{"id":39635,"date":"2016-10-05T22:56:44","date_gmt":"2016-10-06T03:56:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-junio-de-1980-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:44","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:44","slug":"22-de-junio-de-1980-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-junio-de-1980-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos\/","title":{"rendered":"22 de junio de 1980, Proclamaci\u00f3n de cinco nuevos beatos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LA PROCLAMACI&Oacute;N DE CINCO NUEVOS BEATOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 22 de junio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Alabad al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&raquo; (<i>Sal<\/i> 135 [136], 1).<\/p>\n<p align=\"left\">1. Esta entusiasta invitaci&oacute;n del Salmista a unirnos todos en la glorificaci&oacute;n de Dios, por su infinita bondad y misericordia, es acogida hoy por toda la Iglesia, llena de rebosante alegr&iacute;a, porque puede inclinarse a venerar a cinco de sus hijos, elevados al honor de los altares mediante la beatificaci&oacute;n y, al mismo tiempo, puede presentarlos a la imitaci&oacute;n de los fieles y a la admiraci&oacute;n del mundo. Son los siguientes: un jesuita &laquo;Ap&oacute;stol del Brasil&raquo;, Jos&eacute; de Anchieta; una m&iacute;stica misionera, Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n (Guyart); un terciario franciscano fundador de la congregaci&oacute;n betlemita, Pedro de Betancur; un obispo, Francisco de Montmorency-Laval, y una joven virgen piel roja, Catalina Tekakwitha.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios derram&oacute; sobre ellos su bondad y su misericordia, enriqueci&eacute;ndoles con su gracia; les am&oacute; con amor paternal, pero exigente, que promet&iacute;a s&oacute;lo pruebas y sufrimientos; les invit&oacute; y llam&oacute; a la santidad heroica; les arranc&oacute; de sus patrias de origen y les invit&oacute; a otras tierras para que anunciaran, entre indecibles fatigas y dificultades, el mensaje del Evangelio. Dos son hijos de Espa&ntilde;a, dos de Francia, una naci&oacute; en la zona que hoy corresponde al Estado de Nueva York y transcurri&oacute; luego el resto de su vida en Canad&aacute;. Todos ellos, al igual que Abraham, en un determinado momento de su vida sintieron \u2014persuasiva, misteriosa, imperiosa\u2014 la voz de Dios: &laquo;Salte de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicar&eacute;&raquo; (<i>G&eacute;n<\/i> 12, 1). Obedecieron, con una disponibilidad humanamente inexplicable y se fueron hacia zonas desconocidas, no para buscar riquezas y glorias mundanas, ni para hacer de su propia vida una aventura interesante, sino sencillamente para anunciar a sus contempor&aacute;neos que Dios es amor y que Jes&uacute;s de Nazaret es el Mes&iacute;as y el Se&ntilde;or, el Hijo de Dios encarnado, el supremo Salvador y Redentor y el definitivo Liberador del hombre, de cada hombre, de todo el hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Sus vicisitudes terrenas se desenvolvieron en un arco global de 150 a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, entre 1534 y 1680; un per&iacute;odo caracterizado por complejos fen&oacute;menos sociales, pol&iacute;ticos, culturales, econ&oacute;micos y, en el campo eclesial, entre otras cosas, por el Concilio de Trento y por la instituci&oacute;n, que realiz&oacute; Gregorio XV en 1622, de la Congregaci&oacute;n de <i>Propaganda Fide<\/i>, que anim&oacute; el grandioso despertar y el incontenible impulso misionero de la Iglesia en la &eacute;poca moderna<\/p>\n<p align=\"left\">2. Y un incansable y genial misionero es Jos&eacute; de Anchieta, que a los 17 a&ntilde;os, ante la imagen de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, en la catedral de Coimbra, hace voto de virginidad perpetua y decide dedicarse al servicio de Dios. Habiendo ingresado en la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, parte, el a&ntilde;o 1553, para el Brasil, donde, en la misi&oacute;n de Piratininga, emprende m&uacute;ltiples actividades pastorales con el fin de acercar y ganar para Cristo a los indios de las selvas v&iacute;rgenes. Ama con inmenso afecto a sus hermanos &laquo;bras&iacute;s&raquo;, comparte con ellos su vida, estudia profundamente sus costumbres y comprende que su conversi&oacute;n a la fe cristiana debe ser preparada, ayudada y consolidada por un apropiado trabajo de civilizaci&oacute;n, para su promoci&oacute;n humana. Su celo ardiente le mueve a realizar innumerables viajes, cubriendo distancias inmensas, en medio de grandes peligros. Pero la oraci&oacute;n continua, la mortificaci&oacute;n constante, la caridad ferviente, la bondad paternal, la uni&oacute;n &iacute;ntima con Dios, la devoci&oacute;n filial a la Virgen Sant&iacute;sima \u2014a quien dedica un largo poema de elegantes versos latinos\u2014 dan a este gran hijo de San Ignacio una fuerza sobrehumana, especialmente cuando debe defender contra las injusticias de los colonizadores a sus hermanos los ind&iacute;genas. Para ellos compone un catecismo, adaptado a su mentalidad, que contribuye grandemente a su cristianizaci&oacute;n. Por todo ello, bien merece el t&iacute;tulo de &laquo;Ap&oacute;stol del Brasil&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Nacido de familia pobre, dedicada a la agricultura y a la ganader&iacute;a, Pedro de Betancur, tiene en su vida un solo objetivo: llevar el mensaje cristiano a las &laquo;Indias Occidentales&raquo;. A los 23 a&ntilde;os deja su patria y llega a Guatemala, enfermo, sin recursos, solo, desconocido, convirti&eacute;ndose en el ap&oacute;stol de los esclavos negros, de los indios sometidos a trabajos inhumanos, de los emigrantes sin trabajo ni seguridad, de los ni&ntilde;os abandonados. El hermano Pedro, animado por la caridad de Cristo, se hizo todo para todos, en particular para los peque&ntilde;os vagabundos de cualquier raza y color, en favor de los cuales funda una escuela. Para los enfermos pobres, despedidos de los hospitales pero todav&iacute;a necesitados de ayuda y asistencia, Pedro funda el primer hospital del mundo para convalecientes. Muere a los 41 a&ntilde;os de edad.<\/p>\n<p align=\"left\">El Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, en cuyo nombre fund&oacute; la congregaci&oacute;n betlemita, fue el tema asiduo de la meditaci&oacute;n espiritual del Beato, el cual en los pobres supo descubrir siempre el rostro de &laquo;Jes&uacute;s Ni&ntilde;o&raquo;: por esto los am&oacute; con una delicada ternura, cuyo recuerdo sigue siempre vivo en Guatemala.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n (Marie Guyart), ha sido justamente llamada &laquo;Madre de la Iglesia cat&oacute;lica en Canad&aacute;&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">A los 17 a&ntilde;os se casa con Claude Martin; a los 18, es madre; a los 20 se queda viuda. Mar&iacute;a rechaza un segundo matrimonio que le propon&iacute;an sus padres y, a los 32 a&ntilde;os, entra en el monasterio de las ursulinas de Tours. Dios le hace comprender la fealdad del pecado y la necesidad de la redenci&oacute;n. Profundamente devota del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y meditando asiduamente el misterio de la Encarnaci&oacute;n, madura su vocaci&oacute;n misionera. &laquo;Mi cuerpo estaba en nuestro monasterio \u2014escribir&iacute;a en su autobiograf&iacute;a\u2014 pero mi esp&iacute;ritu no pod&iacute;a estar encerrado all&iacute;. El Esp&iacute;ritu de Jes&uacute;s me llevaba a las Indias, al Jap&oacute;n, a Am&eacute;rica, al Oriente, al Occidente, a las regiones de Canad&aacute; y a los Hurones, a toda la tierra habitable, donde hab&iacute;a almas que yo quer&iacute;a perteneciesen a Jesucristo&raquo;. En 1639, la encontramos en Canad&aacute;. Es la primera religiosa francesa misionera. Su apostolado catequ&iacute;stico en favor de los ind&iacute;genas es infatigable; compone un catecismo en lengua de los hurones, otro en la de los iraqueses, un tercero en la de los algonquinos.<\/p>\n<p align=\"left\">Alma profundamente contemplativa, pero comprometida en la acci&oacute;n apost&oacute;lica, formula el voto de &laquo;buscar la mayor gloria de Dios en todo lo que sirva para mayor santificaci&oacute;n&raquo; y en mayo de 1653 se ofrece interiormente en holocausto a Dios por el bien de Canad&aacute;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Maestra de vida espiritual<\/i>, hasta el punto de que Bossuet la defini&oacute; como &laquo;la Teresa del Nuevo Mundo&raquo;, y <i>promotora de obras de evangelizaci&oacute;n<\/i>, Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n re&uacute;ne en s&iacute;, de modo admirable, la contemplaci&oacute;n y la acci&oacute;n. En ella se realiza plenamente la mujer cristiana, con raro equilibrio, en todos los estados de vida: esposa, madre, viuda, directora de empresas, religiosa, m&iacute;stica, misionera; y todo ello, siendo siempre fiel a Cristo, siempre en estrecha uni&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Noble hijo de Francia, Francisco de Montmorency-Laval, animado tambi&eacute;n &eacute;l por el carisma misionero, habr&iacute;a podido aspirar a las carreras humanas m&aacute;s prometedoras, pero prefiri&oacute; corresponder generosamente a la invitaci&oacute;n de Cristo, que le enviaba a anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Nombrado vicario apost&oacute;lico en &laquo;Nueva Francia&raquo;, investido del car&aacute;cter episcopal, se establece en Quebec y se decide, con celo infatigable a la expansi&oacute;n del Reino de Dios, realizando en s&iacute; la figura ideal del obispo. Consagra a los indios las primicias de su ministerio; viaja constantemente a trav&eacute;s de la inmensa regi&oacute;n, mitad del continente norteamericano; funda el seminario de Quebec, que llegar&aacute; a ser seguidamente la &laquo;Universidad Laval&raquo;, una de las primeras Universidades Cat&oacute;licas de los tiempos modernos; se preocupa, con cuidado particular, de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas y obtiene de la Santa Sede la instituci&oacute;n en Par&iacute;s de un seminario para &laquo;Misiones extranjeras&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n, que le hab&iacute;a precedido en Canad&aacute; veinte a&ntilde;os antes y que hoy es beatificada con &eacute;l, escrib&iacute;a a poco de su llegada: &laquo;Es un hombre de gran m&eacute;rito y de virtud insigne; no son los hombres quienes le han elegido; debo decir realmente que vive como un santo y como un ap&oacute;stol&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Esta corona maravillosa de nuevos Beatos, espl&eacute;ndido don de Dios a su Iglesia, se cierra con la dulce, fr&aacute;gil y fuerte figura de una joven, muerta a los 24 a&ntilde;os de edad: Catalina Tekakwitha, el &laquo;lirio de los Mohawks&raquo;, la primera virgen iroquesa, que en Norteam&eacute;rica renov&oacute;, en el siglo XVII, los prodigios de santidad de Santa Escol&aacute;stica, Santa Gertrudis, Santa Catalina de Sena, Santa Angela de Merici, Santa Rosa de Lima, precediendo, en el camino del Amor, a su gran hermana espiritual, Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Transcurre su breve existencia, parte en el territorio donde se encuentra hoy el Estado de Nueva York y el resto en Canad&aacute;. Es gentil, d&oacute;cil, laboriosa y pasa el tiempo trabajando, rezando y meditando. A los 20 a&ntilde;os recibe el bautismo. Incluso en las temporadas de caza, siguiendo a su propia tribu, contin&uacute;a sus ejercicios de piedad, que realiza ante una tosca cruz, que ella misma ha tallado en la selva. Invitada por su familia al matrimonio, responde con mucha serenidad y firmeza que tiene a Jes&uacute;s como &uacute;nico esposo; tal decisi&oacute;n, consideradas las condiciones sociales de la mujer en las tribus indias de aquel tiempo, supone para Catalina el riesgo de vivir marginada y en la miseria. Es un gesto valeroso, contracorriente, prof&eacute;tico: el 25 de marzo de 1679, a los 23 a&ntilde;os, Catalina, con el consentimiento de su director espiritual, hace voto de perpetua virginidad, el primero conocido, de esa &iacute;ndole, entre lo indios de Norteam&eacute;rica.<\/p>\n<p align=\"left\">Los &uacute;ltimos meses de su vida son una manifestaci&oacute;n cada vez mayor de su fe s&oacute;lida, de su l&iacute;mpida humildad, de su serena resignaci&oacute;n, de su gozo luminoso, aun en medio de atroces sufrimientos. Sus &uacute;ltimas palabras, sencillas y sublimes, susurradas en trance de muerte, sintetizan, como c&aacute;ntico alt&iacute;simo, una vida de pur&iacute;sima caridad: &laquo;Jes&uacute;s, te amo&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Llenos de emocionada alegr&iacute;a, damos gracias a Dios que contin&uacute;a dando generosamente a la Iglesia el don de la santidad, y nos inclinamos reverentes para venerar los nuevos Beatos y las nuevas Beatas, cuya fisonom&iacute;a espiritual hemos esbozado brevemente. Escuchemos d&oacute;ciles el mensaje que nos dirigen con la fuerza de su testimonio. Verdaderamente, sus corazones, mediante la fe, se abrieron con generosidad a la Palabra de Dios y llegaron a ser habitaci&oacute;n de Cristo; todos ellos, enraizados y basados en la caridad, alcanzaron una especial profundidad de conocimiento y comprensi&oacute;n del misterioso designio divino de salvaci&oacute;n, conociendo el amor de Cristo, que supera todo conocimiento (cf. <i>Ef<\/i> 3, 17-19). En este d&iacute;a glorioso nos recuerdan que todos nosotros estamos invitados y obligados a buscar la santidad y la perfecci&oacute;n de nuestro estado (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 42) y la Iglesia, que vive en tiempo, es misionera por naturaleza y debe seguir el mismo camino seguido por Cristo; a saber: el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y del sacrificio de s&iacute; mismo hasta la muerte (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, 1, 5)<\/p>\n<p align=\"left\">Oh Beatos y Beatas, que hoy glorifica y exalta la Iglesia peregrinante: &iexcl;dadnos la fuerza de imitar vuestra fe l&iacute;mpida, cuando nos encontremos en momentos de tinieblas; vuestra serena esperanza, cuando nos veamos abatidos por las dificultades; vuestra ardiente caridad hacia Dios, cuando nos sintamos tentados a adorar a las criaturas; vuestro amor delicado hacia los hermanos, cuando queramos encerrarnos en nuestro ego&iacute;sta individualismo!<\/p>\n<p align=\"left\">Oh Beatos y Beatas: &iexcl;bendecid vuestras patrias, las de origen y las que os fueron dadas por Dios, la &laquo;Tierra prometida&raquo; a Abraham, y que vosotros amasteis, evangelizasteis, santificasteis!<\/p>\n<p align=\"left\">Oh Beatos y Beatas, &iexcl;bendecid a la Iglesia entera, peregrina, que espera la patria definitiva!<\/p>\n<p align=\"left\">Oh Beatos y Beatas, &iexcl;bendecid al mundo, que tiene hambre y sed de santidad!<\/p>\n<p align=\"left\">Beato Jos&eacute; de Anchieta, Beata Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n, Beato Pedro de Betancur, Beato Francisco de Montmorency-Laval, Beata Catalina Tekakwitha, &iexcl;rogad por nosotros!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LA PROCLAMACI&Oacute;N DE CINCO NUEVOS BEATOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 22 de junio de 1980 &nbsp; &laquo;Alabad al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&raquo; (Sal 135 [136], 1). 1. 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