{"id":39670,"date":"2016-10-05T22:57:39","date_gmt":"2016-10-06T03:57:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-marzo-de-1980-misa-para-los-universitarios-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:39","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:39","slug":"20-de-marzo-de-1980-misa-para-los-universitarios-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-marzo-de-1980-misa-para-los-universitarios-de-roma\/","title":{"rendered":"20 de marzo de 1980, Misa para los universitarios de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves 20 de marzo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Quaerite Dominum dum inveniri potest. Invocate Eum, dum prope est&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Buscad al Se&ntilde;or mientras puede ser hallado; llamadlo en tanto que est&aacute; cerca&quot; (<i>Is<\/i> 55, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">Si hoy nos reunimos de nuevo en la bas&iacute;lica de San Pedro, profesores y estudiantes de las universidades y de las dem&aacute;s escuelas superiores de Roma, es ciertamente la Cuaresma quien nos trae. El per&iacute;odo de 40 d&iacute;as de preparaci&oacute;n a la Pascua lo estableci&oacute; la Iglesia desde antiguo, para que en &eacute;l se realizase la invitaci&oacute;n a buscar al Se&ntilde;or: &quot;Quaerite Dominum&quot;. Nunca podemos dejar de buscarlo: sin embargo, hay per&iacute;odos que exigen hacerlo con m&aacute;s intensidad, porque en ellos el Se&ntilde;or est&aacute; especialmente cercano, y por lo tanto es m&aacute;s f&aacute;cil hallarlo y encontrarse con El. Esta cercan&iacute;a constituye la respuesta del Se&ntilde;or a la invocaci&oacute;n de la Iglesia, que se expresa continuamente mediante la liturgia. M&aacute;s a&uacute;n, es precisamente la liturgia la que actualiza la cercan&iacute;a del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">De aqu&iacute; la invocaci&oacute;n: buscad, quaerite.<\/p>\n<p align=\"left\">La Cuaresma, como per&iacute;odo de 40 d&iacute;as de preparaci&oacute;n a la Pascua, tiene en la Iglesia su historia precisa, a trav&eacute;s de la cual se inscribe en la historia de los corazones y de las conciencias humanas.<\/p>\n<p align=\"left\">Como sab&eacute;is, el origen de. la Cuaresma parece remontarse al siglo IV; pero ya en los siglos II y III \u2014antes de que se fijase el per&iacute;odo de 40 d&iacute;as\u2014los fieles se preparaban a la Pascua con especiales ayunos y oraciones (cf. Tertuliano, <i>Traditio Apostolica<\/i> de Hip&oacute;lito, San Ireneo). En este per&iacute;odo, los penitentes p&uacute;blicos se preparaban a la reconciliaci&oacute;n y los catec&uacute;menos al bautismo.<\/p>\n<p align=\"left\">La Cuaresma es per&iacute;odo de penitencia, de conversi&oacute;n, de cambio del coraz&oacute;n (met&aacute;noia), que nace de diversos motivos, pero sobre todo nace de la meditaci&oacute;n en la <i>pasi&oacute;n y muerte de Jesucristo<\/i>. Precisamente de esta meditaci&oacute;n arranca ese dirigir la mirada al Se&ntilde;or, esa &quot;espera del Dios de la salvaci&oacute;n&quot;, de la que habla hoy el profeta Miqueas: &quot;Mas yo dirigir&eacute; mis miradas al Se&ntilde;or, y esperar&eacute; en el Dios de mi salvaci&oacute;n, y me escuchar&aacute; mi Dios&quot; (<i>Miq<\/i> 7, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Est&aacute; bien, pues, que en este per&iacute;odo nosotros nos reunamos aqu&iacute;, y est&aacute; bien, adem&aacute;s, que en Roma, precisamente en vuestros ambientes universitarios y acad&eacute;micos, no falten iniciativas aptas para el recogimiento, para la oraci&oacute;n, para la profundizaci&oacute;n cuaresmal. Quiz&aacute; estas iniciativas no tienen car&aacute;cter &quot;de masa&quot;, c&oacute;mo antes, y como incluso hoy en algunas partes. No obstante, es necesario tener siempre en cuenta los factores que favorecen o hacen, m&aacute;s dif&iacute;ciles estas iniciativas y determinan su extensi&oacute;n &quot;social&quot;. A veces bastar&aacute; continuarlas en las condiciones ya creadas antes, a veces es necesario <i>crear de nuevo<\/i> dichas <i>condiciones<\/i>. Buscarlas de manera m&aacute;s adecuada a las circunstancias. Con todo, la Iglesia no puede dejar nunca de favorecer estas iniciativas. La presencia del Se&ntilde;or en este per&iacute;odo del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, es tan profunda, tan elocuente, tan potente, que no podemos dejar de comprometernos para ir a su encuentro.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Quiz&aacute; incluso en Cuaresma son pocos los d&iacute;as, en que la liturgia pone de relieve tan claramente, como hoy, la verdad de que el encuentro con Cristo es <i>encuentro con la luz<\/i> que ilumina, de manera radical y salv&iacute;fica, los caminos de la vida humana: radical porque baja hasta los fundamentos del ser; salv&iacute;fica porque demuestra la plena perspectiva del bien.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n, &iquest;a qui&eacute;n temer&eacute;? El Se&ntilde;or es la defensa de mi vida, &iquest;qui&eacute;n me har&aacute; temblar?&quot; (<i>Sal<\/i> 27, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Todo esto halla confirmaci&oacute;n en el suceso que al Ap&oacute;stol-Evangelista Juan ha transmitido de modo excepcionalmente preciso y detallado: <i>Jes&uacute;s da la vista <\/i>a un hombre <i>ciego de nacimiento<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 9, 1-41).<\/p>\n<p align=\"left\">Antes Jes&uacute;s respondi&oacute; a la pregunta de los disc&iacute;pulos sobre el origen de la ceguera del desgraciado: respuesta que dice mucho. Luego, habiendo hecho lodo con la saliva, Jes&uacute;s lo extiende sobre los ojos del ciego y le manda que se lave en la piscina de Silo&eacute;. Cumplida la orden, el ciego recibe la vista.<\/p>\n<p align=\"left\">Examinemos bien las circunstancias de este don. El hombre, ciego de nacimiento, jam&aacute;s ha visto nada ni a nadie. En el momento en que adquiri&oacute; la vista, se le manifest&oacute;, por vez primera, todo el mundo que nosotros vemos cada d&iacute;a, como una novedad absoluta..Hasta ahora se manejaba con la ayuda del tacto, quiz&aacute; con la ayuda del bast&oacute;n blanco, como los ciegos de nuestro tiempo, o tal vez lo ayudaba un perro-gu&iacute;a. Sin embargo, estas ayudas apenas le permit&iacute;an moverse con trabajo, sufriendo muchas dificultades en la vida dentro del estrecho c&iacute;rculo de los objetos. <i>&iquest;Qu&eacute; experiment&oacute; al adquirir la vista?<\/i> &iquest;C&oacute;mo deber&iacute;a vivir ahora? &iquest;En qu&eacute; perspectiva deb&iacute;a sentirse liberado? Liberado porque ve&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Y finalmente: &iquest;qu&eacute; sentimientos alimentaba en relaci&oacute;n a Aquel que, en ese d&iacute;a memorable, extendi&oacute; el lodo sobre sus p&aacute;rpados y le mand&oacute; ir a lavarse a la piscina de Silo&eacute;? &iquest;Qu&eacute; pensaba de &Eacute;l?<\/p>\n<p align=\"left\">Sucedi&oacute; despu&eacute;s que, todav&iacute;a durante algunos d&iacute;as, Cristo permaneci&oacute; desconocido para &eacute;l. No le hab&iacute;a visto cuando puso el lodo en sus ojos; s&oacute;lo le hab&iacute;a o&iacute;do decir: &quot;Ve a lavarte a la piscina de Silo&eacute;&quot;. Luego, en el momento de su encuentro con Jes&uacute;s, acaecido s&oacute;lo despu&eacute;s de cierto tiempo, tuvo lugar esta conversaci&oacute;n: &quot;&iquest;Crees en el Hijo del hombre?&#8230;&quot;; &quot;&iquest;Qui&eacute;n es, Se&ntilde;or, para que crea en El?&#8230;&quot;; &quot;Le est&aacute;s viendo; es el que habla contigo&quot;. Respondi&oacute;: &quot;&#8230; Creo, Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El don de la vista ha tocado no s&oacute;lo e1 sentido corporal, sino que ha llegado a lo &iacute;ntimo del alma.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">3. Este pasaje del Evangelio tiene su particular motivaci&oacute;n hist&oacute;rica en el IV domingo de Cuaresma. En los primeros siglos el per&iacute;odo de 40 d&iacute;as fue, en la Iglesia, el tiempo de preparaci&oacute;n especialmente intensiva para el bautismo. Fue el <i>tiempo<\/i> dedicado de modo particular al catecumenado. Se realizaba as&iacute;, en su &aacute;mbito, ese proceso de <i>conversi&oacute;n<\/i> que es preciso considerar como el <i>primero<\/i> y el m&aacute;s fundamental: la conversi&oacute;n a Dios que nos da la nueva vida en Cristo. Efectivamente, debemos sumergirnos en su muerte para convertirnos despu&eacute;s en la nueva creatura por el sacramento del bautismo \u2014participando, al precio de esta muerte, en su resurrecci&oacute;n\u2014. Para convertirnos en <i>el sujeto vivo del misterio<\/i> en el que Dios renueva, en cada uno de nosotros, al hombre viejo, cre&aacute;ndolo de nuevo, mediante la gracia, a imagen de su Hijo Unig&eacute;nito.<\/p>\n<p align=\"left\">Los que se preparaban, de este modo, al bautismo en la noche de la resurrecci&oacute;n, llevaban el nombre de catec&uacute;menos. Estaban rodeados de una particular solicitud de toda la comunidad de la Iglesia, porque, he aqu&iacute;, que cada uno de ellos deb&iacute;a convertirse, la noche pascual ya cercana, en el sujeto de m&aacute;s grande misterio. Deb&iacute;a repetirse en &eacute;l, de modo sacramental, la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Cada uno deb&iacute;a convertirse en el sujeto de la Pascua, esto es, del Paso de la muerte a la Vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Para alcanzar el camino que conduce a ese Paso \u2014a la Pascua\u2014, para perseverar en &eacute;l hasta el fin, cada uno de los catec&uacute;menos <i>deb&iacute;a encontrarse con la luz del Se&ntilde;or<\/i>. El Se&ntilde;or deb&iacute;a abrir sus ojos, tal como hab&iacute;a abierto los ojos de ese hombre ciego de nacimiento, de quien habla la liturgia de hoy; ciego sin culpa de sus padres. Ciego, &quot;para que se manifestasen en &eacute;l las obras de Dios&quot;, (<i>Jn<\/i> 9, 3), &quot;las grandes obras de Dios&quot; &quot;magnalia Dei&quot; (<i>Act<\/i> 2, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">Con esta finalidad el catec&uacute;meno pasaba por diversas etapas. Aprend&iacute;a los art&iacute;culos de la fe. Deb&iacute;a conocerlos en su expresi&oacute;n humana. Pero no bastaba s&oacute;lo el conocimiento. Deb&iacute;a recibir la luz, la luz interior que proviene de Cristo mismo. Esta luz hace que el hombre <i>vea todo<\/i>, al mundo y a s&iacute; mismo, de manera radicalmente nueva. Vea de modo completamente nuevo: desde los fundamentos, desde el principio. Se convierta en el sujeto de un conocimiento nuevo, puesto que participa en el conocimiento, con el que Dios mismo conoce, ya que nos ha transmitido en su Hijo. El hombre se convierte, pues, en el sujeto del conocimiento nuevo, para llegar a ser, de modo plenamente consciente, el sujeto de la nueva vida.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Por esto, la liturgia de hoy se une de modo especial con la liturgia de la noche pascual. Los catec&uacute;menos \u2014aquellos que, por obra de Cristo, llegan a ser part&iacute;cipes del conocimiento nuevo, aquellos que adquieren (como el ciego de nacimiento) la vista\u2014 caminan a trav&eacute;s de esta liturgia con sus cantos: <i>con e1 canto de los hombres, a quienes se ha revelado Dios<\/i>, y, juntamente con Dios, se ha revelado de manera nueva, <i>el mundo y el hombre.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n, &iquest;a qui&eacute;n temer&eacute;? El Se&ntilde;or es la defensa de mi vida, qui&eacute;n me har&aacute; temblar?&#8230; Esc&uacute;chame, Se&ntilde;or, que te llamo, ten piedad, resp&oacute;ndeme. Oigo en mi coraz&oacute;n: &#8216;Buscad mi rostro&#8217;. Tu rostro buscar&eacute;, Se&ntilde;or, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que t&uacute; eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvaci&oacute;n. Espero <i>gozar de la dicha del Se&ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida<\/i>. Espera en el Se&ntilde;or, s&eacute; valiente, ten &aacute;nimo, espera en el Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 26 [27], 1. 7-9. 13-14).<\/p>\n<p align=\"left\">Los catec&uacute;menos, en la perspectiva del bautismo ya cercano, expresan la alegr&iacute;a de la vista espiritual que han recibido, de la que se han hecho part&iacute;cipes. Se encuentran en el camino que lleva a la visi&oacute;n de Dios &quot;cara a cara&quot; (<i>1 Cor<\/i> 13, 12). La b&uacute;squeda del &quot;rostro de Dios&quot; se ha convertido en el camino del hombre consciente de su realizaci&oacute;n definitiva. Y &eacute;ste es el camino de la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Tambi&eacute;n nosotros estamos en el camino. No es ya el camino de los catec&uacute;menos. Es el camino de la fe. Por tanto, esta experiencia en que nos quiere introducir la liturgia de hoy, nosotros ya la tenemos realizada, en cierto modo. O es posible que no la conozcamos en absoluto. Al recibir el <i>bautismo en la edad infantil<\/i>, llegamos a la fe mediante la comunidad de nuestra familia, que quiere abrirnos las riquezas de la Iglesia lo m&aacute;s pronto posible, asumiendo todos los deberes que de ello se derivan.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia, desde hace mucho tiempo, se ha decidido a seguir este camino, considerando la circunstancia de que no se puede retardar el momento de gracia en la vida del hombre, y la circunstancia de que, a trav&eacute;s del bautismo de los ni&ntilde;os, es necesario ayudar a la construcci&oacute;n de la familia entendida como &quot;la iglesia- dom&eacute;stica&quot;, confiri&eacute;ndole sobre todo las posibilidades del &quot;segundo catecumenado&quot;, por as&iacute; decirlo. Y de este modo, durante muchas generaciones, en el puesto de la &quot;<i>educaci&oacute;n<\/i> primaria <i>en la fe<\/i>&quot; se ha formado y ha madurado una rica experiencia de <i>educaci&oacute;n &quot;en la fe&quot;<\/i>. Mientras en el primer caso la gracia del bautismo constitu&iacute;a el punto de llegada, en el segundo, es la base; es el punto de partida de todo aquello por lo que nosotros somos cristianos y por lo que nos comportamos como cristianos.<\/p>\n<p align=\"left\">Y es tambi&eacute;n el punto de, partida de este encuentro cuaresmal de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Est&aacute; bien que en el marco de este encuentro podamos <i>considerar el problema del catecumenado<\/i>. Porque el catecumenado debe constituir siempre, de alg&uacute;n modo, el fundamento d&eacute; nuestro ser cristianos y de nuestro comportamiento como cristianos; puesto que &eacute;l constituye para nosotros, precisamente, la base y el punto de partida.<\/p>\n<p align=\"left\">Por lo tanto, est&aacute; bien que, en la liturgia de hoy, <i>nos encontremos con un catec&uacute;meno<\/i>, esto es, con el hombre para quien Cristo se ha convertido en la luz, con el hombre que ha recibido la vista de la fe, que se ha encontrado en el camino del conocimiento nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">Miremos con atenci&oacute;n <i>el comportamiento<\/i> de este hombre. Apenas recibi&oacute; la vista, se convirti&oacute; en objeto de interrogaciones y pesquisas. Primero le hacen las preguntas los conocidos y vecinos. Luego &eacute;stos le llevan a los escribas y fariseos. Entonces cambia el cariz de las preguntas. No se limitan a la admiraci&oacute;n ante el hecho de que el ciego de nacimiento haya adquirido la vista. Ni siquiera se limitan a aceptar \u2014como los vecinos y conocidos\u2014 cuanto &eacute;l declara, esto es, que ha adquirido la vista por obra del hombre que se llama Jes&uacute;s. M&aacute;s a&uacute;n, tratan de <i>debilitar en &eacute;l esta certeza y de hacerle negar<\/i> precisamente esta verdad. Y al no poder negar el hecho, que es evidente \u2014era evidente que el ciego de nacimiento ahora ve&iacute;a\u2014tratan de negar las circunstancias y el significado del acontecimiento. <i>Las circunstancias<\/i>: &quot;No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el s&aacute;bado&quot;&#8230; &quot;Nosotros sabemos que ese hombre es pecador&quot;. <i>Y el significado del hecho<\/i> que, precisamente para ellos, es lo m&aacute;s importante: &quot;&iquest;Qu&eacute; dices t&uacute; de &eacute;se que te abri&oacute; los ojos?&quot;. El respondi&oacute;: &quot;Que es Profeta&quot;. La respuesta los turba. Podr&iacute;a ser peligrosa si se difundiese entre los hombres, (es precis&oacute; que los hombres consideren a Jes&uacute;s de Nazaret como un pecador que quebranta la ley del s&aacute;bado). Los fariseos tratan de influir en &eacute;l por medio de sus padres. En vano. Todos los esfuerzos que intentan desacreditar al Taumaturgo ante los ojos del curado,. terminan en el fracaso. Acosado por sus preguntas, mantiene una gran agilidad de esp&iacute;ritu. Hace un razonamiento l&oacute;gico e incontestable, y lo termina con las palabras:. &quot;<i>Si &eacute;ste no fuera de Dios, no pod&iacute;a hacer nada&quot;<\/i>. Los fariseos no pueden menos de manifestar la indignaci&oacute;n y la rabia: &quot;Eres todo pecado desde que naciste, &iquest;y pretendes ense&ntilde;arnos?&quot;. &quot;Y le echaron fuera&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; termina el primer examen pr&aacute;ctico sobre la fe del catec&uacute;meno.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Examinemos con precisi&oacute;n este problema. En el camino de la fe en Cristo, seremos llamados repetidamente a un examen de fe. Quiz&aacute;, injustamente, pensamos que, si el examen se realizase del mismo modo que para el ciego de nacimiento, tambi&eacute;n nosotros lo pasar&iacute;amos, sin duda, como &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">En cambio, nuestro examen de fe en Cristo no es igual. Nunca es como el del ciego. C<i>ada uno de los ex&aacute;menes de fe es diverso.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es este examen de fe \u2014examen de conocimiento de Jesucristo, examen acerca de nuestras convicciones cristianas\u2014 que debe hacer cada uno de vosotros, hombres contempor&aacute;neos, representantes del ambiente universitario en Roma, en la ciudad que, desde hace 2.000 a&ntilde;os, es la capital del cristianismo y, a la vez, la capital de la cultura europea&#8230;?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Cu&aacute;l es este examen?<\/p>\n<p align=\"left\">No intentar&eacute; responder a esta pregunte. Ser&iacute;a un esfuerzo vano. Debe haber tantas respuestas cuantos sois vosotros, presentes en esta Bas&iacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, hago esta pregunta. Y os pido <i>que trat&eacute;is de darle una respuesta<\/i>. Precisamente en esta Cuaresma. Sea &eacute;ste el testimonio de ese &quot;segundo catecumenado&quot;, al que en cierto modo nos llama siempre la Cuaresma a cada uno de nosotros, bautizados. A cada uno de nosotros, cristianos maduros.<\/p>\n<p align=\"left\">No pens&eacute;is ni por un momento siquiera que cada uno de nosotros pueda <i>no ser interrogado sobre Cristo<\/i>, en su vida.<\/p>\n<p align=\"left\">No pens&eacute;is, que nuestro tiempo no exija, en relaci&oacute;n con cada uno de nosotros, ese examen de conocimiento respecto a Cristo y a la pertenencia a Cristo en su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro tiempo lo impone y muy profundamente.<\/p>\n<p align=\"left\">Lo impone con m&eacute;todos diversos a base de un diverso elenco de preguntas. A veces &eacute;stas parecen muy diferentes.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo somos interrogados. Sin embargo el examen se realiza. Y es un <i>examen muy profundo<\/i>. Muy radical.<\/p>\n<p align=\"left\">8. As&iacute; la Cuaresma es el tiempo de un encuentro particular con Cristo, que no cesa de hablar de s&iacute; mismo: &quot;Yo soy la luz del mundo; el que me sigue&#8230; tendr&aacute; luz de vida&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; era, hace mucho tiempo \u2014en el catecumenado primitivo. Y as&iacute; es hoy\u2014 en los tiempos del &quot;segundo catecumenado&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">La Cuaresma constituye ese tiempo dichoso en el que cada uno de nosotros, de modo particular, puede pasar a trav&eacute;s de la zona de luz. Una luz potente, una luz intensa proviene del Cen&aacute;culo, de Getseman&iacute;, del Calvario, y finalmente del domingo de resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario atravesar esta zona de&nbsp; luz para <i>encontrar en s&iacute; la vida<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Hay en m&iacute; la luz? &iquest;Est&aacute; en m&iacute; la Vida? &iquest;Esta Vida que ha injertado Cristo?<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo, juntamente con la luz de la fe, ha injertado la vida de la Gracia en cada uno de nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Est&aacute; en m&iacute; la vida de la Gracia?<\/p>\n<p align=\"left\">O, &iquest;quiz&aacute; prevalece en m&iacute; el pecado?<\/p>\n<p align=\"left\">A la luz pascual, a la luz de la pasi&oacute;n y de la cruz, el pecado aparece m&aacute;s claramente. A la luz pascual, a la luz de la resurrecci&oacute;n se abre m&aacute;s claramente el camino para superar el pecado y llegar a la expiaci&oacute;n, al arrepentimiento, a la remisi&oacute;n. &quot;El que me sigue, tendr&aacute; luz de vida&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12).<\/p>\n<p align=\"left\">Cada uno de vosotros, queridos amigos, pase esta Cuaresma de tal modo que se deje penetrar por la luz de la vida. <\/p>\n<p align=\"left\">El hombre renace a la vida en Cristo \u2014por vez primera\u2014 en el sacramento del bautismo.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre, con el bautismo, renace a la vida en Cristo, a la gracia que hab&iacute;a perdido, a causa del pecado, y renace cada vez por medio del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Renaced a la vida en Cristo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves 20 de marzo de 1980 &nbsp; 1. &quot;Quaerite Dominum dum inveniri potest. Invocate Eum, dum prope est&quot;. &quot;Buscad al Se&ntilde;or mientras puede ser hallado; llamadlo en tanto que est&aacute; cerca&quot; (Is 55, 6). 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