{"id":39649,"date":"2016-10-05T22:57:08","date_gmt":"2016-10-06T03:57:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1980-misa-ante-la-catedral-de-uagadugu\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:08","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:08","slug":"10-de-mayo-de-1980-misa-ante-la-catedral-de-uagadugu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1980-misa-ante-la-catedral-de-uagadugu\/","title":{"rendered":"10 de mayo de 1980, Misa ante la catedral de Uagadugu"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA ANTE LA CATEDRAL DE UAGADUGU<\/font><\/b><\/p>\n<p> S&aacute;bado 10 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Los pobres, los menesterosos buscan el agua&#8230; Yo, Yav&eacute;, los oir&eacute;&#8230; Yo har&eacute; brotar manantiales en las alturas peladas&#8230;&quot; (<i>Is<\/i> 41, 17-18). &quot;Del agua que yo le d&eacute; se har&aacute; en &eacute;l una fuente que salte hasta la vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la lecci&oacute;n contenida en la Palabra de Dios que acabamos de escuchar; &iexcl;&eacute;sta es la lecci&oacute;n que nos da el Se&ntilde;or!<\/p>\n<p align=\"left\">Yo soy el agua viva, dice el Se&ntilde;or, yo soy el manantial del agua que da la vida. Para sacar agua de ese manantial hab&eacute;is venido aqu&iacute; esta ma&ntilde;ana, para escuchar la Palabra de Dios que os propone quien ha sido elegido por la divina Providencia para ser el Jefe de su Iglesia, para, como San Pedro, ser su portavoz ante todos los fieles, en uni&oacute;n con los obispos\u201e los sucesores de los Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p align=\"left\">Os miro con una gran emoci&oacute;n, hermanos y hermanas m&iacute;os de la Iglesia que est&aacute; en Alto Volta. Hoy se realiza un deseo de mi coraz&oacute;n: venir a testimoniar ante vosotros, en vuestro pa&iacute;s mismo, el amor de Dios nuestro Padre y de su Hijo Jesucristo, su amor hacia cada uno de vosotros. &iquest;No es &eacute;sa una gran alegr&iacute;a que debe llenar nuestro coraz&oacute;n, el poder decir, el poder proclamar: &quot;Dios me ama&quot;? S&iacute;, Dios os ama, dondequiera que est&eacute;is: en vuestras ciudades, en vuestros poblados, en vuestras familias, en el mercado, en los caminos: &iexcl;Dios os ama siempre y en todas partes!<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra presencia aqu&iacute; testimonia tambi&eacute;n vuestro amor a la Iglesia que os anuncia este mensaje de amor. Cuando os miro, mi coraz&oacute;n se llena de orgullo, porque s&eacute; que hab&eacute;is aceptado el Mensaje de amor con alegr&iacute;a y gratitud; porque s&eacute; que est&aacute;is unidos a la Iglesia y que quer&eacute;is ser testigos generosos y valientes del Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Mi estancia entre vosotros ser&aacute; corta; demasiado corta para m&iacute;, pues hubiera querido visitaros en todos los sitios, en vuestras parroquias, en vuestras escuelas, en vuestras casas; demasiado corta tambi&eacute;n para vosotros, pues s&eacute; que esta ma&ntilde;ana no han podido venir aqu&iacute; muchos que lo hubieran querido, los que viven lejos, los que est&aacute;n enfermos o sufren, los que tienen que trabajar, y los que son todav&iacute;a demasiado peque&ntilde;os. A todos los que no est&aacute;n presentes les digo: &iexcl;el Papa os saluda y os bendice!<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n saludo afectuosamente a mi hermano el cardenal Paul Zoungrana, que fue uno de los tres primeros sacerdotes de vuestro pa&iacute;s y que ahora es el grande y fiel Pastor de esta archidi&oacute;cesis de Uagadugu. Saludo con &eacute;l a mis hermanos en el Episcopado, as&iacute; como a mis hermanos y hermanas de todas sus di&oacute;cesis: &iexcl;Uagadugu, Koupela, Bobo-Diulasso, Diehougou, Fada N&#8217;Gurma, Kaya, Kuclugu, Nouna-Dedogou y Uahiguya!<\/p>\n<p align=\"left\">Querr&iacute;a saludaros uno por uno, hermanos m&iacute;os en el sacerdocio, sacerdotes que el pueblo de Alto Volta ha entregado generosamente al Se&ntilde;or, y sacerdotes que han venido de lejos para el servicio del Evangelio en medio de vosotros. Todos vosotros, religiosos y religiosas, y catequistas, que tan generosamente os entreg&aacute;is a vuestra tarea de evangelizaci&oacute;n. Y vosotras, mujeres cristianas: de vosotras depende en gran parte el porvenir y las esperanzas de la Iglesia y de vuestro pueblo; madres de familia y muchachas j&oacute;venes que sois o que ser&eacute;is responsables con vuestros maridos de la formaci&oacute;n de vuestros hijos. Saludo a los ancianos, a los padres de familia que se fatigan trabajando por los suyos, los hombres, los j&oacute;venes y los ni&ntilde;os. Os saludo a todos, a tantos como hab&eacute;is venido de Togo, os saludo en nombre del amor que nos une en una sola Iglesia, &iexcl;en la gran familia de Dios!<\/p>\n<p align=\"left\">5. En el Evangelio que hemos escuchado, Jes&uacute;s nos ha hablado de la sed y del agua. Se hab&iacute;a detenido junto a un pozo, un pozo profundo, que el patriarca Jacob hab&iacute;a hecho con mucho esfuerzo para su familia y para su ganado. All&iacute; era donde se ven&iacute;a a sacar el agua. All&iacute; fue donde Jes&uacute;s se encontr&oacute; con una mujer de Samaria. Ella ven&iacute;a a buscar el agua para satisfacer las necesidades de la casa. Necesitaba agua para su sed, pero, sin saberlo bien, ten&iacute;a m&aacute;s sed a&uacute;n de la verdad, de la certeza de tener, a pesar de sus pecados, un lugar en el amor de Dios. Ten&iacute;a sed de la Palabra de Jes&uacute;s y de esta vida del alma que s&oacute;lo El puede darnos.<\/p>\n<p align=\"left\">Todos nosotros estamos, como esta mujer, sedientos de la verdad que viene de Dios. Verdad sobre nosotros mismos, sobre el sentido de nuestra vida, sobre lo que podemos y debemos hacer, ya desde ahora, dondequiera que nos encontremos, para responder a lo que Dios espera de cada uno de nosotros, para formar parte verdaderamente de su familia y vivir como hijos de Dios. Conozco vuestras dificultades y la extrema pobreza de muchos de vosotros, y tambi&eacute;n vuestra generosidad en el servicio del Se&ntilde;or; por eso puedo recordaros su palabra a vosotros, que sois hijos de Dios por vuestro bautismo y vuestra pertenencia a la Iglesia: &quot;Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia&quot; (<i>Mt<\/i> 6, 33). &iexcl;S&iacute;, para nosotros. cristianos, eso es lo esencial!<\/p>\n<p align=\"left\">4. Sin embargo, al meditar el Evangelio, no podemos olvidar que, si las gentes de Samaria se volvieron a sus casas llevando en su coraz&oacute;n la palabra de salvaci&oacute;n, el agua que salta para la vida eterna, ellos continuaron viniendo a buscar el agua necesaria para la vida de sus cuerpos. Los hombres tienen sed de amor, de caridad fraterna, pero hay tambi&eacute;n pueblos enteros que tienen sed del agua necesaria para su vida, en circunstancias particulares que tengo muy presentes ahora que me encuentro entre vosotros, en esta tierra de Alto Volta, en esta zona del Sahel. Si el problema de la desertizaci&oacute;n progresiva se plantea tambi&eacute;n en otras regiones del globo, son los sufrimientos de los pueblos del Sahel, de los que el mundo entero ha sido testigo, los que me mueven a hablar aqu&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">Desde el principio, Dios confi&oacute; al hombre la naturaleza que hab&iacute;a creado. Poner la creaci&oacute;n al servicio de una promoci&oacute;n humana, integral y solidaria, que permita al hombre lograr su plena dimensi&oacute;n espiritual, eso es dar gloria a Dios. El hombre debe esforzarse, pues, por respetarla y descubrir sus leyes para garantizar el servicio al hombre. En el campo de la ecolog&iacute;a se han realizado grandes progresos, se est&aacute;n realizando grandes esfuerzos. Pero queda todav&iacute;a mucho por hacer para ense&ntilde;ar a los hombres a respetar la naturaleza, a preservarla y mejorarla, y tambi&eacute;n para reducir o prevenir las consecuencias de las cat&aacute;strofes llamadas &quot;naturales&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">La solidaridad humana debe manifestarse entonces para venir en ayuda de las v&iacute;ctimas y de los pa&iacute;ses que no pueden hacer frente de pronto a tantas urgencias, y cuya econom&iacute;a puede quedar arruinada. Es una cuesti&oacute;n de justicia internacional, sobre todo para con los pa&iacute;ses que con tanta frecuencia se ven afectados por esos siniestros, mientras que otros se encuentran en condiciones geogr&aacute;ficas o clim&aacute;ticas que, en comparaci&oacute;n, puede decirse que son privilegiadas. Es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n de caridad para todos aquellos que consideren que todo hombre y toda mujer es un hermano y una hermana cuyos sufrimientos deben ser llevados y compartidos entre todos. La solidaridad, en la justicia y en la caridad, no debe conocer ni fronteras ni l&iacute;mites.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Desde aqu&iacute;, desde Uagadugu, desde el centro de uno de esos pa&iacute;ses que se pueden llamar pa&iacute;ses de la sed, perm&iacute;taseme dirigir a todos, en &Aacute;frica y fuera de este continente, un solemne llamamiento a no cerrar los ojos ante lo que ha pasado y lo que pasa en la regi&oacute;n del Sahel. No me es posible ahora detenerme en recordar la historia y los detalles de esa tragedia: est&aacute;n, por otra parte, en la memoria de todos, Pero habr&iacute;a que evocar por lo menos el tiempo empleado en tomar conciencia del drama causado por una persistente sequ&iacute;a, despu&eacute;s, el movimiento de solidaridad que se extendi&oacute; a todos los niveles, local, nacional, regional e internacional. Mucho se hizo, tanto por parte de los ciudadanos y los Gobiernos de los pa&iacute;ses afectados, como por las diversas Instituciones internacionales. Tambi&eacute;n la Iglesia ayud&oacute; mucho; su acci&oacute;n fue apoyada y seguida de cerca por vuestros obispos y por el Papa Pablo VI que, angustiado desde el principio por la extensi&oacute;n de la cat&aacute;strofe, no ahorr&oacute; su apoyo y sus llamamientos, sobre todo por medio del Pontificio Consejo &quot;Cor Unum&quot;, a cuyo Presidente tengo la satisfacci&oacute;n de saludar desde aqu&iacute;, el querido cardenal Bernardin Gantin, que acept&oacute; dejar su &Aacute;frica natal y su archidi&oacute;cesis de Coton&uacute;, en el Benin, para venir a Roma a trabajar con el Papa. Damos las gracias hoy, pues, a todos aquellos que supieron ser generosos y acudieron a socorrer a sus hermanos que pasaban necesidad. Ojal&aacute; pudan o&iacute;r un d&iacute;a al Se&ntilde;or decirles: &quot;Tuve sed, y me disteis de beber&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 35). En efecto, a trav&eacute;s de ellos dio Dios la respuesta que hemos escuchado en la lectura de esta Misa: &quot;Yo no los abandonar&eacute;&quot; (<i>Is<\/i> 41, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Y sin embargo, &iexcl;para cu&aacute;ntas v&iacute;ctimas lleg&oacute; demasiado tarde la ayuda! &iexcl;Cu&aacute;ntos j&oacute;venes, cuyo crecimiento result&oacute; retrasado y dif&iacute;cil! Y el peligro no ha sirio conjurado. Desde el principio de estos dolorosos sucesos que constituyen el drama del Sahel, con la ayuda de las Naciones Unidas se vienen estudiando en vuestra regi&oacute;n a escala intergubernamental las condiciones del futuro, se han elaborado planes para luchar contra la sequ&iacute;a, sus causas y sus consecuencias, para intentar los remedios eficaces como el regad&iacute;o, la perforaci&oacute;n de pozos, la repoblaci&oacute;n forestal, la construcci&oacute;n de graneros, la introducci&oacute;n de diversos cultivos, y otros.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero las necesidades son inmensas, si es que se quiere detener el avance del desierto e incluso hacerle retroceder progresivamente, si se quiere que cada hombre, cada mujer y cada ni&ntilde;o del Sahel tenga agua y comida suficientes, tenga un porvenir m&aacute;s digno del ser humano.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Por esto, desde este lugar, desde esta capital de Alto Volta, lanzo al mundo entero este solemne llamamiento.<\/p>\n<p align=\"left\">Yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, elevo mi voz suplicante, porque no puedo callarme cuando mis hermanos y hermanas est&aacute;n amenazados. Me hago la voz de los que no tienen voz, la voz de los inocentes que murieron porque les faltaron el agua y el pan; la voz de los padres y las madres que han visto morir a sus hijos sin comprender, o que ver&aacute;n siempre en sus hijos las secuelas del hambre que han sufrido; la voz de las generaciones futuras, que no deben vivir ya con el peso de esta terrible amenaza sobre su vida. &iexcl;Hago el llamamiento a todos!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;No esperemos a que vuelva la sequ&iacute;a, espantosa y devastadora! &iexcl;No esperemos a que la arena traiga de nuevo la muerte! &iexcl;No permitamos que el porvenir de estos pueblos siga amenazado por siempre! La solidaridad de ayer ha demostrado, por su extensi&oacute;n y su eficacia, que es posible escuchar la voz de la justicia y de la caridad, y no la del ego&iacute;smo, individual y colectivo.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Escuchad mi llamada!<\/p>\n<p align=\"left\">A las Organizaciones internacionales os suplico que continu&eacute;is el importante trabajo ya realizado; y que aceler&eacute;is la ejecuci&oacute;n perseverante de los programas ya elaborados. A vosotros, responsables de los Estados, os suplico que ayud&eacute;is generosamente al pa&iacute;s del Sahel, a fin de que un nuevo esfuerzo, importante y duradero, pueda remediar de modo a&uacute;n m&aacute;s eficaz el drama de la sequ&iacute;a. A los Organismos no-gubernamentales, os pido que redobl&eacute;is vuestros esfuerzos: suscitad una corriente de generosidad personal en los hombres, en las mujeres, en los ni&ntilde;os, a fin de que todos sepan que el fruto de sus privaciones sirve verdaderamente para garantizar la vida y el futuro de sus hermanos y hermanas. Os suplico, t&eacute;cnicos y hombres de ciencia, institutos de investigaci&oacute;n, que orient&eacute;is vuestros trabajos hacia la b&uacute;squeda de nuevos medios de lucha contra la desertizaci&oacute;n; &iquest;se frenar&iacute;a el progreso de la ciencia si se la pusiera al servicio de la vida del hombre? La ciencia puede y debe tener otros fines que buscar nuevos medios de muerte, creadores de nuevos desiertos, o incluso la satisfacci&oacute;n de necesidades superficiales creadas por la publicidad. Por eso os pido tambi&eacute;n a los que trabaj&aacute;is en los medios de comunicaci&oacute;n social, periodistas de la prensa, de la radio y de la televisi&oacute;n: hablad de este problema seg&uacute;n su verdadera dimensi&oacute;n, la de la persona humana disminuida y mutilada. Sin buscar efectos in&uacute;tiles, mostrad las soluciones posibles, lo que ya ha sido hecho y lo que queda por hacer. &iquest;No es una hermosa tarea la de despertar la generosidad y la buena voluntad&#8217;? Escuchad todos esta llamada, os lo suplico, escuchad estas voces del Sahel y de todos los pa&iacute;ses v&iacute;ctimas de la sequ&iacute;a sin ninguna excepci&oacute;n. Y a todos vosotros os digo: &quot;Dios os recompensar&aacute;&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Pero quiero tambi&eacute;n dirigirme en particular a vuestros hermanos cat&oacute;licos de todo el mundo, que viven en pa&iacute;ses m&aacute;s favorecidos. Que mediten esta expresi&oacute;n tan conocida de San Vicente de Pa&uacute;l, uno de los h&eacute;roes de la caridad y del amor a los pobres. A quien le preguntaba, al final de su vida, qu&eacute; m&aacute;s hubiera podido hacer por el pr&oacute;jimo, respond&iacute;a: &quot;Todav&iacute;a m&aacute;s&quot;. La gloria de la caridad cristiana, de este amor que nos tenemos los unos a los otros, derramado por el Esp&iacute;ritu Santo en nuestros corazones, es el querer hacer siempre &quot;m&aacute;s&quot;. Y por eso os digo: los que tienen hambre y sed en el mundo est&aacute;n ahora a vuestro alcance. Los medios modernos permiten venir a ayudarles. No deb&eacute;is deteneros exclusivamente en las responsabilidades pol&iacute;ticas nacionales e internacionales. M&aacute;s all&aacute; del deber universal de solidaridad, vuestra fe debe conduciros a examinar vuestras posibilidades reales, a examinar, personalmente y en familia, si demasiado a menudo no se llama necesario a lo que en realidad es superfluo. Es el Se&ntilde;or quien nos invita a hacer &quot;m&aacute;s&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">9. Quiero expresaros a todos tambi&eacute;n mi confianza. Su fundamento es este amor del Se&ntilde;or que nos une, nuestra participaci&oacute;n, en la inmensidad del mundo, en su &uacute;nico sacrificio, pues todos nosotros comemos un mismo pan y compartimos el mismo c&aacute;liz (cf. <i>1 Cor<\/i> 10, 17). Que el Se&ntilde;or, a quien juntos dirigimos nuestra oraci&oacute;n y que va a venir sacramentalmente entre nosotros para que lo recibamos, nos haga progresar en su amor y haga saltar en todos los corazones el agua ele la vida eterna, Am&eacute;n,<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA ANTE LA CATEDRAL DE UAGADUGU S&aacute;bado 10 de mayo de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 1. &quot;Los pobres, los menesterosos buscan el agua&#8230; Yo, Yav&eacute;, los oir&eacute;&#8230; Yo har&eacute; brotar manantiales en las alturas peladas&#8230;&quot; (Is 41, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1980-misa-ante-la-catedral-de-uagadugu\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de mayo de 1980, Misa ante la catedral de Uagadugu\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39649","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39649","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39649"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39649\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39649"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39649"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39649"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}