{"id":39669,"date":"2016-10-05T22:57:38","date_gmt":"2016-10-06T03:57:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-1980-santa-misa-en-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-ucranios\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:38","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:38","slug":"24-de-marzo-de-1980-santa-misa-en-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-ucranios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-1980-santa-misa-en-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-ucranios\/","title":{"rendered":"24 de marzo de 1980, Santa Misa en la apertura del S\u00ednodo de los obispos ucranios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">SOLEMNE CONCELEBRACI&Oacute;N LIT&Uacute;RGICA DE RITO <\/font><font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\">BIZANTINO-UCRANIO <br \/> PARA LA APERTURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS UCRANIOS<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\" color=\"#663300\"> HO<\/font><\/i><\/b><i><b><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Capilla Sixtina<br \/> Lunes 24 de marzo de 1980<\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Con gran alegr&iacute;a en esta acci&oacute;n sant&iacute;sima e &iacute;ntima comuni&oacute;n con Cristo \u2014que en la Eucarist&iacute;a, es decir, en el Sacramento &quot;por el cual se significa y se realiza la unidad de la Iglesia&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 2), se hace v&iacute;nculo de la unidad en la caridad\u2014 os dirijo el m&aacute;s afectuoso saludo a todos vosotros que, con nuestro venerado hermano, el cardenal Josyf Slipyj, arzobispo mayor de Lw&oacute;w, hab&eacute;is venido de diversas partes del mundo, por donde se encuentran. dispersos vuestros fieles, para. la celebraci&oacute;n de este S&iacute;nodo.<\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra procedencia originaria no puede menos de evocar en mi esp&iacute;ritu la particular cercan&iacute;a de vuestro glorioso pueblo con mi pueblo de origen. &iquest;C&oacute;mo no congratularme, pues, con vosotros por el hecho de que, en uni&oacute;n de vuestros fieles, hab&eacute;is sido hallados dignos de &quot;padecer ultrajes por el nombre de Jes&uacute;s&quot; &quot; (cf. <i>Act<\/i> 5, 41) precisamente por vuestra fidelidad a Jesucristo, a Iglesia y a esta Sede de Pedro?<\/p>\n<p align=\"left\">1. Y precisamente a esta Sede de Pedro hab&eacute;is dirigido el esp&iacute;ritu y el coraz&oacute;n, llenos de confianza, al ser convocados para este vuestro S&iacute;nodo, que he querido celebrar con vosotros. Pod&eacute;is estar seguros de que el humilde Sucesor de Pedro, en toda ocasi&oacute;n, como en este encuentro fraterno de alegr&iacute;a, s&oacute;lo tiene un deseo: el ser, como ha dicho el Vaticano II, &quot;principio y fundamento perpetuo y visible de unidad as&iacute; de los obispos como de la multitud de los fieles&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 23). Mi af&aacute;n m&aacute;s sagrado corresponde a lo que la <i>Lumen gentium <\/i>afirma que es la funci&oacute;n de la <i>C&aacute;tedra de Pedro<\/i>: &quot;que preside la asamblea universal de la caridad, protege las diferencias leg&iacute;timas, y simult&aacute;neamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de da&ntilde;arla&quot; (n&uacute;m. 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta unidad, testamento de amor y supremo deseo de Cristo en su gran oraci&oacute;n sacerdotal (cf. <i>Jn<\/i> 17, 11. 21. 23), constituye ciertamente el anhelo m&aacute;s profundo de nuestros esp&iacute;ritus, si nos detenemos a considerar el misterio de la Iglesia en el mundo. Se trata de un anhelo que, si es profundo sufrimiento al contemplar la divisi&oacute;n de la veste incons&uacute;til del Cuerpo de Cristo, se convierte a la vez en oraci&oacute;n incesante que se une a la invocaci&oacute;n de Cristo por la unidad, como tambi&eacute;n en acci&oacute;n prudente y animosa para que, dentro del pleno respeto a la libertad opcional de cada uno de los hombres, se pueda restaurar en la Iglesia la &quot;unidad del esp&iacute;ritu en el v&iacute;nculo de la paz&quot;, como conviene a los que est&aacute;n llamados a la gran esperanza &uacute;nica que es Cristo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Es la unidad que manifiesta el misterio de esa vida por la que todos nosotros somos en Cristo &quot;un cuerpo y un esp&iacute;ritu&quot;, en la realidad del &quot;s&oacute;lo un Se&ntilde;or, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que est&aacute;, sobre todos, por todos y en todos&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 4-6). La m&uacute;ltiple diversidad de los ministerios, expresada tambi&eacute;n por la pluralidad de los dones, se orienta &#8216;&quot;para la edificaci&oacute;n del Cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe&quot; (<i>ib.<\/i>, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Este <i>alcanzar<\/i> forma parte de nuestro humilde servicio. Como Pastores de la grey de Dios, todos estamos comprometidos en hacer cuanto dependa de nosotros para que la caridad realice en Cristo la unidad de su Iglesia. Es el gran ideal que debe mantenernos vigilantes, atentos, ingeniosos, valientes, para que se realice lo que Jes&uacute;s, Pastor Supremo, implor&oacute; &quot;<i>para que todos sean uno&quot;<\/i>. &iquest;A qu&eacute; otra cosa mira, fundamentalmente, nuestro S&iacute;nodo?<\/p>\n<p align=\"left\">2. El &quot;mysterium fidei&quot; que celebramos en torno al altar, manifiesta y realiza de manera totalmente especial esta unidad que imploramos con Cristo y por la que trabajamos.<\/p>\n<p align=\"left\">Ciertamente &quot;la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est&aacute; representada y se realiza por el Sacramento del pan eucar&iacute;stico&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 3; cf. tambi&eacute;n 11). Esta admirable unidad no se manifiesta solamente en el v&iacute;nculo material que une estrechamente a los fieles en la &uacute;nica mesa, sino en la comuni&oacute;n profunda con Cristo &quot;nuestra Pascua&quot; (<i>1 Cor<\/i> 5, 7). Jesucristo, Redentor del hombre, es el principio de la unidad nueva de todos los hombres. &quot;Por su sangre, nosotros, que est&aacute;bamos lejos, hemos podido acercarnos en Cristo Jes&uacute;s&quot; (cf. <i>Ef<\/i> 2, 13). Y :precisamente el &quot;memorial&quot; por excelencia del Se&ntilde;or, la Eucarist&iacute;a, es el que actualiza el misterio de gracia, sigilado fundamentalmente cuando Cristo ofreci&oacute; en la cruz la reconciliaci&oacute;n ya sellada en la. &uacute;ltima Cena.<\/p>\n<p align=\"left\">El, que es &quot;nuestra paz&quot;, cuando en la muerte &quot;se entregaba el cuerpo&quot; ofrecido en la cena a los disc&iacute;pulos, ratificaba la unidad, que est&aacute;n llamados a tener en El todos los hombres. Entonces cae el muro de divisi&oacute;n que hab&iacute;a creado el pecado, desaparece la enemistad, se restablece la paz y la reconciliaci&oacute;n, queda constituido &quot;un solo hombre nuevo&quot; (cf. <i>Ef<\/i> 2, 14-16). El misterio del cuerpo inmolado y de la sangre derramada&quot; para la edificaci&oacute;n de la unidad, vive aqu&iacute; en la Eucarist&iacute;a, Aqu&iacute; se consuma la &quot;nueva y eterna alianza&quot; que renueva y afianza m&aacute;s nuestra uni&oacute;n con El. Aqu&iacute; esta uni&oacute;n se convierte en perenne &quot;transfusi&oacute;n&quot; de vida,que realiza el mayor ideal cristiano, el de vivir por Dios: &quot;el que me come vivir&aacute; por m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 57).<\/p>\n<p align=\"left\">Y vivir por Cristo, es vivir pos Dios; es tender a la gloria del Padre: es realizar con el Padre la perenne comuni&oacute;n orante que secunda la moci&oacute;n &iacute;ntima del Esp&iacute;ritu que eleva a El (cf. <i>Rom<\/i> 8, 15; <i>G&aacute;l<\/i> 4, 6); es hacer de la voluntad, del Padre nuestra comida, en el cumplimiento fiel de la obra que El nos ha encomendado (cf. <i>Jn<\/i> 4, 34); es ser perfectos como es perfecto el Padre en el don del amor misericordioso y generoso a todos los hermanos (cf. <i>Mt<\/i> 5, 43-48). As&iacute; la vida divina, a trav&eacute;s de la Eucarist&iacute;a y por medio de la Eucarist&iacute;a, &quot;fuente y cumbre de toda la vida cristiana&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 11), alcanza en el hombre la plenitud. La plenitud de la comuni&oacute;n con el Padre en el Esp&iacute;ritu por medio de Cristo sacerdote y v&iacute;ctima, pan de vida, plenitud que se difunde en donaci&oacute;n de caridad, comuni&oacute;n de gracia, realidad de &quot;comunicaci&oacute;n&quot; entre los hermanos.<\/p>\n<p align=\"left\">La verdadera profunda unidad entre los hombres nace de la Eucarist&iacute;a de modo privilegiado. En ella nuestro Salvador ofrece a la Iglesia, su Esposa, &quot;el memorial de su muerte y resurrecci&oacute;n como <i>sacramento de piedad, signo de unidad, v&iacute;nculo de caridad<\/i>&quot;, seg&uacute;n las conocidas palabras de San Agust&iacute;n, que ha hecho propias la <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i> (n&uacute;m. 47). En la Eucarist&iacute;a, en la experiencia m&aacute;s viva de Cristo, que &quot;nos am&oacute; y se entreg&oacute; por nosotros en oblaci&oacute;n y sacrificio&quot; (<i>Ef<\/i> 5, 2), nosotros aprendemos a &quot;caminar en el amor&quot; (<i>ib<\/i>.), o mejor, nos hacemos profundamente id&oacute;neos para la vida de Cristo que se convierte en vida nuestra, para imitar a Dios como &quot;hijos amados&quot; (<i>ib<\/i>., 1). Al participar en la Eucarist&iacute;a &quot;comiendo del &uacute;nico pan y bebiendo del &uacute;nico c&aacute;liz&quot; (cf. <i>1 Cor<\/i> 10, 17) realizamos en Cristo la comuni&oacute;n que nos permite ser &quot;un solo coraz&oacute;n y una sola alma&quot; (cf. <i>Act<\/i> 4, 32) y estar disponibles para amar como Cristo ha amado (cf. <i>Jn<\/i> 13, 34), incluso a estar dispuestos para sufrir y dar la vida por los hermanos (cf. <i>Jn<\/i> 15, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Si atendemos a la historia de vuestra Iglesia, historia que para algunos de vosotros ha sido realidad vivida, podemos decir con seguridad que la fuerza de la fe, que se hace amor y donaci&oacute;n por los hermanos hasta el martirio, es una experiencia que nace de la Eucarist&iacute;a. En ella ha encontrado vuestra Iglesia la fuente del hero&iacute;smo; por ella vuestro amor se ha manifestado en la &quot;confessio&quot; que ha afianzado la unidad de los Pastores y de los fieles.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &quot;Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese &uacute;nico pan&quot; (<i>1 Cor<\/i> 10, 17). Esta unidad estupenda se realiza de manera especialmente notable en esta celebraci&oacute;n que inaugura la asamblea de gracia y de amor que es el S&iacute;nodo de vuestra Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros est&aacute;is aqu&iacute; unidos con Pedro, &quot;movidos por la comuni&oacute;n de fraterna caridad y por el celo de la misi&oacute;n universal confiada a los Ap&oacute;stoles&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 36). Y de esta Eucarist&iacute;a, que estamos celebrando, sacamos el esp&iacute;ritu necesario que, mientras nos une en Cristo a Dios en el &uacute;nico amor del Esp&iacute;ritu Santo, dilata a la vez nuestro coraz&oacute;n a la sensibilidad profunda y aut&eacute;ntica del inter&eacute;s, de la solicitud, de la donaci&oacute;n en la caridad apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">El deseo profundo de que el S&iacute;nodo se celebrase <i>ad Petri cathedram<\/i> no tiene otra finalidad sino la de poner de relieve &quot;la unidad que hemos recibido de los Ap&oacute;stoles: la unidad colegial&quot;. Ahora bien, como he subrayado en la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/documents\/hf_jp-ii_let_24021980_dominicae-cenae_sp.html\">Carta que he dirigido a todos los obispos<\/a> en el primer domingo de Cuaresma de este a&ntilde;o sobre el misterio y el culto de la Eucarist&iacute;a, &quot;esta unidad ha nacido, en cierto sentido, en la mesa del Pan del Se&ntilde;or, el jueves Santo&quot; (p. III). Porque fue en el Cen&aacute;culo donde los Ap&oacute;stoles, en la mesa del Se&ntilde;or; recibieron el mandato que con la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a asegura la &quot;consumaci&oacute;n&quot; de la vida de comuni&oacute;n con Dios y con los hermanos, estableciendo la unidad de la que vive la Iglesia y de la que debe ser signo y sacramento en el mundo. As&iacute; tambi&eacute;n fue en el Cen&aacute;culo; precisamente en el banquete de la cena eucar&iacute;stica, donde Jes&uacute;s or&oacute; por la unidad de los &quot;suyos&quot;, de esos Ap&oacute;stoles, de cuya gracia y mandato nosotros llevamos el peso y el honor para la salvaci&oacute;n de todo el mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Estos d&iacute;as de gracia, que se inauguran con la celebraci&oacute;n com&uacute;n de la Eucarist&iacute;a, deben convertirse, por lo tanto, en una experiencia particular de unidad, de concordia, de colaboraci&oacute;n. Gracias a la Eucarist&iacute;a, &quot;somos muchos un solo cuerpo&quot;, como acabo de decir con palabras de San Pablo. &iexcl;Somos el Cuerpo de Cristo! Unidos a toda la Iglesia del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, con la mirada fija en El, nuestra Cabeza, Maestro y Redentor, y juntamente con el coraz&oacute;n que late con todos nuestros hermanos, especialmente con los fieles de vuestra Iglesia, en nuestra profunda uni&oacute;n debemos dar el testimonio que impulsa al mundo a creer (cf. <i>Jn<\/i> 17, 21). Pero, &iquest;qu&eacute; han de creer? Creer que nosotros tenemos fe en Cristo, creer que estamos dominados por su amor, creer que por encima de toda realidad humana estamos convencidos del primado de Dios y de su acci&oacute;n, creer que amamos realmente a Dios y, por este amor, amamos al mundo y a todos los hombres, por los cuales estamos dispuestos a ofrecer con gozo nuestro ministerio diligente, atento, actualizado, completo, si es necesario incluso hasta la muerte y muerte de cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">Esto es lo que brota de nuestro esp&iacute;ritu mientras celebramos el misterio eucar&iacute;stico, experimentando la gracia al comienzo de nuestro S&iacute;nodo. Reunidos en el Cen&aacute;culo no nos sentimos aislados de los hermanos por los cuales estamos unidos aqu&iacute;. Ellos, especialmente en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, est&aacute;n con nosotros. Oran con nosotros y por nosotros, con nosotros y por nosotros invocan la plenitud del Esp&iacute;ritu Santo, con nosotros y por nosotros imploran esa unidad de esp&iacute;ritu en el v&iacute;nculo de la paz, que nos ayude a ver las necesidades de su Iglesia, las urgencias m&aacute;s vivas, y juntamente nos d&eacute; la fuerza y la valent&iacute;a para llevarles la ayuda oportuna. Solamente as&iacute; este S&iacute;nodo, expresi&oacute;n t&iacute;pica de la unidad de la Iglesia, ser&aacute; una primavera del Esp&iacute;ritu Santo para nosotros y para la querida Iglesia ucrania que, por medio de vosotros, est&aacute; aqu&iacute; presente. Siglos de historia, de luchas y de martirios, manifestaciones de fe y de ardor evang&eacute;lico, celo por el anuncio del Evangelio en comuni&oacute;n con la Iglesia universal y con Pedro, est&aacute;n presentes aqu&iacute;, en esta hora, de modo extraordinario. Que esta presencia espiritual, pero verdadera, profunda, viva, sostenga nuestro trabajo, renov&aacute;ndonos a todos en el esp&iacute;ritu de los Ap&oacute;stoles para bien de nuestros fieles.<\/p>\n<p align=\"left\">La experiencia del Cen&aacute;culo no reflejar&iacute;a la hora de gracia de la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, si no tuviese la gracia y la alegr&iacute;a de la presencia de Mar&iacute;a. &quot;Con Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s&quot; (<i>Act<\/i> 1, 4), se lee en el gran momento de Pentecost&eacute;s. Y &eacute;sta es la hora que nosotros queremos experimentar y renovar. Por esto, con la riqu&iacute;sima tradici&oacute;n mariana de vuestra Iglesia, nos unimos a la Virgen Sant&iacute;sima. Ella, Madre del amor y de la unidad, nos una profundamente para que, como la primera comunidad nacida del Cen&aacute;culo, seamos &quot;un solo coraz&oacute;n y una sola alma&quot;. Ella, &quot;madre de la unidad&quot;, en cuyo seno el Hijo de Dios se uni&oacute; a la humanidad, inaugurando m&iacute;sticamente la uni&oacute;n esponsalicia del Se&ntilde;or con todos los hombres, nos ayude para ser &quot;uno&quot; y para convertirnos en instrumentos de unidad entre nuestros fieles y entre todos los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Es la gracia que conf&iacute;o como deseo de lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n a la Virgen de la Encarnaci&oacute;n. La humilde esclava del Se&ntilde;or &quot;interceda ante su Hijo&#8230; hasta que todas las familias de los pueblos&#8230; lleguen a reunirse felizmente en paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Sant&iacute;sima e indivisible Trinidad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 69). A Ella, &quot;ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que est&eacute;n animados todos aquellos que, en la misi&oacute;n apost&oacute;lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci&oacute;n de los hombres&quot; (<i>ib.<\/i>, 65), os conf&iacute;o a todos vosotros, uno por uno, con vuestras Iglesias y vuestros fieles, para que con su contemplaci&oacute;n y con su ayuda, gracias tambi&eacute;n a este S&iacute;nodo, seamos realmente los ap&oacute;stoles de los tiempos nuevos.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CONCELEBRACI&Oacute;N LIT&Uacute;RGICA DE RITO BIZANTINO-UCRANIO PARA LA APERTURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS UCRANIOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla Sixtina Lunes 24 de marzo de 1980 &nbsp; Con gran alegr&iacute;a en esta acci&oacute;n sant&iacute;sima e &iacute;ntima comuni&oacute;n con Cristo \u2014que en la Eucarist&iacute;a, es decir, en el Sacramento &quot;por el cual &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-1980-santa-misa-en-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-ucranios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de marzo de 1980, Santa Misa en la apertura del S\u00ednodo de los obispos ucranios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39669","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39669","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39669"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39669\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39669"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39669"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39669"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}