{"id":39652,"date":"2016-10-05T22:57:12","date_gmt":"2016-10-06T03:57:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-1980-misa-en-el-uhuru-park-de-nairobi-kenia\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:12","slug":"7-de-mayo-de-1980-misa-en-el-uhuru-park-de-nairobi-kenia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-1980-misa-en-el-uhuru-park-de-nairobi-kenia\/","title":{"rendered":"7 de mayo de 1980, Misa en el Uhuru Park de Nairobi, Kenia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL &laquo;UHURU PARK&raquo;<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b> <br \/> Nairobi, Kenia<br \/> Mi&eacute;rcoles 7 de mayo de 198<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>0<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerables hermanos en el Episcopado, <br \/> queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Nos hemos reunido hoy aqu&iacute; para alabar y glorificar a nuestro Padre celestial. Hombres y mujeres de ambientes diversos nos hemos congregado en este lugar y sin embargo estamos unidos en El &quot;en quien todo subsiste&quot; (<i>Col<\/i> 1, 17), todos unidos en la mesa de la Palabra de Dios y en el altar del Sacrificio.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi coraz&oacute;n rebosa de gratitud hacia Dios por este d&iacute;a y por esta oportunidad de celebrar la Eucarist&iacute;a con vosotros y de cantar alabanzas al Se&ntilde;or por haber reconciliado todo consigo mismo, &quot;pacificando con la sangre de su cruz&quot; (<i>Col<\/i> 1, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">El d&iacute;a en que fue crucificado, Jes&uacute;s le dijo a Pilato: &quot;Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 18, 37). Jes&uacute;s no vino para hacer su propia voluntad, sino la voluntad de su Padre celestial. El dio testimonio de la verdad a trav&eacute;s de sus palabras, de sus obras y de su misma existencia. En Jes&uacute;s fue derrotada la tiran&iacute;a del enga&ntilde;o y la falsedad, la tiran&iacute;a de la mentira y del error, y la tiran&iacute;a del pecado. Pues <i>Cristo es la Palabra viva de la verdad divina que prometi&oacute;<\/i>: &quot;Si permanec&eacute;is en mi palabra, ser&eacute;is en verdad disc&iacute;pulos m&iacute;os y conocer&eacute;is la verdad, y la verdad os librar&aacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 31 s.).<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>La Iglesia ha recibirlo de Cristo esta misma misi&oacute;n<\/i>: cultivar un profundo amor y veneraci&oacute;n por la verdad y conjugar con la fe los puntos de vista y las ense&ntilde;anzas de la sabidur&iacute;a humana, siempre para dar testimonio de la verdad. En todo tiempo y lugar la Iglesia avanza en esta misi&oacute;n, con la confianza de que si Dios es la fuente suprema de toda verdad, no puede existir oposici&oacute;n entre la sabidur&iacute;a natural y las verdades de la fe.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Todos los fieles,<\/i> queridos hermanos y hermanas, tienen un papel que cumplir en la misi&oacute;n de la Iglesia en favor de la verdad. Por esta raz&oacute;n afirm&eacute; en mi Enc&iacute;clica que la &quot;responsabilidad de la Iglesia por la verdad divina debe ser cada vez m&aacute;s, y de distintos modos, compartida por todos, sin excluir a los especialistas en las distintas materias, los representantes de las ciencias naturales, de las letras, los m&eacute;dicos, los juristas, los hombres del arte y de la t&eacute;cnica, los profesores de los distintos grados y especializaciones. Todos ellos \u2014como miembros del Pueblo de Dios\u2014 tienen su propia parte en la misi&oacute;n prof&eacute;tica de Cristo, en su servicio a la verdad divina&quot; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PK.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> 19). Hay que prestar una cuidadosa atenci&oacute;n a esta responsabilidad de dar testimonio de la verdad, dentro de la comuni&oacute;n de los fieles y de un modo especial dentro de la comunidad cristiana local. En su Mensaje a &Aacute;frica, mi predecesor Pablo VI dirigi&oacute; unas palabras especiales a los intelectuales de este continente, precisamente porque estaba convencido de la importancia de su misi&oacute;n al servicio de la verdad. Y sus palabras resuenan hoy todav&iacute;a: &quot;&Aacute;frica tiene necesidad de vosotros, de vuestro estudio, de vuestra investigaci&oacute;n, de vuestro arte, de vuestro magisterio&#8230; Vosotros represent&aacute;is el prisma a trav&eacute;s del cual las concepciones nuevas y las transformaciones culturales pueden ser interpretadas y explicadas a todos. Sed, pues, honrados, sinceros y leales&quot; (n&uacute;m. 32).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Hemos de comenzar nuestro testimonio de la verdad <i>cultivando el hambre de la Palabra de Dios,<\/i> el deseo de recibir y aceptar de coraz&oacute;n el mensaje vivificante del Evangelio en toda su plenitud. Cuando escuch&aacute;is atentamente la voz del Salvador y luego la pon&eacute;is en pr&aacute;ctica, realmente est&aacute;is compartiendo la misi&oacute;n de la Iglesia al servicio de la verdad. Est&aacute;is dando testimonio al mundo de que confi&aacute;is firmemente en la promesa que Dios hizo por medio de Isa&iacute;as: &quot;Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven all&aacute; sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, \/ dando la simiente para sembrar y el pan para comer, \/ as&iacute; la palabra que sale de mi boca no vuelve a m&iacute; vac&iacute;a, \/ sino que hace lo que yo quiero \/ y cumple su misi&oacute;n&quot; (<i>Is<\/i> 55, 10-11). No podr&eacute;is ser mensajeros de la verdad si primero no sois verdaderos oyentes de la Palabra de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Cuando Pilato pregunt&oacute; a Jes&uacute;s si era rey, su respuesta fue clara y sin ambig&uuml;edades: &quot;Mi reino no es de este mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 18, 35). Cristo vino a traer la vida y la salvaci&oacute;n a cada ser humano: su misi&oacute;n no fue de orden social, econ&oacute;mico o pol&iacute;tico. Del mismo modo Cristo no confi&oacute; a su Iglesia una misi&oacute;n social, econ&oacute;mica o pol&iacute;tica,. sino m&aacute;s bien religiosa (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 42). Sin embargo ser&iacute;a un error pensar que cada cristiano en particular debe estar ausente de estos &aacute;mbitos da la vida social. A este respecto fueron muy claros los Padres del Concilio Vaticano II: &quot;El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m&aacute;s graves errores de nuestra &eacute;poca&#8230; El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el pr&oacute;jimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvaci&oacute;n&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 43).<\/p>\n<p align=\"left\">Los cristianos, por tanto, y de un modo especial vosotros, los laicos, est&aacute;n llamados por Dios a <i>inserirse en el mundo a fin de transformarlo seg&uacute;n el Evangelio<\/i>. Al llevar a cabo esta tarea, juega un importante papel vuestro compromiso personal con la verdad y la honestidad, pues el sentido de responsabilidad en favor de la verdad es uno de los lugares de encuentro fundamentales entre la Iglesia y la sociedad, entre la Iglesia y cada hombre y mujer (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PK.HTM\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> 19). La fe cristiana no os proporciona soluciones prefabricadas para los complejos problemas que afectan a la sociedad contempor&aacute;nea. Pero s&iacute; os da una visi&oacute;n profunda de la naturaleza del hombre y de sus exigencias, que os impulsa a proclamar la verdad en el amor, y a asumir vuestras responsabilidades como buenos ciudadanos y a trabajar con los que os rodean para construir una sociedad, cuyos valores humanos sean alimentados y profundizados por una visi&oacute;n cristiana compartida de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Uno de estos aspectos que ocupa un important&iacute;simo lugar en la sociedad y en la vocaci&oacute;n total de cada persona humana es <i>la cultura<\/i>. &quot;Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadera y plenamente humano si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallan unidas estrech&iacute;simamente&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 53). Un cristiano debe colaborar con alegr&iacute;a en la promoci&oacute;n de la verdadera cultura, porque sabe que la Buena Noticia de Cristo refuerza en el hombre los valores espirituales que se hallan en el coraz&oacute;n de la cultura de cada pueblo y de cada per&iacute;odo de la historia. La Iglesia, que se encuentra como en su casa en cualquier cultura, sin hacer suya con exclusividad ninguna de ellas, anima a sus hijos e hijas a trabajar activamente en las escuelas, las universidades, y dem&aacute;s instituciones de ense&ntilde;anza, entregando lo mejor de s&iacute; mismos a esta actividad,<\/p>\n<p align=\"left\">Armonizando aquellos valores que son herencia exclusiva de cada pueblo o grupo, con el contenido del Evangelio, el cristiano ayudar&aacute; a su propio pueblo a lograr una verdadera libertad y la capacidad de hacer frente a los desaf&iacute;os de los tiempos. Cada cristiano, unido a Cristo por el misterio del bautismo, trabajar&aacute; por adecuarse al designio del Padre sobre su Hijo &quot;recapitulando todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Otro reto importante para el cristiano es el de la <i>vida pol&iacute;tica<\/i>. En el Estado los ciudadanos tienen el derecho y la obligaci&oacute;n de participar en la vida pol&iacute;tica. Pues una naci&oacute;n podr&aacute; asegurar el bien com&uacute;n de todos y los sue&ntilde;os y aspiraciones de sus diferentes miembros, s&oacute;lo en la medida en que todos sus ciudadanos, con plena libertad y completa responsabilidad, contribuyan voluntaria y desinteresadamente al bien de todos,<\/p>\n<p align=\"left\">Las obligaciones de un buen ciudadano cristiano no pueden reducirse a evitar la corrupci&oacute;n, o a no explotar a los dem&aacute;s, sino que incluyen una contribuci&oacute;n positiva al establecimiento de leyes justas y estructuras que sostengan los valores humanos. Cuando un hombre o mujer cristiana se encuentre con la injusticia o con algo que est&eacute; en contra del amor, la paz y la unidad de la sociedad, debe preguntarse: &quot;&iquest;En qu&eacute; me he quedado corto? &iquest;Qu&eacute; es lo que he hecho mal? &iquest;Qu&eacute; no he hecho de aquello que me exig&iacute;a mi vocaci&oacute;n a la verdad&#8217;? &iquest;He pecado por omisi&oacute;n?&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Hoy, aqu&iacute;, en Kenia, como he hecho antes muchas veces, quiero dirigir un mensaje particular <i>a los matrimonios y a las familias<\/i>. La familia es la comunidad humana fundamental; constituye la primera c&eacute;lula vital de toda sociedad. Por eso, la fuerza y la vitalidad de cualquier pa&iacute;s, ser&aacute; tan grande, como la fuerza y la vitalidad de sus familias. Ning&uacute;n grupo produce un impacto tan grande en un pa&iacute;s como la familia. No existe grupo alguno que tenga un papel tan decisivo en el futuro del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Por este motivo, los matrimonios cristianos poseen una misi&oacute;n irreemplazable en el mundo actual. El amor generoso y la fidelidad de marido y mujer aportan estabilidad y esperanza a un mundo azotado por el odio y la divisi&oacute;n. A trav&eacute;s de la perseverancia continuada en un amor de por vida muestran el car&aacute;cter indisoluble y sagrado del v&iacute;nculo sacramental del matrimonio. A la vez la familia cristiana es quien favorece m&aacute;s sencilla y profundamente la dignidad y el valor de la vida humana desde el momento de la concepci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La familia cristiana es tambi&eacute;n el santuario dom&eacute;stico de la Iglesia. En un hogar cristiano se pueden encontrar aspectos diversos de toda la Iglesia, tales como el amor mutuo, escucha atenta de la Palabra de Dios y la oraci&oacute;n en com&uacute;n. El hogar es el lugar, en que es recibido y vivido el Evangelio, y el lugar desde donde &eacute;ste se difunde. As&iacute; la familia testimonia diariamente, incluso sin hablar, la verdad y la gracia de la Palabra de Dios. Por esta raz&oacute;n afirm&eacute; en mi Enc&iacute;clica que &quot;los esposos&#8230; deben con todas sus fuerzas tratar de perseverar en la uni&oacute;n matrimonial, construyendo con el testimonio del amor la comunidad familiar y educando nuevas generaciones de hombres, capaces de consagrar tambi&eacute;n ellos toda su vida a la propia vocaci&oacute;n, o sea, a aquel &#8216;servicio real&#8217; cuyo ejemplo m&aacute;s hermoso nos lo ha ofrecido Jesucristo&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PM.HTM\">Redemptor hominis<\/a>, <\/i>21).<\/p>\n<p align=\"left\">8. Queridos hermanos y hermanas: todas las familias que constituyen la Iglesia, y todos los individuos que constituyen las familias \u2014todos nosotros juntos\u2014, estamos llamados a caminar con Cristo, dando testimonio de su verdad en las vicisitudes de nuestra vida diaria. De este modo podremos impregnar la sociedad con la levadura del Evangelio, la &uacute;nica que puede transformarla en el Reino de Cristo: &iexcl;un Reino de verdad y de vida, un Reino de santidad y de gracia, un Reino de justicia, de amor y de paz! Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL &laquo;UHURU PARK&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Nairobi, Kenia Mi&eacute;rcoles 7 de mayo de 1980 &nbsp; Venerables hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas en Cristo: 1. Nos hemos reunido hoy aqu&iacute; para alabar y glorificar a nuestro Padre celestial. 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