{"id":39650,"date":"2016-10-05T22:57:09","date_gmt":"2016-10-06T03:57:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-1980-misa-para-los-catequistas-kumasi\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:09","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:09","slug":"9-de-mayo-de-1980-misa-para-los-catequistas-kumasi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-1980-misa-para-los-catequistas-kumasi\/","title":{"rendered":"9 de mayo de 1980, Misa para los catequistas, Kumasi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA PARA LOS CATEQUISTAS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p> <i>Kumasi, Ghana<br \/> Viernes 9 de mayo de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">I. Hoy es d&iacute;a de gran alegr&iacute;a, y yo he esperado este d&iacute;a desde hace mucho tiempo. He deseado venir y decir a los catequistas cu&aacute;nto los amo, cu&aacute;nto los necesita la Iglesia. Hoy es tambi&eacute;n d&iacute;a de profundo significado porque Jes&uacute;s \u2014el Hijo de Dios, el Se&ntilde;or de la historia, el Salvador del mundo\u2014 est&aacute; presente en medio de nosotros. A trav&eacute;s de su santo Evangelio nos habla con las palabras que dirigi&oacute; una vez a sus disc&iacute;pulos: &quot;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues; ense&ntilde;ad a todas las gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo, ense&ntilde;&aacute;ndoles a observar todo cuanto os he mandado. Yo estar&eacute; con vosotros siempre&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 18-20).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Este mandato y esta promesa de Jes&uacute;s inspiraron la evangelizaci&oacute;n de Ghana y de toda &Aacute;frica, orientando la vida de cuantos han colaborado en la causa del Evangelio. De modo particular estas palabras se grabaron en el coraz&oacute;n de numerosos catequistas, el siglo pasado. Y hoy intento manifestar la profunda estima de la Iglesia por estos devotos trabajadores al servicio del Evangelio. Expreso la gratitud de toda la Iglesia cat&oacute;lica a los catequistas, que est&aacute;n presentes hoy, a sus predecesores en la fe, a sus colegas catequistas en el continente africano: gratitud por la ayuda prestada para reclutar disc&iacute;pulos de Cristo; por la ayuda que dan al pueblo para creer que Jesucristo es Hijo de Dios; por la ayuda al instruir a sus hermanos y hermanas en su vida y edificar as&iacute; su Cuerpo, la Iglesia. Esta actividad catequ&iacute;stica se ha desplegado con la palabra y con el ejemplo, y la entrega de innumerables catequistas y su adhesi&oacute;n profunda a la persona de Jesucristo son un cap&iacute;tulo de gloria en la historia de esta tierra y de este continente.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La Iglesia reconoce en estos catequistas a personas llamadas a ejercitar una particular tarea eclesial, una participaci&oacute;n especial en la responsabilidad de hacer avanzar el Evangelio. Ve en ellos a los testigos de la fe, siervos de Jesucristo y de su Iglesia, colaboradores eficaces en la misi&oacute;n de establecer, desarrollar e incrementar la vida de la comunidad cristiana. En la historia de la evangelizaci&oacute;n muchos de estos catequistas han sido, de hecho, maestros de religi&oacute;n, gu&iacute;as de sus comunidades, celosos misioneros laicos, modelos de fe. Han ayudado fielmente a los misioneros y al clero local, apoyando su ministerio con el cumplimiento de su tarea caracter&iacute;stica.<\/p>\n<p align=\"left\">Los catequistas han prestado muchos servicios vinculados con la difusi&oacute;n del conocimiento de Cristo, con la fundaci&oacute;n de la Iglesia, con la inserci&oacute;n cada vez m&aacute;s profunda de la potencia transformadora y regeneradora del Evangelio en la vida de sus hermanos y hermanas. Han asistido al pueblo en muchas de sus exigencias humanas, contribuyendo al desarrollo y al progreso.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En todo esto han hecho conocer expl&iacute;citamente el nombre y la persona de Jesucristo, su ense&ntilde;anza, su vida, sus promesas y su Reino. Las comunidades que ellos han ayudado a construir, se basan en los mismos elementos que se encuentran en la Iglesia primitiva: en la ense&ntilde;anza y la fraternidad de los Ap&oacute;stoles, en la Eucarist&iacute;a y en la oraci&oacute;n (cf. <i>Act<\/i> 2, 42). As&iacute;, el se&ntilde;or&iacute;o de Cristo se facilitaba en una comunidad despu&eacute;s de otra, de una en otra generaci&oacute;n. Mediante su trabajo generoso, el mandamiento de Cristo se cumpli&oacute; continuamente y su promesa se verific&oacute;.<\/p>\n<p align=\"left\">5. La Iglesia no s&oacute;lo est&aacute; agradecida por cuanto han realizado los catequistas en el pasado, sino que tiene confianza para el futuro. A pesar de las nuevas circunstancias, de las nuevas exigencias y de los nuevos obst&aacute;culos, la importancia de este gran apostolado no ha disminuido, porque siempre ser&aacute; necesario desarrollar una fe inicial y guiar al pueblo a la plenitud de la vida cristiana. Una creciente conciencia de la dignidad e importancia de la tarea del catequista es consecuencia de la insistencia del Concilio Vaticano II sobre el hecho de que toda la Iglesia est&aacute; implicada en la responsabilidad del Evangelio. S&oacute;lo con la colaboraci&oacute;n de sus catequistas la Iglesia podr&aacute; responder adecuadamente al desaf&iacute;o que he descrito en mi Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica sobre la catequesis en nuestro tiempo: &quot;En este final del siglo XX, Dios y los acontecimientos, que son otras tantas llamadas de su parte, invitan a la Iglesia a renovar su confianza en la acci&oacute;n catequ&eacute;tica como en una tarea absolutamente primordial de su misi&oacute;n. Es invitada a consagrar a la catequesis sus mejores recursos de hombres y energ&iacute;as, sin ahorrar esfuerzos, fatigas y medios materiales para organizarla mejor y formar personal capacitado. En ello no hay un mero c&aacute;lculo humano, sino una actitud de fe&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i>, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">6. La Sagrada Congregaci&oacute;n para la Evangelizaci&oacute;n de los Pueblos, numerosos obispos y Conferencias Episcopales han valorado fuertemente la importancia de la formaci&oacute;n de catequistas, y en esto son dignos del m&aacute;s amplio elogio. El destino de la Iglesia en &Aacute;frica est&aacute; vinculado indudablemente al &eacute;xito de esta iniciativa. Por ello deseo animar plenamente este maravilloso trabajo. El futuro de la actividad catequ&iacute;stica depender&aacute; de profundos programas de preparaci&oacute;n, que comprendan una instrucci&oacute;n cada vez mayor para los catequistas, que den prioridad a su formaci&oacute;n espiritual y doctrinal, poni&eacute;ndolos en disposici&oacute;n de experimentar en alguna medida el sentido aut&eacute;ntico de la comunidad cristiana que est&aacute;n llamados a edificar.<\/p>\n<p align=\"left\">Los subsidios de la catequesis merecen tambi&eacute;n la debida atenci&oacute;n, incluso un eficaz material catequ&eacute;tico que tenga presente la necesidad de encarnar el Evangelio en determinadas culturas locales. Por esto, toda la Iglesia debe sentirse interesada para afrontar las dificultades y los problemas inherentes al sostenimiento de los programas catequ&iacute;sticos. De mocho especial, toda la comunidad eclesial debe manifestar su propia estima por la importante vocaci&oacute;n del catequista, que debe sentirse apoyado por sus propios hermanos y hermanas.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Sobre todo, para asegurar el &eacute;xito de toda actividad catequ&iacute;stica, es necesario que quede cristalinamente clara la finalidad misma de la catequesis: la catequesis es un trabajo de fe que va m&aacute;s all&aacute; de toda t&eacute;cnica; es un compromiso de la Iglesia de Cristo. Su objeto primario y esencial es el misterio de Cristo; su finalidad definitiva es poner a la gente en comuni&oacute;n con Cristo (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i>, 5). A trav&eacute;s de la catequesis contin&uacute;a la actividad de Jes&uacute;s Maestro; El solicita de sus hermanos la adhesi&oacute;n a su persona, y mediante su palabra y sus sacramentos los gu&iacute;a al Padre y a la plenitud de vida en la Sant&iacute;sima Trinidad.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Reunidos aqu&iacute; hoy para celebrar el Sacrificio eucar&iacute;stico, expresamos nuestra confianza en la potencia del Esp&iacute;ritu Santo para que contin&uacute;e haciendo surgir y sosteniendo, para la gloria del Reino de Dios, nuevas generaciones de catequistas, transmisores fieles de la Buena Nueva de salvaci&oacute;n y testigos de Cristo y de Cristo crucificado.<\/p>\n<p align=\"left\">9. Hoy la Iglesia ofrece a los catequistas el signo del amor de Cristo, el gran s&iacute;mbolo de la redenci&oacute;n: la cruz del Salvador. Para los catequistas de todo tiempo la cruz constituye la credencial de autenticidad y la medida del &eacute;xito. El mensaje de la cruz es, realmente, &quot;el poder de Dios&quot; (<i>1Cor<\/i> 1, 18).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos catequistas, queridos hermanos y hermanas: Al realizar vuestra tarea, al comunicar a Cristo, recordad las palabras de un precursor de la catequesis en el siglo IV, San Cirilo de Jerusal&eacute;n: &quot;La Iglesia cat&oacute;lica est&aacute; orgullosa de todas las acciones de Cristo, pero su gloria mayor est&aacute; en la cruz&quot; (<i>Catechesi,<\/i> 13),<\/p>\n<p align=\"left\">Con esta cruz, con el crucifijo que hoy recib&iacute;s como se&ntilde;al de vuestra misi&oacute;n en la Iglesia, proseguid confiadamente y llenos de alegr&iacute;a. Y recordad tambi&eacute;n que Mar&iacute;a est&aacute; siempre cercana a Jes&uacute;s, junto a El, est&aacute; siempre junto a la cruz. Ella os guiar&aacute; inc&oacute;lumes a la victoria de la resurrecci&oacute;n y os ayudar&aacute; a comunicar a los otros el misterio pascual de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos catequistas de Ghana y de toda &Aacute;frica: Cristo os llama a su servicio; la Iglesia os env&iacute;a. El Papa os bendice y os encomienda a la Reina del cielo.<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA MISA PARA LOS CATEQUISTAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Kumasi, Ghana Viernes 9 de mayo de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: I. Hoy es d&iacute;a de gran alegr&iacute;a, y yo he esperado este d&iacute;a desde hace mucho tiempo. 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