{"id":39660,"date":"2016-10-05T22:57:23","date_gmt":"2016-10-06T03:57:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-reina-de-la-paz\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:23","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:23","slug":"20-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-reina-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-reina-de-la-paz\/","title":{"rendered":"20 de abril de 1980, Visita pastoral a la\u00a0 parroquia romana de Santa Mar\u00eda Reina de la Paz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE SANTA MAR&Iacute;A REINA DE LA PAZ<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 20 de abril de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;La paz sea con vosotros&quot;. Con estas palabras salud&oacute; Cristo, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, a los disc&iacute;pulos reunidos en el Cen&aacute;culo, al encontrarse con ellos por primera vez. &quot;<i>La paz sea con vosotros&quot;<\/i>. Esto sucedi&oacute; aquel d&iacute;a, el primero despu&eacute;s del s&aacute;bado, cuando las mujeres hab&iacute;an ido, muy de madrugada, al sepulcro y no hab&iacute;an encontrado en &eacute;l el cuerpo de Cristo; y, luego, Pedro y Juan, avisados por ellas, hab&iacute;an hecho la misma comprobaci&oacute;n: la piedra removida, el sepulcro vac&iacute;o, los lienzos, con que hab&iacute;a sido envuelto el cuerpo del Se&ntilde;or, por tierra, y el sudario, que le hab&iacute;an puesto en la cabeza, en un lugar aparte. <i>La tarde<\/i> de ese d&iacute;a <i>Jes&uacute;s les visit&oacute;<\/i>, en el Cen&aacute;culo, donde se encontraban por temor a los jud&iacute;os; lleg&oacute; entrando por la puerta cerrada, y los salud&oacute; con las palabras &quot;la paz sea con vosotros&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 20).<\/p>\n<p align=\"left\">Con las mismas palabras deseo saludar a la parroquia dedicada a la Madre de Dios Reina de la Paz, que visito hoy, III domingo del per&iacute;odo pascual. Y pronuncio estas palabras del saludo de Cristo con alegr&iacute;a tanto mayor, porque vuestra parroquia lleva el nombre de la Reina de la Paz; por esto, las palabras &quot;la paz sea con vosotros&quot; son especialmente entra&ntilde;ables al esp&iacute;ritu que vivifica vuestra comunidad. Bajo el patrocinio de Mar&iacute;a &quot;Reina de la Paz&quot; este saludo de Cristo resucitado resuena <i>con la fuerza particular de la fe, de la esperanza y de la caridad<\/i>. Efectivamente, la paz es un fruto especial de esa caridad que vivifica a la fe. Es la paz que el mundo no puede dar, la paz que da Cristo solamente: &quot;La paz os dejo, mi paz os doy&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 27).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Por tanto, mi saludo se dirige a todos vosotros, comenzando por el se&ntilde;or cardenal Carlo Confalonieri, del T&iacute;tulo de la iglesia suburbicaria de Ostia y Decano del Sacro Colegio, que ha querido estar presente durante esta visita pastoral. Saludo luego al se&ntilde;or cardenal Vicario, Ugo Poletti, que con su presencia ha querido testimoniar el afecto que le une a esta punta avanzada de la ciudad de Roma. Saludo, despu&eacute;s, al obispo auxiliar, mons. Clemente Riva, a cuya solicitud est&aacute; confiada especialmente la zona de la que forma parte esta parroquia; &eacute;l ha realizado durante el pasado mes la visita pastoral a vuestra comunidad, se ha dado cuenta personalmente de los problemas que aqu&iacute; se viven y ha madurado con vosotros un proyecto concreto de compromiso cristiano para el pr&oacute;ximo futuro. Ahora ha llegado el tiempo de realizarlo. Saludo al p&aacute;rroco, don Giuseppe De Filippi, y a los dem&aacute;s sacerdotes que atienden con dedicaci&oacute;n humilde y generosa a la cura pastoral de esta porci&oacute;n de la grey del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Una palabra particular de saludo deseo dirigir a las religiosas de las cuatro congregaciones, que trabajan en el &aacute;mbito de la parroquia: al aprecio con que toda la comunidad sigue su servicio en las diversas actividades educativas y asistenciales, quiero a&ntilde;adir tambi&eacute;n mi aplauso, subrayando de modo especial la disponibilidad admirable que demuestran al colaborar en las iniciativas pastorales, que programa la parroquia.<\/p>\n<p align=\"left\">Finalmente, no puede faltar un saludo cordial a los varios grupos, en que se articula el compromiso del laicado cat&oacute;lico: hay en la parroquia un nutrido grupo de catequistas que trabajan junto con los sacerdotes y las religiosas en la preparaci&oacute;n de los muchachos a los sacramentos de la Eucarist&iacute;a y de la Confirmaci&oacute;n, dos momentos fundamentales de la vida cristiana; hay tambi&eacute;n otros grupos que, de la plegaria y&nbsp; de la reflexi&oacute;n comunitaria sobre la Palabra de Dios, sacan est&iacute;mulo para una adhesi&oacute;n m&aacute;s generosa a las exigencias de su vocaci&oacute;n personal, vivida en dimensi&oacute;n decididamente eclesial; finalmente est&aacute;n los que se dedican a actividades de promoci&oacute;n humana entre los muchachos, los j&oacute;venes, los ancianos.. A todos mi estima sincera y el m&aacute;s cordial est&iacute;mulo.<\/p>\n<p align=\"left\">Una parroquia tiene siempre problemas delicados que resolver; la vuestra los tiene particularmente complejos. No es posible pensar que se pueden afrontar eficazmente sin la colaboraci&oacute;n de todos. Pienso, sobre todo, en los problemas planteados por el crecimiento vertiginoso de la poblaci&oacute;n; en los que se derivan de la diversa proveniencia de los distintos n&uacute;cleos familiares, muchos de los cuales tiene a sus espaldas tradiciones, costumbres, mentalidad notablemente distantes; en los problemas relacionados con las dificultades de inserci&oacute;n social de los j&oacute;venes y con la consiguiente dispersi&oacute;n de no pocos de ellos&#8230; No es f&aacute;cil construir, en semejante contexto, una parroquia que sea verdaderamente Iglesia, esto es, en la que cada una de las personas llegue a alcanzar una experiencia de aut&eacute;ntica comuni&oacute;n y a experimentar la alegr&iacute;a que se deriva del compartir los mismos bienes espirituales en la perspectiva de una esperanza com&uacute;n. Por esto es necesario el compromiso de todos los distintos miembros de la comunidad y en particular el compromiso de las familias, sobre cuya aportaci&oacute;n a la acci&oacute;n parroquial se ha insistido mucho justamente durante la visita pastoral. La parroquia es un edificio para cuya construcci&oacute;n cada uno debe llevar la propia piedra, esto es, el testimonio cristiano dado con las palabras y con la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Bajo esta luz, os ruego ahora a vosotros, habitantes de Roma, a vosotros, cristianos de Roma, que os deteng&aacute;is con atenci&oacute;n especial sobre una frase, que dijo el primer Obispo de Roma, <i>el Ap&oacute;stol Pedro<\/i>. Dijo esta frase junto con los otros Ap&oacute;stoles con quienes hab&iacute;a sido conducido, como testifican los Hechos de los Ap&oacute;stoles, ante el supremo Consejo de los jud&iacute;os, ante el Sanedr&iacute;n. El sumo sacerdote acusa a los Ap&oacute;stoles haci&eacute;ndoles una imputaci&oacute;n. Dice as&iacute;: &quot;Os hemos ordenado que no ense&ntilde;&eacute;is sobre este nombre, y hab&eacute;is llenado a Jerusal&eacute;n de vuestra doctrina y quer&eacute;is traer sobre nosotros <i>la sangre<\/i> de ese hombre&quot; (<i>Act<\/i> 5, 28). Son muy significativas especialmente las &uacute;ltimas palabras. En efecto, recordamos bien que ante Pilato, quien, como para justificarse de la sentencia pronunciada contra Jes&uacute;s, hab&iacute;a dicho: &quot;Yo soy inocente de esta sangre&quot;, la turba, incitada por el Sanedr&iacute;n, hab&iacute;a gritado: &quot;Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos&quot; (<i>Mt<\/i> 27, 24-25).<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora, al escuchar palabras parecidas de la boca del sumo sacerdote, Pedro y los Ap&oacute;stoles responden: &quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot; (<i>Act<\/i> 5, 29). Y las palabras que siguen explican el significado de esta respuesta. Efectivamente, mientras los ancianos de Israel exigen a los Ap&oacute;stoles silencio sobre Cristo, Dios, en cambio, no les permite callar: &quot;El Dios de nuestros padres resucit&oacute; a Jes&uacute;s, a quien vosotros hab&eacute;is dado muerte suspendi&eacute;ndole de un madero. Pues a &eacute;se le ha levantado Dios a su diestra por Pr&iacute;ncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y la remisi&oacute;n de los pecados. Nosotros somos testigos de esto, y lo es tambi&eacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, que Dios otorg&oacute; a los que le obedecen&quot; (<i>Act<\/i> 5, 30-33).<\/p>\n<p align=\"left\">En las pocas frases que pronunci&oacute; Pedro encontramos un testimonio total y completo de la resurrecci&oacute;n de Cristo, una total y completa teolog&iacute;a pascual.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta verdad, que en nuestra &eacute;poca repetir&aacute; de nuevo con todo el ardor y convicci&oacute;n de fe <i>el Concilio Vaticano II<\/i>, la encontramos ya, en toda su profundidad y plenitud, en esa respuesta que Pedro dio al Sanedr&iacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">4. A esta verdad se refieren las palabras: &quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">La verdad que confesamos mediante la fe proviene de Dios. Es la palabra del Dios viviente. Esta palabra suya dirigida a los hombres, Dios la ha anunciado muchas veces por medio de los hombres que El envi&oacute;; sobre todo, la pronunci&oacute; por medio de su Hijo que se hizo hombre. Y cuando las palabras del Hijo se hab&iacute;an extinguido, cuando su cabeza se hab&iacute;a inclinado sobre la cruz en el &uacute;ltimo espasmo de la muerte, cuando su boca se hab&iacute;a cerrado, entonces Dios, por decirlo as&iacute;, m&aacute;s all&aacute; de esta muerte, pronunci&oacute; la palabra <i>&uacute;ltima y decisiva para nuestra fe, la palabra de la resurrecci&oacute;n de Cristo<\/i>, Y esta palabra del Dios viviente nos obliga m&aacute;s que cualquier mandato o intenci&oacute;n humana. Esta palabra comporta la elocuencia suprema de la verdad, comporta la autoridad de Dios mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El es la fuente de verdad indudable e infalible, mientras la verdad que puede alcanzar el conocimiento humano y la inteligencia incluso de los hombres m&aacute;s geniales lleva consigo la posibilidad de equivocaci&oacute;n o de error. Efectivamente, la historia del pensamiento testifica que a veces se han equivocado las mayores autoridades en el campo de la filosof&iacute;a y de la ciencia, y quienes les suced&iacute;an pon&iacute;an en evidencia estos errores, haciendo avanzar de este modo la obra del conocimiento humano, maravillosa ciertamente&#8230;, pero siempre humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Pedro y los Ap&oacute;stoles est&aacute;n ante el Sanedr&iacute;n, tienen plena y absoluta certeza de que, en Cristo, ha hablado Dios mismo, que ha hablado definitivamente con su cruz y con su resurrecci&oacute;n. Pedro y los otros Ap&oacute;stoles, por lo tanto, a quienes fue dada directamente esta verdad \u2014como aquellos que, a su tiempo, recibieron el Esp&iacute;ritu Santo\u2014 deben dar testimonio <i>de ella<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">5. <i>Creer<\/i> quiere decir aceptar la verdad que viene de Dios con toda la convicci&oacute;n del entendimiento, apoy&aacute;ndose en la gracia del Esp&iacute;ritu Santo &quot;que Dios otorg&oacute; a los que le obedecen&quot; (<i>Act<\/i> 5, 32); aceptar lo que Dios ha revelado, y que llega continuamente a nosotros mediante la Iglesia en su &quot;transmisi&oacute;n&quot; viva, es decir, en la tradici&oacute;n. El &oacute;rgano de esta tradici&oacute;n es la ense&ntilde;anza de Pedro y de los Ap&oacute;stoles y de sus sucesores.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Creer<\/i> quiere decir aceptar su testimonio en la Iglesia, que custodia este testimonio de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, y luego \u2014bas&aacute;ndose en <i>este testimonio<\/i>\u2014 <i>dar testimonio de la misma verdad<\/i>, con la misma certeza y convicci&oacute;n interior.<\/p>\n<p align=\"left\">En el curso de los siglos cambian los sanedrines que exigen el silencio, el abandono o la deformaci&oacute;n de esta verdad. <i>Los sanedrines del mundo contempor&aacute;neo<\/i> son totalmente diversos, y son muchos. Estos sanedrines son cada uno de los hombres que rechazan la verdad divina; son los sistemas del pensamiento humano, del conocimiento humano; son las diversas <i>concepciones del mundo<\/i> y tambi&eacute;n los diversos programas del comportamiento humano; son tambi&eacute;n las varias <i>formas de presi&oacute;n <\/i>de la llamada opini&oacute;n p&uacute;blica, de la civilizaci&oacute;n de masa, de los medios de comunicaci&oacute;n social de tinte materialista, laico agn&oacute;stico, anti-religioso; son, finalmente, tambi&eacute;n algunos contempor&aacute;neos <i>sistemas de gobierno<\/i> que \u2014si no privan totalmente a los ciudadanos de la posibilidad o confesar la fe\u2014 al menos la limitan de diversos modos, marginan a los creyentes y los convierten como en ciudadanos de categor&iacute;a inferior&#8230; y ante todas estas formas modernas del Sanedr&iacute;n de entonces, <i>la respuesta de la fe es siempre la misma<\/i>: &quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot;. &quot;El Dios de nuestros padres resucit&oacute; a Jes&uacute;s quien vosotros hab&eacute;is dado muerte suspendi&eacute;ndole de un madero&#8230; Nosotros somos testigos de esto y lo es tambi&eacute;n el Esp&iacute;ritu Santo&#8230;&quot; (<i>Act<\/i> 5, 29-32).<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en todos esos hombres del mundo, hermanos nuestros en Cristo, <i>que dan esta respuesta de fe<\/i>&#8230; en condiciones a veces mucho m&aacute;s dif&iacute;ciles de aquellas en las que nosotros nos encontramos. Pensemos en los que pagan <i>el precio m&aacute;s grande<\/i> por esta respuesta: a veces el de la vida misma, a veces el de la privaci&oacute;n de la libertad, o de la marginaci&oacute;n social, o del escarnio&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">El libro de los Hechos dice que los Ap&oacute;stoles &quot;se fueron contentos de la presencia del Sanedr&iacute;n, porque hab&iacute;an sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jes&uacute;s&quot; (<i>Act<\/i> 5, 41).<\/p>\n<p align=\"left\">Tampoco faltan hoy testigos semejantes. Con la misma fuerza del Esp&iacute;ritu hacen fructificar en ellos las palabras de Pedro, dichas al comienzo de la historia de la Iglesia. &quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot; (<i>Act<\/i> 5, 29).<\/p>\n<p align=\"left\">Oremos frecuentemente por aquellos cuya fe exige el precio de esta grande y, a veces, extrema prueba, <i>para que no les falte la fuerza del Esp&iacute;ritu<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Y finalmente mir&eacute;monos a nosotros mismos:<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es nuestra fe? &iquest;La fe de los hombres de esta Roma, cuyo primer Obispo fue precisamente Pedro?<\/p>\n<p align=\"left\">Esta fe, &iquest;es tan un&iacute;voca y clara como la que confes&oacute; Pedro ante el Sanedr&iacute;n &iquest;O no es, en cambio, a veces, m&aacute;s bien <i>equ&iacute;voca<\/i>? &iquest;Mezclada con sospechas y con dudas?, &iquest;no est&aacute;, a veces, mutilada?, &iquest;adaptada a nuestros puntos de vista humanos? &iquest;A los criterios de la moda, de la sensaci&oacute;n, de la opini&oacute;n humana?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Podemos realmente hacer nuestras las palabras de Pedro: &quot;Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres&quot;?<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Y oremos por nuestra fe<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Por la fe de la generaci&oacute;n joven. Y por la fe de la generaci&oacute;n vieja. Son diversas las pruebas que atraviesa en los distintos lugares de la tierra&#8230; en cada uno de los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Que no nos falte jam&aacute;s esa vista, que tambi&eacute;n a nosotros \u2014como a los Ap&oacute;stoles en el lago\u2014 nos permita descubrir la presencia de Cristo: &quot;Es el Se&ntilde;or (<i>Jn<\/i> 21, 7), y navegar hacia El.<\/p>\n<p align=\"left\">No permita Dios que nos alejemos de El.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA MAR&Iacute;A REINA DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 20 de abril de 1980 &nbsp; 1. &quot;La paz sea con vosotros&quot;. 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