{"id":39677,"date":"2016-10-05T22:57:49","date_gmt":"2016-10-06T03:57:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-1980-festividad-de-nuestra-senora-de-lourdes\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:49","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:49","slug":"11-de-febrero-de-1980-festividad-de-nuestra-senora-de-lourdes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-1980-festividad-de-nuestra-senora-de-lourdes\/","title":{"rendered":"11 de febrero de 1980, Festividad de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/> EN LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LOURDES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Lunes 11 de febrero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos e hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Con viva emoci&oacute;n y con alegr&iacute;a profunda dirijo esta tarde mi cordial saludo, ante todo, al cardenal Vicario y a los dem&aacute;s purpurados presentes; a los venerados hermanos en el Episcopado, a los sacerdotes del clero secular y regular, y especialmente a cuantos concelebran conmigo esta Eucarist&iacute;a, que nos ve reunidos en torno al altar de Cristo para recordar las maravillas de gracia realizadas en Aquella a la que invocamos confiadamente como Abogada poderosa y Madre dulc&iacute;sima.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo se dirige, despu&eacute;s, a las religiosas presentes tambi&eacute;n en esta circunstancia en n&uacute;mero considerable; y adem&aacute;s a las personas que forman parte, por diversos t&iacute;tulos, de las Asociaciones Marianas, as&iacute; como a todos los que han sido atra&iacute;dos a esta celebraci&oacute;n por la devoci&oacute;n que sienten hacia la Virgen Sant&iacute;sima.<\/p>\n<p align=\"left\">Una palabra especial de saludo deseo reservar a los enfermos, que son los invitados de honor de este encuentro: a precio de no leves sacrificios, han querido estar presentes esta tarde para testimoniar personalmente el amor que les une a la Madre celeste, a cuyo santuario de Lourdes muchos de ellos ya han ido ciertamente en peregrinaci&oacute;n: bienvenidos entre nosotros, juntamente con todos los que se dedican generosamente a prestarles asistencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo, pues, se extiende a todos los que se han reunido en esta patriarcal bas&iacute;lica de San Pedro, que recibe hoy una visita tan excepcional. A todos deseo expresar mi agradecimiento. Hijos querid&iacute;simos, me siento deudor vuestro. Efectivamente, gracias a vosotros, hoy se traslada a esta bas&iacute;lica esa realidad especial que se llama Lourdes. Realidad de la fe, de la esperanza y de la caridad. Realidad del sufrimiento santificado y santificante: Realidad de la presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de su Iglesia en la tierra: una presencia particularmente viva en esa porci&oacute;n elegida de la Iglesia, que est&aacute; constituida por los enfermos y por los que sufren.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &iquest;Por qu&eacute; precisamente los enfermos van en peregrinaci&oacute;n a Lourdes? &iquest;Por qu&eacute; \u2014nos preguntamos\u2014 ese lugar se ha convertido para ellos como en un &quot;Can&aacute; de Galilea&quot;, al que se sienten invitados de modo especial? &iquest;Qu&eacute; les atrae a Lourdes con tanta fuerza?<\/p>\n<p align=\"left\">La respuesta es preciso buscarla en la Palabra de Dios, que nos ofrece la liturgia en la Santa Misa que estamos celebrando. En Can&aacute; hab&iacute;a una fiesta de bodas, fiesta de alegr&iacute;a porque era fiesta de amor. Podemos imaginar f&aacute;cilmente el &quot;clima&quot; que reinaba en la sala del banquete. Sin embargo, tambi&eacute;n esa alegr&iacute;a, como cualquier otra realidad humana, era una alegr&iacute;a insidiada. Los esposos no lo sab&iacute;an, pero su fiesta estaba a punto de convertirse en un peque&ntilde;o drama, con motivo de que iba faltando el vino. Y eso, pens&aacute;ndolo bien, no era m&aacute;s que el signo de tantos otros riesgos a los que estar&iacute;a expuesto sucesivamente su amor, que comenzaba.<\/p>\n<p align=\"left\">Aquellos esposos tuvieron la suerte de que &quot;estaba all&iacute; la Madre de Jes&uacute;s&quot; y consiguientemente &quot;fue invitado tambi&eacute;n Jes&uacute;s a la boda&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 2, 1-2); y, a petici&oacute;n de su Madre, Jes&uacute;s cambi&oacute; milagrosamente el agua en vino: el banquete pudo continuar alegremente, el esposo recibi&oacute; la felicitaci&oacute;n del maestresala (cf. vs. 9-10), maravillado por la calidad del &uacute;ltimo vino servido.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute;, querid&iacute;simos hermanos y hermanas, que el banquete de Can&aacute; nos habla de otro banquete: el de la vida, al que todos deseamos sentarnos para gustar un poco de alegr&iacute;a. El coraz&oacute;n humano ha sido hecho para la alegr&iacute;a y no debemos maravillarnos si todos tienden a esa meta. Por desgracia, la realidad, en cambio, somete a muchas personas a la experiencia, frecuentemente martirizadora, del dolor: enfermedades, lutos, desgracias, taras hereditarias, soledad, torturas f&iacute;sicas, angustias morales, un abanico de &quot;casos humanos&quot; concretos, cada uno de los cuales tiene un nombre, un rostro, una historia.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas personas, si est&aacute;n animadas por la fe, se dirigen a Lourdes. &iquest;Por qu&eacute;? Porque saben que all&iacute;, como en Can&aacute;, &quot;est&aacute; la Madre de Jes&uacute;s&quot;: y donde est&aacute; Ella, no puede faltar su Hijo. Esta es la certeza que mueve &quot;a las multitudes que cada a&ntilde;o se vuelcan hacia Lourdes en busca de un alivio, de un consuelo, de una esperanza. Enfermos de todo g&eacute;nero van en peregrinaci&oacute;n a Lourdes, animados por la esperanza de que, por medio de Mar&iacute;a, se manifieste en ellos la potencia salv&iacute;fica de Cristo. Y, en efecto, esta potencia se revela siempre con el don de una inmensa serenidad y resignaci&oacute;n, a veces con una mejor&iacute;a de las condiciones generales de salud, o incluso con la gracia de la curaci&oacute;n completa, como atestiguan los numerosos &quot;casos&quot; que se han verificado en el curso de m&aacute;s de 100 a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\"> 3. La curaci&oacute;n milagrosa, sin embarg&oacute; es, a pesar de todo, un acontecimiento excepcional. La potencia salv&iacute;fica de Cristo, obtenida por la intercesi&oacute;n de su Madre, se revela en Lourdes sobre todo en el &aacute;mbito espiritual. En el coraz&oacute;n de los enfermos Mar&iacute;a hace o&iacute;r la voz taumat&uacute;rgica del Hijo: voz que desata prodigiosamente los entumecimientos de la acritud y de la rebeli&oacute;n, y restituye los ojos al alma para ver con una luz nueva el mundo, los dem&aacute;s, el propio destino.<\/p>\n<p align=\"left\">Los enfermos descubren en Lourdes el valor inestimable del propio sufrimiento. A la luz de la fe llegan a ver el significado fundamental que el dolor puede tener no s&oacute;lo en su vida, interiormente renovada por esa llama que consume y transforma, sino tambi&eacute;n en la vida de la Iglesia, Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. La Virgen Sant&iacute;sima, que en el Calvario, estando de pie valerosamente junto a la cruz del Hijo (cf. <i>Jn<\/i> 19, 25), particip&oacute; en primera persona de su pasi&oacute;n, sabe convencer siempre a nuevas almas para unir sus propios sufrimientos al sacrificio de Cristo, en un \u00bbofertorio&quot; coral que, sobrepasando el tiempo y el espacio, abraza a toda la humanidad y la salva.<\/p>\n<p align=\"left\">Conscientes de esto, en el d&iacute;a en que la liturgia recuerda las apariciones de Lourdes, queremos dar las gracias a toda las almas generosas que, sufriendo y orando, colaboran de modo tan eficaz a la salvaci&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen est&eacute; junto a ellos, como estuvo junto a los dos esposos de Can&aacute;, y vele para que no falte nunca en su coraz&oacute;n el vino generoso del amor. Efectivamente, el amor puede realizar el prodigio de hacer brotar sobre el tallo espinoso del sufrimiento la rosa fragante de la alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Pero no quiero olvidar a los servidores de Can&aacute;, que tanta parte tuvieron en la realizaci&oacute;n del milagro de Jes&uacute;s, prest&aacute;ndose d&oacute;cilmente a ejecutar sus mandatos. Efectivamente, Lourdes es tambi&eacute;n un prodigio de generosidad, de altruismo, de servicio: comenzando por Bernadette, que fue el instrumento privilegiado para transmitir al mundo el mensaje evang&eacute;lico de la Virgen, para descubrir el manantial del agua milagrosa. para pedir la construcci&oacute;n de la &quot;capilla&quot;; sobre todo ella supo orar e inmolarse, retir&aacute;ndose al silencio de una vida totalmente entregada a Dios. &iquest;Y c&oacute;mo olvidar, pues, a la inmensa falange de personas que, inspir&aacute;ndose en la humilde pastorcita, se han dedicado y se dedican con extraordinario amor al servicio del santuario, al funcionamiento de las cosas, y especialmente al cuidado de los enfermos? Por esto, mi pensamiento, nuestro pensamiento de aprecio y gratitud va ahora a cuantos se entregan generosamente a atenderos, querid&iacute;simos enfermos, rode&aacute;ndoos de sus sol&iacute;citos cuidados: los m&eacute;dicos, el personal param&eacute;dico, todos los que se prestan para los servicios necesarios, tanto durante las peregrinaciones como en los lugares de habitual hospitalizaci&oacute;n, adem&aacute;s, sobre todo, a vuestros familiares, sobre quienes grava el compromiso mayor de la asistencia.<\/p>\n<p align=\"left\">Como los servidores de Can&aacute;, quienes \u2014a diferencia del maestresala\u2014 &quot;conoc&iacute;an&quot; el prodigio realizado por Jes&uacute;s (cf. <i>Jn<\/i> 2, 9), puedan los que os asisten ser siempre conscientes del prodigio de gracia que se realiza en vuestra vida y ayudaros a estar a la altura de la tarea que os ha confiado Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Hermanas y hermanos querid&iacute;simos, reunidos en torno al altar continuamos ahora la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Cristo est&aacute; con nosotros: esta certeza difunde en nuestros corazones una paz inmensa y una alegr&iacute;a profunda. Sabemos que podemos contar con El aqu&iacute; y en todas partes, ahora y siempre. El &nbsp;es el amigo que nos comprende y nos sostiene en los momentos oscuros, porque es el &quot;var&oacute;n de dolores, conocedor de todos los quebrantos&quot; (<i>Is<\/i> 53, 3). El es el compa&ntilde;ero de viaje que devuelve calor a nuestros corazones, ilumin&aacute;ndolos con sus tesoros de sabidur&iacute;a contenidos en las Escrituras (cf. <i>Lc<\/i> 24, 32). El es el pan vivo bajado del cielo, que puede encender en esta nuestra carne mortal el rayo de la vida que no muere (cf. <i>Jn<\/i> 6, 51).<\/p>\n<p align=\"left\">Y reanudemos, con aliento renovado, el camino. La Virgen Santa nos indica la senda. Como estrella luminosa de la ma&ntilde;ana, Ella brilla ante los ojos de nuestra fe &quot;cual signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el d&iacute;a del Se&ntilde;or&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 68). Peregrinos en este &quot;valle de l&aacute;grimas&quot;, suspiramos hacia Ella: &quot;despu&eacute;s de este destierro mu&eacute;stranos a Jes&uacute;s, fruto bendito de tu vientre, oh clement&iacute;sima, oh piadosa, oh dulce Virgen Mar&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA FESTIVIDAD DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LOURDES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Lunes 11 de febrero de 1980 &nbsp; Venerados hermanos e hijos querid&iacute;simos: 1. 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