{"id":39667,"date":"2016-10-05T22:57:33","date_gmt":"2016-10-06T03:57:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1980-domingo-de-ramos\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:33","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:33","slug":"30-de-marzo-de-1980-domingo-de-ramos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1980-domingo-de-ramos\/","title":{"rendered":"30 de marzo de 1980, Domingo de Ramos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DEL DOMINGO DE RAMOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 30 de marzo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Cristo, junto con sus disc&iacute;pulos, se acerca a Jerusal&eacute;n. Lo hace como los dem&aacute;s peregrinos, hijos e hijas de Israel; que en esta semana. precedente a la Pascua, van a Jerusal&eacute;n. Jes&uacute;s es uno de tantos.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Este&nbsp; acontecimiento<\/i>, en su desarrollo externo, se puede considerar, pues, normal. Jes&uacute;s se acerca a Jerusal&eacute;n desde el Monte llamado de los Olivos, y por lo tanto viniendo de las localidades de Betfag&eacute; y de Betania. All&iacute; da orden a dos disc&iacute;pulos de traerle un borrico. Les da las indicaciones precisas: d&oacute;nde encontrar&aacute;n al animal y c&oacute;mo deben responder a los que pregunten por qu&eacute; lo hacen. Los disc&iacute;pulos siguen escrupulosamente las indicaciones. A los que preguntan por que desatan al borrico, les responden: &quot;El Se&ntilde;or tiene necesidad de &eacute;l&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 31), y esta respuesta es suficiente. El borrico es joven; hasta ahora nadie ha montado sobre &eacute;l. Jes&uacute;s ser&aacute; el primero. As&iacute;, pues, sentado sobre el borrico, Jes&uacute;s realiza el &uacute;ltimo trecho del camino hacia Jerusal&eacute;n. Sin embargo, desde cierto momento, este viaje, que en s&iacute; nada ten&iacute;a de extraordinario, se cambia en una verdadera &quot;entrada solemne en Jerusal&eacute;n&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy celebramos el Domingo de Ramos, que nos recuerda y hace presente esta &quot;entrada&quot;. En un especial <i>rito lit&uacute;rgico<\/i> repetimos y reproducimos todo lo que hicieron y dijeron los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s \u2014tanto los cercanos como los m&aacute;s lejanos en el tiempo\u2014 en ese camino, que llevaba desde el Monte de los Olivos a Jerusal&eacute;n. Igual que ellos, tenernos en las manos los ramos de olivo y decimos \u2014o mejor, cantamos\u2014 <i>las palabras de veneraci&oacute;n<\/i> que ellos pronunciaron. Estas palabras, seg&uacute;n la redacci&oacute;n del Evangelio de Lucas, dicen as&iacute;: &quot;Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Se&ntilde;or. Paz en el cielo y gloria en las alturas&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 38).<\/p>\n<p align=\"left\">En estas circunstancias, el simple hecho de Jes&uacute;s, que junto con los disc&iacute;pulos sube hacia Jerusal&eacute;n para la cercana solemnidad de la Pascua, asume claramente un <i>significado mesi&aacute;nico<\/i>. Los detalles que forman el marco del acontecimiento, demuestran que en &eacute;l se cumplen las profec&iacute;as. Demuestran tambi&eacute;n que, pocos d&iacute;as antes de la Pascua, en ese momento de su misi&oacute;n p&uacute;blica, Jes&uacute;s logr&oacute; convencer a muchos hombres sencillos en Israel.. Le segu&iacute;an los m&aacute;s cercanos, los Doce, y adem&aacute;s una muchedumbre: &quot;Toda la muchedumbre de los disc&iacute;pulos&quot;, como dice el Evangelista Lucas (19, 37), la cual hac&iacute;a comprender sin equ&iacute;vocos que ve&iacute;a en El al Mes&iacute;as.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El Domingo de Ramos abre la Semana Santa de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or; de la que ya lleva en s&iacute; la dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda. Por este motivo, leemos toda la descripci&oacute;n de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or seg&uacute;n Lucas.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s, al subir en ese momento hacia Jerusal&eacute;n, <i>se revela a S&iacute; mismo<\/i> completamente ante aquellos que preparan el atentado contra su vida. Por lo dem&aacute;s, se hab&iacute;a revelado desde ya hac&iacute;a tiempo, al confirmar con los milagros todo lo que proclamaba y al ense&ntilde;ar, como doctrina de su Padre, todo lo que ense&ntilde;aba. Las lecturas lit&uacute;rgicas de las &uacute;ltimas semanas lo demuestran de manera clara: la &quot;entrada solemne en Jerusal&eacute;n&quot; constituye un paso nuevo y decisivo <i>en el camino hacia la muerte<\/i>, que le preparan los representantes de los ancianos de Israel.<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras que dice &quot;toda la muchedumbre&quot; de peregrinos, que sub&iacute;an a Jerusal&eacute;n con Jes&uacute;s, no pod&iacute;an menos de reforzar las inquietudes del Sanedr&iacute;n y de apresurar&nbsp; la decisi&oacute;n final.<\/p>\n<p align=\"left\">El Maestro es plenamente consciente de esto. Todo cuanto hace, lo hace con esta conciencia, siguiendo las palabras de la Escritura, que ha previsto cada uno de los momentos de su Pascua. La entrada en Jerusal&eacute;n fue el <i>cumplimiento de la Escritura<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s de Nazaret se revela, pues, seg&uacute;n las palabras de los Profetas, que El s&oacute;lo ha comprendido en toda su plenitud. Esta plenitud permaneci&oacute; velada tanto a &quot;la muchedumbre de los disc&iacute;pulos&quot;, cine a lo largo del camino hacia Jerusal&eacute;n cantaban &quot;Hosanna&quot;, alabando &quot;a Dios a grandes voces por todos los milagros que hab&iacute;an visto&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 37), como a esos Doce m&aacute;s cercanos a El. A estos &uacute;ltimos, el amor por Cristo no les permit&iacute;a admitir un final doloroso; recordemos c&oacute;mo en una ocasi&oacute;n dijo Pedro: &quot;Esto no te suceder&aacute; jam&aacute;s&quot; (<i>Mt<\/i> 16; 22).<\/p>\n<p align=\"left\">En cambio, para Jes&uacute;s <i>las palabras de los Profetas<\/i> son claras hasta el fin, y <i>se le revelan<\/i> con <i>toda la plenitud de su verdad<\/i>; y El mismo se abre ante esta verdad con toda la profundidad de su esp&iacute;ritu. La acepta totalmente. No reduce nada. En las palabras de los Profetas encuentra el significado justo de la vocaci&oacute;n del Mes&iacute;as: de su propia vocaci&oacute;n. Encuentra en ellas la voluntad del Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or Dios me ha abierto los o&iacute;dos, y yo no me resisto, no me echo atr&aacute;s&quot; (<i>Is<\/i> 50, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo la liturgia del Domingo de Ramos contiene ya en s&iacute; la dimensi&oacute;n plena de la pasi&oacute;n: la <i>dimensi&oacute;n de la Pascua<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;He dado mis espaldas a los que me her&iacute;an, mis mejillas a los que me arrancaban la barba. Y no escond&iacute; mi rostro ante las injurias y los esputos&quot; (<i>Is<\/i> 50, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Al verme, se burlan de m&iacute;; hacen visajes, menean la cabeza&#8230; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi t&uacute;nica&quot; (<i>Sal<\/i> 21 [22], 8-17-19).<\/p>\n<p align=\"left\">3. He aqu&iacute; la liturgia del Domingo de Ramos: en medio de las exclamaciones de la muchedumbre, del entusiasmo de los disc&iacute;pulos que, con las palabras de los Profetas, proclaman y confiesan en El al Mes&iacute;as, s&oacute;lo El, Cristo, conoce hasta el fondo la verdad de su misi&oacute;n; s&oacute;lo El, Cristo, lee hasta el fondo lo que sobre El han escrito los Profetas.<\/p>\n<p align=\"left\">Y todo lo que han dicho y escrito se cumple en El con la <i>verdad<\/i> interior <i>de su alma<\/i>. El, con la voluntad y el coraz&oacute;n, est&aacute; ya en todo lo que, seg&uacute;n las dimensiones externas del tiempo, le queda todav&iacute;a por delante. Ya en este cortejo triunfal, en su &quot;entrada en Jerusal&eacute;n&quot;, El es &quot;<i>obediente hasta la muerte<\/i> y muerte de cruz&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">Entre la voluntad del Padre, que lo ha enviado, y la voluntad del Hijo hay una profunda uni&oacute;n plena de amor, un beso interior de paz y de redenci&oacute;n. En este beso, en este abandono sin l&iacute;mites, Jesucristo, que es de naturaleza divina, se despoja a S&iacute; mismo y toma la condici&oacute;n de siervo, humill&aacute;ndose a S&iacute; mismo (cf. <i>Flp<\/i> 2, 6-8). Y permanece en este abajamiento, en esta expoliaci&oacute;n de su fulgor externo, de su divinidad y de su humanidad, llena de gracia y de verdad. El, Hijo del hombre, va, con este aniquilamiento y expoliaci&oacute;n, hacia los acontecimientos que se cumplir&aacute;n, citando su abajamiento, expoliaci&oacute;n, aniquilamiento revistan precisas <i>formas exteriores<\/i>: recibir&aacute; salivazos, ser&aacute; flagelado, insultado, escarnecido, rechazado por el propio pueblo, condenado a muerte, crucificado, hasta que pronuncie el &uacute;ltimo: &quot;todo est&aacute; cumplido&quot;, entregando el esp&iacute;ritu en las manos del Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la entrada &quot;interior&quot; de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, que se realiza dentro de su alma en el umbral de la Semana Santa.<\/p>\n<p align=\"left\">4. En cierto momento, se le acercan los fariseos que no pueden soportar m&aacute;s las exclamaciones de la muchedumbre en honor de Cristo, que hace su entrada en Jerusal&eacute;n, y dicen: &quot;Maestro, reprende a tus disc&iacute;pulos&quot;; Jes&uacute;s contest&oacute;: &quot;Os digo que si ellos callasen, gritar&iacute;an las piedras&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 39-40).<\/p>\n<p align=\"left\">Comenzamos hoy la Semana Santa de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or en Roma,, En esta ciudad no faltan las piedras que hablan de c&oacute;mo ha llegado aqu&iacute; la cruz de Cristo y de c&oacute;mo ha echado sus ra&iacute;ces en esta capital. del mundo antiguo.<\/p>\n<p align=\"left\">Que las piedras no hagan ruborizarse a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Que nuestros corazones y nuestras conciencias griten m&aacute;s fuerte que &eacute;llas.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DEL DOMINGO DE RAMOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Plaza de San Pedro Domingo 30 de marzo de 1980 &nbsp; 1. Cristo, junto con sus disc&iacute;pulos, se acerca a Jerusal&eacute;n. Lo hace como los dem&aacute;s peregrinos, hijos e hijas de Israel; que en esta semana. precedente a la Pascua, van a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1980-domingo-de-ramos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab30 de marzo de 1980, Domingo de Ramos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39667","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39667","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39667"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39667\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39667"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39667"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39667"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}