacto con Dios vivo encontr&oacute; el camino que conduce a la vida verdadera, a una vida de amor a Dios y a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">El Se&ntilde;or, que vivi&oacute; sobre la tierra, yendo de aldea en aldea haciendo el bien (cf.<i> Mt 9,<\/i> 35), sigue pasando todav&iacute;a hoy, en busca de corazones abiertos a su invitaci&oacute;n: &quot;Ven y s&iacute;gueme&quot;<i> (Mt<\/i> 19, 21;<i> Lc<\/i> 10, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">Recordad: Jos&eacute; de Anchieta respondi&oacute; generosamente y el Se&ntilde;or hizo de &eacute;l el &quot;ap&oacute;stol de Brasil&quot;, que contribuy&oacute;, de manera insigne, al bien de vuestro pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Hecho misionero, Jos&eacute; de Anchieta vivi&oacute; el esp&iacute;ritu del Ap&oacute;stol de los Gentiles, que en sus Cartas hablaba de peripecias, dificultades y peligros afrontados, para llenar su coraz&oacute;n, como &quot;cuidado de todos los d&iacute;as, de la preocupaci&oacute;n por todas las Iglesias&quot; (<i>2 Cor<\/i> 11, 26-28).<\/p>\n<p align=\"left\">En una carta, fechada el 1 de junio de 1560, revelando sus ansias por conducir al Se&ntilde;or los pueblos de este pa&iacute;s, el padre Anchieta escrib&iacute;a textualmente: &quot;Por este motivo, sin dejarnos intimidar por los grandes calores, las tempestades, las lluvias, las corrientes torrenciales e impetuosas de los r&iacute;os, procuramos sin descanso visitar todas las aldeas y villas tanto de los indios como de los portugueses e incluso de noche acudimos a los enfermos, atravesando bosques tenebrosos a costa de grandes fatigas, tanto por la aspereza de los caminos como por el mal tiempo&quot; (Carta al p. Diego La&iacute;nez, prep&oacute;sito general de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s). Y describiendo todav&iacute;a m&aacute;s abiertamente las condiciones de quienes, con &eacute;l y como &eacute;l, dedicaban a los &quot;bras&iacute;s&quot; \u2014como sol&iacute;a llamarlos\u2014, revela m&aacute;s profundamente a&uacute;n la grandeza de su amor y de su esp&iacute;ritu de sacrificio y, sobre todo, la finalidad de su existencia: &quot;Pero nada es dif&iacute;cil para quienes acarician en su coraz&oacute;n y tienen como &uacute;nico fin la gloria de Dios y la salvaci&oacute;n de las almas, por las que no dudan en dar su vida&quot;<i> (ib.).<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Salvar las almas para gloria de Dios: &eacute;se era el objetivo de su vida. Ello explica la prodigiosa actividad de Anchieta para buscar nuevas formas de actuaci&oacute;n apost&oacute;lica, que lo llevaban finalmente a hacerse todo para todos, por el Evangelio; a hacerse siervo de todos a fin de ganar el mayor n&uacute;mero posible para Cristo (cf.<i> 1 Cor<\/i> 9, 19-22).<\/p>\n<p align=\"left\">No escatim&oacute; ning&uacute;n esfuerzo, para comprender a sus &quot;bras&iacute;s&quot; y compartir con ellos la vida. Si aprendi&oacute; la dif&iacute;cil lengua de ellos \u2014y tan perfectamente que fue el primero en componer una gram&aacute;tica de esa lengua\u2014 se debe a su amor, que le impel&iacute;a a encarnarse entre ellos, pero para hablarles de Jes&uacute;s y transmitirles la Buena Nueva.&nbsp;De&nbsp;ese modo, se transform&oacute; en eximio catequista que \u2014siguiendo el ejemplo de Cristo Se&ntilde;or, Dios hecho hombre para revelar al Padre\u2014, viviendo entre los hombres, les hablaba de manera sencilla, acomod&aacute;ndose a sus categor&iacute;as mentales y a sus costumbres.<\/p>\n<p align=\"left\">Con esa misma finalidad, tomando en consideraci&oacute;n las dotes y cualidades naturales de los indios, su sed de saber, su generosidad, hospitalidad y sentido comunitario, promovi&oacute; y desarroll&oacute; las &quot;aldeas&quot;, centros donde la vida de cada familia se fund&iacute;a con la de los dem&aacute;s, de modo adecuado, en el trabajo, en la solidaridad, en la cooperaci&oacute;n. Coraz&oacute;n de cada uno de esos centros era siempre la Casa de Dios, donde el Sacrificio Eucar&iacute;stico era celebrado regularmente y donde el Se&ntilde;or Sacramentado permanec&iacute;a presente. S&iacute;; porque un grupo social que no est&eacute; animado por la caridad que s&oacute;lo Dios sabe infundir en los corazones (cf.<i> Rom<\/i> 5, 5) no puede durar, ni puede ofrecer lo que el coraz&oacute;n del hombre y la humanidad entera buscan con ansiedad.<\/p>\n<p align=\"left\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-episc-latam_sp.html\">En Puebla<\/a>, hablando de la liberaci&oacute;n del hombre, insist&iacute; en que debe ser vista a la luz del Evangelio, es decir, a la luz de Cristo, que dio su vida para rescatar a la humanidad, liber&aacute;ndola del pecado. M&aacute;s recientemente a&uacute;n, hablando en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> &Aacute;frica<\/a>, donde tan vivo es el sentido comunitario, recomend&eacute; a los pueblos de aquel continente que procurasen desarrollar su sentido social de manera aut&eacute;nticamente cristiana, sin dejarse influir por corrientes ajenas, materialistas de un lado y consumistas de otro. Lo mismo os repito a vosotros. El padre Anchieta consegu&iacute;a comprender la mentalidad y las costumbres de vuestra gente. Con su prudente acci&oacute;n social, inspirada en el Evangelio y enraizada en &eacute;l, supo estimular un crecimiento y desarrollo capaces de integrar esa misma mentalidad y costumbres \u2014en lo que ten&iacute;an de aut&eacute;nticamente humano y, por tanto, querido por Dios\u2014 en la vida de las personas y de la comunidad civil y cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Apreciando el ansia de saber de los &quot;bras&iacute;s&quot;, su acentuado talento para la m&uacute;sica, su habilidad y otras dotes, cre&oacute; para ellos centros de formaci&oacute;n cultural y artesana que, poco a poco, contribuyeron a elevar el nivel general de las generaciones futuras: S<font face=\"Times New Roman\">&atilde;<\/font>o Paulo, Olinda, Bah&iacute;a, Porto Seguro, R&iacute;o de Janeiro, Reritiba \u2014donde muri&oacute; y que hoy se llama Anchieta\u2014 son lugares que, junto con otros no mencionados, nos hablan de la incansable actividad apost&oacute;lica del Beato.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero en todo este inmenso esfuerzo realizado por &eacute;l con ayuda de muchos hermanos suyos en religi&oacute;n, desconocidos por muchos, pero igualmente admirables, hab&iacute;a una visi&oacute;n y un esp&iacute;ritu: la visi&oacute;n integral del hombre rescatado por la Sangre de Cristo y el esp&iacute;ritu del misionero que hace todo lo posible para que los seres humanos a quienes se acerca para ayudarlos, apoyarlos y educarlos, consigan la plenitud de la vida cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Permitid que me dirija ahora de modo especial a vosotros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, que entregasteis vuestra vida para servir a la causa de Dios, en la Iglesia. Que la finalidad de vuestra acci&oacute;n pastoral, individual o colectivamente, no se desv&iacute;e jam&aacute;s de lo que es \u2014como dije en mi Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i>\u2014 el verdadero fin por el que el Hijo de Dios se hizo hombre y actu&oacute; entre nosotros. Que su misi&oacute;n de amor, de paz y de redenci&oacute;n sea verdaderamente la vuestra. Acordaos de que el mismo Cristo nos indic&oacute; en qu&eacute; consiste su misi&oacute;n: &quot;Veni ut vitam habeant et ut abundantius habeant&quot;<i> <\/i> (<i>Jn <\/i> 10, 10) &quot;Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Si quer&eacute;is ser continuadores de la vida y de la misi&oacute;n de Cristo, sed fieles a vuestra vocaci&oacute;n. El padre Anchieta se multiplic&oacute; incansablemente, a trav&eacute;s de tantas actividades, incluso el estudio de la fauna y la flora, de la medicina, de la m&uacute;sica y de la literatura; pero todo eso &eacute;l lo orientaba hacia el bien verdadero del hombre, destinado y llamado a ser y a vivir como hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &iquest;De d&oacute;nde sac&oacute; el padre Anchieta la fuerza para realizar tantas obras en una vida consumada toda en pro de los dem&aacute;s, hasta morir, extenuado, cuando todav&iacute;a estaba en plena actividad?<\/p>\n<p align=\"left\">Desde luego, no de una salud de hierro. Al contrario; siempre tuvo una salud precaria. Durante sus viajes apost&oacute;licos, hechos a pie y sin ayuda, sufri&oacute; continuamente en su cuerpo las consecuencias de un accidente que hab&iacute;a tenido siendo joven.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Tal vez sac&oacute; su fuerza de su talento y dotes humanas? En parte, s&iacute;; pero eso no lo explica todo. Solamente con esa afirmaci&oacute;n no se llega a la verdadera ra&iacute;z.<\/p>\n<p align=\"left\">El secreto de este hombre era su fe: Jos&eacute; de Anchieta era un hombre de Dios. Como San Pablo, pod&iacute;a decir: &quot;Scio cui credidi&quot;, &quot;S&eacute; a qui&eacute;n me he confiado&#8230; y estoy seguro de que puede guardar mi dep&oacute;sito para aquel d&iacute;a&quot; (<i>2 Tim <\/i>1. 12).<\/p>\n<p align=\"left\">Desde el momento en que, en la catedral de Coimbra, habl&oacute; con Dios y con la Virgen Mar&iacute;a, Madre de Cristo y nuestra, desde aquel momento hasta el &uacute;ltimo suspiro, la vida de Jos&eacute; de Anchieta fue de una claridad lineal: servir al Se&ntilde;or, estar a disposici&oacute;n de la Iglesia, prodigarse por aquellos que eran y deb&iacute;an ser hijos del Padre que est&aacute; en los cielos.<\/p>\n<p align=\"left\">Por cierto, no le faltaron dolores y penas, decepciones y fracasos; tambi&eacute;n &eacute;l tuvo su parte en el pan de cada d&iacute;a de todo ap&oacute;stol de Cristo, de lodo sacerdote del Se&ntilde;or. Pero en medio de su incansable actividad y continuo sufrimiento, jam&aacute;s le falt&oacute; la tranquila, serena y viril certeza basada en el Se&ntilde;or Jesucristo, con quien se encontraba y a quien se un&iacute;a en el misterio eucar&iacute;stico; a quien se entregaba constantemente para dejarse plasmar por su Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p align=\"left\">Jos&eacute; de Anchieta hab&iacute;a comprendido cu&aacute;l era la voluntad de Dios en este aspecto, el d&iacute;a en que se arrodill&oacute; humildemente ante una imagen de Nuestra Se&ntilde;ora: la Madre del Salvador comenz&oacute; a ocuparse de &eacute;l y &eacute;l a nutrir un tiern&iacute;simo amor por Ella. Ense&ntilde;&oacute; a sus &quot;bras&iacute;s&quot; a conocerla y a quererla bien. Le dedic&oacute; un poema que es un verdadero c&aacute;ntico del alma, escrito en circunstancias dificil&iacute;simas cuando, tomado como reh&eacute;n, corr&iacute;a permanente peligro de vida. No teniendo papel ni tinta a su disposici&oacute;n, en la arena de la playa escribi&oacute; con amor su poema, que aprendi&oacute; de memoria: &quot;De Beata Virgine Matre Dei Maria&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">La uni&oacute;n con Dios profunda y ardiente; el apego vivo y afectuoso a Cristo crucificado y resucitado presente en la Eucarist&iacute;a; el tierno amor a Mar&iacute;a: ah&iacute; est&aacute; la fuente de donde mana la riqueza de la vida y actividad de Anchieta, aut&eacute;ntico misionero, verdadero sacerdote.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiera Dios, por la intercesi&oacute;n del Beato Jos&eacute; de Anchieta, concederos la gracia de vivir como &eacute;l ense&ntilde;&oacute;, como nos invita con el ejemplo de su existencia.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN HONOR DEL BEATO JOS&Eacute; DE ANCHIETA Campo de Marte, S&atilde;o Paulo Jueves 3 de julio de 1980 &nbsp; 1. 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