{"id":39634,"date":"2016-10-05T22:56:43","date_gmt":"2016-10-06T03:56:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-casia-y-nursia\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:43","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:43","slug":"23-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-casia-y-nursia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-casia-y-nursia\/","title":{"rendered":"23 de marzo de 1980, Visita pastoral a Casia y Nursia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_umbria.html\"> VISITA PASTORAL A NURSIA Y CASIA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">XV CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN BENITO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de Nursia<br \/> Domingo 23 de marzo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Gloria a ti, Cristo, Verbo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti cada d&iacute;a en este per&iacute;odo bendito que es la Cuaresma. Gloria a ti hoy, d&iacute;a del Se&ntilde;or y V domingo de este per&iacute;odo.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti, Verbo de Dios, que te has hecho carne y te has manifestado con tu vida y has realizado en la tierra tu misi&oacute;n con la muerte y la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti, Verbo de Dios, que penetras lo &iacute;ntimo de los corazones humanos y les muestras el camino de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Gloria a ti en todo lugar de la tierra.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti en esta pen&iacute;nsula, entre las cumbres de los Alpes y el Mediterr&aacute;neo. Gloria a ti en todos los lugares de esta bendita regi&oacute;n; gloria a ti en cada ciudad y pueblo, donde desde ya casi hace dos mil a&ntilde;os te escuchan sus habitantes y caminan a tu luz.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti, Verbo de Dios, Verbo de la Cuaresma, que es el tiempo de nuestra salvaci&oacute;n, de la misericordia y de la penitencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti por un <i>hijo ilustre de esta tierra<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti, Verbo de Dios, a quien aqu&iacute;, en esta localidad, llamada Nursia, un hijo de esta tierra \u2014conocido en toda la Iglesia y en el mundo con el nombre de Benito\u2014 escuch&oacute; por vez primera y acogi&oacute; como luz de la propia vida, y tambi&eacute;n de la de sus hermanos y hermanas.<\/p>\n<p align=\"left\">Verbo de Dios que <i>no pasar&aacute;s jam&aacute;s<\/i>. Han transcurrido ya mil quinientos a&ntilde;os desde el nacimiento de Benito, tu confesor y monje, fundador de la Orden, Patriarca del Occidente, Patrono de Europa.<\/p>\n<p align=\"left\">Gloria a ti, Verbo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Permitidme, queridos hermanos y hermanas, que intercale estas expresiones de veneraci&oacute;n y agradecimiento en las palabras de la liturgia cuaresmal de hoy. <i>La veneraci&oacute;n y el agradecimiento<\/i> constituyen el motivo de nuestra presencia hoy aqu&iacute;, de mi peregrinaci&oacute;n junto con vosotros al lugar del nacimiento de San Benito, al cumplirse mil quinientos a&ntilde;os de la fecha de este nacimiento.<\/p>\n<p align=\"left\">Sabemos que el hombre <i>nace al mundo<\/i> gracias a sus padres. Confesamos que, habiendo venido al mundo por sus procreadores, que son el padre y la madre, renace <i>a la gracia del bautismo<\/i> sumergi&eacute;ndose en la muerte de Cristo crucificado, para recibir la participaci&oacute;n en esa vida que Cristo mismo ha revelado con su resurrecci&oacute;n. Mediante la gracia recibida en el bautismo, el hombre participa en el nacimiento eterno del Hijo del Padre, puesto que se hace hijo adoptivo de Dios: hijo en el Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">No se puede menos de recordar esta verdad humana y cristiana acerca del nacimiento del hombre, hoy, en Nursia, en el lugar del nacimiento de San Benito. Al mismo tiempo se puede y se debe decir que, juntamente con &eacute;l, <i>nac&iacute;a en cierto sentido una &eacute;poca nueva, una nueva Italia, una nueva Europa<\/i>. El hombre siempre viene al mundo en determinadas condiciones hist&oacute;ricas; incluso el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre en cierto per&iacute;odo de tiempo, y en &eacute;l dio comienzo a los tiempos nuevos que han venido despu&eacute;s de El. Igualmente, en una determinada &eacute;poca hist&oacute;rica, naci&oacute; en Nursia Benito que, gracias a la fe en Cristo, obtuvo &quot;la justicia que viene de Dios&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 9), y supo injertar esta justicia en las almas de sus contempor&aacute;neos y de la posteridad.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El a&ntilde;o en que, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, vino a la luz Benito, el 480, sigue muy de cerca a una fecha fat&iacute;dica, o mejor, fatal, para Roma: aludo a ese 476 despu&eacute;s de Cristo, en el cual, con el env&iacute;o a Constantinopla de las insignias imperiales, el Imperio Romano de Occidente, despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de decadencia, tuvo su fin oficial. Se derrumbaba ese a&ntilde;o una estructura pol&iacute;tica, esto es, un sistema que hab&iacute;a condicionado, poco a poco, casi por un milenio, el camino y el desarrollo de la civilizaci&oacute;n humana en el &aacute;rea de todo el litoral del Mediterr&aacute;neo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pensemos: Cristo mismo vino al mundo seg&uacute;n las coordenadas \u2014tiempo, lugar, ambiente, condiciones pol&iacute;ticas, etc.\u2014 creadas por este mismo sistema. Y tambi&eacute;n la cristiandad, en la historia : gloriosa y doliente de la &quot;Eccles&iacute;a pr&iacute;maeva&quot;, tanto en la &eacute;poca de las persecuciones, como en la sucesiva libertad, se desarroll&oacute; en el marco del &quot;ordo Romanus&quot;, m&aacute;s a&uacute;n, se desarroll&oacute;, en cierto sentido, &quot;a pesar&quot; de este &quot;ordo&quot;, en cuanto ella ten&iacute;a una din&aacute;mica propia que le hac&iacute;a independiente de &eacute;l y le consent&iacute;a vivir una vida &quot;paralela&quot; a su desarrollo hist&oacute;rico.<\/p>\n<p align=\"left\">Tampoco el llamado edicto de Constantino, en el 313, hizo depender a la Iglesia del Imperio: si le reconoc&iacute;a la justa libertad &quot;ad extra&quot; despu&eacute;s de las sangrientas represiones de la &eacute;poca anterior, no fue &eacute;l quien le confiri&oacute; esa igualmente necesaria libertad &quot;ad intra&quot; que, en conformidad con la voluntad de su Fundador, le viene indefectiblemente del impulso de vida que le comunica el Esp&iacute;ritu. Incluso despu&eacute;s de este importante acontecimiento, que sell&oacute; la paz religiosa, el Imperio Romano continu&oacute; su proceso de desintegraci&oacute;n: mientras en Oriente el sistema imperial se pudo reforzar, tambi&eacute;n con notables transformaciones, en Occidente se debilit&oacute; progresivamente por una serie de causas internas y externas, entre las cuales el choque de las migraciones de los pueblos, y en un determinado momento no tuvo ya la fuerza de sobrevivir.<\/p>\n<p align=\"left\">4. De hecho, cuando aqu&iacute; en Nursia vino al mundo San Benito, no s&oacute;lo &quot;el mundo antiguo se encaminaba al fin&quot; (Krasinski, Irydion), sino que en realidad este mundo ya hab&iacute;a sido transformado: bab&iacute;an subintrado los &quot;Christiana tempora&quot;. Roma, que en un tiempo hab&iacute;a sido el testigo principal de la potencia en la ciudad del m&aacute;s grande esplendor del Imperio, se hab&iacute;a convertido en la Roma cristiana. En cierto sentido hab&iacute;a sido realmente la ciudad con la que se hab&iacute;a identificado el Imperio. <i>La Roma de los C&eacute;sares<\/i> ya se hab&iacute;a desvanecido. <i>Quedaba la Roma de los Ap&oacute;stoles<\/i>. La Roma de Pedro y de Pablo, la Roma de los m&aacute;rtires, cuya memoria todav&iacute;a estaba relativamente fresca y viva. Y, mediante esta memoria estaba viva la conciencia de la Iglesia y el sentido de la presencia de Cristo, del que tantos hombres y mujeres no hab&iacute;an vacilado en dar su testimonio, mediante el sacrificio de la propia vida.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, nace en Nursia Benito y madura en ese clima particular, en el que el fin de la potencia terrena, la mayor de las potencias que se han manifestado en el mundo antiguo, habla al alma con el lenguaje de las <i>realidades &uacute;ltimas<\/i>, mientras, al mismo tiempo, Cristo y el Evangelio hablan de otra aspiraci&oacute;n, de <i>otra dimensi&oacute;n de la vida<\/i>, de otra justicia, <i>de otro Reino<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Benito de. Nursia crece en este clima. Sabe que la verdad plena sobre el significado de la vida humana lo ha expresado San Pablo, cuando ha escrito en la Carta a los Filipenses: &quot;dando al olvido a lo que ya queda atr&aacute;s, me lanzo tras lo que tengo delante, mirando hacia la meta, hacia el galard&oacute;n de la soberana vocaci&oacute;n de Dios en Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 13-14).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras las hab&iacute;a escrito el Ap&oacute;stol de las Gentes, el fariseo convertido, que as&iacute; daba testimonio de su conversi&oacute;n y de su fe. Estas palabras reveladas contienen tambi&eacute;n la verdad que retorna a la Iglesia y a la humanidad en las diversas etapas de la historia. En esa etapa, en la que Cristo llam&oacute; a Benito de Nursia, estas palabras anunciaban el comienzo de una &eacute;poca que ser&iacute;a precisamente la <i>&eacute;poca de la gran aspiraci&oacute;n &quot;hacia lo alto&quot;<\/i>, en pos de Cristo crucificado y resucitado. Tal como escribe San Pablo: &quot;para conocerle a El y el poder de su resurrecci&oacute;n y la participaci&oacute;n en sus padecimientos, conform&aacute;ndose a El en su muerte, por si logro alcanzar la resurrecci&oacute;n de los muertos&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 10-11).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, m&aacute;s all&aacute; del horizonte de la muerte que sufri&oacute; todo el mundo construido sobre la potencia temporal de Roma y del Imperio, emerge esta nueva aspiraci&oacute;n: la aspiraci&oacute;n &quot;hacia lo alto&quot;, suscitada por el <i>desaf&iacute;o de la nueva vida<\/i>, el desaf&iacute;o que Cristo trajo al hombre juntamente con la esperanza de la futura resurrecci&oacute;n. El mundo terrestre \u2014el mundo de las potencias y de las derrotas del hombre\u2014 se convierte en el mundo visitado por el Hijo de Dios, el mundo sostenido por la cruz en la perspectiva del futuro definitivo del hombre, que es la eternidad: el <i>Reino de Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Benito fue para su generaci&oacute;n, y a&uacute;n m&aacute;s para las generaciones sucesivas, el ap&oacute;stol de ese Reino y de esa aspiraci&oacute;n. Y sin embargo, el mensaje que &eacute;l proclam&oacute; mediante toda su Regla de vida, parec&iacute;a \u2014parece incluso hoy\u2014 ordinario, com&uacute;n y como menos &quot;heroico&quot; que el que dejaron los ap&oacute;stoles y los m&aacute;rtires sobre las ruinas de la Roma antigua.<\/p>\n<p align=\"left\">En realidad es <i>el mismo mensaje de vida eterna<\/i>, revelado al hombre: en Cristo Jes&uacute;s, el mismo, aun cuando <i>dicho con el lenguaje de tiempos ya diversos<\/i>. La Iglesia lee siempre de nuevo el mismo Evangelio \u2014Palabra de Dios que no pasa\u2014 en el contexto de la realidad humana que cambia. Y Benito supo ciertamente interpretar con perspicacia los signos de los tiempos de entonces, cuando escribi&oacute; su Regla en la cual la uni&oacute;n de la oraci&oacute;n y del trabajo se convert&iacute;a en el principio <i>de la aspiraci&oacute;n a la eternidad<\/i>, para aquellos que la habr&iacute;an de aceptar. &quot;Ora et labora&quot; era para el gran fundador del monaquismo occidental la misma verdad que el Ap&oacute;stol proclama en la lectura de hoy, cuando afirma que lo ha dejado todo por Cristo:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Todo lo tengo por p&eacute;rdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jes&uacute;s, mi Se&ntilde;or, por cuyo amor todo lo sacrifiqu&eacute; y lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo y ser hallarlo en El&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 8-9).<\/p>\n<p align=\"left\">Benito, al leer los signos de los tiempos, vio que era necesario realizar el <i>programa radical<\/i> de la santidad evang&eacute;lica, expresado con las palabras de San Pablo, de una forma ordinaria, en las dimensiones de la vida cotidiana de todos los hombres. Era necesario que lo heroico se hiciese normal, cotidiano, y que lo normal, cotidiano, se hiciese heroico.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo &eacute;l, padre de los monjes, legislador de la vida mon&aacute;stica en Occidente, vino a ser tambi&eacute;n indirectamente el <i>precursor de una nueva civilizaci&oacute;n<\/i>. Dondequiera que el trabajo humano condicionaba el desarrollo de la cultura, de la econom&iacute;a, de la vida social, all&iacute; llegaba el programa benedictino de la evangelizaci&oacute;n, que un&iacute;a el trabajo a la oraci&oacute;n, y la oraci&oacute;n al trabajo.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que admirar la <i>sencillez<\/i> de este programa y, al mismo tiempo, <i>su universalidad<\/i>. Se puede decir que este programa ha contribuido a la cristianizaci&oacute;n de los nuevos pueblos del continente europeo y, a la vez, se ha encontrado tambi&eacute;n en la base de su historia nacional, de una historia que cuenta con m&aacute;s de un milenio.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo, San Benito se convierte en el Patrono de Europa durante el curso de los siglos: mucho antes de ser proclamado como tal por el Papa Pablo VI.<\/p>\n<p align=\"left\">6. El <i>es Patrono de Europa<\/i> en esta &eacute;poca nuestra. Lo es no s&oacute;lo por sus m&eacute;ritos particulares hac&iacute;a este continente, hacia su historia y su civilizaci&oacute;n. Lo es, adem&aacute;s, por la nueva <i>actualidad<\/i> de su figura en relaci&oacute;n con la <i>Europa contempor&aacute;nea<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El trabajo se puede separar de la oraci&oacute;n y hacer de &eacute;l la &uacute;nica dimensi&oacute;n de la existencia humana. La &eacute;poca contempor&aacute;nea lleva consigo esta tendencia. Esta &eacute;poca se diferencia de los tiempos de Benito de Nursia, porque entonces <i>Occidente miraba hacia atr&aacute;s<\/i>, inspir&aacute;ndose en la gran tradici&oacute;n de Roma y del mundo antiguo. Hoy Europa tiene a sus espaldas la terrible segunda guerra mundial y los consiguientes cambios importantes en el mapa del globo, que han limitado la dominaci&oacute;n de Occidente sobre otros continentes. Europa, en cierto sentido, ha retornado dentro de sus propias fronteras.<\/p>\n<p align=\"left\">Y sin embargo, lo que est&aacute; a nuestras espaldas no es el objeto principal de la atenci&oacute;n y de la inquietud de los hombres y de los pueblos. El objeto no cesa de ser<i> lo que est&aacute; ante nosotros<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Hacia d&oacute;nde camina toda la humanidad, ligada con los m&uacute;ltiples v&iacute;nculos de los problemas y de las rec&iacute;procas dependencias, que se extienden a todos los pueblos y continentes? &iquest;Hacia d&oacute;nde camina nuestro continente y, apoyados en &eacute;l, todos esos pueblos y tradiciones que deciden de la vida y de la historia de tantos pa&iacute;ses y de tantas naciones?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Hacia d&oacute;nde camina el hombre?<\/p>\n<p align=\"left\">Las sociedades y los hombres, en el curso de estos quince siglos que nos separan del nacimiento de San Benito de Nursia, han llegado a ser los herederos de una gran civilizaci&oacute;n, los herederos de sus victorias, pero tambi&eacute;n de sus derrotas, de sus luces, pero tambi&eacute;n de sus sombras.<\/p>\n<p align=\"left\">Se tiene la impresi&oacute;n de que prevalece la econom&iacute;a sobre la moral, de <i>que prevalece la temporalidad sobre la espiritualidad<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Por una parte, la orientaci&oacute;n casi exclusiva hacia el consumo de los bienes materiales, quita a la vida humana su sentido m&aacute;s profundo. Por otra parte, el trabajo est&aacute; volvi&eacute;ndose en muchos casos casi una coacci&oacute;n alienante para el hombre, sometido al colectivismo, y se separa, casi a cualquier precio, de la oraci&oacute;n, quitando a la vida humana su dimensi&oacute;n ultra-temporal.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre las consecuencias negativas de una semejante actitud de cerrarse a los valores transcendentes, hay una de ellas que hoy preocupa de modo especial: consiste en el clima cada vez m&aacute;s difundido de tensi&oacute;n social, que degenera tan frecuentemente en episodios absurdos de feroz violencia terrorista. La opini&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; profundamente impresionada y turbada por &eacute;lla. S&oacute;lo la conciencia recuperada de la dimensi&oacute;n transcendente del destino humano puede conciliar el compromiso por la justicia y el respeto a la sacralidad de cada una de las vidas humanas inocentes. Por esto la Iglesia italiana se recoge hoy particularmente en apremiante oraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">No se puede vivir para el futuro sin intuir que el sentido de la vida es mayor que la temporalidad, que est&aacute; sobre ella. Si la sociedad y los hombres de nuestro continente han perdido <i>el inter&eacute;s por este sentido, deben encontrarlo de nuevo<\/i>. Con esta finalidad, &iquest;pueden volver quince siglos atr&aacute;s, al tiempo en que naci&oacute; San Benito de Nursia?<\/p>\n<p align=\"left\">No, no pueden volver atr&aacute;s. Deben encontrar de nuevo el sentido de la vida en el contexto de nuestro tiempo. De otro modo no es posible. Ni deben ni pueden volver atr&aacute;s, a los tiempos de Benito; pero deben volver a encontrar el sentido de la existencia humana seg&uacute;n la <i>medida de Benito<\/i>. S&oacute;lo entonces vivir&aacute;n para el futuro. Y trabajar&aacute;n para el futuro. Y morir&aacute;n, en la perspectiva de la eternidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Si mi predecesor Pablo VI ha proclamado a San Benito de Nursia el Patrono de Europa, es porque &eacute;l podr&aacute; ayudar en esto a la Iglesia y a las naciones de Europa. Deseo de coraz&oacute;n que esta peregrinaci&oacute;n de hoy al lugar de su nacimiento pueda constituir un servicio a esta causa.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A NURSIA Y CASIA XV CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN BENITO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de Nursia Domingo 23 de marzo de 1980 &nbsp; 1. Gloria a ti, Cristo, Verbo de Dios. 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