{"id":39636,"date":"2016-10-05T22:56:46","date_gmt":"2016-10-06T03:56:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-1980-ordenacion-sacerdotal-de-45-jovenes-diaconos\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:46","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:46","slug":"15-de-junio-de-1980-ordenacion-sacerdotal-de-45-jovenes-diaconos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-1980-ordenacion-sacerdotal-de-45-jovenes-diaconos\/","title":{"rendered":"15 de junio de 1980, Ordenaci\u00f3n sacerdotal de 45 j\u00f3venes di\u00e1conos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL DE 45 J&Oacute;VENES DI&Aacute;CONOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 15 de junio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Car&iacute;simos:<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario que os encontr&eacute;is a vosotros mismos. Es necesario que encontr&eacute;is la grandeza justa del momento que viv&iacute;s, a la luz de las palabras de Cristo, que hab&eacute;is escuchado en el Evangelio de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo dirige su oraci&oacute;n al Padre<\/i>. Ora en alta voz, ante los Doce que El hab&iacute;a elegido. Ora en el Cen&aacute;culo, el Jueves Santo, despu&eacute;s de haber instituido el sacramento de la Nueva y Eterna Alianza. Esta oraci&oacute;n se llama com&uacute;nmente la &quot;oraci&oacute;n sacerdotal&quot;. Dice as&iacute;:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;He manifestado tu nombre a los hombres que <i>de este mundo me has dado<\/i>. Tuyos eran, y t&uacute; me los diste&#8230; No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 6. 15).<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Santif&iacute;calos en la verdad, pues tu palabra es verdad. Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; yo los envi&eacute; a ellos al mundo, y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad&quot; (Jn 17, 17-19).<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp; Los que en este momento vais a recibir la ordenaci&oacute;n sacerdotal, escuchad estas palabras, porque <i>se refieren a vosotros<\/i>. Hablan de vosotros. Brotan directamente del Coraz&oacute;n de Cristo, que se revel&oacute; ante sus disc&iacute;pulos como sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza&#8230; y se refieren a vosotros. Y hablan de vosotros. Dicen lo que sois \u2014en lo que os vais a convertir\u2014, lo que deb&eacute;is ser. Escuchad bien estas palabras y <i>grabadlas profundamente en vuestros corazones<\/i>, porque deben constituir durante toda la vida el fundamento de vuestra identidad sacerdotal.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp; Por lo tanto, ante todo:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 <i>sois<\/i> &quot;escogidos del mundo y entregados a Cristo&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Dentro de poco, esto se realizar&aacute; definitivamente. Ser&eacute;is &quot;tomados de entre los hombres&quot; (como dice la Carta a los Hebreos 5, 1), &quot;tomados del mundo&quot; y &quot;entregados a Cristo&quot;. &iquest;Por qui&eacute;n? <i>Por el Padre<\/i>. No por los hombres, aunque &quot;de entre los hombres&quot; y ciertamente tambi&eacute;n <i>por obra<\/i> de varios hombres: vuestros padres, vuestros coet&aacute;neos, vuestros educadores&#8230;, en particular quiz&aacute; por obra de otros sacerdotes: muchos o s&oacute;lo alguno, mediante quien se os revel&oacute; la Voluntad divina&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Pero, en definitiva, siempre y exclusivamente: por el Padre. <i>El Padre os entrega hoy a Cristo<\/i>, lo mismo que le entreg&oacute; aquellos primeros Doce, que estuvieron con El en la hora de la &uacute;ltima Cena. As&iacute; tambi&eacute;n a vosotros: &quot;os toma del mundo y os da a Cristo&quot;. Esto se va a realizar precisamente dentro de poco en el coraz&oacute;n mismo de la Iglesia, <i>mediante mi servicio sacramental<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En la liturgia de la Palabra se ha le&iacute;do la descripci&oacute;n de la vocaci&oacute;n de un Profeta, la llamada de Jerem&iacute;as, para que pod&aacute;is recordar una vez m&aacute;s c&oacute;mo se ha desarrollado vuestra propia llamada, de qu&eacute; modo se ha revelado Dios a cada uno de vosotros con su gracia, c&oacute;mo ha llamado a cada uno de vosotros&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">El Profeta se defend&iacute;a, se excusaba, ten&iacute;a miedo. Quiz&aacute; muchos de vosotros han experimentado lo mismo. En la vocaci&oacute;n presbiteral hay siempre un misterio, frente al que se encuentra el coraz&oacute;n humano, misterio atrayente y al mismo tiempo nada f&aacute;cil: <i>fascinosum et tremendum<\/i>. El hombre debe sentir miedo, para que luego se manifieste tanto m&aacute;s la potencia de la llamada, y tanto m&aacute;s l&iacute;mpidamente se ponga de relieve que es el Se&ntilde;or quien llama, y que el llamado actuar&aacute; no por la propia voluntad ni por la propia fuerza, sino <i>solamente por la voluntad y la fuerza de Dios mismo<\/i>. &quot;Y ninguno se toma por s&iacute; este honor, sino el que es llamado por Dios&quot;, como afirma la Carta a los Hebreos (5, 4) en su texto cl&aacute;sico sobre el sacerdocio.<\/p>\n<p align=\"left\">5. As&iacute;, pues, es preciso conservar en este momento y durante toda la vida, un sentido profundo de las justas proporciones. Es preciso <i>conservar la humildad<\/i>: &quot;llevamos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra&quot; (<i>2 Cor<\/i> 4, 7). S&iacute;. Es necesario conservar la humildad. Tambi&eacute;n es ella la fuente de un celo aut&eacute;ntico. El celo, efectivamente, no es m&aacute;s que la profunda <i>gratitud por el don,<\/i> que se expresa en toda la vida y en el propio comportamiento. &iexcl;Sed, pues, fervorosos! &iexcl;No os conced&aacute;is reposo en el celo! La verdad interior de vuestro sacerdocio ministerial se irradie sobre los otros, en particular sobre los j&oacute;venes, de modo que tambi&eacute;n ellos sigan vuestras huellas. La Iglesia, mediante aquellos a los que ordena sacerdotes, llama constantemente a nuevos candidatos al camino del ministerio sacerdotal. Vuestra ordenaci&oacute;n va <i>acompa&ntilde;ada de mi oraci&oacute;n <\/i>y, juntamente, de la de toda la Iglesia <i>por las vocaciones sacerdotales.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">6. &quot;No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal&#8230; Santif&iacute;calos en la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 15. 17). S&iacute;. Sois &quot;tomados de entre los hombres&quot;, &quot;entregados a Cristo&quot; por el Padre, para estar en el mundo, <i>en el coraz&oacute;n de las masas<\/i>. Sois &quot;instituidos en favor de los hombres&quot; (<i>Heb<\/i> 5, 1). El sacerdocio es el sacramento, en el que la Iglesia se manifiesta como la sociedad del Pueblo de Dios, es el sacramento &quot;social&quot;. Los sacerdotes deben &quot;convocar&quot; a cada una de las comunidades del Pueblo de Dios en torno a s&iacute;, pero no para s&iacute;. <i>&iexcl;Para Cristo!<\/i>, &quot;pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jes&uacute;s, Se&ntilde;or; y cuanto a nosotros nos predicamos siervos vuestros por amor de Jes&uacute;s&quot; (<i>2 Cor<\/i> 4, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto deb&eacute;is ser fieles. Debe <i>transparentarse en vosotros el sacerdocio de Cristo mismo<\/i>. En vosotros debe manifestarse Cristo, Buen Pastor. Debe hablar, mediante vosotros, su voluntad y s&oacute;lo su voluntad.<\/p>\n<p align=\"left\">Mirad lo que dice tambi&eacute;n el Ap&oacute;stol: &quot;Desechando los tapujos vergonzosos, no procediendo con astucia, ni falsificando la Palabra de Dios, manifestamos la verdad y nos recomendamos nosotros mismos a toda humana conciencia ante Dios&quot; (<i>2 Cor<\/i> 4, 2). S&iacute;. Cada uno de los hombres tendr&aacute; derecho <i>de juzgaros por la verdad de vuestras palabras y de vuestras obras<\/i>, en el nombre de ese &quot;sentido de la fe&quot;, que se da a todo el Pueblo de Dios como fruto de la participaci&oacute;n en la misi&oacute;n prof&eacute;tica de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Y por esto vuelvo una vez m&aacute;s a esas espl&eacute;ndidas palabras de Pablo de la segunda lectura de hoy, y por esto los deseos m&aacute;s cordiales que hoy tengo para vosotros, y que tiene toda la Iglesia conmigo, vuestro Obispo, son &eacute;stos: Dios, que mand&oacute; que de las tinieblas brillase la luz, <i>brille en vuestros corazones<\/i>, para hacer resplandecer el conocimiento de la gloria divina que brilla sobre el rostro de Cristo (cf. <i>2 Cor<\/i> 4, 6). Este es el primer deseo.<\/p>\n<p align=\"left\">Y el segundo es que vosotros, investidos de este ministerio por la misericordia de que hab&eacute;is sido objeto, no desfallezc&aacute;is (cf. <i>2 Cor<\/i> 4, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo est&aacute; con vosotros. Su Madre es vuestra Madre. Los santos, cuya intercesi&oacute;n invocamos hoy, est&aacute;n con vosotros. La Iglesia est&aacute; con vosotros. Si vacil&aacute;is en alg&uacute;n momento, recordad que en el Cuerpo de Cristo est&aacute;n las potentes fuerzas del Esp&iacute;ritu, capaces de levantar a cada uno de los hombres y sostenerlo en el camino de la vocaci&oacute;n. En el camino al que lo ha llamado Dios mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Estos son los pensamientos que nacen de la meditaci&oacute;n sobre la Palabra de Dios, que nos ofrece la Iglesia en este momento solemne. <i>&iexcl;Y ahora acercaos!<\/i> Que se realicen en cada uno de vosotros las palabras de la oraci&oacute;n sacerdotal de Cristo: las palabras que pronunci&oacute; en el Cen&aacute;culo, en el umbral de su misterio pascual. Que se realicen estas palabras: Padre, &quot;como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; yo los envi&eacute; a ellos al mundo, y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 18-19). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL DE 45 J&Oacute;VENES DI&Aacute;CONOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 15 de junio de 1980 &nbsp; 1. Car&iacute;simos: Es necesario que os encontr&eacute;is a vosotros mismos. Es necesario que encontr&eacute;is la grandeza justa del momento que viv&iacute;s, a la luz de las palabras de Cristo, que hab&eacute;is &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-1980-ordenacion-sacerdotal-de-45-jovenes-diaconos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de junio de 1980, Ordenaci\u00f3n sacerdotal de 45 j\u00f3venes di\u00e1conos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39636","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39636","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39636"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39636\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39636"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39636"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39636"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}