{"id":39630,"date":"2016-10-05T22:56:38","date_gmt":"2016-10-06T03:56:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-los-jovenes-en-belo-horizonte\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:38","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:38","slug":"1-de-julio-de-1980-misa-para-los-jovenes-en-belo-horizonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-los-jovenes-en-belo-horizonte\/","title":{"rendered":"1 de julio de 1980, Misa para los j\u00f3venes en Belo Horizonte"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA PARA LOS J&Oacute;VENES<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de Israel Pinheiro, Belo Horizonte<br \/> Martes 1 de julio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Antes de pronunciar la homil&iacute;a, Juan Pablo II improvis&oacute; estas palabras<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p>Doy las gracias a todos los presentes y a cuantos he encontrado a lo largo del camino hasta llegar aqu&iacute;. Doy las gracias a todos. Pastores y fieles. Mil gracias. Perm&iacute;taseme dedicar esta homil&iacute;a a todos los j&oacute;venes de Brasil. Al volver la mirada a estas monta&ntilde;as, entiendo por qu&eacute; el nombre de Belo Horizonte; (<i>y dirigi&eacute;ndose a los j&oacute;venes, a&ntilde;adi&oacute;)<\/i> Mir&aacute;ndoos me dan ganas de decir que el &quot;Belo Horizonte&quot; sois vosotros.<i> <\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><i>* * *<\/i><\/p>\n<p><i>Queridos j&oacute;venes y amigos m&iacute;os:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;No os sorprender&eacute;is de que el Papa comience esta homil&iacute;a con una confesi&oacute;n. Yo hab&iacute;a le&iacute;do muchas veces que vuestro pa&iacute;s tiene la mitad de su poblaci&oacute;n con menos de veinticinco a&ntilde;os de edad. Contemplando desde mi llegada a Brasilia, en todas partes por donde pasaba, una infinidad de rostros j&oacute;venes; pasando, al llegar a esta ciudad, por entre multitudes de gente joven; vi&eacute;ndoos a vosotros, j&oacute;venes, en tan gran n&uacute;mero en torno a este altar, confieso que comprend&iacute; mejor, a trav&eacute;s de esta visi&oacute;n concreta, lo que hab&iacute;a aprendido de modo abstracto. Creo que he comprendido mejor tambi&eacute;n por qu&eacute; los obispos de Puebla hablan de opci&oacute;n preferencial \u2014no exclusiva, ciertamente, pero s&iacute; prioritaria\u2014 por los j&oacute;venes.<\/p>\n<p>Esta opci&oacute;n significa que la Iglesia asume el compromiso de anunciar incesantemente a los j&oacute;venes un mensaje de liberaci&oacute;n plena. Es el mensaje de salvaci&oacute;n que ella recibi&oacute; de labios del propio Salvador y debe transmitir con toda fidelidad.<\/p>\n<p>2.&nbsp;En esta Misa que tengo la alegr&iacute;a de celebrar en medio de vosotros y por vuestras intenciones, ese mensaje aparece con su contenido esencial en las lecturas que escuchamos.<\/p>\n<p>&quot;Cumple el deber, practica la justicia&quot;, exhorta el profeta Isa&iacute;as, con una fuerza que no se ha agotado a dos mil quinientos a&ntilde;os de distancia (<i>Is<\/i> 56, 1). Y a&ntilde;ade: importa, por encima de todo, &quot;permanecer firmes en la Alianza&quot; que Dios sell&oacute; con el hombre. Es una invitaci&oacute;n a la coherencia y a la fidelidad, invitaci&oacute;n que afecta muy de cerca a los j&oacute;venes.<\/p>\n<p>En la Carta de San Pablo a los cristianos de Corinto hay una frase en&eacute;rgica y convincente, como suelen ser las del gran Ap&oacute;stol: si alguien quiere construir su vida, no debe poner otro fundamento que el que ya est&aacute; puesto: Cristo Jes&uacute;s (cf.<i> 1 Cor<\/i> 3, 10). Sab&iacute;a bien lo que dec&iacute;a, este Pablo. De adolescente, hab&iacute;a perseguido la Iglesia de Cristo. Pero un buen d&iacute;a, en el camino de Damasco, tuvo aquel encuentro inesperado con el mismo Jes&uacute;s. Y es el testimonio de la propia vida lo que le hace decir: No hay otro fundamento posible. Es urgente colocar a Jes&uacute;s como base de la existencia.<\/p>\n<p>Y en el Evangelio de San Mateo est&aacute; la p&aacute;gina que nadie lee sin emoci&oacute;n: &quot;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que soy yo?&quot;, pregunta Jes&uacute;s a los Ap&oacute;stoles. Y despu&eacute;s que ellos transmiten una serie de opiniones, viene la pregunta de fondo: &quot;Pero para vosotros, &iquest;qui&eacute;n soy yo?&quot;. Todos nosotros conocemos ese momento, en el que no basta hablar de Jes&uacute;s repitiendo lo que los otros han dicho, sino que hay que decir lo que uno piensa; no basta recoger una opini&oacute;n, sino que es preciso dar testimonio, sentirse comprometido por el testimonio y despu&eacute;s llegar hasta los extremos de las exigencias de ese compromiso. Los mejores amigos, seguidores, ap&oacute;stoles de Cristo fueron siempre los que percibieron un d&iacute;a dentro de s&iacute; la pregunta definitiva, que no tiene vuelta de hoja, ante la cual todas las dem&aacute;s resultan secundarias y derivadas: &quot;Para ti, &iquest;qui&eacute;n soy yo?&quot;. La vida, el destino, la historia presente y futura de un joven, depende de la respuesta n&iacute;tida y sincera, sin ret&oacute;rica ni subterfugios, que puede dar a esa pregunta. Esa respuesta ha transformado ya la vida de muchos j&oacute;venes.<\/p>\n<p>3. Y de estos mensajes ofrecidos por la Palabra de Dios quisiera yo extraer el mensaje sencillo que os dejo en este encuentro y que me permite sentir la seriedad con que afront&aacute;is vuestra existencia.<\/p>\n<p>La mayor riqueza de este pa&iacute;s, inmensamente rico, sois vosotros. El futuro real de este pa&iacute;s del futuro se encierra en vuestro presente. Por eso, este pa&iacute;s, y con &eacute;l la Iglesia, os miran con ojos de expectaci&oacute;n y de esperanza.<\/p>\n<p>Abiertos a las dimensiones sociales del hombre, no ocult&aacute;is vuestra voluntad de transformar radicalmente. las estructuras que os parecen injustas en la sociedad. Dec&iacute;s, con raz&oacute;n, que es imposible ser feliz viendo una multitud de hermanos carentes de las m&iacute;nimas oportunidades de una existencia humana. Dec&iacute;s tambi&eacute;n que no est&aacute; bien que algunos derrochen lo que falta a la mesa de los dem&aacute;s. Y est&aacute;is resueltos a construir una sociedad justa, libre y pr&oacute;spera, donde todos y cada uno puedan gozar de los beneficios del progreso.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Yo viv&iacute; en mi juventud esas mismas convicciones. Y las proclam&eacute;, siendo joven estudiante, con la voz de la literatura y con la voz del arte. Dios quiso que se acrisolaran en el fuego de una guerra cuya atrocidad no respet&oacute; mi hogar. Vi conculcadas de muchas formas esas convicciones. Tem&iacute; por ellas vi&eacute;ndolas expuestas a la tempestad. Un d&iacute;a decid&iacute; confrontarlas con Jesucristo; pens&eacute; que era el &uacute;nico que me revelaba su verdadero contenido y valor y las proteg&iacute;a contra no s&eacute; qu&eacute; inevitables desgastes.<\/p>\n<p align=\"left\">Todo eso, esa tremenda y valiosa experiencia me ense&ntilde;&oacute; que la justicia social s&oacute;lo es verdadera si est&aacute; basada en los derechos del individuo. Y esos derechos s&oacute;lo ser&aacute;n realmente reconocidos si se reconoce la dimensi&oacute;n trascendente del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, llamado a ser su hijo y hermano de los otros hombres, destinado a una vida eterna. Negar esa trascendencia es reducir el hombre a instrumento de dominio, cuya suerte est&aacute; sujeta al ego&iacute;smo y a la ambici&oacute;n de otros hombres, o a la omnipotencia del Estado totalitario, erigido en valor supremo.<\/p>\n<p align=\"left\">En el propio proceso interior que me llev&oacute; al descubrimiento de Jesucristo y me arrastr&oacute; irresistiblemente hacia El, percib&iacute; algo que mucho m&aacute;s tarde el Concilio Vaticano II expres&oacute; claramente. Percib&iacute; que &quot;el Evangelio de Cristo anuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan en &uacute;ltima instancia del pecado; respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisi&oacute;n; advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en servicio de Dios y bien de la humanidad; encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos. Esto corresponde a la ley fundamental de la econom&iacute;a cristiana&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 41).<\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Aprend&iacute; que un hombre cristiano deja de ser joven y no ser&aacute; buen cristiano, cuando se deja seducir por doctrinas e ideolog&iacute;as que predican el odio y la violencia. Pues no se construye una sociedad justa sobre la injusticia. No se construye una sociedad que merezca el t&iacute;tulo de humana, dejando de respetar y, peor todav&iacute;a, destruyendo la libertad humana, negando a los individuos las libertades m&aacute;s fundamentales.<\/p>\n<p align=\"left\">Participando, como sacerdote, obispo y cardenal, en la vida de innumerables j&oacute;venes en la universidad, en los grupos juveniles, en las excursiones por las monta&ntilde;as, en los c&iacute;rculos de reflexi&oacute;n y oraci&oacute;n, aprend&iacute; que un joven comienza peligrosamente a envejecer cuando se deja enga&ntilde;ar por el principio, f&aacute;cil y c&oacute;modo, de que &quot;el fin justifica los medios&quot;; cuando llega a creer que la &uacute;nica esperanza para mejorar la sociedad est&aacute; en promover la lucha y el odio entre los grupos sociales, en la utop&iacute;a de una sociedad sin clases, que se revela muy pronto como creadora de nuevas clases. Me convenc&iacute; de que s&oacute;lo el amor aproxima lo que es diferente y realiza la uni&oacute;n en la diversidad. Las palabras de Cristo &quot;Un precepto nuevo os doy: que os am&eacute;is los unos a los otros, como yo os he amado&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 34), me parec&iacute;an entonces, por encima de su inigualable profundidad teol&oacute;gica, como germen y principio de la &uacute;nica transformaci&oacute;n lo suficientemente radical como para ser apreciada por un joven. Germen y principio de la &uacute;nica revoluci&oacute;n que no traiciona al hombre. S&oacute;lo el amor verdadero construye.<\/p>\n<p align=\"left\">6.&nbsp;Si el joven que yo fui, llamado a vivir la juventud en un momento crucial de la historia, puede decir algo a los j&oacute;venes que sois vosotros, creo que os dir&iacute;a: &iexcl;No os dej&eacute;is instrumentalizar!<\/p>\n<p align=\"left\">Procurad ser bien conscientes de lo que pretend&eacute;is y de lo que hac&eacute;is. Y veo que eso mismo os dijeron los obispos de Am&eacute;rica Latina, reunidos en Puebla el a&ntilde;o pasado: &quot;Debe formarse en el joven el sentido cr&iacute;tico frente a los contravalores culturales que las diversas ideolog&iacute;as tratan de transmitirle&quot; (Documento de Puebla, n&uacute;m. 1197), especialmente las ideolog&iacute;as de car&aacute;cter materialista, para que no sea manipulado por ellas. Y el Concilio Vaticano II dice: &quot;El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada d&iacute;a m&aacute;s humano&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i><b> <\/b>26<b>).<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Un gran predecesor m&iacute;o, el Papa P&iacute;o XII, adopt&oacute; como lema: &quot;Construir la paz en la justicia&quot;. Creo que es un lema y sobre todo un compromiso digno de vosotros, j&oacute;venes brasile&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Me temo que muchos buenos deseos de construir una sociedad justa naufraguen en la falta de autenticidad y se disipen como pompas de jab&oacute;n porque, les falte el sustento de una seria decisi&oacute;n de austeridad y frugalidad. En otras palabras: es indispensable saber vencer la tentaci&oacute;n de la llamada, &quot;sociedad de consumo&quot;, de la ambici&oacute;n de<i> tener<\/i> siempre m&aacute;s, en vez de procurar<i> ser<\/i> siempre m&aacute;s,&nbsp; de la ambici&oacute;n de tener siempre m&aacute;s, mientras otros tienen siempre menos. Creo que aqu&iacute; en la vida de cada joven adquiere fuerza y sentido concretos y actuales la bienaventuranza de la pobreza de esp&iacute;ritu; en el joven rico, para que aprenda que lo que a &eacute;l le sobra casi siempre les falta a los dem&aacute;s y para que no se retire triste (cf.<i> Mt <\/i>19, 22), cuando oiga en el fondo de su conciencia la llamada del Se&ntilde;or para que abandone todo; en el joven que vive la dura contingencia de la incertidumbre respecto al d&iacute;a de ma&ntilde;ana y hasta pasa hambre, para que, buscando la leg&iacute;tima mejora de condiciones para s&iacute; y para los suyos, sea atra&iacute;do por la dignidad humana, pero no por la ambici&oacute;n, por la ganancia, por la fascinaci&oacute;n de lo superfluo.<\/p>\n<p align=\"left\">Amigos m&iacute;os: Vosotros sois tambi&eacute;n responsables de la conservaci&oacute;n de los verdaderos valores que siempre honraron al pueblo brasile&ntilde;o. No os dej&eacute;is llevar por<i> la exasperaci&oacute;n del sexo,<\/i> que falsea la autenticidad del amor humano y conduce a la disgregaci&oacute;n de la familia &quot;&iquest;No sab&eacute;is que vuestro cuerpo es un templo y el Esp&iacute;ritu Santo habita en vosotros?&quot;, escribe San Pablo en el texto que acabamos de escuchar.<\/p>\n<p align=\"left\">Que las j&oacute;venes procuren encontrar el verdadero<i> feminismo,<\/i> la aut&eacute;ntica realizaci&oacute;n de la mujer como persona humana, como parte integrante de la familia y como parte de la sociedad, en una participaci&oacute;n consciente, seg&uacute;n sus caracter&iacute;sticas.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Recuerdo, para terminar, las palabras-clave que recogemos de las lecturas de esta Misa:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;cumplir el deber y practicar la justicia;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;no construir sobre otro fundamento que no sea Jesucristo;<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014&nbsp;tener una respuesta que dar al Se&ntilde;or, cuando pregunta: &quot;para ti, &iquest;qui&eacute;n soy yo?&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es el mensaje sincero y confiado de un amigo. Me gustar&iacute;a estrechar las manos de cada uno de vosotros y hablaros a cada uno. De todas formas, valga para cada uno lo que os digo a todos: &iexcl;J&oacute;venes de Belo Horizonte y de todo Brasil, el Papa os quiere realmente mucho! &iexcl;El Papa no os olvidar&aacute; jam&aacute;s! &iexcl;El Papa se lleva de aqu&iacute; un gran recuerdo de vosotros I<\/p>\n<p align=\"left\">Recibid, queridos amigos, la bendici&oacute;n apost&oacute;lica que voy a dar al final de la Misa, como se&ntilde;al de mi amistad y confianza en vosotros y en todos los j&oacute;venes de este pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Antes de pasar a la liturgia eucar&iacute;stica, propiamente, todav&iacute;a una palabra m&aacute;s: s&oacute;lo el amor construye, s&oacute;lo el amor acerca, s&oacute;lo el amor logra la uni&oacute;n de los hombres en su diversidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Hace poco <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_parigi_sp.htm\">estuve en Francia<\/a> y, all&iacute; los j&oacute;venes con quienes me encontr&eacute;, en un gesto espont&aacute;neo, me pidieron que os trajera a vosotros algunos mensajes de amistad, lo que he hecho con mucho gusto. Que este gesto de darse la mano sirva como est&iacute;mulo para construir cada vez m&aacute;s la fraternidad humana, cristiana y eclesial en el mundo. &iquest;A d&oacute;nde vais? Con vosotros hago esta pregunta, con vosotros, amados j&oacute;venes, voy a ofrecer tambi&eacute;n todo cuanto de noble hay en vuestros corazones, todo lo que de hermoso vivimos aqu&iacute; juntos, por el buen &eacute;xito del Congreso Eucar&iacute;stico de Fortaleza, hacia el que voy peregrinando, junto con la Iglesia que est&aacute; en el Brasil &quot;&iquest;A d&oacute;nde vais?&quot;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA PARA LOS J&Oacute;VENES Plaza de Israel Pinheiro, Belo Horizonte Martes 1 de julio de 1980 &nbsp; Antes de pronunciar la homil&iacute;a, Juan Pablo II improvis&oacute; estas palabras&nbsp; Doy las gracias a todos los presentes y a cuantos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-julio-de-1980-misa-para-los-jovenes-en-belo-horizonte\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de julio de 1980, Misa para los j\u00f3venes en Belo Horizonte\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39630","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39630","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39630"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39630\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39630"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39630"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39630"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}