{"id":39661,"date":"2016-10-05T22:57:25","date_gmt":"2016-10-06T03:57:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-archidiocesis-de-turin\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:25","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:25","slug":"13-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-archidiocesis-de-turin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-abril-de-1980-visita-pastoral-a-la-archidiocesis-de-turin\/","title":{"rendered":"13 de abril de 1980, Visita pastoral a la archidi\u00f3cesis de Tur\u00edn"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1980\/trav_torino.html\">VISITA PASTORAL A TUR&Iacute;N<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Atrio de la Catedral<br \/> Domingo 13 de abril de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;La tarde del primer d&iacute;a de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los disc&iacute;pulos por temor de los jud&iacute;os&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 19). Con estas palabras comienza hoy la lectura del Evangelio seg&uacute;n Juan.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Estando cerradas las puertas&#8230; por temor&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Ya en la ma&ntilde;ana, lleg&oacute; a los Ap&oacute;stoles, reunidos en el Cen&aacute;culo, la noticia de que el sepulcro, donde hab&iacute;a sido puesto Cristo, estaba vac&iacute;o. La piedra, sellada por la autoridad romana, a petici&oacute;n del Sanedr&iacute;n, hab&iacute;a sido removida. Estaban ausentes los guardias que por iniciativa y orden del mismo Sanedr&iacute;n deb&iacute;an vigilar junto a la tumba.<\/p>\n<p align=\"left\">Las mujeres, que &quot;muy de madrugada&quot; hab&iacute;an ido al sepulcro de Jes&uacute;s, pudieron <i>entrar a la tumba<\/i> sin dificultad. Luego, pudieron hacer lo mismo tambi&eacute;n Pedro, informado por ellas, y Juan juntamente con &eacute;l. Pedro entr&oacute; en el sepulcro; vio los lienzos y el sudario, colocado aparte, con los que hab&iacute;a sido envuelto el cuerpo del Maestro. Los dos comprobaron que el sepulcro estaba vac&iacute;o y abandonado. Creyeron en la veracidad de las palabras que les hab&iacute;an dicho las mujeres, sobre todo Mar&iacute;a Magdalena; sin embargo&#8230; no hab&iacute;an comprendido a&uacute;n la Escritura, seg&uacute;n la cual El deb&iacute;a resucitar de entre los muertos (cf. <i>Jn<\/i> 20, 1 ss.),<\/p>\n<p align=\"left\">Regresaron, pues, al Cen&aacute;culo, esperando el desarrollo ulterior de los acontecimientos. Si el Evangelista Juan, que particip&oacute; activamente en todo esto, escribe que &quot;se encontraban (en el Cen&aacute;culo) con las puertas cerradas por temor a los jud&iacute;os, esto quiere decir <i>que el temor<\/i>, en el curso de ese d&iacute;a, <i>fue en ellos <\/i>m&aacute;s<i> fuerte<\/i> que los otros sentimientos. M&aacute;s bien no esperaban nada bueno del hecho de que el sepulcro estuviese vac&iacute;o; esperaban incluso nuevas molestias, vejaciones por parte de los representantes de las autoridades jud&iacute;as. Este fue un simple temor humano, proveniente de la amenaza inmediata. Sin embargo, en el fondo de este inmediato miedo-temor por ellos mismos, hab&iacute;a un <i>temor m&aacute;s profundo<\/i>, causado por los acontecimientos de los &uacute;ltimos d&iacute;as. Este temor, que comenz&oacute; la noche del jueves, hab&iacute;a llegado a su culmen en el curso del Viernes Santo, y, despu&eacute;s de la sepultura de Jes&uacute;s, permanec&iacute;a a&uacute;n, paralizando todas las iniciativas.<\/p>\n<p align=\"left\">Era <i>el temor que nac&iacute;a de la muerte de Cristo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, cuando un d&iacute;a les pregunt&oacute;: &quot;&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que es el Hijo del hombre?&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 13), le hab&iacute;an tra&iacute;do diversas voces y opiniones sobre Cristo; y, luego, interrogados directamente: &quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy?&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 15), hab&iacute;an escuchado y aceptado en silencio, como propias, las palabras de Sim&oacute;n Pedro: &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo tanto, en la cruz <i>muri&oacute;<\/i> el Hijo <i>de Dios vivo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El temor que se hab&iacute;a apoderado del coraz&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, ten&iacute;a sus ra&iacute;ces m&aacute;s profundas en esta muerte: <i>fue el temor nacido, por decirlo as&iacute;, de la muerte de Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>El temor atormenta tambi&eacute;n a la generaci&oacute;n contempor&aacute;nea de los hombres<\/i>. Lo experimentan de manera acentuada. Quiz&aacute; lo sienten m&aacute;s profundamente aquellos que son m&aacute;s conscientes de toda la situaci&oacute;n del hombro y que, al mismo tiempo, han aceptado la muerte de Dios en el mundo humano.<\/p>\n<p align=\"left\">Este temor no se encuentra en la superficie de la vida humana. <i>En la superficie se compensa<\/i> mediante los diversos medios de la civilizaci&oacute;n y de la t&eacute;cnica moderna, que permiten al hombre liberarse de su profundidad, y vivir en la dimensi&oacute;n del &quot;homo oeconomicus&quot;, del &quot;homo technicus&quot;, del &quot;homo politicus&quot;, y, en cierto grado, tambi&eacute;n en la dimensi&oacute;n del &quot;homo ludens&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, en la actualidad existe y crece con una motivaci&oacute;n suficiente, la conciencia de un progreso acelerado del hombre en la esfera de su dominio sobre el mundo visible y sobre la naturaleza.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre, en su dimensi&oacute;n planetaria, jam&aacute;s fue tan consciente de todas las fuerzas que es capaz de utilizar y destinar al propio servicio, y nunca se ha servido de ellas en tan gran medida. Desde este punto de vista y en esta dimensi&oacute;n, la convicci&oacute;n acerca del progreso de la humanidad est&aacute; <i>plenamente<\/i> justificada.<\/p>\n<p align=\"left\">En los pa&iacute;ses y en los ambientes de mayor progreso t&eacute;cnico y de mayor bienestar material, al <i>comp&aacute;s<\/i> de esta convicci&oacute;n camina una actitud, que <i>se suele llamar &quot;consum&iacute;stica&quot;<\/i>. Ella, sin embargo, testimonia que la convicci&oacute;n del progreso del hombre est&aacute; justificada s&oacute;lo <i>en parte<\/i>. M&aacute;s a&uacute;n, testimonia que esta orientaci&oacute;n del progreso puede matar en el hombre lo que es m&aacute;s profunda y m&aacute;s esencialmente humano.<\/p>\n<p align=\"left\">Si estuviese aqu&iacute; presente madre Teresa de Calcuta \u2014una de esas mujeres que no tienen miedo de acercarse, siguiendo a Cristo, a todas las dimensiones de la humanidad, a todas las situaciones del hombre en el mundo contempor&aacute;neo\u2014 ella nos dir&iacute;a que en las calles de Calcuta y de otras ciudades del mundo los hombres mueren de hambre&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">La actitud &quot;consum&iacute;stica&quot; <i>no toma en consideraci&oacute;n toda la verdad sobre el hombre<\/i>, ni la verdad hist&oacute;rica, ni la social, ni la interior y metaf&iacute;sica. M&aacute;s bien es una huida de esta verdad. No toma en consideraci&oacute;n toda la verdad sobre el hombre. El hombre es creado para la felicidad. &iexcl;S&iacute;! &iexcl;Pero la felicidad del hombre no se identifica en absoluto con el gozar! El hombre orientado &quot;consum&iacute;sticamente&quot; pierde, en este goce, la dimensi&oacute;n plena de su humanidad, pierde la conciencia del sentido m&aacute;s profundo de la vida. Esta orientaci&oacute;n del progreso mata, pues, en el hombre lo que es m&aacute;s profunda y esencialmente humano.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Pero <i>el hombre reh&uacute;ye de la muerte<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre tiene miedo a la muerte. El hombre se defiende de la muerte. Y la sociedad trata de defenderlo de la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">El progreso que, con tanta dificultad, con el derroche de tantas energ&iacute;as y con tantos gastos ha sido construido por las generaciones humanas contiene, sin embargo, en su complejidad, <i>un poderoso coeficiente de muerte<\/i>. Esconde en s&iacute; incluso un gigantesco <i>potencial de muerte<\/i>, &iquest;Es necesario comprobar esto en la sociedad, que es consciente de qu&eacute; posibilidades de destrucci&oacute;n se encuentran en los contempor&aacute;neos arsenales militares y nucleares?<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo tanto, el hombre contempor&aacute;neo tiene miedo. Tienen miedo las superpotencias que disponen de esos arsenales, y tienen miedo los dem&aacute;s: los continentes, las naciones, las ciudades&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Este <i>miedo est&aacute; justificado<\/i>. No s&oacute;lo existen posibilidades de destrucci&oacute;n y de muerte antes desconocidas, sino que hoy ya &iexcl;los <i>hombres matan abundantemente a otros hombres!<\/i> Matan en las casas, en las f&aacute;bricas, en las universidades. Los hombres armados con las armas modernas matan a hombres indefensos e inocentes. Incidentes de este g&eacute;nero ocurr&iacute;an siempre, pero hoy esto se ha convertido en un sistema. Si los hombres afirman que es necesario asesinar a otros hombres, a fin de cambiar y mejorar al hombre y a la sociedad, entonces debemos preguntar si, junto con este gigantesco progreso material del que participa nuestra &eacute;poca, no hemos llegado simult&aacute;neamente a <i>borrar precisamente al hombre, &iexcl;un valor tan fundamental y elemental!<\/i> &iquest;No hemos llegado ya a la negaci&oacute;n de ese principio fundamental y elemental, que el antiguo pensador cristiano expres&oacute; con la frase: &quot;Es necesario que el hombre viva&quot;? (Ireneo).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, un temor justificado atormenta a la generaci&oacute;n de los hombres contempor&aacute;neos. Esta orientaci&oacute;n de un progreso gigantesco que ha llegado a ser el exponente de nuestra civilizaci&oacute;n, &iquest;no se convertir&aacute; en el comienzo de la muerte gigantesca y programada del hombre?<\/p>\n<p align=\"left\">Esos terribles campos de la muerte, de los que todav&iacute;a llevan las huellas en su propio cuerpo algunos de nuestros contempor&aacute;neos, &iquest;no son, en nuestro siglo, tambi&eacute;n un anuncio y una anticipaci&oacute;n de esto?<\/p>\n<p align=\"left\">4. Los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n eran presa del miedo: &quot;Estando las puertas cerradas&#8230; por temor&quot;. Hab&iacute;a muerto en la cruz el Hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">El temor, que atormenta a los hombres modernos, &iquest;acaso no nace tambi&eacute;n, <i>en su ra&iacute;z m&aacute;s profunda, de la &quot;muerte de Dios&quot;?<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">No de aquella sobre la cruz, que se convirti&oacute; en el comienzo de la resurrecci&oacute;n y en la fuente de la glorificaci&oacute;n del Hijo de Dios y, a la vez, en el fundamento de la esperanza humana y en el signo de la salvaci&oacute;n; no de &eacute;sa.<\/p>\n<p align=\"left\">Sino de la muerte, con <i>la que el hombre hace morir a Dios en s&iacute; mismo<\/i>, y particularmente en el curso de las &uacute;ltimas etapas de su historia, en su pensamiento, en su conciencia, en su actuar. Esto es como un denominador com&uacute;n de muchas iniciativas del pensamiento y de la voluntad humana. El hombre quita a Dios de s&iacute; mismo y del mundo, Y llama a eso <i>&quot;liberaci&oacute;n de la alienaci&oacute;n religiosa&quot;<\/i>. El hombre se substrae y substrae al mundo de Dios, pensando que s&oacute;lo de este modo podr&aacute; entrar en su plena posesi&oacute;n, convirti&eacute;ndose en el due&ntilde;o del mundo y de su propio ser. El hombre, pues, &quot;hace morir&quot; a Dios en s&iacute; mismo y en los otros. A esto se encaminan enteros sistemas filos&oacute;ficos, programas sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. Por esto vivimos en la &eacute;poca de un gigantesco <i>progreso material<\/i>, que es tambi&eacute;n la &eacute;poca <i>de una negaci&oacute;n de Dios<\/i>, antes desconocida.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la imagen de nuestra civilizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero, &iquest;por qu&eacute; tiene miedo el hombre? Quiz&aacute;, incluso porque, como consecuencia de esta negaci&oacute;n, <i>en &uacute;ltimo an&aacute;lisis<\/i>, se queda solo: metaf&iacute;sicamente solo&#8230; interiormente solo.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;O acaso?&#8230; acaso precisamente porque el hombre, que hace morir a Dios, no encontrar&aacute; siquiera un freno decisivo para no matar al hombre. Este freno decisivo est&aacute; en Dios. La raz&oacute;n &uacute;ltima para que el hombre viva, respete y proteja la vida del hombre, <i>est&aacute; en Dios<\/i>. &iexcl;Y el fundamento &uacute;ltimo del valor y de la dignidad del hombre, del sentido de su vida, es el hecho de que es imagen y semejanza de Dios!<\/p>\n<p align=\"left\">5. La tarde de ese d&iacute;a, el primero despu&eacute;s del s&aacute;bado, estando los Ap&oacute;stoles con las puertas cerradas &quot;por temor a los jud&iacute;os&quot;, <i>Jes&uacute;s vino a ellos<\/i>. Entr&oacute;, se puso en medio de ellos y les dijo: &quot;La paz sea con vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 19).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Luego El vive!<\/i> El sepulcro vac&iacute;o no significaba sino que El hab&iacute;a resucitado, como hab&iacute;a predicho. Vive, y he aqu&iacute; que viene a ellos, al mismo lugar que con ellos hab&iacute;a dejado la tarde del jueves despu&eacute;s de la cena pascual. <i>Vive, en su propio cuerpo<\/i>. Efectivamente, despu&eacute;s de saludarles, &quot;les mostr&oacute; las manos y el costado&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 20). &iquest;Por qu&eacute;? Ciertamente porque all&iacute; hab&iacute;an quedado las se&ntilde;ales de la crucifixi&oacute;n. Por lo tanto, es el mismo Cristo que fue crucificado y que muri&oacute; en la cruz, y ahora vive. Es Cristo <i>resucitado<\/i>. En la ma&ntilde;ana del mismo d&iacute;a no se dej&oacute; entretener por Magdalena; y ahora &quot;les muestra \u2014a los Ap&oacute;stoles\u2014 las manos y el costado&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Los disc&iacute;pulos se alegraron viendo al Se&ntilde;or&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 20). &iexcl;Se alegraron! Esta palabra es sencilla y a la vez profunda. No habla directamente de la profundidad y de la potencia de la alegr&iacute;a, de que se hicieron part&iacute;cipes los testigos del Resucitado, pero nos permite intuirlo. Si su temor ten&iacute;a las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas en el hecho de la muerte del Hijo de Dios, entonces la alegr&iacute;a del encuentro con el Resucitado deb&iacute;a estar en consonancia con ese temor. Deb&iacute;a ser mayor que el temor. Esta alegr&iacute;a era tanto mayor, en cuanto, humanamente, era m&aacute;s dif&iacute;cil de aceptar. Y cu&aacute;n dif&iacute;cil resultase, lo testimonia el comportamiento posterior de Tom&aacute;s, que &quot;no estaba con ellos cuando vino Jes&uacute;s&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 24).<\/p>\n<p align=\"left\">Es arduo describir <i>esta alegr&iacute;a<\/i>. Y es arduo medirla con el metro de la sicolog&iacute;a humana. Es <i>sencilla<\/i>, con toda la sencillez del Evangelio y, a la vez, es profunda en toda su profundidad. Y la profundidad del Evangelio es tal, que en &eacute;l est&aacute; contenido completamente todo el hombre. Est&aacute; contenido en &eacute;l superabundantemente: con toda&nbsp; su voluntad, con toda la aspiraci&oacute;n de su esp&iacute;ritu y con todos los deseos de su &quot;coraz&oacute;n&quot;. Est&aacute; <i>contenido<\/i> tambi&eacute;n <i>con toda la profundidad<\/i> de ese temor suyo, que nace de la &quot;muerte de Dios&quot;, y que nace tambi&eacute;n en la perspectiva de la &quot;muerte del hombre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente estos tiempos en que vivimos, tiempos en que se ha obrado la perspectiva de la &quot;muerte del hombre&quot; nacida de la &quot;muerte de Dios&quot; en el pensamiento humano, en la conciencia humana, en el actuar humano, precisamente estos tiempos exigen, de modo particular, la <i>verdad sobre la resurrecci&oacute;n<\/i> del Crucificado. Exigen tambi&eacute;n el testimonio de la resurrecci&oacute;n, que sea m&aacute;s elocuente que nunca.<\/p>\n<p align=\"left\">No en vano el Vaticano II ha llamado la atenci&oacute;n de toda la Iglesia hacia el &quot;mysterium paschale&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Vivimos, pues, hoy este misterio con toda la Iglesia que est&aacute; en Tur&iacute;n. <i>Damos testimonio de la resurrecci&oacute;n de Cristo ante esta ciudad y ante la sociedad<\/i>. Que todo <i>Tur&iacute;n<\/i> se convierta en un <i>cen&aacute;culo<\/i> de este encuentro con el Resucitado, al que nos lleva hoy la santa liturgia.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay para esto ricas <i>razones hist&oacute;ricas<\/i>, que se remontan a tiempos antiguos. Pero, ante todo, estas ra&iacute;ces se encuentran en la historia reciente de vuestra ciudad y de vuestra Iglesia. El misterio pascual ha encontrado aqu&iacute; algunos espl&eacute;ndidos <i>testigos y ap&oacute;stoles<\/i>, en particular entre los siglos XIX y XX. Por lo dem&aacute;s, no pod&iacute;a ser de otra manera en la ciudad que custodia una reliquia &uacute;nica y misteriosa, como la S&aacute;bana Santa, testigo singular&iacute;simo \u2014si aceptamos los argumentos de tantos cient&iacute;ficos\u2014 de la Pascua: de la pasi&oacute;n, de la muerte y de la resurrecci&oacute;n. &iexcl;Testigo mudo, pero a la vez sorprendentemente elocuente!<\/p>\n<p align=\"left\">Por consiguiente, en todos esos hombres que han dejado aqu&iacute;, en Tur&iacute;n, <i>una huella y una semilla<\/i>, tan maravillosas, de la santidad: Don Bosco, Cottolengo, Cafasso, a trav&eacute;s de estos hombres, repito, &iquest;acaso no ha obrado aqu&iacute; Cristo crucificado y resucitado?<\/p>\n<p align=\"left\">Pero dir&aacute; alguno: esta es historia de ayer. Hoy es diferente, radicalmente diferente. El &quot;hoy&quot; borra el &quot;ayer&quot;. No existe ya el Tur&iacute;n de los santos, sino el Tur&iacute;n de la gran industria y de la gran secularizaci&oacute;n, el Tur&iacute;n de una cotidiana lucha de clases y de una incesante violencia. Los santos pertenecen al pasado, no valen para los tiempos de hoy, dir&aacute; alguno.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero est&aacute; Cristo. Y El vale para todos los tiempos: &quot;Jesucristo es el mismo hoy, ayer y por los siglos&quot; (<i>Heb<\/i> 13, 8). M&aacute;s a&uacute;n. Escuchemos el Apocalipsis de Juan Ap&oacute;stol. El da un testimonio especial de este Cristo de ayer, de hoy y de ma&ntilde;ana: &quot;As&iacute; que le vi, ca&iacute; a sus pies como muerto; pero El puso su diestra sobre m&iacute;, diciendo: No temas; yo soy el primero y el &uacute;ltimo, el viviente, que fui muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del infierno&quot; (1, 17-18).<\/p>\n<p align=\"left\">Poder sobre la muerte&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;. <i>La &uacute;nica llave contra la &quot;muerte del hombre&quot;<\/i> la posee El: el Hijo de Dios vivo, El, el Testigo de Dios vivo: <i>&quot;El Primero y el Ultimo y el Viviente&quot;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Esto se nos ha dicho a nosotros, hombres de la &eacute;poca de un gigantesco progreso, y de la &eacute;poca de un miedo que crece a la par de los &eacute;xitos humanos y de sus amenazas.<\/p>\n<p align=\"left\">Esto se ha dicho para nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">7. &iquest;Y acaso son hoy m&aacute;s numerosos entre nosotros los no creyentes que los creyentes? Quiz&aacute; ha muerto la fe y ha sido cubierta por un estrato de costumbres laicas, o incluso de negaci&oacute;n y de desprecio&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">En el acontecimiento evang&eacute;lico y lit&uacute;rgico de hoy hay <i>tambi&eacute;n un Ap&oacute;stol incr&eacute;dulo<\/i> y obstinado en su no-fe: &quot;Si no veo&#8230; no creer&eacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo dice: &quot;Mira&quot;&#8230; comprueba&#8230; &quot;y no seas incr&eacute;dulo&#8230;&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 25). O quiz&aacute; bajo la no-fe est&aacute; <i>incluso el pecado<\/i>, el pecado inveterado, al que los hombres modernos no quieren llamar <i>por su nombre<\/i>, para que el hombre no lo llame as&iacute; y no busque su remisi&oacute;n. Cristo dice: &quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quien perdonareis los pecados, les ser&aacute;n perdonados; a quienes se los retuviereis, les ser&aacute;n retenidos&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22-23). El hombre puede llamar al pecado por su hombre, no est&aacute; obligado a <i>falsificarlo en s&iacute; mismo<\/i>, porque la Iglesia ha recibido de Cristo el poder y la potencia sobre el pecado para bien de las conciencias humanas.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n &eacute;stos son detalles esenciales del mensaje pascual de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda la Iglesia anuncia hoy a todos los hombres la alegr&iacute;a pascual, en la que resuena <i>la victoria sobre el temor del hombre<\/i>. Sobre el temor de las conciencias humanas, nacido del pecado. Sobre el temor de toda la existencia, nacido de la &quot;muerte de Dios&quot; en el hombre, en la cual se abren las perspectivas de una m&uacute;ltiple &quot;muerte del hombre&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es <i>la alegr&iacute;a de los Ap&oacute;stoles<\/i> congregados eh el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. Es la alegr&iacute;a pascual de la <i>Iglesia<\/i>, que en este Cen&aacute;culo tuvo su comienzo. Ella tiene su comienzo en la tumba desierta en el G&oacute;lgota, y en los corazones de esos hombres sencillos que &quot;la tarde de ese mismo d&iacute;a, el primero despu&eacute;s del s&aacute;bado&quot;, ven al Resucitado y escuchan de sus labios el saludo &quot;&iexcl;La paz sea con vosotros!&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Que esta alegr&iacute;a m&aacute;s potente que todo temor del hombre sea participada por esta Iglesia y por esta ciudad, &quot;Augusta Taurinorum&quot;, hacia la cual me ha sido dado peregrinar a m&iacute;, indigno Sucesor de Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A TUR&Iacute;N CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Atrio de la Catedral Domingo 13 de abril de 1980 &nbsp; 1. &quot;La tarde del primer d&iacute;a de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban los disc&iacute;pulos por temor de los jud&iacute;os&quot; (Jn 20, 19). 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