{"id":39678,"date":"2016-10-05T22:57:50","date_gmt":"2016-10-06T03:57:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-febrero-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-san-timoteo-en-el-barrio-de-casal-palocco\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:50","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:50","slug":"10-de-febrero-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-san-timoteo-en-el-barrio-de-casal-palocco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-febrero-de-1980-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-san-timoteo-en-el-barrio-de-casal-palocco\/","title":{"rendered":"10 de febrero de 1980, Visita pastoral a la parroquia de San Timoteo, en el barrio de Casal Palocco"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN TIMOTEO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 10 de febrero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Estoy contento de encontrarme aqu&iacute; en medio de vosotros, queridos fieles de la parroquia de San Timoteo en Casal Palocco, para vivir un momento intenso de comuni&oacute;n eclesial junto con vosotros, que, a trav&eacute;s de mi humilde persona, os alegr&aacute;is hoy con la presencia de vuestro Obispo, el cual, como afirma el Concilio, &quot;hace las veces de Cristo mismo, Maestro, Pastor y Pont&iacute;fice, y act&uacute;a en su lugar&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Estoy contento de volver a descubrir y profundizar con vosotros en los textos de la liturgia de este domingo, la fundamental vocaci&oacute;n-misi&oacute;n del cristiano que, como los Profetas, como los Ap&oacute;stoles, est&aacute; llamada a desarrollar el ministerio de anunciar y evangelizar a Cristo, haci&eacute;ndolo actual mediante el propio testimonio vivo.<\/p>\n<p align=\"left\">Animados por la conciencia de una tarea tan exaltante, acoged, queridos fieles, mi saludo afectuoso, que se dirige ante todo a los presentes y, al mismo tiempo, quiere llegar a cada uno de los cerca de 15.000 habitantes del barrio y a las 4.000 familias reunidas espiritualmente en torno a este templo. Sabed que os amo a todos y que ofrezco al Se&ntilde;or especialmente los pensamientos y las intenciones de los que sufren en el alma y en el cuerpo, de los ni&ntilde;os y de los menos favorecidos por la fortuna humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora mi esp&iacute;ritu se dirige con gratitud al cardenal Vicario y al obispo auxiliar, mons. Clemente Riva, que ha hecho con solicitud la visita pastoral a esta comunidad el pasado noviembre; al p&aacute;rroco, don Antonio Amori, y a los sacerdotes cooperadores suyos, que con tanta dedicaci&oacute;n han preparado este encuentro nuestro. Adem&aacute;s, no puedo omitir una menci&oacute;n especial a las religiosas y a los religiosos que, aunque intermitentemente, prestan una colaboraci&oacute;n especial a las iniciativas parroquiales.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo hacer llegar una palabra particular de satisfacci&oacute;n a todos los miembros de los diversos grupos \u2014grupo catequ&iacute;stico, grupo de los animadores juveniles, caritativo, de ense&ntilde;anza religiosa y neocatecumenal, etc.\u2014, que en estrecha colaboraci&oacute;n con el presbiterio, se proponen suscitar en el c&iacute;rculo m&aacute;s amplio de fieles una respuesta responsable y activa a su vocaci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">2. A prop&oacute;sito de esta vocaci&oacute;n, el Evangelio de hoy nos ofrece abundante materia de reflexi&oacute;n y todas las lecturas de la liturgia dominical nos permiten comprender a&uacute;n m&aacute;s a fondo su contenido.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; el cuadro m&aacute;s frecuente en el Evangelio: Cristo ense&ntilde;a. Ense&ntilde;a a cuantos &quot;se agolpan&quot; en torno &quot;para o&iacute;r la Palabra de Dios&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 1). Primero ense&ntilde;a en la orilla del lago de Genesaret, luego &quot;subi&oacute; a una de las barcas, que era la de Sim&oacute;n&quot;, y rog&aacute;ndole que se alejase un poco de la tierra, continu&oacute; ense&ntilde;ando a la multitud desde la barca (cf. <i>Lc<\/i> 5, 5). Cuando termin&oacute; de hablar, se alej&oacute; de la muchedumbre y mand&oacute; a Sim&oacute;n hacerse a la mar y echar las redes para la pesca (cf. <i>Lc<\/i> 5, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">El acontecimiento, que podr&iacute;a parecer ordinario, toma de all&iacute; a poco un car&aacute;cter extraordinario En efecto, la pesca resulta especialmente abundante, lo que sorprende a Sim&oacute;n y los otros pescadores, cuya fatiga precedente, que dur&oacute; toda la noche, no hab&iacute;a dado resultado alguno: &quot;Toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 5), dice Sim&oacute;n, cuando Jes&uacute;s le pide echar las redes. Lo hacen &uacute;nicamente por respeto a las palabras de Jes&uacute;s, movidos por un motivo de estima y obediencia.<\/p>\n<p align=\"left\">La inesperada, abundant&iacute;sima pesca, que incluso exige la ayuda de los compa&ntilde;eros de la otra barca, suscita en Sim&oacute;n Pedro una reacci&oacute;n t&iacute;pica de &eacute;l. Se echa a los pies de Jes&uacute;s y dice: &quot;Se&ntilde;or, ap&aacute;rtate de m&iacute;, que soy hombre pecador&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 8). Los otros testigos del acontecimiento milagroso, los hermanos Santiago y Juan, no reaccionan del mismo modo, pero tambi&eacute;n se llenan de estupor por la extraordinaria pesca realizada (cf. <i>Lc<\/i> 5, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces. Jes&uacute;s dirige a Sim&oacute;n las palabras que dan el significado prof&eacute;tico a todo el acontecimiento: &quot;No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">3. En diversos pasajes podemos comprobar que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s ense&ntilde;a a todos los que se acercan para o&iacute;r su. palabra; sin embargo, El se propone instruir de modo particular a los Ap&oacute;stoles, para introducirlos en los &quot;misterios del reino&quot;, que ellos sobre todo deben conocer, para creer en la propia misi&oacute;n. Jes&uacute;s los educa en la tarea de futuros testigos de su potencia y de maestros seguros de esa verdad que El ha tra&iacute;do al mundo desde el Padre, de la verdad que es El mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">El pasaje evang&eacute;lico de hoy nos muestra uno de los momentos particulares de esta solicitud, mediante la cual Jes&uacute;s confirma a los Ap&oacute;stoles y ante todo a Sim&oacute;n Pedro en la propia vocaci&oacute;n. El m&eacute;todo que usa el Maestro divino sobrepasa la simple ense&ntilde;anza, el anuncio de la Palabra y su explicaci&oacute;n. Para que penetre en profundidad, Jes&uacute;s confirma la verdad de la Palabra anunciada con la revelaci&oacute;n de su potencia sobrehumana y sobrenatural de Dios, que se dirige directamente a todo el hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Frente a la revelaci&oacute;n de esta potencia, la reacci&oacute;n del hombre es siempre la que manifest&oacute; Sim&oacute;n Pedro: la toma de conciencia de la propia indignidad y estado pecaminoso. &iquest;No decimos nosotros siempre, antes de la santa comuni&oacute;n: &quot;Se&ntilde;or, no soy digno de que entres en mi casa&#8230;&quot;?. Pedro, a su vez, afirma, &quot;ap&aacute;rtate de m&iacute;, que soy hombre pecador&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 8). San Pablo movido por el mismo sentimiento, escribir&aacute;: &quot;No soy digno de ser llamado Ap&oacute;stol, pues persegu&iacute; a la Iglesia de Dios&quot; (<i>1 Cor<\/i> 15, 9). As&iacute; Isa&iacute;as se defiende de la llamada del Se&ntilde;or, que querr&iacute;a eludir, oponiendo la impureza de los propios labios, indignos de pronunciar las palabras del Se&ntilde;or (cf. <i>Is<\/i> 6, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Este profundo sentido de estado pecaminoso personal y de indignidad permite actuar a Dios mismo, permite a su gracia \u2014gracia a la llamada divina\u2014 hacerse eficaz.<\/p>\n<p align=\"left\">Los labios de Isa&iacute;as, tocados por un carb&oacute;n encendido, se vuelven puros y el profeta puede decir: &quot;Heme aqu&iacute;, env&iacute;ame a m&iacute;&quot; (<i>Is<\/i> 6; 8). Pablo, convertido de perseguidor en Ap&oacute;stol, afirma: &quot;Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que me confiri&oacute; no ha sido est&eacute;ril&quot; (<i>1 Cor<\/i> 15, 10). En cambio, Sim&oacute;n Pedro escucha de labios de Cristo las palabras confortadoras: &quot;No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">4. En las lecturas de hoy se encierra una profunda lecci&oacute;n que demuestra nuestra verdadera relaci&oacute;n personal con Dios. Ante todo es necesario que tengamos un sentido profundo de su santidad y a la vez un vivo sentimiento de nuestra culpa e indignidad. Cuanto m&aacute;s caigamos en la cuenta de esto &uacute;ltimo, tanto m&aacute;s se nos revela lo primero: Dios en la Majestad inefable de su potencia y de su amor; Creador y Redentor del hombre; Sabidur&iacute;a, justicia; Misericordia; Dios Omnipresente, Omnisciente, Omnipotente.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo nos manifiesta con su ense&ntilde;anza este misterio inescrutable de Dios y, al mismo tiempo, nos lo acerca, hablando el lenguaje de los hombres sencillos, haciendo presente la potencia de Dios mismo con signos visibles, como, por ejemplo, la pesca del lago de Genesaret.<\/p>\n<p align=\"left\">Reflexione cada uno de nosotros si su relaci&oacute;n interior con Dios tiene los rasgos que se manifiestan en el comportamiento de Sim&oacute;n Pedro, de Pablo de Tarso, del profeta Isa&iacute;as; si nuestra relaci&oacute;n con Dios no es demasiado superficial, unilateral, interesada. &iquest;Tenemos miedo del pecado, por no ofender al Padre y al Hijo, su Unig&eacute;nito, que ha aceptado por nosotros la pasi&oacute;n y la muerte en la cruz? &iquest;O m&aacute;s bien nos falta esa conciencia de profunda indignidad en relaci&oacute;n con el que es el solo y &uacute;nico Santo?<\/p>\n<p align=\"left\">Compromet&aacute;monos en este sentido.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Adem&aacute;s de esto, las lecturas de hoy contienen pensamientos e indicaciones importantes para la vida de la parroquia, como comunidad del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo dijo a Pedro: &quot;En adelante vas a ser pescador de hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 10); esta pesca misteriosa corresponde a la misi&oacute;n incesante de la Iglesia, de cada una de las comunidades en la Iglesia y de cada uno de los cristianos. Llevar a los hombres vivos, a las almas humanas a la luz de la fe y a la fuente del amor; mostrarles el Reino de Dios presente en los corazones y en el designio de la historia de la humanidad; reunir a todos en esa unidad, cuyo centro es Cristo: he aqu&iacute; la misi&oacute;n continua de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha dado, en su ense&ntilde;anza, la expresi&oacute;n plena de esta misi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Y como en los tiempos de Jes&uacute;s, as&iacute; tambi&eacute;n hoy, esta misi&oacute;n exige un constante anuncio que prepare y facilite la acogida de la verdad divina y del amor fraterno. Exige que cada una de las personas, de los grupos, de los ambientes &quot;se aparten a veces de la tierra&quot; para &quot;alejarse&quot;. Es necesario para esta penetraci&oacute;n m&aacute;s profunda del Evangelio y de los misterios divinos. Es necesaria particularmente una intimidad familiar exclusiva, ferviente con Cristo y con el Padre en el Esp&iacute;ritu Santo, para que maduren los ap&oacute;stoles, es decir, los cristianos perfectos, prontos a dar a los dem&aacute;s, sacando de la propia plenitud, para que la gracia de Dios en ellos no sea est&eacute;ril (cf. <i>1 Cor<\/i> 15, 10; <i>2 Cor<\/i> 6, 1).<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente para este m&uacute;ltiple e intenso trabajo de la Iglesia en vuestra parroquia, he venido hoy aqu&iacute; a rezar y a pedir junto con vosotros, en el Sacrificio Eucar&iacute;stico y en los sucesivos encuentros, el don de un maduro testimonio cristiano.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Maestro&#8230;. porque t&uacute; lo dices echar&eacute; las redes&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 5). Vuestra comunidad, vuestros Pastores, todas las almas apost&oacute;licas, religiosos, religiosas y laicos responsables, todos los feligreses no cesen de pensar as&iacute;, animados por este mismo esp&iacute;ritu de fe, y no cesen de actuar en consecuencia. &iexcl;El Maestro y Se&ntilde;or est&aacute; constantemente presente en nuestra barca!<\/p>\n<p align=\"left\">6. Para hacer incisivo vuestro compromiso y para traducir vuestra identidad cristiana en la realidad viva del barrio, deseo dirigiros en particular algunas exhortaciones.<\/p>\n<p align=\"left\">La vocaci&oacute;n del cristiano se realiza sustancialmente, adem&aacute;s de en la vida de gracia, en el testimonio de amor y de solidaridad, que requiere obviamente una apertura a los dem&aacute;s, acogidos como tales, y apremia a salir de s&iacute; mismos, de los propios miedos y defensas de la tranquilidad del bienestar propio, para comunicar y al mismo tiempo construir un tejido de relaciones rec&iacute;procas, orientadas al bien espiritual, moral y social de todos.<\/p>\n<p align=\"left\">Adem&aacute;s, que vuestro compromiso de crecimiento cristiano se desarrolle en el &aacute;mbito de la comunidad parroquial, la cual debe ofrecer &quot;un luminoso ejemplo de apostolado comunitario, reduciendo a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentren e insert&aacute;ndolas en la universalidad de la Iglesia&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">Luego, el compromiso por la santidad de la familia, por la conciencia de su alt&iacute;sima misi&oacute;n, y el compromiso por la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes, que necesitan ideales convincentes y atrayentes, constituya otro punto principal&iacute;simo de vuestra solidaria acci&oacute;n parroquial.<\/p>\n<p align=\"left\">Os asista en vuestros generosos esfuerzos la divina protecci&oacute;n, que os asegura, por lo dem&aacute;s, la gracia de vuestra vocaci&oacute;n cristiana; os ayude la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre de Cristo y de la Iglesia y os conforte el convencimiento de que el Papa, vuestro Obispo, est&aacute; con vosotros para confirmaros y daros seguridad, a fin de que vuestra parroquia &laquo;pueda realizar con eficacia en esta hora de gracia, la misi&oacute;n inalienable, recibida del Maestro: &quot;Id, pues: ense&ntilde;ad a todas las gentes&quot;&raquo; (Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae_sp.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i>).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN TIMOTEO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 10 de febrero de 1980 &nbsp; 1. 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