{"id":39676,"date":"2016-10-05T22:57:48","date_gmt":"2016-10-06T03:57:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-1980-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-silvestre-y-san-martin\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:48","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:48","slug":"17-de-febrero-de-1980-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-silvestre-y-san-martin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-1980-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-silvestre-y-san-martin\/","title":{"rendered":"17 de febrero de 1980, Visita a la parroquia romana de San Silvestre y San Mart\u00edn"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE SAN SILVESTRE Y SAN MART&Iacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 17 de febrero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Querid&iacute;simos hermanos y hermanas en Cristo: Dirijo ante todo un vivo y cordial saludo a todos los que hab&eacute;is venido hoy tan numerosos a este encuentro con el Obispo de Roma. Quiero deciros enseguida cu&aacute;nto aprecio vuestra presencia, que es ciertamente signo de vuestra fe cristiana y de vuestra comuni&oacute;n eclesial con vuestro Obispo, el Papa, el cual es tambi&eacute;n Obispo de la Iglesia universal.<\/p>\n<p align=\"left\">Especialmente saludo al cardenal Vicario Ugo Poletti, y al obispo auxiliar de la zona, mons. Plinio Pascoli, que han contribuido eficazmente a preparar esta visita. Mi saludo se dirige despu&eacute;s al benem&eacute;rito p&aacute;rroco, p. Enrico Pinci, y a su comunidad carmelitana, que tanto se prodiga por esta parroquia. Saludo tambi&eacute;n a los institutos religiosos aqu&iacute; representados, a las varias asociaciones cat&oacute;licas, al consejo pastoral y al grupo de catequistas.<\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que en San Mart&iacute;n &quot;ai Monti&quot; hay un gran dinamismo de vida parroquial, por lo que felicitamos a sus varios y celosos responsables. Ciertamente, tambi&eacute;n hay problemas: por ejemplo, c&oacute;mo superar algunos elementos de indiferencia, c&oacute;mo acercar a los llamados &quot;lejanos&quot;, el trato m&aacute;s asiduo con los j&oacute;venes, la promoci&oacute;n de iniciativas culturales m&aacute;s continuas, la participaci&oacute;n en la vida p&uacute;blica con espec&iacute;ficas aportaciones cristianas, la traducci&oacute;n de la propia fe en un cristianismo cada vez m&aacute;s concreto y vivido. Pero estoy seguro de que, con la gracia de Dios, y mediante el compromiso de todos, cualquier dificultad podr&aacute; ser superada de manera que produzca frutos cada vez M&aacute;s copiosos y dignos de los disc&iacute;pulos de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">2. En la liturgia de la Palabra de hoy, nos impresiona sobre todo la comparaci&oacute;n <i>del hombre justo con el &aacute;rbol<\/i>: &quot;Ser&aacute; como un &aacute;rbol plantado al borde de la acequia: da&nbsp; fruto en su saz&oacute;n, y no se marchitan sus hojas&quot; (<i>Sal<\/i> 1, 3). As&iacute; dice el salmista. Y el profeta Jerem&iacute;as, que emplea la misma comparaci&oacute;n, a&ntilde;ade que este &aacute;rbol &quot;no teme la venida del calor, conserva su follaje verde, en a&ntilde;o de sequ&iacute;a no la siente, y no deja de dar fruto&quot; (<i>Jer<\/i> 17, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">Se compara al hombre con un &aacute;rbol. Y es justo. Tambi&eacute;n el hombre crece, se desarrolla; mantiene la salud y las fuerzas, o las pierde. Sin embarg&oacute;, la comparaci&oacute;n de la Sagrada Escritura se refiere al hombre sobre todo <i>en sentido espiritual<\/i>. Efectivamente, habla de los frutos espirituales de sus obras, que se manifiestan por el hecho de que este hombre &quot;no sigue el consejo de los imp&iacute;os&quot; y &quot;no entra por la senda de los pecadores&quot; (<i>Sal<\/i> 1, 1). En cambio, la fuente de esta conducta, esto es, de estos frutos buenos del hombre, est&aacute; en que &quot;su gozo es la ley del Se&ntilde;or&quot; y &quot;medita su ley d&iacute;a y noche&quot; (<i>Sal<\/i> 1, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">Por su parte, el profeta subraya que este hombre &quot;conf&iacute;a en el Se&ntilde;or y en El pone su confianza&quot; (<i>Jer<\/i> 17, 7). El hombre que vive as&iacute;, que se comporta de este modo es llamado en la Escritura <i>bendito<\/i>. En oposici&oacute;n a &eacute;l est&aacute; el hombre pecador, a quien el profeta Jerem&iacute;as compara con &quot;un desnudo arbusto en el desierto&quot; (<i>Jer<\/i> 17, 6), y a quien el salmista parangona con la &quot;paja que arrebata el viento&quot; (<i>Sal<\/i> 1, 4). Si el primero merece la bendici&oacute;n, el otro es llamado &quot;<i>maldito<\/i>&quot; por el profeta (<i>Jer<\/i> 17, 5), porque s&oacute;lo conf&iacute;a en el hombre (<i>Jer<\/i> 17, 5), esto es, en s&iacute; mismo, y &quot;de la carne hace su apoyo, y aleja su coraz&oacute;n del Se&ntilde;or&quot; (<i>Jer<\/i> 17, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">3. As&iacute;, pues, la liturgia de la Palabra de hoy tiene un mensaje claro. Trata del hombre. Juzga su conducta. Somete a valoraci&oacute;n cr&iacute;tica su concepci&oacute;n del mundo. Toca los fundamentos mismos de donde la vida humana saca su sentido integral. Efectivamente, la integridad de la vida humana <i>es el camino<\/i> que se debe seguir (esta comparaci&oacute;n, como se ve, tan antigua, permanece siempre fresca y viva); la vida humana es un camino que hay que recorrer.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or protege el camino de los justos, pero el camino de los imp&iacute;os acaba mal&quot; (<i>Sal<\/i> 1, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta mirada sobre el conjunto de los problemas humanos, sobre el complejo de la vida, &iquest;es s&oacute;lo de ayer? &iquest;No se pueden aplicar estas comparaciones y &nbsp;estas valoraciones a los hombres de nuestro tiempo? &iquest;No se refieren tambi&eacute;n a nosotros?, &iquest;a cada uno de nosotros? &iquest;Acaso no se puede repetir al hombre de nuestra &eacute;poca \u2014<i>&eacute;poca de materialismo<\/i> te&oacute;rico y pr&aacute;ctico\u2014 que &eacute;l pone su fuerza en la &quot;carne&quot;, es decir, en s&iacute; mismo y en la materia, y que mide el sentido de la vida sobre todo por los valores materiales? En efecto, est&aacute; orientado a &quot;poseer&quot; y a &quot;tener&quot;, hasta el punto de perder frecuentemente en todo esto lo que es m&aacute;s importante: aquello, gracias a lo cual, el hombre es hombre, capaz de hacerle crecer como &aacute;rbol que produce frutos buenos.<\/p>\n<p align=\"left\">4. El hombre debe crecer espiritualmente, madurando para la eternidad. Tambi&eacute;n nos ense&ntilde;a esto la Palabra de Dios en la liturgia de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Alegraos en aquel d&iacute;a y regocijaos, pues vuestra recompensa ser&aacute; grande en el el cielo&quot; (<i>Lc<\/i> 6, 23): as&iacute; recuerda el canto que precede al Evangelio, unido a un gozoso &quot;Alleluia&quot;, que desaparecer&aacute; en la liturgia de los pr&oacute;ximos domingos, porque entramos ya en el per&iacute;odo de Cuaresma.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Para madurar espiritualmente hasta la eternidad<\/i>, el hombre no puede crecer s&oacute;lo en el terreno de la temporalidad. No puede poner su apoyo en la carne, es decir, en s&iacute; mismo, en la materia. El hombre no puede construir s&oacute;lo sobre s&iacute; y &quot;confiar&quot; solamente en el hombre. Debe crecer en un terreno diverso del de lo transitorio y de lo caduco de este mundo temporal. Es el terreno de la nueva vida, de la eternidad y de la inmortalidad el que Dios ha puesto en el hombre, al crearlo a su propia imagen y semejanza.<\/p>\n<p align=\"left\">Este <i>terreno de la nueva vida<\/i> se ha revelado plenamente en la <i>resurrecci&oacute;n de Cristo<\/i>; como nos recuerda San Pablo en la liturgia de hoy en el pasaje de la primera Carta a los Corintios. Nosotros crecemos y maduramos espiritualmente (e incluso corporalmente), tendiendo con toda nuestra humanidad a la vida eterna; en efecto, &quot;Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que mueren&quot; (<i>1 Cor<\/i> 15, 20): por esto la resurrecci&oacute;n de Cristo confiere un dinamismo de crecimiento a la vida todos. Est&aacute; bien que ya antes de la Cuaresma, la liturgia nos recuerde las verdades fundamentales de nuestra fe y de nuestra vida; de este modo, indica ya a lo que nos prepararemos, en el recogimiento espiritual, durante los domingos y las semanas pr&oacute;ximas.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; significa creer en Cristo? &iquest;Qu&eacute; significa creer en la resurrecci&oacute;n? Significa precisamente (como dice Jerem&iacute;as) confiar en el Se&ntilde;or, tener confianza en El solo, una confianza tal que no podamos ponerla en el hombre, porque la experiencia nos ense&ntilde;a que el hombre est&aacute; sometido a la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; significa creer en Cristo y creer en la resurrecci&oacute;n? Significa tambi&eacute;n complacerse en la ley del Se&ntilde;or, esto es, vivir de acuerdo con los mandamientos y las indicaciones que Dios nos ha dado, mediante Cristo. Entonces somos como ese &aacute;rbol que, plantado junto a la acequia y fertilizado por ella, da fruto: fruto bueno, fruto de vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">La resurrecci&oacute;n de Cristo se ha convertido en la fuente del agua vivificante del bautismo, de la que debe brotar toda la vida de un cristiano en crecimiento hacia la eternidad y hacia Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Como se ve, el contenido de la liturgia de hoy es muy rico y nos hace pensar mucho. El hombre est&aacute; situado <i>entre el bien y el mal<\/i>, y en este contraste crece y se desarrolla espiritualmente. Crece como un &aacute;rbol, pero, al mismo tiempo, muy diversamente de &eacute;l. Su crecimiento y su desarrollo espiritual dependen de sus decisiones y de sus opciones. Dependen de la libre voluntad, del estado de su conciencia, de su concepci&oacute;n del mundo, de la escala de valores que gu&iacute;a su vida y su comportamiento.<\/p>\n<p align=\"left\">Y por esto, tambi&eacute;n nosotros, que creemos en Cristo y pertenecemos a su Iglesia, <i>debemos preguntarnos siempre a nosotros mismos<\/i>: los valores que nos gu&iacute;an, &iquest;est&aacute;n realmente conformes con nuestra fe? La concepci&oacute;n del mundo, que aceptamos cada d&iacute;a, &iquest;acaso no est&aacute; construida s&oacute;lo sobre la &quot;carne&quot;, sobre la temporalidad? &iquest;Corresponde nuestro comportamiento a la verdad que confesamos? &iquest;No es conformista? &iquest;O hip&oacute;crita?<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n Cristo Se&ntilde;or en el Evangelio de hoy hace esta contraposici&oacute;n. Por una parte, proclama las bienaventuranzas, y por otra, pronuncia los &quot;ay&quot;. &iquest;En qu&eacute; parte nos encontramos? &iquest;Nos importa que el Reino de Dios nos pertenezca (cf. <i>Lc<\/i> 6, 20), o m&aacute;s bien queremos tener todo nuestro consuelo ya en esta vida (cf. <i>Lc<\/i> 6, 24)? &iquest;No deseamos, tal vez, solamente esto?<\/p>\n<p align=\"left\">6. Demos gracias a Dios por esta visita, queridos hermanos y hermanad, feligreses de San Mart&iacute;n &quot;ai Monti&quot;; Dios os recompense a todos. Hagamos juntos todo lo posible para no alejarnos de Cristo, para consolidar en El nuestra vida. El tiempo de Cuaresma nos ayudar&aacute; de nuevo en este prop&oacute;sito. Son abundantes los recursos de la gracia y del amor de nuestro Se&ntilde;or, y ellos hacen, ciertamente, que podamos crecer como &aacute;rbol que da fruto. Tendamos la mano a estos recursos con nuestra fe y nuestra confianza en Cristo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN SILVESTRE Y SAN MART&Iacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 17 de febrero de 1980 &nbsp; 1. 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