{"id":39672,"date":"2016-10-05T22:57:42","date_gmt":"2016-10-06T03:57:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-roberto-belarmino\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:42","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:42","slug":"2-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-roberto-belarmino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-marzo-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-roberto-belarmino\/","title":{"rendered":"2 de marzo de 1980, Visita pastoral a la\u00a0parroquia romana de San Roberto Belarmino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE SAN ROBERTO BELARMINO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 2 de marzo de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. \u201cEste es mi Hijo elegido, escuchadle\u201d <i>(Lc 9, <\/i>35). Con estas palabras de la liturgia de hoy dirijo mi saludo a toda la parroquia de San Roberto Belarmino, que me es dado <i>visitar <\/i>hoy, segundo domingo de Cuaresma. Vengo a vosotros en funci&oacute;n de Obispo de Roma, heredada de los Ap&oacute;stoles, de San Pedro y San Pablo, y vengo con el esp&iacute;ritu de estas palabras que, un d&iacute;a, los Ap&oacute;stoles escucharon en el monte de la Transfiguraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra comunidad parroquial es relativamente reciente: su constituci&oacute;n se remonta a los comienzos de los a&ntilde;os 30, cuando el Papa P&iacute;o XI confi&oacute; su animaci&oacute;n pastoral a los padres jesuitas, que han prodigado aqu&iacute; las riquezas de su preparaci&oacute;n cultural y de su experiencia humana y religiosa. Gracias a su entrega y a la colaboraci&oacute;n de tantos laicos generosos, la \u201cconsistencia\u201d espiritual de la parroquia ha ido progresivamente reforz&aacute;ndose, el intenso trabajo de formaci&oacute;n personal y el compromiso puesto en la animaci&oacute;n de los varios grupos, en que se articula la comunidad, han hecho madurar frutos consoladores de vida cristiana, que permiten esperar sin duda para el futuro, incluso ante las transformaciones sociales profundas, que ha conocido el barrio en estos a&ntilde;os. <\/p>\n<p align=\"left\">Me consta que se ha tratado de hacer frente a los problemas planteados por una tendencia al aislamiento y al individualismo, que ha habido la preocupaci&oacute;n de poner remedio a la acci&oacute;n corrosiva que la vida moderna, en relaci&oacute;n con los v&iacute;nculos familiares, desarrolla frecuentemente; que se ha procurado despertar en cada uno la conciencia de la dimensi&oacute;n social, caracter&iacute;stica del hombre y del cristiano, y de estimular el compromiso al don de s&iacute; mediante la inserci&oacute;n responsable en la comunidad, tanto eclesial como civil. <\/p>\n<p align=\"left\">Al reconocer gustosamente el camino recorrido, dirijo mi afectuoso saludo a toda la familia parroquial: al se&ntilde;or cardenal Vicario, ante todo, que tambi&eacute;n aqu&iacute; es \u201cde casa\u201d, como en cualquier otra parroquia de la di&oacute;cesis; al obispo auxiliar, mons. Oscar Zanera, a cuya solicitud pastoral est&aacute; confiada en particular esta zona de la ciudad; al padre Alberto Parisi, que desde hace 17 a&ntilde;os gu&iacute;a a esta comunidad, junto con el grupo de padres jesuitas que le ayudan, compartiendo con &eacute;l esperanzas, alegr&iacute;as y dolores. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo se dirige, luego, a las diversas Asociaciones, mediante las cuales el laicado est&aacute; activamente presente en la pastoral parroquial, tanto para el aspecto catequ&eacute;tico y formativo, como para el caritativo y asistencial. En particular mi pensamiento se dirige a los j&oacute;venes, por cuya participaci&oacute;n numerosa y vivaz en la liturgia y en la vida de los grupos deseo expresar aqu&iacute; mi satisfacci&oacute;n. A ellos se dirige tambi&eacute;n mi exhortaci&oacute;n para que se sientan personalmente responsables de sus coet&aacute;neos que no han conocido a&uacute;n la alegr&iacute;a, proveniente del descubrimiento de la amistad con Cristo. He aqu&iacute; la consigna que os dejo, querid&iacute;simos j&oacute;venes: sed portadores de Cristo a vuestros amigos, llevad a vuestros amigos a Cristo. No podr&iacute;ais hacerles un regalo mayor. <\/p>\n<p align=\"left\">Finalmente, una palabra de saludo a los institutos religiosos femeninos y masculinos que trabajan en el &aacute;mbito de la parroquia, atendiendo a la formaci&oacute;n de la juventud y a otras iniciativas ben&eacute;ficas y dando tambi&eacute;n, en algunos casos, una v&aacute;lida aportaci&oacute;n a la acci&oacute;n parroquial, especialmente en la catequesis de los j&oacute;venes<b>.<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">A todos la seguridad de mi afecto y de mi recuerdo constante en la oraci&oacute;n. Volvamos ahora al texto evang&eacute;lico. <\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>\u201cEste es mi Hijo elegido, escuchadle\u201d. <\/i>O&iacute;mos estas palabras en el momento en que Pedro, Juan y Santiago, los Ap&oacute;stoles elegidos por Cristo, se encuentran en el monte Tabor; en el momento de la Transfiguraci&oacute;n: \u201cMientras oraba el aspecto de su rostro se transform&oacute;, su vestido se volvi&oacute; blanco y resplandeciente. Y he aqu&iacute; que dos varones hablaban con El, Mois&eacute;s y El&iacute;as\u201d <i> (Lc<\/i> 9, 29-30). <\/p>\n<p align=\"left\">Se trata, pues, de un momento &uacute;nico. Momento en que Cristo, en cierto sentido, desea decir a los Ap&oacute;stoles elegidos todav&iacute;a <i>algo m&aacute;s <\/i>sobre S&iacute; mismo y sobre su misi&oacute;n. Y<i> <\/i>no olvidemos que se trata de los mismos tres Ap&oacute;stoles a quienes El, despu&eacute;s de alg&uacute;n tiempo, llevar&aacute; consigo a Getseman&iacute;, a fin de que puedan ser testigos cuando se encuentra en la angustia del esp&iacute;ritu y aparezca sobre su rostro el sudor de sangre (cf. <i>Mc <\/i>14, 33; <i>Lc <\/i>22, 44). Sin embargo, en el monte Tabor somos testigos con ellos de la exaltaci&oacute;n, de la glorificaci&oacute;n de Cristo en su aspecto humano, en el que pudieron verle en la tierra los Ap&oacute;stoles y las muchedumbres. <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEste es mi Hijo elegido, escuchadle\u201d. Estas palabras resuenan sobre Cristo&nbsp; por segunda vez. <i>Por segunda vez da testimonio de El la voz de lo Alto: <\/i>en este testimonio el Padre habla del Hijo, de su Predilecto, Eterno, que es de la misma sustancia que el Padre, del que es Dios de Dios y Luz de Luz, y se hizo hombre semejante a cada uno de nosotros&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La primera vez <\/i>este testimonio fue pronunciado <i>en el Jord&aacute;n, <\/i>en el momento del bautismo de Juan. Juan dijo: \u201cHe aqu&iacute; el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo\u201d <i>(Jn <\/i>1, 29). Y una voz del cielo: \u201cEste es mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias\u201d <i> (Mt <\/i>3, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Esto sucedi&oacute; en el Jord&aacute;n \u2014al comienzo de la misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Cristo\u2014. Ahora sucede en el monte Tabor, ante la pasi&oacute;n que se acerca: ante Getseman&iacute;, el Calvario. Y al mismo tiempo en testimonio de la futura resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Por esto leemos este Evangelio de la Transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or al comienzo de la Cuaresma. En el segundo domingo. <\/p>\n<p align=\"left\">3. Cuando el Padre viene, en esa misteriosa voz de lo Alto, da testimonio del Hijo y, a la vez, nos hace conocer que en El y por El \u2014por El y en El\u2014 se encierra <i>la nueva y definitiva Alianza con el hombre. <\/i>Esta Alianza hab&iacute;a sido realizada antiguamente con Abraham, que es padre de nuestra fe (como dice San Pablo, cf. <i>Rom 4, <\/i>11):&nbsp; y &eacute;ste fue el comienzo de la Antigua Alianza. Sin embargo, la Alianza se hab&iacute;a hecho antes a&uacute;n con Ad&aacute;n, con el <i>primer Ad&aacute;n <\/i>(como lo llama San Pablo, cf. <i>1 Cor <\/i>15, 45) y no mantenida despu&eacute;s por los progenitores, esperaba a Cristo, el segundo, \u201cel &uacute;ltimo Ad&aacute;n\u201d <i>(1 Cor <\/i>15, 45), para adquirir en El y por El \u2014por El y en El\u2014 su definitiva forma perfecta. <\/p>\n<p align=\"left\">Dios-Padre realiza la Alianza con el hombre, con la humanidad, en su Hijo. Este es el culmen de la econom&iacute;a de la salvaci&oacute;n, de la revelaci&oacute;n del amor divino hacia el hombre. La Alianza se ha realizado para que en Dios-Hijo los seres humanos se convirtiesen en hijos de Dios. Cristo nos \u201cha dado poder de venir a ser hijos de Dios\u201d <i>(Jn <\/i>I 12), sin mirar a la raza, lengua, nacionalidad, sexo. \u201cNo hay ya jud&iacute;o o griego, no hay siervo o libre, no hay var&oacute;n o mujer, porque todos sois uno en Cristo Jes&uacute;s\u201d <i>(G&aacute;l <\/i>3, 28). <\/p>\n<p align=\"left\">Cristo revela a cada uno de los hombres la dignidad de hijo adoptivo de Dios, dignidad a la cual est&aacute; unida su vocaci&oacute;n suprema; terrestre y eterna. \u201cNuestra patria est&aacute; en los cielos \u2014escribe San Pablo a los Filipenses\u2014, de donde esperamos un Salvador: al Se&ntilde;or Jesucristo, que transformar&aacute; nuestro humilde cuerpo conforme a su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a S&iacute; todas las cosas\u201d&nbsp; (3, 20-21). <\/p>\n<p align=\"left\">Y esta obra de la Alianza: la obra de llevar al hombre a la dignidad de hijo adoptivo (o de hija) de Dios, Cristo la realiza <i>de modo definitivo a trav&eacute;s de la cruz. <\/i>Esta es la verdad que la Iglesia, en el presente periodo de Cuaresma, desea poner de relieve de modo particular: sin la cruz de Cristo no existe esa suprema elevaci&oacute;n del hombre. <\/p>\n<p align=\"left\">De aqu&iacute; tambi&eacute;n las duras palabras del Ap&oacute;stol en la segunda lectura de hoy acerca de los que <i>\u201candan&#8230; como enemigos de la cruz de Cristo\u201d<\/i>&#8230;;<i> <\/i> su dios el el vientre (cf. <i>Flp <\/i>3, 18-19) (quiere decir que lo temporal es s&oacute;lo lo que tiene valor de provecho material y de utilidad). El Ap&oacute;stol habla de &eacute;sos \u201ccon l&aacute;grimas en los ojos\u201d <i>(Flp <\/i>3, 18). Tratemos de preguntarnos si estas l&aacute;grimas del Ap&oacute;stol de las Gentes no se refieren tambi&eacute;n a nosotros, a nuestra &eacute;poca hist&oacute;rica, al hombre de nuestro tiempo. Pensemos sobre esto y pregunt&eacute;monos si tambi&eacute;n en nuestra generaci&oacute;n no crece una cierta hostilidad hacia la cruz de Cristo, hacia el Evangelio; quiz&aacute; s&oacute;lo se trate de una indiferencia que, a veces, es peor que la hostilidad&#8230; <\/p>\n<p align=\"left\">4. La voz de lo Alto dice: \u201cEste es mi Hijo elegido, escuchadle\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; significa escuchar a Cristo? Es una pregunta que no puede dejar de plantearse un cristiano. Ni su raz&oacute;n. Ni su conciencia. Qu&eacute; significa escuchar a Cristo?<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Toda la Iglesia <\/i>debe dar siempre una respuesta a esta pregunta en las dimensiones de las generaciones, de las &eacute;pocas, de las condiciones sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que cambian. La respuesta debe ser aut&eacute;ntica, debe ser sincera, as&iacute; como es aut&eacute;ntica y sincera la ense&ntilde;anza de Cristo, su Evangelio, y despu&eacute;s Getseman&iacute;, la cruz y la resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Y cada uno de nosotros debe dar siempre una respuesta a esta pregunta: si su cristianismo, si su vida son conformes con la fe, si son aut&eacute;nticos y sinceros. Debe dar esta respuesta si no quiere correr el riesgo de tener como dios al propio vientre (cf. <i>Flp <\/i>3, 19), y de comportarse como enemigo \u201cde la cruz de Cristo\u201d <i>(Flp <\/i>3, 19). <\/p>\n<p align=\"left\">La respuesta ser&aacute; <i>cada vez un poco diversa: <\/i>diversa ser&aacute; la respuesta del padre y de la madre de familia, diversa la de los novios, diversa la del ni&ntilde;o, diversa la del muchacho y la de la muchacha, diversa la del anciano, diversa la del enfermo clavado en el lecho del dolor, diversa la del hombre de ciencia, de la pol&iacute;tica, de la cultura, de la econom&iacute;a, diversa la del hombre del duro trabajo f&iacute;sico, diversa la de la religiosa o del religioso, diversa la del sacerdote, del pastor de almas, del obispo y del Papa&#8230; <\/p>\n<p align=\"left\">Y<i> <\/i>aun cuando estas respuestas deben ser tantas cuantos san los hombres que confiesan a Cristo, sin embargo, ser&aacute; <i>&uacute;nica en cierto sentido, <\/i> caracterizada por la semejanza interna con Aquel a quien el Padre celeste nos ha recomendado escuchar (\u201cescuchadle\u201d). Tal como dice de nuevo San Pablo: \u201cSed imitadores m&iacute;os&#8230;\u201d <i>(Flp <\/i>3, 17), y en otro lugar a&ntilde;ade, \u201ccomo yo lo soy de Cristo\u201d <i>(1 Cor <\/i>11, 1). <\/p>\n<p align=\"left\">Ahora permitidme, queridos hermanos y hermanas, que me detenga aqu&iacute; para recordaros esta pregunta: &iquest;qu&eacute; significa escuchar a Cristo? <i>Y con esta pregunta os dejar&eacute; durante toda la Cuaresma.<\/i> No&nbsp;os doy respuesta alguna demasiado pormenorizada, s&oacute;lo os pido que cada uno de vosotros se plantee constantemente esta pregunta: &iquest;qu&eacute; significa escuchar a Cristo en mi vida? Toda la parroquia se plantee esta pregunta y en la parroquia cada una de las comunidades.<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">5. Y ahora a&ntilde;ado \u2014siguiendo la liturgia de hoy\u2014 que escuchar a Cristo, que es el Hijo predilecto del Eterno Padre, es al mismo tiempo la fuente <i>de esa esperanza y alegr&iacute;a, <\/i>de la que habla espl&eacute;ndidamente el Salmo de la liturgia de hoy: <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEI Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n, &iquest;a qui&eacute;n temer&eacute;? El Se&ntilde;or es la defensa de mi vida, &iquest;qui&eacute;n me har&aacute; temblar?\u201d <i>(Sal <\/i>26 [27] 1). <\/p>\n<p align=\"left\">De aqu&iacute; nace el constante <i>motivo <\/i>de la aspiraci&oacute;n espiritual: <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEsc&uacute;chame, Se&ntilde;or, que te llamo, ten piedad, resp&oacute;ndeme. Oigo en mi coraz&oacute;n: \u2018Buscad mi rostro\u2019\u201d <i>(Sal <\/i>26 [27] 7-8). Buscar el rostro de Dios: he aqu&iacute; la direcci&oacute;n que da Cristo a la vida humana: <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cTu rostro buscar&eacute;, Se&ntilde;or, no me escondas tu rostro; no rechaces con ira a tu siervo\u201d <i>(Sal <\/i>26 [27] 8-9). <\/p>\n<p align=\"left\">Continuando en esta direcci&oacute;n, el hombre no se cierra en los l&iacute;mites de lo temporal. Vive con la gran perspectiva. <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEspero gozar de la dicha del Se&ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida. Espera en el Se&ntilde;or, s&eacute; valiente, ten &aacute;nimo, espera en el Se&ntilde;or\u201d <i>(Sal <\/i>26 [27] 13-14). <\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;. Espera en el Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN ROBERTO BELARMINO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 2 de marzo de 1980 &nbsp; 1. \u201cEste es mi Hijo elegido, escuchadle\u201d (Lc 9, 35). 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