{"id":39659,"date":"2016-10-05T22:57:22","date_gmt":"2016-10-06T03:57:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1980-consagracion-de-la-iglesia-parroquial-dedicada-a-los-santos-martires-de-uganda\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:22","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:22","slug":"26-de-abril-de-1980-consagracion-de-la-iglesia-parroquial-dedicada-a-los-santos-martires-de-uganda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1980-consagracion-de-la-iglesia-parroquial-dedicada-a-los-santos-martires-de-uganda\/","title":{"rendered":"26 de abril de 1980, Consagraci\u00f3n de la iglesia parroquial dedicada a los Santos M\u00e1rtires de Uganda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONSAGRACI&Oacute;N DE LA IGLESIA PARROQUIAL <br \/> &laquo;SANTOS M&Aacute;RTIRES DE UGANDA&raquo;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Barrio de Poggio Armeno, Roma<br \/> S&aacute;bado 26 de abril de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerables hermanos e hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Expresar mi satisfacci&oacute;n al celebrar esta liturgia solemne, me parece casi superfluo, tan evidentes son las razones de complacencia y alegr&iacute;a. Desde que, por disposici&oacute;n de la divina Providencia, asum&iacute; la responsabilidad de la Sede de Pedro, es hoy la primera vez que presido aqu&iacute; en Roma el rito de la consagraci&oacute;n de una iglesia. Es una iglesia nueva, una iglesia parroquial, que viene a a&ntilde;adirse a la espl&eacute;ndida corona de edificios sagrados que marcan el rostro cristiano de la Urbe: una iglesia parroquial que acoger&aacute; en su interior al Pueblo de Dios, que podr&aacute; sacar aqu&iacute; \u2014de la mesa de la Palabra, de la mesa de la Eucarist&iacute;a, de las otras fuentes sacramentales\u2014 el multiforme alimento necesario, para su crecimiento sobrenatural. Adem&aacute;s, se erige una memoria p&uacute;blica y monumental en honor de los M&aacute;rtires de, Uganda y, tambi&eacute;n desde este punto de vista, se puede decir que una nueva falange de testigos de Cristo se a&ntilde;ade al &quot;candidatus exercitus&quot;, a quien la Iglesia ha dedicado tan frecuentemente en el suelo romano un lugar especial de culto: efectivamente, desde Uganda nos ha llegado en el siglo pasado un testimonio estupendo de fe. Hoy, pues, se puede decir que la Roma cristiana mira una vez m&aacute;s a &Aacute;frica cristiana por la p&aacute;gina moderna y heroica que ha a&ntilde;adido a su martirologio y a su historia.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Al dirigir mi afectuoso saludo a cuantos se han reunido aqu&iacute; \u2014al se&ntilde;or cardenal Vicario Ugo Poletti y al cardenal arzobispo de Kampala Emmanuel Nsubuga, a las autoridades civiles, al p&aacute;rroco con sus colaboradores y a todos los fieles de la parroquia\u2014, deseo hacer converger la atenci&oacute;n com&uacute;n, por la <i>circunstancia de la consagraci&oacute;n<\/i>, en las <i>lecturas lit&uacute;rgicas<\/i>, que han sido elegidas para este rito. Quisiera insistir, especialmente en la segunda lectura, y luego en el texto evang&eacute;lico. Ante todo hay que recordar lo que nos dijo San Pedro, porque no s&oacute;lo se adapta perfectamente a la circunstancia de hoy, sino que permite pasar, de acuerdo con una l&iacute;nea de coherencia sim&eacute;trica, de la idea de <i>edificio material<\/i>, a la de <i>edificio espiritual<\/i>, de la iglesia-templo a la Iglesia-comuni&oacute;n de las almas. En la base de toda la obra \u2014nos recuerda el Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles\u2014 est&aacute; Cristo Se&ntilde;or, piedra viva y angular, piedra elegida y preciosa ante Dios; pero tambi&eacute;n nuestras almas son piedras vivas, y como tales empleadas para ser construidas sobre el fundamento de esa misma piedra, en orden a formar una casa espiritual, un sacerdocio santo, y por esto, capaces de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios (<i>1 Pe <\/i>2, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">Nunca se pondr&aacute; suficientemente de relieve el significado profundo de esta ense&ntilde;anza apost&oacute;lica: me refiero al misterio de nuestra edificaci&oacute;n sobre Cristo, es decir, <i>hacernos Iglesia con El, en El, por El<\/i>. Recordad a este prop&oacute;sito, hermanos e hijos querid&iacute;simos, cuanto nos ha vuelto a proponer el Concilio Vaticano II en la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, que, entre las diversas im&aacute;genes de la Iglesia, no ha olvidado la de la edificaci&oacute;n (cf. n&uacute;m. 6). Nosotros debemos edificarnos sobre Cristo, porque &eacute;ste y no otro es el fundamento que da estabilidad y seguridad a nuestra vida. Efectivamente, San Pablo, sintonizando perfectamente con el co-Ap&oacute;stol Pedro, explica: en la Iglesia &quot;nadie puede poner otro fundamento sino el que est&aacute; puesto, que es Jesucristo (&#8230;). &iquest;No sab&eacute;is que sois templo de Dios y que el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros?&quot; (<i>1 Cor<\/i> 3, 11. 16).<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute;, pues, la idea de la edificaci&oacute;n desarrollada hasta su punto final, de un templo completo en todas sus partes. Cada uno de nosotros es una piedra viva en este templo, pero no aislada, no aut&oacute;noma, no autosuficiente. Cada uno de nosotros s&oacute;lo puede edificarse en Cristo, mientras que sin El toda la construcci&oacute;n estar&iacute;a destinada a derrumbarse: es la sobre-edificaci&oacute;n. Cada uno de nosotros debe&nbsp; edificarse, juntamente con los otros hermanos, en virtud de la ley de la comuni&oacute;n eclesial, que es como el &quot;cemento&quot; que nos amalgama a todos en Cristo: es la co-edificaci&oacute;n. S&oacute;lo en estas condiciones se levanta majestuoso el templo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Todos formamos la Iglesia de Dios, porque estamos s&oacute;lidamente fundados en Cristo, su Hijo, y estamos &iacute;ntimamente unidos a nuestros hermanos en la fe. Precisamente esta conciencia est&aacute; entre los puntos distintivos de la profesi&oacute;n cristiana: <i>Credo unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecelesiam<\/i>. Recitamos frecuentemente este art&iacute;culo de nuestra fe, pero tambi&eacute;n debemos meditarlo, pidiendo al Esp&iacute;ritu que nos ilumine interiormente, para que encienda su luz divina en el templo m&iacute;stico de nuestra alma, en la que El mismo habita.<\/p>\n<p align=\"left\">3. No obstante, es indudable que tambi&eacute;n el templo material es necesario. Todos conocemos las dificultades que presenta la construcci&oacute;n de nuevos edificios sagrados. Es problema a veces grave y de no f&aacute;cil soluci&oacute;n. Pero el edificio de piedra no es todo: tiene una funci&oacute;n manifiestamente instrumental y emblem&aacute;tica respecto al otro edificio superior, del que os he hablado hasta ahora.<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces \u2014podemos preguntarnos\u2014, &iquest;cu&aacute;l es <i>la relaci&oacute;n entre los dos edificios<\/i>? Nos lo explica Jes&uacute;s en el Evangelio, en un pasaje de su conversaci&oacute;n con la samaritana. &quot;Cr&eacute;eme, mujer, que es llegada la hora en que ni en este monte ni en Jerusal&eacute;n adorar&eacute;is al Padre (&#8230;). Ya llega la hora, y es &eacute;sta, cuando los verdaderos adoradores adorar&aacute;n al Padre en esp&iacute;ritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre busca. Dios es esp&iacute;ritu&#8230;&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 21. 23-24). Encontramos en este texto una revelaci&oacute;n, que nos ilumina sobre lo que debe ser <i>realmente<\/i> la vida religiosa. Es &quot;verdad&quot;, porque debe acomodarse a lo que es Dios: siendo Dios esp&iacute;ritu pur&iacute;simo, la adoraci&oacute;n, como acto supremo del culto que le ofrecemos, no puede menos de ser en esp&iacute;ritu. A la <i>realidad ontol&oacute;gica<\/i> de Dios-esp&iacute;ritu corresponde la <i>realidad sicol&oacute;gica<\/i> del hombre que le adora en esp&iacute;ritu: he aqu&iacute; la verdad, como dimensi&oacute;n del culto que quiere Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto hago votos para que el templo, que se inaugura hoy p&uacute;blicamente, como centro propulsor de la vida comunitaria de esta parroquia, re&uacute;na y acoja cada vez m&aacute;s numerosos a los adoradores como los busca el Padre (cf. <i>ib<\/i>.). Insertos como piedras vivas en el edificio eclesial, podr&aacute;n seguir sin vacilaciones ni extrav&iacute;os a Cristo que es camino seguro para ir al Padre (cf. <i>Jn<\/i> 14, 6). As&iacute; estar&aacute; encaminada desde aqu&iacute; abajo la liturgia, que nos hace participar, pregust&aacute;ndola ya, en la liturgia celeste que se celebra all&aacute; arriba, en la ciudad santa de Jerusal&eacute;n, de manera plena y perfecta (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, 8). Ser&aacute; all&aacute; arriba donde cantaremos al Se&ntilde;or nuestro himno de gloria, con todos los &Aacute;ngeles y con los Santos.<\/p>\n<p align=\"left\">4. El &uacute;ltimo pensamiento que quiero proponeros, querid&iacute;simos hijos, se inspira en esta visi&oacute;n de cielo, donde viven en Dios los 22 M&aacute;rtires de Uganda. Tanto m&aacute;s gustosamente me dirijo a estos hermanos nuestros, lo mismo que a su tierra de &Aacute;frica, ya que ir&eacute; all&iacute; hacia finales de la pr&oacute;xima semana. Igual que Pablo VI, despu&eacute;s de haberlos canonizado (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/homilies\/1964\/documents\/hf_p-vi_hom_19641018_martiri-uganda_lt.html\">18 de octubre de 1964<\/a>), quiso ir en peregrinaci&oacute;n a Kampala para la consagraci&oacute;n del altar de su santuario y para clausurar un importante simposio del Episcopado Africano, as&iacute; tambi&eacute;n su humilde sucesor, por un semejante designio pastoral, ha decidido una nueva peregrinaci&oacute;n a otros varios pa&iacute;ses del mismo continente. Ahora bien, me parece que debe tenerse en cuenta el v&iacute;nculo, que la celebraci&oacute;n de esta tarde tiene con ambas peregrinaciones: se trata siempre de la Iglesia de Roma que, como en el pasado, se mueve ahora para visitar porciones elegidas de su cuerpo org&aacute;nico e indiviso, para establecer, como entonces, un contacto m&aacute;s estrecho con las piedras vivas de su edificio unitario y promover, adem&aacute;s, la mutua edificaci&oacute;n en la caridad y en la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi viaje quiere ser gozoso reconocimiento de la afirmaci&oacute;n de Pablo VI: <i>Africa est nova patria Christi<\/i> (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/homilies\/1964\/documents\/hf_p-vi_hom_19641018_martiri-uganda_lt.html\">Homil&iacute;a en la canonizaci&oacute;n de los M&aacute;rtires de Uganda<\/a>: <i>AAS<\/i> 56, 1964, p&aacute;gs. 907-908), y es igualmente una celebraci&oacute;n de unidad eclesial; de modo que, el estar esta tarde reunidos aqu&iacute;, rodeados por la presencia fraterna de los fieles de Uganda, equivale a un fausto auspicio para el ya cercano viaje. Os pido, amados hijos, que incluy&aacute;is tambi&eacute;n entre las intenciones de vuestra oraci&oacute;n, un recuerdo por esta visita m&iacute;a a &Aacute;frica, para que sea el Se&ntilde;or, s&oacute;lo el Se&ntilde;or, quien gu&iacute;e mis pasos y quiera ayudarme en el ministerio que me compete espec&iacute;ficamente como Sucesor de Pedro, de confirmar. a los hermanos (cf. <i>Lc<\/i> 22, 32). Y desde ahora os agradezco esta caridad.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Y ahora dirijo un saludo especial a la peregrinaci&oacute;n de Uganda.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos peregrinos de Uganda:<\/p>\n<p align=\"left\">En la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/audiences\/1980\/documents\/hf_jp-ii_aud_19800423_sp.html\">audiencia general del mi&eacute;rcoles pasado<\/a> di ya la bienvenida a los peregrinos de Uganda que est&aacute;n presentes en esta ceremonia. Es una alegr&iacute;a teneros aqu&iacute; hoy. Sois los herederos de los m&aacute;rtires en cuyo honor se ha construido esta iglesia. Ellos os han puesto en las manos el tesoro de la fe cristiana. Es un tesoro cuyo valor es m&aacute;s claro, precisamente por el testimonio que dieron de &eacute;l. Ellos estuvieron dispuestos a morir antes que verse privados de &eacute;l. Ellos saben que es m&aacute;s valioso que todas las cosas de la tierra, porque da acceso a riquezas que son infinitamente superiores y duran para siempre; y porque es el paso a una vida con la que no puede compararse la vida del cuerpo.<\/p>\n<p align=\"left\">Dad pruebas de ser merecedores de la herencia que hab&eacute;is recibido. Demostrad que valor&aacute;is vuestra fe cristiana tan altamente como lo hizo San Carlos Lwanga y sus compa&ntilde;eros Santos. Vivid de acuerdo con el programa que os present&oacute; mi predecesor Pablo VI cuando visit&oacute; vuestro pa&iacute;s: &quot;Primero: amad mucho a Jesucristo, tratad de conocerlo bien, estad unidos a El, tened :mucha fe y mucha confianza en El. Segundo: sed fieles a la Iglesia, orad. con ella, amadla, difundidla, estad siempre dispuestos a darle testimonio franco como vuestros m&aacute;rtires. Tercero: sed fuertes y valientes; estad gozosos, contentos y alegres siempre, porque la vida cristiana \u2014recordadlo\u2014 es lo m&aacute;s hermoso que hay&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSAGRACI&Oacute;N DE LA IGLESIA PARROQUIAL &laquo;SANTOS M&Aacute;RTIRES DE UGANDA&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Barrio de Poggio Armeno, Roma S&aacute;bado 26 de abril de 1980 &nbsp; Venerables hermanos e hijos querid&iacute;simos: 1. 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