{"id":39639,"date":"2016-10-05T22:56:50","date_gmt":"2016-10-06T03:56:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-1980-santa-misa-ante-la-basilica-de-santa-teresita-del-nino-jesus-lisieux\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:50","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:50","slug":"2-de-junio-de-1980-santa-misa-ante-la-basilica-de-santa-teresita-del-nino-jesus-lisieux","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-1980-santa-misa-ante-la-basilica-de-santa-teresita-del-nino-jesus-lisieux\/","title":{"rendered":"2 de junio de 1980, Santa Misa ante la Bas\u00edlica de Santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas, Lisieux"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_parigi_sp.htm\">VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> ANTE LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA TERESITA DEL NI&Ntilde;O JES&Uacute;S<br \/> <\/font><\/b> <br \/> Lisieux, lunes 2 de junio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Antes de comenzar la ceremonia, el obispo de la di&oacute;cesis present&oacute; al Papa la bienvenida de la gente de provincias, en especial de Breta&ntilde;a, y record&oacute; la visita a este lugar del joven sacerdote Wojtyla reci&eacute;n acabada la segunda guerra mundial. Juan Pablo II respondi&oacute; improvisando estas palabras: <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Al terminar mi viaje con esta peregrinaci&oacute;n a Lisieux, doy gracias a Dios por haber concedido a la Iglesia a la joven carmelita que lleg&oacute; a ser patrona de las misiones y de los misioneros, Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que vino a ayudarnos a encender de nuevo el fervor misionero por la oraci&oacute;n y la acci&oacute;n. Tenemos necesidad todos, quienquiera que seamos, de encontrar nuestro puesto en la Iglesia. Es lo que quer&iacute;a Teresa: que pudi&eacute;ramos exclamar como ella: Si, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y este puesto me lo hab&eacute;is dado Vos, Dios m&iacute;o; yo ser&eacute; el amor. Si Teresa realiz&oacute; su vocaci&oacute;n con fidelidad constante a pesar de sus debilidades, es porque tuvo confianza en la misericordia incansable de Dios. Creemos como ella que el perd&oacute;n de Dios es m&aacute;s potente que nuestro pecado. Por ello, prepar&eacute;monos con confianza a celebrar esta Eucarist&iacute;a reconoci&eacute;ndonos pecadores.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\">1. Experimento una gran alegr&iacute;a al haber podido venir a Lisieux con ocasi&oacute;n de mi visita a la capital de Francia. Aqu&iacute; me encuentro como peregrino con todos vosotros, queridos hermanos y hermanas que, desde muchas regiones de Francia, hab&eacute;is venido tambi&eacute;n junto a &quot;Teresita&quot;, a quien tanto queremos y cuyo camino hacia la santidad est&aacute; tan estrechamente ligado al carmelo de <i>Lisieux<\/i>. Si los estudiosos de la asc&eacute;tica y la m&iacute;stica, y las personas que aman a los santos, acostumbran a llamar a este itinerario de Sor Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s &quot;el caminito&quot;, est&aacute; fuera de toda duda que el <i>Esp&iacute;ritu de Dios<\/i> que la ha guiado en este camino, lo ha hecho con la misma generosidad con que gui&oacute; en otro tiempo a su patrona, la &quot;gran Teresa&quot; de &Aacute;vila, y con que ha guiado \u2014y contin&uacute;a guiando\u2014 a tantos santos en su Iglesia. &iexcl;Gloria a El por siempre!<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia se goza en esta maravillosa <i>riqueza de dones espirituales<\/i>, tan espl&eacute;ndidos y variados, como son todas las obras de Dios en el universo visible e invisible. Cada uno de ellos refleja el misterio interior del hombre y corresponde, a la vez, a las necesidades de los tiempos en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Esto debe decirse de Santa Teresa de Lisieux quien, hasta una &eacute;poca reciente, fue efectivamente <i>nuestra santa &quot;contempor&aacute;nea&quot;<\/i>. Personalmente as&iacute; lo veo yo en el marco de mi vida. Pero, &iquest;contin&uacute;a siendo la santa &quot;contempor&aacute;nea&quot;? &iquest;No ha dejado de serlo para la generaci&oacute;n que actualmente est&aacute; llegando a la madurez en la Iglesia? Habr&iacute;a que pregunt&aacute;rselo a los hombres de esta generaci&oacute;n. Perm&iacute;taseme, en todo caso, decir que los santos no envejecen pr&aacute;cticamente nunca, que los santos no &quot;prescriben&quot; jam&aacute;s. Contin&uacute;an siendo los testigos de la juventud de la Iglesia. Nunca se convierten en personajes del pasado, en hombres y mujeres &quot;de ayer&quot;. Al contrario: son siempre los hombres y mujeres del &quot;ma&ntilde;ana&quot;, los hombres del futuro evang&eacute;lico del hombre y de la Iglesia, los testigos del &quot;mundo futuro&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &quot;Los que son movidos por el Esp&iacute;ritu de Dios, &eacute;stos son hijos de Dios. Que no hab&eacute;is recibido el esp&iacute;ritu de siervos para recaer en el temor, antes hab&eacute;is recibido el esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n, por el que clamamos: &iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&quot; (<i>Rom<\/i> 8, 14-15).<\/p>\n<p align=\"left\">Ser&iacute;a quiz&aacute; dif&iacute;cil encontrar palabras m&aacute;s sint&eacute;ticas, y al mismo tiempo m&aacute;s subyugantes, para caracterizar el carisma particular de Teresa Martin, es decir, lo que constituye <i>el don absolutamente especial de su coraz&oacute;n<\/i>, y que, a trav&eacute;s de su coraz&oacute;n, se ha convertido en <i>un don particular para la Iglesia<\/i>. El don maravilloso en su sencillez, universal y &uacute;nico al mismo tiempo. De Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Esp&iacute;ritu de Dios permiti&oacute; a su coraz&oacute;n revelar directamente, a los hombres de nuestro tiempo, <i>el misterio fundamental<\/i>, la realidad del Evangelio: el hecho de haber recibido realmente &quot;el esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n por el que clamamos: &iexcl;Abba! &iexcl;Padre! &quot;El caminito&quot; es el itinerario de la &quot;infancia espiritual&quot;. Hay en &eacute;l algo &uacute;nico, un car&aacute;cter propio de Santa Teresa de Lisieux. En &eacute;l se encuentra, al mismo tiempo, la confirmaci&oacute;n y la renovaci&oacute;n de la verdad m&aacute;s <i>fundamental<\/i> y m&aacute;s <i>universal<\/i>. &iquest;Qu&eacute; verdad hay en el mensaje evang&eacute;lico m&aacute;s fundamental y m&aacute;s universal que &eacute;sta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?<\/p>\n<p align=\"left\">Esta verdad, la m&aacute;s universal de todas, esta realidad, ha sido igualmente &quot;rele&iacute;da&quot; de nuevo con la fe, la esperanza y el amor de Teresa de Lisieux. Ha sido en cierto sentido <i>redescubierta<\/i> con la <i>experiencia interior<\/i> de su coraz&oacute;n y por la forma que tom&oacute; su vida, s&oacute;lo los veinticuatro a&ntilde;os de su vida. Cuando ella muri&oacute; aqu&iacute;, en el carmelo, v&iacute;ctima de la tuberculosis que ven&iacute;a incubando desde mucho antes, era casi una ni&ntilde;a. Dej&oacute; el recuerdo del ni&ntilde;o: de la infancia espiritual. Y toda su espiritualidad confirm&oacute; una vez m&aacute;s la verdad de estas palabras del Ap&oacute;stol: &quot;Que no hab&eacute;is recibido el esp&iacute;ritu de siervos para recaer en el temor, antes hab&eacute;is recibido el esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n&#8230;&quot;. S&iacute;. Teresa fue la ni&ntilde;a. La ni&ntilde;a que <i>&quot;confiaba&quot; hasta el hero&iacute;smo<\/i>, y por consiguiente, <i>&quot;libre&quot; hasta el hero&iacute;smo<\/i>. Pero justamente porque lo fue hasta el hero&iacute;smo, conoci&oacute; en la soledad el sabor interior y tambi&eacute;n el precio interior de esta confianza que impide &quot;recaer en el temor&quot;; de esta confianza que, hasta en las m&aacute;s profundas oscuridades y sufrimientos del alma, permite clamar: &quot;&iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>S&iacute;, ella conoci&oacute; este sabor y este precio.<\/i> Para quien lee atentamente su &quot;Historia de un alma&quot;, es evidente que este sabor de la confianza filial proviene, como el perfume de las rosas, del tallo que tiene tambi&eacute;n espinas. &quot;Pues, si somos hijos, somos tambi&eacute;n herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El para ser con El glorificados&quot; (<i>Rom<\/i> 8, 17). Por esto precisamente, la confianza filial de Teresita, Santa Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, pero tambi&eacute;n &quot;de la Santa Faz&quot;, es tan &quot;heroica&quot;, porque proviene de la <i>ferviente comuni&oacute;n con los sufrimientos de Cristo.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Y cuando veo ante m&iacute; a todos estos enfermos, pienso que tambi&eacute;n ellos, como Teresa de Lisieux, est&aacute;n asociados a la pasi&oacute;n de Cristo y que, gracias a su fe en el amor de Dios, gracias a su propio amor, su ofrenda espiritual obtiene misteriosamente para la Iglesia, para todos los dem&aacute;s miembros del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo, un aumento de fuerza. Que no olviden nunca esta bella frase de Santa Teresa: &quot;En el coraz&oacute;n de la Iglesia mi Madre, yo ser&eacute; el amor&quot;. Pido a Dios que conceda a cada uno de estos amigos enfermos, por los que siento un especial afecto, el consuelo y la esperanza.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Tener confianza en Dios como Teresa de Lisieux quiere decir seguir el &quot;caminito&quot; por el que nos gu&iacute;a el Esp&iacute;ritu de Dios: El gu&iacute;a siempre hacia la grandeza en la que participan los hijos e hijas de la adopci&oacute;n divina. Siendo ni&ntilde;o todav&iacute;a, un ni&ntilde;o de doce a&ntilde;os, el Hijo de Dios dijo que su vocaci&oacute;n era ocuparse de las cosas de su Padre (cf. <i>Lc<\/i> 2, 49). Ser ni&ntilde;o, hacerse como un ni&ntilde;o, quiere decir entrar en el mismo centro de la m&aacute;s grande misi&oacute;n a la que el hombre es llamado por Cristo, una misi&oacute;n que penetra el coraz&oacute;n mismo del hombre. Teresa lo sab&iacute;a perfectamente. Esta misi&oacute;n tiene su origen en el amor eterno del Padre. El Hijo de Dios como hombre, de una manera visible e &quot;hist&oacute;rica&quot;, y el Esp&iacute;ritu Santo, de manera invisible y &quot;carism&aacute;tica&quot;, lo realizan en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando, <i>en el momento de abandonar el mundo<\/i>, Cristo dice a los Ap&oacute;stoles: &quot;Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 15), por la fuerza de su misterio pascual, los inserta <i>en la gran corriente de la misi&oacute;n eterna<\/i>. A partir del momento en que los dej&oacute; para ir hacia el Padre, comienza al mismo tiempo a venir &quot;de nuevo en la potencia del Esp&iacute;ritu Santo&quot; que el Padre env&iacute;a en su nombre. El Concilio Vaticano II ha puesto de relieve esta verdad en la conciencia de nuestra generaci&oacute;n m&aacute;s profundamente que todas las otras verdades sobre la Iglesia. Gracias a ello todos nosotros hemos comprendido mejor que <i>la Iglesia<\/i> est&aacute; constantemente <i>&quot;en estado de misi&oacute;n&quot;<\/i>, lo cual quiere decir que toda la Iglesia es misionera. Tambi&eacute;n hemos comprendido mejor <i>este misterio particular del coraz&oacute;n<\/i> de Teresita de Lisieux, la cual, a trav&eacute;s de su &quot;caminito&quot;, fue llamada a participar en la m&aacute;s elevada misi&oacute;n de manera tan plena y tan fructuosa. Precisamente esta &quot;peque&ntilde;ez&quot; que tanto amaba, la peque&ntilde;ez del ni&ntilde;o, le abri&oacute; generosamente toda la grandeza de la misi&oacute;n divina de la salvaci&oacute;n, que es la misi&oacute;n eterna de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute;, en su carmelo, en la clausura del convento de Lisieux, Teresa se sinti&oacute; especialmente unida a todas las misiones y a los misioneros de la Iglesia en el mundo entero. <i>Se sinti&oacute; ella misma &quot;misionera&quot;<\/i>, presente por la fuerza y la gracia especial del Esp&iacute;ritu de amor en todos los centros misioneros, cercana a todos los misioneros, hombres y mujeres, en el mundo. La Iglesia la proclam&oacute; <i>Patrona de las misiones,<\/i> como a San Francisco Javier, que viaj&oacute; de modo incansable por Extremo Oriente: s&iacute;, ella, Teresita de Lisieux, encerrada en la clausura carmelitana, aparentemente separada del mundo. Y gracias a ella, Lisieux se ha convertido en un lugar de donde parten los esfuerzos por las misiones extranjeras, y tambi&eacute;n interiores, en Francia.<\/p>\n<p align=\"left\">Me llena de alegr&iacute;a el poder venir aqu&iacute; poco <i>despu&eacute;s de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\">mi visita al continente africano<\/a><\/i> y, ante esta admirable &quot;misionera&quot;, ofrecer al Padre de la verdad y del amor eternos todo lo que, por la fuerza del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, es ya fruto del trabajo misionero de la Iglesia entre los hombres y los pueblos del continente negro. Querr&iacute;a al mismo tiempo, si puedo hablar as&iacute;, que <i>Teresa de Lisieux me prestara<\/i> la mirada perspicaz de su fe, su sencillez y confianza, en una palabra, la &quot;peque&ntilde;ez&quot; juvenil de su coraz&oacute;n, para proclamar ante toda la Iglesia cuan abundante es la mies, y para pedir como ella, para pedir al Due&ntilde;o de la mies, que env&iacute;e, con mayor generosidad a&uacute;n, obreros a su mies (cf. <i>Mt<\/i> 9, 37-38). Que El los env&iacute;e a pesar de todos los obst&aacute;culos y de todas las dificultades que encuentra en el coraz&oacute;n del hombre, en la historia del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">En &Aacute;frica he pensado muchas veces: &iexcl;Qu&eacute; fe, qu&eacute; energ&iacute;a espiritual ten&iacute;an estos misioneros del siglo pasado o de la primera mitad de este siglo, y todos estos institutos misioneros que se fundaron, para marchar sin dudarlo a estos pa&iacute;ses, desconocidos entonces, con el &uacute;nico fin de dar a conocer el Evangelio, de hacer surgir la Iglesia! Ve&iacute;an en ello con toda raz&oacute;n una obra indispensable para la salvaci&oacute;n. Sin su audacia, sin su santidad, no habr&iacute;an existido jam&aacute;s las Iglesias locales cuyo centenario hemos celebrado recientemente y que son conducidas ya en su mayor&iacute;a por obispos africanos. Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;No perdamos este impulso!<\/p>\n<p align=\"left\">Me consta que de ninguna manera quer&eacute;is perderlo. Saludo a los ancianos obispos misioneros que se encuentran entre vosotros, testigos del celo del que hablaba. Francia tiene a&uacute;n muchos misioneros por todo el mundo, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, y algunos institutos se han abierto a las misiones. Aqu&iacute; veo a los miembros del cap&iacute;tulo de las Misiones Extranjeras de Par&iacute;s, y evoco al beato Te&oacute;fano V&eacute;nard, cuyo martirio en Extremo Oriente fue una luz y una llamada para Teresa. Pienso tambi&eacute;n en todos los sacerdotes franceses que consagran por lo menos algunos a&ntilde;os al servicio de las j&oacute;venes Iglesias en el marco de &quot;Fidei donum&quot;. Por otra parte, se comprende mejor hoy la necesidad de un intercambio fraternal entre las j&oacute;venes y las antiguas iglesias, en beneficio de las dos. S&eacute;, por ejemplo, que las Obras Misionales Pontificias, en coordinaci&oacute;n con la comisi&oacute;n episcopal de las Misiones en el exterior no intentan suscitar s&oacute;lo la ayuda material, sino formar el esp&iacute;ritu misionero de los cristianos de Francia, y eso me alegra. Este impulso misionero no puede nacer y dar fruto m&aacute;s que a partir de una gran vitalidad espiritual, de la irradiaci&oacute;n de la santidad.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &quot;Lo bello existe a fin de que nos sintamos atra&iacute;dos hacia el trabajo&quot;, ha escrito Cyprian Norwid, uno de los m&aacute;s grandes poetas y pensadores que ha producido la tierra polaca, y que la tierra francesa ha acogido y conservado en el cementerio de Montmorency&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Demos gracias al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo por los santos. Demos gracias por Santa Teresa de Lisieux. Demos gracias por la belleza profunda, simple y pura que en ella se manifest&oacute; a la Iglesia y al mundo. Esta belleza encanta. Y Teresa de Lisieux tiene un don especial para encantar por la belleza de su alma. Aun sabiendo todos nosotros que esta belleza fue dif&iacute;cil y que creci&oacute; en el sufrimiento, no por eso deja de alegrar con su encanto especial los ojos de nuestras almas.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos seduce esta belleza, esta flor de santidad que creci&oacute; en este suelo; y su encanto estimula constantemente nuestros corazones al trabajo: &quot;Lo bello existe a fin de que nos sintamos atra&iacute;dos hacia el trabajo&quot;. <i>Hacia el trabajo m&aacute;s importante<\/i>, en el que el hombre aprende a fondo el misterio de su humanidad. Descubre en &eacute;l mismo lo que significa haber recibido &quot;un esp&iacute;ritu de adopci&oacute;n&quot;, radicalmente distinto de &quot;un esp&iacute;ritu de esclavitud&quot;, y comienza a clama con todo su ser: &quot;&iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&quot; (cf. <i>Rom<\/i> 8, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">Por los frutos de este magn&iacute;fico trabajo interior <i>se construye la Iglesia<\/i>, el Reino de Dios en la tierra, en su sustancia m&aacute;s profunda y m&aacute;s fundamental, el grito &quot;&iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&quot;, que resuena a lo ancho de todos los continentes de nuestro planeta, torna <i>en su eco<\/i> a la silenciosa clausura carmelitana, a Lisieux, haciendo siempre vivo el recuerdo de Teresita, quien en su vida breve y oculta pero tan rica, pronunci&oacute; con una fuerza particular &quot;&iexcl;Abba! &iexcl;Padre!&quot;. Gracias a ella, la Iglesia entera ha vuelto a encontrar toda la sencillez y toda la lozan&iacute;a de este grito, que tiene su origen y su fuente en el coraz&oacute;n del mismo Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA ANTE LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA TERESITA DEL NI&Ntilde;O JES&Uacute;S Lisieux, lunes 2 de junio de 1980 &nbsp; Antes de comenzar la ceremonia, el obispo de la di&oacute;cesis present&oacute; al Papa la bienvenida de la gente de provincias, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-1980-santa-misa-ante-la-basilica-de-santa-teresita-del-nino-jesus-lisieux\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de junio de 1980, Santa Misa ante la Bas\u00edlica de Santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas, Lisieux\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39639","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39639"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39639\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}