{"id":39629,"date":"2016-10-05T22:56:36","date_gmt":"2016-10-06T03:56:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-las-familias-en-rio-de-janeiro\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:36","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:36","slug":"1-de-julio-de-1980-misa-para-las-familias-en-rio-de-janeiro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-las-familias-en-rio-de-janeiro\/","title":{"rendered":"1 de julio de 1980, Misa para las familias en R\u00edo de Janeiro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA PARA LAS FAMILIAS<\/font><\/b><\/p>\n<p> &laquo;Aterro do Flamengo&raquo;, R&iacute;o de Janeiro,<br \/> Martes 1 de julio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Mi querid&iacute;simo hermano, arzobispo de S<font face=\"Times New Roman\">&atilde;<\/font>o Sebasti<font face=\"Times New Roman\">&atilde;<\/font>o do Rio de Janeiro, y sus obispos auxiliares;<br \/> Queridos hijos, habitantes de esta ciudad maravillosa;<br \/> Queridos hijos, venidos de otros puntos de Brasil para este encuentro:<\/i><\/p>\n<p>1. Muchos de los que participan ahora en esta Eucarist&iacute;a estar&aacute;n evocando en la memoria del coraz&oacute;n otras Misas celebradas en este mismo lugar, en julio de 1955. Se celebraba el XXXV Congreso Eucar&iacute;stico Internacional y, sobre una franja de tierra conquistada al mar, manos de artistas hab&iacute;an levantado el altar-monumento, sobre el cual el Legado Pontificio inaugurar&iacute;a y clausurar&iacute;a el gran acontecimiento. La voz de mi inmortal Predecesor P&iacute;o XII reson&oacute; aqu&iacute; con un mensaje de paz para un mill&oacute;n de personas congregadas en este lugar.<\/p>\n<p>No puedo dejar de recordar, precisamente yo, ese vig&eacute;simo quinto aniversario, feliz por poder hacerlo con vosotros y entre vosotros, en el momento en que os prepar&aacute;is al ya inminente X Congreso Eucar&iacute;stico Nacional de Fortaleza. Quiera Dios que esos acontecimientos recordados, vividos, esperados, renueven vuestra acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or; y que sep&aacute;is expresarla en la acci&oacute;n de gracias por definici&oacute;n y por excelencia, que es la Eucarist&iacute;a, en cuya devoci&oacute;n El os ayude a crecer.<\/p>\n<p>2. Un sacerdote \u2014sea el Papa, un obispo o un sacerdote del interior\u2014 al celebrar la Eucarist&iacute;a, un cristiano al participar en la Misa y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no pueden dejar de abismarse en las maravillas de este sacramento. Son tantas las dimensiones que en &eacute;l se pueden considerar: es el sacrificio de Cristo que misteriosamente se renueva; son el pan y el vino transformados, transubstanciados en el Cuerpo y Sangre del Se&ntilde;or; es la gracia que se comunica por este alimento espiritual al alma del cristiano&#8230; Quiero, en esta ocasi&oacute;n, fijarme en un aspecto no menos significativo: la Eucarist&iacute;a es una reuni&oacute;n de familia, de la gran familia de los cristianos.<\/p>\n<p>El Se&ntilde;or Jes&uacute;s quiso instituir este gran sacramento con ocasi&oacute;n de un importante encuentro familiar, la Cena Pascual, en la que su familia eran los Doce, que con El viv&iacute;an desde hac&iacute;a tres a&ntilde;os. Durante mucho tiempo, en los comienzos de la Iglesia, era en casas de familia donde otras familias se reun&iacute;an para la &quot;fracci&oacute;n del pan&quot;. Cada altar ser&aacute; siempre una mesa, en torno a la cual se congrega una familia, m&aacute;s o menos numerosa, de hermanos. La Eucarist&iacute;a al mismo tiempo re&uacute;ne esta familia, la manifiesta a los ojos de todos, estrecha los lazos que unen sus miembros a los otros. San Agust&iacute;n pensaba en todo esto cuando llamaba a la Eucarist&iacute;a &quot;sacramentum pietatis, signum unitatis, vinculum caritatis&quot;<i> (In Ioannis Evang.<\/i> Tract. XXVI, cap. 6, n&uacute;m. 13;<i> PL<\/i> 35, 1613).<\/p>\n<p>Al celebrar esta Eucarist&iacute;a, vuelvo espiritualmente mis ojos a todos los puntos de este inmenso pa&iacute;s, intento abarcar con una sola mirada los ciento veinte millones de brasile&ntilde;os y rezo por la inmensa familia constituida por todos los hijos de esta patria y por los que aqu&iacute; encontraron un nuevo hogar.<\/p>\n<p>3. &iquest;Puedo haceros una confidencia? La primera vez que me hablaron de Brasil, cuando yo sab&iacute;a muy poco de este pa&iacute;s, no fue para cantar sus bellezas naturales, que son maravillosas, ni para exaltar las riquezas de su suelo y su subsuelo, que son inagotables; ni para resaltar los hechos de este o aquel brasile&ntilde;o importante. Quien me hablaba \u2014y era un gran conocedor de Brasil\u2014 me dec&iacute;a solamente que &eacute;sta era una gran naci&oacute;n, pese a todos sus eventuales problemas, porque aqu&iacute; se encuentran todas las razas, gente venida de todos los horizontes del mundo, reunidas en un solo pueblo, sin prejuicios y sin discriminaciones ni segregaciones, en una clara fusi&oacute;n de esp&iacute;ritus y corazones. &quot;Es una familia&quot;, dec&iacute;a encantado mi interlocutor.<\/p>\n<p>Pido a Dios que no se debilite jam&aacute;s, ni desaparezca este esp&iacute;ritu de familia. Que prevalezca sobre cualquier germen de discordia o divisi&oacute;n, sobre cualquier amenaza de ruptura o separaci&oacute;n. Rezo para que, habiendo cada vez menos diferencias entre los brasile&ntilde;os en lo que se refiere al progreso y al bienestar, a las oportunidades ante los bienes de cultura y de civilizaci&oacute;n y las posibilidades de encontrar trabajo digno, tener salud e instrucci&oacute;n, educar a los hijos, se haga cada vez m&aacute;s realidad la &quot;gran familia&quot; de brasile&ntilde;os de que me hablaba mi primer profesor de Brasil. Rezo tambi&eacute;n para que a un mundo frecuentemente dominado por las contiendas entre pueblos y razas, Brasil pueda dar \u2014sin ostentaci&oacute;n, antes bien con la espontaneidad y la naturalidad que caracterizan a su gente\u2014 una lecci&oacute;n esencial. la de la verdadera integraci&oacute;n: la de c&oacute;mo pueden vivir como una sola familia, dentro de un pa&iacute;s-continente, personas venidas de los m&aacute;s diversos rincones del mundo.&nbsp;Y&nbsp;rezo, en fin, por los miembros de esa &quot;gran familia&quot; que reposan bajo este monumento y cuyo sacrificio es una permanente llamada a la uni&oacute;n entre los pueblos.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Esta Eucarist&iacute;a, reuni&oacute;n de familia, me lleva a pensar ahora en las familias brasile&ntilde;as.<\/p>\n<p>Los informes m&aacute;s autorizados sobre Am&eacute;rica Latina \u2014pienso en los Documentos de Medell&iacute;n y de Puebla, pienso en las relaciones que me llegan de los obispos y de las Conferencias Episcopales de este semicontinente, pero pienso tambi&eacute;n en los estudios sociol&oacute;gicos de mayor seriedad\u2014 me han ense&ntilde;ado que para vosotros, los latinoamericanos, la familia es una realidad extraordinariamente importante. El lugar que la familia ocup&oacute; en los pueblos que se encuentran en la ra&iacute;z de vuestras naciones y la influencia latinoamericana que ejerci&oacute; en la formaci&oacute;n de vuestra cultura justifican de sobra esa importancia. Brasil, lejos de constituir una excepci&oacute;n, es un ejemplo notable de esa realidad. No es de extra&ntilde;ar que aqu&iacute;, con especial vigor, se manifieste el sentido de la familia y se confirmen las dimensiones esenciales de la realidad familiar: el respeto lleno de amor y ternura, la generosidad y el esp&iacute;ritu de solidaridad, el aprecio por una cierta intimidad familiar, compensado con un deseo de apertura. No quiero dejar de subrayar, entre otras, dos dimensiones fundamentales de la familia, especialmente destacadas entre vosotros: la familia ha sido, en el transcurso de los siglos, la gran transmisora de valores culturales, &eacute;ticos, espirituales, de una generaci&oacute;n a otra; en el aspecto religioso y cristiano, muchas veces, cuando faltaron o fueron sumamente precarios otros canales, ella fue el &uacute;nico, o al menos el principal canal por el que se comunic&oacute; la fe de padres a hijos a trav&eacute;s de varias generaciones.<\/p>\n<p>5.&nbsp;Esto supuesto, &iquest;c&oacute;mo cerrar los ojos ante las graves situaciones en que concretamente se encuentran numeros&iacute;simas familias entre vosotros y ante las serias amenazas que pesan sobre la familia en general?<\/p>\n<p>Algunas de esas amenazas son de orden social y comprenden las condiciones infrahumanas de vivienda, higiene, salud, educaci&oacute;n en que se encuentran millones de familias, en el interior del pa&iacute;s y en las periferias de las grandes ciudades, a causa del desempleo o de los salarios insuficientes. Otras son de orden moral y se refieren a la generalizada disgregaci&oacute;n de la familia, por desconocimiento, desestima o falta de respeto de las normas humanas y cristianas relativas a la familia, en los diversos niveles de la poblaci&oacute;n. Otras a&uacute;n son de orden civil, ligadas a la legislaci&oacute;n referente a la familia. En el mundo entero, tal legislaci&oacute;n es cada vez m&aacute;s permisiva y por tanto, menos alentadora para quienes se esfuerzan por seguir los principios de una &eacute;tica m&aacute;s elevada en materia de familia. Quiera Dios que no suceda esto en vuestro pa&iacute;s y que, coherentes con los principios cristianos que inspiran vuestra cultura, quienes tienen la responsabilidad de elaborar y promulgar las leyes lo hagan con el respeto a los valores insustituibles de una &eacute;tica cristiana, entre los cuales sobresale el valor de la vida humana y el derecho indiscutible de los padres a transmitir la vida. Otras amenazas, en fin, son de orden religioso y derivan de un escaso conocimiento de las dimensiones sacramentales del matrimonio en el plan de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Las consideraciones que vengo haciendo me parece que evidencian bastante la importancia y la necesidad de una inteligente, valiente y perseverante pastoral familiar. Hablando al pueblo de la ciudad de Puebla, en la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790128_messico-puebla-seminario_sp.html\">homil&iacute;a de la inolvidable Misa que all&iacute; celebr&eacute;<\/a>, record&eacute; que numerosos obispos latinoamericanos no dudan en reconocer que la Iglesia tiene todav&iacute;a mucho que hacer en este campo. Por eso mismo, al <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-episc-latam_sp.html\">inaugurar la Conferencia de Puebla<\/a>, quise recomendarles la pastoral familiar como importante prioridad en todos vuestros pa&iacute;ses. El Documento de Puebla dedic&oacute; un importante cap&iacute;tulo a la familia: Dios quiera que la atenci&oacute;n a otros temas e informaciones, sin duda importantes pero no exclusivos, de ese Documento, no signifique, por un error del que tendr&iacute;amos motivo para arrepentimos en el futuro, una atenci&oacute;n menor a la pastoral de la familia.<\/p>\n<p align=\"left\">Son muchos los campos y complejas las exigencias de esa pastoral familiar. Vuestros Pastores son conscientes de ello. Muchos laicos, comprometidos en diversos, valiosos y meritorios Movimientos familiares, se muestran atentos a esos campos y esas exigencias. No esper&eacute;is ciertamente que el Papa los aborde aqu&iacute;; no es el momento para hacerlo. Sin embargo, &iquest;c&oacute;mo no recordar, al menos para citarlos, algunos de los puntos m&aacute;s importantes de esa pastoral?<\/p>\n<p align=\"left\">Pienso en todo lo que hay que hacer en el terreno de la preparaci&oacute;n para el matrimonio, ciertamente en el per&iacute;odo que precede a su celebraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n, c&oacute;mo no, desde los a&ntilde;os de la adolescencia \u2014en la familia, en la Iglesia, en la escuela\u2014, bajo la forma de una seria, amplia y profunda educaci&oacute;n para el verdadero amor, que es mucho m&aacute;s exigente de la tan cacareada educaci&oacute;n sexual. Pienso en el esfuerzo generoso y valiente que hay que hacer para crear en la sociedad un ambiente propicio a la realizaci&oacute;n de un ideal familiar cristiano, basado en los valores de unidad, fidelidad, indisolubilidad, fecundidad responsable. Pienso en la ayuda que debe prestarse a c&oacute;nyuges que, por diversas razones, y circunstancias, pasan por momentos de crisis, que podr&iacute;an superar si fueran ayudados, pero tal vez naufragar&aacute;n si les falta esa ayuda. Pienso en la contribuci&oacute;n que los cristianos, especialmente los laicos, pueden ofrecer para suscitar una pol&iacute;tica social sensible a las exigencias y a los valores familiares y para evitar una legislaci&oacute;n nociva para la estabilidad y el equilibrio de la familia. Pienso, en fin, en el inconmensurable valor de una espiritualidad familiar, que continuamente hay que perfeccionar, promover, difundir; y no puedo dejar de decir aqu&iacute;, nuevamente, una palabra de est&iacute;mulo y aliento para los Movimientos familiares que se dedican a esa obra especialmente importante.<\/p>\n<p align=\"left\">7. No faltan en la vivencia y en el Magisterio de la Iglesia elementos valid&iacute;simos para una clara, comprensiva, valiente atenci&oacute;n pastoral a las familias. Mis predecesores nos legaron valiosos documentos. Muchos Pastores y te&oacute;logos nos han ofrecido el fruto de su experiencia o de sus reflexiones. Pr&oacute;ximamente, el S&iacute;nodo de los Obispos, estudiando &quot;la funci&oacute;n de la familia cristiana&quot;, en el mundo contempor&aacute;neo, dar&aacute; ciertamente pistas para la orientaci&oacute;n, en esta delicada materia. En esa fuente \u2014y no al margen o lejos de ella y menos todav&iacute;a en contraste con ella\u2014 deber&aacute; beber una verdadera pastoral familiar.<\/p>\n<p align=\"left\">Numerosas familias, sobre todo c&oacute;nyuges cristianos, desean y piden criterios seguros que les ayuden a vivir, aun entre dificultades no comunes y con esfuerzo a veces heroico, su ideal cristiano en materia de fidelidad, de fecundidad, de educaci&oacute;n de los hijos. Nadie tiene derecho a traicionar esa expectativa o decepcionar esta petici&oacute;n, ocultando por timidez, inseguridad o falso respeto humano los verdaderos criterios u ofreciendo criterios dudosos, cuando no abiertamente desviados de la ense&ntilde;anza de Jesucristo transmitida por la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Hermanos e hijos car&iacute;simos: al t&eacute;rmino de esta reflexi&oacute;n volvamos nuestra atenci&oacute;n a los textos del Nuevo Testamento, que hemos tenido la alegr&iacute;a de escuchar en esta liturgia.<\/p>\n<p align=\"left\">Uno de ellos, el del Evangelio de San Juan, recoge la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s en la sinagoga de Cafarna&uacute;m sobre el Pan de vida; ese pan, seg&uacute;n asegura el Se&ntilde;or, es su propia carne que, hecha alimento de sus disc&iacute;pulos, les da una vida que comienza aqu&iacute; en la tierra y desemboca en la eternidad. La promesa hecha en Cafarna&uacute;m se realiza plenamente en la Ultima Cena y en el misterio de la Eucarist&iacute;a. Ese es el pan que se hace Cuerpo de Cristo para dar la vida a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">El deseo m&aacute;s &iacute;ntimo y m&aacute;s vivo del Papa en esta hora ser&iacute;a el poder, por alg&uacute;n milagro, penetrar en cada hogar de Brasil, ser hu&eacute;sped de cada familia brasile&ntilde;a. Participar en la felicidad de las familias felices y con ellas dar gracias al Se&ntilde;or. Estar junto a las familias que lloran, por alg&uacute;n sufrimiento escondido o visible, para ofrecer un eventual consuelo. Hablar a las familias en las que nada falta, para invitarlas a distribuir lo que les sobra y que pertenece a quien no lo tiene. Sentarse a la mesa de las familias pobres, donde el pan escasea, para ayudarles, no a hacerse ricas en el sentido en que el Evangelio condena la riqueza, sino a conquistar lo que es necesario para una vida digna.<\/p>\n<p align=\"left\">Si este es un deseo imposible, quiero al menos, cuando tome en mis manos, dentro de unos momentos, el Cuerpo de Jes&uacute;s y su Sangre preciosa, formular un voto y una oraci&oacute;n: que esta Eucarist&iacute;a celebrada en este templo sin fronteras bajo la c&uacute;pula de este cielo de R&iacute;o de Janeiro, mucho m&aacute;s amplia y grandiosa que la de Miguel &Aacute;ngel, se vuelva fuente de verdadera vida para el pueblo brasile&ntilde;o a fin de que sea una verdadera familia, y para cada familia brasile&ntilde;a a fin de que sea c&eacute;lula formativa de este pueblo.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA PARA LAS FAMILIAS &laquo;Aterro do Flamengo&raquo;, R&iacute;o de Janeiro, Martes 1 de julio de 1980 &nbsp; Mi querid&iacute;simo hermano, arzobispo de S&atilde;o Sebasti&atilde;o do Rio de Janeiro, y sus obispos auxiliares; Queridos hijos, habitantes de esta ciudad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-las-familias-en-rio-de-janeiro\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de julio de 1980, Misa para las familias en R\u00edo de Janeiro\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39629","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39629","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39629"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39629\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39629"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39629"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39629"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}