{"id":39641,"date":"2016-10-05T22:56:53","date_gmt":"2016-10-06T03:56:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-los-obreros-en-saint-denis\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:53","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:53","slug":"31-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-los-obreros-en-saint-denis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-los-obreros-en-saint-denis\/","title":{"rendered":"31 de mayo de 1980, Santa Misa para los obreros en Saint-Denis"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_parigi_sp.htm\">VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LOS OBREROS EN SAINT-DENIS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> <\/font><\/b> <br \/> Bas&iacute;lica de Saint-Denis<br \/> S&aacute;bado 31 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Bienaventurada eres&#8230;&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Permitidme, queridos hermanos y hermanas reunidos en el interior y en torno a esta venerable bas&iacute;lica de Saint-Denis, la cual guarda las tumbas de los Reyes de Francia, que salude con vosotros a Mar&iacute;a, <i>la Madre de Cristo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Ya conoc&eacute;is las palabras de este saludo. Con toda certeza las hab&eacute;is pronunciado m&aacute;s de una vez o las hab&eacute;is o&iacute;do pronunciar a otros:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Bendita t&uacute; entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 42).<\/p>\n<p align=\"left\">Es un saludo dirigido a una mujer que lleva un hombre en su seno: el fruto de la vida y el comienzo de la vida. Esta mujer viene de lejos, de Nazaret, y entra en la casa de sus familiares, a quienes ha venido a visitar. Desde el umbral de la casa escucha estas palabras: &quot;Dichosa la que ha cre&iacute;do que se cumplir&aacute; lo que se le ha dicho de parte del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia hace memoria de <i>esta visita<\/i> y estas palabras el &uacute;ltimo d&iacute;a de mayo. Saluda a Mar&iacute;a, la Madre de Jesucristo. Rinde honor a su Maternidad, cuando es tan s&oacute;lo un misterio en su seno y en su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero ante todo rendir honor a la <i>maternidad<\/i> y a la <i>fe en el hombre<\/i> que la maternidad comporta. Quiero, adem&aacute;s, rendir homenaje al <i>trabajo del hombre<\/i>, el trabajo por medio del cual el hombre gana lo necesario para los suyos, para <i>su familia<\/i> ante todo \u2014esta familia tiene, por tanto, <i>unos derechos fundamentales<\/i>\u2014; el trabajo a trav&eacute;s del cual el hombre realiza <i>su vocaci&oacute;n al amor<\/i>, ya que el mundo del trabajo humano est&aacute; <i>construido sobre la fuerza moral, sobre el amor. El amor debe inspirar la justicia y la lucha por la justicia<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>Rendir honor a la maternidad<\/i> quiere decir aceptar al hombre en la plenitud de su verdad y en toda su dignidad, y esto desde el momento mismo de la concepci&oacute;n. El hombre comienza a serlo en las entra&ntilde;as de su madre.<\/p>\n<p align=\"left\">En esta gran reuni&oacute;n, en que participan ante todo los trabajadores, quisiera saludar a <i>cada hombre<\/i>, a <i>cada mujer, en virtud de la gran dignidad que poseen<\/i> desde el primer momento de su existencia, ya en las entra&ntilde;as de su madre. Todo aquello que somos comienza all&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">La primera medida de la dignidad del hombre, la primera condici&oacute;n del respeto de los derechos inviolables de la persona humana, es el honor debido a la madre. Es el culto a la maternidad. No podemos desligar al hombre de su comienzo humano. Hoy hemos llegado a saber tanto sobre los mecanismos biol&oacute;gicos, que determinan este comienzo en sus respectivos aspectos; por eso, es necesario que proclamemos con una consciencia tanto m&aacute;s viva y una convicci&oacute;n tanto m&aacute;s ardiente el comienzo humano \u2014<i>profundamente humano<\/i>\u2014 de todo hombre como el valor fundamental y la base de todos sus derechos. El primer derecho del hombre es el derecho a la vida. Hemos de defender este derecho y este valor. De lo contrario, toda la l&oacute;gica de la fe en el hombre, todo el programa del progreso verdaderamente humano se tambalear&aacute; y se vendr&aacute; abajo.<\/p>\n<p align=\"left\">En el umbral de la casa de <i>Zacar&iacute;as<\/i>. Isabel dijo a Mar&iacute;a: bienaventurada t&uacute; que has cre&iacute;do (cf. <i>Lc<\/i> 1, 45). Rindamos honor a la maternidad, porque ella es la expresi&oacute;n de la fe en el hombre. Experimento un gran gozo de hacerlo en este d&iacute;a, v&iacute;spera de la fiesta que todas las familias francesas dedican a las madres. El acto de fe en el hombre reside en el hecho de que sus padres le den la vida. La madre lo lleva en su seno, y est&aacute; dispuesta a sufrir todos los dolores del parto; precisamente de este modo proclama ella, con todo su ser femenino y todo su ser maternal, su fe en el hombre. <i>Da testimonio del valor<\/i> que reside en ella y que a la vez la sobrepasa, d<i>el valor que constituye<\/i> aquel que, todav&iacute;a desconocido, apenas concebido y totalmente oculto en el seno de su madre, debe nacer y debe manifestarse al mundo como un hijo de sus padres, como una confirmaci&oacute;n de su humanidad, como un fruto de su amor, como futuro de la familia: de la familia m&aacute;s cercana, y a la vez de toda la familia humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Puede que este ni&ntilde;o sea d&eacute;bil, inadaptado, incluso deficiente. As&iacute; sucede a veces. La maternidad es siempre dolor \u2014el amor que paga con su sufrimiento\u2014 y sucede que este amor debe ser todav&iacute;a mayor que el mismo dolor del alumbramiento. Este dolor acaso se extienda a toda la vida del ni&ntilde;o. El valor de la humanidad se confirma <i>tambi&eacute;n<\/i> por medio de estos ni&ntilde;os y estos hombres en que se halla retrasada y sufre a veces una dolorosa degradaci&oacute;n&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Es un elemento m&aacute;s para afirmar que no es suficiente definir al hombre seg&uacute;n los criterios bio-fisiol&oacute;gicos, y que <i>hay que creer en el hombre desde el comienzo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Bienaventurada t&uacute;, Mar&iacute;a, que has cre&iacute;do! Aquel que llevas en tu coraz&oacute;n, como el fruto de tus entra&ntilde;as, vendr&aacute; al mundo en la noche de Bel&eacute;n. Anunciar&aacute; despu&eacute;s a los hombres el Evangelio e ir&aacute; a la cruz. Pues para ello ha venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. En El se manifestar&aacute; plenamente <i>la verdad sobre el hombre<\/i>, el misterio del hombre, su vocaci&oacute;n &uacute;ltima y m&aacute;s sublime: la vocaci&oacute;n de todo hombre, incluso la de aquel en que la humanidad no llegue a desarrollarse de modo completo y normal; de todo hombre sin excepci&oacute;n, sin tener en cuenta las diferencias de cualificaci&oacute;n o de grados d&eacute; inteligencia, de sensibilidad o de rendimiento f&iacute;sico, sino en virtud de su misma humanidad, del hecho de ser hombre. Pues gracias a ello, <i>gracias a su misma humanidad<\/i>, es la imagen y semejanza del Dios infinito.<\/p>\n<p align=\"left\">3. S&eacute; que en esta asamblea la mayor&iacute;a de los que me escuchan son trabajadores. Este barrio, situado alrededor de su bas&iacute;lica cargada de historia, se ha convertido hoy en uno de los barrios m&aacute;s obreros de los alrededores de Par&iacute;s. S&eacute; tambi&eacute;n que muchos de los trabajadores, franceses y extranjeros, viven y trabajan aqu&iacute; en condiciones a menudo precarias de alojamiento, salario y empleo. Pienso tambi&eacute;n en la poblaci&oacute;n francesa de ultramar. Un n&uacute;mero importante de sus hijos trabaja aqu&iacute; en Par&iacute;s y le representa entre nosotros. Pienso sobre todo en quienes vienen de lejos, de Portugal, de Espa&ntilde;a, de Italia, de Polonia, de Yugoslavia, de Turqu&iacute;a, de &Aacute;frica del Norte, de Mal&iacute;, de Senegal y del Sudeste Asi&aacute;tico. A pesar , de los esfuerzos que se han hecho en favor suyo, y de la acogida que se les dispensa en este pa&iacute;s, se a&ntilde;ade luego necesariamente a la dura condici&oacute;n obrera un desenraizamiento, tanto m&aacute;s penoso, cuanto que a veces la familia se halla repartida entre el pa&iacute;s de origen y el pa&iacute;s del trabajo. Existe tambi&eacute;n el sufrimiento del anonimato que produce la nostalgia del calor afectivo de la ciudad o pueblo natal. S&iacute;, esta vida urbana actual hace dif&iacute;ciles las relaciones humanas, en el jadear de una carrera interminable entre el lugar de trabajo, la vivienda familiar y las zonas comerciales. La integraci&oacute;n de los ni&ntilde;os, de los j&oacute;venes, de los ancianos plantea, a menudo, problemas agudos. Cu&aacute;ntas llamadas a trabajar juntos para crear condiciones de vida cada vez m&aacute;s humanas para todos: La presencia de los emigrantes es, por otro lado, una fuente de fruct&iacute;feros intercambios tanto para unos como para los otros.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo, sobre todo, animar el apostolado cristiano que con verdadera preocupaci&oacute;n por la evangelizaci&oacute;n llevan a cabo los sacerdotes, las religiosas y los laicos j&oacute;venes y adultos dedicados por completo a este mundo obrero.<\/p>\n<p align=\"left\">Voy a abordar ahora una reflexi&oacute;n exigente acerca del trabajo del hombre y acerca de la justicia: que sepan todos aquellos, cuyas vidas acabo de evocar, que tengo presente su situaci&oacute;n, sus esfuerzos, y que deseo manifestarles todo mi afecto a ellos y a sus familiares.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Existe un <i>lazo<\/i> estrecho, existe un lazo particular entre el <i>trabajo del hombre<\/i> y el medio <i>fundamental del amor humano<\/i> que llamamos <i>familia<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre trabaja desde los or&iacute;genes para someter la tierra y dominarla. Esta definici&oacute;n del trabajo la encontramos en los primeros cap&iacute;tulos del libro del G&eacute;nesis. El hombre trabaja para asegurar su subsistencia y la de su familia. Tambi&eacute;n encontramos esta definici&oacute;n del trabajo en el Evangelio, en la vida de Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, y en la experiencia de todos los d&iacute;as. Son l<i>as definiciones fundamentales del trabajo humano<\/i>. Una y otra son aut&eacute;nticas, es decir, plenamente humanistas, y la segunda encierra una particular plenitud de contenido evang&eacute;lico.<\/p>\n<p align=\"left\">Es preciso seguir estos contenidos fundamentales para asegurar <i>al hombre un lugar adecuado<\/i> en <i>el conjunto del orden econ&oacute;mico<\/i>. En efecto, es f&aacute;cil perder este lugar. Se pierde cuando se concibe el trabajo, ante todo, como uno de los elementos de producci&oacute;n, como una &quot;mercanc&iacute;a&quot; o un &quot;instrumento&quot;. Importan poco los nombres de los sistemas sobre los que se apoya esta postura: cuando el hombre est&aacute; sometido a la producci&oacute;n, cuando se convierte tan s&oacute;lo en el instrumento, entonces se quita al trabajo, al trabajo humano, su dignidad y su sentido espec&iacute;fico. Acord&eacute;monos aqu&iacute; de las c&eacute;lebres palabras del cardenal Cardijn: &quot;Un joven trabajador vale m&aacute;s que todo el oro del mundo&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esta raz&oacute;n hemos de colocar a la familia en el primer plano, entre las medidas que permiten evaluar el trabajo del hombre. Cuando el hombre trabaja para asegurar la subsistencia de su familia, esto significa que pone <i>en su trabajo toda la fatiga diaria del amor<\/i>. Pues el amor hace nacer la familia, es su expresi&oacute;n constante y su medio estable. Tambi&eacute;n el hombre puede amar el trabajo por el trabajo, porque &eacute;ste le permite participar en la gran obra del dominio de la tierra, obra querida por el Creador. Y este amor, ciertamente, corresponde a la dignidad del hombre. Sin embargo, el amor que el hombre pone en su trabajo no alcanza su plenitud si no <i>le relaciona<\/i>, ni <i>le une a los mismos hombres<\/i>, y sobre todo a aquellos que son carne de su carne, y sangre de su sangre. El trabajo no puede destruir la familia; por el contrario, debe unirla y ayudarla a perfeccionar su cohesi&oacute;n. <i>Los derechos de la familia<\/i> deben estar inscritos profundamente en los cimientos mismos de todo <i>c&oacute;digo laboral<\/i>, ya que el trabajo tiene por objeto propio al hombre, y no solamente la producci&oacute;n y el beneficio. &iquest;C&oacute;mo encontrar soluci&oacute;n satisfactoria, por ejemplo, al problema \u2014parecido en muchos pa&iacute;ses\u2014, de la mujer que trabaja en una f&aacute;brica a un ritmo vertiginoso, y que priva del cuidado constante de su presencia a sus hijos y a su marido?<\/p>\n<p align=\"left\">Evoco aqu&iacute; un vasto programa que podr&iacute;a ser objeto de numerosos estudios especializados para desarrollar todo su contenido. Me limito a algunos aspectos que me parecen de una importancia capital. A lo largo de mi vida he tenido la suerte, esta gracia de Dios, de poder descubrir estas verdades fundamentales acerca del trabajo humano, gracias a mi experiencia personal de trabajo manual. Todos los d&iacute;as de mi vida recordar&eacute; a aquellos hombres a quienes me un&iacute;a una misma &aacute;rea de trabajo, fuera en las canteras de piedra o en la f&aacute;brica. No olvidar&eacute; la benevolencia humana que mis compa&ntilde;eros de trabajo me mostraron. No olvidar&eacute; las conversaciones que tuvimos en los momentos libres acerca de los problemas fundamentales de la existencia y de la vida de los trabajadores. Conozco el valor que para estos hombres, que eran a la vez padres de familia, encerraba su hogar, el porvenir de sus hijos, el respeto debido a sus esposas y a sus madres. De esta experiencia de algunos a&ntilde;os, saqu&eacute; la convicci&oacute;n y la certeza de que <i>en el trabajo se expresa el hombre como un sujeto capaz de amar<\/i>, orientado hacia los valores humanos fundamentales, dispuesto a la solidaridad con todos los hombres&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">En la experiencia de mi vida he aprendido lo que es un trabajador, y lo llevo en mi coraz&oacute;n. S&eacute; que el trabajo es tambi&eacute;n una necesidad, a veces una dura necesidad; y sin embargo <i>el hombre desea transformarla a la medida de su dignidad y de su amor<\/i>. En ello reside su grandeza. En muchos casos las condiciones de vida obligan a los hombres a abandonar su patria para ir a buscar trabajo, como es el caso de muchos de vosotros. Es de desear que toda sociedad sea capaz de proporcionar el trabajo necesario a sus propios ciudadanos. Si a pesar de todo, la emigraci&oacute;n por raz&oacute;n de trabajo es una verdadera necesidad, les deseo antes que nada a todos los que se encuentran en esta situaci&oacute;n, que sepan transformar esta necesidad seg&uacute;n el amor que les liga a sus allegados: a sus familias y a su pa&iacute;s de nacimiento.<\/p>\n<p align=\"left\">Es falso decir que el trabajador no tiene patria. El trabajador es, de un modo particular, el representante de su pueblo, es <i>el hombre de su propia casa<\/i>. En el trabajo humano se hallan inscritas ante todo la ley del amor, la necesidad del amor, y el orden del amor.<\/p>\n<p align=\"left\">La misma liturgia de hoy habla de esto utilizando las palabras del Ap&oacute;stol Pablo que, como se sabe, viv&iacute;a del trabajo de sus propias manos: &quot;Aborreced el mal, adher&iacute;os al bien, am&aacute;ndoos los unos a los otros con amor fraternal&#8230; Vivid alegres con la esperanza, pacientes en la tribulaci&oacute;n, perseverantes en la oraci&oacute;n&#8230; sed sol&iacute;citos en la hospitalidad&#8230; Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Procurad tener unanimidad de sentimientos unos para con otros&quot; (<i>Rom<\/i> 12, 9-16).<\/p>\n<p align=\"left\">5. <i>El mundo del trabajo humano<\/i> debe ser ante todo un mundo <i>cimentado sobra la fuerza moral<\/i>: debe ser el mundo <i>del amor<\/i> y no el mundo <i>del odio<\/i>, Es el mundo de la construcci&oacute;n y no el de la destrucci&oacute;n. En el trabajo humano se hallan profundamente inscritos los derechos del hombre, de la familia, de la naci&oacute;n y de la humanidad. El futuro del mundo depende del respeto que les tengamos.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Quiere esto decir que el problema fundamental del mundo del trabajo no ha de ser hoy <i>la justicia y la lucha por la justicia social?<\/i> Todo lo contrari&oacute;: quiere decir que no se puede separar la realidad del trabajo humano de esta justicia y de esta noble lucha.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Acaso no habla de ello, en cierto modo, la liturgia de hoy en la fiesta de la Visitaci&oacute;n de Mar&iacute;a? &iquest;Acaso no resuena la verdad de la justicia de Dios a la vez que la adoraci&oacute;n de Dios, cuya misericordia alcanza a todas las generaciones, en las palabras que el Evangelista San Lucas pone en boca de la <i>Virgen<\/i>, que lleva en su seno al Hijo de Dios? &quot;Despleg&oacute; el poder de su brazo y dispers&oacute; a los que se engr&iacute;en con los pensamientos de su coraz&oacute;n. Derrib&oacute; a los potentados de sus tronos y ensalz&oacute; a los humildes. A los hambrientos los llen&oacute; de bienes, y a los ricos los despidi&oacute; vac&iacute;os&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 51-53).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras ponen de manifiesto que <i>el mundo querido por Dios es un mundo de justicia<\/i>. Que el orden que debe gobernar las relaciones entre los hombres <i>se funda en la justicia<\/i>. Que este orden debe realizarse continuamente en el mundo, e incluso que debe realizarse siempre de nuevo, a medida que crecen y se desarrollan las situaciones y los sistemas sociales, <i>a medida de las nuevas condiciones<\/i> y de las posibilidades econ&oacute;micas, de las nuevas posibilidades de la t&eacute;cnica y de la producci&oacute;n, as&iacute; como de las nuevas posibilidades y necesidades de la distribuci&oacute;n de los bienes.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras del Magn&iacute;ficat de Mar&iacute;a fueron pronunciadas en el m&aacute;s bello impulso de agradecimiento a Dios, que \u2014como proclama Mar&iacute;a\u2014 ha hecho en Ella maravillas. Ellas proclaman que el mundo querido por Dios no puede ser un mundo en el que unos, poco numerosos, acumulan en sus manos bienes excesivos, y otros \u2014en n&uacute;mero claramente superior\u2014 sufren la indigencia, la miseria y mueren de hambre.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;nes son los primeros? &iquest;Y qui&eacute;nes son los otros? &iquest;Se trata tan s&oacute;lo de dos clases sociales opuestas una a otra? No es necesario que nos encerremos aqu&iacute; en esquemas demasiado estrechos. Hoy, en efecto, se trata de sociedades enteras, de <i>zonas enteras del mundo<\/i>, que han sido ya definidas de diversas maneras. Se habla, por ejemplo, de sociedades desarrolladas y de sociedades subdesarrolladas. Pero hay que hablar tambi&eacute;n de sociedades de consumo y de sociedades en que los hombres mueren literalmente de hambre. Hoy tenemos que tener una visi&oacute;n muy amplia, universal y de conjunto respecto del problema. <i>No son suficientes los esquemas cerrados<\/i>. Dichos esquemas estrechos, a veces, por el contrario, pueden m&aacute;s bien obstruir el camino que despejarlo, por ejemplo cuando se trata de la victoria de un sistema o de un partido, m&aacute;s que de las necesidades reales del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas necesidades, sin embargo, se dan <i>no s&oacute;lo en materia de econom&iacute;a<\/i>, en el campo de la <i>distribuci&oacute;n de los bienes materiales<\/i>. Existen otras verdaderas necesidades del hombre, existen tambi&eacute;n otros derechos humanos que sufren violencia. Y no s&oacute;lo los derechos del hombre, sino tambi&eacute;n los derechos de la familia y los derechos de las naciones. &quot;No s&oacute;lo de pan vive el hombre&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 4, 4). <i>No s&oacute;lo tiene hambre de pan<\/i>, a veces tiene m&aacute;s hambre a&uacute;n <i>de verdad<\/i>; <i>tiene hambre de libertad<\/i>, cuando son violados algunos derechos suyos tan fundamentales como el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, el derecho a la educaci&oacute;n de los hijos de acuerdo con la fe y las convicciones de los padres y las familias, como el derecho a la educaci&oacute;n seg&uacute;n la capacidad y no, por ejemplo, seg&uacute;n una coyuntura pol&iacute;tica o una concepci&oacute;n del mundo impuesta por la fuerza.<\/p>\n<p align=\"left\">6. El mundo del trabajo humano, la gran sociedad de los trabajadores, si se hallan cimentados sobre la fuerza moral \u2014&iexcl;y deber&iacute;a ser as&iacute;!\u2014 deben, por tanto, ser sensibles a todas estas dimensiones de la injusticia que tienen lugar en el mundo contempor&aacute;neo. Deben ser capaces de luchar noblemente por toda clase de justicia: por el verdadero bien del hombre, por todos los derechos de la persona, de la familia, de la naci&oacute;n, de la humanidad. Esta justicia es la condici&oacute;n de la paz, tal como el Papa Juan XXIII lo expres&oacute; de forma penetrante en su Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html\">Pacem in terris<\/a><\/i>. La disponibilidad para emprender una lucha tan noble, una lucha por el verdadero bien del hombre en todas sus dimensiones, deriva de <i>las palabras que Mar&iacute;a pronunci&oacute;<\/i> cuando llevaba a Cristo en su coraz&oacute;n, a prop&oacute;sito del Dios vivo, cuando dijo:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Despleg&oacute; el poder de su brazo y dispers&oacute; a los que se engr&iacute;en con los pensamientos de su coraz&oacute;n. Derrib&oacute; a los potentados de sus tronos y ensalz&oacute; a los humildes. A los hambrientos los llen&oacute; de bienes, y a los ricos los despidi&oacute; vac&iacute;os&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 51-53).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo dir&aacute; un d&iacute;a: &quot;Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos ser&aacute;n hartos&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 6). Sin embargo, esta hambre de justicia, esta urgencia de luchar por la verdad y por el orden moral en el mundo, <i>no son, ni pueden ser, odio, ni fuente de odio en el mundo<\/i>. No pueden transformarse en un programa de lucha contra el hombre, s&oacute;lo porque &eacute;ste se encuentre, si es que podemos expresarnos de este modo, &quot;en el otro campo&quot;. Esta lucha no puede convertirse en un programa de destrucci&oacute;n del adversario, no puede engendrar mecanismos sociales y pol&iacute;ticos en los que se manifiesten ego&iacute;smos colectivos cada vez mayores, <i>ego&iacute;smos poderosos<\/i> y <i>destructores<\/i>, ego&iacute;smos que destruyen a veces la propia sociedad, la propia naci&oacute;n, que destruyen tambi&eacute;n sin escr&uacute;pulos a los dem&aacute;s: a las naciones y a las sociedades m&aacute;s d&eacute;biles desde el punto de vista del potencial humano, econ&oacute;mico y de la civilizaci&oacute;n, priv&aacute;ndolas de su independencia y de su soberan&iacute;a efectiva y explotando sus recursos.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro mundo contempor&aacute;neo es testigo del aumento de la terrible amenaza de la destrucci&oacute;n de unos por otros, sobre todo en el hecho de la acumulaci&oacute;n de recursos nucleares. Ya el costo de estos recursos y el clima de amenaza que generan han hecho que millones de hombres y pueblos enteros hayan visto reducirse sus posibilidades de pan y de libertad. En esta situaci&oacute;n, la gran sociedad de los trabajadores, precisamente en nombre de la fuerza moral que posee, <i>debe preguntar de modo categ&oacute;rico<\/i> y claro: &iquest;D&oacute;nde, a qu&eacute; nivel, por qu&eacute; se ha sobrepasado el l&iacute;mite de la noble lucha por la justicia, de la lucha por el bien del hombre y, en particular, del m&aacute;s marginado y el m&aacute;s necesitado? &iquest;<i>Donde, a qu&eacute; nivel, por qu&eacute; esta fuerza moral y creadora se ha transformado en una fuerza destructora, en odio<\/i>, en las nuevas formas de ego&iacute;smo colectivo, que deja asomar la amenaza de la posibilidad de una lucha de todos contra todos, y de una monstruosa autodestrucci&oacute;n?<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestra &eacute;poca exige que nos planteemos esta cuesti&oacute;n, una cuesti&oacute;n tan fundamental. Se trata de un <i>imperativo<\/i> categ&oacute;rico de las <i>conciencias<\/i>: de cada hombre, de las sociedades enteras, y en particular de aquellas sobre las que descansa la responsabilidad principal del presente y del futuro del mundo. En esta pregunta se manifiesta la fuerza moral que representa el trabajador, el mundo del trabajo, y al mismo tiempo todos los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Hemos de preguntarnos a&uacute;n: &iquest;En nombre de qu&eacute; derecho esta fuerza moral, esta disponibilidad para luchar en favor de la verdad, esta hambre y sed de justicia han sido <i>separadas<\/i> sistem&aacute;ticamente \u2014incluso en los programas\u2014 <i>de las palabras de la Madre<\/i> que venera a Dios con toda su alma, y que lleva en su coraz&oacute;n al Hijo de Dios? &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n la lucha por la justicia en el mundo ha estado ligada <i>al programa de una radical negaci&oacute;n de Dios?<\/i> &iquest;Al programa que pretende impregnar de ate&iacute;smo a los hombres y a las sociedades?<\/p>\n<p align=\"left\">Aunque s&oacute;lo fuera <i>en nombre de la verdad integral sobre el hombre<\/i>, si no por otros motivos, tenemos que preguntarnos esto. En nombre de su libertad interior y de su dignidad. Y tambi&eacute;n en nombre de toda su historia.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; una pregunta que debe plantearse.<\/p>\n<p align=\"left\">En cualquier caso, los cristianos ni pueden ni quieren preparar este mundo de verdad y de justicia con el odio, sino s&oacute;lo con el dinamismo del amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Y para finalizar, retengamos en nuestra memoria las palabras de la liturgia de hoy: &quot;Vuestra caridad sea sincera, aborreciendo el mal, adhiri&eacute;ndoos al bien, am&aacute;ndoos los unos a los otros con amor fraternal, honr&aacute;ndoos a porf&iacute;a unos a otros. Sed diligentes sin flojedad, fervorosos de esp&iacute;ritu, como quienes sirven al Se&ntilde;or. Vivid alegres con la esperanza&quot; (<i>Rom<\/i> 12, 9-12).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(Saludo especial a los emigrantes portugueses y espa&ntilde;oles)<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Con un afectuoso saludo y mis mejores votos, exhorto igualmente a los querid&iacute;simos emigrantes de lengua portuguesa a que sean fieles a los aut&eacute;nticos valores de la familia \u2014tal como Dios la quiere\u2014 y del trabajo honrado. Y esto, aunque sean dif&iacute;ciles las condiciones de vida: lo exige su vocaci&oacute;n cristiana y las dignas tradiciones de que son portadores, incluso aunque est&eacute;n fuera de la patria querida. Y que Nuestra Se&ntilde;ora sea para todos luz y ejemplo a seguir y que, como Madre de nuestra confianza, les asista, les conforte y les alcance gracia de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero dirigir ahora un saludo particularmente cordial, en su propia lengua, a los emigrantes espa&ntilde;oles que participan en este acto.<\/p>\n<p align=\"left\">Conozco bien la problem&aacute;tica y dificultades que hab&eacute;is de afrontar en vuestra vida, en ambiente ajeno y en situaci&oacute;n no raras veces de aislamiento. Dad prueba de solidaridad mutua, ayud&aacute;ndoos a mantener y promover vuestra dignidad de hombres y de hijos de Dios. Y no olvid&eacute;is los valores cristianos que recibisteis de vuestros antepasados.<\/p>\n<p align=\"left\">Con mi respeto y afectuosa estima hacia vosotros, vuestros hijos y familias, pido al Se&ntilde;or que os bendiga siempre.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A PAR&Iacute;S Y LISIEUX SANTA MISA PARA LOS OBREROS EN SAINT-DENIS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de Saint-Denis S&aacute;bado 31 de mayo de 1980 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Bienaventurada eres&#8230;&quot;. Permitidme, queridos hermanos y hermanas reunidos en el interior y en torno a esta venerable bas&iacute;lica de Saint-Denis, la cual guarda las tumbas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-los-obreros-en-saint-denis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de mayo de 1980, Santa Misa para los obreros en Saint-Denis\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39641","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39641","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39641"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39641\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39641"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39641"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39641"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}