{"id":39645,"date":"2016-10-05T22:56:58","date_gmt":"2016-10-06T03:56:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-el-movimiento-gen\/"},"modified":"2016-10-05T22:56:58","modified_gmt":"2016-10-06T03:56:58","slug":"18-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-el-movimiento-gen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1980-santa-misa-para-el-movimiento-gen\/","title":{"rendered":"18 de mayo de 1980, Santa Misa para el Movimiento GEN"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA EL MOVIMIENTO GEN &#8211; GENERACI&Oacute;N NUEVA-<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 18 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Querid&iacute;simos j&oacute;venes del Movimiento GEN:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Mi cordial bienvenida a todos vosotros. La alegr&iacute;a que brilla en vuestros rostros y que se expresa en vuestros cantos ha creado en torno a esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica un clima de &iacute;ntima y profunda, comuni&oacute;n, el clima caracter&iacute;stico de una familia reunida en torno al hogar.<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, el &quot;hogar&quot;; un t&eacute;rmino que tiene un significado grande para vosotros. El pensamiento va espont&aacute;neamente al primer &quot;hogar&quot;, constituido por los disc&iacute;pulos reunidos en el Cen&aacute;culo, &quot;en el piso alto de la casa&quot; (cf. <i>Act<\/i> 1, 13), despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. El libro de los Hechos los describe, mientras &quot;perseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n, con Mar&iacute;a&quot; (cf. <i>ib.<\/i>, ver. 14), esperando la venida del Esp&iacute;ritu Santo, que les hab&iacute;a prometido el Maestro. En esa espera, en esa oraci&oacute;n, en esa uni&oacute;n fraterna que forman \u2014prepar&aacute;ndose a la primera venida y, luego, a trav&eacute;s de esa misma venida, viviendo en la caridad\u2014, se realiza en su principio m&aacute;s profundo ese &quot;por un mundo unido&quot;, que constituye el lema comprometido de este encuentro vuestro. De esta fusi&oacute;n, que se realiz&oacute; en el Cen&aacute;culo, se podr&iacute;a decir que toma su origen y su fuente toda la espiritualidad de los &quot;focolarinos&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">El Movimiento, del que sois una expresi&oacute;n, tiene su centro focal en el amor que el Esp&iacute;ritu Santo difunde en los corazones de los creyentes. El mundo tiene una necesidad inmensa de este amor. Vosotros sois plenamente conscientes de ello: hab&eacute;is reflexionado largamente sobre las tensiones que se contraponen entre sus individuos, clases sociales, &aacute;reas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, grupos que se inspiran en ideolog&iacute;as y fe diversas. En particular, os hab&eacute;is dado cuenta de las divisiones y contradicciones introducidas en la humanidad por esas ideolog&iacute;as que tienen una base com&uacute;n materialista y que, examin&aacute;ndolas bien, no pueden tener otra perspectiva final que la pavorosa de una destrucci&oacute;n rec&iacute;proca..<\/p>\n<p align=\"left\">Pero vosotros, querid&iacute;simos j&oacute;venes, no os hab&eacute;is resignado frente a estas realidades. Con el entusiasmo que es propio de vuestra edad, no os hab&eacute;is rendido al presente, hab&eacute;is dirigido vuestra mirada al futuro, con la esperanza confiada de poder dejar, a quienes vendr&aacute;n despu&eacute;s de vosotros, un mundo mejor que el que hab&eacute;is encontrado.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &iquest;Qu&eacute; es lo que os inspira semejante confianza? &iquest;De d&oacute;nde sac&aacute;is la valent&iacute;a para proyectar e intentar la empresa cicl&oacute;pea de la construcci&oacute;n de un mundo unido? Me parece escuchar la respuesta que prorrumpe de vuestros corazones: &quot;De la Palabra de Jes&uacute;s. Es El quien nos ha pedido amarnos entre nosotros hasta llegar a ser una sola cosa. M&aacute;s a&uacute;n, El ha orado por esto&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, es as&iacute;: hemos vuelto a escuchar sus palabras en el pasaje evang&eacute;lico que se acaba de proclamar. Jes&uacute;s pronunci&oacute; esas palabras en la &uacute;ltima Cena, pocas horas antes de dar comienzo a su pasi&oacute;n. Son palabras en las que se encierra el ansia suprema del coraz&oacute;n del Verbo encarnado. Jes&uacute;s entrega esta ansia a su Padre, como a Aquel que es el &uacute;nico que puede entender toda su intensidad y su urgencia, y que es el &uacute;nico en disposici&oacute;n de corresponder a ella eficazmente. Jes&uacute;s pide al Padre el don de la unidad entre todos los que creer&aacute;n en El: &quot;Que todos sean una sola cosa&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">No se trata de una recomendaci&oacute;n dirigida directamente a nosotros. Merece la pena subrayarlo. Jes&uacute;s, que nos conoce hasta el fondo (cf. <i>Jn<\/i> 2, 24 s.), sabe que no puede confiar particularmente en nosotros para la realizaci&oacute;n de un proyecto tan radical. Es necesaria una intervenci&oacute;n de lo alto que, asumiendo nuestros corazones mezquinos en la corriente de amor que fluye entre las Personas divinas, los haga capaces de superar las barreras del ego&iacute;smo y de abrirse al &quot;t&uacute;&quot; de los hermanos en una comuni&oacute;n vital, en la que cada uno se pierda como &eacute;l solo para volverse a encontrar en un &quot;nosotros&quot;, que habla con la voz misma de Cristo, Primog&eacute;nito de la humanidad nueva.<\/p>\n<p align=\"left\">A esto se ha remitido el Concilio Vaticano II cuando, apoy&aacute;ndose en el mismo pasaje escritur&iacute;stico, ha hablado de &quot;horizontes cerrados a la raz&oacute;n humana&quot;, horizontes por los que, sin embargo, parece que el hombre, &uacute;nica criatura en la tierra a la que Dios haya amado por s&iacute; misma. &quot;no puede encontrar su propia plenitud sino a trav&eacute;s de la entrega sincera de s&iacute;&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 24).<\/p>\n<p align=\"left\">Estos &quot;horizontes cerrados&quot; podemos entreverlos y aventurarnos a ellos, si nos abrimos a la gracia de Cristo, que nos eleva a la participaci&oacute;n misma de la vida trinitaria: el misterio alt&iacute;simo de la eterna comuni&oacute;n entre el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo se convierte entonces en <i>el modelo ejemplar y como en la fuente alimentadora<\/i> de la comuni&oacute;n que debe establecerse entre los hombres: &quot;Como T&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute;, y yo en ti, para que tambi&eacute;n ellos sean en nosotros uno&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;En nosotros&quot;: la unidad plena no se construye sobre otro fundamento. Por tanto, es necesario que cada uno se comprometa, ante todo, en la b&uacute;squeda de una <i>uni&oacute;n cada vez m&aacute;s profunda con Dios<\/i>, mediante la fe, el di&aacute;logo de la oraci&oacute;n, la purificaci&oacute;n del coraz&oacute;n, si quiere contribuir eficazmente a la construcci&oacute;n de la unidad. Para el creyente la dimensi&oacute;n vertical de la apertura a Dios y de la relaci&oacute;n con El es el presupuesto que condiciona todo otro compromiso en la dimensi&oacute;n horizontal de la relaci&oacute;n con los hermanos.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Sin embargo, esto, como es obvio, no significa que tenga poca importancia el compromiso que tiende a establecer nuevas relaciones de cordialidad sincera con los hermanos. A&uacute;n m&aacute;s, la calidad de estas relaciones, seg&uacute;n la ense&ntilde;anza de la Escritura, es criterio de comprobaci&oacute;n de la autenticidad de la relaci&oacute;n que se dice tener con Dios (cf. <i>1 Jn<\/i> 4, 20; 3, 17). El esfuerzo para construir la unidad se presenta como la piedra de toque sobre la que cada uno de los cristianos debe verificar la seriedad de la propia adhesi&oacute;n al Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; <i>en concreto<\/i> la actitud con la que el cristiano deber&aacute; disponerse a ir al encuentro de sus semejantes? Deber&aacute; ser fundamentalmente <i>una actitud de confianza y de estima<\/i>. El cristiano debe creer en el hombre, creer &quot;en todo su potencial de grandeza, y adem&aacute;s en su necesidad de redenci&oacute;n del mal y del pecado que est&aacute; en &eacute;l&quot;. Esto dije en el mensaje de principio de a&ntilde;o para la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\">Jornada mundial de la Paz<\/a> (cf. n&uacute;m. 2); y me agrada remachar, en esta circunstancia particularmente significativa, la urgencia de ahondar bien a fondo en nosotros mismos, para llegar a esas zonas en las que \u2014m&aacute;s .all&aacute; de las divisiones que comprobamos en nosotros y entre nosotros\u2014 podamos descubrir que los dinamismos propios del hombre. lo llevan al encuentro, al respeto rec&iacute;proco, a la fraternidad y a la paz (cf. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\"> <i>ib<\/i>., n&uacute;m. 4<\/a>).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Cuando nos colocamos en esta &oacute;ptica, somos llevados espont&aacute;neamente a <i>comprender al otro&nbsp; y sus razones<\/i>, a reducir a sus proporciones reales sus eventuales errores, a corregir o a integrar los propios puntos de vista, de acuerdo con los nuevos aspectos de verdad que emergen de la confrontaci&oacute;n. En particular, se est&aacute; en disposici&oacute;n de preservarse de la actitud de aquellos que, en el ardor de la pol&eacute;mica, terminan por desacreditar a quien piensa diversamente, atribuy&eacute;ndole intenciones deshonestas o m&eacute;todos incorrectos (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\">ib.<\/a><\/i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\">, n&uacute;m. 5<\/a>).<\/p>\n<p align=\"left\">S&oacute;lo quien cultiva el respeto sincero por el propio semejante puede abrirse a &eacute;l en un <i>di&aacute;logo fructuoso<\/i> y constructivo. En ese Mensaje he definido al di&aacute;logo como &quot;medio indispensable de la paz&quot; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\"><i>ib.<\/i>, n&uacute;m. 8<\/a>). Efectivamente, lo es, al menos, cuando quien lo practica se esfuerza por atenerse a las reglas propias de &eacute;l. Mi predecesor, el Papa Pablo VI, las ha descrito admirablemente en su Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam_sp.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/i>: &quot;El di&aacute;logo, recordaba &eacute;l, no es orgulloso, no es mordaz, no es ofensivo. Su autoridad es intr&iacute;nseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es mandato, no es imposici&oacute;n. Es pac&iacute;fico; evita los modos violentos; es paciente; es generoso&quot; (n&uacute;m. 83).<\/p>\n<p align=\"left\">El di&aacute;logo: he aqu&iacute; el camino por el que es posible dar grandes pasos hacia un entendimiento cada vez m&aacute;s profundo y hacia esa unidad que es meta siempre perfectible aqu&iacute; abajo, porque nunca se la alcanza del todo.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Hay, sin embargo, una exigencia perjudicial, que condiciona todo compromiso serio en este sentido: consiste en la <i>disponibilidad a perdonar<\/i>. El pecado forma parte del bagaje del hombre hist&oacute;rico. No es posible, pues, imaginarse que se puede encontrar al hombre sin encontrar el pecado. Un planteamiento realista del di&aacute;logo puede prescindir de contar tambi&eacute;n con la necesidad de la &quot;reconciliaci&oacute;n&quot; entre personas divididas por el pecado. Por esto, Jes&uacute;s insisti&oacute; con tanta fuerza en el deber del perd&oacute;n, hasta hacer de &eacute;l la condici&oacute;n para poder esperar, a su vez, el perd&oacute;n de Dios (cf. <i>Mt<\/i> 6, 12. 14-15; 18, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">Y El personalmente nos dio ejemplo, porque en la cruz se encuentran la inocencia absoluta y la malicia m&aacute;s perversa. La oraci&oacute;n: &quot;Padre, perd&oacute;nalos, porque no saben lo que hacen&quot; (<i>Lc<\/i> 23, 34), nos quita todo posible pretexto para cerrarnos en nosotros mismos y rechazar el perd&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">San Esteban lo hab&iacute;a comprendido perfectamente: en la primera lectura de esta liturgia lo hemos visto mientras, al caer bajo los golpes de las piedras, pronunciaba las palabras que resaltan su grandeza moral para siempre: &quot;Se&ntilde;or, no les imputes este pecado&quot; (<i>Act<\/i> 7, 60).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Querid&iacute;simos j&oacute;venes, generaci&oacute;n nueva que lleva en las manos el mundo del futuro: Vosotros hab&eacute;is decidido hacer del amor la norma inspiradora de vuestra vida. Por esto, el compromiso por la unidad se ha convertido en vuestro programa. Es un programa eminentemente cristiano. El Papa, pues, se siente muy contento al animaros a proseguir en este camino, cueste lo que cueste. Deb&eacute;is dar a vuestros coet&aacute;neos el testimonio de un entusiasmo generoso y de una constancia inflexible en el compromiso exigido por la voluntad de construir un mundo unido.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros sab&eacute;is d&oacute;nde encontrar la fuente para sacar las energ&iacute;as necesarias para este camino nada f&aacute;cil: est&aacute; en el Coraz&oacute;n de Aquel que es &quot;el alfa y la omega, el primero y el &uacute;ltimo, el principio y el fin&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 13). De El se ha dicho que ofrece a cada uno &quot;gratis el agua de la vida&quot; (<i>ib<\/i>., ver. 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Sea, pues, Cristo vuestro punto seguro de referencia, el fundamento de una confianza que no conoce vacilaciones. La invocaci&oacute;n apasionada de la Iglesia: &quot;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&quot;, se convierta en el suspiro espont&aacute;neo de vuestro coraz&oacute;n, jam&aacute;s satisfecho del presente, porque tiende siempre al &quot;todav&iacute;a no&quot; del cumplimiento prometido.<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simos j&oacute;venes: Vuestra vida debe gritar al mundo vuestra fe en Aquel que ha dicho: &quot;He aqu&iacute; que vengo presto, y conmigo mi recompensa&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 12). Deb&eacute;is ser la vanguardia del pueblo en camino hacia esos &quot;nuevos cielos&quot; y esa &quot;tierra nueva, en que tiene su morada la justicia&quot; (<i>2 Pe<\/i> 3, 13). Los hombres que saben mirar al futuro son los que hacen la historia; los otros son arrastrados por ella y terminan por encontrarse al margen de ella, envueltos en una red de ocupaciones, de proyectos, de esperanzas que, al fin de cuentas, se manifiestan enga&ntilde;osos y alienantes. S&oacute;lo quien se compromete en el presente, sin dejarse &quot;aprisionar&quot; por &eacute;l, sino permaneciendo con la mirada del coraz&oacute;n fija en las &quot;cosas de arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la diestra de Dios&quot; (<i>Col<\/i> 3, 1), puede orientar la historia hacia su realizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">De tal realizaci&oacute;n es una anticipaci&oacute;n &quot;en el misterio&quot; esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Ahora, como en cada una de las Misas, a la invocaci&oacute;n de la Iglesia, Esposa de Cristo sometida todav&iacute;a a las tribulaciones del mundo presente, se une la del Esp&iacute;ritu: &quot;El Esp&iacute;ritu y la Esposa dicen: Ven&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 17). La liturgia de la tierra se armoniza con la del cielo. Y ahora, como en cada una de las Misas, llega a nuestro coraz&oacute;n necesitado de consuelo la respuesta tranquilizadora: &quot;Dice el que testifica estas cosas: S&iacute;, vengo pronto&quot; (<i>ib.<\/i>, ver. 20).<\/p>\n<p align=\"left\">Sostenidos por esta certeza, reanudamos la marcha por los caminos del mundo, sinti&eacute;ndonos m&aacute;s unidos y solidarios entre nosotros y, al mismo tiempo, llevando en el coraz&oacute;n el deseo que se ha hecho m&aacute;s ardiente de comunicar a los hermanos, envueltos todav&iacute;a en las sombras de la duda y del desconsuelo, el &quot;gozoso anuncio&quot; de que en el horizonte de su existencia ha surgido &quot;la estrella radiante de la ma&ntilde;ana&quot; (<i>Ap<\/i> 22. 16): el Redentor del hombre, Cristo Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA EL MOVIMIENTO GEN &#8211; GENERACI&Oacute;N NUEVA- HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de San Pedro Domingo 18 de mayo de 1980 &nbsp; Querid&iacute;simos j&oacute;venes del Movimiento GEN: 1. 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