{"id":39655,"date":"2016-10-05T22:57:16","date_gmt":"2016-10-06T03:57:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-mayo-de-1980-ordenaciones-episcopales-zaire\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:16","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:16","slug":"4-de-mayo-de-1980-ordenaciones-episcopales-zaire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-mayo-de-1980-ordenaciones-episcopales-zaire\/","title":{"rendered":"4 de mayo de 1980, Ordenaciones episcopales, Zaire"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1980\/trav_africa_sp.htm\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">MISA PARA LOS FIELES DE KINSHASA <br \/>Y ORDENACI&Oacute;N DE OCHO NUEVOS OBISPOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/>Domingo 4 de mayo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos en Cristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> En este d&iacute;a tan gozoso, en esta circunstancia solemne me dirijo ante todo a quienes vais a recibir la gracia del Episcopado: <\/p>\n<p align=\"left\"> &quot;No os llamo siervos&#8230; os digo amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15). As&iacute; les dijo Cristo a sus disc&iacute;pulos y as&iacute; os lo digo yo a vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Desde hace tiempo, est&aacute;is &iacute;ntimamente asociados a la vida de Cristo. Vuestra fe se ha desarrollado en este suelo africano, en vuestra familia o en vuestra comunidad cristiana y ha producido sus frutos. Hab&eacute;is seguido luego a Cristo, que os invitaba a consagraros enteramente a su misi&oacute;n. Hab&eacute;is recibido el sacerdocio ministerial de presb&iacute;teros para ser dispensadores de los misterios de Dios. Y os hab&eacute;is esforzado en ejercerlos con acierto y valent&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y he aqu&iacute; que hab&eacute;is sido elegidos para &quot;apacentar el reba&ntilde;o del que el Esp&iacute;ritu Santo os ha hecho guardianes&quot;, como dijo San Pablo a los presb&iacute;teros de Efeso, para ser obispos que presidan su grey en nombre y en lugar de Dios, caminando al frente de ella. Hab&eacute;is recibido como tambi&eacute;n dice San Ignacio de Antioqu&iacute;a, &quot;el ministerio de la comunidad&quot;. Por eso, como los Ap&oacute;stoles, os hab&eacute;is enriquecido por Cristo con una efusi&oacute;n especial del Esp&iacute;ritu Santo, que har&aacute; fecundo vuestro ministerio (cf. oraci&oacute;n de la unci&oacute;n de los obispos); hab&eacute;is sido investidos de la plenitud del sacerdocio, sacramento que imprime en vosotros su car&aacute;cter sagrado; as&iacute;, de modo eminente y visible, ocup&aacute;is el lugar de Cristo mismo, Doctor, Sacerdote y Pastor (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 20-21). &iexcl;Dad gracias al Se&ntilde;or!, y cantad: &iexcl;Aleluya! <\/p>\n<p align=\"left\"> Es esto un motivo de gozo y un honor para las comunidades donde ten&eacute;is vuestros or&iacute;genes o que os reciben como Pastores, para Zaire, Burundi, Sud&aacute;n, Yibuti y tambi&eacute;n para las comunidades religiosas que os han formado. Hab&eacute;is sido &quot;escogidos entre los hombres en favor de los hombres e instituidos para las cosas que miran a Dios&quot; (<i>Heb<\/i> 5, 1). &iexcl;El que las j&oacute;venes Iglesias vean a sus hijos asumir la obra de evangelizaci&oacute;n y llegar a ser los obispos de sus hermanos, es una se&ntilde;al especialmente elocuente de la madurez y de la autonom&iacute;a de esas Iglesias! En este d&iacute;a, procuremos tambi&eacute;n no olvidar los m&eacute;ritos de todos los precursores que han preparado, de lejos o de cerca, estos nuevos responsables y, en especial los sacerdotes y los obispos misioneros. Por ellos tambi&eacute;n, demos gracias al Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Es Cristo resucitado, glorificado por la mano de Dios y puesto por su Padre en posesi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo prometido (cf. <i>Hch<\/i> 2, 23); ese Cristo, que contemplamos con especial j&uacute;bilo en este tiempo pascual; es El, quien act&uacute;a en nuestro ministerio. Porque El es el Principio, El es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia (cf. <i>Col<\/i> 1, 18). En el Esp&iacute;ritu Santo, Cristo prosigue su obra por medio de aquellos a quienes ha constituido Pastores y que no cesan de transmitir ese don espiritual mediante la imposici&oacute;n de las manos. Ellos son &quot;los sarmientos por los que se transmite la simiente apost&oacute;lica&quot;(cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 20, citando a Tertuliano). As&iacute;, se contin&uacute;a la l&iacute;nea del Episcopado, sin interrupci&oacute;n, desde los or&iacute;genes. Vosotros, por tanto, entr&aacute;is en el Colegio Episcopal que sucede al Colegio de los Ap&oacute;stoles. Trabajar&eacute;is al lado de vuestros mayores, con vuestros mayores. M&aacute;s de cincuenta zaire&ntilde;os han sido ya agregados al cuerpo de los obispos desde la primera ordenaci&oacute;n episcopal en 1956 y los otros pa&iacute;ses aqu&iacute; representados est&aacute;n en una situaci&oacute;n parecida. Trabajar&eacute;is en comuni&oacute;n con vuestros hermanos esparcidos por el universo entero y que forman un todo en Cristo, unidos en torno al Obispo de Roma, sucesor de Pedro. Estar&eacute;is tanto m&aacute;s adheridos a esa comuni&oacute;n indispensable cuanto que hab&eacute;is sido ordenados por aquel a quien el Esp&iacute;ritu Santo ha confiado, como a Pedro, el encargo de presidir la unidad. S&iacute;; dad gracias al Se&ntilde;or. Y cantad: &iexcl;Aleluya! <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Recib&iacute;s una gracia muy grande para ejercer una funci&oacute;n pastoral exigente. Conoc&eacute;is los tres aspectos que se designan habitualmente como &quot;el magisterio doctrinal, el sacerdocio del culto sagrado, el ministerio de gobierno&quot; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 20). La Constituci&oacute;n conciliar <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> (n&uacute;ms. 18-27) y el Decreto <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i> (n&uacute;ms. 11-19) siguen siendo la carta de vuestro ministerio, que os convendr&aacute; meditar frecuentemente. L<\/p>\n<p align=\"left\"> Sois ante todo responsables de la <i>predicaci&oacute;n del Evangelio<\/i>, cuyo libro va a ser impuesto sobre vuestra cabeza durante la oraci&oacute;n consagrante y colocado despu&eacute;s en vuestras manos. Aqu&iacute;, en &Aacute;frica, se pide ante todo a los hombres de Iglesia: dadnos la Palabra de Dios. S&iacute;; es una cosa maravillosa ver la sed de Evangelio que tienen vuestros compatriotas; ellos saben, ellos presienten que es un mensaje de vida. Por eso, no estar&eacute;is solos. Vuestros sacerdotes, vuestros di&aacute;conos, vuestros religiosos y religiosas, vuestros catequistas, vuestros laicos son tambi&eacute;n evangelizadores muy meritorios, cotidianos, tenaces, muy cercanos al pueblo y, a veces, incluso pioneros en los lugares o en los ambientes donde el Evangelio no ha penetrado todav&iacute;a plenamente. Vuestro papel ser&aacute; el de sostener su celo, armonizar su apostolado, vigilar para que el anuncio, la predicaci&oacute;n y la catequesis sean fieles al sentido aut&eacute;ntico del Evangelio y a toda la doctrina, dogm&aacute;tica y &eacute;tica, que la Iglesia ha desarrollado a lo largo de sus veinte siglos, partiendo del Evangelio. Os convendr&aacute;, al trismo tiempo, procurar que ese mensaje llegue realmente a los corazones y transforme las conductas, empleando el lenguaje adecuado a vuestros fieles africanos. Como va a deciros la liturgia, oportuna e importunamente, &quot;predicad vosotros mismos la Palabra de Dios con una gran paciencia y la preocupaci&oacute;n de instruir&quot;. Vosotros est&aacute;is en el primer puesto entre los testigos de la verdad divina y cat&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> Recib&iacute;s la misi&oacute;n de <i>santificar<\/i> al Pueblo de Dios. En este sentido, sois padres y transmit&iacute;s la vida de Cristo por medio de los sacramentos que celebr&aacute;is, o confi&aacute;is a vuestros sacerdotes su administraci&oacute;n regular, digna y fecunda. Interesaos en preparar a vuestros fieles para estos sacramentos y en animarles a vivir en ellos con perseverancia. Que vuestra oraci&oacute;n no deje de acompa&ntilde;ar a vuestro pueblo por los caminos de la santidad. Contribuid a preparar, con la gracia del Se&ntilde;or, una Iglesia sin tacha y sin arruga, de la que es s&iacute;mbolo la nueva Jerusal&eacute;n de que nos habla el Apocalipsis. &quot;la esposa ataviada para su Esposo&quot; (<i>Ap<\/i> 21, 21. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Por &uacute;ltimo, recib&iacute;s el <i>gobierno pastoral<\/i> de una di&oacute;cesis, o participar&eacute;is en ella como obispo auxiliar. Cristo os da autoridad para exhortar, para distribuir los ministerios y los servicios, a medida de las necesidades y capacidad, para vigilar su cumplimiento, traer al redil con misericordia a quienes se han alejado, velar por todo el reba&ntilde;o y defenderlo, como dec&iacute;a San Pablo (<i>Hch<\/i> 20, 29-31), suscitar un esp&iacute;ritu cada vez m&aacute;s misionero. Buscad en todo la comuni&oacute;n y la edificaci&oacute;n del Cuerpo de Cristo. Con toda raz&oacute;n llev&aacute;is sobre vuestra cabeza el emblema de jefe y en la mano el b&aacute;culo de Pastor. Acordaos que vuestra autoridad, seg&uacute;n Jes&uacute;s, es la de Buen Pastor que conoce a sus ovejas y est&aacute; atento a cada una de ellas; la de Padre que se impone por su esp&iacute;ritu de amor y dedicaci&oacute;n; la de administrador, siempre dispuesto a dar cuentas a su se&ntilde;or; el de &quot;ministro&quot;, que est&aacute; en medio de los suyos &quot;como quien sirve&quot; y dispuesto a dar su vida. La Iglesia ha recomendado siempre al jefe de la comunidad cristiana un cuidado particular por los pobres, los d&eacute;biles, los que sufren, los marginados de toda clase. Ella os pide que prest&eacute;is una ayuda especial a vuestros compa&ntilde;eros de servicio que son los sacerdotes y los di&aacute;conos; los cuales son vuestros hermanos, hijos, amigos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/localhost\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> La funci&oacute;n puntual que os ha confiado, requiere de vosotros, adem&aacute;s de la autoridad, la prudencia y sabidur&iacute;a de los &quot;ancianos&quot;; esp&iacute;ritu de equidad y paz; la fidelidad a la Iglesia, cuyo s&iacute;mbolo es vuestro anillo; una pureza ejemplar de doctrina y de vida. Se trata en definitiva de conducir a los cl&eacute;rigos, religiosos y laicos hacia la santidad de nuestro Se&ntilde;or; se trata de ayudarles a vivir el mandamiento nuevo del amor fraternal, que Jes&uacute;s nos dej&oacute; corno testamento (<i>Jn<\/i> 13, 24). Por eso, el reciente Concilio recuerda a los obispos el deber primordial de &quot;ser ejemplo de santidad, por su caridad, su humildad y la sencillez de su vida&quot;(cf. <i>ib<\/i>., 15). San Pedro escrib&iacute;a a los &quot;ancianos&#8217;&quot;: &quot;Apacentad el reba&ntilde;o de Dios&#8230; seg&uacute;n Dios&#8230; sirviendo de ejemplo al reba&ntilde;o&quot; (<i>1 Pe<\/i> 5. 2-5).<\/p>\n<p align=\"left\"> 5. As&iacute;, proveer&eacute;is al bien de las almas, a su salvaci&oacute;n. As&iacute;, proseguir&eacute;is la <i>edificaci&oacute;n de la Iglesia<\/i>, tan bien implantada ya en el coraz&oacute;n de &Aacute;frica y especialmente en cada uno de vuestros pa&iacute;ses. As&iacute;, pod&eacute;is aportar una parte valiosa a la vitalidad de la Iglesia universal. llevando conmigo y con el conjunto de los obispos la solicitud de todas las Iglesias. <\/p>\n<p align=\"left\"> Adem&aacute;s, formando las conciencias seg&uacute;n la ley de Dios y educ&aacute;ndolas en orden a las responsabilidades y a la comuni&oacute;n en la Iglesia, contribuir&eacute;is a <i>formar ciudadanos honrados y valientes<\/i> como el pa&iacute;s los necesita; enemigos de la corrupci&oacute;n, de la mentira y de la injusticia; art&iacute;fices de la concordia y del amor fraternal sin frontera, preocupados de un desarrollo armonioso principalmente entre las categor&iacute;as m&aacute;s pobres. Haciendo esto, ejerc&eacute;is vuestra misi&oacute;n que es de orden espiritual y moral; misi&oacute;n que os permitir&aacute; pronunciaros sobre los aspectos &eacute;ticos de la sociedad, cada vez que los derechos fundamentales de las personas, las libertades fundamentales y el bien com&uacute;n lo exijan. Todo ello, dentro del respeto a las autoridades civiles, las cuales, en el plano pol&iacute;tico y en la b&uacute;squeda de medios para promover el bien com&uacute;n, tienen sus competencias y sus responsabilidades espec&iacute;ficas. As&iacute;, preparar&eacute;is en profundidad el progreso social, el bienestar y la paz de vuestra querida patria y merecer&eacute;is la estima de vuestros conciudadanos. Sois aqu&iacute; los pioneros del Evangelio y de la Iglesia, y al mismo tiempo los pioneros de la historia de vuestro pueblo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Querid&iacute;simos hermanos: ese ideal no debe asustaros. Al contrario, debe animaros y serviros de trampol&iacute;n de esperanza. Ciertamente, llevamos este tesoro en vasos de arcilla (cf. <i>2 Cor<\/i> 4, 7), incluido quien os habla y al que se le reserva el nombre de &quot;Santidad&quot;. &iexcl;Hace falta mucha humildad para llevar este nombre! Pero sometiendo humildemente toda vuestra persona a Cristo que os llama a representarle, est&aacute;is seguros de su gracia, de su fuerza, de su paz. Como San Pablo, &quot;yo os encomiendo al Se&ntilde;or y a la palabra de su gracia&quot; (<i>Hch<\/i> 20, 32). &iexcl;Que Dios sea glorificado en vosotros! <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Y ahora, me dirijo m&aacute;s concretamente a todos cuantos os rodean con su simpat&iacute;a y sus oraciones. Queridos hermanos y hermanas de Kinshasa, de Zaire, de Burundi, de Sud&aacute;n, de Yibuti: acoged con gozo a estos nuestros hermanos que van a ser vuestros Padres y Pastores. Tened para ellos el respeto, el afecto, la obediencia que deb&eacute;is a los ministros de Cristo, que es verdad, vida y camino. Escuchad su testimonio, porque vienen a vosotros como primeros testigos del Evangelio. Su mensaje es el mensaje de Jesucristo. Abrid vuestras almas a las bendiciones de Cristo, a la vida de Cristo que ellos os traen. Seguid los caminos que os tracen, a fin de que vuestra conducta sea digna de los disc&iacute;pulos de Cristo. Rogad por ellos. Con ellos, vais a edificar la Iglesia de &Aacute;frica, a desarrollar las comunidades cristianas, en estrecha comuni&oacute;n con la Iglesia universal, cuya savia hab&eacute;is recibido y continu&aacute;is recibiendo, en relaci&oacute;n confiada con la Sede de Pedro, principio de unidad; pero con el vigor y las riquezas espirituales y morales que el Evangelio habr&aacute; hecho surgir de vuestras almas africanas. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por Providencia divina este honor ha cabido tambi&eacute;n a &Aacute;frica de lengua francesa, y concretamente a Sud&aacute;n. En la persona del nuevo obispo auxiliar de Tuba felicito a toda la archidi&oacute;cesis y a todos los hijos e hijas de la Iglesia que est&aacute; en esas tierras. Gracia y paz a todos vosotros en Jesucristo, el Hijo de Dios, en Jesucristo Buen Pastor, cuya solicitud pastoral se contin&uacute;a por el ministerio de los obispos en toda la Iglesia. Est&eacute; siempre, ahora y siempre, en vuestros corazones el amor del Salvador. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y a vosotros, queridos amigos que no compart&iacute;s la fe cristiana, pero hab&eacute;is querido acompa&ntilde;ar a los cat&oacute;licos en esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica, yo os doy las gracias y os invito tambi&eacute;n a que acoj&aacute;is a los nuevos obispos como jefes religiosos, como defensores del hombre, como art&iacute;fices de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y ahora, prepar&eacute;monos para el rito de la ordenaci&oacute;n. Como el Ap&oacute;stol Pablo con los ancianos de Efeso, a los que iba a hacer recomendaciones urgentes, nosotros vamos a rezar. &iexcl;Bendito sea el Se&ntilde;or que prolonga as&iacute; su obra entre nosotros! &iexcl;Que todos los Ap&oacute;stoles intercedan por nosotros! &iexcl;Que la Virgen Mar&iacute;a, la Madre del Salvador, la Madre de la Iglesia, la Reina de los Ap&oacute;stoles, interceda por nosotros! A Ella consagramos estos nuevos servidores de la Iglesia. &iexcl;Demos gracias al Se&ntilde;or, en la fe, la caridad y la esperanza! Am&eacute;n. Aleluya.<\/p>\n<p align=\"center\"> * * *<\/p>\n<p>Antes de terminar esta liturgia solemne, s&eacute;ame permitido dar las gracias de modo muy especial al Presidente de la Rep&uacute;blica del Zaire, a los miembros del Gobierno y al Cuerpo Diplom&aacute;tico, en nombre de la Iglesia del Zaire y en nombre tambi&eacute;n de la Iglesia universal. La paz y la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or sean siempre con vosotros.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA MISA PARA LOS FIELES DE KINSHASA Y ORDENACI&Oacute;N DE OCHO NUEVOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 4 de mayo de 1980 &nbsp; Queridos hermanos en Cristo: En este d&iacute;a tan gozoso, en esta circunstancia solemne me dirijo ante todo a quienes vais a recibir la gracia del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-mayo-de-1980-ordenaciones-episcopales-zaire\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de mayo de 1980, Ordenaciones episcopales, Zaire\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39655","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39655","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39655"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39655\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39655"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39655"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39655"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}