{"id":39653,"date":"2016-10-05T22:57:13","date_gmt":"2016-10-06T03:57:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-mayo-de-1980-misa-en-kisangani-zaire\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:13","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:13","slug":"6-de-mayo-de-1980-misa-en-kisangani-zaire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-mayo-de-1980-misa-en-kisangani-zaire\/","title":{"rendered":"6 de mayo de 1980, Misa en Kisangani, Zaire"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN KISANGANI<\/b><\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Martes 6 de mayo de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas,<br \/> queridos hijos e hijas de la Iglesia: <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Nuestro breve encuentro de ayer tarde en la plaza de esta catedral me hizo suponer que ser&iacute;ais muy numerosos los que participar&iacute;ais en la Eucarist&iacute;a de esta ma&ntilde;ana. &iexcl;Gracias de todo coraz&oacute;n! Gracias a vosotros, gracias a cuantos os han pedido que les represent&eacute;is, porque la distancia o la enfermedad les impiden estar aqu&iacute; presentes. Ruego por ellos y les bendigo. Vuestra masiva presencia alegra grandemente al Se&ntilde;or, y a m&iacute; me llena de gozo. Vi&eacute;ndoos, pienso en el Apocalipsis de San Juan que leemos los domingos de Pascua. Todas las naciones, todas las razas, todas las lenguas participan en el interminable cortejo de quienes llevan marcado en la frente el sello de Dios. Pensad en vuestro bautismo y en vuestra confirmaci&oacute;n. Cristianos de Kisangani y de esta gran zona rural: vosotros form&aacute;is parte de esa multitud inmensa que San Juan no pod&iacute;a enumerar. Sois el Pueblo de Dios que camina hoy por tierras de &Aacute;frica y viv&iacute;s vuestra pertenencia al Se&ntilde;or a trav&eacute;s de las realidades del mundo rural. Quisiera meditar con vosotros sobre estos dos aspectos de vuestra existencia concreta y, como broche final, ayudaros a contemplar a la que el Concilio Vaticano II ha presentado tan acertadamente como Madre de la Iglesia, y a quien nosotros esta ma&ntilde;ana rezamos bajo la advocaci&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Como las primeras comunidades cristianas de Jerusal&eacute;n, de Antioqu&iacute;a, de Corinto, de Roma, nacieron de la predicaci&oacute;n de la Buena Nueva, que es esencialmente el misterio de Cristo, vuestros puestos de &quot;misi&oacute;n&quot; y vuestras parroquias surgieron, hace cien a&ntilde;os, del anuncio del Evangelio a vuestros padres en la fe. Al comienzo, fue obra de los misioneros venidos de lejos, ardiendo en amor por Cristo y por vosotros. Os propon&iacute;an el mensaje que tambi&eacute;n ellos hab&iacute;an recibido, porque nadie lo descubre por s&iacute; mismo, sino que se recibe de la Iglesia. Los cristianos&nbsp; de esta regi&oacute;n han llegado a ser todo un pueblo, con sus Pastores elegidos de entre los hijos de este pa&iacute;s. Y todos juntos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, sois la iglesia, form&aacute;is parte de ese inmenso Pueblo de Dios surgido en Pentecost&eacute;s y destinado a conocer la plenitud entrevista por San Juan. Aqu&iacute; abajo, ese pueblo ha conocido pruebas y a veces humillaciones y persecuciones. Incluye m&aacute;rtires y santos, como vuestros compatriotas que prefirieron sacrificar su vida, antes que dejar de ser fieles a su bautismo, o como sor Anwarita, a quien la Iglesia se dispone a beatificar. Quiz&aacute; algunos est&aacute;n demasiado acostumbrados a reducir la Iglesia &uacute;nicamente a lo que es visible o tambi&eacute;n a sus responsables, a sus instituciones, a su organizaci&oacute;n. En realidad, como muy bien lo ha dicho el reciente Concilio, la Iglesia-Pueblo de Dios es un misterio.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &iquest;Qu&eacute; es, pues, este <i>misterio?<\/i> Una acertad&iacute;sima expresi&oacute;n del Ap&oacute;stol Pablo a los cristianos de Corinto os ayudar&aacute; a comprenderlo: &quot;Sois el Cuerpo de Cristo y sus miembros parciales&quot; (<i>1 Cor<\/i> 12, 27). O tambi&eacute;n: &quot;Cristo es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia&quot; (<i>Col<\/i> 1, 18). Estamos misteriosamente unidos e integrados en la vida de Cristo resucitado, glorificado a la diestra de Dios, como los miembros lo est&aacute;n con la cabeza. La Iglesia es el Cristo viviente hoy en todos los continentes, en todos los que se han convertido o se convierten incesantemente a El, hasta el punto de que su vida ya no es solamente su vida, sino la de Cristo en ellos. Recib&iacute;s el cuerpo eucar&iacute;stico de Cristo para ser m&aacute;s todav&iacute;a miembros de su Cuerpo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Cristianos de la regi&oacute;n de Kisangani, &iquest;ten&eacute;is esta visi&oacute;n misteriosa y din&aacute;mica de la Iglesia, de vuestra <i>ligaz&oacute;n vital con Cristo<\/i> y con los otros miembros de Cristo? Eso debe verificarse en el estilo de vuestras celebraciones eucar&iacute;sticas dominicales, que vosotros quer&eacute;is que sean dignas, festivas y orantes. Eso debe verificarse tambi&eacute;n en vuestras conductas cotidianas, en familia, en vuestro barrio, en vuestro pueblo. Para realizar as&iacute; verdaderamente esa Iglesia, esa familia cristiana ligada a Cristo, conviene tener, y vosotros ya lo hac&eacute;is, otras reuniones de oraci&oacute;n, de reflexi&oacute;n, de retiro, de ayuda mutua, para ser mejores disc&iacute;pulos de Cristo y vivir su fraternidad en los ambientes de vuestra vida y de vuestro trabajo. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Concretamente, vosotros sois <i>la Iglesia, el Cristo viviente en el mundo rural<\/i>. Este marco social os distingue y ten&eacute;is la misi&oacute;n de hacerlo m&aacute;s digno de Dios y, consiguientemente, m&aacute;s humano. As&iacute; es como deb&eacute;is sentiros especialmente cercanos a Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">La vida terrena de Jes&uacute;s, en efecto, se desenvolvi&oacute; sobre todo en una civilizaci&oacute;n esencialmente agraria. Pas&oacute; treinta a&ntilde;os en una de las aldeas de Palestina, en Nazaret., durante su vida p&uacute;blica visit&oacute; numerosas poblaciones de campesinos y de modestos pescadores. Contempl&oacute; ampliamente y am&oacute; la naturaleza, las flores, los &aacute;rboles, las estaciones, los trabajos agr&iacute;colas, los del labrador, del segador, del vi&ntilde;ador, del pastor de ganado, de la mujer que va a sacar agua, amasar el pan, preparar la comida. Conoci&oacute; las costumbres locales que acompasaban la vida. Particip&oacute; en los acontecimientos de las aldeas: la hospitalidad ofrecida a los amigos, las bodas, los duelos. Se entretuvo con los ni&ntilde;os que jugaban, con los enfermos que sufr&iacute;an. Lo sabemos, porque utiliz&oacute; maravillosamente todas esas observaciones para hacer comprender a sus oyentes los misterios del Reino de Dios que ven&iacute;a a revelar, hasta el punto de que el Evangelio es para vosotros, habitantes del mundo rural, un libro de lenguaje ameno, que encontr&aacute;is muy accesible.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Pero hay algo m&aacute;s profundo todav&iacute;a que esta proximidad de simpat&iacute;a con Jes&uacute;s de Nazaret. Y es que Jes&uacute;s es el <i>Hijo de Dios &quot;encarnado&quot;<\/i>, venido en la carne, para vivir las realidades .concretas de nuestra existencia, a la vez como hombre y como Hijo de Dios. &iexcl;Es un misterio inaudito! Vosotros present&iacute;s la dignidad que confiere a vuestra vida de humildes trabajadores, porque El la vivi&oacute; en Nazaret, en Palestina. Y la vivi&oacute; bajo la mirada de Dios su Padre, &iacute;ntimamente unido a El, en acci&oacute;n de gracias. Ofreci&oacute; a Dios todos los gozos y todas las penas de esa vida. La vivi&oacute; con sencillez, pureza de coraz&oacute;n, con decisi&oacute;n, como un servidor, como un amigo que acog&iacute;a a los enfermos, a los afligidos, a los pobres de toda clase, con un amor que nadie superar&aacute; y que nos dej&oacute; en testamento: amaos, como yo os he amado. Y esa misma vida que, a trav&eacute;s de la prueba de su sacrificio, ofreci&oacute; para liberar al mundo de sus pecados, es ahora glorificada junto a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Yo os invito paralelamente, queridos amigos, a tomar conciencia de la dignidad de vuestra vida, que ha sido <i>santificada<\/i> por Cristo y rescatada por El en los misterios de su Encarnaci&oacute;n y de su Redenci&oacute;n, y a hacer de ella, tambi&eacute;n vosotros, una <i>ofrenda<\/i> agradable a Dios imprimiendo en ella el sello de la oraci&oacute;n y del amor. Esta perspectiva transformar&aacute; ya desde dentro vuestra vida y os har&aacute; participar de la santidad de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Y pienso que ella podr&aacute; tambi&eacute;n estimularos a transformar <i>las condiciones de vuestra vida rural<\/i> cuando se deterioren por la negligencia o el pecado, e impidan a los hombres vivir con dignidad, esperanza y paz. Porque el Reino de los cielos, para el que nos preparamos, debe ya encontrar alg&uacute;n esbozo en esta vida terrena. Ese progreso tiene mucha importancia para el Reino de Dios (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 39).<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, tomando conciencia de la dignidad de vuestra vida y de vuestro trabajo, con amor generoso y cristiano, tratar&eacute;is de hacerlos m&aacute;s dignos para vosotros y para los dem&aacute;s. No consentir&eacute;is que los campesinos sean considerados como hombres o mujeres de segundo grado. No os resignar&eacute;is a que algunos sean aplastados por la miseria o v&iacute;ctimas de la injusticia. No ser&iacute;a justo ni conforme al Evangelio de Cristo que los m&aacute;s fuertes o los m&aacute;s afortunados explotaran a los dem&aacute;s; Santiago denunciaba ya este mal (cf. <i>Sant<\/i> 4, 13; 5, 6). Deb&eacute;is ayudaros mutuamente para hacer frente a las dificultades. Reflexionad unidos y emprended en com&uacute;n obras, que ser&aacute;n modestas \u2014ya que por vuestra cuenta no ten&eacute;is los medios necesarios para actuar eficazmente\u2014, pero resultar&aacute;n realistas. Apegados como est&aacute;is a vuestra tierra, contribuir&eacute;is a frenar el &eacute;xodo rural, tan perjudicial para la vida del campo y para toda la naci&oacute;n. Vuestro pa&iacute;s debe satisfacer sus necesidades alimenticias; los productos agr&iacute;colas son m&aacute;s necesarios que ciertos productos de lujo. El desarrollo industrial de los pa&iacute;ses africanos necesita el desarrollo agr&iacute;cola, pues sobre &eacute;l se basa. En ello le va la vida de sus hijos.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Ciertamente, las Iglesias cristianas no van a proponer por su cuenta ni encontrar soluciones t&eacute;cnicas para la ordenaci&oacute;n del mundo rural. Pero son depositarias del sentido evang&eacute;lico que hay que dar a la vida de los hombres y de las sociedades. Y los cristianos, formados por ellas, aportar&aacute;n a esas soluciones humanas una dimensi&oacute;n que aclarar&aacute; la elecci&oacute;n de objetivos y de m&eacute;todos. Cuidar&aacute;n, por ejemplo, el respeto a las personas. Se preocupar&aacute;n de los peque&ntilde;os y de los d&eacute;biles. Su honradez no tolerar&aacute; la corrupci&oacute;n. Buscar&aacute;n estructuras m&aacute;s justas en el aspecto financiero. Fomentar&aacute;n la ayuda mutua, la solidaridad. Tratar&aacute;n de dar a su comunidad un aspecto fraternal. Ser&aacute;n los art&iacute;fices de la paz. Se considerar&aacute;n <i>como gestores de la creaci&oacute;n<\/i> de Dios, que no se puede jam&aacute;s desperdiciar ni rebajar de grado, porque est&aacute; confiada a los hombres para bien de todos. Evitar&aacute;n que se instale un materialismo que ser&iacute;a en realidad una esclavitud. En resumen, han de querer trabajar, desde ahora, por un mundo m&aacute;s digno de los hijos de Dios. Es el papel que la Iglesia reconoce a los laicos cristianos, ayudados por sus Pastores. S&iacute;, &eacute;se es un buen testimonio de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">9. Queridos hermanos y hermanas: Para realizar esto de modo verdaderamente cristiano, conviene ante todo que est&eacute;is animados interiormente por el esp&iacute;ritu de Dios. Y para ello, yo quisiera que dirigierais vuestra mirada cada vez m&aacute;s a la Virgen Mar&iacute;a, vuestra Madre, la Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos celebrando la Misa de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, ante esta catedral dedicada a Ella. Para m&iacute; es una gran alegr&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n mejor que Mar&iacute;a ha vivido una vida tan sencilla, santific&aacute;ndola? &iquest;Qui&eacute;n mejor que Mar&iacute;a, ha acompa&ntilde;ado a Jes&uacute;s toda su vida, gozosa, dolorosa y gloriosa; ha entrado en la intimidad de sus sentimientos filiales para con el Padre, fraternales para los dem&aacute;s? &iquest;Qui&eacute;n mejor que Mar&iacute;a, asociada ahora a la gloria de su Hijo, puede interceder en nuestro favor?<\/p>\n<p align=\"left\">Ella debe ahora acompa&ntilde;ar vuestra vida. Debemos confiarle esta vida. Y la Iglesia nos propone justamente para ello una oraci&oacute;n muy sencilla, el Rosario, ese Rosario que puede tranquilamente desgranarse al ritmo de nuestras jornadas, El Rosario, lentamente rezado y meditado en familia, en comunidad, individualmente, os har&aacute; entrar poco a poco en los sentimientos de Cristo y de su Madre, evocando todos los acontecimientos que son la clave de nuestra salvaci&oacute;n. Al comp&aacute;s de las Avemar&iacute;as, contemplar&eacute;is el misterio de la Encarnaci&oacute;n de Cristo, del que ya hemos hablado, la Redenci&oacute;n de Cristo y tambi&eacute;n el fin hacia el que tendemos, en la luz y en el descanso de Dios. Con Mar&iacute;a, abrir&eacute;is vuestra alma al Esp&iacute;ritu Santo, para que inspire todas las grandes tareas que os esperan. Con Ella, las madres cumplir&aacute;n su papel de portadoras de vida, de guardianas y educadoras del hogar.<\/p>\n<p align=\"left\">Que Mar&iacute;a sea vuestra ayuda y vuestro consuelo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA SANTA MISA EN KISANGANI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 6 de mayo de 1980 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, queridos hijos e hijas de la Iglesia: 1. 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