{"id":39674,"date":"2016-10-05T22:57:45","date_gmt":"2016-10-06T03:57:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1980-santa-misa-en-el-pontificio-colegio-norteamericano-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:45","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:45","slug":"22-de-febrero-de-1980-santa-misa-en-el-pontificio-colegio-norteamericano-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1980-santa-misa-en-el-pontificio-colegio-norteamericano-de-roma\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 1980, Santa Misa en el Pontificio Colegio Norteamericano de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL PONTIFICIO COLEGIO NORTEAMERICANO DE ROMA<\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Viernes 22 de febrero de 1980<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as&quot;, respondi&oacute; Sim&oacute;n Pedro, &quot;el Hijo de Dios , vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras de fe personal y divina inspiraci&oacute;n, se&ntilde;alan el comienzo de la misi&oacute;n. de Pedro en la historia del Pueblo de Dios. Estas palabras se&ntilde;alan tambi&eacute;n el comienzo de una nueva era en la historia de la salvaci&oacute;n. Desde el momento en que estas palabras fueron pronunciadas en Ces&aacute;rea de Filipo, la historia del Pueblo de Dios qued&oacute; ligada al hombre que las hab&iacute;a pronunciado: &quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra. edificar&eacute; yo mi Iglesia&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18). <\/p>\n<p align=\"left\">Est&aacute;s palabras tienen para m&iacute; un significado especial. Son expresi&oacute;n de lo que constituye el coraz&oacute;n de mi misi&oacute;n como Sucesor de Pedro al final del siglo XX. Jesucristo es el centro del universo y de la historia. S&oacute;lo El es el Redentor de cada ser humano. En la inescrutable providencia de Dios yo he sido elegido para continuar la misi&oacute;n de Pedro y para repetir con similar convicci&oacute;n: &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;. Nada en mi ministerio ni en mi vida puede anteponerse a esta misi&oacute;n: proclamar a Cristo a todas las naciones, hablar de su maravillosa bondad, narrar su poder salvador y asegurar a cada hombre o mujer que aquel que crea en Cristo no morir&aacute;, sino que tendr&aacute; vida eterna (cf. <i>Jn<\/i> 3, 16). <\/p>\n<p align=\"left\">Mis hermanos e hijos en Cristo: Las palabras de Pedro en Ces&aacute;rea de Filipo tambi&eacute;n poseen un significado especial para vosotros. Tambi&eacute;n vuestra vida ha de estar enraizada en Cristo y construida sobre El (cf. <i>Col<\/i> 2, 7). Pues, a causa de Cristo, gracias a Cristo y por Cristo, vosotros dese&aacute;is servir al Pueblo de Dios como sacerdotes. Por tanto, vuestro. conocimiento de Cristo y vuestro amor por El, debe crecer y profundizarse continuamente. Vosotros habr&eacute;is de ser hombres de s&oacute;lida fe, que por medio de la Eucarist&iacute;a, la Liturgia de las Horas y la oraci&oacute;n personal diaria, mantengan una vibrante amistad con Jes&uacute;s, con Jes&uacute;s que dijo a sus disc&iacute;pulos: &quot;Ya no os llamo siervos&#8230;, sino que os digo amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15). Y de este modo en todo tiempo y lugar, vuestros primeros pensamientos han de dirigirse a El, que es el Cristo, el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo. <\/p>\n<p align=\"left\">2. La fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro coincide, por una feliz casualidad, con la fecha de nacimiento de George Washington, vuestro primer Presidente. En cierto modo estos dos acontecimientos indican el motivo de mi venida hoy aqu&iacute;. Es deseo m&iacute;o, como Obispo de Roma, visitar los diversos Colegios de la ciudad; sin embargo, he venido al Colegio Norteamericano en particular, como prolongaci&oacute;n de mi reciente <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1979\/trav_united-states-america_sp.htm\">visita a los Estados Unidos<\/a>. Esta tarde vosotros represent&aacute;is para m&iacute; la Iglesia que est&aacute; en los Estados Unidos: vosotros mis hermanos obispos, y vosotros que constitu&iacute;s la comunidad que est&aacute; en Roma, conocida como Colegio Norteamericano, en la colina del Jan&iacute;culo y en V&iacute;a &quot;dell&#8217;Umilt&aacute;&quot;. En todos vosotros y a trav&eacute;s de vosotros saludo una vez m&aacute;s al pueblo de Am&eacute;rica.<\/p>\n<p align=\"left\">En esta ocasi&oacute;n quisiera hablar de lo que yo considero elementos de extrema importancia en la preparaci&oacute;n sacerdotal, y repetir algunos puntos que, respecto a esto, acentu&eacute; en mi visita a vuestro pa&iacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">3. El primer lugar en la vida del seminario ha de ocuparlo la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es el centro de todo estudio teol&oacute;gico. Es el principal instrumento para el desarrollo de la doctrina cristiana y es la fuente perpetua de vida espiritual (cf. Constituci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Missale Romanum<\/i>, 3 de abril de 1969). Hablando a los seminaristas de Am&eacute;rica dije: &quot;La formaci&oacute;n intelectual del sacerdote, que es, tan vital para los tiempos en que vivimos, abarca algunas ciencias humanas, as&iacute; como las diferentes ciencias sagradas. Todas ellas ocupan un lugar importante en vuestra preparaci&oacute;n para el sacerdocio. Pero la faceta prioritaria en los seminarios de hoy ha de ser la ense&ntilde;anza de la Palabra de Dios en toda su pureza y su integridad, con todo lo que ella exige y en todo su poder&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/speeches\/1979\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19791003_philadelphia-seminarians_sp.html\">Discurso en el seminario de San Carlos<\/a><\/i>, Filadelfia; <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 21 de Octubre de 1979, p&aacute;g. 9). <\/p>\n<p align=\"left\">Albergo la esperanza de que en vuestra reverencia por la Palabra de Dios ser&eacute;is como Mar&iacute;a; como Mar&iacute;a, cuya respuesta a la Palabra de Dios fuel &quot;Fiat&quot;: &quot;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38); como Mar&iacute;a, &quot;que crey&oacute; que se cumplir&iacute;a lo que se le hab&iacute;a dicho de parte del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45); como Mar&iacute;a, que atesoraba aquellas cosas que se dec&iacute;an de su Hijo y las meditaba en su coraz&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 2, 19). Que vosotros atesor&eacute;is la Palabra de Dios siempre y la medit&eacute;is cada d&iacute;a en vuestro coraz&oacute;n, para que vuestra vida entera se convierta en una proclamaci&oacute;n de Cristo, la Palabra hecha carne (cf. <i>Jn<\/i> 1, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">4. La proclamaci&oacute;n de la Palabra de Dios alcanza su culmen en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a: Ciertamente todos vuestros esfuerzos personales y todas las actividades de la comunidad del seminario, est&aacute;n ligados al Sacrificio Eucar&iacute;stico y dirigidos hacia &eacute;l: &quot;Y es que en la Sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 5), Por tanto os exhorto vivamente a hacer de la Misa el centro real de vuestra vida cada d&iacute;a, y os recomiendo que dediqu&eacute;is regularmente un tiempo a la plegaria ante el Sant&iacute;simo Sacramento adorando a nuestro Se&ntilde;or y Salvador Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Igualmente la vida del seminario ha de caracterizarse por una atm&oacute;sfera de recogimiento, que os permita a cada uno de vosotros adquirir h&aacute;bitos duraderos de estudio y oraci&oacute;n, y desarrollar interiormente las actitudes de abnegaci&oacute;n, generosidad y obediencia alegre; actitudes que tan necesarias son en un sacerdote. Pues un sacerdote est&aacute; llamado verdaderamente a revestir de Cristo su coraz&oacute;n y su mente (cf. <i>Flp<\/i> 2, 5), a imitar al Hijo que &quot;aprendi&oacute; por sus padecimientos la obediencia&quot; (<i>Heb<\/i> 5, 8), y a decir con Jes&uacute;s: &quot;no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envi&oacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 5; 30). Una s&oacute;lida disciplina en el seminario, cuando se pone en pr&aacute;ctica de un modo adecuado, crea esa atm&oacute;sfera de recogimiento que os ayuda a prepararos para una vida de conversi&oacute;n continua y servicio generoso. De modo particular os ayudar&aacute;, como ya dije en Filadelfia, &quot;a ratificar d&iacute;a a d&iacute;a en vuestros corazones la obediencia que deb&eacute;is a Cristo y a su Iglesia&quot;<\/p>\n<p align=\"left\">6. Hoy hace diez a&ntilde;os que mi amado predecesor Pablo VI visit&oacute; el Colegio Norteamericano. En aquella ocasi&oacute;n habl&oacute; del valor especial de la formaci&oacute;n sacerdotal en Roma. &quot;Vuestra estancia aqu&iacute; en Roma&quot;, dijo, &quot;no es accidental ni carece de importancia. No se trata de una pura coincidencia&#8230; Se trata de algo premeditado con vistas vuestra formaci&oacute;n espiritual, vuestra preparici&oacute;n para el ministerio sacerdotal, para un servicio futuro a la Iglesia y a vuestros conciudadanos&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Si alguna vez os pregunt&aacute;is por que los obispos americanos han construido y mantenido este Colegio en Roma, o por qu&eacute; los fieles cat&oacute;licos de los Estados Unidos han prestado ayuda financiera y se han sacrificado ellos mismos a lo largo de m&aacute;s de un siglo para proporcionaros a vosotros y a otros muchos la oportunidad de prepararos pan el sacerdocio en Roma, la respuesta se halla en las palabras de Pedro en Ces&aacute;rea de Filipo; est&aacute; ligada al misterio de la misi&oacute;n de Pedro en la Iglesia universal. La universalidad y la rica diversidad de la Iglesia se aprecia aqu&iacute; es Roma m&aacute;s claramente que en ning&uacute;n otro lugar. Aqu&iacute; la tradici&oacute;n apost&oacute;lica de la Iglesia como una realidad viva y no solamente como una reliquia del pasado se convierte en algo consciente en vuestra visi&oacute;n de fe. Y aqu&iacute; en Roma os encontr&aacute;is con el Sucesor d Pedro, que se esfuerza por testimoniar la fidelidad a Cristo confirmando a todos sus hermanos en la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Quisiera aprovechar esta ocasi&oacute;n tambi&eacute;n para dirigir un especial salud al cardenal Baum, que recientemente ha llegado a Roma para hacerse cargo de la gravosa tarea de dirigir la Sagrada Congregaci&oacute;n para la Educaci&oacute;n Cat&oacute;lica. Entre sus diversas responsabilidades estar&aacute; la de promover un aut&eacute;ntico resurgir de la vida de los seminarios en Roma y en todo el mundo. Ninguna otra responsabilidad suya es m&aacute;s importante que &eacute;sta. Esta misma convicci&oacute;n m&iacute;a reflejan las siguientes palabras que escrib&iacute; a los obispos de la Iglesia en mi <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790409_vescovi-giovedi-santo_sp.html\">Carta del Jueves Santo<\/a> el a&ntilde;o pasado: &quot;La plena revitalizaci&oacute;n de la vida de los seminarios en toda la Iglesia ser&aacute; la mejor prueba de la efectiva renovaci&oacute;n, hacia la cual el Concilio ha orientado a la Iglesia&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Queridos hermanos e hijos en Cristo, vosotros ocup&aacute;is un lugar especial en mis pensamientos y oraciones y os miro con confianza, pues veo vuestra juventud y vuestra sinceridad, vuestra fortaleza y vuestro deseo de servir. Veo vuestra alegr&iacute;a y vuestro amor a Cristo y a su pueblo. Todo esto me confiere la esperanza de que la aut&eacute;ntica renovaci&oacute;n de la Iglesia, comenzada por el Concilio Vaticano II, ser&aacute; efectivamente llevada a su t&eacute;rmino. S&iacute;, vuestras vidas constituyen una gran promesa para el futuro de la Iglesia, para el futuro de la evangelizaci&oacute;n del mundo con tal que vosotros permanezc&aacute;is fieles: fieles a la Palabra de Dios, fieles a la Eucarist&iacute;a, fieles a la oraci&oacute;n y el estudio, y fieles al Se&ntilde;or, que ha comenzado en vosotros la obra buena, y que la llevar&aacute; a t&eacute;rmino (cf. <i>Flp<\/i> 1, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos e hijos: Alabemos juntos su nombre y proclamemos de palabra y con obras, hoy y siempre, que Jes&uacute;s es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN EL PONTIFICIO COLEGIO NORTEAMERICANO DE ROMA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Viernes 22 de febrero de 1980 &nbsp; 1. &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as&quot;, respondi&oacute; Sim&oacute;n Pedro, &quot;el Hijo de Dios , vivo&quot; (Mt 16, 16). 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