{"id":39646,"date":"2016-10-05T22:57:00","date_gmt":"2016-10-06T03:57:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-sagrado-corazon-de-cristo-rey\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:00","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:00","slug":"18-de-mayo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-sagrado-corazon-de-cristo-rey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-sagrado-corazon-de-cristo-rey\/","title":{"rendered":"18 de mayo de 1980, Visita pastoral a la parroquia romana de Sagrado Coraz\u00f3n de Cristo Rey"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE CRISTO REY PAC&Iacute;FICO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 18 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. La presente visita del Obispo de Roma a la parroquia de Cristo Rey tiene un car&aacute;cter especial. Esta visita, como todas las otras hechas a las parroquias de la Iglesia romana, est&aacute; dictada por una antiqu&iacute;sima <i>tradici&oacute;n apost&oacute;lica<\/i> y, al mismo tiempo, sirve para cumplir fundamentales deberes y <i>objetivos pastorales<\/i>. No puedo, sin embargo, silenciar una especial circunstancia: hoy se cumple el sexag&eacute;simo aniversario de la colocaci&oacute;n de la primera piedra de este templo. En aquel lejano 18 de mayo de 1920, se hallaba presente aqu&iacute;, con motivo del significativo acontecimiento, el Siervo de Dios padre L&eacute;on Dehon, fundador de la congregaci&oacute;n de Sacerdotes del Sagrado Coraz&oacute;n, los cuales, en estos sesenta a&ntilde;os, han desarrollado con gran celo y mucho fruto su apostolado en esta parroquia, cuya iglesia, de estilo moderno, est&aacute; dedicada al &quot;Sagrado Coraz&oacute;n de Cristo Rey Pac&iacute;fico&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">No puedo, en este encuentro, dejar de expresar mi complacencia y mi saludo al <i>p&aacute;rroco<\/i>, p. Mario Barziza, y a los sacerdotes religiosos colaboradores suyos, unidos fraternalmente en la misma vocaci&oacute;n y en el mismo ideal de donaci&oacute;n por las almas de &eacute;sta comunidad parroquial, palpitante de vida y de iniciativas, con sus nueve mil fieles y tres mil n&uacute;cleos familiares.<\/p>\n<p align=\"left\">Un cordial saludo a las <i>religiosas<\/i>, que desarrollan su precioso apostolado en el &aacute;mbito de la parroquia: las Hermanas Carmelitas de la Caridad; las Hermanas de la Precios&iacute;sima Sangre, de Monza; las Hermanas Canosianas de &quot;Santo Spirito in Sassia&quot;; las Hermanas de la Pasi&oacute;n de Nuestro Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Un afectuoso saludo a los <i>padres<\/i> y a las <i>madres<\/i> de familia, a quienes van mi admiraci&oacute;n y mi aliento por la misi&oacute;n continua y delicada que deben desarrollar en sus hogares. Un saludo a todos los <i>laicos<\/i> comprometidos en el apostolado, es decir, a los miembros de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, a las Colaboradoras Familiares, a la P&iacute;a Uni&oacute;n de Porteros, al grupo del Voluntariado Vicentino, al Renacimiento Cristiano, al grupo de Oraci&oacute;n del Padre P&iacute;o, al grupo &quot;Familias Nuevas&quot;, a las &quot;Mam&aacute;s Catequistas&quot;. \u2022<\/p>\n<p align=\"left\">A los <i>j&oacute;venes<\/i>, a los <i>muchachos<\/i> y a los <i>ni&ntilde;os<\/i> de la parroquia, un especial recuerdo y un aplauso por las diversas iniciativas espirituales, que ellos saben animar con su entusiasmo y su generosidad.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos, especialmente a quienes sufren en el alma y en el cuerpo, mi m&aacute;s sincero sabido.<\/p>\n<p align=\"left\">Vengo hoy a vuestra comunidad para dar gracias \u2014tras los sesenta a&ntilde;os de su existencia y de su intensa actividad\u2014a <i>Dios, que es el origen de todas las cosas;<\/i> para darle gracias, juntamente con vosotros, queridos hermanos y hermanas, que constitu&iacute;s esta parroquia, esta comunidad de la Iglesia romana. Con vosotros, que sois la primera generaci&oacute;n, la segunda y, ya tambi&eacute;n la tercera, de parroquianos de Cristo Rey.<\/p>\n<p align=\"left\">El nacimiento de una parroquia, como la comunidad del Pueblo de Dios organizada en modo jer&aacute;rquico, sobre el modelo de las comunidades primitivas que los Ap&oacute;stoles formaban y visitaban, encierra siempre dentro de s&iacute; el gran <i>misterio del nacimiento para Dios<\/i>, de cada uno de nosotros que, nacidos de nuestros padres terrenos a la vida humana, nacemos, al mismo tiempo, a la Iglesia mediante la gracia; nacemos, en el sacramento del bautismo, a la vida divina, como hijos adoptivos de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Y el d&iacute;a de hoy me hace recordar tambi&eacute;n <i>el momento de mi nacimiento<\/i>, ocurrido hace sesenta a&ntilde;os, en tierra polaca, el mismo d&iacute;a \u201418 de mayo\u2014en que se colocaba la primera piedra de esta iglesia en que ahora estamos reunidos para celebrar juntos la solemnidad de la Ascensi&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. En este d&iacute;a recuerdo con especial gratitud a mis padres: mi madre y mi padre; pero recuerdo tambi&eacute;n mi parroquia (en Wadowice), como la Iglesia-madre que, poco despu&eacute;s, me acogi&oacute; ni&ntilde;o, nacido de padres terrenos, <i>a la gracia del bautismo y en la comunidad del Pueblo de Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Me alegro, queridos hermanos y hermanas porque, cumpliendo hoy mi ministerio de Obispo, puedo vivir en uni&oacute;n con vosotros, en esp&iacute;ritu de fe, de esperanza y de caridad, la profunda elocuencia y el misterio de este d&iacute;a, en el cual la Iglesia recuerda, con la Ascensi&oacute;n, la glorificaci&oacute;n eterna de Jes&uacute;s, sentado a la diestra del Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, muerto por nuestros pecados y resucitado con un prodigio divino singular: su humanidad fue transformada. Con su resurrecci&oacute;n triunf&oacute; plenamente sobre la corrupci&oacute;n, sobre la mortalidad, sobre todos los males que pueden impedir la aut&eacute;ntica felicidad del hombre. Con la <i>ascensi&oacute;n<\/i>, la naturaleza humana de Cristo lleg&oacute; al &aacute;pice de la glorificaci&oacute;n; &quot;nuestra humilde naturaleza \u2014dice San Le&oacute;n Magno\u2014 fue sublimada hasta asentarse en Cristo sobre el mismo trono de Dios Padre, por encima de todo el ej&eacute;rcito celestial, sobre todos los coros ang&eacute;licos, por encima del l&iacute;mite de altura de cualquier potestad&quot; (<i>Sermo<\/i> 74, <i>De Asc. Dom.<\/i>, 11, 1; <i>PL<\/i> 54, 397).<\/p>\n<p align=\"left\">Este gran misterio de fe suscita en todos nosotros una extraordinaria esperanza: tambi&eacute;n nosotros seguiremos a Cristo en su definitiva glorificaci&oacute;n y nos reuniremos con El por toda la eternidad: &quot;Verdaderos eran los huesos de Cristo, verdaderos los nervios, verdaderas las cicatrices&#8230; Todo verdadero. Pero es tambi&eacute;n verdad que su cuerpo f&iacute;sico nos ha precedido en el cielo. Nos ha precedido la Cabeza. Le seguir&aacute;n los miembros&quot; (San Agust&iacute;n, <i>Sermo<\/i> 464, <i>De Asc.<\/i>, IV, 6; <i>PL<\/i> 38, 1218). Esta esperanza cristiana da un sentido a toda nuestra vida terrena.<\/p>\n<p align=\"left\">2. En la acci&oacute;n divina se encuentran, de modo maravilloso, <i>el fin y el principio<\/i>. Nos lo atestiguan, entre otras cosas, las lecturas de la santa liturgia, ligada un tiempo al domingo despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Al final del Apocalipsis, en el &uacute;ltimo libro del Nuevo Testamento, que explica el fin y el t&eacute;rmino de la temporalidad, escuchamos ese preanuncio: &quot;He aqu&iacute; que <i>vengo presto<\/i> y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno seg&uacute;n sus libras. Yo soy el <i>alfa y la omega<\/i>, el primero y el &uacute;ltimo, el principio y el fin&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 12-13),<\/p>\n<p align=\"left\">Y como un eco de este preanuncio resuenan, en la dimensi&oacute;n apost&oacute;lica, las voces llenas de una ferviente oraci&oacute;n: &quot;El Esp&iacute;ritu y la Esposa dicen: &#8216;&iexcl;Ven!&#8217;. Y el que escucha, diga: &#8216;&iexcl;Ven!&#8217;. Y el que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratis el agua de la vida&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Se oye de nuevo la voz del Mensajero, <i>la voz de Cristo<\/i>: &quot;El que testimonia estas cosas, dice: S&iacute;, vengo pronto&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 20). Y enseguida, la &uacute;ltima invocaci&oacute;n del Ap&oacute;stol y, conjuntamente de toda la Iglesia, de la creaci&oacute;n: &quot;Am&eacute;n. Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s (<i>Marana tha<\/i>)&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, el fin se convierte en principio. El principio nuevo. <i>El principio definitivo de todas las cosas en Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios mismo no conoce ni el principio ni el fin. Est&aacute; por encima del principio y por encima del fin. Y al mismo tiempo, es el principio y el fin de todo lo creado. Siendo el principio m&aacute;s perfecto para el <i>hombre<\/i>, creado a su imagen y semejanza, El, para este hombre <i>que en El, en Dios, encuentra su fin, convierte, por obra de Jesucristo<\/i>, el nuevo principio definitivo.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la verdad que todos nosotros \u2014comunidad y personas\u2014 debemos meditar de modo especial cuando pensamos en nuestro principio, en el d&iacute;a nacimiento, en aquel principio al que corresponde el fin, el fin temporal. El hombre y la Iglesia encuentran este fin en Dios, y El se convierte en el nuevo principio definitivo por obra de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Jesucristo es consciente de que se acerca el t&eacute;rmino de su misi&oacute;n terrena, de que se acerca el momento de dejar el mundo. Habla claramente de ello a los m&aacute;s cercanos a El, a los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo: &quot;Os conviene que yo me vaya&#8230;&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 7). Y, al mismo tiempo, dice: &quot;No os dejar&eacute; hu&eacute;rfanos, vendr&eacute; a vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 18), &quot;y se alegrar&aacute; vuestro coraz&oacute;n&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 22).<\/p>\n<p align=\"left\">Dice, por tanto: <i>yo me voy.<\/i>.. y dice: <i>vendr&eacute; a vosotros<\/i>. Este marcharse que se acerca \u2014este fin que debe llegar: irse a trav&eacute;s de la pasi&oacute;n, la cruz, la muerte\u2014 es el comienzo de la nueva venida. Esta se manifestar&aacute; el tercer d&iacute;a <i>mediante la resurrecci&oacute;n<\/i> de Cristo, en la potencia del Esp&iacute;ritu Santo, y durar&aacute; siempre en todos aquellos que, aceptando el misterio de la resurrecci&oacute;n de Cristo, someten sus corazones <i>a la potencia del Esp&iacute;ritu Santo, cuya venida<\/i> se realiza constantemente.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta verdad es importante y fundamental, tanto para cada uno de nosotros \u2014hombres bautizados\u2014, como tambi&eacute;n para toda la comunidad del Pueblo de Dios en la Iglesia. Es importante tambi&eacute;n para vuestra parroquia y para vuestro Obispo, que hoy, junto con vuestra parroquia, vuelve con la memoria y el coraz&oacute;n al comienzo, al d&iacute;a de su nacimiento. Es <i>la verdad importante y fundamental,<\/i> porque en <i>ella se delinea el perfil completo de la vida<\/i> que tenemos en Jesucristo. Vivimos en el perfil de su ida y, al mismo tiempo, de su venida. Vivimos en la potencia del Esp&iacute;ritu Santo, el cual hace que nuestra vida humana tenga su nuevo principio en la resurrecci&oacute;n de Cristo, y su fin en Dios mismo, que no conoce l&iacute;mites.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso Esteban, di&aacute;cono de Jerusal&eacute;n, primer m&aacute;rtir, que, apedreado por sus connacionales, agonizaba con palabras de perd&oacute;n, en su &uacute;ltima palabra elev&oacute; a Dios esta penetrante plegaria: <i>&quot;Se&ntilde;or Jes&uacute;s, recibe mi esp&iacute;ritu&quot;<\/i> (<i>Act<\/i> 7, 59).<\/p>\n<p align=\"left\">Acogiendo esta s&uacute;plica de su m&aacute;rtir \u2014pero tambi&eacute;n de todo hombre, de cada uno de nosotros\u2014, <i>Cristo cumple continuamente<\/i> su <i>&quot;marana tha&quot;<\/i>. En esta perspectiva vive siempre la Iglesia. En esta perspectiva cada uno de nosotros vive y muere en esta tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Por eso, la &uacute;ltima oraci&oacute;n de Jesucristo cuando se acercaba su fin sobre la tierra\u2014pasi&oacute;n, cruz, muerte\u2014, es la oraci&oacute;n para la <i>continua venida del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s<\/i>:<\/p>\n<p align=\"left\">Ruego &quot;para que todos sean uno como T&uacute;, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en Ti, para que tambi&eacute;n ellos sean en nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">La oraci&oacute;n sacerdotal de Cristo, el d&iacute;a que precedi&oacute; a su salida de este mundo, est&aacute; orientada plenamente hacia la venida del Esp&iacute;ritu Santo, hacia Pentecost&eacute;s (es necesario que toda la Iglesia eleve esta oraci&oacute;n sobre todo en el per&iacute;odo actual). <i>Cristo<\/i> continuamente <i>viene a nosotros en El<\/i> y est&aacute; <i>con nosotros por El<\/i>. Y tambi&eacute;n nosotros mismos, unidos en El y por El con Cristo, constituimos la unidad: <i>la unidad de la fe,<\/i> aqu&iacute; sobre la tierra, y la unidad de la gloria, en la vida futura, que toma su principio en la resurrecci&oacute;n de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">La fe es el principio de la gloria.<\/p>\n<p align=\"left\">La unidad \u2014uni&oacute;n de los disc&iacute;pulos\u2014 es testimonio de la fuerza del Esp&iacute;ritu, el testimonio de la misi&oacute;n de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia, confiada en la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo que recibe continuamente de Cristo, <i>no cesa de rogar por la uni&oacute;n<\/i> de todos sus confesores, <i>no cesa de aspirar a ella<\/i>, no cesa tampoco de tener confianza en la uni&oacute;n de todos los hombres por obra de su cruz y resurrecci&oacute;n<\/p>\n<p align=\"left\">Tampoco deja la Iglesia de tener confianza <i>en la salvaci&oacute;n de todo hombre,<\/i> no deja de encaminarse hacia la futura gloria del hombre en Cristo; no deja de obrar y sufrir por esta gloria:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Padre, lo que t&uacute; me has dado, quiero que donde est&eacute; yo est&eacute;n ellos tambi&eacute;n conmigo, para que <i>vean mi gloria<\/i>, que t&uacute; me has dado, porque me amaste ante de la creaci&oacute;n del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conoc&iacute;, y &eacute;stos conocieron que t&uacute; me has enviado, y yo les di a conoce tu nombre, y se lo har&eacute; conocer, para que el amor con que t&uacute; me has amado, est&eacute; en ellos y yo en ellos&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 24-26).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La Madre de Cristo resucitado y la Esposa del Esp&iacute;ritu Santo<\/i> obtenga para cada uno de nosotros \u2014y para toda vuestra comunidad\u2014 que se realice en nosotros la <i>oraci&oacute;n sacerdotal de Cristo.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Que se cumpla siempre en nosotros la fuerza del amor del Esp&iacute;ritu Santo, mediante la cual nos unimos a Dios y, entre nosotros, nos hacemos rec&iacute;procamente hermanos.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Que nuestra vida madure<\/i> siempre en esta aspiraci&oacute;n, deseo e invocaci&oacute;n: &quot;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s&quot; (<i>Marana tha<\/i>).<\/p>\n<p align=\"left\">Que todo en nosotros sirva &uacute;nicamente para esto.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE CRISTO REY PAC&Iacute;FICO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 18 de mayo de 1980 &nbsp; 1. La presente visita del Obispo de Roma a la parroquia de Cristo Rey tiene un car&aacute;cter especial. Esta visita, como todas las otras hechas a las parroquias &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-sagrado-corazon-de-cristo-rey\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de mayo de 1980, Visita pastoral a la parroquia romana de Sagrado Coraz\u00f3n de Cristo Rey\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39646","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39646","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39646"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39646\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39646"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39646"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39646"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}