{"id":39648,"date":"2016-10-05T22:57:02","date_gmt":"2016-10-06T03:57:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1980-misa-en-el-estadio-de-abiyan\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:02","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:02","slug":"10-de-mayo-de-1980-misa-en-el-estadio-de-abiyan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1980-misa-en-el-estadio-de-abiyan\/","title":{"rendered":"10 de mayo de 1980, Misa en el Estadio de Abiy\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA EN EL ESTADIO DE ABIY&Aacute;N<\/font><\/b><\/p>\n<p> S&aacute;bado 10 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Demos gracias a Dios que nos ha llamado a formar una sola Iglesia en su Hijo Jesucristo!<\/p>\n<p align=\"left\">1. El Profeta Ezequiel anunciaba ya este gran misterio, pensando sobre todo en los israelitas de su tiempo, dispersos entre las naciones. Pero, &quot;a trav&eacute;s de la Iglesia&quot;, el llamamiento se ensanch&oacute; hacia los hijos de todas las naciones,&nbsp; a las que se llamaba paganas. Y nos hemos atrevido, como dice San Pablo, el Ap&oacute;stol de las Gentes, a &quot;acercarnos a Dios con toda confianza&quot;, &quot;por el camino de la fe en Cristo&quot;, la misma fe. Si, &quot;el &uacute;nico Dios y Padre de todos&quot; nos re&uacute;ne, sea cualquiera nuestra procedencia y con todas las riquezas de nuestra propia historia, en la familia de la Iglesia. Derrama sobre nosotros un agua pura \u2014&quot;un s&oacute;lo bautismo&quot;\u2014, y as&iacute; quedamos &quot;purificados de todas nuestras culpas&quot;. Nos da un &quot;coraz&oacute;n nuevo&quot;, un coraz&oacute;n sensible a su amor, &quot;un coraz&oacute;n de carne&quot;. Infunde en nosotros su Esp&iacute;ritu, &quot;un s&oacute;lo Esp&iacute;ritu&quot;. Nos permite &quot;caminar en su ley y practicar sus costumbres&quot;. Y de esa manera se construye en todo el universo el mismo Cuerpo de Cristo, con miembros diferentes, que han recibido cada uno de ellos sus cualidades, su parte de gracia, sus funciones en la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta unidad profunda, mediante la variedad multiforme de pueblos y de razas, constituye nuestro gozo y nuestra fuerza. Es un don de Dios, pero nosotros debemos aportar tambi&eacute;n nuestra contribuci&oacute;n consciente y generosa a fin de realizar, con madurez, la plenitud de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Y as&iacute;, yo os invito, queridos hermanos y hermanas, a recorrer conmigo los diversos c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos de esta unidad; a nivel de Cristo ante todo, a nivel de la Iglesia universal y de su Pastor, a nivel de la Iglesia que est&aacute; en Costa de Marfil y de vuestra di&oacute;cesis, a nivel de cada una de vuestras comunidades parroquiales, con la irradiaci&oacute;n que de ello surge para la unidad de los hombres que nos rodean.<\/p>\n<p align=\"left\">2. S&iacute;, nuestra unidad no es solamente ni sobre todo unidad exterior, como la de un cuerpo social con sus estructuras de organizaci&oacute;n. Es un misterio, como ha subrayado el Concilio Vaticano II al comienzo de la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> (n&uacute;m. 4). Formamos &quot;un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El Esp&iacute;ritu Santo<\/i> &quot;habita en la Iglesia y en el coraz&oacute;n de los fieles&quot;; &quot;introduce la Iglesia en la verdad toda entera&quot; y le &quot;asegura la unidad de la comuni&oacute;n y del ministerio&quot;, &quot;la provee y gobierna con diversos dones jer&aacute;rquicos y carism&aacute;ticos&quot;; en virtud del Evangelio, el Esp&iacute;ritu Santo rejuvenece a la Iglesia y la renueva sin cesar, encamin&aacute;ndola a la uni&oacute;n perfecta con su Esposo, Cristo (cf. <i>ib.<\/i>). As&iacute; el Esp&iacute;ritu Santo despliega en la Iglesia &quot;la insondable riqueza de Cristo&quot;, y vuelve su aspiraci&oacute;n hacia Cristo y hacia su Padre (cf. <i>Ap<\/i> 22, 17).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo resucitado<\/i>, en efecto, vive por los siglos de los siglos junto a su Padre que le ha hecho Se&ntilde;or del universo y Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo m&iacute;stico (cf. <i>Flp<\/i> 2, 11; <i>Col<\/i> 1, 18). Por el Esp&iacute;ritu Santo, comunica su vida a los que le dan su fe, renaciendo con el agua y con el Esp&iacute;ritu (cf. <i>Jn<\/i> 3, 5), que se unen a El por la oraci&oacute;n, por los sacramentos, por una vida conforme a su amor. El es el jefe invisible de la Iglesia, El es quien la sostiene (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 8), es el Buen Pastor que re&uacute;ne a los hijos de Dios dispersos y hace de ellos un reino de sacerdotes para su <i>Padre<\/i> (<i>Ap<\/i> 1, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">Esto lo sab&eacute;is muy bien, queridos amigos, pero yo lo recuerdo para exhortaros a que os dirij&aacute;is sin cesar hacia Cristo, para que le rec&eacute;is cada vez mejor, en comunidad, en familia y tambi&eacute;n individualmente, para que le&aacute;is una y otra vez su Palabra. Una Iglesia no est&aacute; viva, no est&aacute; unida, no es fuerte m&aacute;s que cuando sus miembros tienen una vida interior, una vida espiritual, es decir, una vida enlazada con el Esp&iacute;ritu de Dios, una vida de oraci&oacute;n. Ah&iacute; est&aacute; el coraz&oacute;n de la Iglesia. Ah&iacute; es donde se logra la comuni&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima, que es la fuente de todas las dem&aacute;s. Vuestra vida, vuestra unidad est&aacute; ante todo &quot;integrada con Cristo, en Dios&quot; (cf. <i>Col<\/i> 3, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Pero esta gracia de Cristo os ha llegado y os sigue si&eacute;ndoos dada sin cesar a trav&eacute;s de la <i>Iglesia visible<\/i>, que es el &quot;Cuerpo&quot; de Cristo; el &quot;sacramento&quot; de Cristo, el signo que hace visible y realiza la comuni&oacute;n. La unidad se manifiesta en torno de aquel que, en cada di&oacute;cesis, ha sido constituido Pastor, el obispo. Y en el conjunto de la Iglesia se manifiesta en torno al Obispo de Roma, <i>el Papa<\/i>, que es &quot;el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, as&iacute; de los obispos como de la multitud de los fieles&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 23). Y he aqu&iacute; que esto se realiza esta tarde ante vuestros ojos. &iexcl;Qu&eacute;, gracia para todos nosotros!<\/p>\n<p align=\"left\">Cada obispo de la Iglesia cat&oacute;lica es sucesor de los Ap&oacute;stoles. Est&aacute; unido a los Ap&oacute;stoles a trav&eacute;s de una l&iacute;nea ininterrumpida de ordenaciones. Yo soy el Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro en la sede de Roma. Acab&aacute;is de o&iacute;r en el Evangelio la maravillosa profesi&oacute;n de fe de Pedro: &quot;T&uacute; eres Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;. Y la respuesta de Jes&uacute;s: &quot;sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&#8230; te dar&eacute; las llaves del Reino de los cielos&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 16-19). Y m&aacute;s tarde, Cristo a&ntilde;ade: &quot;Confirma a tus hermanos&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 33); &quot;apacienta mis corderos&#8230; apacienta mis ovejas&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 15-17). Esa es tambi&eacute;n la fe del Papa, de la que yo hice profesi&oacute;n solemne al inaugurar mi ministerio en Roma; y &eacute;sa es tambi&eacute;n la misi&oacute;n que me ha encargado el Se&ntilde;or, pese a mi indignidad: confirmaros en la fe y en la unidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda Iglesia local, como la que vosotros form&aacute;is aqu&iacute;, debe permanecer siempre solidaria con la Iglesia universal; y esto, mediante el signo visible de la comuni&oacute;n con el Sucesor de Pedro. Porque no hay m&aacute;s que una Iglesia de Jesucristo, que es como un gran &aacute;rbol, en el cual hab&eacute;is sido injertados, como los cristianos de Roma, como los cristianos de Polonia. La rama no podr&iacute;a vivir fuera del &aacute;rbol, ni el sarmiento fuera de la vid. Vosotros viv&iacute;s participando de la gran corriente vital que hace vivir a todo el &aacute;rbol. Pero vuestro injerto va a permitir a la Iglesia conocer una nueva floraci&oacute;n, nuevos frutos. Y el Papa se alegra de ello. Y se alegra de la primavera de la Iglesia que florece en Costa de Marfil.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Llego ahora a <i>vuestras comunidades diocesanas<\/i> de Abidj&aacute;n o de otras di&oacute;cesis. Tambi&eacute;n <i>vuestros obispos<\/i> saben que es necesario intensificar la unidad que les estrecha entre s&iacute;, a nivel por ejemplo de la colaboraci&oacute;n pastoral para todo el pa&iacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Y en cada di&oacute;cesis, que puede llamarse la &quot;Iglesia particular&quot;, debe haber igualmente una gran unidad en torno al obispo, que es el jefe en el sentido evang&eacute;lico, es decir, el pastor y el padre. Unidad de fe, ciertamente; unidad de oraci&oacute;n, unidad de sentimientos fraternales; unidad de esfuerzos pastorales. Y todo ello en una gran diversidad de funciones indispensables y complementarias. Hab&eacute;is o&iacute;do a San Pablo hablar de &quot;ap&oacute;stoles&quot;, de &quot;profetas&quot;, de &quot;misioneros del Evangelio&quot;, de &quot;pastores&quot;, de &quot;doctores&quot;, de &quot;santos&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 11-12); hoy, se podr&iacute;a desarrollar la lista de ministerios, de servicios, de carismas. Que cada cristiano sepa, por tanto, que en esta Iglesia es responsable a su propio nivel y que la Iglesia carecer&aacute; de aquello que &eacute;l no haya sabido darle.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Mi primer pensamiento va a los <i>sacerdotes<\/i> anunciadores del Evangelio, dispensadores de los misterios de Dios, gu&iacute;as espirituales que presiden la unidad en sus diferentes cargos: p&aacute;rrocos y vicarios parroquiales, profesores, capellanes..: &iexcl;Cu&aacute;n feliz me siento por concelebrar con los j&oacute;venes sacerdotes, que han recibido recientemente los poderes sagrados por la imposici&oacute;n de las manos! &iexcl;C&oacute;mo me alegrar&iacute;a de que otros muchos compatriotas suyos oyeran el mismo llamamiento! &iexcl;La mies es mucha! S&iacute;, todos vosotros, hermanos m&iacute;os, fomentad las vocaciones sacerdotales, a fin de que vuestra Iglesia no carezca de sacerdotes, de santos sacerdotes. Sobre ellos deber&aacute; consolidarse la Iglesia del ma&ntilde;ana. Pero los misioneros venidos de lejos tienen todav&iacute;a, tambi&eacute;n ellos, un gran papel en este pa&iacute;s, un papel actualmente indispensable por el servicio tan apreciable que prestan y como testigos de la Iglesia universal; pertenecen enteramente a vuestra Iglesia. Todos los sacerdotes est&aacute;n llamados a formar un solo presbiterio en torno al obispo, con humildad y ayud&aacute;ndose fraternalmente. Tambi&eacute;n habr&aacute; lugar para el ministerio de los <i>di&aacute;conos<\/i> al lado de los sacerdotes.<\/p>\n<p align=\"left\">Por otra parte, es una suerte tambi&eacute;n poderse beneficiar del ejemplo y de la ayuda de otras almas consagradas, <i>religiosos y religiosas<\/i>, ind&iacute;genas o misioneros, que suscitan tanta confianza en el pueblo, porque la castidad, la pobreza y la obediencia hacen de ellos testigos singulares del amor de Cristo y de su Evangelio, plenamente disponibles para todos.<\/p>\n<p align=\"left\">Que los <i>catequistas<\/i>, bien formados, contin&uacute;en su funci&oacute;n educadora de la fe y que los <i>animadores de peque&ntilde;as comunidades<\/i> de barrio sepan que sin ellos faltar&iacute;a un relevo importante. Pienso tambi&eacute;n en la responsabilidad de los <i>padres y madres de familia<\/i>: cada hogar cristiano, &iquest;no es como un &quot;santuario de la Iglesia en casa&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 11)? Y me permito subrayar aqu&iacute; el papel especial de las madres: la <i>mujer<\/i> es quien tiene la misi&oacute;n maravillosa de dar la vida, de llevar la vida naciente y, en &Aacute;frica, sigue durante mucho tiempo llevando a su ni&ntilde;o con gran ternura, aliment&aacute;ndole con gran dedicaci&oacute;n. Que no olvide tampoco abrir el coraz&oacute;n de sus hijos a la ternura de Dios, a la vida de Cristo: es una educaci&oacute;n inicial que dif&iacute;cilmente puede ser suplida. Hay todav&iacute;a otros muchos servicios en la comunidad cristiana: servicios de educaci&oacute;n, servicios de ayuda sanitaria y social. Y los j&oacute;venes tienen tambi&eacute;n ah&iacute; su parte.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Pero, &iquest;c&oacute;mo mantener la unidad de oraci&oacute;n, la unidad de caridad, la unidad pastoral entre todos? Es el papel privilegiado de la <i>parroquia<\/i>, con su iglesia y su equipo de Pastores, en uni&oacute;n con los responsables religiosos y laicos. La parroquia debe ser acogedora para todos: &iexcl;no debe haber realmente &quot;forasteros&quot; en una familia de cristianos! Pienso concretamente en los trabajadores emigrantes o en los t&eacute;cnicos de otros pa&iacute;ses, que deben recibir y poner su parte de vida cristiana. Un solo Cuerpo, un solo Esp&iacute;ritu, como dec&iacute;a San Pablo.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Queridos amigos, la unidad no se detiene aqu&iacute;. Desear&iacute;amos adem&aacute;s promoverla con todos aquellos que, sin profesar integralmente nuestra fe cat&oacute;lica o sin conservar la comuni&oacute;n bajo el Sucesor de Pedro, han sido bautizados y llevan el hermoso nombre de cristianos: que el Esp&iacute;ritu Santo suscite en todos los disc&iacute;pulos de Cristo el deseo y la acci&oacute;n que tienden a la unidad tal y como Cristo la quiso, en la verdad y en la caridad (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 15). Y que el designio de salvaci&oacute;n envuelva, con nosotros tambi&eacute;n a los que adoran al Dios &uacute;nico o a quienes, sin conocerle bien en las sombras o a trav&eacute;s de im&aacute;genes, buscan a Dios con coraz&oacute;n sincero (<i>ib.<\/i>; 16). As&iacute;, testimoniando totalmente nuestra propia fe, tenemos hacia todos sentimientos de estima y de di&aacute;logo fraternal.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Por &uacute;ltimo, los disc&iacute;pulos de Cristo, las comunidades cristianas deben ser fermentos de unidad, art&iacute;fices del acercamiento fraternal, para todos los habitantes de este pa&iacute;s, africanos o no africanos. La Costa de Marfil y su capital experimentan una evoluci&oacute;n social r&aacute;pida, donde la concentraci&oacute;n urbana, el desarraigo familiar, la b&uacute;squeda de vivienda y de trabajo, pero tambi&eacute;n, para algunos, las posibilidades insospechadas de logros t&eacute;cnicos, de enriquecimiento r&aacute;pido, con las tentaciones de provecho personal y a veces invertido en otra parte, as&iacute; como de explotaci&oacute;n del hombre, del peque&ntilde;o, del trabajador ind&iacute;gena o emigrante, s&iacute;, todo esto puede poner a prueba, como ya ocurre en otros pa&iacute;ses que se llaman &quot;avanzados&quot;, la solidaridad, la justicia, la esperanza de los humildes, la paz y tambi&eacute;n los sentimientos religiosos. Conviene evitar a toda costa \u2014lo digo por amor a vosotros, por amor a este pa&iacute;s y a sus responsables\u2014 que las posibilidades ofrecidas hoy a Costa de Marfil y a sus trabajadores para el desarrollo no les sean escamoteadas, que no se agrande peligrosamente el abismo entre ricos y pobres. como est&aacute; aumentando el abismo entre pa&iacute;ses ricos y pa&iacute;ses pobres, que la civilizaci&oacute;n no se materialice. En tales condiciones la preocupaci&oacute;n por los pobres, por los abandonados a su suerte, el sentido del bien com&uacute;n y de la equidad, han de tener especial cabida en el coraz&oacute;n de los cristianos. Dichosos los cristianos, dichosas las comunidades cristianas, si los otros hombres de buena voluntad encontraran en ellos un ejemplo de unidad y una fuente de fraternidad. El reciente Concilio no dudaba en decir: &quot;La unidad cat&oacute;lica del Pueblo de Dios simboliza y promueve la paz universal&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute;, queridos hermanos y hermanas, a todas las escalas, desde Roma a vuestra ciudad o vuestro barrio, el dinamismo de unidad de nuestra Iglesia. Como Vicario de Cristo, me alegro de estar entre vosotros para reafirmar esa esperanza. El proyecto es espl&eacute;ndido. El camino ser&aacute; largo y dif&iacute;cil, supone sacrificios: Jes&uacute;s nos lo ha advertido en el Evangelio. Pero su gracia act&uacute;a entre vosotros, su Esp&iacute;ritu est&aacute; con vosotros. Y como la Virgen Mar&iacute;a se presta a ello maravillosamente, ya qu&eacute; concibi&oacute; a Cristo por el Esp&iacute;ritu Santo y es tambi&eacute;n Madre de la Iglesia, nosotros le pediremos especialmente que prepare nuestros corazones. Ahora, esta Eucarist&iacute;a va a hacer presente el Sacrificio de Cristo, que allan&oacute; las barreras de la separaci&oacute;n (cf. <i>Ef<\/i> 2, 14), para unir a todos los hijos de Dios y hacerles llegar juntos al Dios del amor.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Se&ntilde;or, fortifica la unidad de tu Iglesia!<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n. Aleluya. <\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Al final el Papa a&ntilde;adi&oacute;:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&Aacute;frica, Costa de Marfil: <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;C&oacute;mo quisiera reflexionar sobre esta tarde que he pasado aqu&iacute; en Costa de Marfil con vosotros que sois el futuro de este pueblo y este continente! Os doy mi coraz&oacute;n, os hago part&iacute;cipes de mi fe y mi esperanza. Os bendigo con toda la fuerza de mi ministerio y con toda la caridad que nos da el Esp&iacute;ritu Santo en Jesucristo Salvador nuestro. Am&eacute;n<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN EL ESTADIO DE ABIY&Aacute;N S&aacute;bado 10 de mayo de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;Demos gracias a Dios que nos ha llamado a formar una sola Iglesia en su Hijo Jesucristo! 1. 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