{"id":39632,"date":"2016-10-05T22:56:41","date_gmt":"2016-10-06T03:56:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-1980-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:41","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:41","slug":"29-de-junio-de-1980-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-1980-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 1980, Solemnidad de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FESTIVIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Domingo 29 de junio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;En este d&iacute;a, en que la Iglesia celebra la memoria de los Santos Pedro y Pablo, nos encontramos en Roma, &uacute;ltima etapa del camino terrestre de los dos Ap&oacute;stoles. Y, contempor&aacute;neamente, nos vamos con el pensamiento y con el coraz&oacute;n en peregrinaci&oacute;n a los diversos lugares que conocemos por el Evangelio, por los Hechos de los Ap&oacute;stoles y por las Cartas. Entre todos esos lugares (diseminados por el radio de casi todo el Mediterr&aacute;neo, del Oriente hacia el Norte) el m&aacute;s importante es ciertamente el de las cercan&iacute;as de Cesarea de Filipo, que se recuerda en el Evangelio de hoy. El m&aacute;s importante no s&oacute;lo para la historia de Pedro, sino tambi&eacute;n, en cierto sentido, para la historia de Pablo, para la historia de la Iglesia y del cristianismo, para la historia de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s pregunta a sus Ap&oacute;stoles: &iquest;&quot;Qui&eacute;n dicen los hombres que es el Hijo del hombre&quot;? (<i>Mt<\/i> 16, 13). Se recogen diversas opiniones que ciertamente circulaban entonces entre la gente de Palestina. Y cuando Jes&uacute;s pregunta por segunda vez: &quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy?&quot;<i> (Mt<\/i> 16, 15), responde Pedro. Y precisamente su<i> respuesta<\/i> es la respuesta<i> clave.<\/i> Es la respuesta clave por lo que respecta a su contenido y, al mismo tiempo, con mayor motivo a&uacute;n, por lo que respecta a la fuente de Ja que procede.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ese contenido lo pronuncia Pedro con las palabras<\/i>&nbsp;&quot;T&uacute; eres Cristo, el hijo de Dios vivo&quot;<i> (Mt<\/i> 16, 16). Y el mismo Cristo anuncia de qu&eacute; fuente procede esa verdad,<i> de qu&eacute; fuente<\/i> ha surgido esa confesi&oacute;n, sobre la cual, de ahora en adelante, se va a construir la Iglesia, Cristo dice: &quot;No es la carne, ni la sangre quien eso te ha revelado, sino mi Padre, que est&aacute; en los cielos&quot;<i> (Mt <\/i>16, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;En la liturgia de la Misa vespertina de ayer, que es pr&oacute;logo de la solemnidad de los dos Ap&oacute;stoles, Pablo dice as&iacute; en la Carta a los G&aacute;latas: &#8230;&quot;cuando plugo al que me segreg&oacute; desde el seno de mi madre y me llam&oacute; por su gracia, para revelar en m&iacute; a su Hijo&#8230; al instante, sin consultar a ning&uacute;n hombre&#8230; part&iacute; para Arabia y de nuevo volv&iacute; a Damasco&#8230; Pasados tres a&ntilde;os, sub&iacute; a Jerusal&eacute;n para conocer a Cefas, a cuyo lado permanec&iacute; quince d&iacute;as&#8230;&quot; (<i>G&aacute;l<\/i> 1, 15-18).<\/p>\n<p align=\"left\">El Ap&oacute;stol de los gentiles resume en estas palabras su itinerario. Se ha encontrado con Pedro en Jerusal&eacute;n, despu&eacute;s en Antioqu&iacute;a y solo m&aacute;s tarde en Roma, donde a ambos les esperaba la &uacute;ltima prueba. Sin embargo, estuvo siempre unido con Pedro, y Pedro con &eacute;l, en esto: en que Dios se complaci&oacute; en revelar en &eacute;l a su Hijo. Por primera vez, junto a las puertas de Damasco, cuando estaba ca&iacute;do en tierra y cegado por una luz del cielo, tras la pregunta, &iquest;&quot;Qui&eacute;n eres, Se&ntilde;or&quot;?, hab&iacute;a o&iacute;do esta respuesta: &quot;Yo soy Jes&uacute;s, a quien t&uacute; persigues&quot;<i> (Act <\/i>9, 5). Entonces se cumpli&oacute; en Pablo lo mismo que se hab&iacute;a cumplido en Pedro junto a Cesarea de Filipo, cuando confes&oacute;: &quot;T&uacute; eres Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;.<i> El Padre le revel&oacute; en Cristo al Mes&iacute;as,<\/i> su Hijo.<i> El Hijo de Dios <\/i>vivo. Y Pablo acept&oacute; interiormente las palabras del Padre &quot;sin consultar a ning&uacute;n hombre&quot;, al igual que Pedro, el cual hab&iacute;a o&iacute;do de boca de Cristo: &quot;Ni la carne ni la sangre te lo han revelado&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Nos encontramos en el punto clave de la Econom&iacute;a divina. Dios da a su Hijo y al mismo tiempo revela su Hijo ante todo a Pedro, que primero se llamaba Sim&oacute;n y era hijo de Juan y hermano de Andr&eacute;s, y luego \u2014a su tiempo\u2014 a Pablo, que primero se llamaba Saulo de Tarso. Gracias a la potencia de esta revelaci&oacute;n del Hijo por parte del Padre, Pedro, que ha cre&iacute;do y confesado su fe, debe ser &quot;piedra&quot;. Y yo te digo: T&uacute; eres Pedro, &quot;la piedra&quot; y &quot;sobre esta piedra edificar&eacute; yo mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecer&aacute;n contra ella&quot;<i> (Mt<\/i> 16, 18). Gracias a la potencia de la misma revelaci&oacute;n del Hijo por parte del Padre, Pablo, que hab&iacute;a cre&iacute;do y confesado su fe en Cristo con el mismo fervor de &aacute;nimo con que antes hab&iacute;a perseguido a los confesores de Cristo, deb&iacute;a convertirse en el &quot;instrumento elegido&quot; para llevar el nombre del Se&ntilde;or ante los pueblos (cf.<i> Act <\/i>9, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia de Roma celebra hoy la memoria de ambos. La &quot;Piedra&quot; y el &quot;instrumento elegido&quot;<i> se encontraron definitivamente aqu&iacute;.<\/i> Aqu&iacute; realizaron su ministerio apost&oacute;lico, aqu&iacute; lo sellaron definitivamente con el testimonio de su sangre por ellos derramada, con el testimonio del sacrificio total de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Previendo ese d&iacute;a, Pablo escrib&iacute;a a Timoteo, como leemos en la liturgia de hoy: &quot;A punto estoy de derramarme en libaci&oacute;n, siendo ya inminente el tiempo de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Por lo dem&aacute;s, ya me est&aacute; preparada la corona de la justicia, que me otorgar&aacute; aquel d&iacute;a el Se&ntilde;or, justo juez, y no s&oacute;lo a m&iacute; sino a todos los que aman su manifestaci&oacute;n&quot; (<i>2 Tim <\/i>4, 6-8).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Al igual que Pablo, podr&iacute;a Pedro escribir de s&iacute; lo mismo.<\/i>&nbsp;De cada uno de ellos se puede decir que amaron de modo especial la manifestaci&oacute;n del Se&ntilde;or. Que lo acogieron con todo el coraz&oacute;n, que dieron testimonio de El con toda la vida y con la muerte. Dieron testimonio no de lo que &quot;la carne y la sangre&quot; pueden revelar al hombre, sino de lo que &quot;ha revelado el Padre&quot;. La verdad y la potencia de esta revelaci&oacute;n permanece en la Iglesia y aumenta en ella constantemente<i> por la ra&iacute;z de la fe de ambos Ap&oacute;stoles:<\/i> Pedro, que es la &quot;piedra&quot; y Pablo que es el &quot;instrumento elegido&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Al festejar hoy el d&iacute;a de su nacimiento definitivo, la Iglesia romana y, al mismo tiempo,<i> la Iglesia<\/i> toda<i> se mira a s&iacute; misma.<\/i> Se ve a s&iacute; misma tal cual es en el a&ntilde;o del Se&ntilde;or 1980.<\/p>\n<p align=\"left\">Y vi&eacute;ndose a s&iacute; misma tal cual es, pensando en Pedro a quien el Se&ntilde;or llam&oacute; la &quot;piedra&quot;, reza para tener una fuerza tal de fe en el Hijo de Dios vivo \u2014fe revelada por el Padre\u2014 que le permita<i> perdurar y desarrollarse como la Iglesia del Dios vivo<\/i> y, al mismo tiempo, como la &quot;piedra&quot; angular del mundo y de los hombres en el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pensando despu&eacute;s en Pablo, a quien el Se&ntilde;or llam&oacute; el &quot;instrumento elegido&quot;, la Iglesia no deja de rezar para tener una fuerza tal de fe en Cristo, que no le permita jam&aacute;s abandonar el cumplimiento y el desarrollo de<i> su misi&oacute;n. <\/i>M&aacute;s a&uacute;n; que<i> le &quot;obligue&quot; a llevar cada vez m&aacute;s a Cristo<\/i> a todas las partes del globo y en toda dimensi&oacute;n de la existencia humana, precisamente como hac&iacute;a aquel a quien el Se&ntilde;or llam&oacute; el &quot;instrumento elegido&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Y, en fin, la Iglesia escucha las palabras, que por primera vez oy&oacute; Pedro junto a Cesarea de Filipo: &quot;Yo te dar&eacute; las llaves del<i> reino de los cielos<\/i> y todo cuanto atares en la tierra, atado ser&aacute; en los cielos y cuanto desatares en la tierra, desatado ser&aacute; en los cielos&quot;<i> (Mt <\/i>16, 19). Y escuchando esas palabras, toda la Iglesia reza<i> para ser la siervo fiel y vigilante<\/i> a cada venida del Se&ntilde;or, hist&oacute;rica y definitiva, as&iacute; como para prepararse a s&iacute; misma y preparar a toda la familia humana, para esa venida.<\/p>\n<p align=\"left\">Como la preparaban los Santos Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo.<\/p>\n<p align=\"left\">Que la Iglesia aspire a esta venida con todas las fuerzas. Igual que aspiraban ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, nuestra alegr&iacute;a por esta fiesta de los Santos Pedro y Pablo se ve aumentada por la presencia de la Delegaci&oacute;n enviada por el Patriarca Ecum&eacute;nico Dimitrios I y por su S&iacute;nodo. Saludo con estima y afecto a esa Delegaci&oacute;n, que se ha querido unir a nuestras oraciones. Esperamos que tal comuni&oacute;n nos lleve a la plena unidad y a la celebraci&oacute;n com&uacute;n de la Eucarist&iacute;a. Y aquel ser&aacute; un d&iacute;a de gozo pleno. Pero ya hoy nuestro gozo es grande. Demos gracias a Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FESTIVIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 29 de junio de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;En este d&iacute;a, en que la Iglesia celebra la memoria de los Santos Pedro y Pablo, nos encontramos en Roma, &uacute;ltima etapa del camino terrestre de los dos Ap&oacute;stoles. 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