{"id":39680,"date":"2016-10-05T22:57:53","date_gmt":"2016-10-06T03:57:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1980-fiesta-de-la-presentacion-del-senor\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:53","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:53","slug":"2-de-febrero-de-1980-fiesta-de-la-presentacion-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1980-fiesta-de-la-presentacion-del-senor\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 1980, Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> S&aacute;bado 2 de febrero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Tollite portas&#8230;&quot; &quot;Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria&quot; (<i>Sal<\/i> 23 [24], 7).<\/p>\n<p align=\"left\">No faltan en la liturgia momentos en los que se escuchan estas palabras del salmista, Hoy parece que hablan en sentido literal de las puertas del templo de Jerusal&eacute;n, de sus dinteles. Porque debe entrar por estas puertas <i>Aquel<\/i> a quien <i>el Salmo llana el Rey de la gloria<\/i>, y el profeta Malaqu&iacute;as &quot;el &aacute;ngel de la alianza&quot; (<i>Mal<\/i> 3, 1). Y por lo tanto &eacute;ste es un momento &uacute;nico. El templo jerosolimitano existe desde el comienzo precisamente para que se pueda cumplir este momento.<\/p>\n<p align=\"left\">El salmista pregunta, pues: &quot;&iquest;Qui&eacute;n es ese Rey de la gloria?, y se responde a s&iacute; mismo: &quot;El Se&ntilde;or, h&eacute;roe valeroso, el Se&ntilde;or, h&eacute;roe de la guerra&#8230; El Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos&quot; (<i>Sal<\/i> 23 [24] 8. 10).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la respuesta del salmista, que habla con el lenguaje de las im&aacute;genes. En cambio, la. respuesta de los acontecimientos parece tener poco que ver con el lenguaje del salmista. He aqu&iacute; que en el Evangelio de San Lucas leemos en efecto, lo siguiente: &quot;As&iacute; que se cumplieron los d&iacute;as de la purificaci&oacute;n, conforme a la ley de Mois&eacute;s, llevaron (al Ni&ntilde;o) a Jerusal&eacute;n para presentarle al Se&ntilde;or&#8230;&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 22). Lo llevaron como tantos otros hombres obedientes a la ley de Israel&#8230; Lo llevaron para presentarlo al Se&ntilde;or. Y ninguno de los que all&iacute; estaban pod&iacute;a imaginar entonces que en aquel :momento se cumpliesen las palabras del salmista, que se cumpliesen las palabras del profeta Malaqu&iacute;as. El Ni&ntilde;o de 40 d&iacute;as en los brazos de la Madre no ten&iacute;a en s&iacute; nada de ese &quot;Rey de la gloria&quot;. No entraba en el templo de Jerusal&eacute;n como &quot;Se&ntilde;or, h&eacute;roe de la guerra&quot;, como &quot;Se&ntilde;or valeroso&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Y sin embargo. Jes&uacute;s, ya en ese d&iacute;a, entr&oacute; en el templo de Israel para anunciar una &quot;batalla&quot; particular: <i>una lucha que seria la misi&oacute;n de su vida<\/i>. La lucha, que acabar&aacute; con un triunfo ins&oacute;lito. Ser&aacute; el triunfo de la cruz, que a los ojos de todos significa no el triunfo, sino la ignominia; no la victoria, sino la derrota, y a pesar de todo ser&aacute; una victoria.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente lo que se realiza en el templo de Jerusal&eacute;n anuncia esa victoria por medio de la cruz. Efectivamente, he aqu&iacute; que se cumple <i>el rito de la consagraci&oacute;n al Se&ntilde;or de Israel<\/i>, de ese nuevo Hijo de Israel, conforme a lo que est&aacute; escrito en la ley del Se&ntilde;or: &quot;Todo var&oacute;n primog&eacute;nito ser&aacute; consagrado al Se&ntilde;or&quot; (Lc 2, 23; cf. <i>Ex<\/i> 13, 2. 11).<\/p>\n<p align=\"left\">El s&iacute;mbolo de esta consagraci&oacute;n es la ofrenda que, con ocasi&oacute;n de esta primera visita al templo, hacen los padres: &quot;un par de t&oacute;rtolas o dos pichones&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 24; cf. <i>Lev<\/i> 12, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n esto se conten&iacute;a en las normas de la ley.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo el Pueblo de la Antigua Alianza desea manifestar, en sus primog&eacute;nitos, que todo &eacute;l est&aacute; consagrado a Dios (Yav&eacute;), su Dios: que es su Pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero en este caso se est&aacute; cumpliendo <i>algo m&aacute;s que la observancia de una de las normas de la ley<\/i>. Aunque no todos entre los presentes en el templo se den cuenta de ello, hay un hombre que tiene plena conciencia del misterio. Este hombre &quot;movido por el Esp&iacute;ritu Santo, vino al templo&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 27). Era &quot;hombre justo y piadoso&#8230; y el Esp&iacute;ritu Santo estaba en &eacute;l&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 2, 25-26). As&iacute; escribe de &eacute;l el Evangelista. Pues si este hombre, llamado Sime&oacute;n, ha descifrado hasta el fondo el significado del acontecimiento, que en aquel momento ten&iacute;a lugar en el templo de Jerusal&eacute;n, lo ha hecho porque &quot;el Esp&iacute;ritu Santo&#8230; le hab&iacute;a revelado que no ver&iacute;a la muerte antes de ver al Cristo del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 26).<\/p>\n<p align=\"left\">Sime&oacute;n ve, pues, y anuncia que el Ni&ntilde;o primog&eacute;nito, a quien Mar&iacute;a y Jos&eacute; ofrecen a Dios en ese momento, es portador de una gran luz, que esperan Israel y toda la humanidad: &quot;<i>Luz<\/i> para iluminaci&oacute;n de las gentes y <i>gloria<\/i> de tu pueblo, Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 32).<\/p>\n<p align=\"left\">Sime&oacute;n pronuncia estas palabras en un profundo &eacute;xtasis. Es el d&iacute;a m&aacute;s grande de su vida; despu&eacute;s de vivirlo, ya puede dejar tranquilamente este mundo. M&aacute;s a&uacute;n, lo pide a Dios, teniendo entre sus brazos al Ni&ntilde;o, que ha tomado de Mar&iacute;a y Jos&eacute;: &quot;Ahora, Se&ntilde;or, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, seg&uacute;n tu palabra; porque <i>han visto mis ojos tu salud<\/i>, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos&quot; (<i>Lc<\/i> 2. 29-31).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; en el momento de la consagraci&oacute;n ritual del primog&eacute;nito entra el gran anuncio de la luz y de la gloria, que se extender&aacute;n con la fuerza del sacrificio. Efectivamente, Aquel a quien en este momento sostienen los brazos del anciano Sime&oacute;n, est&aacute; destinado a ser &quot;Signo de contradicci&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 34). Y esta contradicci&oacute;n estar&aacute; llena de sufrimiento que no excluir&aacute; ni siquiera <i>el coraron de su Madre<\/i>: &quot;Y una espada atravesar&aacute; tu alma&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando en el templo de Jerusal&eacute;n se desarrolla el rito de la consagraci&oacute;n del primog&eacute;nito, la vida de Jes&uacute;s apenas cuenta con 40 d&iacute;as. Las palabras de Sime&oacute;n revelan el contenido de esta &nbsp;vida hasta el fin y comportan el anuncio de la cruz. Este anuncio pertenece a la plenitud del misterio de la consagraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Os hab&eacute;is reunido, para participar en la liturgia de hoy, vosotros queridos hermanos y hermanas, que, por medio de la profesi&oacute;n religiosa, hab&eacute;is consagrado totalmente vuestra vida a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta consagraci&oacute;n vuestra a Dios, total, definitiva y exclusiva, es como un crecimiento continuo y una floraci&oacute;n espl&eacute;ndida de esa consagraci&oacute;n inicial, que tuvo lugar en el sacramento del bautismo; en &eacute;l tiene sus ra&iacute;ces profundas y es una expresi&oacute;n m&aacute;s perfecta de &eacute;l (cf. Decreto <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a><\/i>, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Mediante la profesi&oacute;n religiosa el fiel \u2014como afirma la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>\u2014 &quot;hace una total consagraci&oacute;n de s&iacute; mismo a Dios, amado sobre todas las cosas, de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un t&iacute;tulo nuevo y especial. Ya por el bautismo hab&iacute;a muerto al pecado y estaba consagrado a Dios; sin embargo, para extraer de la gracia bautismal fruto m&aacute;s copioso, pretende, por la profesi&oacute;n de los consejos evang&eacute;licos en la Iglesia, liberarse de los impedimentos que podr&iacute;an apartarle del fervor de la caridad y de la perfecci&oacute;n del culto divino y se consagra m&aacute;s &iacute;ntimamente al servicio de Dios&quot; (n&uacute;m. 44).<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto la fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or es una fiesta particular para vosotros, almas consagradas, en cuanto que particip&aacute;is de manera excepcional en la donaci&oacute;n de Cristo al Padre, la que tuvo su anuncio en la Presentaci&oacute;n en el templo. La ofrenda de vuestra vida, que vosotros hab&eacute;is hecho gozosamente por medio de los tres votos, encuentra su modelo constante, su premio, su est&iacute;mulo, en la ofrenda que el Verbo de Dios hace de S&iacute; mismo al Padre, en los brazos de su Madre.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Sime&oacute;n pronuncia ante Jes&uacute;s, en el momento de la Presentaci&oacute;n, las palabras sobre la luz.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n vuestra vida, hermanos y hermanas querid&iacute;simos, debe ser una &quot;luz&quot; tal, que ilumine el mundo y la realidad temporal. En medio de todo lo que pasa, se esfuma y desaparece, vosotros, almas consagradas, aut&eacute;nticos hijos e hijas de la luz (cf. <i>Ef<\/i> 5, 8; <i>1 Tes<\/i> 5, 5), deb&eacute;is dar un testimonio veraz de la luz futura, de la vicia eterna, de la luz que no tiene ocaso. Es lo que os ha recordado con gran fuerza el Concilio Vaticano II: &quot;La profesi&oacute;n de los consejos evang&eacute;licos aparece como un signo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana. Y como el Pueblo de Dios no tiene aqu&iacute; ciudad permanente. sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple tambi&eacute;n mejor tanto la funci&oacute;n de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, como la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redenci&oacute;n de Cristo, y la de prefigurar la futura resurrecci&oacute;n y la gloria del Reino celestial&quot; (Const. dogm. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a>,<\/i> 44).<\/p>\n<p align=\"left\">Para vosotros valen de manera totalmente especial las palabras de Jes&uacute;s: &quot;As&iacute; ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 5. 14-16; cf. <i>1 Pe<\/i> 2, 12). S&iacute;, hermanos y hermanas. Brille la luz de vuestra fe fuerte, la luz de vuestra caridad activa; la luz de vuestra castidad gozosa: la luz de vuestra pobreza generosa.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Cu&aacute;nta necesidad de esta luz, de este testimonio, tienen la Iglesia y el :mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;nto debemos comprometernos, para que se realice su pleno <i>esplendor y su elocuencia intacta<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;n necesario es que reproduzcamos en nosotros, seres mortales, el misterio de la consagraci&oacute;n de Cristo al Padre para la salvaci&oacute;n del mundo; de la consagraci&oacute;n admirablemente comenzada con esta Presentaci&oacute;n en el templo, cuya memoria celebra hoy toda la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;n necesario es que tambi&eacute;n nosotros fijemos la mirada en el alma de Mar&iacute;a, en esta alma que, seg&uacute;n las palabras de Sime&oacute;n, fue atravesada por una espada para que se revelasen los pensamientos de muchos corazones (cf. <i>Lc<\/i> 2, 35).<\/p>\n<p align=\"left\">.Hoy, queridos hermanos y hermanas, como signo de este gran misterio de la liturgia, y a la vez del misterio de vuestros corazones, pon&eacute;is en mis manos las candelas encendidas. La consagraci&oacute;n en el templo se multiplica, de alg&uacute;n modo, a trav&eacute;s de la entrega de tantos corazones consagrados en el mundo&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\">Que se revelen los pensamientos de todos estos corazones ante la Madre, que conoce vuestra consagraci&oacute;n y la rodea con un. amor particular.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta Madre es Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta Madre es tambi&eacute;n la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II S&aacute;bado 2 de febrero de 1980 &nbsp; 1. &quot;Tollite portas&#8230;&quot; &quot;Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria&quot; (Sal 23 [24], 7). 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