{"id":39675,"date":"2016-10-05T22:57:46","date_gmt":"2016-10-06T03:57:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-febrero-de-1980-miercoles-de-ceniza\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:46","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:46","slug":"20-de-febrero-de-1980-miercoles-de-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-febrero-de-1980-miercoles-de-ceniza\/","title":{"rendered":"20 de febrero de 1980, Mi\u00e9rcoles de Ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA DEL MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de Santa Sabina, 20 de febrero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n (cf. <i>Dt<\/i> 30, 10). Con esta invocaci&oacute;n comienza hoy la Cuaresma. &iexcl;Convert&iacute;os! Nos ponemos, pues, ante Dios \u2014cada uno y todos\u2014 con ese grito que pronunci&oacute; hace 2.000 a&ntilde;os el <i>Salmista<\/i>, rey y pecador a la vez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#x2011;<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Misericordia, Dios m&iacute;o, por tu bondad, por tu inmensa compasi&oacute;n borra mi culpa: lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti s&oacute;lo pequ&eacute;, comet&iacute; la maldad que aborreces&#8230; Crea en m&iacute; un coraz&oacute;n sincero, renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo esp&iacute;ritu. Devu&eacute;lveme la alegr&iacute;a de tu salvaci&oacute;n&#8230;&quot; (<i>Sal<\/i> 50 [51], 3-6. 12-14a).<\/p>\n<p align=\"left\">Han pasado tantas generaciones y, sin embargo, estas palabras no han perdido nada de su <i>autenticidad y fuerza.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">El hombre que se esfuerza por vivir en la verdad, las acepta como suyas. Las dice como si fueran suyas.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre que no es capaz de identificarse con la verdad de estas palabras, es un desdichado. Si no escruta su conciencia a la luz de estas palabras, ellas lo juzgan por s&iacute; mismas. Sin necesidad de &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">La conversi&oacute;n a Dios es el eterno <i>camino de la liberaci&oacute;n del hombre<\/i>. Es el camino de volverse a encontrar a s&iacute; mismo en la verdad plena de la propia vida y de las propias obras.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Devu&eacute;lveme la alegr&iacute;a de tu salvaci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El primer d&iacute;a de Cuaresma indica el camino de esta conversi&oacute;n en su m&aacute;s plena dimensi&oacute;n. Ante todo, pues, &eacute;ste es el <i>retorno<\/i> al &quot;principio&quot;. La Iglesia nos invita a cada uno de nosotros a ponernos hoy ante la liturgia que se remonta a los umbrales mismos de la historia del hombre:<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&quot;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y al polvo volver&aacute;s<\/i> (<i>G&eacute;n<\/i> 3, 19). Son las palabras del libro del G&eacute;nesis; en ellas encontramos la m&aacute;s simple expresi&oacute;n de esa &quot;liturgia de la muerte&quot;, de la que el hombre se ha hecho part&iacute;cipe a consecuencia del pecado. El &Aacute;rbol de la Vida ha quedado fuera de su alcance, cuando contra la voluntad de Dios se propuso apropiarse la realidad desconocida del bien y del mal, con el fin de hacerse &quot;como Dios&quot;, igual que el &aacute;ngel ca&iacute;do; de hacerse &quot;como Dios, conociendo el bien y el mal&quot; (<i>G&eacute;n<\/i> 3, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Y precisamente entonces el hombre escuch&oacute; estas palabras, que han marcado su destino en la tierra:<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&#8230; Con el sudor de tu rostro comer&aacute;s el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres y al polvo volver&aacute;s&quot; (<i>G&eacute;n<\/i> 3, 19).<\/p>\n<p align=\"left\">Para comenzar la Cuaresma, para <i>convertirse a Dios<\/i> de manera <i>esencial<\/i> y <i>radical<\/i>, es necesario retornar a ese &quot;principio&quot;: al origen del pecado humano y de la muerte, que arranca de &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">Es necesario volver a encontrar la conciencia del pecado, que ha sido el origen de todos los pecados en la tierra; que se ha convertido en el fundamento durable y en la fuente del estado pecaminoso del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Ese pecado original permanece, efectivamente, en todo el g&eacute;nero humano. Es en nosotros la herencia del primer Ad&aacute;n. Y aunque ha sido borrado por el bautismo, gracias a la obra de Cristo &quot;&uacute;ltimo Ad&aacute;n&quot; (<i>1 Cor<\/i> 15, 45), deja sus efectos en cada uno de nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Convertirse a Dios tal como lo desea la Iglesia en este per&iacute;odo de 40 d&iacute;as de la Cuaresma, quiere decir descender a las ra&iacute;ces del &aacute;rbol, que, como dice el Se&ntilde;or &quot;no produce frutos buenos&quot; (<i>Mt<\/i> 3, 10). No hay otro modo de sanar al hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La &quot;liturgia de la muerte&quot; que se expresa en el rito de la imposici&oacute;n de la ceniza, une, en cierto sentido, este primer d&iacute;a de Cuaresma con el d&iacute;a &uacute;ltimo, <i>el d&iacute;a de Viernes Santo<\/i>, el d&iacute;a de la muerte de Cristo en la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente entonces se cumplen las palabras que proclama el Ap&oacute;stol en la segunda lectura de hoy, cuando dice: &quot;Por Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios. A quien no conoci&oacute; el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fu&eacute;ramos justicia c&iacute;e Dios&quot; (<i>2 Cor<\/i> 5, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Es dif&iacute;cil expresar mejor todo lo que encierra en s&iacute; la realidad de la &quot;conversi&oacute;n&quot;, de la reconciliaci&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Para &quot;realizar&quot; plenamente esta &quot;realidad&quot;, es necesario recorrer en el esp&iacute;ritu de San Pablo, en el esp&iacute;ritu de la Iglesia, todo este <i>per&iacute;odo<\/i> de 40 d&iacute;as \u2014desde el Mi&eacute;rcoles de Ceniza al Viernes Santo\u2014 para encontrarse al final de estos d&iacute;as con la respuesta definitiva de Dios mismo, del Dios del Amor, en la &quot;liturgia de la resurrecci&oacute;n&quot;, en la liturgia de la Pascua, esto es, del Paso: del paso a la vida mediante la resurrecci&oacute;n. No se puede entrar de otro modo en esta suprema realidad de la Revelaci&oacute;n de la fe\u201e sino <i>recorriendo todo el camino<\/i>, que comienza hoy. Tal como lo recorr&iacute;an antes los catec&uacute;menos, prepar&aacute;ndose para el bautismo, que sumerge en la muerte de Cristo (cf. <i>Rom<\/i> 6, 3), para introducirlos en la participaci&oacute;n de su resurrecci&oacute;n y de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, para &quot;convertirse&quot; del modo que la Iglesia espera de nosotros durante el tiempo cuaresmal, debemos retornar hoy al &quot;principio&quot;: a ese &quot;eres polvo y al polvo volver&aacute;s&quot;, <i>para encontrarnos en el &quot;comienzo nuevo&quot;<\/i> de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la gracia.<\/p>\n<p align=\"left\">La vida, pues, pasa por el Viernes Santo, pasa a trav&eacute;s de la <i>cruz<\/i>. No hay otro camino de &quot;conversi&oacute;n&quot; plena. En este camino, &uacute;nico, nos espera Aquel a quien el Padre, por amor, &quot;hizo pecado por nosotros&quot; (<i>2 Cor<\/i> 5, 21) \u2014aunque no hab&iacute;a conocido el pecado\u2014 &quot;para que en El fu&eacute;ramos justicia de Dios&quot; (<i>2 Cor<\/i> 5, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Aceptemos el camino de esta conversi&oacute;n y reconciliaci&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">4. La liturgia de hoy nos invita a &quot;colaborar&quot; c&iacute;e modo particular, en este per&iacute;odo de 40 d&iacute;as, con Cristo mediante <i>la oraci&oacute;n, la limosna y el ayuno<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El mismo Se&ntilde;or nos ense&ntilde;a con las palabras del Evangelio de Mateo \u2014con las palabras del Serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a\u2014 c&oacute;mo debemos hacer esto.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Hag&aacute;moslo, pues!<\/p>\n<p align=\"left\">Y al hacerlo, no dejemos de pedir, al mismo tiempo, con el Salmista: &quot;Crea en m&iacute; un coraz&oacute;n sincero, renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme&quot; (<i>Sal<\/i> 50 [51], 12).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA DEL MI&Eacute;RCOLES DE CENIZA Bas&iacute;lica de Santa Sabina, 20 de febrero de 1980 &nbsp; 1. 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