{"id":39631,"date":"2016-10-05T22:56:39","date_gmt":"2016-10-06T03:56:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-junio-de-1980-catedral-de-brasilia\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:39","slug":"30-de-junio-de-1980-catedral-de-brasilia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-junio-de-1980-catedral-de-brasilia\/","title":{"rendered":"30 de junio de 1980, Catedral de Brasilia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_brazil_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN LA EXPLANADA DE LA CATEDRAL DE BRASILIA<br \/> <\/b><br \/> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Lunes 30 de junio de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i><font>Hermanos e hijos car&iacute;simos:<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Al celebrar esta primera Eucarist&iacute;a en tierra brasile&ntilde;a, a los pies de la Cruz, quiero profesar juntamente con vosotros la verdad fundamental de la fe y de la vida cristiana: que todo el Santo Sacrificio de la Misa es una renovaci&oacute;n incruenta <i>del Sacrificio ofrecido en la cruz<\/i> por Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. La Iglesia vive de este Sacrificio de Redenci&oacute;n, en &eacute;l se renueva incesantemente a s&iacute; misma, peregrinando a trav&eacute;s de todas las pruebas de la vida terrestre hacia el encuentro eterno en la Casa del Padre. Todos cuantos participan en el Sacrificio de Cristo unen a &eacute;l sus sacrificios espirituales y, de ese modo, la Eucarist&iacute;a se hace <i>sacramento de comuni&oacute;n <\/i>de todo el Pueblo de Dios <i>con el Padre <\/i>celestial y, simult&aacute;neamente, <i>signo de uni&oacute;n fraterna<\/i> entre los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Fui invitado para venir a Brasil ante todo con motivo del Congreso Eucar&iacute;stico Nacional en Fortaleza. Este Congreso Eucar&iacute;stico brasile&ntilde;o, el d&eacute;cimo, debe constituir una especial manifestaci&oacute;n de uni&oacute;n de toda la Iglesia en tierras brasile&ntilde;as, en torno al Sacramento del Amor, en el cual Cristo, al darnos su propio Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y de vino, hace de nosotros una ofrenda permanente y agradable al Padre (cf. <i>Oraci&oacute;n eucar&iacute;stica<\/i> III). El Congreso Eucar&iacute;stico debe especialmente demostrar y poner en evidencia el hecho de que el Pueblo de Dios aqu&iacute; sobre la tierra vive de la Eucarist&iacute;a, que en ella va a sacar fuerzas para afrontar las fatigas cotidianas y las luchas en todos los campos de su existencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Partiendo de esta Cruz, junto a la cual celebro la primera Misa en tierra brasile&ntilde;a \u2014accediendo a las invitaciones que me llegaron de diversas partes\u2014 deseo pasar despu&eacute;s por numerosos lugares, tomar contactos con varios ambientes y tocar muchas dimensiones de vuestra vida, con el fin de incluir, en cierto modo, todo ello en el programa del Congreso Eucar&iacute;stico. Es mi deseo que este mi paso a trav&eacute;s de vuestra tierra me sirva de preparaci&oacute;n paro aquel gran acontecimiento, en el centro del cual se encuentra el Sacramento del Amor, como fuente de vida y de santidad de cada uno y de todos. Considero una etapa especial en este itinerario la visita al santuario mariano de Aparecida, porque creo, como vosotros, que la Madre de Cristo nos aproxima de modo particularmente eficaz y sencillo al sacramento del Cuerpo y de la Sangre de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Y cuando, al concluir esta peregrinaci&oacute;n, me encuentre junto al altar de Fortaleza, para la apertura del X Congreso Eucar&iacute;stico Nacional en tierra brasile&ntilde;a, entonces mirar&eacute; hacia atr&aacute;s en direcci&oacute;n de esta Cruz, la cual siempre y en todas partes nos recuerda la de Cristo y su muerte por la redenci&oacute;n del mundo: sacrificio cruento del que la Eucarist&iacute;a es signo perenne y eficaz. Y pedir&eacute; a Cristo que en este signo \u2014en este signo grande y rico de todo el Congreso Eucar&iacute;stico\u2014 se encuentren todos los frutos de mi servicio pastoral en vuestra tierra. En la Eucarist&iacute;a que all&iacute; ser&aacute; celebrada, desear&iacute;a yo no s&oacute;lo la contribuci&oacute;n espiritual de todos los que participan en el Congreso (y deseo que sean lo m&aacute;s numerosos posibles), sino tambi&eacute;n de todos los que haya encontrado a lo largo de mi peregrinaci&oacute;n, de todo el Pueblo de Dios que est&aacute; en vuestra tierra.<\/p>\n<p>De ese modo deseo responder a la invitaci&oacute;n para el Congreso Eucar&iacute;stico; y comenzando desde hoy, aqu&iacute; junto a esta cruz, pido a Cristo que me ayude a serviros y a congregar a todos en torno a El, en torno a Cristo, que es el &uacute;nico Buen Pastor de nuestras almas.<\/p>\n<p>3.&nbsp;El introito de la Misa de la fiesta de la Santa Cruz dice: &quot;Debemos encontrar nuestra gloria en la cruz de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. En ella est&aacute; nuestra salvaci&oacute;n, nuestra vida y resurrecci&oacute;n. Por ella fuimos salvados y liberados&quot;. Estas palabras, inspiradas en la Carta de San Pablo a los G&aacute;latas, no es aventurado suponer que fueran pronunciadas en aquel lejano d&iacute;a 3 de mayo de 1500, en la Misa que fray Enrique de Coimbra celebr&oacute; \u2014&iexcl;y con qu&eacute; intenso fervor!\u2014 sobre el suelo de Porto Seguro, sobre el suelo de una tierra reci&eacute;n descubierta. Las pinturas que tratan de reflejar aquel episodio, como el cuadro famoso de V&iacute;ctor Meirelles, muestran una gran cruz levantada en la playa y venerada con estas palabras: &quot;Debemos gloriarnos en la cruz de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot;. Y el nombre dado a la regi&oacute;n descubierta, record&oacute; durante mucho tiempo aquella fiesta y aquella cruz: tierra de Vera Cruz, tierra de Santa Cruz.<\/p>\n<p>Otra cruz fue instalada en otro 3 de mayo posterior: el de 1957. Ante ella, con la celebraci&oacute;n de la Misa, comenz&oacute; de nuevo bajo el signo de la cruz, el trabajo gigantesco de la construcci&oacute;n de esta ciudad singular.<\/p>\n<p>La cruz de Porto Seguro y la cruz de Brasilia, perennizadas ambas en la cruz gigantesca que se yergue a pocos metros de aqu&iacute;, tienen valor simb&oacute;lico. Ambas proclaman que, con mucha m&aacute;s fuerza que en su suelo, la cruz, en la historia de este pa&iacute;s, fue instalada en el coraz&oacute;n y en la vida de sus habitantes. Ambas nos dicen que, tanto en el pasado, como en el presente y en el futuro de Brasil, la cruz de Cristo tiene un profundo significado.<\/p>\n<p>4.&nbsp;La cruz es, ante todo, s&iacute;mbolo de fe. Con la cruz de fray Enrique de Coimbra era especialmente la fe cat&oacute;lica la que marcaba los primeros momentos y se insertaba profundamente en la vida y en los destinos del pa&iacute;s que estaba naciendo. Puede decirse de Brasil \u2014en las debidas proporciones\u2014 lo que el Documento de Puebla afirma de todo el continente latino-americano: su cultura es radicalmente cat&oacute;lica. Eso significa que, pese a los obst&aacute;culos y desaf&iacute;os que encuentra, la fe cat&oacute;lica, no tanto en su formulaci&oacute;n abstracta cuanto en su concreci&oacute;n pr&aacute;ctica, en las normas que inspira y en las actividades que suscita, est&aacute; en la ra&iacute;z de la formaci&oacute;n de Brasil, especialmente de su cultura.<\/p>\n<p>Pretender borrar esa fe es olvidar tantos siglos de historia en lo que tiene de m&aacute;s aut&eacute;ntico; es mutilar el mensaje del Evangelio, es condenarse a desconocer la raz&oacute;n profunda de determinados rasgos de la personalidad religiosa de los brasile&ntilde;os.<\/p>\n<p>Bien lo entendieron los primeros evangelizadores \u2014esa constelaci&oacute;n de ap&oacute;stoles en la que brilla con luz propia el Beato Jos&eacute; de Anchieta\u2014 cuando procuraron propagar y arraigar esa fe, tanto entre los ind&iacute;genas dispersos por el inmenso territorio como entre los colonizadores. Bien lo comprendieron en los siglos siguientes, hasta nuestros d&iacute;as, los misioneros, catequistas y Pastores preocupados por suscitar, defender y promover la fe. Bien lo comprenden hoy cuantos est&aacute;n al servicio de la Iglesia \u2014obispos y sacerdotes, religiosos y laicos\u2014 planteando su labor pastoral en plena conciencia de que la misi&oacute;n de la Iglesia no se puede reducir a lo socio-pol&iacute;tico, sino que consiste en anunciar lo que Dios revel&oacute; sobre S&iacute; mismo y sobre el destino del hombre. Consiste en presentar a Jesucristo y su Buena Nueva de salvaci&oacute;n. Consiste en llevar a muchos hombres a conocer, en la fe y por la fe, al Dios &uacute;nico y verdadero y a Aquel a quien El envi&oacute;, Jesucristo (cf. <i>Jn<\/i> 14, 7-9. 13; 17, 3;<font> <\/font> <i>1 Jn<\/i> 5, 20).<\/p>\n<p>5. S&iacute;mbolo de la fe, la cruz es tambi&eacute;n s&iacute;mbolo del sufrimiento que conduce a la gloria, de la pasi&oacute;n que conduce a la resurrecci&oacute;n. &quot;Per crucem ad lucem&quot;, por la cruz, llegar a la luz: este proverbio, profundamente evang&eacute;lico, nos dice que, vivida en su verdadero significado, la cruz del cristiano es siempre una cruz pascual. En ese sentido, cada vez que celebramos, como quisi&eacute;ramos hacerlo hoy, el misterio de la cruz, aumenta en nosotros la luz de la fe, la certeza de que el tiempo del sacrificio y de la renuncia, puede muy bien ser el comienzo de tiempos nuevos de realizaci&oacute;n y plenitud. Esto vale para las personas. Pero vale tambi&eacute;n para las colectividades. Y puede valer para todo un pueblo, para un pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Ante la cruz, puede haber dos posibles actitudes, ambas peligrosas. La primera consiste en tratar de ver en la cruz lo que tiene de oprimente y penoso hasta el punto de deleitarse en el dolor y en el sufrimiento como si tuviesen valor en s&iacute; mismos. La segunda, es la de quien, tal vez por reacci&oacute;n contra la precedente, rechaza la cruz y sucumbe a la m&iacute;stica del hedonismo o de la gloria, del placer o del poder. Un gran autor espiritual, Fulton Sheen, hablaba, a este respecto, de aquellos que se adhieren a una cruz sin Cristo, en oposici&oacute;n a quienes parecen querer un Cristo sin cruz. Ahora bien, el cristianismo sabe que el Redentor del hombre es un Cristo en la cruz y, por tanto, &iexcl;s&oacute;lo es redentora la cruz con Cristo!<\/p>\n<p>6. Siendo esto as&iacute;, la cruz se transforma tambi&eacute;n en s&iacute;mbolo de esperanza. De instrumento de castigo, se convierte en imagen de vida nueva, de un mundo nuevo.<\/p>\n<p>Pienso en todo esto al contemplar la gran cruz que se yergue en el centro geogr&aacute;fico de esta joven ciudad, a su vez centro pol&iacute;tico del pa&iacute;s. Ella se alza ah&iacute;, signo de una nueva etapa en la historia de Brasil, puente presente entre el futuro y el pasado de vuestra patria y de vuestra sociedad, con toda la historia ligada a la se&ntilde;al de la cruz. Ligada al misterio de la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>Esa se&ntilde;al y ese misterio, plantados en los corazones de los hombres de este pa&iacute;s, se convertir&aacute;n en vida de sus almas, signos de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En este signo, se manifest&oacute;, de una vez para siempre, el amor de Dios Padre, que &quot;am&oacute; tanto al mundo que le dio a su Hijo Unig&eacute;nito, para que quien cree en El no muera, sino que tenga la vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16).<\/p>\n<p>En este signo se manifest&oacute; la<font> <\/font> <font> unidad<\/font><font> <\/font>permanente del<font> <\/font> <font> Hijo de Dios<\/font> con los hijos de los hombres, con los hijos de esta tierra, pues quiso volverse uno de ellos, igual a ellos en todo, menos en &eacute;l pecado (cf. <i>Heb<\/i> 4, 15), para hacerles iguales a El.<\/p>\n<p>En &eacute;l signo de la cruz, Jesucristo, Hijo Unig&eacute;nito, nos dio la fuerza de hacernos hijos de Dios. En ese signo, el Esp&iacute;ritu, que procede del Padre y del Hijo \u2014el Esp&iacute;ritu Santo\u2014 preanunciado por Cristo como Par&aacute;clito y hu&eacute;sped de nuestras almas, que<font> <\/font> <i>visita los corazones de los hombres<\/i> y act&uacute;a en la historia de la humanidad, se volvi&oacute; en soplo que pas&oacute; y pasa continuamente por tierra brasile&ntilde;a.<\/p>\n<p>Con este signo \u2014el signo de la cruz\u2014 est&aacute;n marcadas, desde hace ya casi cinco siglos,<font> <\/font> <i>enteras generaciones<\/i> de hijos e hijas de esta tierra. Los padres transmiten esa se&ntilde;al de fe a sus hijos, los abuelos a sus nietos&#8230;<\/p>\n<p>7. Y hoy, al comenzar mi peregrinaci&oacute;n en el coraz&oacute;n del Pueblo de Dios en tierra brasile&ntilde;a, deseo, con la misma se&ntilde;al de la cruz,<font> <\/font> <i>signar junto con vosotros<\/i> mi frente, mis labios, mi pecho.<\/p>\n<p>Y&nbsp;como Sucesor de Pedro, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia, quiero bendecir, con esta se&ntilde;al a todos vosotros aqu&iacute; reunidos y a todo Brasil.<\/p>\n<p>Brasil antiguo y nuevo. Vuestro ayer, hoy y ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Y&nbsp;quiero deciros que la cruz es el signo de esperanza para el hombre de todos los tiempos. En ella. Dios revel&oacute; al hombre cu&aacute;l es la dignidad que tiene en s&iacute;, desde que fue designada como la misi&oacute;n de su Hijo.<\/p>\n<p>Por eso, &iexcl;mirad hacia la cruz! En ella est&aacute;is llamados a la &uacute;nica esperanza de vuestra vocaci&oacute;n (cf. <i>Ef <\/i>4, 4).&nbsp; &iexcl;Mirad hacia la cruz! Ella es el signo del nuevo principio que el hombre, siempre y en todas partes, encuentra en Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE JUAN PABLO II A BRASIL SANTA MISA EN LA EXPLANADA DE LA CATEDRAL DE BRASILIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Lunes 30 de junio de 1980 &nbsp; Hermanos e hijos car&iacute;simos: 1. 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