{"id":39640,"date":"2016-10-05T22:56:51","date_gmt":"2016-10-06T03:56:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-junio-de-1980-santa-misa-en-el-aeropuerto-de-le-bourget\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:51","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:51","slug":"1-de-junio-de-1980-santa-misa-en-el-aeropuerto-de-le-bourget","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-junio-de-1980-santa-misa-en-el-aeropuerto-de-le-bourget\/","title":{"rendered":"1 de junio de 1980, Santa Misa en el aeropuerto de Le Bourget"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_parigi_sp.htm\">VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> EN EL AEROPUERTO DE LE BOURGET<br \/> <\/font><\/b> <br \/> Domingo 1 de junio de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero comenzar dando las gracias desde lo profundo de mi coraz&oacute;n a todos los que han querido reunirse aqu&iacute; esta ma&ntilde;ana, viniendo incluso de provincias lejanas de Francia. Para todos, mis mejores deseos, y en particular para las madres de familia, que en este d&iacute;a celebran el d&iacute;a de la madre. Os invito ahora a recogeros conmigo.<\/p>\n<p align=\"left\">1. Las palabras que acabamos de escuchar poseen un doble significado: <i>ponen fin<\/i> al Evangelio&nbsp;como tiempo de la revelaci&oacute;n de Cristo, y a la vez lo abren hacia el futuro como tiempo de la Iglesia, tiempo de un incesante deber y de una misi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo dice: &iexcl;Id!<\/p>\n<p align=\"left\">Indica la direcci&oacute;n del camino: todas las naciones.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisa la tarea: ense&ntilde;adles y bautizadles.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia recuerda estas palabras en este d&iacute;a solemne, en que quiere adorar a Dios de un modo especial en el misterio interior de la vida de la divinidad: <i>Dios como Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Sean estas palabras el fundamento esencial de nuestra meditaci&oacute;n, ahora que nos encontramos todos, por admirable disposici&oacute;n de la Providencia, muy cerca de Par&iacute;s que es la capital de Francia, y una de las capitales de Europa, una entre otras muchas, es verdad, pero &uacute;nica en su g&eacute;nero, y una de las capitales del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">En la &uacute;ltima frase que recoge el Evangelio, Cristo ha dicho: <i>&quot;Id por todo el mundo&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 16, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">Me encuentro hoy con vosotros, queridos hermanos y hermanas, en uno de esos lugares desde los que, de un modo particular, se observa &quot;el mundo&quot;, se ve la historia de nuestro &quot;mundo&quot; y se observa el &quot;mundo&quot; contempor&aacute;neo, el lugar desde donde <i>este mundo se conoce y se juzga<\/i> a s&iacute; mismo, conoce y juzga sus victorias y sus derrotas, sus sufrimientos y sus esperanzas.<\/p>\n<p align=\"left\">Permitid que me deje penetrar con vosotros por la elocuencia inaudita de las palabras que Cristo dirigi&oacute; a sus disc&iacute;pulos. Permitid que a trav&eacute;s de ellas <i>fijemos los ojos<\/i>, al menos por un instante, en el misterio insondable de Dios, que <i>lleguemos a alcanzar aquello que hay en el hombre<\/i> de duradero, y por tanto de m&aacute;s humano.<\/p>\n<p align=\"left\">Permitid que nos preparemos as&iacute; a la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a en la solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Cristo dijo a los Ap&oacute;stoles: &quot;Id&#8230; ense&ntilde;ad a todas las naciones&#8230;&quot;. Del mismo modo que hoy me encuentro pr&aacute;cticamente en la capital de Francia, as&iacute;, <i>hace un a&ntilde;o, en este mismo d&iacute;a<\/i>, del primer domingo despu&eacute;s de Pentecost&eacute;s, me encontraba en una gran pradera de la vieja capital de Polonia, en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790610_polonia-cracovia-blonia-k_sp.html\">Cracovia<\/a>, en la ciudad donde he vivido y desde donde Cristo me llam&oacute; a la Sede romana del Ap&oacute;stol Pedro. All&iacute; ten&iacute;a frente a m&iacute; los rostros conocidos de mis compatriotas, y tuve ante los ojos toda la historia de mi naci&oacute;n, desde su bautismo. Esta historia rica y dif&iacute;cil hab&iacute;a comenzado de modo admirable, casi exactamente en el momento en que se realiz&oacute; la &uacute;ltima palabra de Cristo dirigida a sus Ap&oacute;stoles: &quot;Ense&ntilde;ad a todas las naciones, y bautizadlas&#8230;&quot;. Con el bautismo fue dada a luz la naci&oacute;n y comenz&oacute; su historia.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta naci&oacute;n, de la cual yo soy hijo, no es extra&ntilde;a para vosotros. Sobre todo en los per&iacute;odos m&aacute;s dif&iacute;ciles de su historia, ha encontrado en vosotros el apoyo de que ten&iacute;a necesidad, los principales formadores de su cultura y los portavoces de su independencia. No puedo dejar de recordarlo en este momento. Hablo de ello con gratitud&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Bastante m&aacute;s tarde que aqu&iacute;<\/i>, los caminos misioneros de los sucesores de los Ap&oacute;stoles llegaron hasta el V&iacute;stula, los C&aacute;rpatos, el Mar B&aacute;ltico&#8230; Aqu&iacute;, la misi&oacute;n confiada por Cristo a los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n encontr&oacute; enseguida un comienzo de realizaci&oacute;n, si no de un modo cierto desde la &eacute;poca apost&oacute;lica, s&iacute; al menos desde el siglo II, con Ireneo, aquel gran m&aacute;rtir y padre apost&oacute;lico, que fue obispo de Li&oacute;n. Adem&aacute;s se menciona a menudo en el martirologio romano a &quot;Lutetia Parisiorum&quot;&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Primero la Galia, y despu&eacute;s Francia: la hija primog&eacute;nita de la Iglesia!<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, en la capital de la historia de vuestra naci&oacute;n, quisiera repetir estas palabras que constituyen vuestro t&iacute;tulo de orgullo: Hija primog&eacute;nita de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Y, al repetir este t&iacute;tulo, quisiera adorar con vosotros el misterio admirable de la Providencia. Quisiera rendir <i>homenaje al Dios vivo<\/i>, que, actuando en los pueblos, escribe la historia de la salvaci&oacute;n en el coraz&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta historia es tan vieja como el hombre. Se remonta incluso a su &quot;prehistoria&quot;, se remonta al comienzo. Lo que Cristo dijo a los Ap&oacute;stoles: &quot;Id, ense&ntilde;ad a todas las naciones&#8230;&quot;, lo hab&iacute;a confirmado a lo largo de la historia de la salvaci&oacute;n, y a la vez ha anunciado esta etapa particular, la &uacute;ltima etapa.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Esta historia particular se halla escondida en lo m&aacute;s &iacute;ntimo del hombre, es misteriosa, y sin embargo real tambi&eacute;n en su <i>realidad hist&oacute;rica<\/i>, se encuentra revestida, de un modo visible, de hechos, de acontecimientos, de existencias humanas y de individualidades. Los hijos e hijas de vuestra naci&oacute;n han inscrito un gran cap&iacute;tulo de esta historia en la historia de vuestra patria. Ser&iacute;a dif&iacute;cil nombrarlos a todos, sin embargo evocar&eacute; al menos a aquellos que <i>m&aacute;s influencia han ejercido<\/i> en mi vida: Juana de Arco, Francisco de Sales, Vicente de Pa&uacute;l, Luis Mar&iacute;a Grignion de Montfort, Juan Mar&iacute;a Vianney, Bernadette de Lourdes, Teresa de Lisieux, sor Isabel de la Trinidad, el padre de Foucauld, y todos los dem&aacute;s. &iexcl;Se hallan tan presentes en la vida de toda la Iglesia, e influyen tanto mediante la luz y el poder del Esp&iacute;ritu Santo!<\/p>\n<p align=\"left\">Todos ellos os dir&iacute;an mejor que yo que la historia de salvaci&oacute;n comenz&oacute; con la historia del hombre, <i>que la historia de la salvaci&oacute;n conoce siempre un nuevo comienzo<\/i>, que inicia en cada hombre que viene a este mundo. De este modo la historia de la salvaci&oacute;n entra en la historia de los pueblos, de las naciones, de las patrias y de los continentes.<\/p>\n<p align=\"left\">La historia de la salvaci&oacute;n <i>comienza en Dios<\/i>. Es precisamente lo que Cristo ha revelado y ha declarado plenamente al decir: &quot;Id,&#8230; ense&ntilde;ad a todas las naciones y bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Bautizar&quot; quiere decir &quot;sumergir&quot;, y el &quot;nombre&quot; significa la realidad misma que expresa. Bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, significa sumergir al hombre en esta misma realidad que nosotros expresamos con el nombre de Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, la realidad <i>que es Dios en su Divinidad<\/i>: la Realidad absolutamente insondable, que no puede comprenderse ni reconocerse m&aacute;s que por s&iacute; misma. Y al mismo tiempo, el bautismo sumerge al hombre en esta realidad que, como Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, <i>se ha abierto al hombre<\/i>. Se ha abierto realmente. No hay nada m&aacute;s real que esta apertura, <i>esta comunicaci&oacute;n, esta donaci&oacute;n<\/i> del Dios inefable al hombre. Cuando o&iacute;mos los nombres del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, ellos nos hablan precisamente de esta entrega, de esta &quot;comunicaci&oacute;n&quot; inaudita <i>de Dios<\/i> que, en s&iacute; mismo, es impenetrable para el hombre&#8230; Esta comunicaci&oacute;n, este don <i>del Padre<\/i>, ha alcanzado su culmen hist&oacute;rico y su plenitud en <i>el Hijo<\/i> crucificado y resucitado, y permanece ahora <i>en el Esp&iacute;ritu<\/i>, que &quot;aboga por nosotros con gemidos inenarrables&quot; (<i>Rom<\/i> 8, 26).<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras que Cristo dirigi&oacute; a sus Ap&oacute;stoles al final de su misi&oacute;n hist&oacute;rica, constituyen una s&iacute;ntesis absoluta de todo lo que hab&iacute;a sido esta misi&oacute;n, etapa por etapa, desde la anunciaci&oacute;n hasta la crucifixi&oacute;n&#8230; y finalmente hasta la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En el coraz&oacute;n de esta misi&oacute;n, <i>en el coraz&oacute;n de la misi&oacute;n de Cristo, se encuentra el hombre, cada hombre<\/i>. A trav&eacute;s del hombre se encuentran las naciones, todas las naciones.<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de hoy es teoc&eacute;ntrica, y sin embargo es una proclamaci&oacute;n del hombre. Lo proclama porque el hombre se encuentra en el coraz&oacute;n mismo del misterio de Cristo, el hombre se encuentra en el coraz&oacute;n del Padre, y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Y esto desde el comienzo. &iquest;Acaso no fue creado a imagen y semejanza de Dios? Fuera de esto el hombre no tiene sentido. <i>El hombre s&oacute;lo tiene sentido<\/i> en el mundo <i>como imagen y semejanza de Dios<\/i>. De otro modo no tiene sentido, y se llegar&iacute;a a decir, como algunos afirman, que el hombre no es m&aacute;s que una &quot;pasi&oacute;n in&uacute;til&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;. Tambi&eacute;n el hombre es proclamado por la liturgia de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Cuando contemplo los cielos, obra de tus manos; la luna y las estrellas, que t&uacute; has establecido&#8230; &iquest;Qu&eacute; es el hombre para que te acuerdes de &eacute;l, y el hijo del hombre para que de &eacute;l te cuides? Y lo has hecho poco menor que Dios, le has coronado de gloria y honor. Le diste el se&ntilde;or&iacute;o sobre las obras de tus manos, todo lo has sometido debajo de sus pies&quot; (<i>Sal<\/i> 8, 4-7)^,<\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;&nbsp; El hombre&#8230; el elogio del hombre&#8230; la afirmaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, <i>la afirmaci&oacute;n del hombre en su totalidad<\/i>, en su constituci&oacute;n espiritual y corporal, en lo que le hace aparecer como sujeto exterior e interiormente. El hombre adaptado, en su estructura visible, a todas las criaturas del mundo visible, y al mismo tiempo interiormente unido a la sabidur&iacute;a eterna. Tambi&eacute;n esta sabidur&iacute;a es anunciada por la liturgia de hoy, que canta su origen divino, su presencia perceptible en toda la obra de la creaci&oacute;n, para decir al final, que &quot;son sus delicias los hijos de los hombres&quot; (<i>Prov<\/i> 8, 31).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Qu&eacute; no han hecho los hijos e hijas de vuestra naci&oacute;n por el conocimiento del hombre, por expresar al hombre a trav&eacute;s de la formulaci&oacute;n de sus derechos inalienables! Es conocido el lugar que las ideas de libertad, igualdad y fraternidad ocupan en vuestra cultura y en vuestra historia. En el fondo se trata de ideas cristianas. Lo digo consciente de que aquellos que formularon por primera vez este ideal no se refer&iacute;an a la alianza del hombre con la sabidur&iacute;a eterna. Sin embargo, ellos quer&iacute;an trabajar en favor del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Para nosotros, la alianza interior con la sabidur&iacute;a es el fundamento de toda cultura y del verdadero progreso del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;El desarrollo contempor&aacute;neo y el progreso de que estamos participando, son fruto de la alianza con la sabidur&iacute;a? &iquest;No son s&oacute;lo una ciencia cada vez m&aacute;s exacta de los objetos y las cosas, sobre la que se construye el progreso vertiginoso de la t&eacute;cnica? &iquest;Acaso el hombre, art&iacute;fice de este progreso, no se convierte cada vez m&aacute;s en el objeto de este proceso? Y he aqu&iacute; que se derrama, cada vez m&aacute;s, en &eacute;l y alrededor suyo esta alianza con la sabidur&iacute;a, la eterna alianza con la sabidur&iacute;a que es en s&iacute; misma la fuente de la cultura, es decir, del verdadero crecimiento del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">6.&nbsp;&nbsp; Cristo ha venido al mundo en nombre de la alianza del hombre con la sabidur&iacute;a eterna. En nombre de esta alianza, naci&oacute; de la Virgen Mar&iacute;a y anunci&oacute; el Evangelio. En nombre de esta alianza, &quot;crucificado&#8230; bajo Poncio Pilato&quot;, fue a la cruz y resucit&oacute;. En nombre de esta alianza, renovado en su muerte y en su resurrecci&oacute;n, nos da su Esp&iacute;ritu&#8230; <i>La alianza con la sabidur&iacute;a eterna<\/i> contin&uacute;a en El. Contin&uacute;a en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Se contin&uacute;a en el hecho de ense&ntilde;ar a las naciones y de bautizar, en el Evangelio y la Eucarist&iacute;a. Contin&uacute;a en la Iglesia, es decir, en el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre ha de <i>crecer<\/i> y <i>desarrollarse<\/i> como hombre en esta alianza. Debe crecer y desarrollarse a partir del fundamento divino de su humanidad, es decir, como imagen y semejanza del mismo Dios. Y debe crecer y desarrollarse como hijo adoptivo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Como hijo adoptivo de Dios, el hombre debe crecer y desarrollarse a trav&eacute;s de todo lo que favorece el desarrollo y el progreso del mundo en que vive. A trav&eacute;s de todas las obras de sus manos y de su genio. A trav&eacute;s del &eacute;xito de la ciencia contempor&aacute;nea y la aplicaci&oacute;n de la t&eacute;cnica moderna. A trav&eacute;s de todo lo que conoce del macrocosmos y del microcosmos, gracias a unos medios cada vez m&aacute;s perfeccionados.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;<i>C&oacute;mo es posible<\/i> que, desde hace alg&uacute;n tiempo, el hombre haya encontrado en todo este gigantesco progreso una fuente de <i>amenaza para s&iacute; mismo?<\/i> &iquest;De qu&eacute; modo y por qu&eacute; camino hemos llegado al punto de que, en el coraz&oacute;n mismo de la ciencia y de la t&eacute;cnica modernas, haya aparecido la posibilidad de la gigantesca autodestrucci&oacute;n del hombre, hasta el punto de que la vida diaria nos ofrezca tantas pruebas del empleo, <i>en contra del hombre<\/i>, de lo que deb&iacute;a ser para el hombre y servirlo?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo se ha llegado hasta esto? &iquest;Acaso el hombre, en camino hacia el progreso, no ha tomado un solo camino, el m&aacute;s f&aacute;cil, y no ha tenido en cuenta la alianza con la sabidur&iacute;a eterna? &iquest;Acaso no ha tomado el camino &quot;ancho&quot;, descuidando el camino &quot;estrecho&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 7, 13-14)?<\/p>\n<p align=\"left\">7.&nbsp;Cristo dijo: &quot;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 18). Y lo dijo cuando el poder terreno \u2014el Sanedr&iacute;n y el poder de Pilato\u2014 mostraban su supremac&iacute;a sobre El, decretando su muerte en la cruz. Lo dijo tambi&eacute;n despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El poder en el cielo y en la tierra&quot; no es un poder contra el hombre. Tampoco se trata de un poder del hombre sobre el hombre. Es el poder <i>que permite al hombre manifestarse<\/i> a s&iacute; mismo en su realeza, en toda la plenitud de su dignidad. Es el poder, cuya potencia espec&iacute;fica ha de descubrir el hombre en su coraz&oacute;n, y por el que debe manifestarse a s&iacute; mismo en las dimensiones de su consciencia y en la perspectiva de la vida eterna. Entonces <i>se revelar&aacute; en &eacute;l toda la fuerza del bautismo<\/i>, y ser&aacute; consciente de que se encuentra &quot;sumergido&quot; en el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo, y se encontrar&aacute; totalmente a s&iacute; mismo en el Verbo eterno, en el Amor infinito.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre est&aacute; llamado a esto en la alianza con la sabidur&iacute;a eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es tambi&eacute;n el &quot;poder&quot; que Cristo posee &quot;en el cielo y en la tierra&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre de nuestros d&iacute;as ha aumentado de manera considerable su poder sobre la tierra, e incluso piensa en su expansi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de nuestro planeta.<\/p>\n<p align=\"left\">Se puede decir tambi&eacute;n que <i>el poder del hombre sobre otro hombre<\/i> se hace <i>cada vez m&aacute;s duro<\/i>. A medida que abandona la alianza con la sabidur&iacute;a eterna, va dejando de saber gobernarse a s&iacute; mismo, y no sabe tampoco gobernar a los dem&aacute;s. &iexcl;Qu&eacute; apremiante se ha hecho la cuesti&oacute;n de los <i>derechos<\/i> fundamentales <i>del hombre!<\/i> &iexcl;Qu&eacute; rostro tan amenazador presentan el totalitarismo y el imperialismo en los que el hombre <i>deja de ser sujeto<\/i>, que equivale a decir que deja de contar como hombre! &iexcl;Cuenta s&oacute;lo como <i>un n&uacute;mero y un objeto!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Escuchemos una vez m&aacute;s lo que dice Cristo en estas palabras: &quot;Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra&quot;, y meditemos toda la verdad que encierran.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Cristo, al final, dice tambi&eacute;n esto: &quot;<i>Yo estar&eacute; con vosotros siempre,<\/i> hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 20), lo que significa tambi&eacute;n: hoy, en 1980, para toda nuestra &eacute;poca.<\/p>\n<p align=\"left\">El problema de la ausencia de Cristo <i>no existe.<\/i> No existe el problema de su alejamiento de la historia del hombre. El silencio de Dios sobre las inquietudes del coraz&oacute;n y la suerte del hombre no existe.<\/p>\n<p align=\"left\">No hay m&aacute;s que <i>un problema<\/i> que existe siempre y en todo lugar: <i>el problema de nuestra presencia junto a Cristo<\/i>. De nuestra permanencia en Cristo. De nuestra intimidad con la aut&eacute;ntica verdad de sus palabras y con el poder de su amor. &iexcl;S&oacute;lo existe un problema, el de nuestra <i>fidelidad a la alianza<\/i> con la sabidur&iacute;a eterna, que es fuente de una verdadera cultura, es decir, del crecimiento del hombre, y el de la fidelidad a las promesas de nuestro bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo!<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, para concluir, permitidme preguntaros:<\/p>\n<p align=\"left\">Francia, hija primog&eacute;nita de la Iglesia, &iquest;eres fiel a las promesas de tu bautismo? <\/p>\n<p align=\"left\">Permitidme preguntaros: <\/p>\n<p align=\"left\">Francia, hija de la Iglesia y educadora de los pueblos, &iquest;eres fiel, para el bien del hombre, a la alianza con la sabidur&iacute;a eterna?<\/p>\n<p align=\"left\">Perdonadme esta pregunta. La he hecho como la hace el ministro en el momento del bautismo. La he hecho por solicitud para con la Iglesia, de la que soy el primer sacerdote y el primer servidor, y por amor al hombre, cuya grandeza definitiva, se halla en Dios, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN EL AEROPUERTO DE LE BOURGET Domingo 1 de junio de 1980 &nbsp; Quiero comenzar dando las gracias desde lo profundo de mi coraz&oacute;n a todos los que han querido reunirse aqu&iacute; esta ma&ntilde;ana, viniendo incluso de provincias &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-junio-de-1980-santa-misa-en-el-aeropuerto-de-le-bourget\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de junio de 1980, Santa Misa en el aeropuerto de Le Bourget\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39640","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39640","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39640"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39640\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39640"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39640"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39640"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}